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es, en circunstancia alguna, una recompensa del saber. Y nuestra visión de la historia de la mente se ve falseada por esta creencia. El Renacimiento, por ejemplo, no es un fruto rápidamente madurado por una súbita luz. Cierto que la imprenta, la brújula, la pólvora, aparecen aproximadamente en el momento en que renace la ciencia fundamental, después de un eclipse de casi quince siglos; pero la contribución de la ciencia a los inventos y a los descubrimientos es absolutamente nula. La brújula no nació de la aplicación de las leyes del electromagnetismo, sino todo lo contrario. Los grandes navegantes españoles y portugueses precedieron en cuatro siglos a Ampère y a Maxwell. Descartes concretó las leyes de la óptica mucho tiempo después de que Galileo fabricase su primera lente y descubriese las montañas de la Luna, los satélites de Júpiter y las fases de Mercurio y de Venus. El ejemplo más impresionante del distanciamiento entre la Ciencia y la técnica es la obra de Newton. este es sin duda con Einstein el genio más grande de los tiempos modernos.Sus trabajos inspiraron durante tres siglos, el conocimiento de las leyes del Universo. Pero sería imposible citar una sola aplicación práctica de sus descubrimientos hasta el lanzamiento del primer Sputnik. Nada habría cambiado desde el siglo XVIII, en la conquista de la Naturaleza por el hombre, si las leyes de la gravitación hubiesen permanecido envueltas en la ignorancia. Ni la máquina de vapor (inventada mucho antes de que Carnot formulase su teoría), ni la electricidad, ni la química, les deben nada. Cuando uno piensa en todo esto se siente turbado. Los más fecundos inventores modernos, los que más han contribuido a cambiar el mundo, Denis Papin, Watt, Edison, Marconi, Armstrong, De Forest, Tesla, George Claude, los hermanos Lumière, no eran lo que se ha convenido en llamar sabios. Habríamos podido vivir lo mismo que vivimos hoy, sobre un sondo teórico diferente sobre una visión del Universo y unos conceptos fundamentales no científicos, irracionales o religiosos. A fin de cuentas, el nazismo era una filosofía mágica absurda, y su técnica estuvo a punto de conquistar el mundo. A fin de cuentas, nuestro racionalismo y nuestro materialismo son también opciones ideológicas, más que productos del espíritu de verdad. A fin de cuentas, el evolucionismo, sobre el que se apoya todo nuestro concepto del progreso, es un cuento de hadas. Todo lo que llevamos dentro se rebela contra estas comprobaciones. Quisiéramos que las

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto