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Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau Ediciones La Memoria Director: Víctor Casaus Coordinadora: María Santucho Editora-Jefa: Vivian Núñez

Edición y emplane: Yoel Manuel L. Vázquez Diseño de cubierta: Katia Hernández

© Suyín Morales Alemañy, 2008 © Sobre la presente edición: Ediciones La Memoria Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2008

ISBN: 978-959-7135-66-1

Ediciones La Memoria Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau Calle de la Muralla No. 63, La Habana Vieja, Ciudad de La Habana, Cuba centropablo@cubarte.cult.cu www.centropablo.cult.cu


Premiar la poesía

La convocatoria al Premio de Ensayo Noel Nicola, lanzada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau a principios del año 2007, es el antecedente inmediato de este libro que ahora publicamos. Aquella acción cultural fue realizada por sus promotores —el Centro Pablo, los estudios Ojalá y el portal latinoamericano Trovacub— «con el objetivo de promover la aparición y difusión de textos de pensamiento y análisis sobre la trova cubana, desde sus orígenes a los más recientes ex-ponentes de esta rica, viva y cambiante expresión de nuestra creatividad artística». El Premio se propuso, al mismo tiempo, rendir homenaje a la vida y la obra de Noel Nicola, «uno de los principales iniciadores de la Nueva Trova, que dedicó también su inteligencia y su agudeza crítica al estudio de la canción cubana, apoyando así el desarrollo de las manifestaciones más recientes de este género expresadas en las obras de los trovadores y las trovadoras de nuestros días». Los resultados globales de esta convocatoria reafirmaron nuestra certeza sobre la necesidad de incentivar, por esta y otras vías, el ejercicio del estudio y el debate sobre temas de la cultura cubana que debiera animar las gestiones de diversas instituciones y las estrategias personales de muchos actores en las esferas del pensamiento y la creación artística. Por una parte concursaron obras que se proponen la documentación y el estudio de distintos momentos de lo que hoy llamamos Nueva Trova Cubana, arriesgando propuestas que incluyen el análisis de esos y otros términos que se utilizan desde hace más de tres décadas para designar esa cambiante zona de nuestra creación musical y poética. Esas propuestas también han servido para llamar(nos) la atención sobre la necesidad de continuar investigando y discutiendo acerca de estos temas a partir de la incorporación de esas nuevas miradas, con el propósito de buscar (y, si es posible, encontrar) a través del debate profundo, desprejuiciado y abierto, nuevas verdades para nuestras preguntas, en ese reflujo incesante que el pensamiento genuinamente revolucionario (es decir, vivo y comprometido) debe alentar constantemente. La nueva colección A guitarra limpia, de Ediciones La Memoria, se propone llevar a debate esas ideas incluidas en algunos de los libros mencionados en el concurso y las que surjan en el Coloquio que el Centro Pablo se dispone a realizar, dentro de las actividades por el décimo aniversario del espacio construido con el aporte de los trovadores y las trovadoras de todas las generaciones y tendencias de la Nueva Trova Cubana. El jurado del Premio de Ensayo Noel Nicola —integrado por el cantautor Alberto Faya, el escritor y crítico Germán Piniella y el que ahora escribe estas líneas— tuvo la oportunidad de «comprobar la seriedad y el amor con que los concursantes se han acercado al análisis de muy diversos aspectos de esa fundamental manifestación artística nuestra», y sugirió a los organizadores del evento que se repita su convocatoria periódicamente y que se difundan las propuestas incluidas en algunos libros para incentivar la reflexión y el debate sobre esos temas. Al mismo tiempo el jurado decidió, por unanimidad, conceder el Premio al texto que ahora publicamos bajo el título de Silvio poeta, de la joven investigadora Suyín Morales, a partir de estos valores relevantes que aparecen señalados en el Acta de premiación: Por la precisión con que caracteriza la diversidad temática de la literatura en las canciones de Silvio Rodríguez. Por la acertada manera con que identifica los vínculos de la obra de un artista con la sociedad en la que se desarrolla. Por la sencillez y el rigor intelectual de sus análisis que contribuyen a esa claridad de ideas imprescindible en un ensayo literario.


Resulta, sin dudas, alentador que este Premio se otorgue a un libro que analiza y comenta una de las facetas más importantes en la obra de Silvio: su relación con (o mejor aún, su pertenencia a) los vastos e inquietantes territorios de la poesía, y que su autora sea una joven investigadora con la capacidad necesaria para proponernos, desde la identificación y el rigor profesional, esos acercamientos iniciales —que podrán ser enriquecidos en el futuro por otras visiones, pero que tienen la virtud indiscutible de abrir caminos, proponer mi-radas e iluminar contenidos con las herramientas de la búsqueda acuciosa y el análisis puntual. Estoy seguro de que este libro será una importante contribución inicial al estudio de esa faceta del universo creativo de Silvio, por demás ancho y no precisamente ajeno, su poesía: la poesía que lo ha acompañado de diversas formas, con disímiles ropajes, en momentos intensos, críticos, de su vida y de su obra. Y con la que ha tenido una relación recíproca y pro-funda, dramática o gozosa según los casos, siempre signada por la autenticidad y el (re)conocimiento mutuo. A partir de las incitaciones que hace este volumen, podremos acercarnos a otros temas adyacentes, como la influencia de la poesía (de otros poetas) en la obra y la vida de Silvio. Para ello valen de manera especial, por supuesto, las palabras del trovador, rastreadas por la autora, como estas que provienen de la encuesta rápida incluida en el libro Que levante la mano la guitarra, en la que cabalgan, por derecho propio, estos tres jinetes de la imaginación y la palabra: Martí, Vallejo y Que-vedo, de los que Silvio se confiesa deudor apasionado. He valorado (y disfrutado) de manera especial el acercamiento que hace este texto al universo vallejiano, en relación con la obra del trovador (y viceversa). Cuesta poco o nada comprender que el disfrute proviene de una identificación compartida con el cholo magnífico y la magnífica densidad humana de su poesía que se hizo universal a partir de los valores que la inspiraron, el lenguaje con que se (re)creó y los avatares conmovedores de la vida del autor que la escribió. Por ello somos capaces de sentir de manera especial esa resonancia admirable cuando leemos (escuchamos) en la canción Emilia: «Qué horriblemente hermoso era aquel tiempo» o cuando nos habla el trovador acerca de aquellos «días distintos a los días» en sus Proposiciones. Lo que descubro y siento personalmente en estas constataciones, en estos encuentros coincidentes que he ido viendo aparecer y crecer a lo largo de los años, es parte, por supuesto, de una identificación mayor que el propio Silvio ha confesado más de una vez: la que se estableció, a través de búsquedas, hallazgos y riesgos comunes, entre el trovador y los poetas de su «soñadora, contradictoria y entrañable generación» reunidos bajo la bandera memorable — audaz, imperfecta— de aquella primera etapa de El Caimán Barbudo. Al seguir el rastro creador de Silvio poeta, este libro recorre algunos de los universos temáticos de su obra, incluidos los que tienen que ver con un valor que necesitamos rescatar, potenciar, socializar (aquí y en otros rincones del mundo): la ética puesta al servicio de la justicia, la solidaridad y la búsqueda de la verdad. En ese sentido, sus canciones (su poética) han hablado diáfana, valientemente a lo largo del tiempo. Ahí están, para constatarlo, su declaración de principios («Con el oportunismo tengo un duelo,/con las cabezas como el hierro viejo») o su ironía eficaz a la hora de confesar esta deuda (interna) en su canción Testamento: «Le debo una canción al oportuno,/al oportuno mutilador de cuanta ala». Esa visión crítica alcanzó en su poética diversos niveles de la realidad, y rehuyó siempre la anécdota banalizadora, el chisme de las capillas (ardientes o no), para elevarse hacia una propuesta muchas veces sorprendente: primero, por su temprana madurez y después, por la sistemática y fiel consecuencia de sus dichos y de sus actos. Este libro también podrá transmitir, a quienes busquen en él, esa admirable consecuencia del poeta Silvio Rodríguez, para quien el compromiso intelectual no ha residido en la fácil y sospechosa disposición para emitir una oportuna declaración en el mejor estilo cederista una vez al año y publicarla después en el periódico adecuado, sino en la capacidad diáfana, lúcida y valiente de pensar con cabeza propia y expresar sus criterios y defenderlos. En la poesía y en la vida. Por todas esas cosas y algunas más, esta colección editorial A guitarra limpia se inició con un libro que testimonia y analiza la obra del trovador y se continúa con este libro ganador del


Premio de Ensayo dedicado a Noel que compartió con nosotros, en su momento, aquella dedicatoria entregada a Silvio en un patio de la Calle de la Muralla: A Silvio Rodríguez, expedicionario del amor, por tus canciones y tus ideas (que compartimos); por tu persistencia y tu coraje en las buenas y en las malas (como debe ser): juntos levantaremos siempre la guitarra. En eso estamos, también, al publicar este libro sobre Silvio poeta. VÍCTOR CASAUS

Silvio poeta

En marzo de 1979, durante su segunda visita a París, Silvio estuvo en el cementerio de Montparnasse para cumplir con el viejo sueño de una tropa de jóvenes, que bajo el influjo de la lectura compartida de César Vallejo, se habían prometido algunos años atrás, medio en broma pero seguramente sintiéndolo como un pacto ineludible y justo, que aquel de ellos que lograra llegar a la Ciudad de la Luz visitaría la tumba del gran poeta peruano. El hecho de haber sido el primero, convocó al cantautor cubano al homenaje en nombre de todos, y unos meses después, en su número de enero de 1980, la revista Revolución y Cultura incluyó un artículo1 en el que Silvio contaba sobre esta historia colectiva, comenzando por el principio, cuando, una noche de finales de la década del 60, en que se juntaba como casi siempre con un grupo de amigos en las mesitas al aire libre de la heladería Coppelia de La Habana, llegó Vallejo y se sentó entre ellos cansado y son-riente. A través de la anécdota y el lenguaje figurado, que me recuerda el modo en que, contrario a lo que dictaría la lógica, protagoniza el escritor universal el verso Vallejo así nos des-cubrió, de la canción Emilia, Silvio dejaba aclarada la presencia constante del autor de Los heraldos negros, Trilce y Poemas humanos, en la vida y obra de sus contemporáneos. Casi cuarenta años después, gracias a la inventiva, el cantor de la guerra española se sienta, literalmente, junto a esos jóvenes en la instantánea que ilustra la cubierta del doble CD Érase que se era. Ahí aparece junto a Silvio y, según el pie de foto, otros poetas. 1

Silvio Rodríguez: Cumplir con Vallejo. En: Revolución y Cultura. La Habana (89), enero de 1980. (En las demás referencias se

consignará solo la página. Buscar la bibliografía para los demás datos.)

Puedo reconocer entre ellos a Guillermo Rodríguez Rivera, Luis Rogelio (Wichy) Nogueras, Víctor Casaus, Antonio Conte y Raúl Rivero, integrantes de la generación de El Caimán Barbudo con los que Silvio compartiera aquellas memorables tertulias. El reencuentro maravilloso que posibilita la imagen me dice que este disco está amparado por la Poesía y por la figura de César Vallejo, quien sigue siendo la voz tutelar anunciada por Roberto Fernández


Retamar para la corriente coloquialista que se apodera del escenario literario en la década del 50 y a la que los jóvenes poetas de la Revolución se adscriben. Luego de volver sobre la canción que le da título, confirmo de todas formas mi certeza, porque Érase que se era2 (1969) me parece un homenaje a aquellas citas nocturnas: Éramos una vez un grupo de nueve o diez/que coincidían cada noche:/una suerte de sueños que hacían cuadrilla,/unos buenos muchachos riendo juntos. Se trata de una narración a través de la cual el hablante del poema reconstruye una época pasada: Yo no sé si fue el tiempo que lo vuela todo,/o si fuimos nosotros detonando el tiempo,/pero nos fragmentamos como una granada, que los versos hacen sentir remota, heroica e irrepetible, y que deriva en la reflexión sobre la supervivencia de lo vivido en la memoria y el significado que puede tener para sus protagonistas sobre todo si, como en este caso, la experiencia compartida, generacional, ha sido intensa: Era imposible pasar un sólo día sin morir,/sin gritar, sin reír, sin comprender, sin amar./Qué desastre de gente que no podía estar en paz. 2

Fue compuesta el 24 de noviembre de 1969 y fue la número 29 en el Playa Girón. Habíamos pasado dos meses en alta mar y por

primera vez divisábamos no tierra pero sí las arenas del entonces Sahara Español, hoy República Saharaui. Las bodegas del barco rebosaban, llevábamos días esperando por el buque madre Océano Índico, para descargarle el resultado de nuestra primera campaña y después continuar. El tiempo y la distancia empezaban a cocinar un caldo de tensiones. Un marinero había tenido que ser reducido por sus compañeros, que se defendían de sus amagos con un enorme cuchillo de cocina. No era el único loco a bordo, entre los reales y ficticios. Por mi parte llevaba algunos días sin poder conciliar el sueño y el sanitario me dio fenobarbital con belladona. Así que ese día lo pasé soñando y no me acerqué al diario. Al día siguiente no recordaba nada, pero Érase que se era ya estaba escrita y registrada en cinta. Silvio Rodríguez, Disco Érase que se era.

Con los integrantes de El Caimán Barbudo, Silvio comparte, en 1967, dos recitales de poesía que se organizan en el teatro del Museo de Bellas Artes y en la Biblioteca Nacional. Al año siguiente se produce otro recital, en la Casa de las Américas, y ya esta vez Silvio aparece junto a dos de los futuros integrantes del Movimiento de la Nueva Trova: Pablo Milanés y Noel Nicola. De esta manera, podría decir providencial, estaba participando de dos procesos artísticos que han sido certeramente clasificados como simultáneos y cómplices; se encontraba tan cerca de la poesía, como de la música, pero en realidad más cerca de la primera, porque, según él mismo ha dicho,3 su irrupción sistematizada y consciente en la problemática de la canción, fundamentalmente en la música, se produciría tiempo después, cuando forma parte, en 1969, del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC; mientras tanto, y a pesar de no pertenecer de manera oficial al grupo poético, sí había sido acogido en este círculo de escritores e intelectuales como uno más y de los buenos, y es que, aunque tenía la guitarra, había demostrado pronto, según admiten quienes lo conocían desde entonces,4 que no necesitaba de los tex-tos de nadie, que era un poeta más, sólo que también músico, como los antiguos y errantes trovadores. Afirmar que Silvio es un poeta no resulta, pues, particularmente revelador. Del Silvio poeta es que vamos a hablar en estas páginas, escriben Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus en el prólogo a la antología Silvio: que levante la mano la guitarra, un libro con el que sus autores inauguran aproximaciones literarias5 a la canción de Silvio, que en su caso se producen de un «modo natural», por la amistad entrañable que los une, el reconocimiento del valor literario de sus textos y el hecho de considerarlo un poeta más de su generación; en esencia, el compromiso social y la experiencia vital y creadora compartida, que hacen posible integrar a Silvio dentro de la lírica colectiva de El Caimán Barbudo, para abordar su canción desde esa condición poética, primigenia en el género trovadoresco, que en el cantautor se manifiesta desde el inicio de su carrera. 3

Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus: Silvio: que levante la mano la guitarra, p. 34.

4

Guillermo Rodríguez Rivera: Poesía y canción en Cuba. En Ensayos voluntarios, p. 160.

5

El cancionero de Silvio ha sido objeto de estudios literarios que se han propuesto como objetivo hallar en él resonancias martianas,

influencias de Vallejo e incluso vínculos con la poética de Rubén Darío. Un ejemplo es precisamente el artículo de Inés Izquierdo Millar titulado Ecos modernistas en Silvio Rodríguez, publicado en la revista elec-trónica Espéculo, no. 22, de la Universidad Complutense de Madrid, España. http://www.ucm.es/info/especulo/.


Estos jóvenes poetas que se agrupan alrededor de la revista se adscriben, como ya antes enuncié, a la corriente coloquialista con una visión contextualizada del arte, en particular de la expresión poética. En el manifiesto Nos pronunciamos, que sale en el primer número de la publicación, dan a conocer sus postulados éticos y estéticos, entre los que se encuentran el compromiso con la Revolución, la función testimonial de la poesía, su amplitud temática y formal, y la creencia en las posibilidades poéticas de la canción. De una manera igual-mente consciente, la obra de los nuevos cantautores resulta rigurosamente literaria y revolucionaria. Sucede que la joven poesía y la nueva canción se están sumando a una respuesta generacional mucho más abarcadora que cualquier movimiento artístico. Es por eso que cuando a Silvio le preguntan cuáles cree que sean los vínculos humanos, artísticos e ideo-lógicos entre la Nueva Trova y la Nueva Poesía Cubana,6 evade la referencia directa a ambos grupos para hacer un recuento de las vivencias compartidas por toda una generación que siendo muy joven, casi niña a veces, participa de la epopeya revolucionaria y de la cual surgirán los poetas y trovadores, pero también los constructores, los fundidores, los soldados. Lo que recuerda e intenta explicar a través de la anécdota es el modo en que la juventud cubana asume una responsabilidad ética dentro de la circunstancia histórica que le toca vivir, expresa una voluntad de cambio. Voluntad de hacer amanecer, escribe el trovador en la canción Domingo Rojo (1982). Así como Guillermo Rodríguez Rivera afirma en 1978, desde su condición de poeta de la generación de El Caimán Barbudo y estudioso de la literatura, que la joven poesía de Cuba es obra de la Revolución,7 el Silvio trovador sentencia8 desde una perspectiva coincidente que la Nueva Trova es formal y técnicamente un producto de los años que vivimos. Si en el manifiesto Nos pronunciamos esta vanguardia poética expresa: Con la Revolución nos hemos formado — nos estamos formando—, sin ella no podríamos explicarnos; Silvio, de manera particular, asevera:9 sin la Revolución no sería lo que soy, ni pensaría como pienso. Poetas y trovadores se emparentan, pues, en la búsqueda de una expresión acorde con las exigencias del momento. Comparten, en primer lugar, el valor testimonial que define a la poesía coloquialista, el reflejo de las circunstancias históricas, aún cuando se trate de abordar asuntos de naturaleza íntima, el acercamiento a la inmediatez para hallar lo poético de lo que ocurre e incluso de cómo ocurre, según caracteriza Virgilio López Lemus10 esta tendencia literaria, además de la manera en que conciben enfocar ese reflejo, desde una perspectiva esencialmente creadora, evitando la repetición de fórmulas pobres y gastadas, o, como explica Silvio, que se encuentra en la misma cuerda estilística, trabajando contra las frases hechas, los caminos trillados, las fórmulas obvias que sonaban a panfleto y no a literatura.11 6

Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus: Silvio: que levante la mano la guitarra, pp. 218-219.

7 8

Guillermo Rodríguez Rivera: Poesía y canción en Cuba. En Ensayos voluntarios, p. 101. Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus: Silvio: que levante la mano la guitarra, p. 19.

9

Ibídem, p. 44.

10

Virgilio López Lemus: Palabras del trasfondo, p. 89.

11

Susurros en el camino, una respuesta de Silvio Rodríguez. Entre-vista. España.

Para la joven poesía de la Revolución —y este título no le es dado gratuitamente— ella constituye el gran asunto del que derivan infinidad de temáticas: su defensa, la educación y el cambio en la conciencia social, la ética revolucionaria y la nueva moral, la edificación del socialismo, los trabajos voluntarios, los temas de naturaleza histórica, antiimperialismo, solidaridad con otros países, planteo del servicio social de la literatura, la infancia, la muerte, la propia poesía, la existencia humana, el amor, son algunos de los contenidos fundamentales definidos. A partir de ellos, no resulta difícil hallar las primeras concordancias entre ambas expresiones, la de la poesía escrita y la de la poseía cantada de Silvio Rodríguez. En el conjunto de la obra del cantautor aparece esa serie de temas escritos a finales de la década del 60 y los años 70, mencionemos La nueva escuela (1971), Voy a cantarle al porvenir (1968), Cuando digo futuro (1969), Vamos a andar (1978), Los pasos de la guerra (´70), Al


final de este viaje en la vida (1970), donde encontramos expuesta una realidad en progreso, radical en sus cambios, renovadora y dramática. Están también las canciones como Preludio de Girón (1975), Oh, bienvenido seas octubre (1972), Domingo Rojo (1982) y Canción de la Columna Juvenil del Centenario (1971), en las que tanto la defensa del país, como un trabajo voluntario se convierten en episodio lírico. Y aquellas composiciones, La era está pariendo un corazón (1968), Fusil contra Fusil (1968), Bajo el arco del sol, la lucha armada (1968), Santiago de Chile (1973), Viet Nam (´60), Viet Nam, yo vivo (´60), Angola es una (1976), dedicadas específica-mente a los principios fundamentales enarbolados por la ideología revolucionaria como el internacionalismo, la solidaridad, el antiimperialismo. En las canciones Acerca de los padres, Canción de invierno, La familia, la propiedad privada y el amor, Qué se puede hacer con el amor, No vayas a cerrar los ojos, todas escritas en 1969, quedan enfrentados tabúes, prejuicios y discriminaciones sexuales, la miga de lo que no se acomoda a los nuevos tiempos. Pero también las canciones de amor y las canciones más íntimas, aquellas que sabemos nacieron de un conflicto personal, aquellas que el propio Silvio ha confesado, hizo para molestar,12 como es el caso de Debo partirme en dos (1969) o Resumen de noticias (1970), testimonian una época, una realidad, un drama, por ejemplo, el de la polémica alrededor del artista, del artista revolucionario. O sea, que aún cuando se trate de contar una historia de amor, de recordar la infancia, de ser autobiográfico, o de definir una poética, la obra es expresión del contexto y el ser social. En Emilia (1969), una de las canciones preferidas de Silvio, De la ausencia y de ti (1969) y Mariposas (1972) el entorno revolucionario emerge de las palabras empleadas, aún cuando no existe una alusión directa a él, porque recordar a la amada como furibunda compañera, o hablar de un tiempo horrible-mente hermoso, de madrugadas sin ir a dormir, o afirmar que las ideas son balas hoy día, obviamente no es un modo de ex-presión gratuito; o sea, contienen el ánimo de ese tiempo vehemente, fundacional, transformador. 12

Debo partirme en dos, por ejemplo, fue una canción hecha para joder, o Resumen de noticias, una canción muy desgarradora. Yo

estaba suspendido por la radio y la televisión, con toda la mitología de un niño malo detrás. Era algo que me dolía muchísimo, que me laceraba realmente… Fue una época en que a cada paso surgía un conflicto y una contradicción. Eran tiempos duros que empezaron a llevarme a una guerra sin cuartel, que me salpicó con alguna que otra paranoia y terminó haciéndome tocar la puerta de un psiquiatra, porque realmente no entendía lo que me estaba pasando. La de los sesenta fue una década muy convulsiva. Cuando uno es joven, tiene que mostrar lo que vale, el ojo del tigre. Uno tiene urgencia de compartir con el mundo las energías de la juventud, y entonces lucha, dice, busca, discute y, por supuesto, encuentra resistencia. Y cuando esa resistencia se enturbia con enredos y ataques, el ojo del tigre, inexorablemente, se multiplica. Entrevista publicada en el diario La Tercera, 22 de septiembre de 1996.

Cuando Silvio aborda la Revolución lo hace desde el punto de vista de su esencia transformadora, la que emplea como alegoría del proceso histórico, que de esta manera no necesita nombrar, es decir, la palabra Revolución aparece en algún que otro texto casi a manera de excepción, como en Nunca he creído que alguien me odia (Siempre tendré un enemigo/con el semblante arrugado/y más cansado que yo./El que al largo de su sombra/quiera cortar la medida/de cada Revolución, 1972) o El necio (Dicen que me arrastrarán por sobre rocas/cuando la Revolución se venga abajo, 1991), porque su visión la entrega mediante procedimientos lingüísticos contrarios a la mención directa, manida y dotada muchas veces de connotaciones triunfalistas que nada tienen que ver con el fin testimonial de su poesía. Los conceptos de pasado, presente y futuro, por ejemplo, sirven a esta intención comunicativa de mostrar una realidad en progreso, cambiante, renovadora. Sé que el pasado me odia y que no va a perdonarme mi amor por el porvenir. …


Mi asesino es el pasado aunque con mano de hombre. (Nunca he creído que alguien me odia) Pero debo decir que me tocó nacer en el pasado y que no volveré. Es por eso que un día me vi en el presente, con un pie allá donde vive la muerte y otro pie suspendido en el aire, buscando lugar, reclamando tierra del futuro para descansar. … Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento pues no tengo culpa, pero hubiera querido poderme jugar toda la muerte allá, en el pasado, o toda la vida en el porvenir que no puedo alcanzar. (Oda a mi generación, 1972) Voy a cantarle al porvenir: voy a vivir (Voy a cantarle al porvenir) Vale la pena dejar de llorar y hacer cita con el porvenir. Vale la pena vivir (Yo soy como soy, 1983) La era está pariendo un corazón. No puede más, se muere de dolor y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir (La era está pariendo un corazón) Si la poesía coloquialista, en sentido general, se caracteriza por la tendencia a reafirmarse en sus creencias y a proyectarse positivamente hacia el futuro desde el presente, en el contexto de la Revolución Cubana, en el que la relación del hombre con su circunstancia histórica se replantea con un objetivo común y luminoso, encuentra motivos más certeros para su actitud poética. En la obra de Silvio el futuro es la promesa cumplida, el mejoramiento humano, las maravillas anunciadas en la canción Venga la esperanza (1989) y Variaciones sobre un tema (1969). El pasado es el odio, la muerte, lo viejo y cuando el pasado logra coexistir con el presente, se convierte en rezago: sé que el pasado me odia/y que no va a perdonarme/mi amor por el porvenir, mi asesino es el pasado/aunque con mano de hombre. El presente se comporta como ruptura con el pasado a la vez que proyectado hacia el futuro. Por eso en la canción La nueva escuela, el sujeto lírico lo llama preludio de futuro y en la canción Al final de este viaje en la vida: prehistoria que tendrá el futuro, anales remotos del hombre, pasado del cielo, y finalmente Dios; comparación osada, que entraña muy claramente la idea de la creación, y define una época abocada en la formación de una sociedad y un hombre nuevos. La Canción de la Columna Juvenil del Centenario, escrita por encargo13 por Silvio y Pablo para el documental homónimo, centra su contenido en la disposición al sacrificio de los jóvenes que integraban este contingente para sumarse voluntariamente a la zafra azucarera del país. Según Silvio Rodríguez, el reportaje mostraba adolescentes vistiendo ripios, durmiendo a la intemperie, demacrados por la comida insuficiente y la labor excesiva, pero que mantenían una firmeza y voluntad impresionantes. El costo humano que representaba su actitud, sostenida en condiciones adversas, alejados de sus casas e intereses individuales, no se le escapa al poeta,


porque aunque asume la perspectiva de alguien que no participa de esa realidad (Sé que ahora mismo,/mientras se entona cualquier canto,/mientras partimos a disipar el calor,/se está luchando allá.), no por ello le es ajena. La visión entonces del hombre, individuo y a la vez miembro de la colectividad, se define por el sacrificio y el drama que implica su participación en esa construcción social y en ese sentido es profundamente realista. En Voy a cantarle al porvenir, esa visión aparece despojada de todo recurso extrahumano: Diré que fuimos lo normal;/piel y cerebro para andar, y en cierto momento el sujeto lírico no puede ser más literal: …batallar con todo el tiempo alrededor fue del caray. En La nueva escuela, el acto de edificar, se caracteriza mezclando rasgos de humanidad con elementos constructivos: adoquines de vergüenza, piedra y lucero; lugares alzados a golpe de sangre y martillo. En la Canción de la CJC es conmovedor cuando alcanza la verdad más insondable: ¿Qué va a pagar la sangre que la tierra absorbe? ¿Qué oro que no es oro de sueños pesa así? ¿Qué puede valer más? ... ¿Qué paga este sudor, el tiempo que se va? ¿Qué tiempo están pagando? —el de sus vidas. ¿Qué vida está sangrando por la herida de virar esta tierra de una vez? 13

…la parte compuesta por mí de la Canción para la Columna Juvenil del Centenario es hasta «¿Qué puede valer más?». El autor

de los versos que siguen es Pablo Milanés, así como la música y la voz que los interpretan. Por entonces éramos integrantes del Grupo de Experimentación Sonora (GES) del ICAIC. Era habitual que los directores nos pidieran que trabajáramos juntos las bandas sonoras y de ahí salieron algunas canciones a cuatro y en ocasiones a seis manos. No creo que la autoría compartida cambie lo esencial que nos ocupa, ya que Pablo y yo estábamos plenamente identificados e igualmente conmovidos por el sacrificio de aquellos jóvenes trabajadores que intentaban (y sin duda, conseguían) «virar esta tierra de una vez». Éramos tan compatibles que a veces para hacer las canciones solo acordábamos una tonalidad. Con ese norte cada uno se iba a su casa y componía su parte. Luego nos encontrábamos y analizábamos qué segmento serviría mejor para empezar y cuál para concluir. Entonces empalmábamos los pedazos y listo. Jamás hicimos retoques. Entrevista Susurros en el camino, una respuesta de Silvio Rodríguez. España.

De esta manera, hay una obra (la nueva escuela, la nueva casa, los semilleros hechos, los lugares alzados) que argumenta sobre el proyecto social, pero su protagonista es el hombre representado en estos recursos metonímicos: piel, cerebro, sudor, ansiedad, vergüenza, sangre, sueños, manos, que en conjunto hacen saber de la abnegación con que vive el presente. Según ha confesado el propio Silvio, desafiaba así la perspectiva oficial, aburridamente solemne y hierática, de una realidad que él, desde su doble condición de espectador y participante de ella, opta por mostrar con todos sus matices. Pero confesiones aparte, la obra de Silvio argumenta también sobre ese afán testimonial de un modo no deducible, sino di-recto, cuando lo enuncia en los versos como condición inapelable, desde fecha tan temprana como 1966, año en que escribe La canción de la trova, en la que el género se define sobre todo por la sinceridad en la manera de abordar los contenidos de la canción: Pues, siempre que se cante con el corazón,/habrá un sentido atento para la emoción de ver/que la guitarra es la guitarra,/sin envejecer. pero cantar es difícil, porque hay que querer la verdad mucho más que a la misma canción (Defensa del trovador, 1969) y aquí está la canción lo que un poquito cruda porque la realidad se ha de cantar desnuda (Anónimo, 1970)


ay amor, ay amor, canta siempre de corazón (Verbos en juego, 1987) ...mi garganta no sabe cantar, si mi corazón no alza vuelo (Qué sé yo, 2003) Tocando fondo, como ir cantando, es algo hondo que no anda esperando./ No tocar duro nuestras verdades levanta muros, pudre capitales./ Asumirse los fuegos es no dictaminarse. Me publico completo, me espero mejorable desde mi parlamento de guitarra sonante. (Tocando fondo, 1993) Esa visión de una realidad perfectible, no contradice en Silvio la reafirmación optimista del presente y, sin embargo, alguna vez, absurdamente, fue malinterpretada como una forma de disidencia. Si fuera a hablarse de lo obvio en los contenidos de su canción, habría que mencionar la intención convocatoria14 y la toma de partido a favor de la Revolución, que sobre todo en las canciones escritas en los primeros años, décadas del 60 y 70, se manifiestan con una convicción desbordante. Canciones como Los compromisos (1969), Oda a mi generación (1970), Los pasos de la guerra (1975), pueden catalogarse como una declaración de principios en la que el sujeto lírico deja manifiesta su disposición a participar del combate transformador: Me digo comprometido totalmente y de una vez: el tiempo me hala la manga, quiere que vaya con él (Los compromisos) Sé que hay que seguir navegando. Sigan exigiéndome cada vez más, hasta poder seguir o reventar. (Oda a mi generación) Salgo con un pan y un credo, un rifle, una melodía. Salgo dispuesto a mi día y al tiempo de mi sendero. (Los pasos de la guerra) 14

… yo soy un hombre con su visión del mundo. Un hombre que ha tomado partido. De lo que resulta que estoy invitando a todos a

sumarse a mi bando, que es el bando de la Revolución y la belleza. Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus. Silvio: que levante la mano la guitarra, p. 209.

En Oda a mi generación, el sujeto lírico deja aclarada la naturaleza involuntaria de su situación (me tocó nacer en el pasado, me vi en el presente) no para sacudirse de ella, sino para reclamar, en su nombre y en el de su generación, el papel que les corresponde dentro de las circunstancias históricas del país, inducido por un profundo sentimiento de pertenencia que


inequívocamente deja expresado en los siguientes versos: Ahora quiero hablar de poetas,/de poetas muertos y poetas vivos,/de tantos muchachos hijos de esta fiesta. Otros títulos, Cuando digo futuro, Vamos a andar, Yo te invito a caminar conmigo, invitan al lector a confiar en el tiempo que ha de venir en composiciones donde el presente se define como el espacio donde se construye el futuro. Pero incluso en aquellas escritas después, en las que el poeta reconoce que aquel futuro, una vez llegado, no alcanza los proyectos de ayer, el discurso no deja de ser esperanzador. El problema no es despeñarse en abismos de ensueño porque hoy no llegó al futuro sangrado de ayer (El problema, 1989) En busca de un sueño partí con mi día, en busca de un sueño que no hay todavía. (En busca de un sueño, 1988) El Yo aparece con insistencia, implícito en pronombres de primera persona, representado en la morfología del verbo, o incluso de manera explícita, lo que le brinda valor expresivo. Como en la canción Cuando digo futuro, donde la primera persona, desde la cual está el sujeto lírico hablando (Te convido a creerme cuando digo futuro./Si no crees mi palabra,/cree en la angustia de un grito,/cree en mi cuerpo, cree en mis manos,/que se acaban.) aparece realizada fonéticamente en el epifonema del final (Yo te convido a creerme cuando digo futuro), otorgándole de esta manera fuerza y determinación al verso. La presencia de esa primera persona resulta necesaria para otorgar visos de vivencia a la experiencia que se quiere comunicar, pero en el caso de la obra de Silvio, el punto de vista personal parece derivar justamente del objetivo primero que persigue con su canción: decir mis propias cosas.15 En Al final de este viaje en la vida, por ejemplo, el sujeto lírico se deslinda del personaje colectivo desde el que ha comenzado a hablar (Al final de este viaje en la vida, quedarán/nuestros cuerpos hinchados de ir/a la muerte, al odio, al borde del mar) para introducir el Yo en un verso esclarecedor (por lo menos por eso es que estoy aquí) en el que el compromiso con el presente lo establece de manera individual. Sin embargo, en Canto arena (1975), el autor, que todo el tiempo habla desde su propio yo (Por eso canto), se revela de pronto integrante de una colectividad, sujeto de la acción que enuncia, a la que así indirectamente apostrofa: La prisa lleva maravilla y lleva error/pero viajamos sobre rueda encabritada. La trayectoria de Silvio es el hilo conductor de su canto, ha manifestado el poeta uruguayo Mario Benedetti. Y en verdad, por muchos aspectos formales y de contenido, sus canciones validan la identificación del sujeto lírico, esa primera persona gramatical que se presenta muchas veces definida como trovador, con el autor real, con la persona de Silvio Rodríguez. Pero, puede también caracterizarse ese Yo a partir del carácter pluralizado con que es empleado por los poetas coloquialistas como símbolo de conciencia de generación y de grupo. En La maza (1979) Silvio enumera una serie de razones por las cuales su obra se salva de la esterilidad, la servidumbre y la pompa. Más que razones, como bien apunta Joseba Sanz en su libro Silvio, memoria trovada de una revolución, se trata de sus más profundas convicciones, pues el uso del verbo creer a lo largo del texto (Si no creyera en la locura/de la garganta del sinsonte/si no creyera que en el monte/se esconde el trino y la pavura) infunde arraigo a cada expresión. Pero a pesar del discurso reflexivo con el que aborda el tema de la razón de ser del artista,16 el oyente puede sentirse requerido por la pregunta y el vocativo: ¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera, qué cosa fuera la maza sin cantera? O sea que podemos presuponer, además de una autocomunicación significativa, un posible diálogo con el que estaría tentando la conciencia crítica de quien le escucha.


15

Desde que cogí la guitarra, lo hice con la idea de decir mis propias cosas. Siempre tuve la certidumbre de que tenía mis propias

cosas que decir. Entrevista En el principio no había nueva trova. La Habana, 1980. 16

(La maza) es un poco la razón de ser del artista, de su compromiso, que no se deja seducir por los artificios y superficialidades

que suelen acompañar a algunas manifestaciones escénicas… La cantera es de donde se sacan los cantos, la maza es con lo que se golpea. Si no hubiera una cantera de donde sacar un producto, algo, para qué serviría la maza. Entrevista En el principio no había nueva trova. La Habana, 1980.

En La era está pariendo un corazón el sujeto lírico reconstruye alegóricamente, empleando como interlocutor a su sombra, un diálogo consigo mismo (Le he preguntado a mi sombra… mi sombra dice), pero este modo de reproducirlo de manera indirecta constituye una excepción dentro del conjunto de su obra, porque casi siempre vamos a encontrar un diálogo entre el Yo que se instala en el discurso y una segunda persona, es decir un Tú, al que directamente se dirige. En canciones como Debo partirme en dos, La maza, Resumen de noticias, Hay un grupo que dice (1967), Oda a mi generación, Defensa del trovador, Mientras tanto (1967), El barquero (1967), Viven muy felices (1970), Canto arena (1975), Nunca he creído que alguien me odia, va a pronunciarse, como sus contemporáneos poetas, por un arte reflexivo, solidario, denunciador, comprometido, va a hacerlo a título personal y dejando asomar una posición contestataria. Estos textos se caracterizan, pues, por su carácter apelativo: el sujeto lírico es una primera persona que se dirige a un interlocutor, individuo o grupo definido por el rechazo hacia su canción lo que le brinda al autor el motivo para definirla y definirse. No se crean que es majadería, que nadie se levante aunque me ría: hace tiempo que vengo lidiando con gente que dicen que yo canto cosas indecentes. (Debo partirme en dos) Viven muy felices, no digo yo, los que repiten la lección como aprendices, los que no buscan más allá de sus narices. … los que repiten un camino sin razones y ven la audacia como historia de canciones. … los que no arriesgan su canción con lo que dicen, los que mañana no serán ya ni raíces. (Viven muy felices) He estado al alcance de todos los bolsillos porque no cuesta nada mirarse para dentro. He estado al alcance de todas las manos que han querido tocar mi mano amigamente. ... Pero, pobre de mí, no he estado con los presos de su propia cabeza acomodada, no he estado en los que ríen con sólo media risa, los delimitadores de las primaveras. (Resumen de noticias) En Resumen de noticias, la contraposición está dada a través del modo afirmativo y negativo con que el sujeto lírico resume lo hecho, aquello que lo define como persona y artista (He estado, he dicho, sé, he procurado, he preferido) y lo no hecho (no he estado), lo que de


ninguna manera comparte. En Mientras tanto, nuevamente se enfrentan dos grupos de acciones incompatibles entre sí, pero el sujeto lírico no niega ahora la realización de aquellas que conllevan una renuncia de sí mismo, sino que las pospone. Con ironía mal disimulada, ubica en un futuro indeterminado el cumplimiento de esa especie de compromiso, muy a largo plazo, que establece con el receptor, puesto que le anuncia complacerlo cuando pueda, mientras, introduce con la frase Yo tengo que un matiz de urgencia para los actos que considera un deber inaplazable, presente. Al que le disguste mi sincero afán de decir la vida en mi canción, sólo le diré que cuando pueda colgaré mi voz de algún lugar común, que cuando pueda dejaré mi forma de pensar, que cuando pueda mi guitarra irá a parar al mar. Pero mientras tanto, pero mientras tanto yo tengo que hablar, tengo que vivir, tengo que decir lo que he de pensar. Mientras tanto, pero mientras tanto yo tengo que hablar, cantar y gritar la vida, el amor, la guerra, el dolor. Y más tarde guardaré la voz. (Mientras tanto) En Hay un grupo que dice las dos posiciones que a propósito de la canción se presentan están caracterizadas por dos campos semánticos excluyentes. Por una parte el grupo que dice se identifica con los vocablos reír, juvenil, fácil, feliz, mientras que el sujeto lírico se identifica con los motivos para no reírse, los motivos para preocuparse, las mil cosas muy tristes. Hay un grupo que dice que una canción tiene que ser muy fácil para la razón, que las cosas que digo sólo las sé yo. No han abierto los ojos al mundo. ... Miren que decir eso, con tantos motivos para preocuparse como hay. (Hay un grupo que dice) En La era... vamos a encontrar también empleada la antonimia risallanto para enfrentar dos realidades opuestas, la del Yo y la del mundo: Le he preguntado a mi sombra/a ver cómo ando para reírme,/mientras el llanto, con voz de templo,/rompe en la sala regando el tiempo. La risa aparece empleada como símbolo de una actitud ególatra e indiferente. El llanto, que el adverbio mientras se encarga de colocar en el mismo eje temporal, representa el dolor ajeno. De esta manera, comienza el hablante del poema a mostrarnos el despertar de una conciencia a las vibraciones de su entorno. La disyuntiva queda resuelta en la última estrofa, cuando el sujeto lírico retoma la primera persona del singular: Debo dejar la casa y el sillón, para asumir, como obligación humana, una actitud solidaria. En Que levante la mano la guitarra, el sujeto lírico hace sentir su voz en el modo de estructurar el texto mediante preguntas sucesivas y en el tono imperativo de algunos versos: Hable quien conozca su patria/Que levante la mano la guitarra. Su presencia es casi nula. Aparece únicamente en estructuras oracionales: ¿Con qué ojos nos busca la tristeza? ¿Qué


quiere de nosotros nuestra sombra?, en las que ni siquiera se concede protagonismo; en su lugar personifica y hace sujeto de la acción esos estados inherentes al género humano: el sufrimiento, el dolor, la tristeza. En realidad, a través de estas formas convierte a cada uno de los participantes de la comunicación, remitente y destinatario, en sujeto y a la vez objeto de sus propias preocupaciones, desdibuja el contorno de su figura para incorporar a todos a su reflexión. La composición está aquí en función de desbordar los límites de la individualización. La metáfora concede rasgos humanos a conceptos de naturaleza abstracta, sentimientos o sensaciones cuyas causas son las que perturban y por las que inquiere el hablante: Sufrir ¿qué forma tiene, qué cabeza? Al dolor, ¿qué matices lo acompañan? ¿Con qué ojos nos busca la tristeza? ¿Cómo camina la tristeza?, las mismas razones para preocuparse, para no reírse, las mil cosas muy tristes, que, si recordamos, ab-sorben la atención del sujeto lírico en Hay un grupo que dice. De este modo encontramos al hombre y su circunstancia situados en el centro de interés del individuo, sólo que ahora asumir esta posición condiciona, además, la respuesta a todas las interrogantes: Hable quien conozca su patria/quien la define donde vive, una exigencia recurrente en otros textos del cantautor: Hicimos cosas sin parar, pues la palabra hay que ganar para opinar de todo bien o criticar. (Voy a cantarle al porvenir) El rumbo temático de la obra de Silvio emana, pues, de la responsabilidad que lo caracteriza como ser social, atento a los sucesos externos, sensible, de modo particular, a los acontecimientos más inquietantes que atestigua, actitudes que demanda, por tanto, no como deber exclusivo del mundo artístico, estrechamente relacionado con su función testimonial, reveladora, sino como preocupación inherente al ser humano. Ese requerimiento lo encontramos expuesto también en El barquero. El sujeto lírico apela en uno de los versos a un interlocutor colectivo al que conmina a ejercer su doble rol de partícipe y espectador del escenario de la vida: Ya me canso de tanto hablar, si está dicho todo hasta el fin. ¿Qué más ruido que el de escuchar de la vida todo el trajín? Tanto espacio entre mi voz y el oído que ha de esperar. Nada tengo que decir yo. Miren todo y me escucharán. En Canto arena, la labor creadora es visceral e implica sufrimiento, supone una tarea dedicada y paciente de reconocimiento y comprensión de la realidad. En la primera estrofa: Hoy continué tomando rumbo a mi región,/clavando señas, descifrando encrucijadas./Mi cuerpo sigue practicando su cuestión:/cruje mi hueso y se hace la palabra…, cada una de las acciones enumeradas tienen en común el referente de la composición, que se experimenta como proceso incesantemente repetido de interpretación y re-velación del acontecer inmediato, subjetivo y determinado temáticamente por la voluntad cronista del poeta. Desde el punto de vista de su contenido, esta canción es resultado de la imbricación entre la razón histórica y la razón individual que sustentan la creación literaria de Silvio —recordemos sus palabras Yo canto por goce y por conciencia—17 abordadas con un sentido de reafirmación, puesto que el recuento del día de Hoy por parte del sujeto lírico (Hoy continué…) deviene la historia de su cotidianidad. Enuncia también aquí su poética, pero esta vez, como bien apuntan Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus, la fórmula en progreso, es decir, hace al público partícipe de la ejecución de la obra, testigo excepcional del alumbramiento artístico, nos ubica en el momento mismo en que la


canción está siendo compuesta. Así, cada vez que el sujeto lírico repite en el estribillo el verso Por eso canto, confirma y proyecta hacia el futuro la continuidad de su obra, a la vez que sincroniza palabra y acción para situar a la audiencia en un tiempo y espacio coincidente con el momento en que él cumple con su destino, que se manifiesta como hecho continuado, ineluctable. En otros textos, como Preludio de Girón, Santiago de Chile (1973), Te doy una canción (1970), Madre (1974), a los que sumo Hoy mi deber era (1973) y Yo digo que las estrellas (1975), estos mismos autores hacen resaltar cómo aludir a la canción en su texto mismo está frecuentemente vinculado a elementos patrióticos, y deviene símbolo de lo colectivo, de lo coral, de la unidad y de la victoria. 17

Luis Rogelio Nogueras y Víctor y Casaus: Silvio: que levante la mano la guitarra, p. 209.

Hoy mi deber era cantarle a la patria alzar la bandera sumarme a la plaza ... hoy yo que tenía que cantar a coro me escondo del día susurro esto solo (Hoy mi deber era) Yo digo que no hay más canto que el que sale de la selva y que será el que lo entienda fruto del árbol más alto. Y digo que cuesta tanto y que hay que cruzar la tundra, pero al final la penumbra se hace arcoiris del canto. (Yo digo que las estrellas) En el último fragmento citado, el canto que sale de la selva, me remite inmediatamente al poderoso canto de la tierra que menciona el sujeto lírico en Santiago de Chile: Allí nuestra canción se hizo pequeña/entre la multitud desesperada:/un poderoso canto de la tierra/era quien más cantaba. Esta canción, temáticamente determinada por las circunstancias político sociales existentes en ese país en la década del 70, en que Silvio hace su visita, puede parecer distanciada desde el punto de vista del contenido y de la forma de Yo digo que las estrellas, pues si en aquella prima el recuento de la experiencia pasada, aquí nos enfrentamos al tono reflexivo y sentencioso con el que el sujeto lírico se pronuncia sobre algunas cuestiones, en general, la poesía, el hombre, la canción. Sin embargo, creo que la alusión metafórica al canto que en ambas canciones se hace, sintetiza lo que para el poeta significa el canto verdadero, el más auténtico, que es el que surge de lo más hondo y de la contienda. En este sentido, el vocablo tierra puede llevar en su acepción figurada más de la expresión genuina, puesto que, desde el punto de vista semántico es también origen; fuente y selva se reviste de los conflictos humanos, porque puede asociarse mejor a lo intrincado, a la maleza contra la que luchan los brazos, si recordamos el texto escrito por Silvio para Cuba va: Puede que algún machete/se enrede en la maleza,/puede que algunas noches/las estrellas no quieran salir./Puede que con los brazos/haya que abrir la selva,/pero a pesar los pesares,/como sea Cuba Va. En cualquier caso, no son excluyentes. Si en Santiago de Chile el contexto discursivo puede restringir el significado que adquiere el canto de la tierra al grito unánime de lucha del pueblo chileno —y en este sentido se ha interpretado también como símbolo de la guerrilla— el canto que sale de la


selva puede ser este y todos los que surjan simplemente como expresión de valores y sentimientos profundamente humanos; la defensa de una causa justa, por ejemplo. Según palabras del propio Silvio, la canción nació del pueblo y, ya fuera su tema amoroso, político o cualquier otro, respondía a los auténticos sentimientos populares.18 Para el poeta, canción es entonces la obra que rescata el arte de la manipulación del comercio y lo devuelve a sus orígenes, a la selva, a la tierra. 18

Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus: Silvio: que levante la mano la guitarra, pp. 40-41.

En otros textos, el momento de la composición y el de la recepción concurren también a través del uso del tiempo presente o de pronombres demostrativos, como esta, esto, o el adverbio he, que designan la canción en desarrollo. Esta canción es más que una canción, y un pretexto para sufrir. Y más que mi vivir y más que mi sentir. Esta canción es la necesidad de agarrarme a la tierra al fin, de que te veas en mí, de que me vea en ti. (Esta canción, 1967) Esto no es una elegía ni es un romance, ni un verso: más bien una acción de gracias, por darle a mis ansias razón para un beso; una modesta corona encontrada en la aurora. (Esto es una elegía, 1973) Cuando acabe este verso que canto (Causas y azares, 1984) Esta va a ser mi canción más sencilla que no hablará de nada y que hablará de todo. (Al final de la segunda luna, 1968) Me decido a tararearte todo lo que se te extraña desde el siglo en que partiste hasta el largo día de hoy. Me acompaño de guitarra porque yo no sé de cartas y, además, ya tú conoces que ella va donde yo voy (Tu fantasma, 1983) Dejé pasar algunas horas, pupila veladora, por si me daba igual. Tu tiempo se metió en mi tiempo: momentos y momentos que no quieren pasar. Y he aquí que la guitarra


vuelve a soltar amarras, canta y gime al volar. (Que ya viví, que te vas, 1976) Una detención puramente lingüística, como esta que acabo de hacer, no deja lugar a dudas que hablar de la canción dentro de la misma canción resulta un acto repetido en la obra de Silvio. Lo que me parece relevante, y espero que la lectura de los fragmentos citados lo haya hecho notar, es que, aun cuando no se trate de una declaración de principios, como lo es Canto arena o Yo digo que las estrellas, el autor deja expresado en sus textos el impulso vital que moviliza su escritura. Pero ya que llegamos aquí a través de su poética, propongo seguir rastreando algunos de los principios que guían su labor creadora a partir de la lectura de los versos. Que Silvio no se permite dar la espalda a su realidad lo constituye el hecho de que en diferentes composiciones los ojos son como ventanas que el cantautor abre hacia la realidad visible como hacia sí: He estado al alcance de todos los bosillos/porque no cuesta nada mirarse para dentro (Resumen de noticias). Hay un grupo que dice que una canción tiene que ser muy fácil para la razón, que las cosas que digo sólo las sé yo. No han abierto los ojos al mundo … Yo no puedo vivir fácilmente, sin ver que suceden mil cosas muy tristes. (Hay un grupo que dice) Esta va a ser mi canción más sencilla, que no hablará de nada y hablará de todo. No es necesario mencionar la vida para que se sienta su presencia en los ojos. (Al final de la segunda luna) Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que, poco a poco, muelo y rehago habitando el tiempo, como le cuadra a un hombre despierto. (Pequeña serenata diurna, 1974) No hay nada aquí: sólo unos días que se aprestan a pasar, sólo una tarde en que se puede respirar un diminuto instante inmenso en el vivir. Después de mirar la realidad y nada más (Y nada más, 1966) Hoy caminé en el lado de otro odio donde ronda el mundo y yo cuando estoy, y vi la realidad bajo una tempestad. (Bajo el arco del sol, la lucha armada) Un hombre se levanta


y sale a la ventana y lo que ve decide la próxima mañana Un hombre simplemente sale a mirar el día y se deja quemar por ese resplandor y decide salir a perseguir el sol (Un hombre se levanta, 1972) Este modo consciente en que asume la realidad circundante, resulta compatible con la naturaleza ética de los criterios sostenidos por la lírica coloquialista, con la preocupación social o política, con el deseo de opinar y transmitir ideas, con el sentido de reafirmación definidos entre los rasgos típicos de esta tendencia y también con el hecho de que, sobre su condición de artista, Silvio consigue reafirmarse como ser humano o al me-nos intenta mantenerse intacto. De hecho, en algunas de sus canciones puede encontrarse la intención confesada una y otra vez de mezclarse entre la gente, de no sobresalir o sobrestimar su oficio.19 Un obrero me ve, me llama artista noblemente me suma a su estatura. (Llover sobre mojado, 1982) Yo quería cantar encapuchado y después confundirme a vuestro lado (Debo partirme en dos) Yo soy un grano de arena, una hoja más en un árbol (Martianos, 1969) Prefiero andar en ropa de calle porque así puedo juntarme a las aceras mejor. (Como todo el mundo, 1969) 19

Estoy contra el vedetismo y esa tendencia de que se vea el artista como una gente mágica, sobrenatural, que sale y se va de las

pantallas pero que nunca llega al pueblo. El artista actual padece de muchas taras, de mucho estereotipos legados de la vieja sociedad, de la pro-paganda, del profesionalismo. Aunque yo entiendo que el profesionalismo como tal no debe eliminarse puesto que en determinada medida implica la calidad. Lo que sí debe eliminarse es el vedetismo, ese ser omnipotente, esa suficiencia, esa falsedad, esa cosa irreal y falta de respeto que conservan muchos artistas actuales en sus relaciones con el pueblo. El artista de esta época debe ser una gente sencilla, modesta, que se supere y se integre lo más posible a los movimientos populares, a la vida del pueblo. Tratar de que se le mire como un ser humano más. Lo irreal limita mucho la comunicación del hombre con el hombre. Entrevista de Joseba Sanz: Silvio: memoria trovada de una Revolución, p. 109.

Silvio esboza el oficio de cantautor desde el punto de vista de su función social: decir, hablar, gritar resumen el sentido en que el poeta persigue la canción como tribuna: yo tengo que hablar, cantar y gritar la vida, el amor, la guerra, el dolor (Mientras tanto). El objeto artístico se manifiesta como medio de absorción de la realidad: Estoy hablando a quien pueda interesar,/pero ante todo tengo que coger respiro./He de llenarme nuevamente/ de las cosas, de las gentes,/antes de hacerme aplaudir o censurar (A quien pueda interesar, 1969). Y también de transformación, si tenemos en cuenta la intención, implícita en los versos, de hacer una canción combativa, incitadora: Voy a cantar para que escuchen mi canción como una aguja que traspase la razón.


(La leyenda del águila, 1966) Poetizar, poetizar, ahora es poner junto a Viet Nam clara la acción. Movilizar, movilizar es la obra cumbre, el arte de hoy, la perfección. (Viet Nam, arte poética, 1979) Quisiera ahora desgajar mi larga rama de palabras y echarlas a todas a volar sobre las almas de las almas. Y que estallen y que muerdan y que sus semillas prendan y que todo sea mejor. (Yo te invito a caminar conmigo) A los tristes amores mal nacidos y condenados por su rebelión daré algún día mi canción de amigo y fundiré mi vino con su vino, sin perder el sueño por la excomunión. (El sol no da de beber, 1981) Sueño con serpientes, con serpientes de mar, con cierto mar, ay, de serpiente, sueño yo. Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan lo que puedan arrebatarle al amor. … Esta al fin me engulle. Y mientras por su esófago paseo, voy pensando en qué vendrá. Pero se destruye cuando llego a su estómago y planteo con un verso una verdad. (Sueño con serpientes, 1975) En Sueño con serpientes, el sujeto lírico se vale de la palabra para vencer las deformidades del alma humana; en el El sol no da de beber se solidariza con la estirpe de los amores condenados. La voluntad transformadora, que en estos textos resulta un hecho, está expresada en Yo te invito a caminar conmigo como un deseo. En este tema la imaginación poética pretende dotar a la palabra de una capacidad de acción que los verbos empleados —estallen, muerdan— me permiten calificar de agresiva. Generalizan ellos sobre el propósito, podría decirse, instigador al que el poeta aspira con su discurso, pero sin arrogancia, a mi parecer; por eso el uso del modo subjuntivo, cuya función gramatical consiste justamente en atenuar la efectividad de las acciones expresadas. La canción Después que canta el hombre (1969)20 es una especie de revelación de bambalinas singular y gráfica en la que se describe, del cantor, el alma moldeada por el poder subyugador de la función escénica. Pero no es como cantor que se refiere el sujeto lírico a esa tercera persona de la que nos habla, sino como hombre que canta para hacer notar la esencia humana del artista.21 En su poder tiene la capacidad expresiva necesaria para mantener un diálogo con su interlocutor por lo que decir, ya lo hemos comprobado, se convierte en su misión más auténtica, de ahí que en la canción se le compare con un ángel postizo: Después que canta, el hombre


queda solo,/sobre-viviendo a igual incertidumbre./Pero de nuevo ordena sus con-ciertos/como un ángel postizo que insistiese./Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego. A mi modo de ver, la expresión tropológica inserta en esta última estrofa el sentido de mensajero que originalmente tuvo el sustantivo ángel, lo cual podría parecer realmente presuntuoso por parte del sujeto lírico, pero el adjetivo postizo agrega el matiz necesario para restarle expansión a la imagen y dotarla de un referente concreto, en este caso, la naturaleza humana del cantor que la yuxtaposición del calificativo rescata inmediatamente. 20

El 27 de diciembre de 1969, frente a Namibia, mientras llenábamos las bodegas con la captura del pesquero Golfo de Tonkin,

compuse Después que canta el hombre. Y fue un tema al que acudí a menudo en recitales posteriores. Creo que esta canción, desde mis limitaciones, es un tributo a la deuda que tenemos con la cultura del flamenco, por el duende que aporta al saber universal. Por eso ahora se lo envío a la eternidad al gran bailador y amigo Antonio Gades. Silvio Rodríguez, Disco Érase que se era. 21

El recital es la comunicación directa con la gente… Estás en contacto con la gente, la gente te está viendo respirar, te está

viendo equivocarte, que te equivocas muchas veces, te está viendo cómo se te van los gallos: está viendo que eres un ser humano. Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus. Silvio: que levante la mano la guitarra, p. 21.

Particulariza este texto el punto de vista adoptado por el hablante poemático, gramaticalmente distanciado de la historia a través de la tercera persona: Después que canta el hombre queda solo; pero en realidad metido en ella hasta el punto de delatarse partícipe en el conocimiento cómplice que muestra sobre el mundo interior del personaje y en la fuerza determinativa con que le hace asumir su decisión de volver una y otra vez a escena. Y ya sabemos el valor semántico que da el poeta al sentido de la vista, por lo que podemos comprender la magnitud de lo que arriesga y la importancia con la que reviste el contacto con el público. El poeta sitúa en el centro de su discurso a su propio yo para enfrentar desde la individualidad el facilismo, la indiferencia, la repetición, el dogmatismo, actitudes y posiciones que no comparte y a las que se enfrenta. Pero este punto de vista comunicativo no es exclusivo de las canciones en las que reivindica su generación o pronuncia los criterios sobre los que construye su arte, ni siquiera de aquellas que, según testimonios del propio cantautor, surgieron como respuesta a circunstancias personales adversas, a una necesidad de autorreafirmación, de ganar un espacio, de no ser aplastado. La perspectiva autoral esencialmente personal constituye una particularidad estilística que vincula el cancionero de Silvio con la poesía coloquialista, cuya retórica parte de la conversación, de un diálogo que establece el yo del poema con un auditor al que se dirige. En la mayoría de los temas de amor de Silvio, por ejemplo, encontramos a alguien que está siendo invocado en los versos. A veces, esa invocación está hecha desde la pregunta, y en el modo de la pregunta asoman también sentimientos. El viento eres tú (1966) se colorea con matices de desesperación, angustia, ansiedad, resentimiento o desilusión —¿con qué certeza puede hablarse de uno u otro?—, estados de ánimo que asoman a través de la fuerza de las imágenes con que el hablante describe su relación o con la forma —la doble interrogación más el imperativo— de los versos finales: Por qué, por qué... di. El vocativo resulta la manera más directa de dirigirse a la otra persona; Oye, mi amor, dice el hablante en esa canción bautizada en portugués, Saudade; Oye (1965), es el título de otra canción; a Emilia la llama tantas veces en el tema al que da título, que tal pareciera oportuna manera de pronunciar su nombre una y otra vez. En Mi lecho está tendido (1982), nuevamente el hablante pregunta y exige: Mi lecho está tendido me has hecho un gran favor. Pero en el sitio en que estaba dormido no encontré mi corazón. ¿Dónde me lo guardaste?


¿Qué has hecho al fin con él? Hiciste tu labor y te marchaste, y ahora ya no sé querer. No quiero tal favor, deja en su lugar a ese corazón. En Mariposas (1972), emplea este símbolo, tomado de cierta leyenda nahualt,22 para evocar a la persona ausente. Ay, mari-posa: tú eres el alma/ de los guerreros que aman y cantan/y eres el nuevo ser que se asoma por mi garganta. El amor es el gran y verdadero hacedor que Silvio reclama en canciones como El problema (1989), Con un poco de amor (1986) y Sólo el amor (1976), canción de la película Los condenados de la cueva del muerto. Es a lo que Silvio más ha cantado, en toda la extensión semántica de la palabra y también en su significado más estrecho del viejo asunto entre dos. De hecho, una de las primeras canciones escritas por Silvio, en el año 1965, fue justamente Saudade, un tema que anunciaba, claro que sin saberlo aún, la saga de los amores difíciles cantados por el trovador; amores prohibidos, amores imposibles, amo-res adolescentes, amores frustrados, amores terminados, pasiones carnales, tabúes sociales. ¿Y amores felices? Hasta en los amores felices, según el propio Silvio, hay alguna sombra que acecha. 23 Quizás por eso es que no se encuentra apenas en su obra un tema de amor que justifique el uso de tal calificativo. En los primeros años de creación, resulta hasta curiosa la visión fatalista del amor que, como en Saudade, el Silvio de entonces entrega en los temas De qué valen mis razones (1964), En otro tiempo (1967), Besos atrás (1967/1968), Ahora sé (1967), Quédate (1967). El sujeto lírico de estos textos parece ser un convencido de que el amor, aún el más desatinado y tenaz, a la manera de Cien años de soledad, resulta de todos modos una verdad efímera. 22

La canción Mariposas es una invitación evocadora que tiene que ver con la leyenda de la cultura nahualt que cuenta que las

almas de los guerreros aztecas, cuando volvían de la batalla, regresaban transformadas en mariposas para embellecer la vida de los humanos. Yo utilizo ese sentido para evocar a una persona que se ha ido. Silvio Rodríguez. Entrevista a propósito del disco Mariposas. 23

Creo que mis canciones, en cierto sentido, siempre han sido una especie de grito —con pocos decibelios, porque la bulla no me

gusta. Creo que todo el que tiene algo que decir, lo hace desde su propia conmoción. Casi todas mis canciones llevan implícita alguna queja y creo que no hubieran podido ser de otra manera. Querer atrapar la vida conlleva una angustia tremenda y estoy seguro de que los que hicieron las pinturas rupestres la sintieron. (Entrevista Cuando miro mi vida. La Jiribilla.)

La otra noche me seguía ávida de celos la ansiedad, y pensé que en esta vida no hay querer sincero, sin maldad. (Saudade) Ahora sé que el amor es soledad, buscar una esperanza, que siempre desaparece cuando se la alcanza. Ahora sé (Ahora sé) Es olvidar todo este tiempo que vendrá trayendo un fin. Es olvidar, todo lo triste del sufrir que ha de llegar.


Es olvidar llenar vacíos que se irán, (Besos atrás) Por eso yo pregunto a mis razones qué van a dar para vivir si voy a arder en una estrecha cadena de suspiro y pena recuerdo y distancia deseos y ansias de volver para ti (De qué valen mis razones) Mi convicción es no querer ya nunca más, porque la misma historia es otra vez y otra vez, y otra vez, y otra vez (Quédate) Así, a lo largo de toda su obra, casi siempre el tratamiento del asunto parte de alguna historia a la que le ha faltado el ansiado final feliz. Por ejemplo, El viento eres tú, Emilia, De la ausencia y de ti (1969), Mariposas, Tu fantasma, Réquiem (1983), Mi lecho está tendido, Ojalá (1969), Quédate (1967), ¡Ay de mí! (1968), Déjame regresar (1967) son, en resumen, versiones de un mismo asunto: el del fin de la relación amorosa. Lo que pasa es que, a mi modo de ver, Silvio siempre responde con amor al desamor. La canción Ojalá, por ejemplo, de la que se ha dicho que revela a Silvio en uno de sus más grandes despechos, es expresión de un sentimiento amoroso sublime y duradero que se nota tras el modo en que perturba la realidad del hablante y el reclamo, fervoroso y utópico, con que desea revertir su suerte, porque en esa sucesión de negaciones que es todo el texto (Ojalá no te toquen, ojalá que no puedas, ojalá deje de ser, ojalá no te bese, ojalá se te acabe, ojalá no dé, ojalá no retengan, ojalá borre), precisamente lo que queda claro es que las cosas no pueden ser de otra manera. La expresión gramatical de este sinsentido es el modo subjuntivo en que el hablante conjuga cada uno de los verbos: toquen, puedas, deje, bese, acabe, dé, retengan, borre, pase, lleve, con lo cual las acciones se declaran únicamente posibles y por tanto sus aspiraciones una falacia, al menos presente. Silvio ha contado que esta canción la escribió en un momento quizás de delirio, de arrebato, de sentimiento un poco desmesurado y en verdad su fuerza expresiva deja entrever la pasión incurable. Pensemos en los versos de Vinicius de Moraes, el amor es eterno mientras dura,24 y podremos entender por qué esta canción, por encima de la traición que enfrenta o la frustración a la que responde, según confesiones del autor; o a pesar de interpretaciones contrarias, es, para mí, declaración afectiva. 24

Se trata del último verso del Soneto de la fidelidad, traducido al Español de maneras distintas, por lo que transcribo su última

estrofa en portugués: Eu possa (me) dizer do amor (que tive):/Que não seja imortal, posto que é chama/mas que seja infinito enquanto dure.

Porque Ojalá ha sido, y es, entendida de muy diversas maneras, no siempre ligadas al tópico del amor. En lugar de un tema sentimental, hay quien alrededor del mundo la ha sentido como una canción de tinte político, escrita contra Pinochet, Somoza y hasta contra Franco o Kruschov; y en Cuba, se popularizó como un contraataque a determinados representantes del oficialismo cultural y político. Pero, me pregunto, ¿qué otro sentimiento, que no sea el del amor, podría concebir esa imagen que el poeta entrega en los primeros siete versos de su canción?


Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal. Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baje por tu cuerpo. Ojalá que la luna pueda salir sin ti. Ojalá que la tierra no te bese los pasos. Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Su percepción del mundo exterior y el propio está viciada por la presencia de esta persona; la hojas que caen, la lluvia, la luna, la tierra, la aurora, las paredes, esa voz, el deseo, todo lo devuelve a ella, y en su visión, trastornada y obsesiva —para no verte tanto, para no verte siempre,/en todos los segundos, en todas las visiones— el sujeto lírico le otorga los poderes y las perfecciones de un ser casi divino, que posee el don de alterar el orden natural de las cosas —convierte las hojas en cristal, la lluvia en milagro, la tierra la reverencia—, amén de la absoluta certeza con que el hablante enumera ciertas virtudes: Ojalá se te acabe la mirada constante/la palabra precisa, la sonrisa perfecta, que podemos pensar que así lo sean porque al evocar la imagen de la amada no menciona sus ojos, sino su mirada; no habla de su boca, sino de su sonrisa; no piensa en su voz, sino en su palabra, manifestaciones del espíritu a las que además sublima con la adjetivación. Y como son todos estos elementos externos —la naturaleza y los muros que le rodean, los sonidos y los sentimientos (como el deseo, que no nombra como propio aún siéndolo)—, los responsables de mantener vivo el recuerdo de ese amor, pues apela también el sujeto lírico no a su propia persona, sino a otras realidades igualmente ajenas, para olvidar: algo, una luz cegadora, un disparo de nieve, la muerte. Únicamente lo encontramos responsable de la acción en un verso, aquel en que hace referencia al oficio de cantor: ojalá que no pueda tocarte ni en canciones, pero en este caso el tema, en su totalidad, se rebela, negándole implícitamente su pedido. ¿Qué puede ser más significativo de esta paradoja que el hecho de que la muerte aparezca como otra solución? La muerte, que queda disminuida con la frase por lo menos, insertada en la oración que es ese verso increíble, ojalá por lo menos que me lleve la muerte, se convierte en signo de su desesperación. No se trata de un gesto noble, sino de una salida extrema al dolor del amor no correspondido, la única que puede hacer posible el olvido. El sujeto lírico de Tu beso ha tenido ya antes la certeza. En esta canción, escrita en 1967, se habla del recuerdo de un beso, un recuerdo que atormenta, que ata, que no deja respirar, intenso, del cual el sujeto lírico sabe que sólo puede librarlo la muerte: Tu beso/será enterrado junto a mis huesos,/quiero matarlo de mis recuerdos/porque me extingues de recordar. Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz. Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado. Ojalá que el deseo se vaya tras de ti, a tu viejo gobierno de difuntos y flores. Este último verso citado, resulta tremendamente polisémico; ha sido, por ejemplo, razón de ser de los que defienden la finalidad política, acusadora de este texto, interpretado literalmente como una referencia al golpe de estado en Chile, ocurrida en 1973, lo que hace la referencia imposible aunque, sin dudas, permitida —recordemos que Ojalá fue escrita en 1969. Sin embargo, para mí es el verso que mejor define esta canción como una canción de amor. La interpretación de a qué tipo de deseo se esté refiriendo aquí el sujeto lírico, depende, claro, de la idea que nos hagamos de qué realidad está nombrando viejo gobierno de difuntos y flores, ¿cómo podemos entender la yuxtaposición de difuntos y flores, como conceptos complementarios u opuestos? Y ya que, se trata de un «lugar» hacia donde se va: Ojalá que el deseo se vaya tras de ti/a tu viejo gobierno de difuntos y flores, ¿forma este parte de la destinataria del poema, en qué sentido le pertenece? ¿Se trata de algo palpable, material o puramente subjetivo?


Podría aportarnos alguna claridad, el hecho de que la palabra flor y otras semánticamente a ella relacionadas como jardín o rosa, aparezcan en canciones en las que el cuerpo femenino tiene protagonismo desde el punto de vista sexual; citemos, por ejemplo, Flores nocturnas (1991), Bolero y Habaneras (1986), Ando como hormiguita (1989), Desnuda y con sombrilla (1993), El depredador (1985). Se abren las flores nocturnas de quinta avenida para esos pobres señores que van al hotel. (Flores nocturnas) sólo mudó de cuidador la rosa, no se trocó la flor por el dinero. (Bolero y Habaneras) Tú te vuelves pidiendo el cielo, apuntando a la luz con flores. Y como lazarillos son los sabores en tu jardín de anhelos. (Ando como hormiguita) Yo a punto del delirio extraigo un solo cirio que poso ante tu flor. (Desnuda y con sombrilla) La viva rosa de la carne se abrazó a su destino y corrieron los jugos del amor como perfecto vino, vino de amantes, fértil sabia para doblar la sed, mientras más abundante (El depredador) En estos casos la alusión al cuerpo o al sexo femenino se resuelve metafóricamente con el uso de estos términos, utilizados además en otros textos —Días y flores (1975), Imagínate (1978), Las ruinas (1969), Palabras (1970), De la ausencia y de ti (1969), Los compromisos (1969), En el claro de la luna (1974), Mi casa ha sido tomada por las flores (2003)—, relacionado con el gesto gentil, delicado, con el lado bondadoso de la vida, el lado justamente femenino. Al escuchar este verso, pienso entonces en una alusión al amor carnal, al placer quizás no compartido en virtud de una falsa moralidad. Es que hay algo que se siente atávico y rector en la frase viejo gobierno, la que sin dudas nos parece despectiva (no en balde se piensa en interpretaciones como las que antes comentábamos), que me lleva a esta idea como riesgo interpretativo. De todas formas, quizás Silvio entienda, como Jorge Luis Borges, que despejar incógnitas significa anular el poema, por lo que ha brindado una lectura abarcadora de su canción, y ha dicho que Ojalá denuncia la traición y nos define ante esta última. Lo cierto es que, sin ánimo de limitar la imaginación infinita de quienes lo escuchan, Silvio le debe Ojalá25 y otros títulos como Josah, la que pinta (1969), Emilia, a cierta mujer llamada así, Emilia, que fue su primer amor, un amor de juventud, terminado, según cuenta el cantautor, por las circunstancias y no porque se agotara, y cuyo recuerdo le inspiró temas como estos, nostálgicos, aferrados a la memoria de tiempos pasados. 25

…la compuse a una mujer que fue, podríamos decir, mi primer amor. Fue un amor que tuve cuando estuve en el ejército,

haciendo mi servicio militar. La conocí cuando tenía 18 años, fue mi primer amor importante en el sentido de que fue el primer amor que me enseñó cosas. Era una muchacha mucho más evolucionada que yo, mucho más inteligente, más culta. Me enseñó, por ejemplo, a César Vallejo. Después nos tuvimos que separar… se fue a su pueblo, Camagüey… y yo me quedé sólo aquí en La


Habana, totalmente desolado. Pasaron los años, y el recuerdo de aquel amor tan bonito, tan productivo, tan útil (ojo, no confundir con utilitario) enriquecedor, de aporte a uno… pues, estaba obsesionado yo con esa idea. Y porque fue un amor frustrado, tronchado por las circunstancias, por la vida, no fue una cosa que se agotara, pues se me quedó un poco como un fantasma y por eso compuse esta canción en un momento quizás de delirio, de arrebato, de sentimiento un poco desmesurado: ojalá esto, ojalá lo otro. www.patriagrande.net/cuba/silvio.rodriguez/discografía.htm.

Si nos detenemos un instante en algunos de los textos que hemos venido citando, nos damos cuenta de que recordar es un acto recurrente en la poesía amorosa de Silvio Rodríguez; es como si con ello el sujeto lírico conjurara la ausencia de la amada. Vamos a ver: es lo quiere dejar de hacer en Ojalá, lo que confiesa en Te doy una canción: Cómo gasto papeles recordándote; y lo que hace en Emilia: qué pasa, cuál resaca nos llevó, al silencio, a recordar; en Oye: Quisiera verte y no pensarte; en De la ausencia y de ti: no quisiera un fracaso en el sabio delito que es recordar; en Mariposas: qué maneras más curiosas de recordar tiene uno, hoy recuerdo mariposas; y, de una manera casi involuntaria, en Como quien dice (1970/1971), Que ya viví, que te vas, en Tu imagen (1978), en Y anoche (1965). Digo involuntaria, porque estos últimos títulos tienen en común una historia de ilusión, o al menos, ocurre que en cada uno el acto de recordar se manifiesta como imprevisible e inevitable, irrumpe en el sueño simplemente, «sin ton ni son». Hoy volví a bailar contigo con órgano y danzón; volví a enseñarte mis amigos, regresé, sin ton ni son. (Como quien dice) Tu imagen me llegó a las seis menos diez y no pude dormir ni un instante después. Te confundías con mis sábanas, te me enredabas en la sien. (Tu imagen) Dejé pasar unas horas por si se huía tu sueño. Durmiendo la veladora tu tiempo se entró en mi tiempo y, en fin, la guitarra sola gira contigo en el centro. (Que ya viví, que te vas) Anoche dormí intranquilo yo. Anoche no estabas cerca, no. Anoche quise tenerte, quise besarte, soñé contigo donde estés y me dormí después. La noche está llegando. Dime, amor, hasta cuándo


añoraré tu calor perdido (Y anoche) Pero el amor frustrado puede provocar una actitud arrogante. Al menos el texto inicial de Óleo de mujer con sombrero puede serlo, si hacemos una pequeña precisión gramatical. La distancia que surge entre el sujeto que aparece sólo una vez (Una mujer) y la frase verbal (se ha perdido) que se repite en cada línea de la primera estrofa, puede hacer que el oyente se distraiga de la relación sintáctica existente entre ambos, explícita únicamente en el primer verso: Una mujer se ha perdido conocer el delirio y el polvo. Pero, la posición de lector en la que oportunamente nos encontramos, nos permite resolver la ambigüedad que inmediatamente se desata en los versos siguientes, para que no se pierda el tono altivo del sujeto lírico. Una mujer se ha perdido conocer el delirio y el polvo (Una mujer) se ha perdido esta bella locura, su breve cintura debajo de mí. (Una mujer) se ha perdido mi forma de amar. (Una mujer) se ha perdido mi huella en su mar. Puesto de esta manera, esa serie de pérdidas mencionadas por el sujeto lírico no se disuelven (solamente) en la nada, si-no que tienen a quien a pertenecer. Podemos pensar, entonces, que no lamenta el sujeto lírico lo que no pudo ser, sino que presume de la fuerza y el prodigio del amor que esta mujer no ha sabido corresponder. Dicta, pues, su fallo inclemente al confinar a los amores cobardes al olvido, a la indiferencia, a la omisión. De hecho, su discurso conlleva la sentencia, porque, contrario a lo que usualmente caracteriza su poesía amorosa, no dirige estos versos a la destinataria específica del poema, sino que se refiere a ella en tercera persona, es una mujer, una mujer innombrable. En la canción El sol no da de beber hay una historia que se emparenta temáticamente con la de Óleo de mujer con sombrero, a través de la defensa del amor que también es ella, aunque por razón diversa, pues si en la segunda el miedo frustra la relación amorosa, en la primera se mantiene oculta y rebelde. El amor está aquí abordado desde su persistencia en los encuentros furtivos y breves, la simulación, la entrega incondicional y sediciosa. La relación amorosa adquiere otra connotación, mezcla de amor y complicidad, cuando el sujeto lírico la asume desde su papel como ser social. Incluso hay otra manera, rara mezcla de esperanza y serena resignación, de asimilar la pérdida y de expresar los sentimientos más íntimos, por ejemplo, la añoranza del ser amado: Ahora sólo me queda buscarme de amante la respiración, no mirar a los mapas, seguir en mí mismo, no andar ciertas calles, olvidar que fue mío una vez cierto libro, o hacer la canción y decirte que todo está igual: la ciudad, los amigos y el mar esperando por ti. (De la ausencia y de ti, Velia) En el tema Hoy mi deber (1979) el recuerdo de la mujer que ama ocupa todos los sentidos del personaje. Su ausencia le desanima, le sustrae de la celebración y contentos generales, le impide compartir el momento dedicado a la patria.


Hoy mi deber era cantarle a la patria alzar la bandera sumarme a la plaza … pero tú me faltas hace tantos días que quiero y no puedo tener alegrías El amor aparece entonces como obstáculo al deber, pero sólo en un primer momento, pues el debate interno que provocan en el personaje la coincidencia de ambos sentimientos reconcilia finalmente a estos aparentes contrarios, como también ocurre en Te doy una canción. En este texto encontramos nuevamente un sujeto lírico en primera persona apasionado por una mujer: Cómo gasto papeles recordándote,/cómo me haces hablar en el silencio./Cómo no te me quitas de las ganas. A ella dedica toda su atención, lo que de pronto le hace dudar de sí mismo, le preocupa distraerse de otras ocupaciones, digamos, menos individuales; sin embargo, concluye que no son en lo absoluto sustituibles. Amar no significa para el poeta renunciar a las ideas, estar al margen de las luchas y problemas de su tiempo, sino compartirlos: Te doy una canción y hago un discurso sobre mi derecho a hablar. Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar. Te doy una canción y digo Patria y sigo hablando para ti. Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla: como doy el amor. (Te doy una canción) Sucede, como explica el propio Silvio, que con la llamada Nueva Trova se producen cambios en el modo de abordar temas como el de la mujer, por ejemplo, o el del amor. En este sentido encontramos en esta estrofa la manifestación de una poética. Resume ella el vínculo que existe entre la creación artística y el papel sociohistórico que le corresponde jugar al cantautor. La canción es igualmente expresión del sentimiento amoroso y de la ideología, y el pensamiento ético del trovador y aun la canción romántica puede estar ligada a asuntos de naturaleza social, política, patriótica. La expresión desbordada de sentimientos es desplazada por la enumeración de actos detrás de los cuales resulta fácil percibir melancolía y soledad. El amor se nutre de la cotidianidad o surge en el escenario menos sugerente. La poesía se apropia de elementos normalmente excluibles de la temática amorosa para escribir justamente sobre el amor: el gesto corriente, el acontecer diario, los pequeños detalles de la con-vivencia en el hogar, una jornada de trabajo voluntario; incluso la imagen de la mujer cambia, aparece con un pañuelo en la cabeza, vestida de trabajo. Fuera del tema amoroso, constituye tema central en canciones como Las mujeres de los individuos (1969), Madre (1974), Eva (1987), Mujeres (1975) donde es ensalzada y dignificada. No exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma, que le solicito agua y hasta el buche de café. En días graves le he pedido masajes para mi espalda (los peores ni te cuento, porque no vas a creer). (Tu fantasma)


Supón que en un trabajo productivo te encuentro en tu pañuelo singular y luego de ese instante decisivo, supón que no te dejo de mirar. (Supón, 1980) La poesía amorosa también se escribe con candidez como hace Silvio en Supón, Imagínate (1978), o Te conozco (1984). En las dos primeras se trata de una propuesta adolescente, hecha con dulzura y sencillez. El sujeto lírico apela a la imaginación de su interlocutora para contarle la posible historia de sus relaciones, y en ambos casos juega con un final sorprendente, en el que no ocurre lo previsto: Imagínate que somos nosotros tú y yo para siempre que no eres de otro. (Imagínate) Supón que entro y que nos abrazamos. Supón que todo está por abordar. Es la primera vez que nos amamos. Pero supón que hablo sin parar, supón que el tiempo viene y va, supón que sigo original. Supón que no nos desnudamos y supón que ya eres mi canción. (Supón) El ideal del amor perseguido y finalmente encontrado es tema común de Te conozco y Dónde pongo lo hallado (1969). Se trata de reconstruir el tiempo anterior al encuentro del sujeto lírico con su destinataria y de reconocer el significado de esa suerte, confesándolo implícita o explícitamente: Cuánto nos puede curar el amor. Cuánto renace de tu mirada. … El lago parece mar, el viento sirve de abrigo: todo se vuelve a inventar si lo comparto contigo. (Te conozco) Qué hago ahora contigo. Las palomas que van a dormir a los parques ya no hablan conmigo. Qué ahora contigo ahora que eres la luna, los perros, las noches, todos los amigos. (Dónde pongo lo hallado) Creo que ambos textos se completan en su contenido. Por una parte, para el sujeto lírico de Te conozco, el mundo se renueva con la presencia del amor, y de eso habla cada verbo empleado:


curar, renacer, reinventarse, lo que también siente en Dónde pongo lo hallado, si tenemos en cuenta que la nueva presencia sustituye todo lo que, hasta el momento del encuentro, le ha acompañado. Por otra parte, encontramos cierta insatisfacción previa expresada en Dónde pongo lo hallado a través de la enumeración de compañías que se descubren como una falacia: muerte, gloria vacía, perros en noches sin amigos, luna compañera sin ser verdadera, y que se emparentan semánticamente con los siguientes versos de Te conozco: Tanto que yo te busqué/y tanto que no te hallaba,/que al cabo me acostumbré/a andar con tanto de nada. La conjunción de dos conceptos semánticamente opuestos, como todo-nada en el verso que acabamos de citar, es uno de los recursos expresivos que hablan de la huella de César Vallejo en la obra de Silvio. Los poetas de su generación, aquellos que como él comenzaron a «padecer la Literatura» en la década del 60 y a compartir la lectura del maestro, han reconocido que Silvio es quizás uno de los creadores cubanos donde más profundo caló el modo de decir del poeta peruano;26 pero incluso Silvio ha confesado que sus influencias literarias más importantes son las de José Martí y César Vallejo, y que si el primero le enseñó el vuelo de la metáfora, el segundo se la hizo víscera, hueso, sangre.27 qué horriblemente hermoso era aquel tiempo (Emilia) Me veo tan atento a los ruidos internos, feliz tristemente (Me veo claramente, 1969) furiosamente a besos (Hombre, 1987) Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero desde que sé que no vendrás más nunca. (Mariposas) Cualquier mañana te digo dónde estoy para que nunca me vayas a buscar. (Cualquier mañana, 1969) Lo de menos es que jamás me sobres que tu amor me enriquezca haciéndome más pobre (Lo de más, 1987) Tres mil, tres mil dejaron de volar tres mil, tres mil descansen nunca en paz (Tres mil pájaros, 1968) Delante de la columna, al frente, donde ha viajado siempre la mira del fusil, que hable la fértil puntería, que esa garganta envía mi forma de vivir. (Preludio de Girón) y por él, sus amigos como quiera que hoy sean


se juntan nuevamente por sobre sus miserias convocando a este muerto de la salud perfecta (La tonada inasible, 1995) Nómbrame un beso sin árbol desecho una caricia con todo delicia con ala de preso. (Nómbrame un beso, 1970) 26

Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus: Silvio: que levante la mano la guitarra, pp. 48-49.

Como advierten sus autores en el libro Silvio: que levante la mano la guitarra, en las canciones del trovador es posible «cazar vallejismos a manos llenas». Y no solo por el uso dislocado del lenguaje, sino también por el sentido humanista de su obra. Los jóvenes que se agrupan alrededor de El Caimán Barbudo, empeñados en hacer del hombre y su circunstancia los principales motivos de su expresión escrita, declaran en el manifiesto Nos pronunciamos: la poesía es un testimonio terrible y alegre y triste y esperanzado de nuestra permanencia en el mundo, con los hombres, entre los hombres, por los hombres, o no es nada. Silvio, que se inscribe por derecho propio en este discurso ético, afirma que la eficacia fundamental del canto reside en ponerse en contacto directo con su realidad, comunicarse con los básicos intereses del hombre.28 La canción Mariposas comienza con un verso aparentemente esperanzador: Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero, para inmediatamente introducir una ruptura en lo sicológicamente esperado: desde que sé que no vendrás más nunca, que, en este caso, puede ser expresión de la naturaleza insensata del sentimiento amoroso, irremediablemente optimista, atento, y que se repite como procedimiento lingüístico en los fragmentos citados de Cualquier mañana, Lo de más, La tonada inasible, Tres mil pájaros, donde incluso el verso descansen nunca en paz, desconcierta porque hace uso de una frase de reconocimiento común. 28

Luis Rogelio Nogueras y Víctor Casaus. Silvio: que levante la mano la guitarra, p. 46.

En Emilia, la antonimia horrible-hermoso sintetiza la complejidad del momento en que se ha desarrollado la relación afectiva, de amor y complicidad. En Canto arena, el calificativo de la expresión dulce látigo, convierte el acto socialmente inaceptable del golpe que fustiga en símbolo de la fuerza instigadora del sueño colectivo. En Preludio de Girón, el adjetivo fértil aparece empleado con su sentido de fecundidad, como en la canción Domingo Rojo: Domingo, qué buen pretexto das para cantarte./Tu luna ha comenzado a saludarme,/ y parece como si la tierra fértil, me esperase. Pero yuxtapuesto al sustantivo puntería, resulta paradójico puesto que se trata de matar para preservar la existencia humana: Delante de la columna, al frente/donde ha viajado siempre/la mira del fusil/que hable la fértil puntería/que esa garganta envía/mi forma de vivir. Este verso, extraído de su contexto poemático, al que apuntan las palabras columna, fusil, puntería, es también expresión del modo en que para Silvio la canción es arma de lucha. Porque en otros textos —un fragmento de entrevista en el que recuerda el programa Mientras tanto como la primera trinchera que tuve para arrojar canciones, los versos de la canción Emilia: Las ideas son balas hoy día y no puedo usar flores por ti, o Canción para mi soldado (1976), dedicada a los cubanos caídos en Angola— se apropia del léxico que le ofrece la trágica realidad de la guerra, para comunicar una vez más su comprensión sobre la auténtica misión del artista.


Si caigo en el camino, hagan cantar mi fusil y ensánchenle su destino porque él no debe morir. Si caigo en el camino como puede suceder, que siga el canto mi amigo, cumpliendo con su deber. La idea de que la paz se gana con la guerra; la vida, con la muerte, forma parte del modo en que en la obra de Silvio el futuro del hombre se construye sobre su capacidad de sacrificio y entrega. Si en La nueva escuela el sujeto lírico deja expresado un sentimiento de deuda por los sueños, por las manos que por este edificio sin nombre se hicieron doler, en Pequeña serenata diurna, afirma que Soy feliz,/soy un hombre/feliz, y quiero que me perdonen/por este día/los muertos/de mi felicidad. Si en Oda a mi generación escribe que vivirle a la vida su talla tiene que doler, en la misma estrofa enfatiza esta idea con los siguientes versos: Nuestra vida es tan alta —tan alta—/que para tocarla casi hay que morir,/para luego vivir. Vida es símbolo de todo lo que puede ser enarbolado en su propia defensa; es la patria y las cosas ciertas que menciona el sujeto lírico de Preludio de Girón; es resumen de la razón que asiste en la lucha; es el porvenir que, si recordamos, el poeta se aventura a proponer siempre conquistado y esplendoroso, asociándolo, como reflejo de su optimismo y confianza, con el uso de un vocabulario que traslaticiamente es signo de lo bueno e inmenso y en el que no pocas veces encontramos insertada esta palabra, vida. Morir, como hemos visto, no significa solo desaparecer físicamente, pero cuando lo hermoso nos cuesta la vida, en el sentido recto con que Silvio emplea la expresión en este verso de Canción del elegido, o nos hacer saber en Preludio de Girón que perder la vida en la defensa de una causa adquiere otra dimensión: Con Patria se ha dibujado/el nombre del alma de los hombres/que no van a morir, el acto se impregna de la generosidad del deber y menos, a mi modo de ver, de la gloria del sacrificio. Como en los Poemas humanos de Vallejo, y una vez más me apropio del libro Silvio: que levante la mano la guitarra, vida y muerte se mezclan en conmovedora y trágica unidad, para acercar la poesía más a la verdadera naturaleza del ser humano. En la canción Todo el mundo tiene su Moncada,29 escrita en 1968 o 69 y conocida también con el título Menos mal que existen, Silvio despoja la imagen del héroe de su aureola mítica, para mostrarnos un hombre creíble, de carne y hueso. Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la muerte. Menos mal que existen los que no miden qué palabra echar ni siquiera la última Se arriman a la noche y al día y sudan si hay calor y si hay frío se mudan No esperan echar sombra o raíces, pues viven disparando contra cicatrices Escuchan, se proyectan y lloran debajo


de sus huellas, con tanto trabajo Se mueren sin decir de qué muerte sabiendo que en la gloria también se está muerto (Todo el mundo tiene su Moncada) 29

A principios de 1968 Haydée Santamaría nos reunió a Noel Nicola, a Pablo Milanés y a mí para decirnos que Casa de las

Américas quería hacer un disco de homenaje al asalto al Cuartel Moncada, hecho inaugural de la Revolución. Pero no es fácil cantar a un suceso del que sólo se sabe por la prensa. Este ha sido el punto que toco cada vez que me han pedido que haga una canción sobre lo que he escuchado contar a otros (años más tarde este argumento fue mi pasaporte a la guerra de Angola). Dándose cuenta de que llevábamos razón, Haydée nos invitó a su hogar y durante varios días nos habló de aquellos hechos históricos de los que había sido protagonista. Lo esencial de su plática fue que ella no nos habló como el icono revolucionario que era, sino con la confianza de una amiga. Su sencillez y su franqueza nos enseñó que las epopeyas las escriben hombres y mujeres de carne y hueso. Comprender que la historia podía ser protagonizada por personas de aspecto común fue lo que me hizo Todo el mundo tiene —o podría tener— su Moncada. Silvio Rodríguez. Disco Érase que se era.

La personificación de objetos inanimados o abstractos es otro recurso expresivo característico del modo de decir de Vallejo que puede hallarse en la obra de Silvio. Por ejemplo, podemos volver a los conceptos de pasado, presente y futuro, cuya connotación semántica hicimos antes objeto de nuestra atención, para retomarlos desde el punto vista de la forma, porque si en algunas ocasiones definen con su función gramatical dentro de la oración un espacio tiempo histórico: me tocó nacer en el pasado, me vi en el presente, jugarme… allá en el pasado o… en el porvenir, salvaron de ayer, tierra del futuro, preludio del futuro, también adquieren capacidad de acción, o son la otra parte de una relación interpersonal: silbaba el porvenir, se cae el porvenir, te espera el porvenir, el pasado me odia, mi asesino es el pasado, cantarle al porvenir, hacer cita con el porvenir. En la canción Domingo Rojo, el sujeto lírico se dirige a este día a través del vocativo, lo dota de capacidades humanas: Domingo, qué buen pretexto das para cantarte, Domingo, verás crecer la vida de mis manos, y establece con él un diálogo en el que lo reviste de intenciones buenas y comparte con él su propio parecer: Domingo, qué buen pretexto das para cantarte. Tu luna ha comenzado a saludarme y parece como si la tierra fértil me esperase —oh domingo—. … Domingo, es como si no me quedaran penas, como si fuera siempre primavera, como si la sed humana no supiese de fronteras —oh domingo— Domingo, verás crecer la vida de mis manos, cuando acaricie el sueño que yo amo y el tiempo sea un domingo enamorado... El sujeto lírico se siente bienvenido por el día, lo que puede parecer un contrasentido, pero así lo sugieren los versos en los que la metáfora verbal convierte luna y tierra fértil en sujetos también de la acción: la luna saluda, la tierra fértil espera. De hecho, encontramos


personificados dentro del poema, mediante este mismo recurso expresivo, otros elementos abstractos e inanimados: vida, relojes, cuadra, sol, amor. Este domingo es especial domingo la vida lo colmó de actividad. Hoy todos los relojes sonaron a las cinco, la cuadra es un trajín que viene y va. ... Domingo, taller donde el sol puso residencia, amor que sigue haciendo de herramienta y ensancha las ventanas y las puertas. De esta manera, el sujeto lírico vuelve a omitir el agente real, el hombre, a pesar de que existe sustituido por la realidad que él construye, realidad en la que el hablante del poema pone el acento comunicativo; y digo vuelve porque también en otros textos pone el poeta la atención en el objeto que le sirve de argumento: los actos que autentican, en su costo humano, el proyecto social defendido. Recordemos qué hace en La nueva escuela. Los versos cuya sintaxis dan prominencia a la ocurrencia del evento: los lugares alzados, los semilleros hechos, explicitan a través del complemento de modo: lugares alzados a golpe de sangre y martillo, semilleros hechos con adoquines de vergüenza, piedra y lucero el lado espiritual comprometido en el proyecto social en el que se sumerge el país y del cual es la canción testimonio. En Domingo Rojo, el sujeto lírico emplea la anécdota para abordar un asunto específico del contexto cubano: el trabajo voluntario. Su intención es la de comunicar el sentido colectivo, anónimo y desprendido de esta labor, así como la trascendencia, singularidad y dinamismo que lo caracterizan. Por tanto, no existe un protagonista individual, sino un grupo humano que, además, no está presente de manera explícita, sino inserto en el plural de los elementos oracionales: sorbos de café, toses de motores, risas, pañuelos; en el conjunto al que sirve de expresión la palabra cuadra; en esa serie de menciones que en orden cronológico hace el sujeto lírico de las actividades de la mañana. En la canción Que ya viví, que te vas, el sueño, la veladora, el tiempo, la guitarra, representan el sujeto lírico o la imagen de la amada, pero al adquirir cada uno de ellos vida propia —el sueño huye, la veladora duerme, el tiempo entra, la guitarra gira—, anulan la voluntad del personaje que queda así a merced de su propia inutilidad; como en Ojalá, no puede borrar el recuerdo de la amada. En El sol no da de beber, los testigos de la relación amorosa son elementos inanimados o abstractos: una habitación, el día, un reloj. No realizan ellos ninguna acción, pero el modo en que son calificados por el sujeto lírico define su función dentro de la relación amorosa tema de la canción. Ese así que el tibio amparo de la 214, convierte este lugar en refugio; el día indiscreto y torpe, convierte la luz en enemigo; la ronda del reloj lo convierte en centinela. Silvio introduce sus propios neologismos. Renombra adjetivos y adverbios o los crea, como querible o besable en la Canción del elegido; desnudable, en Tocando fondo; amigamente en Resumen de noticias; construyente, En una nube viajera. Yuxtapone conceptos que pertenecen a realidades diversas: helándome el cerebro y la mañana (Llueve otra vez), lugares alzados a golpe de sangre y martillo, adoquines hechos de vergüenza, piedra y lucero; o emplea calificativos que no expresan precisamente una cualidad, sino una con-secuencia de tipo social, como las expresiones edificio sin dueño o años duros de La nueva escuela; o el modo en que hace referencia a los sucesos del 11 de septiembre en Nueva York en la canción Cita con ángeles: las dos torres con sus miles cayendo inolvidablemente. Emplea con función imperativa conjugaciones verbales que no se usan comúnmente, y de hecho se sienten raras. Así en Días y flores, el sujeto lírico está expresando a través de la conjugación del verbo saber un ruego, es como si le dijera «quiero o necesito que sepas» a esa segunda persona interlocutora de su


discurso: Si me levanto temprano,/fresco y curado, claro y feliz,/y te digo: «voy al bosque/para aliviarme de ti»,/sabe que dentro llevo un tesoro/que me llega a la raíz. Como Vallejo, rompe con las categorías tradicionales y dispone libremente del tiempo: Ya estoy regresando solo/de los tiempos venideros (Ya no te espero). Utiliza además frases del lenguaje coloquial, que apuntan hacia la subjetividad del discurso puesto que insertan ellas la intención sarcástica, la furia irreprimible, la actitud optimista: Viven muy felices, no digo yo, los que repiten la lección como aprendices (Viven muy felices) Pero, pobre de mí, no he estado con los presos (Resumen de noticias) Salgo con un pan y un credo, un rifle, una melodía; salgo dispuesto a mi día y al tiempo de mi sendero. Caramba, yo llego... (Los pasos de la guerra) la rabia coño— paciencia, paciencia. (Días y flores, 1975) Cómo andan, hola, qué tal? (a quien pueda interesar) Cómo andan, hola, qué tal?: ¡soy feliz de regresar! (A quien pueda interesar, 1969) El influjo de otros discursos en la poesía coloquialista caracteriza también desde el punto de vista de la estructura del poema la obra de Silvio. En Debo partirme en dos reproduce la canción sentimental, comercial: Te quiero, mi amor no me dejes solo/no puedo estar sin ti, mira que yo lloro. Tu fantasma tiene el tono epistolar; Los cazabrujas de dores, se emparenta con el teatro; Resumen de noticias recrea el tono periodístico; A quien pueda interesar ironiza sobre el discurso burocrático u oficial. A veces el pensamiento imaginativo parte de asociaciones ya incorporadas al uso semántico de la palabra, pero también encontramos esos códigos íntimos, abreviaturas del espíritu o señales secretas,30 para usar palabras del propio cantautor. El concepto de luz, por ejemplo, simboliza en la obra de Silvio el acto edificante, la intención noble, con que el autor reviste las palabras cielo, sol, claridad, auroras, iluminar, luz, alba, que encontramos frecuentemente habitando sus versos. Es una forma de hacer referencia al futuro y a la esperanza puesta en él: Estos años son el pasado del cielo./Estos años son/cierta agilidad/conque el sol/te dibuja/en el porvenir./Quedamos los que puedan sonreír/en medio de la muerte, en plena luz. (Al final de este viaje en la vida) 30

Silvio Rodríguez: Cumplir con Vallejo. En Revolución y Cultura.

En la canción Domingo Rojo el verso Hay voluntad de hacer amanecer, aprovecha la secuencia temporal que hasta ese momento ha ido precisando el sujeto lírico (a las cinco, en la madrugada, a las seis, antes de la mañana) para convertir el anuncio del día en símbolo del mejoramiento y progreso humano. La intención se repite más adelante con el uso de la palabra


sol: Domingo, taller donde el sol puso residencia; pero ahora la naturaleza generosa y fecunda del trabajo voluntario se declara además condición perdurable. En El sol no da de beber, la luz delatora parece enemiga, desde el mismo título, de la relación amorosa: el día indiscreto y torpe, hay que ayunar al filo del amanecer, hay que esperar un largo no de claridad; sin embargo, al final de la canción reivindica el sujeto lírico su significado al convertirla en símbolo de la naturaleza clandestina de la historia que aquí se cuenta: Y a quien me quiera incinerar los versos argumentando un folio inmemorial, le haré la historia de este sol adverso que va llorando por el universo, esperando el día que podrá alumbrar. En la canción Llegó la luz (1981), aparece contenido el sentido que cobra esta palabra en la poesía de Silvio: es pureza, acción, esperanza, amor, y puesto que aquí es personificada: Llegó la luz, creció la luz, voló la luz, cantó la luz, surgió la luz, preñó la luz, es abarcadora, modesta, oportuna, estimuladora, anunciadora, eterna, vencedora, fundadora. La intención comunicativa del concepto se fortalece, además, en estructuras sintácticas en las que sus signos aparecen en oposición a menciones léxicas de oscuridad. La canción Hacia el porvenir llega a ser paradigmática de este procedimiento. vino a rajar la noche un emisario del alba. (América, te hablo de Ernesto, 1972) Hacia el porvenir partieron sombras. Rumbo a mañana algo de oscuridad fue sobrevivir, porque el sol de hoy no pudo más No estarán completas las auroras. Quejas de mí lucirá la claridad, porque lo que yo tanto pretendí demorará. Hacia el porvenir partieron sombras. Cuando no alcance, sólo podré alertar. Si alguien me oye allí, no se olvide pues de iluminar. (Hacia el porvenir, 1993) Los verbos de movimiento (caminar, andar, avanzar) y otras palabras relacionadas (camino, sendero, viaje) cobran también expansión semántica en el contexto del poema cuyo contenido es testimoniar sobre el presente. Son expresión de acción, avance y mejoramiento y, por tanto, otro modo en que el poeta capta y refleja la esencia transformadora y toda la energía contenida en el período que aborda. Sobresale el uso de este campo léxico en canciones como Los pasos de la guerra y Voy a cantarle al porvenir, en los que la expresión llega a ser enfática: Por este camino nuevo, si llego, llego llegando, conmigo va caminando mi hermano, mi compañero (Los pasos de la guerra) Diré que fuimos lo normal;


piel y cerebro para andar, que no tuvimos nada más para avanzar. Y un hombre quisimos mejor y costó mucho echarlo andar... (Voy a cantarle al porvenir) En La era está pariendo un corazón y Bajo el arco del sol, la lucha armada se encuentra el mundo representado en su sufrimiento y su ira. El sentimiento de solidaridad que impulsa a la acción en ambos textos está esencialmente expresado a nivel léxico. En el caso de La era..., en el pronombre indeterminado cualquier: en cualquier selva del mundo, en cualquier casa, por cualquier hombre del mundo, por cualquier calle; y en Bajo el arco del sol, la lucha armada, en los pronombres otros, otras: Hoy caminé en el lado de otro odio, Supe que por mi herida me sangraban otros golpes, Mira mi herida de otras regiones como Indochina. Son estas categorías de palabras las que trasmiten aquí su apreciación desprejuiciada, sin distinciones, del mundo. Pero el léxico es también vehículo de la violencia expresiva que caracteriza a la retórica coloquialista. En la primera estrofa de La era..., el sujeto lírico logra expresar un cúmulo de sensaciones mediante los verbos romper y regar. Por un lado, conllevan ellos la naturaleza sorpresiva y acaparadora de la acción que indican, por otro su consecuencia desestabilizadora y al mismo tiempo renovadora. Todo esto referido al sujeto lírico, puesto que de lo que realmente se trata es de la traducción metafórica de una vivencia subjetiva que deriva de la irrupción del mundo exterior en la vida del hablante poemático. La era está pariendo un corazón refiere todas las causas justas del mundo, a las que el sujeto lírico decide sumar: hay que acudir corriendo/hay que quemar el cielo si es preciso, y sumarse: Debo dejar la casa y el sillón, modo en que alude a la actitud individualista y acomodada que ahora elige abandonar, en función del gesto solidario e internacionalista. El sentido metonímico con que es empleada la palabra sillón, aparece en la canción Historia de la silla (1969), donde justamente la pasividad, la apatía, son el tema central. La poesía de Silvio se caracteriza por su variedad formal, al punto que los textos pueden poblarse tanto de expresiones tropológicas basadas en simples analogías, como de artificios admirables en los que la capacidad asociativa llega a límites insospechados. Por ejemplo, en la canción Cuando digo futuro, el complemento de modo: codo a codo, que forma parte de la oración Hay una madre que camina codo a codo con su clan, es una locución adverbial de uso generalizado con la que se alude a la cooperación entre personas; remite, pues, inmediatamente, a la masa que marcha en grupo apretado; reviste los conceptos de unidad y colaboración que signa de una connotación sociopolítica. Confirma, además, el significado que cobra en la obra de Silvio la palabra madre como símbolo de patria, aun cuando en esta canción el sujeto lírico brinda su visión de la realidad a través de una galería de personajes anónimos (el hombre y su mujer, el militar, los niños, la mu-chachita), que permiten interpretar este sustantivo, madre, también como alusión a la mujer individuo. Porque al igual que en Preludio de Girón, lo hace el poeta sujeto de la acción: hay una madre que camina, esta mujer sagrada inclina el seño; pero ya hemos visto que para Silvio, como para Vallejo, incluso el objeto inanimado o el concepto abstracto, puede cobrar vida en función del mensaje. En Domingo Rojo, toses de motores es una metáfora nominal sencilla, construida sobre la base de una analogía sonora ele-mental, que no deja por ello de apuntar hacia las ocurrencias del pensamiento imaginativo. Igualmente resume el sujeto lírico los deseos, las aspiraciones del hombre, a través del sentido figurativo socialmente dado a la frase sed humana. Silvio es certero en la selección de sus palabras y en la capacidad asociativa que anima sus figuras literarias. Una sola frase a veces basta para aprehender la vehemencia de una emoción o, en toda su intención, la idea que recorren un poema. Después que canta el hombre, por ejemplo, me resulta intensamente expresivo en el verso: y una mortaja de aire hace silencio, y preciso en el símil como un ángel postizo que insistiese, al que ya antes hicimos referencia. Ambos resumen la magnitud del enfrentamiento interno del personaje. La soledad en que queda atrapado el individuo adquiere dimensiones angustiosas con la metáfora y una mortaja de aire


hace silencio. En los predios sorprendentes de la imaginación poética se establece una analogía entre el silencio que sigue a la función escénica y la espantosa quietud de la muerte, analogía que podemos suponer basada en la identificación del sema mortaja, envoltura última de un cuerpo, con ese vacío dejado por la audiencia, incorpóreo, por eso de aire, pero también denso, poderoso, palpable y sobre todo indicativo del final. La fuerza de la imagen, el mismo Silvio lo ha reconocido, le viene también de su experiencia como dibujante y fotógrafo, y en algunos de sus versos justamente lo que hace es dibujar el mensaje. Esta misma canción sobre la que hablaba, Después que canta el hombre, se siente sobre todo en los ojos. Podemos perfectamente representarnos la imagen del cantor, guitarra en mano, situado frente al vacío de la sala de conciertos una vez que ha terminado su presentación. La mirada del sujeto lírico nos traslada hasta las butacas vacías, recién abandonadas por esa masa humana, convertida por algunas horas en público, que regresa a su marcha cotidiana, quizás aliviada o convencida de algo, siendo otra o la misma, pero que deja en el artista el sabor de lo efímero y lo ingrato, una vez que la nada, más insistente después del arrebato y la emoción, llega para sustituir su compañía. En la canción Oda a mi generación, el acto de acrobacia suicida que retrata el poeta: es por eso que un día me vi en el presente con un pie allá donde vive la muerte y otro pie sus-pendido en el aire buscando lugar, representa claramente el conflicto existencial por el que atraviesa. El tiempo me hala la manga resume en Los compromisos el empuje renovador de los nuevos tiempos y la necesidad de ir a su paso, de no quedarse detrás. El verso vi la realidad arrodillada frente al mar, de la canción Bajo el arco del sol, la lucha armada, surte un efecto conmovedor. El dibujo de la mujer sagrada que inclina el seño de Preludio de Girón, sustituye la palabra o el grito indignado por el gesto bravo y resulta aún más elocuente. Desde el punto de vista compositivo, resulta interesante dentro de la obra de Silvio comprobar cómo el mecanismo de la reiteración sirve al sujeto lírico para enfatizar una idea o esclarecerla, sin entrar en contradicción con el poder de síntesis y la capacidad asociativa que animan las figuras literarias de su obra. El viento eres tú es una canción breve sobre la agonía del amor, que no se nombra sino que drena a través del verbo. Cuando el poeta dice de la amada que es silbido veloz, viento que trae la muerte, llama que abrasa la flor, violencia del fiero huracán, sombra oscura, pone en conjunción fuerzas incontenibles, ancestrales y avasalladoras, para decir que sufre —y cuánto— por amor. Los versos indican a quién se refieren las imágenes; existe lo que se denomina el término propio de la metáfora, en este caso el Yo que habla en el poema y el Tú que es su destinatario concreto: Y los árboles fríos del bosque soy yo/ese viento que trae la muerte eres tú; puestos así en desigual condición del que es abandonado y del que abandona, al menos, del que debe aceptar el fin obrado por el otro. Los versos contienen, pues, su desciframiento. Y el final, Por qué, por qué tú sigues, di,/matando este amor que dejas, no deja lugar a dudas sobre la naturaleza amorosa del conflicto. En Tu imagen, el sujeto lírico resume la expectativa fallida, el desengaño, comparando a la amada con distintos elementos que tienen en común el hecho de no poder realizarse en su esencia: Y tú eras mi viento, mas no a favor./Eras mi barca en el pedregal,/eras mi puerta sin tirador,/eras mi beso buscando hogar. En Resumen de noticias se mencionan una serie de personajes que se definen metafóricamente como obstáculos de lo nuevo a través de las expresiones presos de su cabeza acomodada, ríen con sólo media risa, delimitadores de las primaveras. La canción La maza comparte con Viven muy felices la crítica a ciertas debilidades humanas, la imitación conveniente, el acomodamiento, que en el segundo de los títulos queda expresado a través de la repetición léxica y relaciones de sinonimia establecidas sobre significados primarios; mientras que en La maza, el discurso es más rico en asociaciones y la expresión se carga de connotaciones semánticas. los que repiten la lección como aprendices, ... los que repiten un camino sin razones


... Qué fácil es seguir caminos ya caminados por otros pies, (Viven muy felices) un servidor de pasado en copa nueva un eternizador de dioses del ocaso (La maza) Los versos citados, por ejemplo, abordan una misma problemática: el calco artístico que supone en un caso la existencia de lo ya concebido con el esfuerzo de la primera vez, y en otro su envejecimiento; que tiene en un caso el sabor de la simplificación y en otro, el de la continuidad servil y conservadora. En Viven muy felices se caracteriza a un grupo humano específico (los que repiten, los que no buscan, los que no arriesgan) y quizás sea esta la razón por la cual prefiere el sujeto lírico usar un lenguaje coloquial, más adecuado al enfrentamiento crítico que el tema persigue como objetivo. En La maza, en cambio, los símbolos permiten al hablante poemático generalizar, abordar la temática desde un punto de vista reflexivo. La canción La nueva escuela es particularmente enfática en su discurso. No le basta al poeta insistir, si recordamos, en la idea de lo diferente a través de la repetición del adjetivo nueva: incorpora además el sentido de nacimiento, de origen, a través de la palabra cuna, con la que establece la comparación de escuela y casa: casa y escuela nueva/como cuna de nueva raza. Pero también se apropia el sujeto lírico del sentido diferenciador y genérico de la palabra raza, obviando el punto de vista etnológico, para emplearla como sustituto semántico de una nueva actitud, de un nuevo pensamiento y en ese sentido de una nueva especie, de un nuevo hombre. Casa y escuela se convierten en el espacio, entonces, en el que debe formarse el espíritu consecuente con la sociedad que se construye, y al decir espacio, podemos también pensar en escenario, en con-texto, en país, y decir Revolución, decir Cuba. La canción de Silvio extrae de cada asunto tratado, su esencia, su real significado. Más allá del testimonio de los acontecimientos que se suceden en la Revolución, lo que el poeta comunica, lo que aprehende de un trabajo voluntario, por ejemplo, de Playa Girón, de una figura como el Che Guevara, de su propio oficio, de un recuerdo de la niñez o de la experiencia amorosa, es su trascendencia histórica y humana. Sobre esa comprensión particular de los hechos, como reflejo de sentimientos, principios, convicciones, actitudes ante la vida, construye su obra. Esta condición concede dimensiones universales a su canción. De pronto me doy cuenta que no he logrado sustraerme del catálogo de recursos expresivos con los que Silvio concede categoría literaria a su obra. A mi favor, digo que he intentado, al menos, mostrar las múltiples aristas por las que puede ser disfrutada a nivel textual. En las canciones del trovador, el lenguaje es protagonista y precisa de atención, incluso por curiosidad. Estas páginas surgieron de una experiencia poética íntima, de un diálogo personal con el autor de estos textos, que debe en-tenderse en el sentido en que toda lectura implica una experiencia comunicativa. La caracterización estilística que hayan logrado, tampoco será suficiente, porque podremos acercarnos una y otra vez a esa meta sin tocarla nunca. Dejo pues, despiertas las ansias de seguir descubriendo al poeta.


Las canciones

Acerca de los padres Cuando venía de la escuela y alguien le quitaba un medio al niño, su padre le pegaba haciéndolo salir: tenía que romperle la cara sin llorar. Si se ponía a dibujar, sus casas y soles le hacía trizas: los machos juegan a las bolas y a pelear: búscate un papalote y deja de soñar. No pudo decir que tuvo miedo, no pudo decir que le dolía, no pudo decir que era salvaje lo que hacía. No pudo llorar como pensaba, no pudo pedir ayuda alguna, no pudo sino tragar en seco su amargura. ¿Quién? ¿Quién tiene un hijo en las entrañas? ¿Quién le está dando el desayuno para cobrárselo mañana? ¿Quién, quien juguetea con la alquimia? ¿Quién quiere fabricar cerebros y sólo está sembrando muertos? ¿Quién? Y la erosión le trajo un sexo y una presencia ante la vida sellados por un fuerte cordón umbilical, pues por su filiación sexual le juzgarán. Hoy los archivos se desbordan de sicopatías y prejuicios, de mutiladas fantasías del horror, de remendados en la frente y el amor. De nada le sirve ser amigo, de nada le sirve ser hermano: el sexo es el juez universal del ser humano. Y si eres mujer no pidas ni agua si cambias de hombre por semana: el odio te sigue, inevitable, cama a cama. ¿Quién, quién tiene un hijo en las entrañas? ¿Quién le está dando el desayuno para cobrárselo mañana?


¿Quién, quién juguetea con alquimia? ¿Quién quiere fabricar cerebros y sólo está sembrando muertos? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?

Ahora sé Ahora sé que el amor es soledad, buscar una esperanza, que siempre desaparece cuando se la alcanza. Ahora sé que el estar acompañado es caminar sin nadie, que cuando alguien va a tu lado es no tener a nadie. Ahora sé. El amor es buscar, el amor no es tener. Es vivir de querer, de querer alcanzar. Lo sé. El amor es buscar, el amor no es tener. A la vez que se da ya no es sueño de amor. Lo sé. Ahora sé que ese perro fugitivo que me ladra tarde tiene un amor en la esquina que hay en cada calle. Ahora sé. Ahora sé que ha buscado, que ha tenido que no vive preso. Que sabe que tenerlo todo cuesta un alto precio. Ahora sé.


Al final de este viaje en la vida (1970, Atlántico) Al final de este viaje en la vida, quedarán nuestros cuerpos hinchados de ir a la muerte, al odio, al borde del mar. Al final de este viaje en la vida, quedará nuestro rastro invitando a vivir. Por lo menos por eso es que estoy aquí. Somos prehistoria que tendrá el futuro. Somos los anales remotos del hombre. Estos años son el pasado del cielo. Estos años son cierta agilidad conque el sol te dibuja en el porvenir. Son la verdad o el fin. Son Dios. Quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz. En plena luz. Al final de este viaje en la vida, quedará una cura de tiempo y amor, una gasa que envuelva un viejo dolor. Al final de este viaje en la vida, quedarán nuestros cuerpos tendidos al sol, como sábanas blancas después del amor. Al final del viaje está el horizonte, al final del viaje partiremos de nuevo, al final del viaje comienza un camino. Otro buen camino que seguir descalzos, contando la arena. Al final del viaje estamos tú y yo, intactos. Quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz. En plena luz.


Al final de la segunda luna (1968) Esta va a ser mi canción más sencilla, que no hablará de nada y hablará de todo. No es necesario mencionar la vida para que se sienta su presencia en los ojos. Al final de la segunda luna empecé a no hacer nada con las manos, sólo por un momento y entonces tuve ganas de hablar al ancho justo de la palabra humana. Como si no tuviera ningún nombre y no existiera historia de los hombres, más allá del atávico pasado, del presente y futuro deseado. Sin ningún compromiso con el mundo, como si todo fuese este segundo, cual si todo naciera de mis labios, cual si todo muriera de mis labios. Hay otra dimensión desconocida, más fuerte que la muerte y que la vida, más sustancial que el mundo y su belleza, que nace y muere siempre donde empieza. Estar como se está, como se siente, es más claro y más negro que decirlo, que tratar de explicarlo —por eso ya no sigo—. Sólo quise decir que es tremendo estar vivo.

América, te hablo de Ernesto Con una mano larga para tocar las estrellas y una presión de dios en la huella, pasó por tu cintura, por tu revés y derecho, el curador de hombres estrechos. Preparando el milagro de caminar sobre el agua y el resto de los sueños de las dolencias del alma, vino a rajar la noche un emisario del alba. Y con voz tan perfecta que no necesita oído hizo un cantar que suena a estampido. En todos los idiomas el emisario


va a verte: en todos los idiomas hay muerte. Aunque lo entierren hondo, aunque le cambien la cara, aunque hablen de esperanzas y brille la mascarada, llegará su fantasma bien retratado en las balas.

Ando como hormiguita (1994) Ando como hormiguita por tu espalda, ando por la quebrada dulce de la seda. Vengo de las alturas de tus nalgas hacia el oro que se derrama y se me enreda. Tú te vuelves pidiendo el cielo, apuntando a la luz con flores. Y como lazarillos son los sabores en tu jardín de anhelos.

Angola es una La misma casa de miseria de tabla sucia y de remiendo es el desolador atuendo que adorna por toda mi tierra. Y la inocencia sin escuela, el mismo harapo sin juguete que me castiga como un fuete de punta a punta las fronteras. ¿Qué voy a hacer? Diga quien diga que dos, diga quien diga que diez, Angola es una como el deber. El mismo látigo inflexible desde Cabinda hasta Cunene, nos humilló, nos hizo fieles de los escarnios increíbles. La misma piel que estalla y cruje, la misma víscera que escucha, el mismo pueblo que ama y lucha, la misma selva, la que ruge.


Anónimo Un día como otro yo leía mis cartas rascándome una ceja, solo y en voz alta; y el último papel que me cayó en las manos era una carta anónima, en lenguaje claro. La escribía una mujer, de timidez muy obvia, que hablaba de su vida con tan poca gloria; se dibujaba lágrimas y a veces risas, con tanta sencillez como con tanta prisa. Cuántos papeles he recibido: fotos y textos, firmas de adorno, cuántos pedidos. Cuántos honores y vanidades; cuánto espejismo; cuánto juguete de los mortales. Aquella muchacha no quería mi rostro ni letras olvidadas ni inútil autógrafo. Decía que, con lágrimas o con sonrisas, mis cosas para ella siempre eran las mismas. En su trabajo el gusto le conocen tanto que corren a buscarla cuando en radio canto; en su casa le dicen que me rinde culto y eso hace que me sienta el autor de un hurto. ¿Con qué derecho, con cuál astucia provoco encantos, provoco sueños, provoco angustias? ¿Con qué derecho otros fantasmas quitan y ponen, a sus antojos, vida en el alma? Me conmovió su gesto desinteresado: escribir y verterse, sin pedir a cambio. Decía —como hablando de un imposible—: «...y me hubiera hecho infinitamente feliz que tú un día me hubieras escrito una canción...» ...y aquí está la canción, lo que un poquito cruda porque la realidad se ha de cantar desnuda. Sobrecoge pensar que de piedra brillante, porque es piedra y brilló, se crea que es diamante. Cuántos papeles he recibido: fotos y textos, firmas de adorno; cuántos pedidos. Cuántos honores y vanidades: cuánto espejismo; cuánto juguete de los mortales.


A quien pueda interesar Cómo andan, hola, qué tal? (a quien pueda interesar) Cómo andan, hola, qué tal?: ¡soy feliz de regresar! Ahora heme aquí, entre ustedes en la vida otra vez. Ahora heme aquí, con un poco de agua fría en los pies. Ya regresé y el que quiera puede ya sonreír, el que quiera puede irse a llorar, y al que quiera puede darle igual. Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo tengo que ordenar mis cosas. Es que he traído demasiados documentos sobre el mar, es que he traído demasiada inspiración. Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo tengo que coger respiro. He de llenarme nuevamente de las cosas, de la gente, antes de hacerme aplaudir o censurar. Cómo andan, hola, qué tal? (a quien pueda interesar) Cómo andan, hola, qué tal?: ¡soy feliz de regresar! Ahora heme aquí, entre ustedes en la vida otra vez. Ahora heme aquí, con un poco de agua fría en los pies. Ya regresé y el que quiera puede ya sonreír, el que quiera puede irse a llorar, y al que quiera puede darle igual. Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo abrazo a mis amigos, a alguna muchachita que se muestre amable en el saludo, a la familia, a los vecinos y demás. Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo estoy besando el suelo. Como se puede ver, regreso con color en las mejillas —y si pudiera verse el alma habría más—. Me regocija verlo todo junto otra vez, para vivir un poco más allá,


para morir un poco más también. Estoy hablando a quien pueda interesar, a-quien-pue-dain-te-re-sar.

Bajo el arco del sol, la lucha armada Hoy caminé en el lado de otro odio donde ronda el mundo y yo cuando estoy, y vi la realidad bajo una tempestad. Supe que por mi herida me sangraban otros golpes y otras furias también, y vi la realidad arrodillada frente al mar. Mira mi herida en la mano que pulsa con la muerte y óyeme el fuego descubierto en la voz. Mira mi herida de otras regiones como Indochina, bajo el arco del sol. Hoy dividí mi llanto por colores, dimensiones y distancias y fue como el Mekong y yo, tan separados. Estoy muriendo de vivir sentado en la distancia irrecorrible quizás: quiero olvidar mi voz, colgar guitarras en el sol. Quiero un disparo y vestirme de humano en esta suerte y acompañarme con un hueso de flor. Quiero la vida; si no, la muerte, serenateando bajo el arco del sol.

Besos atrás Es olvidar todo este tiempo que vendrá trayendo un fin. Es olvidar todo lo triste de sufrir que ha de llegar. Es olvidar llenar vacíos que se irán, guardar palabras, callar sueños y seguir ya comenzando el amor con el sol cada vez agotando el dolor y seguir... Yo te amaré besos atrás, desde este amor, por otra vez.


Yo te amaré con el adiós lleno de ti, pleno de fin. Es olvidar llenar vacíos que se irán, guardar palabras, callar sueños y seguir ya comenzando el amor con el sol cada vez agotando el dolor y seguir... Yo te amaré besos atrás desde este amor, por otra vez. Yo te amaré con el adiós lleno de ti, pleno de fin, sin olvidar.

Bolero y Habaneras (1986) Tú la perdiste pero aquí se queda. Al fin y al cabo está con un obrero. Conozco un caso que me da más pena: una muchacha de por el Cotorro, por una chapa HK, en febrero, torció camino y se perdió del Morro. En todo caso la sabrás presente, latiendo aún para las nobles cosas y no partida y con el alma inerte. Lo que te falta te abandona menos, sólo mudó de cuidador la rosa, no se trocó la flor por el dinero. Quien hace altar de la ganancia, pierde la condición, la latitud, el puesto, y pierde amor, pues la codicia muerde jamás en yo y siempre allá en el resto. Por otra parte, detener amores es pretender parar el universo. Quien lleva amor asume sus dolores y no lo para el sol ni su reverso. Tú la perdiste pero aquí se queda. Al fin y al cabo está con un obrero. Conozco un caso que me da más pena: una muchacha de por el Cotorro, por una chapa HK, en febrero, torció camino y se perdió del Morro. Vaya con suerte quien se cree astuto porque ha logrado acumular objetos.


Pobre mortal que, desalmado y bruto, perdió el amor y se perdió el respeto. Por otra parte, detener amores es pretender parar el universo. Quien lleva amor asume sus dolores y no lo para el sol ni su reverso. En todo caso la sabrás presente, latiendo aún para las nobles cosas y no partida y con el alma inerte. Lo que te falta te abandona menos, sólo mudó de cuidador la rosa, no se trocó la flor por el dinero.

Canción de invierno (1969) Es día de frío y llegas a casa. Vienes de la tarde cansada de un jueves. Los muebles, tu perro y millones de ojos están como siempre esperando tu vuelta, en la que presientes que nada ha cambiado. Te espera lo mismo, el sueño ha pasado. Recoges tu pelo, tan libre en la tarde quizás porque alguien nunca lo vio preso. Te sientas y cenas, y todas las culpas te dan con un peso mayor que tus fuerzas, y pugnan tus ojos y esta tarde loca. Hasta que eres débil y tapas tu boca. Cuando todo pasa te crees segura, mientras con tus horas revuelves cenizas. Presientes muy dentro pasiones prohibidas. No importa mentirse para ser felices, hasta que un deseo se meta en tu lecho. Mas, ¿qué estás pensando? —te tapas el pecho—. Pero necesitas quedar bien con todo —todo que no sea bien contigo misma—. La angustia es el precio de ser uno mismo: mejor ser felices como nuestros padres y hacer de la lástima amores eternos. Hasta que, a la larga, te tape el invierno.


Canción de la Columna Juvenil del Centenario (1970)* Mientras la ciudad aún a las cuatro esté encendida y haya un lugar que te distraiga por ahí, un humilde lugar, un pequeño lugar, no digas no, que estás negando el paraíso: sé donde por años la luz es un farol y el sueño diversión, única diversión. Sé que ahora mismo, mientras se entona cualquier canto, mientras partimos a disipar el calor, se está luchando allá. ¿Qué va a pagar la sangre que la tierra absorbe? ¿Qué oro que no es oro de sueños pesa así? ¿Qué puede valer más? ¿Qué paga este sudor, el tiempo que se va? ¿Qué tiempo están pagando? —el de sus vidas. ¿Qué vida están sangrando por la herida de virar esta tierra de una vez? Cuando a las once el sol parte el centro del honor, cuando consignas y metas piden su paredón, cuando de oscuro a oscuro conversan con la acción, la palabra es de ustedes, me callo por pudor. ¿Qué paga este sudor, el tiempo que se va? ¿Qué tiempo están pagando? —el de sus vidas. ¿Qué vida están sangrando por la herida de virar esta tierra de una vez? * Canción para el documental Columna Juvenil del Centenario, de Miguel Torres (En cursiva, texto de Pablo Milanés).

Canción del elegido (1969) Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de sí. Pero mi historia es difícil, no voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la vía láctea. Es una historia enterrada,


es sobre un ser de la nada. Nació de una tormenta, en el sol de una noche, el penúltimo mes. Fue de planeta en planeta, buscando agua potable; quizás buscando la vida o buscando la muerte —eso nunca se sabe—; quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable o por lo menos querible, besable, amable. Él descubrió que las minas del Rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente, como pensaba la gente. Pero las piedras son frías y le interesaban calor y alegrías. Las joyas no tenían alma, sólo eran espejos, colores brillantes. Y al fin bajó hacia la guerra (perdón: quise decir a la tierra). Supo la historia de un golpe, sintió en su cabeza cristales molidos, y comprendió que la guerra era la paz del futuro. Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida. La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo. Iba matando canallas con su cañón de futuro.

Canto arena (1975) Hoy continué tomando rumbo a mi región, clavando señas, descifrando encrucijadas. Mi cuerpo sigue practicando su cuestión: cruje mi hueso y se hace la palabra. Hoy continué domesticando la razón llena de asombro ante el día sucedido.


Proyecto un rápido boceto de la acción, trazo versiones que capturo del olvido. Por eso canto arena, roca que luego es multitud del agua buena. Y canto espuma, cresta que cuando logra ser ya no es ninguna. He puesto filo al anhelante corazón, arrojo estrellas a mellarse contra vientos. El sueño ha desencadenado la canción y la canción de hoy me sabe a juramento. La prisa lleva maravilla y lleva error, pero viajamos sobre rueda encabritada. He despertado en el ojo del ciclón, cuento millones de agujeros en el alma. Por eso canto arena, roca que luego es multitud del agua buena. Y canto espuma, cresta que cuando logra ser ya no es ninguna. Hoy continué tomando rumbo a mi región, con dulce látigo de abeja en la conciencia. Hoy me perdí amar con planificación, pero gané a lo que partió con la prudencia. Hoy continué dándole cuerda a mi reloj, con timbre atado sobre número invisible. Poco me importa donde rompa mi estación, si cuando rompe está rompiendo lo imposible. Por eso canto arena, roca que luego es multitud del agua buena. Y canto espuma, cresta que cuando logra ser ya no es ninguna.

Causas y azares (1984) Cuando Pedro salió a su ventana no sabía —mi amor, no sabía— que la luz de esa clara mañana era luz de su último día. Y las causas lo fueron cercando cotidianas, invisibles. Y el azar se le iba enredando poderoso, invencible. Cuando Juan regresaba a su lecho no sabía —oh alma querida—, que en la noche lluviosa y sin techo


lo esperaba el amor de su vida. Y las causas lo fueron cercando cotidianas, invisibles. Y el azar se le iba enredando poderoso, invencible. Cuando acabe este verso que canto yo no sé —yo no sé, madre mía— si me espera la paz o el espanto, si el ahora o si el todavía. Pues las causas me andan cercando cotidianas, invisibles. Y el azar se me viene enredando poderoso, invencible.

Como quien dice (1971) Hoy volví a bailar contigo con órgano y danzón; volví a enseñarte mis amigos; regresé, sin ton ni son. Hoy me fui en el pensamiento hasta el verano en que te vi; de nuevo me senté contento y agotado junto a ti. Hoy estuve en la mañana de cantos de sinsontes, de sol en la ventana, de amanecer de monte, de sábanas saciadas. Hoy volví a tener destino de torpe caminante, de sueños enemigos, de idioma navegante, de rey y de mendigo. Hoy volví de entre los muertos silbando extraño tu canción, tirando notas y recuerdos como quien dice un adiós.

Como todo el mundo Yo hablo sencillo, como todo el mundo. Puedo repetir, si hay alguien que no ha entendido bien.


Me gusta enamorarme y, como todo el mundo, salgo por la puerta que está al fondo de la casa. Procuro no pisar las flores, cruzo por las esquinas de la calle, —no me vayan a aplastar—. No tengo aún despertador pero ya lo tendré, —mientras me despiertan los vecinos—. Debajo de la almohada nunca escondo armas de fuego, pues soñando se me suelen disparar. Yo hablo sencillo, como todo el mundo. Puedo repetir, si hay alguien que no ha entendido bien. Me gusta Casablanca, también el chocolate y fumar cuando termino de comer. Me gusta la cerveza fría, que no haya ruido si trabajo y aún me gustaría patinar. Prefiero andar en ropa de la calle porque así puedo juntarme a las aceras mejor. Me gustan las películas de Bergman, los poemas de Vallejo y las canciones de Pablo Milanés. Yo hablo sencillo, como todo el mundo. Puedo repetir, si hay alguien que no ha entendido bien. 33va. canción, 4 de diciembre de 1969

Con un poco de amor (década de 1980) Con un poco de amor sobrevivo, sobrevivo pecado, castigo. Con un poco de amor yo me salvo, sólo un poco de amor y soy algo. Con un poco de amor tanto me enriquecí, que gastaba y siempre quedaba mi poco de amor. Con un poco de amor me levanto a mi diario de sed y de espanto. Con un poco de amor yo progreso, canto himnos, me odian, voy preso. Con un poco de amor tanto me enriquecí, que gastaba y siempre quedaba mi poco de amor. Con un poco de amor fue tejida mi piel y el cincel de mis huesos fue un poco de amor. Con un poco de amor soy yo mismo, soy tú, soy aquel.


Con un poco de amor deberé continuar, a pesar de que sumo mil pocos de amor. Con un poco de amor, trabajando por un poco más. Con un poco de amor sobrevivo, sobrevivo pecado, castigo. Con un poco de amor yo me salvo, sólo un poco de amor y soy algo. Con un poco de amor tanto me enriquecí, que gastaba y siempre quedaba mi poco de amor.

Cualquier mañana Cualquier mañana despierto vivo aún y te deslizo debajo del pulgar, te desanudo el pelo con placer y entonces digo mirando sin mirar: eres mujer. Cualquier mañana te amo de verdad aunque no jure, aunque quiera vivir, aunque me estorbe tu cuerpo de jabón, aunque el saludo sea el gesto de partir: eres canción. Cualquier mediodía después seguiré viajando por ti. Qué bella te hallé y qué bella estás. Qué bella serás después. Eres canción, fuiste mujer. Cualquier mañana despierto enfermo aún, tras sueños jíbaros y humo vegetal, duermo con otra, le pregunto por ti; lavo en mi pecho tu pecado mortal y vuelvo a dormir. Cualquier mañana te digo dónde estoy para que nunca me vayas a buscar. Cualquier mañana no salgo más de aquí. Cualquier mañana me siento a esperar el porvenir. Cualquier mediodía después seguiré viajando por ti. Qué bella te hallé y qué bella estás. Qué bella serás después. Eres canción, fuiste mujer.


Debo partirme en dos (1969, Atlántico) No se crean que es majadería, que nadie se levante aunque me ría: hace tiempo que vengo lidiando con gente que dice que yo canto cosas indecentes. Te quiero, mi amor, no me dejes solo; no puedo estar sin ti, mira que yo lloro. ¿No ven?, ya soy decente, me fue fácil. Que el público se agrupe y que me aclame. Que se acerquen los niños, los amantes del ritmo. Que se queden sentados los intelectuales. Debo partirme en dos, debo partirme en dos. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa la suerte que pueda correr una canción. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa que luego me suspendan la función. Yo también canté en tonos menores; yo también padecí de esos dolores; yo también parecía cantar como un santo; yo también repetí en millones de cantos: te quiero, mi amor, no me dejes solo; no puedo estar sin ti, mira que yo lloro. Pero me fui enredando en más asuntos y aparecieron cosas de este mundo: «Fusil contra Fusil», «La Canción de la Trova», y «La Era» pariendo se pudo de moda. Debo partirme en dos, debo partirme en dos. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa la suerte que pueda correr una canción. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa que luego me suspendan la función. Yo quería cantar encapuchado y después confundirme a vuestro lado, aunque así no tuviera amigos y citas y algún que otro favor de una chica bonita. Te quiero, mi amor, no me dejes solo; no puedo estar sin ti, mira que yo lloro. No voy a repetir ese estribillo: algunos ojos miran con mal brillo


y estoy temiendo ahora no ser interpretado —casi siempre sucede que se piensa algo malo—. Debo partirme en dos, debo partirme en dos. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa la suerte que pueda correr una canción. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa que luego me suspendan la función, mi función.

Defensa del trovador Por dónde están los amigos y desconocidos que esperaban debajo de mis labios; los que esperaban sus gritos reunidos saliendo por mi única garganta como agravios; los que ahora dicen que ya no soy yo, que hago cojines de una canción; los que bien tienen derecho a opinar pero no saben qué rumbo tomar; los que esperaban sentados en casa por dos guitarrazos que hicieran temblar. Aquel que espera de mi poesía con una cuchara bien llena de mi nombre, cuándo sabrá comenzar a esperar del derecho que tengo a vivir como un hombre? Pues si mi canto es azul ven traición, y si es de piedra también ven traición. Viejos y jóvenes creen que un cantor es un payaso con diablo y con dios, pero cantar es difícil, porque hay que querer la verdad mucho más que a la misma canción. Quién va a jugarse la cara, jugarse las manos, jugarse la sonrisa y la guitarra? Qué da derecho a aceptar o derecho a negar que no sea mi propia palabra? Esos pepillos qué quieren de mí, y aquellos viejos qué esperan de mí? Quien quiera que lo defienda de sí que empiece por defenderse de mí. Y quien no quiera escuchar se levante y se marche o me tape la boca sin más. Sólo me siento sonrisa y me siento tristeza y me siento pedazo del destino. Sólo me siento saludo y adiós, y es preciso que entiendan que todo es producto del camino.


Pues la verdad no ha existido jamás: todo depende de la hora de hablar. Y cuando acabe este canto, a pensar cada cual lo que le dé su real gana, sea bien o sea mal. Porque si no, para qué es que se canta sino para revolver todo al cantar?

De la ausencia y de ti, Velia (1969) Ahora sólo me queda buscarme de amante la respiración, no mirar a los mapas, seguir en mí mismo, no andar ciertas calles, olvidar que fue mío una vez cierto libro, o hacer la canción y decirte que todo está igual: la ciudad, los amigos y el mar esperando por ti. Sigo yendo a Teté semana tras semana. ¿Te acuerdas de allá? Hoy habló de fusiles despidiendo muertos. Yo sé que ella me ama; es por eso tal vez que te siento en su sala, aunque ahora no estás. Y se siente en la conversación, o será que llegó la impresión de la ausencia y de ti. No quisiera un fracaso en el sabio delito que es recordar, ni en el inevitable defecto que es la nostalgia de cosas pequeñas y tontas, como en el tumulto pisarte los pies y reír y reír y reír madrugadas sin ir a dormir... S��, es distinto sin ti; muy distinto sin ti. Las ideas son balas hoy día, y no puedo usar flores por ti. Hoy quisiera ser viejo y muy sabio


y poderte decir lo que aquí no he podido decirte: hablar como un árbol con mi sombra hacia ti, como un libro salvado del mar, como un muerto que aprende a besar para ti, para ti, para ti, para ti.

De qué valen mis razones De qué valen mis razones el conocer el comprender si el corazón nos tira en otros caminos de nuevos destinos deshaciendo lazos pues nuevos abrazos nos dará el amor Por eso yo pregunto a mis razones qué van a dar para vivir si voy a arder en una estrecha cadena de suspiro y pena recuerdo y distancia deseos y ansias de volver para ti De qué vale mi razón más fuerte si yo siento que tengo que verte si en tus manos se me va el amor de qué vale razonar mejor De qué vale mi razón más fuerte si yo siento que tengo que verte si en tus ojos se me va el amor de qué vale razonar mejor Por eso yo pregunto a mis razones qué van a dar para vivir si voy a arder en una estrecha cadena de suspiro y pena,


recuerdo y distancia, deseos y ansias de volver para ti ay para ti.

Desnuda y con sombrilla (1993) Tú sentada en una silla yo de pie con expresión de lord. Tú desnuda y con sombrilla yo vestido pero con calor. Tú con uñas y con dientes mirándome de frente con brillo de matar. Yo retrocediendo un poco llenándome de un loco deseo de sangrar Tú besando tus rodillas yo discreto pero sin rubor. Tú creando maravillas yo soñándome esquimal sin sol. Tú con un ritmo tan lento buscando un alimento frotado con alcohol. Yo de pronto ensimismado mirándote alelado colmada de licor. Tú ardiente y sin capilla yo quitándome el sombrero alón. Tú dispuesta la vajilla yo al filo de mi pantalón. Yo a punto del delirio extraigo un solo cirio que poso ante tu flor. Tú susurrando un misterio de un no sé qué venéreo me das un protector. Tú… yo… él.


Después que canta el hombre (1969) a Antonio Gades, en memoria Después que canta, el hombre queda solo. Solo en la soledad de su cabeza, solo en la soledad de las butacas y una mortaja de aire hace silencio. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego. Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra. Después que canta, el hombre queda solo, pues cada uno regresa a sus pisadas. Le dejan las palabras en la alfombra. La hora de la palabra fue la escena. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego. Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra. Después que canta, el hombre queda solo, sobreviviendo a igual incertidumbre. Pero de nuevo ordena sus conciertos como un ángel postizo que insistiese. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego. Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra.

Días y flores (1974) Si me levanto temprano, fresco y curado, claro y feliz y te digo: «voy al bosque para aliviarme de ti», sabe que dentro llevo un tesoro que me llega a la raíz. Si luego vuelvo cargado con muchas flores —mucho color— y te las pongo en la risa, en la ternura, en la voz, es que he mojado en flor mi camisa para teñir su sudor. Pero si un día me demoro no te impacientes, yo volveré más tarde.


Será que a la más profunda alegría me habrá seguido la rabia ese día: la rabia simple del hombre silvestre la rabia bomba, la rabia de muerte la rabia imperio asesino de niños la rabia se me ha podrido el cariño la rabia, madre, por Dios, tengo frío la rabia es mío, eso es mío, sólo mío la rabia bebo pero no me mojo la rabia miedo a perder el manojo la rabia hijo zapato de tierra la rabia dame o te hago la guerra la rabia todo tiene su momento la rabia el grito se lo lleva el viento la rabia el oro sobre la conciencia la rabia coño, paciencia, paciencia. La rabia es mi vocación. Si hay días que vuelvo cansado, sucio de tiempo, sin para amor, es que regreso del mundo, no del bosque, no del sol. En esos días, compañera, ponte alma nueva para mi más bella flor.

Domingo Rojo (1982) Este domingo es especial domingo, la vida lo colmó de actividad. Hoy todos los relojes sonaron a las cinco, la cuadra es un trajín que viene y va. Hay sorbos de café en la madrugada y toses de motores a las seis. Hay risas y pañuelos antes de la mañana. Hay voluntad de hacer amanecer. Domingo, qué buen pretexto das para cantarte. Tu luna ha comenzado a saludarme y parece como si la tierra fértil me esperase —oh domingo—. Domingo, taller donde el sol puso residencia, amor que sigue haciendo de herramienta y ensancha las ventanas y las puertas. Domingo,


es como si no me quedaran penas, como si fuera siempre primavera, como si la sed humana no supiese de fronteras —oh domingo—. Domingo, verás crecer la vida de mis manos, cuando acaricie el sueño que yo amo y el tiempo sea un domingo enamorado —oh domingo—.

El Barquero (1968) Un buen día quizás, un barquero se lanzó tras el mar del recuerdo. Era un barco pequeño en el tiempo, pero había fe, pero había un raro esplendor en sus ojos, pero había un místico afán de porqué —pero había fe—. Una dársena es sólo una entraña. Mar de invierno es tal vez la mañana. Barco chico es quizás alma clara. Y aunque haya fe, y aunque haya un flujo de mundo en mi frente, tanto se hunde mi rostro en la gente, que ya no sé. Ya me canso de tanto hablar, si está dicho todo hasta el fin. ¿Qué mas ruido que el de escuchar de la vida todo el trajín? Tanto espacio entre mi voz y el oído que ha de esperar. Nada tengo que decir yo. Miren todo y me escucharán. Un buen día quizás, un barquero se lanzó tras el mar del recuerdo. De su barca, entre grito y silencio, aún no se sabe cuál de las tantas ha sido su suerte: si halló la vida o se fue con la muerte, o simplemente se perdió.

El problema (1991) El problema no es si te buscas o no más problemas El problema no es ser capaz de volver a empezar


El problema no es vivir demostrando a uno que te exige y anda mendigando El problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse El problema no es jugar a darse El problema no es de ocasión El problema señor sigue siendo sembrar amor El problema no es de quien vino y se fue o viceversa El problema no es de los niños que ostentan papás El problema no es de quien saca cuenta y recuenta y a su bolsillo suma lo que resta El problema no es de la moda mundial ni de que haya tan mala memoria El problema no queda en la gloria ni en que falten tesón y sudor El problema señor sigue siendo sembrar amor El problema no es despeñarse en abismos de ensueño porque hoy no llegó al futuro sangrado de ayer El problema no es que el tiempo sentencie extravío cuando hay juventudes soñando desvíos El problema no es darle un hacha al dolor y hacer leña con todo y la palma El problema vital es el alma El problema es de resurrección El problema señor será siempre sembrar amor.

El sol no da de beber (1982) Al tibio amparo de la dos catorce se desnudaba mi canción de amor. Llegaba el día indiscreto y torpe y la belleza nos hacía más pobres, más esclavos de la ronda del reloj.


Así pasaron los momentos pocos, así pasaba la felicidad: huyendo siempre de miradas de otros, entretejiendo un universo loco de caricias, dudas y complicidad. Toma de mí todo, bébetelo bien: hay que ayunar al filo del amanecer. Toma de mí todo y todavía más: hay que esperar un largo no de claridad. Toma de mí todo cuanto pueda ser: el sol no da de beber. A los tristes amores mal nacidos y condenados por su rebelión daré algún día mi canción de amigo y fundiré mi vino con su vino, sin perder el sueño por la excomunión. Y a quien me quiera incinerar los versos argumentando un folio inmemorial, le haré la historia de este sol adverso que va llorando por el universo, esperando el día que podrá alumbrar. Toma de mí todo, bébetelo bien: hay que ayunar al filo del amanecer. Toma de mí todo y todavía más: hay que esperar un largo no de claridad. Toma de mí todo cuanto pueda ser: el sol no da de beber.

El viento eres tú (1966) A veces entra en el bosque un silbido veloz que recorre fugaz la penumbra y la luz. Y los árboles fríos del bosque soy yo. Todas las copas se postran a fin de existir; de no hacerlo, deshechas habrían de morir. Y ese viento que trae la muerte eres tú. Eres la llama que abrasa la flor y la violencia del fiero huracán, la sombra oscura que sigue mi amor. Por qué, por qué tú sigues, di, matando este amor que dejas.


Emilia (1969) Emilia, tus ruinas las leí con buena voz, tienen puertas como tú. Qué ridículas mis cartas, qué ridículas las sombras de mis sueños. Qué bien te recuerdo llorando. Emilia, has ido junto con cada canción escondida en un baúl como un signo inevitable, y hay anécdotas tirándome del seño. Qué bien te recuerdo llorando. Qué dirá tu instinto cuando sienta esta canción y qué dirás tú, que te acercas a la máxima distancia entre nosotros. Quién conoce que un soldado moribundo te cantaba, que había olores de una selva, que había cines, que llovía. Vallejo así nos descubrió, Byron estaba en su lugar. Todo pasaba con nosotros. Emilia, qué horriblemente hermoso era aquel tiempo. Emilia, ¿qué pasa? ¿Cuál resaca nos llevó al silencio, a recordar? Algún viento nos ha dado y en sus puntas discutimos con la muerte. Que no te sorprenda llorando, Emilia.

En busca de un sueño (1988) En busca de un sueño se acerca este joven En busca de un sueño van generaciones En busca de un sueño hermoso y rebelde En busca de un sueño que gana y que pierde


En busca de un sueño de bella locura En busca de un sueño que mata y que cura En busca de un sueño desatan ciclones En busca de un sueño cuántas ilusiones En busca de un sueño transcurren los ríos En busca de un sueño se salta al vacío En busca de un sueño abrasa el amante En busca de un sueño simula el tunante. En busca de un sueño tallaron la piedra En busca de un sueño Dios vino a la tierra En busca de un sueño partí con mi día En busca de un sueño que no hay todavía.

En el claro de la luna (1974) En el claro de la luna donde quiero ir a jugar, duerme la reina fortuna que tendrá que madrugar. Mi guardiana de la suerte sueña, cercada de flor, que me salva de la muerte con fortuna en el amor. Sueña, talismán querido, sueña mi abeja y su edad; sueña y, si lo he merecido, sueña mi felicidad. Sueña caballos cerreros, suéñame el viento del sur; sueña un tiempo de aguaceros en el valle de la luz. Sueña lo que hago y no digo,


sueña en plena libertad; sueña que hay días en que vivo, sueña lo que hay que callar. Entre las luces más bellas duerme intranquilo mi amor, porque en su sueño de estrella mi paso en tierra es dolor. Mas si yo pudiera serle miel de abeja en vez de sal ¿a qué tentarle la suerte, qué valiera su soñar? Suéñeme pues cataclismo, sueñe golpe largo y sed, sueñe todos los abismos que de otra vida no sé. Sueñe la talla del día —del día que fui y del que soy—, que el de mañana, alma mía, lo tengo soñado hoy.

En otro tiempo En otro tiempo, en un tiempo que pasó, desde muy dentro yo te di mi amor. Hoy cambia todo, ya todo es calma. En otro tiempo te daría el alma. Pero eso es tiempo pasado; ya está este amor terminado. Era otro tiempo de muerte y pena cuando todo era condena. Ya todo es pasado.

Érase que se era (1969) Éramos una vez un grupo de nueve o de diez que coincidía cada noche: una suerte de sueños que hacían cuadrilla, unos buenos muchachos riendo juntos. Érase que se era una vez... Por esa época se amaba tanto, qué sé yo: ¡qué época tanta de amores! Desfilábamos juntos, se hacían poemas,


y las calles qué buenos gustos tenían. Érase que se era una vez... De uno en fondo pasábamos por la misma canción: era uno, eran dos, eran tantos y, qué sé yo, pero era bonito mirarnos, vernos sufrir. Érase que se era una vez... Era imposible pasar un sólo día sin morir, sin gritar, sin reír, sin comprender, sin amar. Qué desastre de gente que no podía estar en paz. Érase que se era una vez... Yo no sé si fue el tiempo que lo vuela todo, o si fuimos nosotros detonando el tiempo, pero nos fragmentamos como una granada. Érase que se era una vez... Yo no sé si ha llovido una lluvia que moje cada esquirla en el sitio en que haya caído; si hay guardada una tarde común en el tiempo. Érase que se era una vez... Yo no sé si ha servido de algo o de nada que haya habido pasado y que quede recuerdo. Yo no sé si mañana pensaré lo que hoy vivo. Érase que se era una vez...

Esta canción (1967) A Félix Grande Me he dado cuenta de que miento. Siempre he mentido, siempre he mentido. He escrito tanta inútil cosa sin descubrirme, sin dar conmigo. No amar en seco, con tanto dolor, es quizás la última verdad que quede en mi interior, bajo mi corazón. No sé si fue que malgasté mi fe en amores sin porvenir, que no me queda ya ni un grano de sentir. Yo sé que a nadie le interesa lo de otra gente con sus tristezas. Esta canción es más que una canción


y un pretexto para sufrir. Y más que mi vivir y más que mi sentir. Esta canción es la necesidad de agarrarme a la tierra al fin, de que te veas en mí, de que me vea en ti. Yo sé que hay gente que me quiere. Yo sé que hay gente que no me quiere.

Esto no es una elegía (1977) Tú me recuerdas el prado de los soñadores, el muro que nos separa del mar si es de noche. Tú me recuerdas, sentada, ciertos sentimientos que nunca se sabe qué traen en las alas: si vivos o muertos. Me quito el rostro y lo doblo encima del pantalón. Si no he de decir tu nombre, si ajeno se esconde no quiero expresión. Suelen mis ojos tener como impresos sus sueños risueños. Tú me recuerdas las calles de la Habana vieja, la Catedral sumergida en su baño de tejas. Tú me recuerdas las cosas, no sé, las ventanas donde los cantores nocturnos cantaban amor a La Habana. Esto no es una elegía ni es un romance, ni un verso: más bien una acción de gracias, por darle a mis ansias razón para un beso; una modesta corona encontrada en la aurora. Tú me recuerdas el mundo de un adolescente, un seminiño asustado mirando a la gente; un ángel interrogado; un sueño acosado; la maldición, la blasfemia de un continente y un poco de muerte.


Eva (década de 1980) Eva no quiere ser, para Adán, la paridora pagada con pan. Eva prefiere también parir, pero después escoger dónde ir. Por eso adquiere un semental y le da un uso sin dudas normal. Eva cambió la señal. Eva sale a cazar en celo. Eva sale a buscar semilla. Eva sale y remonta vuelo. Eva deja de ser costilla. Eva no intenta vestir de tul. Eva no cree en un príncipe azul. Eva no inventa falso papel: el fruto es suyo, con padre o sin él. Eva se enfrenta al qué dirán firme al timón, como buen capitán y encoge hombros a Adán. Eva sale a cazar en celo. Eva sale a buscar semilla. Eva sale y remonta vuelo. Eva deja de ser costilla.

Flores nocturnas (1991) Se abren las flores nocturnas de quinta avenida para esos pobres señores que van al hotel. Flores que rompen en la oscuridad, flores de guiños de complicidad, flores silbando suicidios, flores de aroma fatal. ¿Qué jardinero ha sembrado la quinta avenida con variedad tan precisa de nocturnidad? ¿Cuál es su especie y cuál su país? ¿Qué fino abono nutrió su raíz, dándoles tono silvestre? ¿Dónde estará su matriz? Flores que cruzan las puertas prohibidas, flores que saben lo que no sabré, flores que ensartan su sueño de vida en guirnaldas sin fe. Flores de sábanas con ojos, flores desechables. Campanillas del antojo, flores comiendo sobras del amor. Brotan, rebotan, explotan por quinta avenida.


Son arrancadas y parten con aire veloz. Dicen que es duro el oficio de flor cuando sus pétalos se ajan al sol. Pálidas flores nocturnas, flores de la decepción. Flores que cruzan las puertas prohibidas, que saben lo que no sabré, que ensartan su sueño de vida en guirnaldas sin fe. Flores de sábanas con ojos, flores desechables. Campanillas del antojo, flores sin primavera ni estación, flores comiendo sobras del amor. coro: Flores, flores. Ahí vienen las jardineras, vienen regando flores…

Fusil contra Fusil (1967) El silencio del monte va preparando un adiós. La palabra que se dirá in memoriam será la explosión. Se perdió el hombre de este siglo allí. Su nombre y su apellido son Fusil contra Fusil. Se quebró la cáscara del viento al sur y sobre la primera cruz despierta la verdad. Todo el mundo tercero va a enterrar su dolor. Con granizo de plomo hará su agujero de honor, su canción. Dejarán al cuerpo de la vida allí. Su nombre y su apellido son Fusil contra Fusil. Cantarán su luto de hombre y animal y en vez de lágrimas echar con plomo llorarán. Alzarán al hombre de la tumba al sol y el nombre se repartirá: Fusil contra Fusil.


Hacia el porvenir (1993) Hacia el porvenir partieron sombras. Rumbo a mañana algo de oscuridad fue a sobrevivir, porque el sol de hoy no pudo más. No estarán completas las auroras. Quejas de mí lucirá la claridad, porque lo que yo tanto pretendí demorará. Por más que quise bendecirme y más purificarme, yo era carne, yo era yo. Lo que con amor hacía una mano lo rompía con otra el desamor. Yo no creo que haya sido en vano, pero pudo ser mucho mejor. Hacia el porvenir partieron sombras. Cuando no alcance, sólo podré alertar. Si alguien me oye allí, no se olvide pues de iluminar.

Hay un grupo que dice (1967) Hay un grupo que dice que lo haga reír. Dicen que mi canción no es así juvenil, que yo no me debiera poner a cantar porque siempre estoy triste, muy triste. Miren que decir eso, con tantos motivos para no reírse como hay. Hay un grupo que dice que una canción tiene que ser muy fácil para la razón, que las cosas que digo sólo las sé yo. No han abierto los ojos al mundo. Miren que decir eso, con tantos motivos para preocuparse como hay. Hay un grupo que dice que lo haga feliz, que me vira la espalda y se pone a reír. Yo no puedo vivir fácilmente, sin ver que suceden mil cosas muy tristes.


Miren que decir eso, con tantos motivos para no reírse como hay.

Hombre (década de 1980) A Che, tras veinte años De quererte cantar sufro disnea, bastante más allá de los pulmones. Tu sombra brilla hoy en la pelea mayor de la conciencia y las razones. Por ti canto de pecho, como el sueño en que giro, y leve, como aún respiro. Por ti adelanto trecho a lo que falta en tono, y canto lo que no perdono. Hombre, hombre y amigo, aún queda para estar contigo. Hombre, hombre sin templo, desciende a mi ciudad tu ejemplo. Supiste cabalgar contra quien odia desde su torre de oro y exterminio, pero, en mi parecer, te dio más gloria el alma que tallaste a tu dominio. La medicina escasa, la más insuficiente, es la de remediar la mente. Y la locura pasa risueña cuando engaña, cual odio de la propia entraña. Hombre sin apellido, un poco de piedad te pido; hombre, ay, todavía, que un tanto más allá está el día. De la melena inculta a la calvicie, del número inicial al incontable, desde la tumba hasta la superficie, tras breve veinte tan multiplicable me viene un canto alado de fiebres de la infancia, me brota la invención del ansia, y entero y mutilado, furiosamente a besos, te doy mi corazón travieso: Hombre, hombre sin muerte, la noche respiró tu suerte,


hombre de buen destino, y hay luces puestas en camino.

Hoy mi deber (1979, Oslo) Hoy mi deber era cantarle a la patria alzar la bandera sumarme a la plaza hoy era un momento más bien optimista un renacimiento un sol de conquista pero tú me faltas hace tantos días que quiero y no puedo tener alegrías pienso en tu cabello que estalla en mi almohada y estoy que no puedo dar otra batalla hoy yo que tenía que cantar a coro me escondo del día susurro esto solo qué hago tan lejos dándole motivos a esta jugarreta cruel de los sentidos tu boca pequeña dentro de mi beso conquista se adueña no toca receso tu cuerpo y mi cuerpo cantando sudores sonidos posesos febriles temblores hoy mi deber era cantarle a la patria alzar la bandera sumarme a la plaza y creo que acaso al fin lo he logrado soñando tu abrazo


volando a tu lado.

Imagínate (1978) Imagínate que desde muy niño te llevaba flores te daba mi abrigo. Imagínate que soy el amigo de tu mismo grado que lleva tus libros. Imagínate que soy de tu calle que siempre pasé por donde miraste. Imagínate que hasta mi perro me busca en tu puerta cuando me le pierdo. Imagínate que eres mi dama mi único sueño mi más roja flama. Imagínate que somos nosotros tú y yo para siempre que no eres de otro.

Josah, la que pinta Sucedió que una vez, hace tiempo, hubo un militar, y el ejército fue una cadena de descubrimientos. No podía perderse un amanecer pues la diana era antes que la claridad y se hizo costumbre del día salir con el sol. Supo cosas que sólo se aprenden así, madrugando y mirando la hierba mojada, y se hizo costumbre una forma distinta de ver. Sucedió que, una noche, llegó al universo Josah, como una aparición de figuras en el sentimiento. Vino de la ciudad donde viven los magos y llegó con el alma colgada del cinto, sin saber que un soldado en el pecho no tiene fusil. Encantó, revolvió, disgregó los aplomos, puso tiendas gitanas en todos los templos y era sólo una niña jugando a persona mayor.


«Josah, la que pinta, déjate ver», decía el soldado, decía el viento y la naturaleza con lenguaje que aún se puede oír. Sucedió que se hizo tristeza el semblante del tiempo, cada día era un Nudo Gordiano sin pies ni cabeza. Las mañanas dejaron de significar, en más de una ocasión no se cumplió el deber, cada pase era un Día de Reyes en el curso de un mes. Todo era Josah, que bailaba a la noche una orgía pagana estallando en la piel, todo era Josah, la que pinta, bailando el amor. Pero el mundo da vueltas y todo regresa a su cauce. Ya no era soldado, y Josah, regresó a su país. El que era soldado regresó a carpintero, a ingeniero de minas o a quizás boxeador, aunque nunca regresa completo el soldado a su casa. Entre días y ruidos se hallan recuerdos, se revuelven gavetas, se sonríe al ver objetos, como un tiempo que se ha repartido en papeles y fotos. «Josah, la que pinta, déjate ver» decía el soldado, decía el viento y la naturaleza con lenguaje que aún se puede oír. Josah, la que pinta, déjate ver, Déjate ver.

La canción de la trova (1967) Aunque las cosas cambien de color, no importa pase el tiempo. Las cosas suelen transformarse siempre, al caminar. Pero tras la guitarra siempre habrá una voz más vista o más perdida, por la incomprensión de ser uno que siente, como en otro tiempo fue también. Hay corazones que hoy también se sienten detenidos, aunque sean otros tiempos hoy y mañana será también. Se sigue conversando con el mar. Aunque las cosas cambien de color, no importa pase el tiempo. No importa la palabra que se diga para amar. Pues, siempre que se cante con el corazón, habrá un sentido atento para la emoción de ver que la guitarra es la guitarra, sin envejecer.


La era está pariendo un corazón (1967) Le he preguntado a mi sombra a ver cómo ando para reírme, mientras el llanto, con voz de templo, rompe en la sala regando el tiempo. Mi sombra dice que reírse es ver los llantos como mi llanto. Y me he callado, desesperado. Y escucho entonces: la tierra llora. La era está pariendo un corazón. No puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir en cualquier selva del mundo, en cualquier calle. Debo dejar la casa y el sillón. La madre vive hasta que muere el sol, y hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir. Por cualquier hombre del mundo, por cualquier casa.

La familia, la propiedad privada y el amor (1969) El derrumbe de un sueño, algo hallado pasando resultabas ser tú. Una esponja sin dueño, un silbido buscando resultaba ser yo. Cuando se hallan dos balas sobre un campo de guerra, algo debe ocurrir que prediga el amor: de cabeza hacia el suelo una nube vendrá o estampidas de tiempo los ojos tendrán. Fue preciso algo siempre y no fue porque tú tenías lazos blancos en la piel, tú tenías precio puesto desde ayer, tú valías cuatro cuños de la ley, tú, sentada sobre el miedo de correr. Una buena muchacha


de casa decente no puede salir. ¿Qué diría la gente el domingo en la misa si saben de ti? ¿Qué dirían los amigos, los viejos vecinos que vienen aquí? ¿Qué dirían las ventanas, tu madre y tu hermana y todos los siglos de colonialismo español, que no en balde te han hecho cobarde? ¿Qué diría Dios, si amas sin la iglesia y sin la ley, Dios, a quien ya te entregaste en comunión, Dios, que hace eternas las almas de los niños que destrozarán las bombas y el napalm? El derrumbe de un sueño, algo hallado pasando resultabas ser tú. Una esponja sin dueño, un silbido buscando resultaba ser yo. Busca amor con anillos y papeles firmados, y cuando dejes de amar ten presente los niños, no dejes tu esposo ni una buena casa, y si no se resisten serruchen los bienes, ¯pues tienes derechos también¯ porque tú tenías lazos blancos en la piel, tú tenías precio puesto desde ayer, tú valías cuatro cuños de la ley, tú, sentada sobre el miedo de correr.

La leyenda del águila (1966) Voy a cantar para que escuchen mi canción como una aguja que traspase la razón. Escuchen la negra historia, la leyenda de la muerte que narran los moribundos desde allá. Era una tierra devastada por el sol,


con cada lumbre se esparcía el resplandor, y el águila, temerosa del mundo que la aplastaba, tan negra como sus alas los golpeó. Y allí se libra una batalla por el sol que unos desdeñan y otros besan con amor. No se vuelvan las espaldas, apréstense bien los brazos. Andemos el mundo sin decirle adiós, nunca adiós.

La maza (1979) Si no creyera en la locura de la garganta del sinsonte si no creyera que en el monte se esconde el trino y la pavura Si no creyera en la balanza en la razón del equilibrio si no creyera en el delirio si no creyera en la esperanza Si no creyera en lo que agencio si no creyera en mi camino si no creyera en mi sonido si no creyera en mi silencio Qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores que lucecitas montadas para escena Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera Si no creyera en lo más duro si no creyera en el deseo si no creyera en lo que creo si no creyera en algo puro Si no creyera en cada herida si no creyera en la que ronde si no creyera en lo que esconde hacerse hermano de la vida Si no creyera en quien me escucha si no creyera en lo que duele si no creyera en lo que quede


si no creyera en lo que lucha Qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva un eternizador de dioses del ocaso júbilo hervido con trapo y lentejuela Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera

Las mujeres de los individuos Las mujeres de los individuos que hacen poesía, las mujeres de los individuos que hacen la canción, deben aburrirse de decir que sí, que siempre es bueno todo lo que hacen sus maridos. ¿Es que no se habrán puesto a medir cuántas veces han hecho creer que se ha dicho una cosa genial cuando ha sido algo más del montón, que hasta un niño ha podido decir? Pero todas las mujeres de los individuos que hacen poesía, las mujeres de los individuos que hacen la canción, dan el visto bueno a cada frase, a cada coma, dan el visto bueno a la armonía —aunque no sepan nada de eso, aunque nunca hayan ido a la escuela, aunque sus gustos sepan muy mal—, pero lo que resulta peor es que sus mariditos asienten. Por eso las mujeres de los individuos que hacen poesía, las mujeres de los individuos que hacen la canción, son los soldados más desconocidos de la historia. Esto, para que ninguna venga luego a reclamar.


Así que no se inhiban: ya cualquiera puede ser mi mujer.

Las ruinas (1969) Los caldeos, los asirios, la Roma del poder supieron resumir mejor; los helenos, los egipcios, los hijos de Israel ya estaban conversando del amor. Hubo templos y ciudades sólo para adorar el culto del alma y la piel; hubo diosas seductoras y bosques para amar, y hasta la guerra hubo por una mujer. ¿Qué te podría decir desde hoy? ¿Qué ceremonia podría venerar? Siglos pesados como coliseos aplastan cualquier expresión. Hay piedras, hay ruinas oyéndome hablar, oyendo decir: «te amo, te amo». Palabras que han cruzado el desierto entre dos, circundaron la tierra y volvieron del sol: «...te amo, te amo...» Después de pasado tanto, no puede importar que ponga un dedo en el amor; que me guste observarte a través del cristal de un vaso dibujado con color. Es lo que nos han dejado. Me debo conformar con la simpleza de querer: me dedico a poner flores alrededor de ti y palmo a palmo a bendecir tu piel. El siglo XX no da tiempo a más: en su corriente se ahogan las ruinas. Mas el torbellino se para a momentos, y hay calma y hay contemplación. Entonces las ruinas pueden escuchar, pueden sonreir: «te amo, te amo...» Cuelgan de las palabras zargazos del mar. Son cristal de la nieve y sabor de la sal. «...te amo, te amo...» Del polvo de las ruinas se levanta el amor: polvo que se respira y de nuevo voló.


Los pasos de la guerra Salgo con un pan y un credo, un rifle, una melodía. Salgo dispuesto a mi día y al tiempo de mi sendero. Flor del camino que llevo la fuerte flor del trabajo, naciendo del más abajo cuando el camino es más nuevo. Caramba, yo llego. Por este camino nuevo si llego, llego llegando. Conmigo va caminando mi hermano, mi compañero. Caramba, yo llego. El pie del futuro es nuevo, por eso tarda en llegar. Por eso salgo a buscar a su camino al viajero. Caramba, yo llego.

Llegó la luz Llegó la luz, la transparencia llegó la luz de la inocencia llegó la luz con melodía llegó la luz un mediodía. Voló la luz de despedida voló el azul, voló la vida. Voló el azul sin otro alarde voló el azul, voló una tarde. Sembró el azul aquella historia sembró el azul, sembró memoria. Sembró el azul ningún reproche sembró el azul de azul la noche. Creció el azul como anunciando creció el azul, creció adorando. Creció el azul tocando diana creció el azul una mañana. Brilla el azul que me enseñaste brilla el azul que tú sembraste


brilla el azul con buena suerte brilla el azul sobre la muerte. Canto el azul, su amo rotundo canto el azul por sobre el mundo canto el azul por más de un día canto el azul por todavía.

Llover sobre mojado (1979) Despierto en una erótica caricia y sin amanecer me estoy quemando. Ruego que antes del fin de la delicia la luz me diga quién estoy amando. Hago un café romántico o barroco, recobro mi cabeza en agua fría y en el espejo veo al viejo loco que cada día piensa que es su día. Vaya forma de saber que aún quiere llover sobre mojado. Leo que hubo masacre y recompensa, que retocan la muerte, el egoísmo. Reviso, pues, la fecha de la prensa. Me pareció que ayer decía lo mismo. Me entrego preocupado a la lectura del diario acontecer de nuestra trama. Y sé por la sección de la cultura que el pasado conquista nueva fama. Vaya forma de saber que aún quiere llover sobre mojado. Salgo y pregunto por un viejo amigo de aquellos tiempos duramente humanos, pero nos lo ha podrido el enemigo, degollaron su alma en nuestras manos. Absurdo suponer que el paraíso es sólo la igualdad, las buenas leyes. El sueño se hace a mano y sin permiso, arando el porvenir con viejos bueyes. Vaya forma de saber que aún quiere llover sobre mojado. Un obrero me ve, me llama artista, noblemente me suma a su estatura.


Y por esa bondad mi corta vista se alarga como sueño que madura. Y así termina el día que redacto, con un batir de ala en la ceniza. Mañana volverá con nuevo impacto el sol que me evapora y me da prisa. Vaya forma de saber que aún quiere llover sobre mojado.

Los compromisos Me digo comprometido totalmente y de una vez: el tiempo me hala la manga, quiere que vaya con él. Mi compromiso es sencillo, sólo hay dos formas de estar: o bien cogiendo el martillo, o bien dejándose dar. Juro que me comprometo con el mejor tirador, siempre que tire sujeto firmemente el corazón. Me declaro partidario de las campañas salobres mientras la miel sea un sudario que regalar a los pobres. Desde que nací me han dado ciertas flores escondidas entre los ramos de muerte: así me salió la vida. ¿A cuánta muerte tocará por flor, a cuántas flores tocará por muerte? Para no ir más lejos, a las dos las pongo a hacer el amor. Me incorporo a las legiones de quijotes que batallan por hundir las religiones donde quiera que se hallan. Soy militante del hombre y como tal me proyecto. Sé que la vida se esconde tras la apariencia de un muerto. Si alguna vez se me busca, no me busquen en papeles, no me busquen en canciones, no me busquen en mujeres: busquen el hilo de un hombre y sigan sus laberintos, que al final, sano y deforme, me tendrán en el instinto. Desde que nací me han dado ciertas flores escondidas entre los ramos de muerte: así me salió la vida. ¿A cuánta muerte tocará por flor, a cuántas flores tocará por muerte? Para no ir más lejos, a las dos las pongo a hacer el amor.


Madre (1973) Madre, en tu día no dejamos de mandarte nuestro amor. Madre, en tu día con las vidas construimos tu canción. Madre, que tu nostalgia se vuelva el odio más feroz. Madre, necesitamos de tu arroz. Madre, ya no estés triste, la primavera volverá, madre, con la palabra libertad. Madre, los que no estemos para cantarte esta canción, madre, recuerda que fue por tu amor. Madre, en tu día —madre Patria y madre Revolución— madre, en tu día tus muchachos barren minas de Haiphong.

Mariposas (1971) Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero desde que sé que no vendrás más nunca. He vuelto a ser aquel cantar del aguacero que hizo casi legal su abrazo en tu cintura. Y tú apareces en mi ventana, suave y pequeña, con alas blancas. Yo ni respiro para que duermas y no te vayas. Qué maneras más curiosas de recordar tiene uno, qué maneras más curiosas: hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo. Mariposas, mariposas que emergieron de lo oscuro bailarinas, silenciosas. Tu tiempo es ahora una mariposa, navecita blanca, delgada, nerviosa. Siglos atrás inundaron un segundo debajo del cielo, encima del mundo.


Así eras tú en aquellas tardes divertidas, así eras tú de furibunda compañera. Eras como esos días en que eres la vida y todo lo que tocas se hace primavera. Ay, mariposa: tú eres el alma de los guerreros que aman y cantan y eres el nuevo ser que se asoma por mi garganta. Qué maneras más curiosas de recordar tiene uno, qué maneras más curiosas: hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo. Mariposas, mariposas que emergieron de lo oscuro bailarinas, silenciosas. Tu tiempo es ahora una mariposa, navecita blanca, delgada, nerviosa. Siglos atrás inundaron un segundo debajo del cielo, encima del mundo.

Martianos (1969) Yo soy un grano de arena, una hoja más en un árbol y cada ola me enseña y cada brisa trae algo. No he visto todos los mares, no he visto todas las tierras, pero he sentido la guerra silbando por todas partes. Cuando nací me dijeron: naciste por la esperanza. Así le digo a mi hijo y parto hacia la matanza. Quiero que pare la muerte, yo quiero que pare el frío para poder dedicarme a flor, a viento y a río. El mundo me dio las manos, dos reinos hacen la suerte. Tengo una flor en la diestra que es el reino de la muerte. De amor yo vivo y de espada, de boca y puertas abiertas. Hay que vivir de una bala. Hay que morir de una fiesta.


Qué duras son esas noches en que queremos ser buenos y hay que matar sollozando y hay que morir sonriendo.

Me veo claramente (1970, Atlántico) Me veo claramente mascando un pedazo de hierba mojada, me veo claramente muy sucio y feliz. Me veo descubriendo descalzo un buen río de plantas ahogadas, me veo claramente lejano de aquí. Me veo claramente haciendo preguntas que ya conocía, con indiferencia ante el «ya crecerás». Me veo claramente tan aventurero, hecho un asesino de azúcar y pan. Me veo claramente si miro detrás. Me veo claramente en la mano una noche ¯lugar de aprenderme a miedo y paciencia lo que era el amor¯. Me veo apretado al calor de unas piernas, tragando del aire un planeta tras otro, bañado en sudor. Me veo semialzado en la luz de esa hora, riéndole al techo, riéndole a ella, riéndome a mi. Me veo claramente tan digno de amantes y breves países de felicidad. Me veo claramente si miro detrás. Me veo claramente marchando a campañas de guerra entre todos y yendo a otras guerras privadas también. Me veo claramente en la primera noche con una guitarra, tan pálidamente como cuando fue la primera mujer. Me veo tan atento a los ruidos internos, feliz tristemente, queriendo de veras ser mucho mejor. Me veo claramente buscando palabras que sepan dar vida y dar muerte al amor. Me veo claramente. Me veo si miro a mi alrededor.


Mientras tanto (1967) Al que le disguste mi sincero afán de decir la vida en mi canción, sólo le diré que cuando pueda colgaré mi voz de algún lugar común, que cuando pueda dejaré mi forma de pensar, que cuando pueda mi guitarra irá a parar al mar. Pero mientras tanto, pero mientras tanto yo tengo que hablar, tengo que vivir, tengo que decir lo que he de pensar. Mientras tanto, pero mientras tanto yo tengo que hablar, cantar y gritar la vida, el amor, la guerra, el dolor. Y más tarde guardaré la voz. Al que se disguste con mi proceder de esta gran manía de soñar, sólo le diré que cuando pueda haré un gran bulto de canciones y me iré, que cuando pueda seré viejo y ya no cantaré, que cuando pueda mi guitarra no acariciaré. Pero mientras tanto, ay, pero mientras tanto yo tengo que hablar, tengo que vivir, tengo que decir lo que he de pensar. Mientras tanto, pero mientras tanto yo tengo que hablar, cantar y gritar la vida, el amor, la guerra, el dolor. Y más tarde guardaré la voz.

Mi lecho está tendido (1982) Mi lecho está tendido, me has hecho un gran favor. Pero en el sitio en que estaba dormido no encontré mi corazón. ¿Dónde me lo guardaste? ¿Qué has hecho al fin con él? Hiciste tu labor y te marchaste, y ahora ya no sé querer. No quiero tal favor, deja en su lugar a ese corazón. Deja a mi viejo en su escondite, puede que aún lo necesite. No lo despojes de su amparo —vaya favor para ser caro—.


Hoy me tendiste el lecho para después volar. Hoy te llevaste al mundo de mi pecho, hoy la aurora es soledad.

Mujeres (1977) Me estremeció la mujer que empinaba sus hijos hacia la estrella de aquella otra madre mayor. Y cómo los recogía del polvo teñido para enterrarlos debajo de su corazón. Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo, siempre a la sombra y llenando un espacio vital. Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos de la melena invencible de aquel alemán. Me estremeció la muchacha, hija de aquel feroz continente, que se marchó de su casa para otra de toda la gente. Me han estremecido un montón de mujeres: mujeres de fuego, mujeres de nieve. Pero lo que me ha estremecido hasta perder casi el sentido, lo que a mí más me ha estremecido son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos. Me estremeció la mujer que parió once hijos en el tiempo de la harina y un quilo de pan, y los miró endurecerse mascando carijos. Me estremeció porque era mi abuela, además. Me estremecieron mujeres que la historia anotó entre laureles y otras desconocidas, gigantes, que no hay libro que las aguante. Me han estremecido un montón de mujeres: mujeres de fuego, mujeres de nieve. Pero lo que me ha estremecido hasta perder casi el sentido, lo que a mí más me ha estremecido son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos.


No vayas a cerrar los ojos No vayas a cerrar los ojos cuando hagamos el amor seamos de pan, de pan de harina, de harina fina. Qué verde luce tu silencio que viene de tu pudor, tu mano buscará mi mano con la vida. Quiero mirarte en el espacio sonreír quiero tener mil aventuras que decir y hacerme un traje con tu cuerpo y sucumbir. No vayas a cerrar los ojos cuando hagamos el amor cierra ventanas, que no se vaya tu olor desarma el timbre de la puerta, el teléfono, el reloj que nada suene más que un beso, por favor. Sábanas blancas van volando sobre el mar niñas y niños se disponen a jugar cuerpos oscuros se desvisten para amar. No vayas a cerrar los ojos cuando hagamos el amor quiero colores de pupilas y emoción. Suelta tu pelo en abanico sobre el blanco de la tela suelta el espíritu a sentir y ve que vuela. Yo soy capaz de algo especial por verte así con tu sonrisa de temblor llegando aquí. Deja la luz del sol abierta para mí. No vayas a cerrar los ojos cuando hagamos el amor piensa que es tarde para vivir del ayer. No te acostumbres con las mañas tan cristianas del pudor entrega el beso y abre brazos al placer. Van a decir qué pornográfico sentir pero ellos mismos nos hicieron ser así. Mientras discuten ven y desabróchate hasta la vida. Sí, desabróchate la vida, no te me dejes nada encima.

Nunca ha creído que alguien me odia (1972) Nunca he creído que alguien me odia aunque me hayan querido matar. Tras mis asesinos se esconde otra fuerza que si es mi enemiga mortal. Todos los tipos de muerte hacen cola ante mi puerta, esperando su hora.


El instrumento es quien cambia de rostro, pero yo sé que hay un único odio. Sé que todas las palabras con que le canto a la vida vienen con muerte también. Sé que el pasado me odia y que no va a perdonarme mi amor con el porvenir. Por eso manda verdugos con todos los uniformes. Mi asesino es el pasado, aunque con mano de hombre. Siempre que un hombre le pega a otro hombre no es al cuerpo al que le quiere dar: dentro del puño va el odio a una idea que lo agrede, que lo hace cambiar. Cuando lo quieto se siente movido todo cambia de sentido. Y en la medida en que todo acelera sigue cambiando la esfera. Siempre tendré un enemigo con el semblante arrugado y más cansado que yo. El que al largo de su sombra quiera cortar la medida de cada revolución. Y ya se dijo que es más grande que el más grande de nosotros. Y ya se dijo que se hace para otros.

Oda a mi generación (1970) A los 27 días de mayo del año 70 un hombre se sube sobre sus derrotas, pide la palabra momentos antes de volverse loco. No es un hombre, es un malabarista de una generación. No es un hombre, es quizás un objeto de la diversión; un juguete común de la historia con un monograma que dice bufón. Ese hombre soy yo. Pero debo decir que me tocó nacer en el pasado y que no volveré.


Es por eso que un día me vi en el presente, con un pie allá donde vive la muerte y otro pie suspendido en el aire, buscando lugar, reclamando tierra del futuro para descansar. Así estamos yo y mis hermanos, con un precipicio en el equilibrio y con ojos de vidrio. Ahora quiero hablar de poetas, de poetas muertos y poetas vivos, de tantos muchachos hijos de esta fiesta y de la tortura de ser ellos mismos. Porque hay que decir que hay quien muere sobre su papel, pues vivirle a la vida su talla tiene que doler. Nuestra vida es tan alta —tan alta— que para tocarla casi hay que morir, para luego vivir. Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento pues no tengo culpa, pero hubiera querido poderme jugar toda la muerte allá, en el pasado, o toda la vida en el porvenir que no puedo alcanzar. Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar. Sé que hay que seguir navegando. Sigan exigiéndome cada vez más, hasta poder seguir o reventar.

Oh, bienvenido seas, Octubre Octubre, Octubre había llegado como llega siempre, mojando la acera de lluvia delgada y paciente. Cargando de sombra las nubes que llevaban prisa, poniéndole un tono salobre al sabor de la brisa. Octubre terrible del ‘62, llegaste derecho a parar el reloj. Y no reparaste en que en esta región tutear a la muerte era ya tradición. Y Octubre se marchó por donde mismo entró. Fueron los tiempos duros para el amor. Fueron tiempos de estrellas y soledad. Como un adolescente que abandona la casa paternal y descubre que tiene todo el poder de su verdad.


Fueron los tiempos duros de la amistad, y aprenderlo bien caro nos costó. Pero mucho aprendemos o no, hoy por hoy cuando resbala algún antifaz que deja ver el rostro de la ambición, de la ambición. Octubre, de nuevo nos muestra su rostro de cuarto menguante. Pero en esta fecha se siente un calor sofocante. Se siente que se ha envejecido destruyendo mitos, cambiando mil nuevos ciclones por nuevos amigos. Ahorita llegamos al ‘72 y cumple diez años aquella lección que se une a mil nuevas carencias de dios que a veces dan risa y a veces dan tos. Oh, bienvenidos seas Octubre de mi amor.

Oye (1967) Oye, tu recuerdo me ha parado en seco en la tarde de ayer, de nuevo, con su noche de negro toda y al lado de unas tristes olas. Oye, tu recuerdo me ha llamado hoy tanto en la blanca mañana, y cuánto siento que no te viera ahora, si ayer te vi pasar tan sola. Quisiera verte y no pensarte, pero es que temo tantas cosas. ¿Sabrás acaso darme más que tu cara hermosa? ¿Podré contigo compartirme? ¿Podré entregarme y dividirme en miles de impresiones, o vendrás a aburrirme? Oye, pensamiento que apenas conozco,


te pregunto si yo respondo a un sublime y ligero gusto, o si lo que yo lloro es justo. Quisiera verte y no pensarte pero es que temo tantas cosas: ¿Sabrás acaso darme más que tu cara hermosa? ¿Podré contigo compartirme? ¿Podré entregarme y dividirme en miles de impresiones, o vendrás a aburrirme? Oye, dime.

Palabras (1970) Cuando se ande descalzo paso a paso de viento, cuando venga del polvo la ciudad destruida, que alguien cante una estrofa a las manos de un muerto, que alguien diga algún verso a su espacio de vida. Puede ser que sus restos no se distingan en la ciudad, que la perfección de la piedra no luzca piel. Puede ser que su sangre no mueva una astronave; puede ser que sus huesos no sirvan para torres; puede ser que una estrella brille más que su voz. Ha pasado que el llanto se convierte en palabras; ha pasado que un hombre se convierte en palabras, palabras, palabras, palabras a granel. Cuando la muerte sea inalcanzable y rara, cuando un mohoso grillete repose en la vitrina, que se dé a cada hijo una flor y una bala, que se sepa que el mundo va sembrado de vidas. Se sabrá que este ir y venir de piedras no se quedó, que una lluvia lejana fue a mojar la ciudad. Fijaremos con clavos las ventanas, los sueños, los pedazos de tierra, la limpieza y el lodo, las guitarras, las sillas, las piedras y el amor. Porque ha pasado que historia se convierte en palabras; ha pasado que el mundo se convierte en palabras; ha pasado que todo se convierte en palabras, palabras, palabras, palabras a granel.


Pequeña serenata diurna (1974) Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre en esta tierra, en este instante, y soy feliz porque soy gigante. Amo una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual. Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que, poco a poco, muelo y rehago habitando el tiempo, como le cuadra a un hombre despierto. Soy feliz, soy un hombre feliz, y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad.

Playa Girón (1969, Atlántico) Compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos sucesos en la poesía, quisiera preguntar —me urge—, qué tipo de adjetivo se debe usar para hacer la canción de este barco sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto, si debo usar palabras como Flota Cubana de Pesca y Playa Girón. Compañeros de música, tomando en cuenta esas politonales y audaces canciones, quisiera preguntar —me urge—, qué tipo de armonía se debe usar para hacer la canción de este barco con hombres de poca niñez, hombres y solamente hombres sobre cubierta,


hombres negros y rojos y azules, los hombres que pueblan el Playa Girón. Compañeros de Historia, tomando en cuenta lo implacable que debe ser la verdad, quisiera preguntar —me urge tanto—, qué debiera decir, qué fronteras debo respetar. Si alguien roba comida y después da la vida ¿qué hacer? ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades? ¿Hasta dónde sabemos? Que escriban, pues, la historia, su historia, los hombres del Playa Girón.

Quédate (1967) Cuando este sol se apague, tú partirás de mí. Seguiré solo, con mi dolor y llanto y llanto. Mi convicción es no querer ya nunca más, porque la misma historia es otra vez y otra vez, y otra vez, y otra vez. Quédate, quédate para poder vivir sin llanto, sin llanto. Cuando me desengañe no sé si viviré, porque es muy triste tener tan sólo llanto y llanto, y mil renuncias en el corazón que implora que alguna vez alguien se quede y llora. Quédate, quédate para poder vivir sin llanto, sin llanto. Mi convicción es no querer ya nunca más, porque la misma historia es otra vez y otra vez, y otra vez, y otra vez. Quédate, quédate para poder vivir sin llanto, sin llanto.


¿Qué hago ahora? (1969) —Dónde pongo lo hallado— Dónde pongo lo hallado en las calles, los libros, las noches, los rostros en que te he buscado. Dónde pongo lo hallado en la tierra, en tu nombre, en la Biblia, en el día que al fin te he encontrado. Qué le digo a la muerte, tantas veces llamada a mi lado que al cabo se ha vuelto mi hermana. Qué le digo a la gloria vacía de estar solo haciéndome el triste, haciéndome el lobo. Qué le digo a los perros que se iban conmigo en noches perdidas de estar sin amigos. Qué le digo a la luna que creí compañera de noches y noches sin ser verdadera. Qué hago ahora contigo. Las palomas que van a dormir a los parques ya no hablan conmigo. Qué hago ahora contigo. Ahora que eres la luna, los perros, las noches, todos los amigos.

Qué sé yo (2002) —nana— No soy otra cosa que uno del montón que un día desconfió del rebaño. Soy carne de todo y esta condición no admite el más mínimo engaño. Me azotan los vientos, me bate la mar y danzo si tiemblan los suelos. Pero mi garganta no sabe cantar si mi corazón no alza vuelo. Para eso no hay alas ni globo ni avión. Para eso sólo hay el amor. Para eso no hay oro, París, Nueva York. Para eso sólo hay el amor. Para eso no hay mando, para eso no hay dios. Para eso sólo hay el amor. Pudiera ser... o acaso ser... No sé... Puede ser... Qué sé yo.


Qué se puede hacer con el amor (1969) Qué se puede hacer con el amor, qué se puede hacer si es cosa de él. Qué se puede hacer si siempre el cariño nos sale tan bien. La Habana, día de un año. En la esquina está esperando casi una niña. Por la cintura acorta las faldas ¯que ya eran cortas para sus padres¯, espera a un muchacho de secundaria ¯en casa no dejan que vea a nadie¯. Y así dan cuenta de un buen amor, de un sólo amor, porque Qué se puede hacer con el amor, qué se puede hacer si es cosa de él. Qué se puede hacer si siempre el cariño nos sale tan bien. España, día de un año, en mañana de domingo. Tras los sermones, en el fondo de la iglesia, tras escuchar lo que es el pecado, los dos amantes se echan a un lado y sólo siguen sus corazones. Y así dan cuenta de un buen amor, de un sólo amor, porque Qué se puede hacer con el amor, qué se puede hacer si es cosa de él. Qué se puede hacer si siempre el cariño nos sale tan bien. El mundo, día de un año. Cuántos amantes se dan la mano sin ver distancias ni cercas ni mares ni largos años. Frente a los prejuicios se ven hermosos. Y dicen que al fin nunca llegan tarde para que un amor los haga dichosos. Y así dan cuenta de un buen amor, de un sólo amor, porque Qué se puede hacer con el amor,


qué se puede hacer si es cosa de él. Qué se puede hacer si siempre el cariño nos sale tan bien.

Que ya viví, que te vas (1976) Dejé pasar unas horas por si se huía tu sueño. Durmiendo la veladora tu tiempo se entró en mi tiempo y, en fin, la guitarra sola gira contigo en el centro. Creo que la luna ya es muy alta y en la caricia falta un viaje a la humedad. Creo que de noche me despierto con frío, al descubierto, tanteando oscuridad. Creo que la lluvia está cayendo y no voy sonriendo, dejándome mojar. Creo que me va a quitar el sueño un dedo aquí, un labio allá —que te perdí, que ya no estás que ya viví, que te vas—.

Dejé pasar algunas horas, pupila veladora, por si me daba igual. Tu tiempo se metió en mi tiempo: momentos y momentos que no quieren pasar. Y he aquí que la guitarra vuelve a soltar amarras, canta y gime al volar. Creo que me va a quitar el sueño un dedo aquí, un labio allá —que te perdí, que ya no estás, que ya viví, que te vas—.

Réquiem (1984) Disfruté tanto tanto cada parte y gocé tanto tanto cada todo, que me duele algo menos cuando partes, porque aquí te me quedas de algún modo. Ojalá nunca sepas cuánto amaba descubrirte los trillos de la entrega y el secreto esplendor con que esperaba


tu reclamo de amor que ya no llega. Anda, corre donde debas ir. Anda, que te espera el porvenir. Vuela, que los cisnes están vivos. Mi canto está conmigo. No tengo soledad. Si uno fuera a llorar cuanto termina, no alcanzaran las lágrimas a tanto. Nuestras horas de amor, casi divinas, es mejor despedirlas con un canto. Anda, corre donde debas ir. Anda, que te espera el porvenir. Vuela, que los cisnes están vivos. Mi canto está conmigo. No tengo soledad.

Resumen de noticias (1970, Atlántico) He estado al alcance de todos los bolsillos, porque no cuesta nada mirarse para dentro. He estado al alcance de todas las manos que han querido tocar mi mano amigamente. Pero, pobre de mí, no he estado con los presos de su propia cabeza acomodada. No he estado en los que ríen con sólo media risa, los delimitadores de las primaveras. No he estado en los archivos ni en las papelerías y se me archiva en copias y no en originales. No he estado en los mercados grandes de la palabra, pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente. No he estado enumerando las manchas en el sol, pues sé que en una sola mancha cabe el mundo. He procurado ser un gran mortificado, para si mortifico no vayan a acusarme. Aunque se dice que me sobran enemigos, todo el mundo me escucha bien quedo cuando canto. Yo he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado. He preferido el polvo así, sencillamente, pues la palabra amor aún me suena a hueco. He preferido un golpe así, de vez en cuando, porque la inmunidad me carcome los huesos. Agradezco la participación de todos los que colaboraron con esta melodía. Se debe subrayar la importante tarea


de los perseguidores de cualquier nacimiento. Si alguien que me escucha se viera retratado, sépase que se hace con ese destino. Cualquier reclamación, que sea sin membrete. Buenas noches, amigos y enemigos.

Santiago de Chile (1973) Allí amé a una mujer terrible, llorando por el humo siempre eterno de aquella ciudad acorralada por símbolos de invierno. Allí aprendí a quitar con piel el frío y a echar luego mi cuerpo a la llovizna, en manos de la niebla dura y blanca, en calles del enigma. Eso no está muerto: no me lo mataron ni con la distancia ni con el vil soldado. Allí, entre los cerros, tuve amigos que entre bombas de humo eran hermanos. Allí yo tuve más de cuatro cosas que siempre he deseado. Allí nuestra canción se hizo pequeña entre la multitud desesperada: un poderoso canto de la tierra era quien más cantaba. Eso no está muerto: no me lo mataron ni con la distancia ni con el vil soldado. Hasta allí me siguió, como una sombra, el rostro del que ya no se veía. Y en el oído me susurró la muerte que ya aparecería. Allí yo tuve un odio, una vergüenza, niños mendigos de la madrugada. Y el deseo de cambiar cada cuerda por un saco de balas. Eso no está muerto: no me lo mataron ni con la distancia ni con el vil soldado.


Saudade La otra noche me seguía ávida de celos la ansiedad, y pensé que en esta vida no hay querer sincero, sin maldad. Oye, mi amor —te dije— tú sabrás, si dejas de querer me matarás. Si tu pasión mermase qué infeliz sería al no tenerte nunca más. Y muy solo me perdí en la niebla, entre la dormida ciudad. Y pensé que me querías y que no te irías nunca más. Oye, mi amor —me dije— ya no sé qué pienso, ya no tengo nunca paz. Si tu querer me cuesta esta agonía, vete: moriré en la soledad.

Sólo el amor (1978) Sólo el amor engendra melodías. JOSÉ MARTÍ Debes amar la arcilla que va en tus manos. Debes amar su arena hasta la locura. Y si no, no la emprendas, que será en vano: sólo el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro. Debes amar el tiempo de los intentos. Debes amar la hora que nunca brilla. Y si no, no pretendas tocar lo cierto: sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerto.

Sueño con serpientes (1974) Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. BERTOLD BRECHT


Sueño con serpientes, con serpientes de mar, con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo. Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan lo que puedan arrebatarle al amor. Oh, la mato y aparece una mayor. Oh, con mucho más infierno en digestión. No quepo en su boca. Me trata de tragar pero se atora con un trébol de mi sien. Creo que está loca. Le doy de masticar una paloma y la enveneno de mi bien. Oh, la mato y aparece una mayor. Oh, con mucho más infierno en digestión. Esta al fin me engulle. Y mientras por su esófago paseo, voy pensando en qué vendrá. Pero se destruye cuando llego a su estómago y planteo con un verso una verdad. Oh, la mato y aparece una mayor. Oh, con mucho más infierno en digestión.

Supón (1980) al Santi Feliú Supón que en un trabajo productivo te encuentro en tu pañuelo singular y luego de ese instante decisivo supón que no te dejo de mirar. Supón que tanto tu fulgor persigo que aplasto un surco y tengo mi sermón, que corto un fruto tierno, que me olvido de mi sombrero bienhechor y no reparo en el calor de la hora en que se prende el sol. Supón que agua al fin te pido y supón que ya eres mi canción. Supón que me presento como amigo y te pregunto nombre y profesión, que miro al suelo y digo que ha llovido u otro comentario sin razón. Supón que me has mirado comprensiva pero no tienes nada que agregar. Supón que entonces hablo de la vida como queriendo aparentar que tengo mucho que contar, que soy un tipo original. Supón que ríes divertida


y supón que ya eres mi canción. Supón que hay una tarde para el cine y que he llegado una hora después, porque la ruta extraña en la que vine no era para acá sino al revés. Supón que la pantalla te ilumina, que rompe y que sujeta tu perfil. Supón tu mano un ave recogida y un cazador sin más fusil que un dedo tímido va a abrir el sí o el no del porvenir. Supón que no eres sorprendida y supón que ya eres mi canción. Supón que la fortuna es nuestra amiga y que de tres a cinco puede ser. Tu padre parte, fumo yo en la esquina. La puerta, contraseña y tú, mujer. Supón que entro y que nos abrazamos. Supón que todo está por abordar. Es la primera vez que nos amamos. Pero supón que hablo sin parar, supón que el tiempo viene y va, supón que sigo original. Supón que no nos desnudamos y supón que ya eres mi canción.

Te conozco (1984) De niño te conocí entre mis sueños queridos. Por eso cuando te vi reconocí mi destino. Cuando pensaba que ya no iba a ser lo que soñara, de pronto vino. Tanto que yo te busqué y tanto que no te hallaba, que al cabo me acostumbré a andar con tanto de nada. Cuánto nos puede curar el amor. Cuánto renace de tu mirada. Te conozco, te conozco desde siempre, desde lejos. Te conozco, te conozco como a un sueño bueno y viejo. Es por eso que te toco y te conozco. El lago parece mar, el viento sirve de abrigo:


todo se vuelve a inventar si lo comparto contigo. La única prisa es la del corazón. La única ofensa, tener testigos. Te conozco, te conozco desde siempre, desde lejos. Te conozco, te conozco como a un sueño bueno y viejo. Es por eso que te toco y te conozco.

Te doy una canción (1970) Cómo gasto papeles recordándote, cómo me haces hablar en el silencio. Cómo no te me quitas de las ganas aunque nadie me ve nunca contigo. Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años sin pasar tú por mí, detenida. Te doy una canción si abro una puerta y de las sombras sales tú. Te doy una canción de madrugada, cuando más quiero tu luz. Te doy una canción cuando apareces el misterio del amor. Y si no lo apareces, no me importa: yo te doy una canción. Si miro un poco afuera, me detengo: la ciudad se derrumba y yo cantando. La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga. Creen que lo digo todo, que me juego la vida, porque no te conocen ni te sienten. Te doy una canción y hago un discurso sobre mi derecho a hablar. Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar. Te doy una canción y digo Patria, y sigo hablando para ti. Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla: como doy el amor.

Tocando fondo (1994) Tocando fondo nací un buen día, tocando fondo ando todavía.


Menos hermoso que como fuera, menos odioso que de otra manera. Me declaro imperfecto pateando la sombrilla. Prefiero ser abierto a pasearme anunciando que soy la maravilla. Me publico completo, me detesto probable. Si uno no se desnuda se transfigura en reto todo lo desnudable. Tocando fondo, como ir cantando, es algo hondo que no anda esperando. No tocar duro nuestras verdades levanta muros, pudre capitales. Quizás sea inoportuno o acaso delirante. Soy de tantas maneras como gente pretenda nomás calificarme. Asumirse los fuegos es no dictaminarse. Me publico completo, me espero mejorable desde mi parlamento de guitarra sonante. Tocando fondo nací un buen día. Tocando fondo ando todavía.

Tu fantasma (1983) Me decido a tararearte todo lo que se te extraña desde el siglo en que partiste hasta el largo día de hoy. Me acompaño de guitarra porque yo no sé de cartas y, además, ya tú conoces que ella va donde yo voy.


Lo único que me consuela es que uso dos almohadas y que ya no me torturo cuando te hago trasnochar. Otro alivio es que, en su árbol, los pajaritos del alba siguen ensayando el coro con que te bienvenirán. El teléfono persiste en coleccionar absurdos, embromarme sigue siendo un deporte universal. Y la puerta está comida donde la ha golpeado el mundo —cuando menos una buena parte de la humanidad—. El cine de enamorados tuvo un par de buenas vistas, nuestro cabaret privado sigue activo por su bar. Se nos sigue desangrando la llave de la cocina y yo sigo sin canciones, habiendo necesidad. Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan, pero donde quiera que ando todo me conduce a ti. Especialmente la casa me resulta insoportable cuando desde sus rincones te abalanzas sobre mí. No exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma, que le solicito agua y hasta el buche de café. En días graves le he pedido masajes para mi espalda (los peores ni te cuento, porque no vas a creer). Hay días que en tu sacrificio acaricio tu fantasma, pero donde iba el delirio no oigo tu respiración. Siempre termino en lo mismo: asesino tu fantasma y la diana me sorprende recostado en el balcón. Ya no sé si lo que digo realmente nos hace falta. Hoy no es día inteligente y no sé ir más allá. Pero, cuando puedas, vuelve, porque acecha tu fantasma jugando a las escondidas y yo estoy muy viejo ya.

Tu imagen (1978, New York) Tu imagen me llegó a las seis menos diez y no pude dormir ni un instante después. Te confundías con mis sábanas, te me enredabas en la sien. Lucías tan real que casi fui feliz. Pero a las seis y diez me comprendí sin ti. Eran mis solitarias sábanas y una habitual mañana gris. Y tú eras mi viento, mas no a favor. Eras mi barca en el pedregal,


eras mi puerta sin tirador, eras mi beso buscando hogar. Y tú eras un parto de antigüedad, maña de un diablo despertador. Eras espuma de soledad, carne con llagas de desamor. Y así fuiste la otra mitad de amanecer que no alumbró jamás.

Un hombre se levanta (1971)* (Antesala de un Tupamaro) Un hombre se levanta temprano en la mañana, se pone la camisa y sale a la ventana. Puede estar seco el día, puede haber lluvia o viento, pero el paisaje real —la gente y su dolor— no lo pueden tapar ni la lluvia ni el sol. Una vez descubierta esta verdad sencilla, o se sube a la calle o se baja a la silla. O se ama para siempre o ya se pierde todo: se deja de jugar, se deja de mentir, se aprende que matar es ansia de vivir. Un hombre se levanta y sale a la ventana y lo que ve decide la próxima mañana. Un hombre simplemente sale a mirar el día y se deja quemar por ese resplandor, y decide salir a perseguir el sol. * Canción para el serial televisivo Los Comandos del Silencio, de Eduardo Moya.


Vamos a andar (1978) Vamos a andar en verso y vida tintos levantando el recinto del pan y la verdad Vamos a andar matando al egoísmo para que por lo mismo reviva la amistad Vamos a andar hundiendo al poderoso alzando al perezoso sumando a los demás Vamos a andar con todas las banderas trenzadas de manera que no haya soledad Vamos a andar para llegar a la vida.

Variaciones sobre un viejo tema (1969) A Eduardo Castañeda, en memoria ¿Dónde se es feliz que no haya un río arrastrando piedras y señales? ¿Dónde hay un retrato que lleve puesta la figura de toda la vida? ¿Dónde el suicidio quedó inutilizado? ¿Dónde se ahogan todas las encrucijadas? ¿Dónde termina una canción inquisitoria? ¿Dónde hay amigos de los cuerpos, finalmente? Venga el futuro, venga la muerte en optimismo para aquellos que yo sé que, como yo, nacieron para navegar. ¿Qué cosa decir y hacernos buenos cuando terminemos de soñarnos? ¿Con qué ortografía se escribe la canción que abre las siete puertas? ¿Con cuál disparo correremos jardines, llenos de humilde sensación de maravilla?


¿Con cuántas lámparas de aceite alumbraremos el nacimiento de ese gran desconocido? Venga el futuro como el gran descubrimiento de la ciudad que guarda sueños y habitantes. Tendremos niños en los ojos y, al percibir la vida, tendremos sangre en las uñas. Pues ¿cómo ser feliz sin dejar una huella?

Venga la esperanza (1989) Dice que se empina y que no alcanza, que sólo ha llegado hasta el dolor. Dice que ha perdido la buena esperanza y se refugia en la piedad de la ilusión. Sé de las entrañas de su queja porque padecí la decepción: fue una noche larga que el tiempo despeja, mientras suena en mi memoria esta canción: Venga la esperanza, venga sol a mí. Lárguese la escarcha, vuele el colibrí. Hínchese la vela, ruja el motor, que sin esperanza dónde va el amor. Cuando niño yo saqué la cuenta de mi edad por el año dos mil (el dos mil sonaba como puerta abierta a maravillas que silbaba el porvenir). Pero ahora que se acerca saco en cuenta que de nuevo tengo que esperar, que las maravillas vendrán algo lentas porque el mundo tiene aún muy corta edad. Venga la esperanza, pase por aquí. Venga de cuarenta, venga de dos mil. Venga la esperanza de cualquier color: verde, roja o negra, pero con amor.


Vietnam Yo vivo de tu matanza yo sueño de tu agonía yo canto de tu sudor. Mi niña duerme tranquila porque le robo la vida a más de un retoño en flor. Tu flauta es aire que respiro tu búfalo es mi convivir tus arrozales mi camino y tu bambú mi porvenir. Ya nadie se pertenece ya nada es de nadie nunca ya no hay lugar a mentir porque tu sangre es el cielo la luz del sol y el lucero por quien se debe vivir.

Viet Nam, arte poética Quien me haya escuchado sabe que ando preocupado por el verso que madura en su estación. Que aunque no soy quiero al menos el simplismo panfletario en el cantar. Pero llega el día en que la urgencia no da opción y nos expone desvestida la razón. Porque llega el día en que la realidad destupe y como borbotón escupe la razón. Poetizar, poetizar, ahora es poner junto a Viet Nam clara la acción. Movilizar, movilizar, es la obra cumbre, el arte de hoy, la perfección, la perfección. Da vergüenza acariciar al hijo, hacer amor, tener domingo, disfrutar de ver llover. Da vergüenza tanto hogar seguro, tanto plan para el futuro, tanta bien colmada sed. Da vergüenza arreglarse los dientes, tener carro, hogar caliente, ropa limpia, perro fiel. Da vergüenza cuanto bueno sume


mientras en Viet Nam se asume un tanto más de nuestra miel. Poetizar, poetizar, ahora es poner junto a Viet Nam clara la acción. Movilizar, movilizar, es la obra cumbre, el arte de hoy, la perfección, la perfección. Dos mil largos años renaciendo desde que uno u otro dueño improvisando en la ambición llegó treintaitantos años fuego puro por hacer de tu futuro el valle hermoso que el tío Ho soñó. Creo que ya resulta una vergüenza permitir que la inconsciencia y la traición puedan seguir. Creo que todos somos responsables, el que haga o el que hable de que al fin puedan vivir. Poetizar, poetizar, ahora es poner junto a Viet Nam clara la acción. Movilizar, movilizar, es la obra cumbre, el arte de hoy, la perfección, la perfección.

Viven muy felices Viven muy felices, no digo yo, los que repiten la lección como aprendices, los que no buscan más allá de sus narices. Viven muy felices, no digo yo, los que repiten un camino sin razones y ven la audacia como historias de canciones. Viven muy felices, no digo yo. Qué fácil es seguir caminos ya caminados por otros pies, pues no habrá un hoyo no avisado donde te puedas caer sin ver. Y qué difícil ser tan joven que no te baste lo que pasó y preferir buscar caminos, nuevos destinos para la voz. Viven muy felices, no digo yo, los que no arriesgan su canción con lo que dicen, los que mañana no serán ya ni raíces.


Viven muy felices, no digo yo.

Voy a cantarle al porvenir De una esmeralda del mar tengo una historia. No es muy completa: aún no se ha terminado. Yo no la escribo: la escriben muchos hombres. Yo estoy con tiempo para hacerla con sus nombres. Voy a cantarle al porvenir, y como es al porvenir voy a decirle la verdad sin vacilar. Diré que fuimos lo normal; piel y cerebro para andar, que no tuvimos nada más para avanzar. Y un hombre quisimos mejor y costó mucho echarlo a andar, mucho sudor, mucha ansiedad. No voy a darle nombre al sol, pero diré que batallar con todo el tiempo alrededor fue del caray. Hicimos cosas sin parar, pues la palabra hay que ganar para opinar de todo bien o criticar. Unos hacían porque sí, otros por miedo de que no, pero «hasta Roma» se llegó. Voy a cantarle al porvenir: voy a vivir.

Y anoche (1966) Anoche dormí intranquilo yo. Anoche no estabas cerca, no. Anoche quise tenerte, quise besarte, soñé contigo donde estés y me dormí después. La noche está llegando. Dime, amor, hasta cuándo añoraré tu calor perdido.


Y nada más (1966) Esta extraña tarde, desde mi ventana, trae la brisa vieja de por la mañana. No hay nada aquí: sólo unos días que se aprestan a pasar, sólo una tarde en que se puede respirar un diminuto instante inmenso en el vivir. Después mirar la realidad y nada más. Y nada más. Ahora me parece que hubiera vivido un caudal de siglos por viejos caminos. No hay nada aquí: sólo unos días que se aprestan a pasar, sólo una tarde en que se puede respirar un diminuto instante inmenso en el vivir. Después mirar la realidad y nada más. Y nada más.

Yo digo que las estrellas (1973) Yo digo que las estrellas le dan gracias a la noche, porque encima de otro coche no pueden lucir tan bellas. Y digo que es culpa de ella —de la noche— el universo, cual son culpables los versos de que haya noche y estrellas. Yo digo que no hay quien crezca más allá de lo que vale —y el tonto que no lo sabe es el que en zancos se arresta—. Y digo que el que se presta para peón del veneno es doble tonto, y no quiero ser bailarín de su fiesta. Yo digo que no hay talante más claro que el ir desnudo, pues cuando se tiene escudo luego se quieren los guantes.


Y al que diga que me aguante debajo de una sotana, le encajo una caravana de sentimientos gigantes. Yo digo que no hay más canto que el que sale de la selva y que será el que lo entienda fruto del árbol más alto. Y digo que cuesta tanto y que hay que cruzar la tundra, pero al final la penumbra se hace arcoiris del canto.

Yo soy como soy (1984) A veces siento deseos de amor y a menudo no puedo beber. Para esa hora busqué una canción con la que me entretengo la sed. Tiene delirios de la tradición y otras hierbas que suelo rumiar. Ya te la voy a cantar: Yo soy como soy y a casi todo el mundo le pedí prestado. Yo soy como soy y a casi todo el mundo yo le tiendo mano. Dime qué pena te puedo curar, yo quisiera también ser doctor. Sólo deseo que para tu mal tenga alivio mi vieja canción. Lo que te doy de mortal a mortal se desprende gustoso de mí. El resto espera por ti. Yo soy como soy y a casi todo el mundo le pedí prestado. Yo soy como soy y a casi todo el mundo yo le tiendo mano. Sé que hay dolores que no curará ni la más esmerada canción. En todo caso te invito a llenar de optimismo ese buen corazón. Vale la pena dejar de llorar y hacer cita con el porvenir. Vale la pena vivir. Yo soy como soy y a casi todo el mundo le pedí prestado.


Yo soy como soy y a casi todo el mundo yo le tiendo mano.

Yo te invito a caminar conmigo Yo voy a amarte sin palabras, sin una coma, sin puntuación. Quiero sumarte a mi bandada de cuervos muertos, sin hilación, y hacer historia con mis actos llenos, y repetir la misma escena luego, para poder decir mañana: no fui malo ni fui bueno. Estoy en deuda con lo nuevo, con la verdad, con la aventura y el placer. Siento una rabia que me enfermo cuando me dicen lo que debo hacer. Con el oportunismo tengo un duelo, con las cabezas como el hierro viejo, y sin embargo estoy amando y abro un trillo sobre el fango. Quisiera ahora desgajar mi larga rama de palabras y echarlas todas a volar sobre las almas de las almas. Y que estallen y que muerdan y que sus semillas prendan y que todo sea mejor. Yo voy a amarte como a un puerto y como a un disco volador. Sólo podrás cantar conmigo, pues no sé hacer algo mejor. Pero recuerda que yo odio y quiero, que tengo un prisma de colores nuevos, y que me iré a soñar el trueno de un país desconocido. Yo te invito a caminar conmigo. Aunque siempre sea un perseguido yo te invito a caminar conmigo.


Bibliografía

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abril

3. Silvio, el eterno trovador. http://www.ece.orst.edu/~dortiz/Silvio.html.

La

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De

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4. Silvio Rodríguez. La culpa será de Estados Unidos. En-trevista, Revista La Bicicleta, no. 51, 3 de julio de 1984, Chile. 5. http://www.ece.orst.edu/~dortiz/Silvio.html. 6. En el principio no había nueva trova. Extracto de entre-vista a Silvio, La Habana, Cuba, 1980. 7. http://www.granavenida.com/palabraprecisa/Entre-vistas.htm. 8. Yo sé que hay gente que no me quiere. Entrevista, en La Gaceta de Cuba, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, nov-dic 1993.


9. Silvio Rodríguez: un arquero con expresión legendaria. Revista Catálogo, no. 5, EGREM. 10. Entrevista que le hizo un periodista boliviano a Silvio, aparecida en el suplemento «Clave» del periódico Presencia del 12 de abril de 1997. http://www.ece.orst.edu/~dortiz/Silvio.html. 11. Entrevista en diario La Tercera, http://www.ece.orst.edu/~dortiz/Silvio.html.

22

12. Silvio por él mismo. Entrevista en La http://komunika.net/silvio/entrevistas/entre-vistas04.hmtl.

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13. La angustia es el precio de ser uno mismo. Entrevista a Silvio Rodríguez, en: La Gaceta de Cuba, no. 4, jul-ag 1998, año 36, UNEAC. 14. Soy un arraigado impenitente. Entrevista, en: Habanera 3/97, Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, julio-sept, Ciudad de La Habana, Cuba.

Índice

Premiar la poesía/ 7

Silvio poeta/ 13 Las canciones/ 75

Bibliografía/ 185


Silvio Poeta