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Cuando recibió la obra en ruso, Carl Sagan, profesor de Astronomía en Harvard y director del Observatorio de Astrofísica de Cambridge, Massachusetts, se apresuró a hacerla traducir por Paula Fern. Su lectura le sugirió una gran cantidad de reflexiones incidentales o complementarias. Escribió a Chklovski, proponiéndole una edición americana en colaboración. «Desgraciadamente -le respondió el soviético-, tenemos menos probabilidades de reunirnos para trabajar juntos, que de recibir un día la visita de seres extraterrestres.» Sagan publicó la obra, alternando el texto de su colega ruso con sus propias notas. Tal fue la primera y hasta hoy única obra escrita por dos grandes sabios del Este y de Occidente sobre el proyecto más maravilloso de nuestro tiempo: establecer contacto con otras inteligencias en el cosmos. Esta edición americana fue dedicada a la memoria del que fue nuestro amigo J. B. S. Haldane, biólogo y ciudadano del mundo, miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos y de la Academia de la Unión Soviética, y miembro de la Orden del Delfín, muerto en la india. Se inicia con estos versos de una oda de Píndaro: Hay una raza de hombres, hay una raza de dioses. Cada una de ellas saca su aliento vital de la misma madre, pero sus poderes son diversos, de suerte que unos no son nada y los otros son los dueños del cielo luminoso que es su ciudadela para siempre. Sin embargo, todos nosotros participamos de la gran inteligencia; tenemos un poco de la fuerza de los inmortales, aunque no sepamos lo que el día nos tiene reservado, lo que el destino nos tiene preparado para antes de que cierre la noche. He aquí la introducción de Chklovski:

Larebelión de los brujos  

La rebelión de los brujos L. Pauweds • J. Bergier puro texto