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«La idea de que la existencia de seres dotados de razón no se limita a la Tierra, sino que es un fenómeno ampliamente extendido en una multitud de otros mundos, apareció en un pasado muy remoto, cuando la Astronomía estaba aún en sus comienzos. Es muy verosímil que sus raíces arranquen de los cultos primitivos, que "vitalizan" cosas y fenómenos. La religión budista contiene nociones bastante vagas sobre la pluralidad de mundos habitados, en el marco de la teoría idealista de la transmigración de las almas. Según esta concepción, el Sol, la Luna y las estrellas son los lugares a los que emigran las almas de los muertos antes de alcanzar la beatitud del nirvana. »Los progresos de la Astronomía dieron una base más concreta y más científica a la idea de la pluralidad de mundos habitados. La mayoría de los filósofos griegos, idealistas o materialistas, no consideraban la Tierra como el único hogar de la inteligencia. Sólo podemos inclinarnos ante su intuición genial, si consideramos el nivel en que se encontraba entonces la Ciencia. Así, Tales, fundador de la escuela jónica, enseñó que las estrellas estaban hechas de la misma materia que la Tierra. Anaximandro afirmó que los mundos nacen y se destruyen. En opinión de Anaxágoras, uno de los primeros defensores del heliocentrismo, la Luna estaba habitada. Veía en los "gérmenes de vida", dispersos por todas partes, el origen de todo lo viviente. »En el curso de los siglos siguientes, y hasta nuestra época, diversos sabios y filósofos han adoptado la idea de la "panspermia», según la cual la vida ha existido siempre. La religión cristiana aceptó con bastante rapidez el concepto de los "gérmenes de vida". »La escuela materialista de Epicuro defendió la pluralidad de mundos habitados, que imaginaba, por lo demás, semejantes a nuestra Tierra. Mitrodoro, por ejemplo, pensaba que "considerar la Tierra como el único mundo poblado en el espacio sin límites era una tontería tan imperdonable como afirmar que, en un inmenso campo sembrado, puede frotar una sola espiga". Es interesante observar que los partidarios de esta doctrina entendían por "mundos" no sólo los planetas, sino también toda clase de cuerpos celestes desparramados en la extensión infinita del Universo. Lucrecio defendió con ardor la idea de que el número de los mundos habitados es inconmensurable. En su De Rerum Natura, escribió: "Es preciso confesar que hay otras regiones del espacio, otras tierras distintas de la nuestra, y razas de hombres diferentes, y otras especies salvajes." Observemos, de paso, que Lucrecio estaba

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto

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