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El oro estaba muy extendido y gozó incluso de prioridad. Se encontraba en Asia y en África, pero también en Europa: su empleo estaba, sobre todo, muy difundido en Irlanda. Aparte de los tres metales mencionados, alrededor del año 2400 antes de J. C. hizo su aparición el estaño. Procedía de Sajonia y de Bohemia, a través del Adriático; Sicilia lo obtenía de Etruria, y el de Cornualles viajaba a través de la Galia y de Iberia. En cambio, el empleo del hierro fue muy tardío en todas partes. Al menos, del hierro terrestre. En Egipto, sólo empiezan a explotarlo hacia el año 1400 antes de J, C. Se ha encontrado un bloque, intacto, en una pirámide del año 1600 antes de Jesucristo. En Palestina, no es trabajado hasta el 1200, aproximadamente. Esto se debió a que muchos meteoritos que cayeron sin duda durante el neolítico en diversas regiones del Globo, y que son mencionados por todas las tradiciones (lluvias de fuego), contenían hierro en estado puro, lo cual hacía innecesaria su extracción de los minerales. En fecha tan tardía como el siglo XII de nuestra Era, Averroes refiere que se fabricaron espadas y sables excelentes con el hierro de un bloque caído del cielo cerca de Córdoba. Y, según la leyenda, Atila, y mucho más tarde Timur Lenk (Tamerlán), debieron sus victorias a que sus armas habían sido forjadas con un metal enviado por Dios. Su flota permitió a los cretenses trasladarse muy lejos en busca de estaño. Y poseyeron talleres de bronce. Por otra parte, el bronce no era la única aleación utilizada en los tiempos protohistóricos. Empíricamente, se combinaba el cobre con otros metaloides: con el arsénico, en Egipto; con el níquel, en Germania; con el cinc, en Sajonia, para fabricar latón. También se ha encontrado latón en Kameiros, ciudad de Rodas. Pero los que lo fabricaron debieron sin duda este invento a la casualidad, pues, en esta época, no figura en ninguna parte en las mismas proporciones óptimas. Añadiendo al bronce un poco más de cinc o de plomo, se obtenía una pátina muy buscada en artesanía artística y en estatuaria. Además, se ha descubierto en Ur una aleación de oro y plata: el electro, que sirvió más tarde para la fabricación de monedas. Ahora bien, podemos preguntarnos si los antiguos no confundjeron a veces el electro, de un brillo y matiz desacostumbrados, con el oricalco. Los autores antiguos se refirieron a menudo a esta sustancia. Algunos creían que se trataba de un metal puro, muy raro. Otros le atribuían un origen mágico o divino.

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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