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costas de los mares del Norte se anegaron parcialmente y, con ellas, varios puertos del Báltico, de Bretaña, del país de Gales y de Irlanda. Esto permite dar mayor crédito a la leyenda bretona de la ciudad de Ys. Aunque hay que reconocer que ésta ha llegado hasta nosotros con elementos románticos propios de la tradición medieval, gracias al Lai Graelent-Muer, atribuido a María de Francia, y al Misterio de Saint-Gwendolé, drama bretón armoricano (del siglo XVI). Entonces, no todo es símbolo o mito en estos dos relatos: Gradlon, rey de Cornualles, en el curso de un largo viaje, se ha casado con un hada de extraordinaria belleza. Durante el viaje de regreso, ella da a luz una hija, Dahuit o Abes, y muere inmediatamente después del parto. El viudo consagra todo su cariño a Dahuit. Pero se convierte al cristianismo. (Esta parte de la leyenda no es sólo mucho más reciente que el resto, sino que tiene un carácter moralizador en el sentido religioso, tal como nosotros lo entendemos.) En efecto, Dahuit sigue siendo pagana. Y, para vivir apartada de la Corte, pide a su padre que le construya una ciudad a orillas del mar. El padre cede, a este capricho, y protege la ciudad con un dique provisto de una puerta de bronce. Alberto el Grande la sitúa en la bahía de Douarnenez. Según la leyenda, impera el lujo en la ciudad y, además, sus moradores se entregan a continuas orgías. Dios encarga su castigo a Gwendolé. El santo varón avisa a Gradlon, rey piadoso y justo, que consigue salvar sus bienes y emprender la huida. Pero Dahuit y sus disipados compañeros perecen ahogados en la ciudad engullida por las aguas. Ahora bien, una leyenda parecida la encontramos en el País de Gales, la del Libro Negro de Camãrthen, y otra en Irlanda, en el manuscrito de Leabhar na H. Uidre. En estos textos, y en otros igualmente relativos a ciudades que desaparecieron sin dejar rastro, se observan algunas variantes. En algunos de ellos, no se trata de la invasión de las aguas del mar, sino de una fuente mágica que se desborda. En otras, interviene un monstruo (casi siempre marino): el de Loch Ness, en Escocia, o el de la Muerte del Curoi, en Irlanda. También encontramos este tema en Escandinavia. Por ejemplo, Selma Lagerloff refiere, en Nils Holgerson, el castigo infligido a los moradores de Vineta, que vivían entregados a la lujuria. La ciudad es sumergida por las olas. Aunque, cada siglo, emerge por una noche. La literatura épica abunda también en relatos de una ciudad desierta que aparece ante los ojos de un ejército que la ataca y que después desaparece misteriosamente. O bien de una

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