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Heinlein -que, por lo demás, se ha contentado con soñar este lenguaje que el solo hecho de aprender el “rapipalabra”, y de estar en condiciones de entenderlo sin equivocarse, demostraría que uno pertenece ya al homo novis que ha de suceder al homo sapiens. Sin embargo, se aferra con extraordinario tesón a este sueño, y sus ideas han estimulado a ciertos medios científicos, como el grupo de estudios del Loglan o Lenguaje Lógico. Este lenguaje, menos revolucionario que el de Heinlein, no prescinde de las raíces latina y anglosajonas; pero tiende, en su construcción, a eliminar el mayor número posible de paradojas. Saltos en lo imaginario o trabajos de aproximación, su ambición es grande y bella: un lenguaje nuevo crearía un hombre nuevo. Observamos, aquí, un eco del sueño cabalista: la restauración de la palabra perdida volvería al hombre a su estado divino. Aparece, una vez más, el concepto sagrado del Verbo creador del Ser. Esta preocupación tradicional coincide, por otra parte, con las preocupaciones más inmediatas del saber. En su lección inaugural del curso de Biología molecular del Collège de Franco, de 1967, Jacques Monod, premio Nobel, declaró: «La aparición del lenguaje precedió, tal vez muy lejanamente, a la emergencia del sistema nervioso central propio de la especie humana, y contribuyó de hecho, y de manera decisiva, a la selección de las variantes más aptas para utilizar todos sus recursos. En otras palabras, sería el lenguaje el que habría creado el hombre, más que el hombre el lenguaje.» De una lengua nueva, propia para activar las funciones superiores de la mente, pasamos, con el lógico Freudenthal, a un lenguaje susceptible de alcanzar la Inteligencia en el espacio galáctico. Avalado por la presencia de maestros de la lógica matemática como Brouwer, Beth y Heyting, en la serie de monografías Studies in Logic and the Foundations of Mathematics donde apareció su obra el profesor Freudenthal publicó, en 1960, su primer libro sobre el Lincos: Design of a Language tor Cosmic Intercourse. El Lincos de Freudenthal tiene, efectivamente, por objeto la comunicación con el Cosmos, e implica una estructura fundamental de la inteligencia, que sería universal, con independencia de lo que sirviese de apoyo a esta inteligencia en las lejanas estrellas. Su tentativa recuerda la ambición de Lovecraft: crear un mito «que sea comprensible, incluso para los cerebros vaporosos de las nebulosas espirales». El lógico holandés trata de establecer un sistema de señales-radio que, a través de la noche cósmica y por medio de las matemáticas, fuese capaz de describir a la Inteligencia nuestro mundo, bajo tres

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto