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ninguna indicación concreta sobre su fundación, ni sobre su caída. ¿Se trata de una ciudad mítica del más allá? ¿Cómo dilucidar este punto? Podemos estudiar la historia de la Irlanda antigua buscando un rastro de Numinor. Pero no lo encontramos. Sin embargo, veámosla de todos modos, pues esta historia nos fue transmitida en forma simbólica y, para comprenderla, hay que intentar una especie de psicoanálisis de este simbolismo. Después del gran Diluvio Universal, la isla que había de ser más tarde Irlanda fue habitada, en un principio, por la reina maga Cessair (reencarnación de Circe) y sus súbditos. Cessair pereció, con toda su raza. Hacia el año 2640, antes de J. C., el príncipe Partholon, procedente de Grecia, desembarcó en Irlanda con veinticuatro parejas. Al principio, Irlanda era una llanura única, horadada por cuatro lagos y regada por nueve ríos. Engrandecida por Partholon, contará en lo sucesivo con cuatro llanuras y siete nuevos lagos. Los compañeros del príncipe se multiplicaron al cabo de trescientos años eran ya cinco mil. Pero una misteriosa epidemia los aniquiló cuando la fiesta de Beltine, el primero de mayo, al cumplirse el tricentenario de su desembarco. Su sepulultura colectiva se encuentra en Tallaght, cerce de Dublín. Mientras tanto, allá por el año 2600 la raza de los «Hijos de Nemed» (cuyo nombre si g nifica «Sagrado»), procedente de Escitia, había puesto pie en la isla, que creían desierta. O tra masa de invasores desembarcó alrededor del año 2400, el día de Lugnasad (1 de agosto), tercera gran fiesta del año céltico. Los Fir Bolg (¿los «hombres belgas»?) constituían su elemento principal, al que se sumaron diferentes tribus, tales como los Gaileoin (¿«galos»?), y los Fir Dominan (¿«Dummonm de Gran Bretaña»?), pero formando todos una sola raza y una sola dominación. Por último, procedentes de las «Islas del Oeste», donde estudiaban el arte de la magia, llegan los miembros de la Tuatha De Danann, que son de raza divina. Traen consigo sus talismanes: la espada de Nuada, la lanza de Lug, el caldero de Dagda y la «piedra del destino» de Fâl, que grita cuando se sienta sobre ella el rey legítimo de Irlanda. Estos invasores sucesivos tuvieron que combatir, todos ellos, contra una raza de monstruosos gigantes que moraba al principio en Irlanda. Unos tenían «un solo pie, un solo ojo y una sola mano»; otros tenían cabeza de animal, en su mayoría de cabra. Estos monstruos eran los Fomoiré (de fo, debajo, y moiré o mahr, demonio hembra, cuyo nombre figura en la palabra francesa cauchemar, pesadilla). En seguida se entabla la lucha entre los Tuatha Dé Danann y los Fir Bolg. La primera batalla se desarrolla en Moytura (Mag Tuireadh, la

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