Page 143

143

brimientos? ¿A un método? Rotundamente, no. Es su inagotable fecundidad de trabajo y de imaginación la que saca de la sombra todos estos siglos perdidos. Breuil es un empírico que posee dotes fantásticas. Enseña resultados, no un método. Para seguir sus pisadas, habría que ser como él. Ahora bien, allá por el año 1945, un joven etnólogo , apasionado por la Prehistoria (pero que no era discípulo del abate Breuil), reflexionó sobre aquella situación de una ciencia por la que se sentía irresistiblemente atraído. André Leroi-Gourhan era, por naturaleza, la viva antítesis de Breuil: tan frío y reservado, como fogoso podía ser Breuil; tan preocupado por el curso de sus propias ideas y de las de los demás, como podía Breuil mostrarse personal. Pero ambos tenían en común la paciencia, la imaginación creadora y la probidad científica. Alrededor de 1947, Leroi-Gourhan inició la tarea de poner en claro métodos objetivos para establecer una cronología del arte prehistórico. Sistemáticamente, año tras año, estudió minuciosamente la inmensa mayoría de las cavernas ornadas. Y, allí mismo donde Breuil había pasado años bajo tierra, trazando sobre el papel, uno a uno, millares de diseños de grabados y pinturas, LeroiGourlian pasó años midiendo, situando, contando. Por primera vez, los datos numéricos venían a sumarse, poco a poco, a los insustituibles croquis de Breuil. «El material que he utilizado -escribió- está compuesta por 2.188 figuras de animales, distribuidas en 66 cavernas o abrigos decorados, que estudié sobre el terreno... Por orden de frecuencia, pude encontrar 610 caballos, 510 bisontes, 205 mamuts, 176 rebecos, 137 bueyes, 135 corzas, 112 ciervos, 84 renos, 36 osos, 29 leones, 15 rinocerontes..., 8 gamos megáceros, 3 carnívoros imprecos, 2 jabalíes, 2 camellos, 6 pájaros, 9 monstruos...» Pero mientras todos los datos estadísticos, hasta entonces despreciados, se amontonaban en los ficheros, empezaba a imponerse, poco a poco, en la mente del investigador la imagen de un orden, siempre igual, de los animales y los signos en las cavernas. Esta imagen de un orden particularísimo de los motivos pintados arrojará una luz extraordinaria sobre nuestros antepasados de hace veinte o treinta mil años. En lo sucesivo, tendremos que dejar de considerarlos como hechiceros salvajes obsesionados por la caza, como primitivos oscuros que bailaban alrededor de los tótems de la caza. En lo sucesivo, tendremos que sentir más respeto por ellos y

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

Advertisement