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viscosa sobre la cual navegaría la corteza terrestre. Según hemos observado, la temperatura de la linde entre el centro y el manto es de 4.000 grados centígrados. No se comprende que esta temperatura pudiese provocar la formación de una viscosidad que permitiese el rápido deslizamiento de los continentes. Sin embargo, ígnoramos muchas cosas sobre las propiedades de la materia a temperaturas altas y combinadas con presiones considerables. Según Hapgood, el hecho de que se hayan encontrado fósiles tropicales en la Antártida demuestra que hubo una época en que este continente estuvo situado en el ecuador, y que se desplazó posteriormente. Hace diez o quince mil años, la Antártida se encontraba unos cuatro mil kilómetros más al Norte. Su clima era templado. Entonces, por causas desconocidas, empezó una era glacial. El hielo se acumuló al principio en los polos, para alcanzar después las zonas templadas. Por efecto de las fuerzas centrífugas producidas por los dos centros de gravedad de los casquetes polares, la corteza terrestre empezó a deslizarse; la bahía de Hudson y Quebec se desplazaron 4.000 kilómetros hacia el Sur; Siberia, hacia el Norte, y la Àntártida, hacia el Sur. En unos cuantos miles de años, la Antártida llegó al polo Sur, adquiriendo su clima actual. Es esta cifra de sólo diez o quince mil años lo que la mayoría de los geólogos se niegan a admitir. Sin embargo, el deshielo fue muy súbito en América, geológicamente hablando (unos miles de años como máximo), y lo mismo ocurrió con la congelación de Siberia. Sea de ello lo que fuere, la geología moderna hace plausible la hipótesis inicial de Wegener; el desplazamiento de los continentes parece cierto, aunque sea dudoso su mecanismo, que puede haber sido un deslizamiento de tierras sobre una capa viscosa o un ensanchamiento del fondo de los océanos. Y, si admitimos la posibilidad de grandes civilizaciones desaparecidas sin dejar rastro, es indudable que estos fenómenos geológicos pueden darnos mayores elementos para alimentar nuestra fantasía que los continentes sumergidos, Mú o Atlántida, tan apreciados por los teósofos. A propósito de la Atlántida, permítasenos un inciso. Por nuestra parte, compartimos de buen grado la tesis rusa, según la cual la Atlántida no fue un continente, sino la isla Thera, colonia cretense del Mediterráneo, destruida por la explosión del volcán Santorín, unos 3.000 años antes de Jesucristo.

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