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Separada de Asia antes de la aparición del homo sapiens (según la cronología clásica), Australia es una extensión de tierra seca y casi llana, de una superficie igual a la de los Estados Unidos. Montañas y ríos se concentran en el Este; pero uno puede ir desde el golfo Carpentrias, al Nordeste, hasta la costa sur, sin subir nunca a más de doscientos metros, y a través de desiertos resecos y de polvorientas zonas de escasa vegetación. Sin embargo, las huellas de ríos desecados desde hace milenios, y los depósitos de sal, inducen a pensar que, a fines del pleistoceno o principios del período posglacial, este continente desolado gozaba de un clima más benigno, y que la vegetación verdeaba en las áridas extensiones hoy pobladas de termites. ¿Son de estos remotos tiempos los primeros habitantes? ¿Por qué y cómo se produjo la inmigración? ¿Fue Australia, tradicionalmente, un lugar de destierro? ¿Fue llevada una parte de la raza humana a esa isla inmensa, sin mamíferos, sin bestias de presa, poblada solamente de marsupiales, extraños herbívoros saltarines, como una especie de reserva?

Cuando, en 1788, desembarcaron allí los blancos para arrojar a sus

penados en aquellos páramos lunares, no encontraron el menor vestigio de templo o de pirámide, ni huellas de antiguas civilizaciones; sólo trescientos mil aborígenes errantes, a razón de un ser humano por milla cuadrada, en los valles del Este o en la costa, y de uno por treinta o cuarenta millas en el resto de la isla. A pesar de la diferencia entre la región húmeda y la inmensidad reseca, no se percibía ninguna adaptación particular al medio, ni rastro de agricultura; sólo caza, pesca, recolección de frutos silvestres, nomadismo.

El misterio de

aquellas tierras mudas dio origen a muchas fantasías. Erle Cox se imaginó una esfera de oro, enterrada en las profundidades, donde dormían, desde tiempos muy remotos, un hombre y una mujer, testigos de una civilización desaparecida. Lovecraft soñó en bibliotecas y laboratorios subterráneos, abandonados por visitantes no humanos. A partir de 1929, un poco de arqueología sustituyó a la interrogación poética. Tal vez, en el futuro, una arqueología abundante devolverá su valor a esta interrogación. Pocos pueblos más pobres que los primeros moradores de Australia. Nada de animales con cuernos o defensas, que pudiesen proporcionar material para la

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