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Otro amigo mío es pediatra. Piensa que la toxicosis de los recién nacidos, con frecuencia mortal, es en realidad un suicidio, una inhibición psicofisiológica originada por el pánico a la soledad. En efecto, nosotros acostamos boca arriba al bebé, entre tablas o barrotes, bajo un techo vacío. Apenas ha sentido el calor del pecho materno y recibido la mirada de la madre, y ya lo colocamos en la posición de los muertos. Cierto que, al nacer, se ha desprendido de la madre. Pero lo que se ha desprendido debe ser reanudado. Mi amigo patentó una cuna inclinada, que elimina el aislamiento y hace que el niño sienta constantemente la presencia de la madre y de las cosas de la vida. No importa que este invento reproduzca tradiciones primitivas, si con él se pueden evitar angustias y, a veces, muertes. De la misma manera que este médico intenta beneficiar a los niños, nosotros quisiéramos que este Manual ayudase a las mentes a librarse de los barrotes, de las tablas, del techo vacío; evitarles el veneno de la separación, y devolverles al calor del mundo. Un propósito muy ambicioso. Pero las poderosas mentes críticas y frías pueden perdonárnoslo sin temor. Apenas si amenaza su terreno; no es más que una ambición nacida del amor.

El poeta ruso Valerio Brusov, contemporáneo de la Revolución de Octubre, testigo del fin de un mundo y del comienzo de otro, se hacía, allá por el año 1920, esta pregunta: «Los principios de culturas tan diferentes y tan dispersas en el espacio como las del mar Egeo, Egipto, Babilonia, etruscas, India, mayas, Pacífico, muestran parecidos que no pueden explicarse únicamente por la asimilación o las imitaciones. Por esto habría que buscar, en el fondo de las culturas que creemos más antiguas, una influencia única que explique sus notables analogías. Habría que buscar, más allá de las fronteras de la Antigüedad, una X, un mundo de cultura que aún ignoramos y que puso en marcha el motor que conocemos. Los egipcios, los babilonios, los griegos y los romanos fueron nuestros maestros. Pero, ¿quiénes fueron los maestros de nuestros maestros?» Los descubrimientos acumulados en los últimos cincuenta años han hecho retroceder enormemente en el pasado la historia de los hombres y de las civilizaciones, y eso ha justificado aún más la pregunta de Brusov. Este libro no da

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto