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se trata aquí de hacer que se manifieste, dotándola de una expresión que no actúe de freno. Todos nuestros lenguajes son sistemas embarazosos. Tal es la primera observación de Heinlein. La mente pierde una gran parte de su sustancia al rozar con las palabras. Toda expresión es, en pequeña parte, mensaje de la inteligencia, y, en su mayor parte, efecto de la lucha de ésta contra los obstáculos. Heinlein imagina, pues, un vocabulario-música, reducido, pero rápido y sutil: acentos y vocales que multiplican el número relativamente limitado de sonidos que puede emitir la garganta humana; algo como una composición musical partiendo de las siete notas. Este lenguaje, al que bautiza con el nombre de «rapipalabra» (speedtalk), permitiría, al expresarnos más de prisa, pensar con mayor rapidez, y, en definitiva, vivir mas, es decir, aumentar nuestro tiempo consciente. De un cuatrocientos a un ochocientos por ciento, dice. Una diferencia más grande que la existente entre el lector corriente y el lector prodigio, tipo Bergier. Este. lenguaje podría ser cómodamente registrado por máquinas electrónicas, que imprimirían los signos dictados con aquella aceleración. Además, afirma Heinlein, la «rapipalabra» sería una lengua sin paradojas, ya que éstas nacen del conflicto que se produce entre la mente, infinitamente ágil, dúctil y capaz de actuar en varios planos, y las estructuras lineales y dualistas de nuestros modos de expresión escritos y hablados. Sería un lenguaje adaptado a la estructura real del mundo y del espíritu, que, tomarla de las matemáticas la velocidad y la ductilidad, y de la música su infinidad de modulaciones. Se puede -comparar el sueño de Heinlein --para mejor comprender su calidad- a los trabajos-de Benjamin Lee Whorf, químico cuyo violín de Ingres fue la lingüística y que descubrió una tribu india cuyo lenguaje está concebido en términos de relatividad y de quantas, más que de tiempo y de espacio: Esta lengua posee conjunciones que corresponden a un acontecimiento de espacio-tiempo. Así, una conjunción tendría tres modos, aplicada al acontecimiento hombre-barca. El modo de lo real, cuando el acontecimiento, un hombre en una barca, ha sido efectivamente observado. El modo del sueño, cuando el narrador ha vivido en sueños la situación. El modo de lo probable, cuando el narrador no ha visto el hecho, sino que se lo han contado, y éste tiene cierto grado de probabilidad. Se ha hecho a Heinlein la observación si modulaciones su lenguaje de modulaciones presupone un oído y unos instrumentos de transmisión perfectos. «Si yo no, tengo el oído de Mozart, me expongo a entender caracola cuando usted dice cosmonauta.» A lo cual responde

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