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puercos, no sea que las pisoteen y revolviéndose os destrocen.» Esta máxima es de Jesús, el maestro más grande de la enseñanza oral, que sólo una vez escribió en el suelo unas palabras que nadie leyó. ¿Es Stonehenge el monumento de una cultura superior, primordial y, por ello, independiente de todo vehículo visible, carente de signos gráficos de comunicación? La escritura podría representar una caída en el exoterismo, un producto secundario del lenguaje del conocimiento, un vehículo de enseñanzas accesorio para uso del común de los mortales. Sin embargo, la escritura visible fue necesaria para aquellas grandes obras. El profesor Glyn Daniel, en un artículo publicado en el Observer de setiembre de 1964, observó que el traslado de las enormes piedras de la región de Pembrokshire a la llanura de Salisbury debió plantear delicados problemas de logística, y que toda la operación debió efectuarse de acuerdo con planos, instrucciones escritas, órdenes y proyectos. Formuló la hipótesis de mapas y planos dibujados sobre pieles o tablillas de madera. Es asombroso que, salvo Glyn Daniel, ningún prehistoriador parece haberse planteado esta cuestión. Podríamos fundar otra hipótesis en los «quipus», o cuerdas anudadas que fueron descubiertas en el Perú y que, según se cree actualmente, servían para la transmisión de indicaciones numéricas. Unos nudos complejos pueden servir para representar números e ideas. Sabemos muy poco acerca de estas cuerdas anudadas, como tampoco de las «escalas de hechiceros» del sur de Italia o de sus semejantes de los Países Bajos, que, según la tradición mágica, servían para «anudar o desligar el viento». Si la escritura práctica de Stonehenge fue de este tipo, la tierra húmeda de Salisbury debió de destruir sus huellas desde hace miles de años. Por último, podemos imaginar una escritura que fuese demasiado pequeña o demasiado grande para ser percibida: algo parecido al micro-punto que empleamos para los mensajes secretos, o a signos inmensos trazados en el paisaje. ¿Una manera de saber hacer sin saber decir? ¿Encontraremos un día algún vestigio de la escritura perdida y nos remontaremos, gracias a ella, al gran lenguaje de los orígenes? Heródoto refiere un experimento de Psamético, rey de Egipto, que hizo criar a dos niños, desde su nacimiento, sin el menor contacto con lenguaje alguno. La primera palabra que pronunciaron estos niños fue «pan», en

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