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Oppolzer, suponían un error de siete décimas de segundo de arco por año en la determinación del movimiento del Sol. el cálculo de Kidinnú se aproximaba más a la realidad... ¡en dos décimas de segundo! Toulmin y Goodfiels, en un curso que dieron en 1957 en la Universidad de Leeds, no ocultaron su admiración por el viejo astrónomo de Mesopotamia. «Que una tal exactitud -escribieron- pudiese alcanzarse sin telescopio, sin reloj, sin los impresionantes aparatos de nuestros modernos observatorios y sin matemáticas superiores, parecería increíble si no recordásemos que Kidinnú disponía de archivos astronómicos que abarcaban un período mucho más largo que el de sus sucesores de nuestro tiempo.» ¿Diremos que Kidinnú y sus colegas eran grandes astrónomos? ¡No! Por muy sorprendente que parezca, sus conocimientos astronómicos eran prácticamente nulos. No alcanzaban, ni con mucho, el nivel de los de un niño de nuestras escuelas primarias. Kidinnú y los otros «astrónomos» babilonios creían que los planetas eran divinidades. No tenían la menor idea de las dimensiones del cielo: y la idea misma de distancia espacial, aplicada a la Luna, al Sol o a Marte, les habría parecido absurda, escandalosa, sacrílega, como les parecería a nuestros teólogos modernos cualquier cálculo trigonométrico del movimiento de los ángeles o de la distancia que separa el Cielo del Purgatorio.

Los astrónomos, que durante siglos y más siglos observaron el movimiento de los planetas desde lo alto del Gran Zigurat, eran verdaderos ingenieros en teología.

Este

Gran

Zigurat,

cuyas

colosales

ruinas

producen

aún,

justificadamente, una especie de estupor sagrado en el hombre del siglo XX, no tenía nada de observatorio, y sólo una ceguera psicológica nos inclina a darle este nombre. Nos acercaríamos más a la verdad si lo imaginásemos como una gigantesca sacristía, dotada de una oficina de estudios. Por lo demás, los textos «astronómicos» babilónicos reflejan perfectamente los conceptos básicos en que se apoyaban los admirables cálculos de Kidinnú. «Entonces, Marduk (el dios supremo) creó reinos para los Grandes Dioses. Trazó su imagen en las constelaciones.

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto