Page 181

181

comprendía fuera de la península, fuesen a parar a ciertos monasterios, donde los pondrían de lado, para destruirlos después. Ignoramos a qué tiempos se remontan exactamente las leyendas cuyo origen se pierde en las brumas de la prehistoria indoeuropea y autóctona (la mayoría de los textos que se han conservado están escritos en gaélico y en galo medio). La última forma adoptada por los mitos célticos fue el ciclo de la Tabla Redonda de Arturo. Pero, en esta forma, los símbolos siguen siendo oscuros, y, además, la moral cristiana añadió elementos ajenos a las leyendas paganas. Éstas, por ser esotéricas, se presentan envueltas en misterio. «El hombre de la multitud no recibirá el conocimiento», escribió Taliesin. Además, algunos manuscritos fueron puestos a buen recaudo, ya fuese para que no se divulgasen, ya para librarle de los invasores y de las depredaciones de los ladrones. De vez en cuando, oímos hablar de un «escondrijo» o de un depósito de manuscritos, descubierto por casualidad o como consecuencia de minuciosas búsquedas. Uno de los autores de la presente obra estuvo a punto de encontrar uno de estos escondrijos mientras, en 1938, realizaba, en Rennes, investigaciones sobre el culto de Alkar-az. Pero, en definitiva, le fue negado el acceso. Numerosos investigadores, en el curso le los últimos siglos, trataron de interpretar la abundante literatura céltica. Algunos especialistas, como G. Dottin, dedicaron varios libros al análisis y al comentario literario e histórico de los textos que han llegado hasta nosotros. Ya hemos dicho, al principio de este capítulo, que otros se inspiraron en diferentes temas, como el de Numinor. Y algunos, en fin, los desnaturalizaron lastimosamente. Tales exageraciones se deben, quizás, a que, durante largo tiempo, se desdeñó el estudio de esta civilización anterior a la llegada de los griegos a Europa occidental y a la conquista romana. Los helenistas y los latinistas se esforzaron desaforadamente, -durante siglos, en negar toda aportación por parte de los pueblos conquistados, o en reducir al mínimo sus méritos y el interés de los enigmas, que, durante dos milenios, no han hecho más que complicarse. Los historiadores menospreciaron a los celtas hasta el punto de confundirlos a menudo con los cimbros, que, a pesar de haberse aliado con los celtas y teutones, tuvieron un origen completamente distinto. Esta conspiración prosigue aún en nuestros días, por miedo a empañar el brillo de la cultura dispensada a las Galias por Julio César y sus sucesores, y también por los evangelizadores cristianos. Afortunadamente, algunos investigadores ajenos al ostracismo, han intentado, sobre todo a partir del siglo XIX, reconstituir, al menos

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto