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Naturaleza, que parece carecer de ideología, desdeñó inscribirse en la liga racionalista. Todo induce a creer que escribe una historia muy complicada y más bien fantástica, para el uso de personas que son más inteligentes que serias. Así, pues, señor presidente, ¿cree usted que conocemos todo el pasado humano? ¿Es la Arqueología, después de unos cuantos años de excavaciones, una ciencia completa y cerrada, como lo era la Física en el siglo XIX? ¿No hay la menor posibilidad de una revolución en este campo, comparable a la que produjeron, en física, la radiactividad, la relatividad y la mecánica ondulatoria? Permítanos algunas preguntas. ¿Quién las formula? ¡Bah! ¡Unos despreciables aficionados! ¿Especialistas en nada? ¡Pues sí! Especialistas en ideas generales. Es ésta una especialidad muy desacreditada hoy en día. Tan desacreditada, que casi no nos atreveríamos a formular preguntas si no tuviésemos en cuenta esta verdad: el hombre que a veces hace muchas preguntas puede parecer imbé-

cil, pero el que

no hace ninguna, seguirá siéndolo toda la vida.

Primera cuestión: Nadie sabe actualmente la causa de las glaciaciones, ni cómo pudieron los hombres sobrevivir a ellas. Se nos dice, a priori, que no pudo haber civilización alguna antes de las eras glaciales, sobre cuyas fechas, por otra parte, prosigue la discusión. Como es imposible hacer excavaciones en las regiones del Globo cubiertas actualmente por los hielos -Antártida y Groenlandia-, el interrogante permanece, al menos, abierto. Se nos presenta a los hombres de hace quince o dieciséis mil años como solamente capaces de tallar la piedra y de conservar el fuego. Ignoraban el cultivo de los campos y la ganadería; no tenían más medios de subsistencia que la recolección de los frutos silvestres y la caza. Las glaciaciones sucesivas del período Würm III duraron, probablemente, varios milenios: desde el 13000 al 8000, aproximadamente. ¿Adónde fueron a parar, entonces, las piezas de caza y las bayas silvestres? Sin duda, algunos pueblos pudieron trasladarse a tierras más cálidas, y otros habitaban ya, quizás, en ellas. Pero, en el punto culminante de la glaciación, cuando el frío invadió Wisconsin, Inglaterra, Francia e Italia, y los hielos sepultaron todas las

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