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consecuencia, estos animales faltan prácticamente en las otras partes. Contrariamente, la composición central sólo cuenta con el 8 por ciento de las corzas, el 20 por ciento de los renos, el 9 por ciento de los ciervos, el 4 por ciento de los rebecos, el 8 por ciento de los osos y el 11 por ciento de los felinos existentes en el conjunto de las mismas cavernas. Estos primeros porcentajes nos muestran, sin equivocación posible, que algunos animales están casi siempre en la composición central y que otros no aparecen casi nunca en ella. ¿Por qué? Conseguido este resultado, el estadístico podría dejarse llevar por la especulación: el hombre paleolítico apreciaba especialmente el bisonte o el buey, o bien estos animales eran relativamente más numerosos (cosa que, por otra parte, desmienten los vestigios fósiles). Pero el calculador se niega a especular: se atiene a su método, que consiste en fiarse únicamente de los hechos que pueden expresarse en cifras. Como todos sus colegas, desde que empezaron las exploraciones de las cavernas decoradas, Leroi-Gourhan observó que en éstas, aparte de las representaciones animales, abundaban ciertos signos, que siempre eran aproximadamente los mismos. Estos signos habían dado pie a infinitas suposiciones. Para unos, eran objetos más o menos esquematizados; para otros, carteles indicadores para guía del peregrino, y para otros, garabatos sin interés, o incluso la firma del artista. Leroi-Gourhan se limita, de momento, a clasificarlos según sus formas, estableciendo lo que él llama su tipología. Y entonces advierte que todos estos signos, considerados estrictamente desde el punto de vista de su dibujo, derivan de algunas formas iniciales que son, esencialmente, el falo, la vulva y el perfil de una mujer desnuda. Hay, pues, signos masculinos y signos femeninos. Muy bien. Y estos signos, ¿en qué parte de la caverna se encuentran? También aquí, la cosa es simple: basta contarlos. Y las cifras obtenidas (omitiremos el detalle de los porcentajes, habida cuenta del gran número de signos) nos muestran, sencillamente, que la casi totalidad de los signos femeninos se encuentran en la composición central y en los divertículos (o cavidades laterales de la caverna). En cambio, sólo se encuentra allí un 34 por ciento de los signos masculinos, e incluso, casi siempre, acoplados con signos femeninos. En la caverna decorada del hombre paleolítico hay, pues, sectores con simbolismo masculino, y otros con simbolismo femenino. Y, habida cuenta de que

Larebelión de los brujos  
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La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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