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fusión de núcleos ligeros y de núcleos pesados, cosa que equivaldría a reproducir el Sol sobre la Tierra. Podríamos, en fin, intentar la captación del viento solar. Éste es un torrente de partículas descubierto en 1960 por los sabios. Se trata de átomos de materia solar que vienen a chocar con nuestro Globo. Y se piensa que este viento es tal vez el que provoca las auroras boreales y determina la formación de la capa eléctrica de la atmósfera. Estableciendo un cortocircuito entre las capas electrizadas de la alta atmósfera y el suelo, conseguiríamos una fuente de energía prodigiosa e inagotable. ¿Cómo hacerlo? ¿Haciendo conductora la atmósfera? Esto es lo que ocurre con el rayo. Un rayo láser lo bastante intenso podría producir el fenómeno. Hace veinte mil años, una civilización técnica y científica concibió el proyecto de domesticar el viento solar. Se construyeron, en diferentes lugares de la Tierra, monumentales aisladores en forma de pirámides. En su cima había algo parecido a un súper láser. Mucho tiempo después, estos instrumentos seguirían hurgando en la memoria confusa de las generaciones supervivientes. Los hombres construirían pirámides, sin comprender, y colocarían a veces, en la cima, piedras reverberantes, engastadas en metal. Se intentó el experimento. Pero el poder arrancado al Sol aniquiló la ambiciosa civilización, fulminó un mundo que vio «enrollarse el cielo sobre sí mismo, como un pergamino, y teñirse la Luna como de sangre». Los grandes aisladores se volatilizaron. En vez de ellos, se encontraría mucho más tarde, en el siglo xx de nuestra Era, en diferentes lugares de África, de Australia, de Egipto, proyecciones constituidas por vidrio sometido a una enorme temperatura y bombardeado por partículas de alta energía: las tectitas. ¿Hubo supervivientes entre los detentadores del saber? Tal vez algunos de ellos habían buscado refugio en profundas cavernas. O, quizás, otros se hallaban entonces de viaje por el espacio. La situación, después de la gran catástrofe, no fue sólo desastrosa geológicamente (continentes hundidos o sumergidos), sino también biológicamente. El bombardeo de la atmósfera había creado una considerable cantidad de carbono radiactivo. Al ser absorbido por los animales y por los hombres, debió de producir mutaciones y provocar la aparición de híbridos fantásticos. Estos híbridos -centauros, sátiros, hombres-pájaros- sobrevivieron largo tiempo en el recuerdo humano, hasta los tiempos históricos de Grecia y de Egipto. Los supervivientes expertos se enfrentaron con un problema técnico urgente: eliminar el carbono 14. Esto les condujo a organizar un gigantesco lavado de la

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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