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hacen los ordenadores. El funcionamiento de este «aparato para conocerse > presupone, evidentemente, la intervención y el juego de fenómenos paranormales. Como en los experimentos parapsicológicos de Rhine y de Soal, existe una violación de las leyes de probabilidades y un traslado del tiempo, del pasado al futuro. Es indiscutible que el oráculo contesta y que sus respuestas son, muchas veces, sensatas. No cabe duda de que, si se hubiese dedicado al I Ching una parte de los recursos que se consagran a investigaciones insignificantes, pero tranquilizadoras, se habría hecho progresar el conocimiento universal. Lo que llama la atención, incluso prescindiendo del aspecto paranormal del fenómeno, es la utilización de una clave binaria y al mismo tiempo, la sutil clasificación de todos los problemas humanos en un número limitado de situaciones típicas. Esto implica formas de pensamiento abstracto, ciertamente iguales o superiores a los de toda civilización conocida del año 2000 antes de J. C. Y si recapitulamos: fabricación del aluminio, sismografía, astronomía y espacio infinito, síntesis del oro, espejo mágico, I Ching, tendremos que reconocer que había en China una civilización absolutamente original y siempre orientada hacia la técnica. Esta civilización plantea, evidentemente, numerosas cuestiones relativas al pasado. Pero también plantea otras, relativas al presente: Dado su inmenso poder de abstracción, relacionado con una considerable capacidad técnica desde la más remota antigüedad, ¿por qué no ha progresado China, hasta asegurarse rápidamente la dominación del mundo? ¿Por qué ha triunfado occidente sobre esta poderosa civilización? Según los tradicionalistas, hay que buscar la respuesta en el hecho de que el taoísmo degeneró rápidamente en un conjunto de prácticas de charlatanería, rompiéndose el lazo con los «inmortales- Según los materialistas como Joseph Needham o Alexander Kovda, el proletariado se dejó encadenar, y China perdió la oportunidad de una revolución industrial y de un 1917. Ninguna de estas respuestas es enteramente satisfactoria. Pero si queremos comprender el orgullo chino contemporáneo tenemos que remontarnos a las antiguas fuentes y ver en ellas la razón de una soberbia inmemorial, así como la justificación inmemorial de la ambición de gobernar el mundo.

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La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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