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Platón alababa el brillo de fuego que daba a los objetos y a las paredes que revestía. Un contemporáneo de Aristóteles habla de un cobre blanco y brillante, llamado cobre de la montaña. Los mosinoeci (que habitaban sin duda el Asia Menor) lo obtenían, dice aquél, añadiendo estaño al cobre, y también una tierra especial, recogida en las orillas del mar Negro: la calmia (de donde viene la palabra calamina). Plinio cita también esta piedra, como empleada para la fabricación del aurichalcum.

Los cretenses debieron a su notable técnica no sólo la construcción de sus admirables palacios, sino también que éstos ofreciesen comodidades de las que carecieron los pueblos occidentales hasta el siglo XIX de nuestra Era. Departamentos dispuestos alrededor de un patio central. Muros con dobles paredes isotérmicas, revestidos interiormente de mosaicos representando escenas que nos ilustran sobre la vida cotidiana. Suelos embaldosados, que a veces representan acuarios de un agua tan rumorosa, por el movimiento de las plantas acuáticas, las burbujas de aire y los ágiles peces, que uno no se atreve a apoyar el pie, por miedo a caer o a despertar de su sueño al príncipe flordelisado cuya estatua impera sobre esta eternidad encantada. Pero nuestra maravilla se convierte en estupor cuando examinamos las instalaciones sanitarias. Un sistema perfecto de desagüe. Acondicionamiento de aire mediante un sistema de calefacción central que se convierte, en verano, en fuente continua de aire fresco. Canalizaciones para la traída de aguas. Aparatos hidráulicos elevadores, que funcionaban por inercia. Sutil iluminación de las habitaciones y de las cámaras subterráneas. Los sistemas de vías públicas y caminos no son menos perfectos. Los edificios están separados unos de otros por callejones. Además de los barrios de viviendas, hay talleres, almacenes y santuarios. Los caminos están embaldosados o tienen el piso de hormigón. Su anchura es apenas de un metro cuarenta, pero su infraestructura de grava aglomerada, de un metro de espesor, está sostenida, en ambos lados, por aceras elevadas, destinadas a los peatones y a los acompañantes de los convoyes. Algunas calzadas tienen dos carriles paralelos que, en caso de tormenta, debían servir de canales de evacuación. En otros caminos, estos carriles

Larebelión de los brujos  
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La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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