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Los principios de majestuosa inmutabilidad de la Naturaleza habrían triunfado, y toda nuestra visión del ser vivo, de la historia del hombre y sus sociedades, de nuestra propia civilización, se habría modificado. Pero, mientras tanto, la idea de evolución se había emparejado con la idea de progreso. Con la civilización industrial y sus primeros y espectaculares logros, se extinguió el concepto de que la edad de oro había quedado atrás. La máquina de vapor y la electricidad desplazaban el paraíso desde atrás hacia delante. Íbamos a «triunfar sobre la Naturaleza», a cambiar las cosas y, por consiguiente, a cambiar el hombre. El transformismo volvía a recobrar el pelo de la dehesa; la industria, que transformaba el medio, transformaría la Humanidad. La «marcha hacia delante» es «irreversible». «Es imposible detener el progreso»; la Humanidad puede confiar en descubrir un sentido a la Historia. Hegel elabora la metafísica del progreso, y Marx, su antropología. El impulso fáustico que se desarrolla en la fábrica y en el laboratorio enlaza con el mítico «impulso vital», y es este último mito el que dará carácter de absoluto a un hecho de civilización muy limitado en el tiempo. El medio determina la transformación, y la función crea el órgano: he aquí el fondo de lamarchismo que volveremos a encontrar en el «socialismo científico». Y cuando Marx declara que la Humanidad realiza sus descubrimientos en el momento en que le son necesarios, es también Lamarck quien habla. Las implacables leyes de la «evolución económica» tienen mucho de transformismo, y el principio de la lucha de clases es primo hermano de la selección natural. La idea de evolución creadora, que es un invento de la mente para dar cuenta de una historia general del ser vivo cuyo mecanismo no puede explicarse, servirá para justificar plenamente los sacrificios que en nombre del progreso exige la naciente civilización industrial. ¿Es el progreso una noción relativa? ¡No, y no! El progreso radica en la naturaleza de la evolución. Participa del impulso que eleva al ser vivo en el decurso de los tiempos. Es correlativo a la evolución. «Con el apareamiento de la evolución y el progreso -dice Berl-, la evolución (es decir, la idea de evolución creadora, que era mucho más mítica que científica) adquiere dignidad política, y el progreso (que no era más que una constante bastante dudosa, prendida en una estrecha coyuntura del tiempo) cobra dignidad científica.» Pero desde el momento en que el progreso adquiere esta dignidad y se erige en rey del mundo, le conviene rechazar todo el pasado y sumirlo en una noche de

Larebelión de los brujos  
Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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