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cuarta parte de la energía emitida por el Sol en un segundo, o a la conversión, al 100 por ciento, de un millón de toneladas de materia en energía. Se hace una objeción a estas hipótesis. Una colisión de fuerza semejante habría elevado la temperatura de la atmósfera, sobre el planeta, a doscientos grados centígrados. Toda la superficie de la Tierra habría quedado esterilizada. Ahora bien, en toda la historia biológica conocida del Globo, no se encuentran huellas de tal esterilización. Sin embargo, se admiten corrientemente colisiones que engendrasen energías de un millón de megatones, y las cicatrices producidas por las mismas en la corteza terrestre han sido identificadas en número bastante considerable. En el Canadá se han descubierto una docena de ellas, con diámetros que oscilan entre 2 y 60 kilómetros, y una antigüedad que varía de 2 a 500 millones de años. En Australia, podemos citar el cráter de Wolf Creek, y, en los Estados Unidos, de modo principal, el cráter circular de Deep Bay, donde se ha formado un lago, que tiene doce kilómetros de diámetro y ciento cincuenta metros de profundidad. Según los cálculos, un proyectil de más de mil toneladas que se desplace a velocidad suficiente, no es detenido por la atmósfera. Un proyectil que procediese del sistema solar no superaría la velocidad de 42 kilómetros por segundo, pues, en otro caso, escaparía de este sistema. Así, pues, un meteorito que llegase a velocidades del orden de 100 a 150 kilómetros por segundo habría de proceder de regiones de más allá del sistema solar. Citaremos en fin, seguidamente, los meteoritos secundarios, es decir, salidos de la Tierra, y que, al ser proyectados, podrían transportar materia viva a las lejanas estrellas y, de este modo, dar origen en el cosmos a una vida análoga a la nuestra. Si los puntos de caída de los grandes meteoritos se distribuyen al azar, hay tres probabilidades contra una de que el impacto se produzca en el mar. La colisión volatilizaría decenas de millares de kilómetros de océano. La Tierra entera se vería cubierta, durante muchos días, de nubes tan espesas como las de Venus. Mareas fabulosas barrerían el planeta. Podemos imaginar un fenómeno de este género.

Probablemente, se produjo ya alguna vez. Ahora bien, una marea de

esta clase se asemeja exactamente a un diluvio, al Diluvio Universal que encontró eco en todas las tradiciones.

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