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cerca, con dudas sobre el cómo y el porqué. Yo, como buen hijo que era, me había aferrado a este dogma. Un dogma que tal vez iba a fundirse, a disolverse, como mi bollo en la taza de té.

Nuestros abuelos habían decretado la muerte de Dios. Pero la Trinidad resistió el golpe. Sólo cambiaron las palabras. El Padre se convirtió en la Evolución; el Hijo, en el Progreso; el Espíritu Santo, en la Historia. Matad al Padre de una vez para siempre. Es decir, poned en duda la Evolución. Entonces, la noción de Progreso fallará por su base; perderá su valor de absoluto; se despojará de su naturaleza casi religiosa. Y, en consecuencia, la Historia dejará de ser necesariamente ascendente. Hela aquí desprovista de mesianismo, reducida a pura crónica. Quizá sea éste el verdadero paisaje, que permanecía oculto detrás de los tabúes. ¿Un paisaje frío? Sin duda alguna. Un paisaje para adultos libres, salidos de la tibieza de la matriz. Naturalmente, hay que tratar con precaución y respeto a los partidarios de la evolución. Durante el siglo pasado, sostuvieron un duro combate. «Dios creó todos los seres vivos, cada uno según su especie», afirma el Génesis. La Tecnología tradicional concuerda con la visión platónica: la Naturaleza es la encarnación de los ideales, y la idea de caballo existió antes que el caballo, diseñada desde toda la eternidad en los cielos espirituales. Concuerda con la fijeza del sentido común y del lenguaje. Hace menos de cien años, un obispo anglicano exclamaba: «¡No! ¡Nada de evolución! ¡Dios creó efectivamente en seis días el mundo, comprendidos los fósiles!» El «proceso de los monos» de Dayton, Estados Unidos, donde se persiguió a unos profesores por haber enseñado el transformismo, sólo data de 1926. En la actualidad, la Iglesia ha aceptado los datos fundamentales de la Antropología, no sin guardarse de las tendencias teilhardianas a una «religión de la evolución», bastante próxima, a fin de cuentas, a la de Huxley. Después de un análisis neodarwinista de la evolución anatómica del hombre en el curso de las edades geológicas, leemos lo siguiente en un diccionario de tendencia cristiana: «Los descubrimientos de fósiles humanos que datan de las últimas edades geológicas, es decir, del terciario y del diluviano, suministran la prueba de que el cuerpo humano participó en la evolución de conjunto del mundo vivo. El cuerpo hu-

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto