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Edison se reduce a sacar deducciones del conocimiento fundamental de las leyes del Universo. Hay que empezar por la comprensión, y continuar con la acción. Pero semejante esquema, sobre el que se apoya toda la reflexión contemporánea, y, por ende, toda nuestra manera de estudiar el pasado, no corresponde a la realidad. Generalmente, la mayoría de las grandes construcciones del genio científico no han dado lugar a ninguna transformación del medio material en que vivimos, ni contribuido a ningún progreso material, ni al dominio del hombre sobre la Naturaleza. En cambio, la mayoría de las etapas del progreso técnico, que han conducido a nuestro dominio actual de los fenómenos naturales, son resultado de actuaciones sin el menor alcance filosófico, efectuadas la mayoría de las veces por hombres carentes de verdadera cultura científica y que han realizado grandes cosas, no porque fuesen sabios, sino porque no lo eran lo bastante para saber que tales cosas eran imposibles. El «cientifismo» aristocrático, que prevalece en el esquema convencional, no corresponde en absoluto a la realidad dinámica. Con frecuencia, el hombre hace, antes de conocer las leyes que explicar correctamente los resultados que obtiene. Y el hecho de que atribuya estos resultados a los dioses, no implica que lo que hace sea forzosamente mítico. Los altos hornos funcionaron mucho antes del nacimiento de la química industrial. Antiguamente, se hundía una espada calentada al rojo en el cuerpo del prisionero sacrificado. Se imaginaban que las virtudes de la víctima templaban el acero. En realidad, el nitrógeno orgánico producía este efecto. El procedimiento era mágico; pero la técnica era correcta. Cuando Fausto niega la prioridad al Verbo y, después, al Pensamiento, y se decide a escribir: «A1 principio era la Acción», empieza su aventura, se agitan «los espíritus en el pasillo» y entra Mefistóteles disfrazado de estudiante... De la misma manera, unos hombres de civilizaciones desaparecidas, disfrazados de sumos sacerdotes, con una mentalidad irracional y una visión absurda del Universo, pudieron realizar proezas técnicas que desafían nuestra comprensión y desbaratan nuestros cálculos. La solución no radica en la negativa a considerar el problema, ni en la mística del paraíso perdido, de los dioses presentes en el principio y de los Atlantes de conocimiento absoluto. Y, aunque lleguemos a suponer (suposición lícita, a nuestro modo de ver) que hubo visitas de «Grandes Galácticos» en la noche de los tiempos, éstos no transmitieron, sin duda, una ciencia intraducible,

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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