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Sea cual fuere el origen de la destrucción de las ciudades cretenses, Ganalopoulos está absolutamente convencido de su identidad con las ciudades de los Atlantes: «Los Atlantes y la Creta de Minos se funden, de ahora en adelante, en una sola imagen: un Estado rico, poderoso, que es teóricamente una teocracia antigua, bajo un sacerdote-rey, pero que, en realidad, es una alta burguesía, frívola e inteligente, amante de los espectáculos extraños y de los deportes, que viste con sutil elegancia, utiliza objetos de cerámica sumamente bellos y vive en la igualdad de sexos, cosa muy rara en la Antigüedad; una civilización decadente, fascinante, deliciosa y condenada ...» ¿Condenada? ¿Cómo, y por qué? Veamos lo que sabemos actualmente de esta cultura. En muchos aspectos, podríamos calificarla de prodigiosa. La Creta talasocráfica dominó todas las regiones vecinas. Desde la era neolítica, se producían continuos intercambios entre las islas Cícladas y el Asia. Y es probable que hubiese contactos entre el Asia central y el Asia septentrional, sobre todo en las regiones del Cáucaso y del Turquestán. Ahora bien, como también se ha demostrado que existían relaciones entre estas regiones y Anatolia, todas ellas, por mediación de ésta, tenían relación con Creta. La era de expansión de los cretenses tuvo dos fases. Durante la primera, traficaron con Grecia, Melos, Syra, Chipre, Delos y Siria, y mantuvieron relaciones permanentes con Egipto. Sus técnicos, ingenieros y arquitectos colaboraron en la edificación de las pirámides de Senusert II y de Arnenemhet III. En esta época, su flota era ya importante. Ella les conferiría el título de «reyes del mar». Disponían igualmente de una marina de guerra, primera fuerza naval del Mediterráneo del Norte, y llegaron sin duda a Sicilia y a España. Es posible que no esclavizasen completamente a los pueblos, sino que se contentasen con prodigarles sus técnicas, mientras se perfeccionaban ellos mismos con el contacto. Su poderío les permitió mejorar su arte y aumentar su bienestar, procurándose las materias primas de que carecían. Desde el IV milenio antes de J. C., en Tell Obeld se utilizaba el cobre, y Herzfeld nos habla, en dos obras sobre Persia, de hachas de este metal encontradas en Susa.

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La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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