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Naturalmente, esta constancia no deja de tener sus variaciones, y hay estilos de lugar y estilos de época, como tenemos, actualmente, el románico borgoñón y el jesuita español. Pero la organización general sigue siendo fiel a la concepción de un mundo dividido entre dos sexos opuestos. Ciertos indicios, a veces difíciles de descifrar pero siempre turbadores, inducen a pensar que la propia caverna era considerada como un formidable símbolo natural del vientre de la mujer. Por ejemplo; los estrechos pasadizos aparecen frecuentemente embadurnados de rojo. Y la parte de gruta en que dominan los animales de la femineidad se encuentra frecuentemente marcado, ora con signos masculinos abstractos, era con manos, como para recalcar la posesión o, tal vez, la presencia humana. En fin, como hemos visto, la entrada y el fondo de la caverna están frecuentemente dedicados al simbolismo macho. Pero la sola explicación por el universo del sexo y de la fecundidad resulta insuficiente. Si consideramos estos maravillosos conjuntos gráficos, no parece que nos hallemos en presencia de toscas representaciones. Las famosas «hembras grávidas» de la etnografía clásica no son más ni menos «grávidas» que los membrudos caballos sementales de la pintura china, y, en el arte parietal, parece que en parte alguna se reproduce el sexo por el sexo. Lo que caracteriza este arte, aparentemente dominado por el acto reproductor, es su extraordinario pudor, su deliberada propensión al simbolismo, a la abstracción. Así como los signos sexuales abstractos están presentes en todas partes, los hombres de las cavernas, a pesar de estar dotados de un deslumbrante genio plástico, ¡no dibujaron una sola vez la menor escena de apareamiento! Los escasos hombres que son representados en erección (itifalos, como dicen los prehistoriadores, por herencia puritana) aparecen esbozados sin el menor realismo. Incluso muestran, en general, como el célebre cádaver itifalo del pozo de Lascaux, rasgos animales que subrayan su carácter simbólico. Si no se trata del sexo por sí mismo, ni del sexo por la fecundidad, ¿cuál fue la intención de los pintores? ¿Qué metafísica se encuentra implicada a través de este simbolismo? Confesemos, dice Leroi-Gourhan, que lo ignoramos en absoluto. Confesemos la modestia de nuestros conocimientos, y que esos hombres de hace dos o trescientos siglos nos dejaron la escritura indescifrable de una inteligencia compleja, sutil, cuya calidad presentimos, aunque sin saber nada de su contenido. Pero tal vez el mero hecho de haber descubierto que se trata de una escritura, en cierto modo comparable a la contenida en el arte de las

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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