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monumento, de una parte, y las características heterodoxas del fenómeno megalítico del que forma parte Stonehenge, de otra, resultan sumamente embarazosos para los prehistoriadores. Por consiguiente, se prefiere ignorar Stonehenge. Abramos, por ejemplo, uno de los más recientes manuales de Prehistoria publicado en Francia bajo la dirección de uno de nuestros especialistas, que gozan de justo renombre. El libro consta de 350 páginas de densa tipografía. En el índice de los lugares prehistóricos que se mencionan en la obra, constan docenas y docenas de nombres. El de Stonehenge brilla por su ausencia. Las rocas que componen el monumento no fueron extraídas del subsuelo inmediato. Las piedras azules, que pesan, por término medio, cinco toneladas cada una, provienen de una mina situada a unos cuatrocientos kilómetros. El transporte debió hacerse por mar y por tierra, y cruzando algunos ríos. Pero, ¿por qué medios? Otros bloques pesan de 25 a 50 toneladas. Las canteras de las que fueron extraídos están más próximas a Stonehenge. Pero hubo que arrancarlas del subsuelo, transportarlas, tallarlas. Todas las piedras aparecen trabajadas por la mano del hombre, sobre todo las que muestran cierta curvatura para corregir la ilusión óptica (si fueren completamente rectilíneas, se verían cóncavas). Después, hubo que levantarlas, y, por último, colocar las piedras transversales de los dólmenes. Todo ello con precisión centimétrica, si admitimos la finalidad astronómica demostrada por Hawkins. Una operación que ni siquiera hoy sería fácil. Y esto sin contar los cálculos teóricos fundados en leyes matemáticas, físicas y mecánicas. Hoy se da por cierto que Stonehenge fue construido en varias veces, durante un período comprendido entre los años 2000 y 1700 antes de J. C., aunque la primera implantación pudo ser aún más remota. Ahora bien, la Prehistoria pretende conocer perfectamente a los hombres que poblaban en aquellos tiempos las islas anglosajonas. Son los de la Edad de Piedra, que pronto conocerán el cobre y el bronce, y que empiezan a practicar la ganadería y la agricultura. Culturalmente, aparecen claramente subdesarrollados en relación con las grandes civilizaciones mediterráneas de la misma época. Se intentó rehacer la construcción de Stonehenge con los únicos métodos primitivos que admite la ortodoxia, y se llegó a conclusiones difíciles de aceptar: se habrían necesitado millones de jornadas de trabajo, es decir, generaciones enteras dedicadas a la

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