Page 104

104

absolutamente equivocado sobre la naturaleza de las estrellas, que tomaba por emanaciones brillantes de la Tierra. Por esto situaba sus mundos poblados de seres inteligentes más allá de las fronteras del universo visible. »Después, y esto había de durar un milenio y medio, la victoriosa religión cristiana haría de la Tierra el centro del Universo, siguiendo a Tolomeo e impidiendo profundizar en las teorías de la multiplicidad de mundos habitados. Fue el gran astrónomo polaco, Copérnico, quien, después de rebatir el sistema de Tolomeo, mostró por vez primera a la Humanidad el lugar que realmente le correspondía. Y al "volver la Tierra al sitio que le tocaba", la posibilidad de vida en otros planetas recibió un fundamento científico. Las primeras observaciones a través del telescopio, gracias a las cuales abrió Galileo una nueva era en la Astronomía, acuciaron la imaginación de sus contemporáneos. Se puso en claro que los planetas eran cuerpos celestes muy parecidos a la Tierra. Y esto condujo, naturalmente, a formular esta pregunta: Si había en la Luna montañas y valles, ¿por qué no podía haber ciudades, con habitantes dotados de razón? ¿Por qué había de ser nuestro Sol el único astro acompañado de una cohorte de planetas? El gran pensador italiano Giordano Bruno expresó estas atrevidas ideas en forma clara e inequívoca: "Existe una infinidad de soles, de tierras que giran alrededor de sus soles como giran nuestros siete planetas alrededor de nuestro Sol... Seres vivos habitan esos mundos." La Iglesia católica se vengó cruelmente de Bruno: declarado hereje por el Santo Oficio, fue quemado en Roma, en el Campo del Fiori, el 17 de febrero de 1600. Este crimen del clero contra la Ciencia no había de ser el último. Hasta el final del siglo XVII, la Iglesia católica (lo mismo que las Iglesias protestantes) no dejó de oponer una enconada resistencia a la teoría heliocéntrica. Pero, poco a poco, incluso los teólogos comprendieron la inutilidad de aquella lucha y empezaron a revisar sus posiciones. En la hora actual, no ven en la existencia de seres en otros planetas ninguna contradicción con los dogmas de su religión. »En la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el XVIII, sabios, filósofos y escritores dedicaron gran cantidad de libros al problema de la vida en el Universo. Citemos a Cyrano de Bergerac, Fontenelle, Huygens, Voltaire. Sus obras, puramente

especulativas,

unían

a

la

profundidad

particularmente cierta en Voltaire) la elegancia de la forma.

de

pensamiento

(cosa

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you