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Dos Rombos Robinson Castellanos


Dos Rombos Robinson Castellanos


ÍNDICE

IN MEMORIAM 8 2 TENTACIONEM 6 INCUBO 20 INSTINCTU RIGOR 24 EPITAPHIUM 28 32 COLOFÓN


CAPÍTULO I “IN MEMORIAM” Perdido. Sin un rumbo. He llegado hasta aquí. ¿Cómo he llegado tan lejos? ¿O no tan lejos? Ni siquiera sé si puedo decir que voy hacia adelante. Mi vida es un retroceso sin fin que comenzó en el momento en que le cedí mi vida a ese vicio maldito. Ese que no es ni el alcohol ni el cigarrillo. Esos en su justa medida. Yo creo que hay algo peor. Me domina, no tengo control sobre esto. Me atrapa. Me incita a seguir haciéndolo pero yo sé que esto esta mal, que no iré a ninguna parte. ¿Y a donde más? Ya no hay donde escapar. Ya es Demasiado tarde para recapacitar... –Me desvié. ¿De que hablaba?– … –¡Ah, sí! ¿Cómo llegué hasta aquí?– Preguntaba repetidamente el joven Víctor reposando la cabeza sobre la almohada que lo contuvo durante casi tres años. A veces se quedaba meditabundo y no terminaba las oraciones. Ya cansado de tanto llorar durante todo este tiempo, ahora solo se la pasaba callado, Recordando, y a veces, olvidando todo. Estaba hecho un mar de líos, de inconclusos razonamientos y de constantes desfallecimientos, que a veces los provocaba él con su agitado pensamiento, y otras era solo los bajones causados por su fatal afección.

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–No podría decirte con exactitud donde y como empezó todo esto– Le decía Ámbar, su ex pareja sentimental. –La verdad es que han sido tantas cosas, y la una llevó sin querer a la otra…– decía sin muchas ganas la joven. –…Hoy tan solo ya no te reconozco, no solo porque estés en los huesos y se te dificulte hasta respirar; sino porque luego de lo que sucedió, de los escándalos que provocaste y la mala vida que llevaste y que nos diste a quienes nos importabas, sencillamente me parece ver a un completo desconocido ahí acostado al borde de la muerte.– Decía ya con las lágrimas brotándole de los ojos.

–Eres en verdad descarado– Respondió ella, con intención de no seguir la corriente. –¿En serio lo crees?– dijo él. –Si no me amaras, no estarías allí, viéndome como me pudro vivo, y mucho menos llorando.– Añadió algo más serio. –Te aprovechas de lo que ves. Créeme que te estoy odiando más de lo que me importas. Echaste mi vida a perder. Al menos tú te vas, pero yo me tengo que quedar, y aguantar las habladurías de la gente. En serio, el daño que hiciste a los que te querían no tiene perdón. En serio no lo tiene. Dios se apiade de ti.– 9


La habitación se quedó en un silencio aún peor que el anterior. No se sabía que era más aterrador: Si el rostro pálido y enjuto de aquel muchacho, o el incómodo momento que se presenciaba en esa habitación pequeña de hospital, Especialmente organizada para su corta y efímera estadía. Cada pulso, cada frecuencia que el electrocardiógrafo indicaba, era un paso más cerca de la muerte. Las esperanzas de una recuperación estaban tan disipadas como el mismo pasado de Víctor.

Mientras más pasaba el tiempo, él se empeñaba en recordar lo que había sucedido, pero su rápida decaída le hacía perder selectivamente la memoria. Hasta que Ámbar decidió contarle con detalle todos los hechos. –¿Te acuerdas de aquel día en la casa de campo de Gastón, hace casi tres años atrás?–

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I


CAPÍTULO II “TENTACIONEM” Verano de 2009. Acudíamos todos a una fiesta en Casa del buen amigo Gastón. Entiéndase buen amigo como persona pudiente y adinerada. Muchas personas asistimos. Allí estábamos nosotros, jóvenes (más de lo usual), viviendo las desenfadadas aventuras de las relaciones juveniles. Recuerdo perfectamente que era un puente de fin de semana1, y andábamos todos despreocupados por haber finalmente acabado los exámenes parciales de mitad de semestre. –Creo que me acuerdo un poco– Interfirió Víctor en la historia que Ámbar le contaba. –¿Crees que ya puedes hacer algo de memoria?– –No estoy muy seguro. Sígue contandome.– –Pues no estoy muy enterada de lo que ocurrió. Hay cosas que no presencié, así que a menos que te acuerdes de algo, no te vas a enterar muy bien.– Después de un buen tiempo de escuchar música, beber algunos tragos y bailar hasta que todos estuviéramos algo ebrios, Acabamos por quedarnos a dormir en casa de Gastón. Eran ya las tres de la madrugada y no había un transporte público que nos llevara a ninguno; además ya habíamos acordado quedarnos desde días atrás. Realmente no te puedo contar mucho más de esa noche, yo sólo me quede dormida. –No, esta bien, creo que ya puedo hacer algo de memoria.–

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Víctor Guardó Silencio por mucho tiempo. De verdad mucho. Sin embargo, en su mente ya tenía muy claro lo que ocurrió esa noche, la terrible decisión que se gestó aquel día y que desencadenaría un pandemonio. En aquella fiesta, Él, a diferencia de los demás, no había bebido nada. Víctor tuvo su tiempo más puro y sano, en el que todos eran más promiscuos que él. Seguía siendo virgen aunque ya tenía 20 años. No bebía, no fumaba ni tampoco parecía tener deseos sexuales.

I

Casualmente conoció a Ámbar meses atrás, una chica un año menor que él pero con un poco más de experiencia. La moderación en ella era primordial: Había probado todas estas cosas pero sabía regularlas a la perfección. En general era tan modesta como Víctor; cosa de la cual él se enamoró. Cuando se atrevió a dar el segundo paso, ella no lo dudó mucho, pues también había puesto su mirada en él y sólo estaba esperando su señal. 13


Volviendo al día de la fiesta, solo se sabe que Víctor fue el único que no se durmió bajo el efecto del alcohol que no probó. Nadie Recuerda la historia de lo ocurrido tanto como él. Como los padres de Gastón no estuvieron en la fiesta porque habían viajado a Ámsterdam durante toda la semana, Víctor era en ese momento el único consciente allí. Permaneció sentado en un sofá cuidando de los que no se podían cuidar por si solos. Luego se paró, pensó en lo inútil que resultaba ir a fiestas donde él era el único que no disfrutaba del exceso y a cambio, debía cuidar de todos. Se miró al espejo y se dijo a sí mismo. –Mírate. ¿Eres tonto o que? ¿Para que pierdes tu valioso tiempo viniendo a cuidar borrachos? –Quizá tu también quieres hacer parte de ellos.– Exclamó una voz emergente. Víctor dio un salto de asombro. –¿QUIÉN ES? ¿Qué sucede?– preguntó Víctor con ansiedad. –No te asustes– dijo aquella voz –No hay de que preocuparse. Créeme que he estado contigo más tiempo del que te puedes imaginar.– –Pues me has hecho poner más nervioso.– –Déjate de tontadas– añadió la voz, mientras se manifestaba desde la sombra provocada por la luz del tocador una figura femenina esbelta y algo ligera de ropa. –Yo soy tus mayores pensamientos y deseos.– 14


II


CAPÍTULO III “INCUBO” –Eso quiere decir que finalmente mi abstinencia me ha llevado a la locura– dijo Víctor algo irónico, pues aseguraba no estar presenciando eso –A menos que me haya olvidado de que en realidad si bebí pero ya no me acuerdo y me estoy imaginando que mi subconsciente me habla– añadió a su nervioso parlamento. –Deja de hacerte el interesante con tu palabrería intelectual que yo te conozco mejor que nadie, y sé que ese no eres tú ni esta la vida que quieres. Tú quieres vivir la vida intensamente y dejarte llevar por las emociones, pero te cohíbes por el “que dirán”, ¿no?– dijo la mujer. –Sé un poco más clara, ¿quieres?.– dijo Víctor tratando de hacerse el que no entiende. –Te voy a proponer algo sencillo. Mira a las chicas que hay aquí, Guapas todas, ¿eh?– –Te recuerdo que tengo novia, y está aquí mismo.– –Ya lo sé, pero un desquite de vez en cuando no hace daño. Además, ella esta ebria, ¡igual que las demás! Mañana no podrán recordar nada.– –No haré nada. Sería muy aprovechado.– –¿Así dejas ir todas las oportunidades? Te recuerdo que quizá este episodio no se te vuelva a presentar, y te arrepentirás de no haber podido debutar. Ten, quizá esto te ayude.– Dijo la mujer pasándole un cigarro y una botella de ron. Él meditó seriamente lo que su subconsciente le decía. Quizá tenía razón, y el sólo era excesivamente cohibido. A veces, cuando uno tiende a estar solo y reprimido, Se libera en la primera oportunidad que exista. Y Víctor no es la gran excepción. Si bien no busco directamente el sexo como salida metódica inmediata, Se dio el lujo de complacer sus mayores deseos sexuales a través de cosas que le causaban excitación.

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Y aunque antes no tenía valor de admitirlo, Víctor era increíblemente fetichista. Algo que le provocaba mucho deseo sexual era el abdomen femenino, en especial la zona del Ombligo. No pudo resistirse con facilidad al abdomen de Ámbar y sus amigas, y solo se dirigió al refrigerador y saco algunas fresas y unas latas de cerveza, que aunque no le gustasen de a mucho, venían perfectas para la ocasión. Derramando la cerveza sobre el torneado cuerpo de las chicas, colocó fresas en sus ombligos y a cada una la saboreó con tal detalle, que pareciera absurdo pensar que esto pudiera provocar la libido en alguien, pero sí.

Desde aquella noche Víctor cambió radicalmente. Y no se dedicó exclusivamente a saborear fresas en ombligos humedecidos en cerveza. Cada vez se hizo más y más necesario complacer sus fantasías sexuales; y de la misma forma las fue acompañando de alcohol. 17


Se hacía cada vez más insaciable. Su lascivia pronto superó sus propios límites, llevándolo a buscar nuevas experiencias cada vez más bizarras. El fantasma de sus aventuras lo acompañó y le incitó a llevar a cabo estas cosas. Claramente las inclinaciones sexuales de Víctor no eran claras pues sus encuentros sexuales, propiamente dichos, eran más bien nulos. Era obvio que su único target dejaría de ser las mujeres.

Antonio, un viejo amigo de la secundaria, con quien continuaría sus estudios superiores, le invitó a una reunión informal con algunos otros amigos y amigas en su apartamento. Después de algunos tragos y risas, decidieron jugar con cosas más “divertidas”. De pronto todos se pusieron algo encendidos y empezó lo comprometedor. –¿Me vas a decir que tu amigo no te parece guapo también?– Le dijo su voz interna manifestada frente a sus ojos. El ya no lo pensó esta vez. Sin pensar en los demás chicos y chicas, se le abalanzó sin piedad alguna. 18


III


CAPÍTULO IV “INSTINCTU” Lo más lógico que hay que pensar es que Víctor arruinó la vida de Antonio con las demás mujeres, pues pese a lo bien distinguido que era, ya el rumor de que se traía algo con su mejor amigo estaba esparcido por todo el campus. –¡Gracias, Idiota! ¡Te cagaste en cualquier oportunidad que tenía de ligar al fin! ¡Y todo por tus impulsos maricas! ¡¿Qué te traes en mente?!– Iracundo le gritaba Antonio a su ex mejor amigo.– –¡Cálmate un poco! ¡Lo siento! Solo quería saber que se sentía besar a un hombre.– –¡¿Pero por qué conmigo?!– –¡No lo sé! Quizá por la confianza… –¡Para de hablar mierda! ¡Te odio imbécil! Aléjate lo más que puedas de mí, si te me acercas, TE MUERES, ¿me oyes bien?– finiquitó el irascible Antonio. Con esto Víctor se fue terriblemente triste, por destrozar su mayor amistad tan burdamente. –Ignora a ese idiota, ¿Quieres? El no supo atender tus necesidades– Le habló nuevamente su voz interna.–En cambio si sé quiénes nos pueden atender sin rechistar siquiera. Solo toma tu auto y vámonos.– Víctor le miró con una desconfianza mayor. Sin embargo fue por su auto y se dirigieron a campo abierto.

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–¿Ves a esos de allá?– Preguntó lascivamente la mujer. –Esos… Son caballos– Dijo Víctor. –Exacto.– –No pienso culiarme una yegua o un caballo.– –Lo vas a querer. Te lo aseguro.– Víctor se empezaba a arrepentir del camino que había emprendido. Sin embargo sus impulsos siempre fueron más grandes que él, incluso cuando estaban dormidos. Para entonces no lo dominaban, pero ahora, prácticamente que lo tenían vivo. Perdió el control casi absoluto de sus deseos. Cualquier cosa que se imaginaba sentía que debía hacerla. Y de repente la idea de fornicar con caballos no parecía tan descabellada. Lanzándose al potrero con determinación casi que diabólica, trató de atrapar a la bestia más desprevenida que encontrara en su camino. Y aunque en primera instancia se porto brioso el animal, dando brincos por doquier, luego se tranquilizó un poco… Mientras el caballo cedía quieto. 21


Víctor Parecía loco. Como si nunca en su vida hubiera tenido relaciones sexuales con algo, sabiendo que apenas antier estuvo rondando los bares gay y los burdeles de su ciudad en busca de algo más. No razonaba por su cuenta, parecía que cada penetración la controlara otro ente. Él mismo podía ver a su voz interna sonriéndole desde el cerco que limitaba el espacioso campo. Aparentemente el caballo reaccionó oportunamente, luego de no sentir más que un mísero cosquilleo por media hora, pateó fuertemente a Víctor, tirándolo de un golpe contra un cercano y no muy profundo barranco, en el cual él cayo Inconsciente durante algunas horas. Casualmente pasaba Ámbar en su vehículo cerca de allí, y vio una figura algo revolcada en el lodo de aquel barranco, que quedaba un poco más cerca de la carretera. Ella filantrópicamente se ofreció a recogerlo, para luego darse cuenta de que fue lo mejor. Sin pensarlo lo subió al auto; algo sorprendida por encontrar su pene mugroso y por fuera del pantalón, pero consciente de que desde hace algún tiempo el empezaba a actuar extraño y más promiscuo (mucho más) de lo natural. Inmediatamente lo llevó al hospital. –¿Estás bien Víctor?– pregunto Ámbar a Él que apenas despertaba en la sala de hospital. 22


IV


CAPÍTULO V “RIGOR” –Entonces es esa la razón por la que estoy aquí desde hace tanto tiempo. No lo hubiera podido entender yo solo.– concluyó Víctor. –Ojalá que también entiendas que tus impulsos te provocaron todo esto.– Dijo Ámbar con obstinación. –Y si no estás contento, déjame decirte que ahora estoy enterada de lo que sucedió con Antonio, y lo que la gente me contó de aquella vez en que te vieron salir de un bar gay con una clase de gigoló.– Aclaró algo más enfadada. –De verdad lamento traicionar tu confianza.– Respondió Víctor con mucha pena. –Es tarde ya para disculparte. Tus juegos no solo te empujaron a ti a la perdición. Tu maldita manía me atrapó a mí también y por tu culpa estoy contagiada.– Le gritó la iracunda mujer, con lágrimas en sus ojos conocedores de la irreversible realidad. –Además, quiero que te enteres que por lo que le hiciste a Antonio, se sumió en una depresión y confusión absoluta, no aguantó el rechazo de sus amigos y acabó por suicidarse.– La pobre Ámbar rompió a llorar. Entre llantos le gritaba “¡¿Qué hiciste, Qué hiciste?!”. El solo dejó reposar su cabeza sobre la almohada. Durante aquellos momentos de tensión, su respiración se agitó, empezó a toser fuertemente mientras recordaba todo lo pasado. Y recordó esa noche… en que en un pacto maldito entregó su cuerpo al deseo absoluto, sin importar el daño que pudiera causar a sus seres más queridos.

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Víctor llamó la enfermera y esta, inusualmente llegó rápido para sentarlo en la silla. Luego regresó a su recinto para continuar el control de otro paciente. –¡Ahora!– Exclamo su controlador subconsciente, que ya no tenía que decirle las cosas a Víctor para que él entendiera lo que buscaba.

Víctor se dirigió con rapidez hacia el anfiteatro del hospital. Allí ignoró la presencia de varios doctores que intentaron atraparle, pero no pudieron con su desenfrenada carrera por satisfacer su último deseo: fornicar con un cadáver. Le parecían interesantes, su fría piel le conmovía en demasía. Sólo no se resistió ante el primero que encontró reposando sobre una camilla, y se le abalanzó sin importarle su pierna rota. La carne visceral y pútrida se mezcló con su sangre, un poco más pura, pero ya no tanto. Al final fue hallado por el doctor y Ámbar, quienes ya tenían un aspecto alarmado, y que ahora estaban aún más impactados. 25


Víctor no se dejó atrapar rápidamente. Dio vueltas, arrastrándose como podía hasta vomitar, por alguna extraña razón. Luego no pudo parar de hacerlo, vomitó y vomitó repetidas veces, y finalmente cayó con la boca ensangrentada de tanto vomitar, el pie malherido y varios rasguños proporcionados por él mismo.

Todos los que estaban cerca de aquel lugar quedaron estupefactos por lo que veían. Pero aún más estupefacta quedó Ámbar cuando el doctor le afirmó que, a partir de los estudios realizados, la causa del vómito con sangre incontrolable de su novio se debía a que las muestras de sangre obtenidas en el laboratorio daban como resultado VIH positivo.

No contentos con lo anterior, tenían ahora que llevar a Víctor al quirófano. Intervenirlo con escasas probabilidades de supervivencia, e innumerables riesgos. Si bien no murió, permaneció en estado de coma por tres años. 26


V


CAPÍTULO VI “EPITHAPHIUM” –Algo confuso. ¿Dónde estoy?– Exclamó con pereza el adolorido Víctor. –Estás en el hospital– Le respondió Ámbar. Te encontré tirado en un potrero. ¿Qué hacías allí? –Nada especial de lo que debas enterarte.– respondió. Ella No podía ser tan inoportuna de tocar un tema de tal delicadeza con tan poca sutileza, Así que prefirió quedarse callada. En ese instante llega el doctor a la habitación para dar un diagnóstico detallado del golpe. –Tengo Algunos resultados– dijo el doctor. –sin embargo quiero mostrarte algo más, Ámbar. Basados en la petición que me hiciste de hacer unos estudios adicionales.– añadió. Ámbar se mostró un poco asustada porque sabía que lo que seguía no podía ser bueno. –Acompáñeme– dijo el doctor nuevamente. En lo que se van Ámbar y el doctor de la habitación, aparece al lado de Víctor esa mujer. –¿Cómo te sientes?– –¿Cómo crees que me debo sentir?– Dijo Víctor enojado. –Estoy terriblemente apenado y además adolorido. Ni siquiera me acuerdo si ella presenció algo de lo que pasó.– –No te preocupes. Ella no se va a enterar mientras no despiertes dudas.– –Pero me siento muy culpable, en serio no quiero continuar con esto. Ya no tengo control sobre yo mismo.– –¿Y? Igual nunca lo has tenido. Siempre te dejas llevar por los extremos. Mejor esperemos a que la enfermera te monte en silla de ruedas para llevarte al baño.–

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Pensó en sus padres, ¿Qué les contaría la gente de cómo acabó su vida? Sabía perfectamente que su momento se acercaba. Mientras el electrocardiógrafo marcaba incesante una frecuencia muy acelerada, los doctores y las enfermeras se acercaban a aplicar diferentes tipos de medicamentos, Pero ya de nada servían. Tanto su alma como su cuerpo estaban condenados. El dolor dentro de él se hacía más intenso, como el de las llamas calcinándole.

Mientras el solo pensaba: Me dejé llevar por una tontería. No supe asumir las riendas del nuevo mundo que se manifestaba ante mis ojos. Si hubiese tenido control nada de esto estaría sucediendo. Ahora me corresponde abrazar al diablo por mi ignorancia. A veces, el no conocer también nos puede llevar por el mal camino. En este mundo todo puede ser un exceso, y todo exceso conduce al mal. El mal acecha por doquier. Quiere nuestras almas, nos da comodines para hacernos sentir en el cielo y después, no desploma con toda la fuerza posible. 29


Mientras su parte consciente decía estas palabras, ante su cuerpo raquítico y delirante se manifestaba su subconsciente, en medio de las personas que parecían caminar cada vez más lento.

Espero hayas entendido la lección. Y sí, te costó tu vida, Pero ahora el rey de la oscuridad estará complacido por haberme encargado de traerle de vuelta a uno de sus subversivos pecados, que casualmente fue humanado. Tu lujuria no es más que el resultado de un alma contaminada, que era demasiado volátil para tomar decisiones por sí sola. Quieras o no, tú debías morir, para mantener equilibrada la balanza del bien y el mal en el mundo. Acumulaste tanto daño que alterabas este plano, Así que tu muerte tendrá que dejar a cambio algunos desperfectos. Si se corrigen o no, el tiempo ya lo dirá, Muchas cosas pueden pasar.

Estas fueron las últimas palabras que Víctor escucho en su mente, mientras exhalaba el último suspiro del mal que quedaba dentro de él.

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VI


COLOFÓN

La historia que el autor Robinson Castellanos busca transmitirnos en “Dos Rombos” es sencillamente una línea directa que conecta una causa con su efecto. Como se puede leer, esta obra relata la vida de un joven desde su cohibición hasta su máximo libertinaje sexual. Como elemento de enlace se denota la presencia de un ente que varias veces es citado dentro de la historia como “sí mismo” y empuja al personaje a dar rienda suelta a sus impulsos, Aun cuando él no lo quisiese. El libro en general tiene la intención de mostrar el demonio que todos llevamos dentro, que nos fuerza a tomar decisiones erradas por puro antojo “nuestro”, el cual a veces solo se basa en una necesidad banal y pasajera. Cabe también hacer énfasis en la intención de comunicar al lector la forma en que la misma cohibición genera ignorancia e incapacidad en las personas de controlar las intenciones sexuales. En palabras del propio autor, se define el libro en sí: “El desconocimiento absoluto de algo, por malo que sea, puede llevarnos a caer más rápidamente en ello. Todo en su justa medida.”

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Robinson Castellanos “Dos Rombos”.

© 2012 Editorial Element LTDA. Art Gallery. Derechos Reservados

Víctor es un joven que se ha visto reprimido toda su vida. Ha condicionado sus pensamientos y deseos al punto dc que llega un día en que sencillamente... Le pone Dos Rombos a su vida, dejandose llevar por los impulsos carnales más extremos, ocultos bajo un subconsciente que emerge de lo más profundo e inexplorado de su ser.

Parte del material de “Codename G13”. Disponible en: www..robinsoncastellanos.wix.com/artgallery 2012. Todos los derechos reservados.


Dos Rombos