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des antepasados actuando en el hombre. Y considerando que la mayoría de nuestras realizaciones, si no todas, han sido efectuadas por la Naturaleza, »través de las especies vivas, diremos: el genio de la Naturaleza en el hombre pudo desarrollarse muchas veces y de diversas maneras, a lo largo de decenas de milenios enterrados. «Tenemos en nosotros el centro de la Naturaleza -dice Paracelso-. Todos estamos en creación. Somos tierra arable.» El poder creador en bruto, lo que remueve la materia, lo que moldea la vida, pudo germinar de muchas maneras en esta tierra arable. La antigüedad del hombre retrocede sin cesar. Las excavaciones nos revelan continuamente la existencia de civilizaciones de sutileza enigmática, en un pasado que, ayer mismo, considerábamos poblado de hirsutos brutos que cascaban piedras en la húmeda oscuridad de las cavernas. Si como pensaba Marx, los descubrimientos se realizan en el momento en que la Humanidad los necesita, ¿cuál es la necesidad que corresponde a estas exhumaciones aceleradas? Tal vez la de sentir que no estamos solos, aislados en una aventura de conquista de la Naturaleza y de nuestra propia máquina humana; que esta aventura pudo desarrollarse varias veces, en diversos grados de comprensión fundamental, de éxitos y de riesgos, de extensión en el espacio y en el tiempo. Tal vez, también, la de llegar a un humanismo útil para el futuro, que sólo podremos alcanzar mediante la rehumanización de los tiempos enterrados, en una concepción general de la eternidad del hombre.

Larebelión de los brujos  
Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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