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»Tomemos al sabio ruso Lomonosov, tomemos a Kant, a Laplace, a Herschel, y veremos que la idea de la pluralidad de mundos habitados se había extendido absolutamente por todas partes, sin que nadie, o casi nadie, en los medios científicos y filosóficos, se atreviese a levantarse contra ella. Sólo voces aisladas se oponían al concepto que hacía de los planetas otros tantos focos de vida, y de vida consciente. Así, William Whewell, en un libro publicado en 1853, opina, con cierta audacia para la época (¡los tiempos han cambiado!), que los planetas están muy lejos de poder ofrecer albergue a la vida, ya que los mayores están compuestos "de agua, de gas y de vapores", y los más próximos al Sol "reciben una enorme cantidad de calor, y el agua no puede conservarse en su superficie." Demuestra que no puede haber vida en la Luna, idea que tardó mucho en penetrar en las mentes. En efecto, a fines del siglo XIX, William Pickering afirmaba aún, con absoluta convicción, que las alteraciones del paisaje lunar se explicaban por los desplazamientos de grandes masas de insectos... Observemos, de paso, que posteriormente se resucitó esta hipótesis para aplicarla a Marte... »El siguiente ejemplo nos mostrará hasta qué punto se había extendido, en el siglo XVIII y comienzos del XIX, la idea de la extensión universal de la vida consciente. El célebre astrónomo inglés Herschel consideraba que el Sol estaba habitado: las manchas solares eran, para él, como desgarrones en las cegadoras nubes que envolvían enteramente la superficie oscura del astro; a través de aquellos, los habitantes del Sol podían admirar la bóveda estrellada... Y también Newton pensaba que el Sol estaba habitado. »En la segunda mitad del siglo XIX, el libro de Flammarion, La pluralidad de los mundos habitados, alcanzó extraordinaria popularidad: sólo en Francia, hubo treinta ediciones en veinte años, y fue traducido a muchos idiomas. Partiendo de posiciones idealistas, Flammarion consideraba que la vida era el objetivo final de la formación de los planetas. Escritos con mucha imaginación, en un estilo vivo aunque un poco rebuscado, sus libros causaron gran impresión a sus contemporáneos. Lo que choca más al lector actual es la desproporción entre la irrisoria cantidad de conocimientos precisos sobre la naturaleza de los cuerpos celestes (la Astrofísica acababa de nacer) y el tono rotundo con que el autor afirmaba la pluralidad de los mundos habitados... Flammarion apelaba más a la sensibilidad que al razonamiento.

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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