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No pretendemos lanzar la idea de que el nacimiento del hombre podría ser sincrónico de la formación de la vida sobre la Tierra, hace más de tres mil millones de años. Pero es posible que, en diez millones de años, surgiese la especie humana, desapareciese a causa de ciertos cataclismos y volviese a aparecer, de .la misma manera que renace la vida en las islas convertidas en improductivas por erupciones volcánicas. «La explicación darviniana de la transformación de las especies por mutaciones lentas y graduales es, en la actualidad, difícilmente aceptable. Una propiedad que no ha tenido tiempo de afirmarse, que sólo existe en estado embrionario, tiene muy pocas probabilidades de alcanzar jamás el estado adulto: con frecuencia, no es más que un obstáculo en la lucha por la vida, y, por esta propia circunstancia, está condenada a desaparecer. ¿Cómo pudo, en estas condiciones, desarrollarse, fase por fase, esa totalidad constituida por un ser completamente nuevo?» Ésta es la pregunta que se formula un biólogo como Heinrich Schirmbeck. Sin embargo, y fundándose en los resultados suministrados por la Antropología, pone fuera de duda que el hombre, «elemento de la Naturaleza, tiene un pasado biológico cuyas raíces se hincan en un conjunto de formas animales preliminares». Al propio tiempo, otros sabios al tropezar con la imposibilidad de explicar evolutivamente la génesis del hombre, no han vacilado en dar un rodeo para salvar el obstáculo, en aislar al hombre del resto del universo y en atribuirle, desde el principio, un devenir propio. Así, Edgar Dacqué, en vez de considerar al hombre como la forma más reciente de una larga evolución, afirma que es el «primogénito» de la creación, cuyo centro ocupa. Según Dacqué, el hombre sería el ser primeramente concebido en el decurso de todos los tiempos, y toda la creación habría proliferado alrededor de este modelo inicial. Nuestra hipótesis parece, en relación con aquélla, un poco menos fantástica. Presupone una forma de vida estable, que aparece y desaparece según coincidan o no las condiciones necesarias, que se manifiesta, se extingue y reaparece en el decurso de los tiempos. ¿Es esto un «verdadero delirio utópico», como el de Dacqué? En todo caso, y habida cuenta de que el curso de los tiempos «humanos» se prolonga sin cesar ante nuestros ojos a medida que progresa la investigación antropológica, tenemos perfecto derecho a buscar explicaciones distintas de las del evolucionismo.

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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