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Rota Punctatis

Noviembre 2016

- nº6 -

Ronde van Vlaanderen 1977 1. Roger De Vlaeminck..............................6h 44’ 00” 2. Freddy Maertens........................................................+2” 3. Walter Planckaert....................................................+2’ 4. Walter Godefroot.....................................................m.t. 5. Jan Raas...........................................................................m.t. 6. Francesco Moser........................................................m.t. 7. Michel Pollentier..................................................m.t. 8. Frans Verbeeck..........................................................m.t. 9. Marc Demeyer................................................................m.t. 10. Willy Planckaert................................................m.t.

Historias ciclistas

“Podrán batir mi número de victorias en Roubaix, pero nadie lo hará con mi récord de Tirrenos” Fue reclutado para acudir al Tour de Francia. Una carrera que disputó tan solo tres veces y no finalizó jamás. Decía que no le gustaba nada, porque trataban mal a los corredores. [...] Durante el Giro de Lombardia, Roger decidió dar una vuelta de tuerca a su rivalidad con Merckx. Arrancó a quinientos metros de la cima de un alto y se puso a bajar a toda prisa por una carretera estrecha.

Un Giro de Italia de gala para su centenario El #Giro100 partirá de Cerdeña para pasar a Sicilia, contará con un primer final en alto en la cuarta etapa en el Etna; el temible Blockhaus de categoría especial acogerá la segunda jornada montañosa. Los ciclistas irán hacia el norte teniendo en las ascensiones a Mortirolo y Stelvio como grandes alicientes de una tercera semana nuevamente decisiva. La etapa reina será uno de los días clave en la lucha por la maglia rosa. El trazado cuenta con un total de cinco etapas de dificultad extrema, ocho de nivel medio y seis jornadas para los sprinters. Bartali, Coppi y Pantani serán homenajeados por la carrera.

¡Huélamo descalificado! #SquadraPunctatis 1. Hennie KUIPER............................................4h 14’ 37’’ 2. Clyde SEFTON...............................................................+27’’ 3. Jaime HUÉLAMO...........................................................+m.t. 4. Bruce BIDDLE.............................................................+m.t. 5. Philip BAYTON.............................................................+30’’ 6. Philip EDWARDS.........................................................+36’’

Hablaremos del caso de Jaime Huélamo y de los sucesos relacionados con la medalla de bronce obtenida por este ciclista en la Olimpiada de Munich de 1.972. Una sucesión de episodios un tanto chuscos, que podían ser el guión de una película, la típica “españolada” de los años setenta. Pero no. Los sucesos son reales.

¡Únete a la Squadra Punctatis! Ya son más de medio centenar los ciclistas que se observan por las carreteras guipuzcoanas y castellanas con los colores de las historias ciclistas. Corren como centellas y lo dan todo en cualquier rampa que supere el 10%. ¡Anímenles cuando les vean serpentear por el asfalto y respeten el metro y medio!

Material de primera y de calidad contrastada, esta equipación está a la altura de las exigencias de los globeros de primera.


#HistoriasCiclistas #HistoiresCyclistes #StorieCiclisti #VerhalenFietsers #GeschichtenRadfahrer


Bienvenidos


Sumario

Salida neutralizada: Editorial................................................pág. 8 Barra libre: Bidegorris para todos.....................................pág. 10 Siguiendo la pista: Ciclismo fixed..................................pág. 12 Túnel del viento: A rueda.............................................................pág. 16 Enfants terribles: Roger de Vlaeminck.........................pág. 20 Tubular vs Cámara: Los sprinters de los 90............pág. 30 La escapada de Coppolillo: Huélamo.....................................pág. 38 Farolillo rojo: El ciclista enmascarado.....................pág. 44


Salida neutralizada Editorial de Josu Gonzรกlez


A

finales del siglo XIX Joseph Pulitzer y Randolph Hearst se enzarzaron en una batalla por el tener el periódico con mayores ventas. De dicha contienda, en la que todo valía, surgió el sensacionalismo o prensa amarilla que se valía del morbo y la difusión de noticias de dudosa credibilidad. Así, consiguieron que las clases bajas, con menor formación, accediesen a un medio que hasta entonces era cosa de las élites y de esta manera el volumen de ventas de periódicos se incrementó sobremanera.

Hoy en día el periódico en papel parece tener los días contados. Hasta hace unos años la batalla por las audiencias se repetía de forma que había un puñado de medios escritos que luchaban por ser el más leído. Afortunadamente, con la aparición de internet el tema se ha diversificado y la oferta es amplia y variada. Para todos los gustos e ideologías. Sin embargo, en lo que a prensa deportiva se refiere, los contenidos han sucumbido al sensacionalismo

más atroz que se ha visto en años. La relevancia que se da a ciertos aspectos poco deportivos y más fanáticos son ya una lacra instalada en muchas de las hojas de ciertos panfletos. No vamos a dar ninguna lección periodística en Rota Punctatis pero sí abogamos por una prensa de calidad, variada y con más profundidad. Quizá esto último no haga vender más ejemplares, pero se echa en falta más rigurosidad y mejor trato a otros deportes que no sea el balompié.


Bidegorris para todos por Juanjo Olaizola


Barra libre

E

staba ilusionado con los bidegorris porque creía que me ayudarían a conocer mejor Donostia, porque iba a practicar un poco de ciclismo y a desempolvar mi bici que tenía aparcada desde hace años. Además porque volvería al andar en bici de la niñez. Sí, he citado la palabra andar que por ahora es “marchar sin llegar a correr”. Me parece que otros ciclistas, por contra, estaban esperando a que se cortase la cinta de salida para correr alguna etapa pendiente y a desplazarse por Donostia sin ver a nadie, como cuando estás en el cine en primera fila en una película de acción. Además así aprovecharían para ejercitar sus deditos dándole al timbre en cuanto se acercara un peatón, un korrikalari o un patinador despistado. ¡Qué lata! El maldito ruido: tic, tic, tic... A veces en La Concha se confunde con el gozoso vaivén de las olas. Parece que los bidegorris son ahora lo que en euskera decimos “gorriak pasa” y así se han convertido en un camino para molestar y hacérselas pasar canutas a tus conciudadanos. Una pena. Descubrí el sentido de los bidegorris en la italiana Ferrara. Los bautizamos desde el principio como bideazzurris por su tranquilidad. En esta ciudad que está cerca de La fá-

brica de los Ferraris en Maranello promocionan la bicicleta y no tienen problemas con la velocidad. Se comenta que en Ferrara hay tantas bicis como habitantes, 100000 frente a 130000 personas. Además los ferraranos las utilizan y el 35% de los desplazamientos se realiza dándoles a los pedales. Además en Italia están pensando en construir una bideazzurris gigante a través del Po, desde Turín a Venecia. Serían 649 kilómetros., sí, kilómetros. Costaría unos 80 millones de euros, o sea, lo mismo que 15 kilómetros de autopista. Por todo esto considero a Italia como el país de estas carreteras amantes de las bicicletas. A pesar de que el Giro empezase en 1909, unos Seis años más tarde que el Tour. Además se lo curran. Para mí lo hacen de cine y no sé si es porque Michelangelo Antonioni nació en Ferrara o porque tienen una gran cultura ciclista. En todo Ferrara te explican que un bidegorri es un espacio para la convivencia de todos. Y, por supuesto, conviven patinadores, corredores, o ciclistas e incluso los que manejan sus sillas de ruedas. En Italia hay sitio para todos. Es una ruta de convivencia. Donde se convive es necesaria la tranquilidad, el andar, no correr, en bici o en cualquier medio. Esta idea

tenemos que extenderla en nuestra ciudad cuanto antes. Soy partidario de quitar los timbres de las bicis. Solo avisan a la gente de que se tiene que apartar y está claro que obligar a otros a apartarse no es convivir. Acordaos del apartheid. Convivir es estar todos juntos y trabajar para que nuestros atajos rojos sirvan para fomentar la tranquilidad. Igual necesitamos tiempo... El que quiera correr que se lance a la carretera y que se dedique a adelantar Ferraris. Luego que nos cuente su experiencia. A ver. Un detalle, en un espacio de convivencia no conviene poner multas. Son espacios para defender la educación sin sanción. Así, si aprendemos, igual somos la ciudad de la cultura muchos años más, en el 2017, 2018, 2019 y… ¡ojalá que sea para siempre!


CICLISMO FIXED por Josu Gonzรกlez


Siguiendo la pista

“Las fixie son una reedición de las primigenias bicicletas”

E

n los últimos años se viene observando en las ciudades a cierta que monta un tipo de bicicleta poco convencional para lo que estábamos acostumbrados a ver. Con una estética austera pero cuidada y una mecánica sencilla que carece de frenos y cambios, estos velocípedos, lejos de ser una moda pasajera, parecen haber venido para quedarse. Para saber un poco más sobre este nuevo fenómeno nos juntamos una tarde con Jon Grijalba, que representa a su propia marca Fix’n’chill, y con tres miembros del grupo Finko, Manex, Kifli e Iñaki. Para ojos de un profano una bicicleta sin frenos puede parecer simplemente una temeridad, pero lo cierto es que el que esté familiarizado con el ciclismo observa que las bicis de pista parecen haber salido de la jaula del anillo. De hecho, suele ser muy habitual ver a “fixeros” rodar en los velódromos ya que, como reza el dicho, la ca-

bra siempre tira al monte. Por lo tanto, estamos ante un tipo de bicicleta sencilla, de piñón fijo y, generalmente, sin frenos. Este aspecto suele ser manipulado por algunos ciclistas debido a las condiciones evidentes que plantea la circulación urbana, o el ciclodesplazamiento interubano que añadiría nuestro amigo Josema “el hidalgo asceta” Cestero. Además, a este movimiento le acompaña un diseño cuidado de la estética, sobre todo, desde que la moda hipster decidió añadir la bici de piñón fijo a su particular forma de vida. De ahí el estereotipo de barbudo, tatuado, calcetines altos y mono ceñido. Todos son bienvenidos a la viña del señor. En fin. Este renacer supone un auténtico filón para la industria de la bicicleta que ha visto como una de sus disciplinas que parecía confinada al velódromo se ha abierto y ha derribado mitos y estereotipos, de tal manera que ha atraído a secto-

res que anteriormente no veían su oportunidad en el deporte de las dos ruedas. Y por otra parte han surgido los que han optado por la vertiente más artesana y han decidido ser ellos mismos los que crean o montan las bicicletas, como es el caso de Jon. Podéis ver sus creaciones en la tienda “Oh My Bike” que ha montado junto con su hermano en Donostia. Si bien las fixie no son más que una reedición de las primigenias bicicletas, hubo un “boom” hace varias décadas cuando mensajeros en Estados Unidos, se habla San Franciso y Nueva York, comenzaron a usar este transporte para realizar sus repartos. No cabe duda que la bicicleta es un vehículo ágil y muy práctico en ciudad, pero es que además la sencillez y velocidad que aportaban fue visto con muy buenos ojos por los repartidores norteamericanos. Y de sobra es sabido que cuando la máquina de marketing se pone


Siguiendo la pista

“Las Red Hook Criterium son la creme de la creme”

en marcha en el país de las barras y las estrellas todo es posible. Sin embargo, me cuesta creer que en las pendientes de la ciudad californiana vieran como algo positivo el piñón fijo. No se descarta entonces que los trabajadores fuesen auténticas bestias del asfalto o que eligiesen por el ticket de tranvía para salvar grandes desniveles. Esto me recuerda a la “jartada” que decidió hacer el señor Patrick Seabase subiéndose el Galibier… ¡a piñon fijo! Ver para creer. Estamos por lo tanto ante una nueva forma de hacer ciclismo en la ciudad para el que un buen dominio de la bicicleta se antoja imprescindible. Saber usar el bloqueo de los pedales como freno requiere haber practicado durante muchas horas. De esto saben mucho los amigos de Finko, un grupo de gente que se juntó en San Sebastián hace pocos años para rodar por la ciudad a piñón fijo. Con el único fin de pasar

el tiempo en torno a una actividad que despertaba en esta parte del país poco a poco se les fueron uniendo más adeptos. El punto de encuentro era la tienda Bizipoza, uno de los primeros talleres que puso el foco sobre las bicicletas fixed, y a partir de ahí recorrían las calles haciendo diferentes rutas para acabar tomando una birra en el muro de Sagües. Cuando el tiempo no acompañaba algunos optaban por irse al velódromo y pedalear dando vueltas cual hámster. De ahí la hermandad con el ciclismo de pista. El hermano deportivo y el hermano callejero. Sin embargo, en vez de quedarse sólo como un movimiento para hacer comunidad, que es uno de los valores que defienden en Finko, el ciclismo fixie ha ido “deportivizándose” y han florecido en los últimos tiempos cantidad de critériums. Estas carreras consisten en dar vueltas a un circuito urbano cerrado en

donde si te doblan quedas descalificado. En este apartado las Red Hook Criterium son las que se llevan la palma. Se trata de un circuito, a lo Ironman, de carreras que se cita en varias partes del mundo como Barcelona, Nueva York (Brooklyn), Londres y Milán. Las “Red Hook” son la creme de la creme. Aquí se citan los mejores de una disciplina que va camino de profesionalizarse y donde ya se han visto a corredores ex profesionales batirse el cobre con aficionados que empiezan a formar equipos surgidos en estas modalidad: Santa Fixie, Polo & Bike, Cycles Hill, Eight Bar, Fix’n’chill… La industria del deporte no es tonta y, de nuevo, asistimos a otra conquista de los mercados con todo lo bueno y lo malo que conlleva. Qué remedio. Por estos lares también se está tejiendo una, por ahora, tímida red de critériums, véase Donostia, Oñati, Toledo, Gijón… No me cabe ninguna duda de que irá a más. A destacar la parte adoquinada del


Siguiendo la pista

critérium de Oñati que discurre por su casco viejo. Que conste en acta que el ciclista fixed no es “un soldado del piñón fijo” dado que lo más probable es que le guste “globear” con su flaca por los puertos de su geografía. Se trata de un ciclista que encuentra placer y diversión circulando con la fixie. Si bien el que firma este texto no saldría a la calle jamás con este tipo de bicicleta, reconoce también que circular con ella en el velódromo es un placer que todo ciclista debe experimentar. Además del buen entrenamiento que supone cuando el tiempo no acompaña es también una oportunidad para conocer a ese ciclista moderno que ha llegado para quedarse.


A RUEDA por Alberto Barcia


Túnel del viento

A

quí seguimos, tratando de hilar conceptos físico-matemáticos con situaciones de carrera que nos resultan familiares y sobre las que quizás, pese a practicar y ver mucho ciclismo, nunca nos hemos cuestionado o preguntado nada. Tranquilidad, para eso estamos, para entretener y haceros pensar, aunque solamente sea un poquito. Y además, para ayudar a ese ligero esfuerzo mental necesario, a partir de ahora incluiremos en nuestros artículos conceptos físicos bajo cuyo paraguas iremos dejando perlitas más o menos científicas a lo largo del texto en los lugares en los que detectemos que es necesario aportar un puntito más de frikismo. Esta vez volvemos a la carga con el tema del viento, algo que como ya iréis viendo nos dará bastante jue-

go. Tirando de sabiduría popular, ir a rueda es bueno y mola, pero hay que completar algo esa afirmación para poder entender realmente cuán de bueno y molongui es. Para ello vamos a analizar diferentes situaciones de carrera, estudiando desde diferentes prismas el efecto de ir a rueda. Inicialmente nos situamos en una etapa predominantemente llana y larga, ya sabéis, esas con las que grandes vueltas como el Tour nos deleitan normalmente durante los primeros días de competición. En este contexto normalmente la velocidad de carrera es alta, con lo que el efecto físico con más peso es el rozamiento del viento y por tanto la importancia se la lleva la aerodinámica (Concepto #1). Es decir, para una velocidad de viento dada constante, cuanto más rápido se

ruede mayor resistencia al avance tiene el ciclista sobre el que incide en primer término el viento (el que va en cabeza vaya). A partir de ahí, los que se encuentran por detrás, no ven esa oposición del viento y en consecuencia deben realizar un esfuerzo menor para mantener la misma velocidad de rodada. Claro, esto es cierto únicamente si la distancia con el ciclista de delante es suficientemente pequeña como para que el viento no entre en dicho hueco. Estamos hablando de una reducción de esfuerzo a realizar por el que va a rueda de hasta un 25%, así que al loro que parece ser que este tema de ir a rueda es importante. Pero ir a rueda en una situación como la descrita no es sencillo precisamente porque la distancia entre ruedas tiene que ser mínima. Con


Túnel del viento

“Ir a rueda también implica un factor completamente distinto: el psicológico”

lo cual se debe estar en tensión, al menos mental, en todo momento para evitar tocarse. Sí, eso es, evitar lo que en la jerga de este deporte que tanto amamos se denomina afiladores. Ahora, si se consigue ir a rueda en etapas de este tipo al espectador se nos presentan algunas de las imágenes más bonitas que ofrece el ciclismo: los relevos. Una estrategia en carrera que permite que no sea el mismo ciclista el que siempre esté en primera posición, repartiendo por tanto entre los participantes en los relevos el esfuerzo. Toda una demostración de compañerismo en pro de un objetivo común que si es durante una escapada suele servir para eliminar los corredores con opciones de triunfo de etapa y que si es en el pelotón normalmente tiene como finalidad proteger al líder del equipo. Algún día hablaremos más sobre el importantísimo papel de los gregarios.

Todo lo dicho hasta ahora suele darse en etapas en las que se rueda rápido y con viento frontal, en las que ir a rueda consiste en colocarse directamente detrás de la rueda del ciclista que va delante. Sin embargo, si cambiamos un poquillo la dirección del viento y pensamos en una etapa llana en la que se rueda a gran velocidad, pero el viento es lateral o fronto-lateral, ya no vale con colocarse directamente detrás, sino que es necesario adelantarse un poquillo más y colocar parte de la rueda en paralelo a la del ciclista que marcha delante. Concretamente se posicionará en el lado contrario al del que viene el viento. Esto si os acordáis podría dar lugar a la estrategia de abanicos sobre la que hablamos en un artículo anterior. Pero si el ciclista que está tirando no quiere provocar un abanico, también tendría la opción de pegarse al lado contrario de la

carretera al que incide el viento, de forma que como la carretera es finita (esto ya lo sabemos) nadie puede colocarse a rueda protegiéndose del viento. Con lo cual, nadie puede aprovecharse del esfuerzo de ese ciclista que rueda en cabeza y los que van detrás están en las mismas condiciones aerodinámicas. Y aquí tenemos por tanto otra estrategia de carrera que nos ofrece nuestro amigo el viento. Cambiando ahora de perfil de carrera, vamos a pensar en una etapa de montaña, de las que gustan al espectador y en las que se suben cumbres mitiquísimas que conocemos en muchas ocasiones gracias a este maravilloso deporte. Bien, subiendo introducimos un efecto físico que cobra bastante más importancia que el rozamiento del viento, la gravedad. Sí señor, aquello que Newton se encargó de explicarnos con una manzana como ejemplo y


Túnel del viento que hace que estemos pegados al suelo y no flotando por el cielo (aunque un ratillo molaría). En este contexto de subida, la velocidad de rodada será baja y por tanto, salvo que tengamos un vendaval el efecto del viento sobre el esfuerzo del ciclista no será muy crítico (Concepto #2). Con lo cual, aquí ir a rueda no implica tanto protección o reducción de esfuerzo, sino que tenemos que fijarnos en un factor completamente distinto: el psicológico. Y es que ir a rueda subiendo permite tener una guía,

una referencia que ayuda en el proceso mental del ciclista y evita en muchas ocasiones el venirse abajo. Aquí de nuevo, qué importante es la labor de los gregarios a la hora de apoyar al líder en la ascensión. Y relacionado con este factor, en etapa de montaña ir a rueda permite también al que va detrás torturar psicológicamente al que tira con la amenaza constante de un ataque, que no sabe si se producirá, ni cuándo llegará, ni cómo será. Una incertidumbre que se traduce

normalmente en tensión durante la subida y que puede provocar evidentemente un desgaste mayor. Así que, al lorito, que ir a rueda no es tontería y tiene una infinidad de factores físicos, psicológicos, estratégicos… a tener en cuenta. ¡Haced un buen uso!

Concepto #1: La resistencia aerodinámica es la fuerza que sufre un cuerpo al moverse a través del aire y más concretamente la componente de esa fuerza en la dirección de la velocidad relativa del cuerpo con respecto al medio. Esta resistencia es siempre de sentido opuesto al de dicha velocidad, oponiéndose por tanto al avance del cuerpo a través del aire. La forma de medir dicha oposición del cuerpo se basa en los coeficientes aerodinámicos, concepto que trataremos en futuros capítulos de esta sección. Especial importancia merece en esta definición el concepto de velocidad relativa, ya que de forma simplificada implica que dicha velocidad es suma de la del viento más la del ciclista y que además la fuerza de resistencia es directamente proporcional a ella. Concepto #2: La fuerza de rozamiento (si excluimos la fricción de la carretera) es la componente del peso en la dirección de rodada. Es decir, paralela al firme y cuyo efecto se traduce en una resistencia al avance del ciclista. Como se puede observar en la descomposición de fuerzas, cuanto mayor sea el ángulo (pendiente), mayor es la componente del peso que ofrece dicha resistencia.


Roger de Vlaeminck por Imanol González y Juan Ramón Cendrero

El ciclismo de los años setenta, así como los grandes duelos en todo tipo de clásicas de la época, no se puede entender sin citar a nuestro protagonista de hoy. Un corredor capaz de plantarle cara a todo el o lo que se pusiera en su camino. Bien fuera su director de equipo, el organizador de una carrera o como si se tratara del mejor ciclista de la historia: Eddy Merckx. Esta vez nos referimos a Roger De Vlaeminck. Conocido por su sagacidad y por ser algo más que audaz. Por ser el que ponía contra las cuerdas y sacaba de sus casillas al Caníbal todopoderoso. El mismo que ganó una París-Roubaix y logró que el comentarista de la televisión valona no pudiera dejar escapar un: “Putain! C’est De Vlaeminck qui gagne”, que se podría traducir como: “Me cago en la puta, ha ganado De Vlaeminck”. El ídolo de Flandes y el mismo que no se expresaba jamás en francés, pese a que lo hablaba con fluidez, llegando al punto de dejar con el micro en la mano a los periodistas que se dirigían a él en la lengua de Descartes. En definitiva, el Maquiavelo del ciclismo, el que nadie deseaba llevar a rueda. Bautizado por sus logros en el Infierno del Norte como Monsieur Roubaix y conocido por todos en el mundillo ciclista como El Gitano. Un record de París-Roubaix vencidas, que mal que le pese (y nos consta que lo hace) debe compartir con su compatriota Tomeke Boonen. Con ustedes Roger de Vlaeminck, tercer socio del selecto club de vencedores en los cinco monumentos ciclistas junto a Rick Van Looy y un tal Eddy Merckx. Amén de contar con dichas cinco grandes clásicas en su palmarés, léase la Classicissima, Ronde Van Vlaanderen, l´enfer du Nord, La Doyenne y La clásica de las Hojas Muertas, se trataba de un artista de la pista, el barro y la carretera. Agárrense que vienen curvas.


Enfants Terribles

“En Bélgica hay una broma que dice: In de tijd van Roger...”

P

olíticamente incorrecto, desaliñado, peligroso estratega y poco de fiar tanto fuera como dentro de carrera. Así era este corredor al que muchos recordaran por sus gruesas patillas. No dejéis pasar la ocasión de ver el documental “A Sunday in Hell”, para haceros una idea del tipo de ciclismo al que nos referimos. La vida del pequeño de los De Vlaeminck da para mucho y más cuando a día de hoy sigue retransmitiendo carreras, además de soltar buenas perlas cada vez que le ponen un micro delante. Memorables son sus rajadas como la que realizó al diario de Amberes De Nieuwe Gazet en 1992 con Miguel Indurain en pleno apogeo: “Hombre. Sólo de pensarlo... Me pongo enfermo cuando me doy cuenta de los salarios que se pagan hoy en día a los corredores. No me entiendas mal. No es cosa de celos o envidia. Pero... de verdad... ¿quién merece ahora esas sumas? Por mi parte... Kelly, Museeuw, Fondriest y nadie más. Mira, a mí me parece estupendo que los ciclistas por fin ganen también un buen dinero, porque en compara-

ción con otros deportes profesionales nuestros salarios eran verdaderamente ridículos. ¿Pero pagar 150 millones de pesetas, o más, a un Bugno o a un Indurain? Vamos... entonces Eddy Merckx valdría al menos 600 o 700 millones. Porque Eddy ganó tres clásicas, Giro,Tour y un Mundial en un mismo año”. Por aquel entonces, Roger era uno de los directores del GB-MG Technogym italiano. Un periodista al verle ciertos apuntes en francés no dudó en tirarle de la lengua ya que por todos era conocida su animadversión para con el idioma galo. El señor de Vlaeminck, muy en su línea le contesto: “¿Estudiar francés?, es cuestión de disciplina. El idioma no me interesa. Tampoco Francia me interesa. Pero sabía que como director deportivo lo iba a necesitar”. Voilá. O este mismo año 2016, cuando el australiano del Orica-Greendge Mathew Hayman impidió el quinto triunfo de Tom Boonen en “la Pascale”, Monsieur Roubaix no dudo en opinar al respecto y soltó: “Estoy contento de que no ganara Boonen. Él era quien rodaba en cabeza. Esto le ha pa-

sado porque no tiene experiencia suficiente en la pista. Sin Cancellara y Sagan tenía dos rivales muy fuertes menos”. O como cuando dijo: “Podrán batir mi número de victorias en Roubaix, pero nadie lo hará con mi record de Tirrenos”. Éste es su estilo, descalificar a todo ciclista que no ha competido contra él y fruto de ello en Bélgica hay una broma que dice “in de tijd van Roger…” o, lo que es lo mismo, “en la época de Roger…”. Retrocedamos en el tiempo y comencemos, como no puede ser de otro modo, por el principio. Roger, así como su hermano mayor Erik, se criaron en una autocaravana que su padre Filibert tenía instalada a las afueras de su Eeklo natal. El progenitor de las dos figuras De Vlaeminck, que se dedicaba a la venta de productos textiles, también había sido ciclista en su juventud. Al contrario de lo que se ha insinuado en más de una ocasión, no vivían de manera nómada por las diferentes localidades belgas, ni eran gitanos. De hecho, al preguntar al propio Roger sobre su apodo, siempre ha respondido desconocer el origen.


Enfants Terribles

Aunque la mayoría de medios, ciclistas, directores y auxiliares de la época coinciden en que es un sobrenombre que tenía que ver más con su manera de comportarse que otra cosa. El origen ciclista del pequeño de la saga De Vlaeminck no está exento de controversia. Ya que contando con dieciséis años, edad a la que ya le habían echado de su primer trabajo en una imprenta por imprimir carteles por cuenta ajena, le tomó “prestada” la bicicleta a su hermano Erik para tomar parte en una prueba ciclista. Por aquel entonces Roger militaba en el Fútbol Club Eeklo y fue tras una discusión

con su entrenador cuando tomó la decisión de lanzarse de lleno a la aventura ciclista. En lo que le restó hasta pasar al campo amateur le dio tiempo para imponerse en 58 carreras entre carretera y ciclocrós. Su paso por la categoría previa al profesionalismo fue breve (dos temporadas 1967-1968) pero exitosa.Tomaría parte con la selección belga, al igual que su difunto amigo Jean-Pierre Monseré, en la prueba de ruta de los Juegos Olímpicos de México´68. Sin olvidar que en esta época amateur participaría en dos mundiales de ciclocrós. Lograría imponerse en el primero que tuvo

lugar a principios de 1968 en Luxemburgo. Un año más tarde en Magstadt, entonces República Federal de Alemania, se haría con la medalla de plata en la que sería su última carrera sin contrato profesional. La anécdota más llamativa de su época en aficionados tiene que ver, como no podía ser de otro modo, con Eddy Merckx (que por entonces estaba en activo y dominaba el calendario profesional a su antojo). “El Caníbal” se encontraba de espectador en la meta de una carrera amateur belga. Al finalizar la misma, Eddy se acercó a Roger y le propuso fichar por su escuadra profesional, la Faema. A lo que “el Gitano” (que tan solo contaba con veinte años) contestó que no, que lo que él quería era ganar carreras y no trabajar para nadie. En marzo de 1969 Roger De Vlaeminck debutaba como profesional defendiendo los colores del Flandria-De Clerck-Krüger, un verdadero equipazo dirigido por Briek Schotte. Formación que contaba con verdaderas figuras de la época como Eric Leman, Erik de Vlaeminck (el hermano mayor y dominador del calendario de ciclocrós) o el clasicómano Walter Godefroot, quien fuera a posteriori sheriff de esa bomba humana que fuera el Telekom germano. A Roger no le tembló el pulso en su primera carrera profesional y tan sólo


Enfants Terribles una semana después de colgarse la medalla de plata en el mundial de ciclocrós de Magstadt se impuso en su primera competición en la élite. Nada más y nada menos que en la Het Volk, actual Omloop Het Nieuwsblad (o lo que es lo mismo, la carrera que últimamente Ian Stannard le chulea a Patrick Lefevere). Por lo que su carta de presentación entre los profesionales fue una victoria al sprint sobre un grupo donde estaban muchas vedettes de la época (Sercu, Merckx, Verbeeck, Van Springel o Leman). Lo increíble del caso es que De Vlaeminck cuenta que solamente entrenó tres días desde el Mundial para ir a esa carrera. Esa misma temporada, tras imponerse en el campeonato de Bégica, fue reclutado para acudir al Tour de Francia. Una carrera que disputó sólo tres veces y no finalizó jamás. Decía que no le gustaba nada porque trataban mal a los corredores. Les hacían levantarse a las seis de la mañana y había muchas etapas con dobles sectores. Durante su carrera fue bastante fiel a estas declaraciones, ya que a la hora de su retirada contaba únicamente con una etapa vencida en la Grande Boucle. Exiguo botín cuando hablamos de un ciclista que a la hora de su adiós definitivo contaba con 292 victorias en su particular palmarés.

En el año 1970 se produjo el primer encontronazo serio con Merckx, concretamente en el transcurso de la Lieja-BastogneLieja.Tras una dura criba provocada por las cotas valonas, un grupo de seis corredores se presentó en el decisivo kilómetro final dispuesto a luchar por la victoria. Entre ellos se encontraban los hermanos De Vlaeminck y Eddie Merckx. La meta por entonces no estaba colocada en el repecho de Ans, como hoy día la conocemos, sino que se encontraba en el Velódromo de Roucourt. Al llegar al túnel de entrada al mismo Erik (sabedor que las cámaras de televisión no podían filmarlo en dicho instante) cerró el paso a Merckx, momento que aprovechó Roger para arrancar y ganar la carrera. Los hermanos De Vlaeminck mostraron su asombro ante las diferentes quejas que sufrieron y, cómo no, pusieron todo tipo de excusas. La cuestión es que si a los dos hermanos se les respetaba por separado, juntos se les temía. En octubre de este mismo año, du-

rante el Giro de Lombardia, Roger decidió dar una vuelta de tuerca a su rivalidad con Merckx. Arrancó a quinientos metros de la cima de un alto y se puso a bajar a toda prisa por una carretera estrecha, llena de curvas y túneles. Miró atrás y al ver que no venía nadie y que quedaban treinta y cinco kilómetros a meta pensó que no iba a llegar en solitario, por lo que aprovechó el paso bajo un puente para esconderse tras éste. Acto seguido, pasó el pelotón con los hombres de Merckx tirando como posesos en su busca. A Roger le costó mucho coger al grupo, pero cuando lo hizo, se puso a la altura de Merckx y le dijo: “Oye, ¿sabes quién es el que va escapado?”. A Eddy, como no podía ser de otro modo, no le hizo ninguna gracia. Todo esto, significó el principio de una guerra que duraría mucho tiempo, situando a Roger de Vlaeminck como ídolo y figura de la afición flandrien, mientras se ganaba la eterna enemistad del público valón. En 1971 tuvo lugar un accidente que le marcaría sobremanera, re-

“A los dos hermanos (de Vlaeminck)se les respetaba por separado, juntos se les temía”


Enfants Terribles

“Fingió una conmoción cerebral para conseguir que le llevaran a un hospital” sultado del cual fallecería su amigo, compañero de equipo y gamberradas, Jean-Pierre Monsere. Otra gran figura en ciernes que en su segunda temporada como profesional ya era campeón del mundo en ruta. Este mismo año la polémica en las metas de las grandes clásicas seguiría sin abandonar a nuestro protagonista ya que al finalizar la Flecha Valona se montó una buena. Fue acusado por Frans Verbeeck de pegarse a su rueda durante los últimos veinte kilómetros de carrera sin darle un solo relevo para acabar por batirlo con facilidad en la línea de meta. Roger, haciéndose el longuis, respondió que no era cierto y que era él quien había hecho todo el trabajo para cazar al escapado De Schoenmaker, un gregario de Merckx. La prensa, al igual que el público en general, como ya pasara un año antes en la Lieja, no se tragó la historia de El Gitano. Y es que su credibilidad comenzaba a cotizar a la baja. Aquel año, 1971, daría para mucho más. Roger tenía guardada una de las actuaciones más delirantes y

vergonzosas de su carrera. Como gran figura de su equipo le obligaron a correr el Tour de Francia. Carrera que, como ya hemos comentado, no era en absoluto de su gusto. En el transcurso de una contrarreloj que se disputaba durante los primeros días de la Grande Boucle se estrelló voluntariamente contra las vallas de protección y fingió una conmoción cerebral, consiguiendo lo que buscaba, que era que le llevaran a un hospital y así poder retirarse. Todo un angelito el flamenco. Tanto lío lo llevaría en 1972 a tierras transalpinas para formar parte de la formación Dreher, donde compartiría maillot con el gran pistard belga Patrick Sercu. El equipo italiano maravilló a nuestro protagonista, hecho que se vio reflejado en su rendimiento, ya que en esa temporada se metió al bote veintitrés carreras. Incluidas sus primeras París-Roubaix y Tirreno-Adriático. En ambas carreras ostenta el record de victorias, con cuatro y siete triunfos respectivamente. Como no podía ser de otro modo, tras conocer la estructura italiana, cargó en la prensa a base

de bien contra los equipos belgas: “los equipos belgas son desorganizados y poco profesionales, mientras que los italianos son el paraíso”. Este tipo hubiera sido un filón para muchos de los programas casposo-deportivos que adornan nuestra programación a día de hoy. En la temporada siguiente la estructura de Franco Cribiori pasaría a estar patrocinada por la marca de chicles Brooklyn. El equipo vestiría un maillot muy característico, de franjas rojiblancas y pechera azul. Colores con los que se tiende a identificar a Monsieur Roubaix. Aquel año, 1973, y los otros cuatro siguientes, 1977 inclusive, marcaron la época dorada de El Gitano, al menos en cuanto a resultados deportivos se refiere. Temporadas que no están exentas de grandes líos, polémica, affaires y situaciones surrealistas. Vamos, en la línea marcada anteriormente y que seguiría más adelante. La cosa comenzaría como le gustaba a Roger, marcando territorio. En vísperas de la Milán-San remo del 73 il signore Perfetti, patrón del equipo Brooklyn, acudió de visita al hotel donde se encontraban concentrados sus ciclistas conduciendo un llamativo Ferrari. Como no podía ser de otra manera todo el equipo quedó impresionado y el patrón al darse cuenta de ello se dirigió a su gran estrella, Roger de Vlaeminck, y le


Enfants Terribles espetó: “¿Te gusta?, si ganas mañana te lo doy.” Huelga decir que al día siguiente El Gitano tiró de todas las artimañas posibles para acabar venciendo en la Via Roma, meta de la Classicissima. Tras llevarse su segunda Roubaix y primer il Lombardia llegaría 1975, una temporada memorable en todos los aspectos, con cuarenta y ocho victorias y más de una buena bronca. Logró el maillot arcoíris en la modalidad de ciclocrós y un más que meritorio cuarto puesto en el Giro de Italia, amén de vencer en un montañoso Tour de Suiza en el que se impuso pese a ser solamente un flahute, así denominaban con desdén los franceses a los flamencos. Una montañosa ronda helvética en la que dominó por encima Merckx y el ciclista de casa Louis Pfenninger. Aquella primavera añadió a su particular vitrina un tercer adoquín de Roubaix. Un día en el que tuvo lugar una batalla épica, con remontada histórica de Eddy Merckx en los diez kilómetros finales de carrera tras sufrir un inoportuno pinchazo. Fue al imponerse al Canibal en la meta de l´enfer du Nord, cuando el comentarista de la televisión valona, no pudo dejar escapar aquel “¡Me cago en…!” Eso es levantar pasión y posicionar a todo un país. A esta gloriosa temporada le faltó la guinda del mundial en ruta celebrado en Yvoir-Bélgica. La fede-

ración belga seleccionó a nuestro protagonista pero sin hacerle ninguna concesión ya que se encontraban en una guerra constante. Así, Roger fue el noveno hombre. Eddy Merckx acudía liderando a los valones con tres de sus gregarios fieles, Freddy Maertens hacía lo propio con otros tantos flamencos. El rey de la controversia y la polémica formaría parte de un singular “equipo”. Una selección con tres subgrupos que, de haber colaborado entre ellos, hubieran sido invencibles. Pero en lugar de ello fueron lamentables. La cuestión es que Maertens se la tenía jurada a Merckx y ambos a De Vlaeminck, lo cual no era de extrañar. Vamos, una bomba de relojería. Un río revuelto en el que el neerlandés Hennie Kuiper acabó pescando el maillot arcoíris por delante de Roger que, según comentó, se había sentido traicionado por todo el mundo, federación, valones y flamencos. Qué cosas. Un año después, sumaría casi treinta victorias incluido otro Giro de Lombardia más. Pero por encima de ello debemos destacar “su actuación” en el Giro de Italia. Roger acudía a la Corsa Rosa como líder del equipo pero las circunstancias hicieron que en la decimonovena etapa, con final en el Rifugio di Gardeccia, su compañero de equipo

Johan De Muynck le arrebatara el liderato a Felice Gimondi. De Vlaeminck consideraba a De Muynck un gregario y no estaba dispuesto a trabajar para él, por lo que al día siguiente, camino de Comano Terme, El Gitano y su fiel Willy De Geest se escondieron en un bosque y salieron cuando venía el camión-escoba. En su biografía De Vlaeminck dice que estaba lesionado y que no podía más, que todo lo que escribió la prensa belga al respecto, tratándole de traidor, le dolió mucho. A todo esto De Muynck no pudo defenderse por falta de equipo y perdió la maglia rosa en beneficio de Gimondi en la cronometrada del penúltimo día en Milán. Pero aún daría para más aquel año de 1976. La federación de ciclismo belga estando como estaba en una perpetua guerra con Monsieur Roubaix desistió y


Enfants Terribles no lo convocó para el mundial de Ostuni (Italia), pese a ser entonces subcampeón del mundo. La elección no le salió mal al estamento belga ya que Freddy Maertens se trajo el oro de tierras transalpinas mientras a Roger le quemaba la ira por dentro. 1977 sería el año en el que cerraría el círculo de los grandes monumentos imponiéndose en su cuarta Roubaix y, por fin, primera De Ronde. Roger De Vlaeminck estaba dispuesto a vencer en el Tour de Flandes por todos los medios.Y cuando decimos todos los medios no exageramos, ya que a eso fue a lo que recurrió nuestro amigo para entrar en el selecto club de Rick Van Looy y Eddy Merckx. Con un Eddy Merckx que por entonces ya no era el gran dominador que otrora fuera y un Freddy Maertens erigido en ídolo flamenco, Roger de Vlaeminck se había dispuesto llevarse, de una vez por todas, la gran clásica de Flandes. Un gran reto que requería mucha fuerza, más pundonor y, sobre todo, una gran dosis de astucia.Y de esto último el benjamín de los De Vlaeminck andaba sobrado. A cien kilómetros de meta, Eddy Merckx se lió la manta a la cabeza y arrancó la moto. Por detrás los capos de la carrera tomaron cartas en el asunto y Freddy Maertens salió a por el Canibal, con Roger a su rueda. Se montó la de San Quintín. Con la carrera

loca, quedaron en cabeza Maertens y De Vlaeminck. Por aquel entonces el cambio de bicicleta estaba prohibido, a no ser que se hubiera sufrido una avería en la misma. El hecho es que Maertens cambió de bicicleta, los jueces de carrera se acercaron al coche de su equipo el Flandria y observaron que no tenía avería alguna, por lo que se dirigieron a Freddy para comunicarle que estaba descalificado, que podía acabar la carrera, pero que no contaría para la clasificación. Roger que de tonto no tenía un pelo, y de sordo menos, escuchó con atención la conversación y poco tardo en dirigirse a su compañero de escapada para decirle: “Freddy, por atrás viene Eddy Merckx como un loco (recuerden que Maertens se la tenía jurada a Merckx), si me ayudas a ganar, seré muy generoso contigo”. Para maertens el simple hecho de que no ganara Merckx ya era una recompensa, por lo que se puso a tirar como un caballo hasta meta. En la llegada, Roger batió con facilidad a uno de los mejores velocistas de la época. Lo peor vino cuando se ba-

jaron de la bici. Los mismos jueces de carrera, se dirigieron a Freddy Maertens para comunicarle que habían estudiado mejor el caso y que lo readmitían en carrera. El líder del Flandria montó en cólera, se dirigió hacia El Gitano y le gritó delante de todo el mundo: “¡Te has cargado esta carrera!” No exagerábamos cuando decíamos que Roger de Vlaeminck estaba dispuesto a ganar el Tour de Flandes por todos los medios. En 1978 nuestro amigo fichó por otro equipo italiano, el Sanson, que ya contaba con otro gallo en el corral, Francesco Moser. En su biografía Roger cuenta que aceptó el contrato única y exclusivamente por el dinero, ni más ni menos. La cuestión es que la jugada no le salió mal en la primera gran carrera del año, la Milán-San Remo. En la subida al Poggio Roger se coló en una escapada junto a un joven italiano con muy buena pinta, Giuseppe Saronni. Como no podía ser de otro modo, El Gitano se negó a colaborar esgrimiendo que Moser “su líder” venía por detrás. Con el pelotón echándose encima de los dos escapados,

“Se dirigió Roger y le gritó delante de todo el mundo: ¡te has cargado la carrera!”


Enfants Terribles acudimos una vez más a una victoria “made in De Vlaeminck”: sangre fría, astucia y engaño. La cuenta le vendría de vuelta en su carrera predilecta, la París-Roubaix. Roger acudía dispuesto a llevarse su quinto adoquín, pero su compañero de equipo Moser se le adelantó a la hora de atacar. En el grupo perseguidor marchaban Freddy Maertens y Jan Raas, junto a nuestro protagonista. De Vlaeminck ofreció dinero a sus acompañantes para que fueran en busca de su compañero de equipo, a lo que en Italia llamaron “la proposición indecente”. Roger ni corto ni perezoso confirmó tal hecho, es más, admitió que les prometió 50.000 francos belgas a cada uno y que lo intentaron pero que no tenían fuerza.

per. 1982 es el año en que comienza de manera oficial el declive de esta figura ciclista. De hecho llega el punto en que confirma su retirada. Volvió en 1984, paradójicamente… al equipo de Moser, el GIS-TUC. La explicación es que tras su segundo divorcio Roger necesitaba dinero y sólamente en el ciclismo podía conseguir un buen contrato. De todas formas, no lo había dejado del todo porque había corrido en ciclocrós durante el año sin licencia profesional con un sponsor privado, Gios. Lo cierto es que no anduvo mal, porque ganó siete carreras, entre ellas la única etapa de la Vuelta a España que adorna su palmarés.

taba con 39 años, regresó a correr en ciclocrós en 1986 con un maillot patrocinado por la marca… ¡Eddy Merckx! Resulta increíble con la rivalidad que habían tenido. Dice Roger que Eddy le animó a correr dado que El Caníbal le había visto muy en forma en una prueba de antiguos ciclistas. Otros testimonios dicen que Merckx se enteró de los problemas económicos de su antiguo rival y que le echó una mano. Esta hipótesis parece confirmarse cuando se supo que Roger tuvo un hijo al que llamó Eddy, fruto de su tercer matrimonio. En 1987 se retiró de manera definitiva vistiendo el maillot del Hitachi.

Tras una nueva retirada del ciclismo a finales de 1984 Roger, que ya con-

Tras una carrera ciclista en la que venció en más de ¡trescientas ca-

La siguiente temporada, ya 1979, vencería de nuevo en la Classicissima. Esta vez la noticia fue que lo logró de manera limpia pero en varias citas importantes vio su libertad de movimientos limitada por la presencia de Francesco Moser. Hecho por el cual cambió de equipo en 1980, firmando por el Boule d’Or belga, formación con la que acabo echándose los trastos a la cabeza. En 1981 firmaría con otra escuadra belga, la Daf Trucks, pero al igual que en el Sanson, se vio limitado en competición, esta vez por la presencia de otro gran corredor, el holandés Hennie Kui“Un gran día: Roger de Vlaeminck”. Acrílico/table/collage. Autor: Miguel Soro


Enfants Terribles rreras! entre carretera, pista y ciclocrós, pasó a realizar labores de director de equipo en Hitachi 1988-1989, Isoglass 1990, Tonton Tapis 1991, GB-MG en 1992 junto a Patrick Lefevere, Collstrop 1994-1995 y Palmans 1996-2000. En 2003 pasa a ser manager de un equipo de ciclocrós, el Saey-Deschacht, formación que contaba con tres corredores de Zimbabwe para hacerles correr en el barro. La televisión belga VTM realizó un reality en el que seguía la preparación y las andanzas de estos corredores perdidos en el frío invernal de Europa. La emisión tuvo un éxito increíble. Para terminar no podemos obviar una anécdota a la que, siempre que puede, hace mención su ex compa-

ñero en el Flandria-De Clerck-Krüger, Walter Godefroot. Cuando llegaba la época de las clásicas Roger se solía poner en contacto con Walter. Le llamaba lloriqueando, diciéndole que se encontraba falto de motivación y sin ganas de entrenar. Godefroot acababa por quedar con El Gitano para salir a entrenar. Cuando llegaban a los cien o ciento pocos kilómetros de rodaje Roger paraba y le decía a Walter que no podía más y que se volvieran a casa. Así un día sí y otro también. Cuando llegaba la hora de rendir en las clásicas, Walter dice que él acusaba la falta de fondo, mientras que Monsieur Roubaix marchaba como un Gitano. Esto es debido a que en sus citas Roger madrugaba y se metía entre dos y tres horas

de entrenamiento previas para posteriormente cambiarse de ropa y acudir a su cita en casa del propio Godefroot. Si otro fuera el protagonista sería una historia inverosímil. Con motivo de una concentración invernal del equipo Brooklyn, a Roger no se le ocurrió otra cosa que acudir acompañado de su amante. Con tan mala suerte (para él), que su mujer que ya andaba con la mosca tras la oreja y los cazó de pleno. Por lo que el ambiente relajado y sostenido que suele caracterizar las citadas concentraciones invernales, se vio “un poco” alterado. De grote karakter, Roger de Vlaeminck (el gran personaje, Roger de Vlaeminck).

“De grote karakter, Roger de Vlaeminck”


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LOGROS DESTACADOS Milan-San Remo 1973, 1978 y 1979 Tour de Flandes 1977 París-Roubaix 1972, 1974, 1975 y 1977 Liega-Bastogne-Lieja 1970 Giro Lombardia 1974 y 1976 Tirreno-Adriático 1972, 1973, 1974, 1975, 1976 y 1977


Los sprinters de los 90 por Imanol González

En ciclismo siempre hemos disfrutado de ese subgénero de hombres rápidos, ávidos de adrenalina, desafiantes y poderosos ante el peligro a la vez que frágiles ante el infortunio, las derrotas y las caídas. Son los velocistas, sprinters u hombres rápidos. En este heterogéneo grupo hay un antes y un después en la obligatoriedad de usar el casco. Y es que durante los años noventa la estirpe de los llegadores, probablemente, tocó techo en cuanto a figuras, protagonismo y momentos mediáticos se refiere. Este culmen se debió en gran medida a la llegada al pelotón de un mocetón de Lucca enfundado en la maglia giallo de la escuadra Del Tongo italiana. Como no podía ser de otra manera hablamos de Mario, “il bello” o “el rey león” Cipollini. En mi fuero interno me gusta diferenciar tres gamas, tipos o escuelas de especialistas en volatas. Por un lado tenemos la italiana, fructífera, elegante, alocada y aliñada con bien de gomina. Como bien hemos dicho “el rey león” era su abanderado. Frente a ésta nos encontramos con su antagonista, la representada por Djamolidine “el terror de Taskent” o “califa” Abdoujaparov. La brusquedad por bandera y la palabra peligro escrita en la frente. Cavendish al lado del uzbeko es una hermanita de la caridad, un chaval de preescolar al que de tan solo haber tenido al ex¬-soviético codo con codo le hubiera hecho mearse en los pantalones. Al margen de estas dos líneas bien definidas nos encontrábamos a los típicos corredores polivalentes, muy rápidos y excelentes clasicómanos: Dmitri Borísovich Konyshev,Wilfred Nelissen, Olaf Ludwig, Fabio Baldato, Fréderic Moncassin o Erik Zabel.


Tubular vs Cámara

C

omencemos. En el año noventa el panorama ciclista estaba al borde de un relevo generacional inevitable. Los Lemond, Fignon, Delgado, Roche, Bernard, Rooks, Mottet, Hampsten, Lejarreta dejarían paso a la nueva ola liderada por Indurain, seguido de Chiapucci, Bugno, Rominger, Ugrumov. A dos aguas tenemos a Breukink o Chioccioli y una gran pléyade de grandes deportistas. A su vez, el trono de las llegadas masivas clamaba por un nuevo jefe que dominara esta disciplina en la que lo único válido es la victoria. Guido Bontempi, Jean Paul Van Poppel (padre de Boy y Danny), Adriano Baffi (su hijo Piero también es profesional), Uwe Raab, Mathieu Hermans, Eddy Planckaert o Urs Freuler eran algunos de los que se habían estado jugando los cuartos cuando gente como Jelle Nijdam no lo impedía. En éstas, un joven de buena planta, engominado y dotado de una buena dosis de arrogancia y narcisismo tocó a la puerta. O más bien la echó abajo. De los que acabamos de nombrar Van Poppel y Baffi siguieron dando guerra hasta mediados de década. Es más, el holandés ganó sprints en alguna de las tres grandes desde 1987 hasta 1994. El transalpino era un velocista proveniente de la pista (al igual que Martinello y hoy

día Viviani) y en los velódromos fue donde una vez dejada la carretera de lado acabaría por retirarse. El treinta de mayo de 1990 Mario Cipollini levantaba por primera vez lo brazos en una gran ronda, concretamente en la meta de Udine, donde finalizaba la decimosegunda jornada del Giro d´Italia. Una corsa rosa en la que Gianni Bugno dio rienda suelta a toda su tiranía, vistiendo la maglia de líder absolutamente todos los días de carrera. Mario el grande llegaba para quedarse. Nada ni nadie se interpondrían en su camino. La polémica o las continuas multas interpuestas por los jueces eran el pan de cada día que no servían más que para alimentar su hambriento ego. Super Mario creó tendencia en muchos aspectos. Además de comenzar a vestir de arriba abajo a juego con el maillot que le tocara llevar en carrera fuera verde, jaune o rosa. Decidió, además, rodearse de hombres de confianza, excelentes velocistas que realizaban el trabajo sucio, dejándolo listo con todo dispuesto para un sprint limpio como tanto era de su gusto. La creación de famoso “treno”, vino precedida de una fea caída en la segunda jornada de la Vuelta España de 1994 que unía Valladolid y Salamanca. Se dio la circunstancia que dos velocistas del mismo equipo, el Merca-

tone-Uno, se disputaron la llegada. Eran Adriano Baffi y Mario Cipollini. El Rey León quedó encerrado entre su compañero y un vallado contra el que acabaría chocando. Fruto de ello, Cipollini quedó tirado en el suelo como si fuera un muñeco de trapo. De ahí en adelante el de Lucca hizo dos cosas: La primera, hacer que Baffi saliera del equipo y la segunda, crear el espresso que lo llevaría a reinar en las llegadas con lanzadores finales de auténtico lujo. Contando con rodadores y velocistas capaces de ganar volatas en ausencia de su capo, como eran Silvio Martinello (campeón olímpico en pista), Giovani Lombardi o Gian-Matteo Fagnini, entre otros. En este mismo 1994, otros miembros del grupo “kamikazes de los noventa” tuvieron un punto de in-


Tubular vs Cámara flexión en sus carreras deportivas, fruto de otro accidente sonado en una recta de meta. Tenía lugar la segunda etapa del Tour de Francia. Un gendarme quiso hacer algo que no debía, sacar una foto del sprint final, y el resultado no pudo ser peor. La carrera venía lanzada, con una lucha en la que la victoria parecía quedar entre Djamolidine Adoujaparov y Wilfred Nelissen. El obstinado belga, que venía de recuperarse de una larga lesión, se comió al inoportuno agente llevándose consigo al suelo a Laurent y Jalabert y Fabiano Fontanelli. De estos tres implicados, ninguno volvió a ser un hombre bala de los que se la juegan en los metros finales de las llegadas masivas. Wilfred Nelissen al que tanto había le había costado recuperarse, el infortunio lo perseguiría con más caídas. Una rotura de clavícula en 1995 en la meta de la antes denominada Het Volk tras ser cerrado por… Abdoujaparov, amén de una fractura de tibia y peroné en 1996 mientras tomaba parte en la Gante Wevelgem. Volvería en 1997 con el Palmans, pero el que fuera prometedor velocista flandrien ya estaba para echar a los leones. Laurent Jalabert corrió diferente suerte. Tras una larga recuperación de la avería que le provoco aquella caída, con múltiple fractura de mandíbula inclusive, su horizonte como corredor cambió de pleno. No va-

mos a descubrir a estas alturas a Jaja, ni su mutación a ciclista 4x4. El tercero en discordia, Fabiano Fontanelli, siguió siendo un hombre rápido y oportunista en carrera. Un producto made in Italia, al cento per cento. Así lo atestiguan las tres victorias de etapa que ostenta en el Giro, todas posteriores al fatídico día de Armentieres. Al igual que lo son sus dos positivos, uno en 1996 por testosterona y otro en 2001 por epo ostentando así el dudoso honor de haber sido el primer ciclista al que le detectaron eritropoyetina en la orina. Morbo al margen Fabiano acabó formando parte de la guardia pretoriana de Marco Pantani en Mercatone, al estilo Daniele

Bennati en Tinkoff. Uwe Raab y Olaf Ludwig son dos claros ejemplos de las circunstancias de la época.Ambos corrían con el maillot azul de la RDA (República Democrática Alemana), Uwe llegó a ser campeón del mundo amateur y Olaf campeón olímpico en Seul´88. Hasta la caída del Muro de Berlín y la reunificación de las dos Alemanias no pudieron firmar contratos profesionales, de ahí que el salto del campo amateur lo dieran en el año 1990 a una edad inusual y estando curtidos en mil batallas. De hecho, Raab contaba con veintisiete años y Ludwig veintinueve. Esto les facilitó hacerse a la máxi-


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“Este uzbeko, con cara de mala de mala leche, se caracterizó por su brusquedad” ma categoría sin problemas ya que tenían el culo pelado de competir en un mundo amateur que nada tiene que ver con lo que hoy día conocemos. Raab pasó a PDM y en sus dos primeras temporadas triunfó en la Vuelta España, llevándose ambos años la regularidad. Por otro lado Ludwig conoció el profesionalismo de mano de Peter Post y su Panasonic. La presentación de Olaf no pudo ser mejor: debut en el Tour con victoria y maillot verde. Además, a lo largo de su carrera demostró su polivalencia lo que le hizo vencer en clásicas como Amstel Gold Race, Kuurne-Bruselas-Kuurne o E3 Prijs Harelbeke. En 1993, con la creación del Telekom germano, sus caminos se volvieron a juntar en una escuadra que ese mismo año daba la oportunidad a otro gran velocista, Erik Zabel. Retomando la línea de Mario Cipollini siempre me viene a la memoria Endrio Leoni, otro italiano ultrarrápido que hubiera sido capaz de condicionar seriamente la existencia de Cipollini de no haber sido por sus continuas molestias de espalda. Unas dolencias las cuales

limitaron sobremanera la carrera profesional de este ciclista dotado de una potencia sobrehumana. Al igual que Baffi y Cipollini, Fréderic Moncassin y Djamolidine Abdoujaparov también compartieron escuadra, aunque de manera efímera, en el Novell en 1995. Esta formación fue heredera del Word Perfect, que a su vez había cogido el testigo del PDM. Galo y uzbeko eran dos de los tipos duros de las llegadas masivas. Fréderic era un excelente clasicómano, especialista sobre el adoquín y el barro. De hecho, se impuso en la Roubaix amateur de 1989 y casi iguala aquella gesta como profesional en 1997 cuando se escapó junto a Andréi Anatólievich Tchmil. Cuenta también en su palmarés con el GP Herning danés, carrera que tiene lugar sobre diferentes tramos de grava, al igual que la Strade Bianche, y es además el único ciclista que ha vencido en etapas del Tour de Francia tanto de carretera, como de mountain-bike. Por otro lado, Djamolidine Abdoujaparov aterrizó en el profesionalismo en 1990 de la mano del Alfa-Lum, al igual que lo hicieran

varios ciclistas del otro lado del Telón de Acero. Este equipo italiano estaba repleto de figuras en ciernes, como eran los soviéticos Ugrumov, Ivanov (amigo de Perico), el ya citado Tchmil, la figura pasada de vueltas Serguéi Nikoláievich Sujoruchenkov “Soukho” o los velocistas Asiat Saitov y Dmitri Konychev. Este uzbeko, con cara de mala leche, se caracterizó por su brusquedad de movimientos e implicación en caídas, como la que tuvo en los Campos Elíseos en 1991 portando el maillot verde de la regularidad. Junto a Jalabert y Merckx forman el selecto club de ganadores de la clasificación por puntos en las tres grandes vueltas por etapas. Su retirada se vio oscurecida por una serie de positivos que la UCI comunicó a la federación uzbeka y de la que nunca obtuvo respuesta. El ruso Asiat Saitov, que a muchos sonará de su época en Kelme o Artiach, era íntimo amigo de Djamolidine. De hecho, en la recta final de su carrera ciclista firmó con el Refin Ceramiche con el fin de retirarse junto al uzbeko y ser su lanzador. Pocas volatas compar-


Tubular vs Cámara tieron ya que no eran los mejores tiempos de uno ni del otro. Otro miembro de aquel histórico Alfa– Lum fue Dmitri Konychev. Más que velocista se trataba de un corredor dotado de enorme talento y fuerza capaz de romper la carrera en los últimos kilómetros, al igual que con más éxito lo hiciera una década antes Jelle Nijdam.Y al citar este tipo de guerrilleros de los últimos kilómetros no podemos olvidarnos del ucraniano Serguei Outschakov. Entre los grandes nombres de los noventa nos quedan en el tintero el checo Jan Svorada y el alemán Marcel Wust. Svorada fue un icono en las llegadas masivas del equipo Lampre. Siguió al líder del equipo Pavel Tonkov en su paso a Panaria y posteriormente al todopoderoso Mapei. Pese a competir en la época más competitiva de hombres rápidos, mojó en las tres grandes y en su palmarés alberga hasta veinticinco victorias al sprint en carreras hoy denominadas World Tour. Por su parte, Marcel Wust se hizo ciclista en Francia debutando con el equipo R.M.O., liderado por Charly Mottet en 1989, que pasaría

a denominarse Histor-Novemail en 1993. En 1995 nuestro veloz germano se vio implicado en el nefasto proyecto que fuera Le Goupement. Era el inicio de la temporada y de la noche a la mañana se encontró sin equipo. Fue entonces cuando Maximino Pérez, director del entones Castellblanch, se encontró el mayor chollo de su carrera, un velocista de primera fila a precio de saldo. Fue la Vuelta España de ese mismo 1995 el punto de inflexión en la carrera de Wust. La victoria en tres etapas fueron las culpables de tal hecho. Giro y Tour también serían testigos de su punta de velocidad. Fue en la Grande Boucle donde venció un sprint masivo vestido con el maillot de lunares rojos que caracteriza ¡al mejor escalador! Otras dos figuras que también llegarían a vencer en etapas de Tour, Giro y Vuelta fueron los transalpinos Fabio Baldato y Nicola Minali. Al primero lo recordamos siempre por su pelo perfectamente recogido con una coleta morena a la que vez que embutido en unas aparatosas gafas de la marca Briko. Alargó su carrera hasta los cuarenta y un

“Un diamante en bruto que hubiera marcado época: Manolo Sanroma”

años. Acabó su vida ciclista reconvertido en excelente coequipier. El segundo fue el tan discreto como veloz ratón de la época Gewis-Ballan. En la escuadra de Emmanuelle Bombini disfrutó de sus mejores momentos venciendo en dos ocasiones la clásica predilecta de los sprinters, la París-Tours, amén de doce etapas en grandes vueltas en el lapso comprendido entre 1994 y 1998. Alguno pensará que me he olvidado de Johan Musseuw “El león de Flandes”. Pese a sus comienzos como hombre rápido hemos preferido mantener su estatus como uno de los mejores clasicómanos de siempre. Entre los de casa tuvimos como referente a Angel Edo, aunque ya a finales de esta década pre-2000 un diamante en bruto, que sin duda hubiera marcado época, se nos quedó en el camino: Manolo Sanroma. Juan Carlos González Salvador y Alfonso Gutierrez en la transición de los años 80 a los 90 o Asier Guenetxea son algunos de los nombres de una escuela que nunca se ha cuidado demasiado por estos lares.


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“Pero su estrella se apagó de golpe y tras tres victorias más en 1995 no volvió a ganar nada”

Para finalizar, me gustaría añadir una serie de satélites que, de manera fugaz, ilusionaron o hicieron pensar al personal que tenían ante si a futuros grandes velocistas. En la Vuelta España de 1994 dos italianos se repartieron el botín de las metas volantes y los sprints especiales. El primero (metas volantes) fue para Mauro Radaeli del Brescialat. Un año más lograría repetir mismo galardón. Pero acabó prefiriendo esprintar en metas intermedias que hacerlo al final de cada etapa, con el consiguiente efecto directo en su palmarés. El segundo (sprints especiales) fue para Alessio Di Basco, velocista de mayor trayectoria que el anterior y que defendía al Amore &Vita con sede en Ciudad del Vaticano.Aunque sin ser un nombre de referencia entre los más rápidos del pelotón, sí acabó por ser resultón ya que en esa misma Vuelta España venció en la llegada masiva de Santander, además de dos volatas en el Giro de Italia. Sus últimos años de profesionalismo transcurrieron currando para Mario Cipollini en el treno del Saeco.

Este mismo año de 1994 debutaba en el profesionalismo la Fundación Euskadi de Miguel Madariaga. A la sombra del antes citado Juan Carlos González Salvador apareció un joven llamado Javier Palacín. A una primera temporada profesional muy buena le siguió una segunda muy mala y a ésta una recalificación en amateur. Una segunda oportunidad en el campo aficionado que le brindó el Kaiku de Iñaki Juanikorena. Una vez recalificado logró imponerse en la Clásica de Lasarte, que por entonces era una de las carreras más importantes del calendario aficionado. Pese a ello nunca volvería a dar el salto a la élite. La escuela italiana, al igual que grandes figuras, también nos ha surtido de nombres que en su momento nos hicieron soñar con algo más. Tal es el caso de Samuele Schiavina que debutaba en 1994 de la mano del Carrera –Tassoni. En su primera temporada arrasó durante la época estival con dos victorias en la extinta Volta Galicia y tres en la Vuelta Burgos. Pero su estrella se apagó de golpe y tras tres victorias

más en 1995 no volvió a ganar nada hasta que retiró en 1999. Su vida deportiva tuvo un segundo capítulo menos conocido dado que tuvo lugar compitiendo en el calendario organizado por las federaciones disidentes de la UCI, que tienen lugar en Italia. Mientras ultimábamos este artículo, nos llegó la triste noticia de su fallecimiento a consecuencia de las heridas producidas por un accidente de motocicleta. Descanse en paz. Mario Traversoni pasó al Carrera-Tassoni en 1996. Sorprendió a muchos al lograr ese mismo año el subcampeonato de Italia tras Mario Cipollini y por delante de Endrio Leoni. Este hecho hizo que pareciera estar llamado a ser el relevo de tan grandes nombres. En 1997 fichó por Marcatone-Uno y se llevó de rebote una etapa del Tour de Francia tras la patética llegada realizada por Bart Voskamp y Jens Heppner. De esa temporada en adelante su carrera como ciclista le llevó a Saeco en 1999 y de ahí un declive continuo hasta su retirada.


Tubular vs Cámara El sueco Glenn Magnusson debutó como profesional de la mano del productivo Amore&Vita en 1996. Este gigante escandinavo no era un neo al uso ya que contaba con veintisiete años en el momento de dar el salto y eso le facilitó las cosas a la hora de adaptarse al pelotón. Tanto fue así que en sus tres primeras participaciones en el Giro de Italia sumó volata por año. Reseñar que todo esto tuvo lugar en plena era Cipollini. Tras su exitoso debut con el equipo del Vaticano fichó por UsPostal y más tarde con Domo Farm Frites. Su retirada tuvo lugar en 2001 sin lograr añadir victorias reseñables a su palmarés.

con solvencia al Rey León y los comentaristas de la RAI creyeron encontrarse ante el nuevo mesías. Pero Ivan Quaranta no era precisamente lo que se conoce por un ciclista disciplinado ni constante. Se valía de su tremenda calidad y eso le funcionó hasta 2001, tres temporadas en las que sumó volatas a pares en la corsa rosa. Su peso y sus pocos resultados no fueron obstáculo para que le ofrecieran una y mil oportunidades de enderezar su carrera. Una vida deportiva que finalizó en 2008, en el mismo punto de donde habían partido otros tantos velocistas de esta lista, el Amore&Vita.

Como penúltimo de la lista nombraremos a uno de los velocistas más delgados que ha dado el pelotón, Fabrizio Guidi. Nacido en Pisa, se destapó con el naranja de la formación Scrigno-Blue Storm en 1996. Tras ganar un buen puñado de carreras y arrasar en la Vuelta España de 1998, enfundado en el maillot del Polti, todos presagiábamos un futuro realmente brillante para el transalpino. Su carrera nunca acabó de despegar del todo.

En memoria de Manolito San Roma (como gustaba llamarlo Maximino Pérez).

Por último, al borde de clausurar la década de los noventa, en la primera volata del Giro de 1999 apareció una bala proveniente de la pista y que defendía los colores del pequeño equipo Mobilvetta-Design. Batió


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HUÉLAMO por Raúl Ansó Arrobarren

P

revio al inicio de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, asistimos, durante los meses de julio y agosto pasados, a la polémica, promovida en los grandes medios de comunicación, acerca de la participación de Rusia en ellos. Se convino en acusar a este país de “dopaje de estado”. A quien escribe no le gusta tratar acerca de la interrelación del ciclismo con dopaje. Hoy haré una excepción.Y explicaré porqué hago esta excepción.

Hace casi ya dos décadas que la UCI comenzó una muy loable campaña para erradicar o reducir el dopaje en el ciclismo. La, repito, muy loable intención, tuvo efectos como el de un disparo que sale por la culata. La UCI empleó muchos medios contra esta lacra. Sobre todo aumentó el número y la calidad de los controles antidopaje. Por supuesto que afloraron gran variedad de casos positivos. Y el ciclismo quedó sumido en una dinámica constante de escándalo tras escándalo.

Sin embargo, el resto de deportes del movimiento olímpico, y del no olímpico, no miraron para sus adentros. No siguieron el ejemplo del ciclismo. Continuaron consintiendo lo que el ciclismo ya tenía intención de no admitir. Peor que esto fue la hipócrita, por supuesto, reacción de la gran mayoría de grandes medios de comunicación, sobre todo en el estado español. Estos medios centraron casi la exclusividad del dopaje en el mundo del ciclismo. Librando, por lo me-


La escapada de Coppolillo nos mediáticamente, al resto de deportes de esta lacra. El ciclismo y los ciclistas eran los malos. El resto, debían de ser considerados como deportes con resultados deportivos creíbles.Ya… Viene esto a cuento del tratamiento, muy similar, como una regla de tres, que ha tenido Rusia en las fechas previas a los Juegos Olímpicos de Río. Cambien ciclismo por Rusia. Ahora la mala era Rusia. El resto de países, según los grandes medios de comunicación, presentaban a esta cita deportistas limpios y limpias. Ya… En mayo del año 2.006, el mundo del “ciclismo” español se vio salpicado por el escándalo de la famosísima Operación Puerto, promovida por la Guardia Civil. No hace falta extendernos mucho sobre este tema. Sólo en lo referido a lo del “dopaje de estado”. Ya en una de las primeras sesiones del juicio, el doctor Eufemiano Fuentes ofreció a la jueza la posibilidad de facilitar el nombre de todos y todas sus clientes. Estrepitoso silencio en la sala…y quizás también algunos sudores. Cierto es que el poder judicial, en un estado de derecho, se debe ceñir al ordenamiento jurídico. Que seguramente esa posibilidad, desde un punto de vista estrictamente técnico en

términos judiciales, era del todo inviable. Era, efectivamente, sólo un farol del doctor Fuentes. Una bufonada. Para que entendiéramos que era él y sólo él quien tenía la sartén por el mango. Que tenía a muchas personas y quizás a todo un “estado”, que durante muchos años se había vanagloriado de sus éxitos deportivos, en sus manos. Pero a pesar de lo anterior… Por ejemplo, determinadas sentencias del Tribunal Constitucional español tardan años en plural en publicarse. Sin embargo otras de ese mismo Tribunal Constitucional, dependiendo del tema de que se trate, tardan días o incluso horas en salir a la luz. A lo que vamos. Con total desconocimiento del ordenamiento jurídico, sí que se aprecian ciertos “márgenes” de actuación del poder judicial dependiendo de los casos. Y surge inevitablemente la pregunta: Desde un punto de vista estrictamente legal, ¿hubo o no hubo posibilidad real de averiguar esos nombres que el doctor Fuentes ofreció? Dopaje de estado… Peor, otra vez, fue el tratamiento que los grandes medios de comunicación del “estado” español dieron a aquel juicio y en concreto a este episodio. Sin entrar a juzgar la

catadura moral del doctor Fuentes y de sus esperpénticos ofrecimientos para dar esos nombres. Porque, según publicó el diario “El País” la mañana del domingo de finales de junio en que se iba a disputar el campeonato de España de ciclismo en ruta de 2.006, los implicados eran alrededor de 190 deportistas. De los cuales, 50 eran ciclistas, que ya son. Pero… es que había 140 que no eran ciclistas… Los grandes medios de comunicación, los que forman y conforman la opinión de la mayoría de los habitantes de un “estado”, bien pocos esfuerzos han hecho por investigar acerca de esos y esas 140 deportistas no ciclistas. Hecho que contrasta con los pelos y señales que han transmitido sobre los casos que afectaban a los ciclistas. ¿Quiénes son esos 140? ¿Podemos estar tranquilos de que los muchos y variados éxitos deportivos cosechados por los representantes españoles en estos últimos lustros lo han sido en buena lid? Hoy hablaremos del caso de Jaime Huélamo y de los sucesos relacionados con la medalla de bronce obtenida por este ciclista en la Olimpiada de Munich de 1.972. Una sucesión de episodios un tanto chuscos, que podían ser el guión de una película, la típica “españolada” de los años setenta. Pero no. Los sucesos son reales. La realidad en


La escapada de Coppolillo este caso superó, una vez más, a la ficción. Conoceremos cómo se regían las federaciones nacionales y regionales en aquellos años del tardo franquismo. Unas formas que, por desgracia, no distan mucho de cómo se funciona en la actual democracia, como nos podrían aseverar quienes hoy en día se mueven en esos despachos para hacer diferentes trámites. Cortijos, chiringuitos, cuotas de poder… llámenlo como quieran.

Pardo, Palavecino…

Este relato está basado en una entrevista publicada en el semanario ciclista “Meta 2 Mil” en septiembre de 1.988. El encuentro tuvo lugar en la localidad de La Melgosa (Cuenca). El entrevistador fue el entonces director de esa publicación, Chema Rodríguez. El entrevistado por supuesto, el propio Jaime Huélamo.

En la entrevista, el conquense ya pronto nos ponía en antecedentes: “El affaire de Munich (1.972) se comenzó a forjar en la Olimpiada de México (1.968). El entonces presidente de la Federación Española de ciclismo botó (después de la competición azteca) a toda la federación, porque no se consiguió medalla.Y creo recordar que allí se hablaba de que el único deporte del que podía esperarse medalla era del ciclismo, y entonces se fracasó, con un equipo de campanillas, donde estaban Gómez Lucas, Tamames, Lasa, Zubero, Linares…un equipo fenomenal. ¿Por qué botó a toda la federación? Porque no hubo medalla. ¿Qué iba a pasar en Munich si no había medalla?, pregunto yo… Entonces yo creo que ambos cabos están conexionados”.

Jaime Huélamo nació en La Melgosa en 1.948 y falleció en enero de 2.014. A sus once años emigró con su familia a Barcelona, y fue allí donde inició su carrera deportiva como ciclista. Fue coetáneo de los Viejo, Elorriaga, Nistal, Melero, Tena,

Ya en 1.972, previamente a la Olimpiada de Munich, la selección nacional española de ciclismo acude a los Juegos del Mediterráneo que se disputan en Esmirna. El equipo español arrasa. Gana Elorriaga, segundo es Francesco Moser y tercero

“La coramina la cogí del botiquín que llevaba la selección”

Viejo. Nuestro protagonista Huélamo es quinto. Los ciclistas españoles pasan control y nadie da positivo. Sin embargo, en la entrevista, el conquense ya matiza: “No se da positivo porque allí los controles no llegan a donde tienen que llegar. Nosotros no estábamos en Esmirna, estábamos a 200 kilómetros, en pleno desierto, y los controles no llegaban ni a Esmirna…”. Me veo en la obligación de aclarar este punto, porque en otro momento de la entrevista Huélamo afirma que no pasaron controles en Esmirna. Así que no queda claro del todo este asunto de si en los Juegos Mediterráneos hubo o no controles antidopaje. De una tacada, Jaime Huélamo nos relata lo sucedido en relación a su positivo con Coramina. Transcribiré esta parte de la entrevista prácticamente en su totalidad, porque es una auténtica joya descriptiva de cómo se funcionaba en el ciclismo de aquellos años. “Yo di positivo por coramina. La coramina no estaba prohibida por la UCI, pero sí lo estaba por el COI, aunque ninguno de los ciclistas lo sabíamos”. (Advierta el o la lectora la similitud con el caso de Pedro Delgado en el Tour de 1.988). “Además, la coramina no tiene un gran efecto, porque es un cardio-


La escapada de Coppolillo rrespiratorio.Yo lo tomaba un poco por las salidas, porque andaba mal con el frío. Comencé la temporada de 1.972 muy bien. Pero en el Tour de Rosellón (febrero) cogí una bronquitis y estuve una semana en cama. Salgo de ella muy flojo y Ramón Mendiburu (el entonces seleccionador) me dice en San Sebastián que cuenta conmigo para la Olimpiada, pero que si no ando no podrá llevarme…Yo le dije que lo comprendía. Mendiburu me llevó a la Vuelta a Polonia para ver si cogía el golpe de pedal.Tomé varias veces coramina y mejoré los problemas del pecho que todavía arrastraba desde el Rosellón. Hice octavo, aún ayudando a José Luis Viejo. Fuimos luego a otras pruebas preparatorias a Suiza. ¡Cómo andaría allí que acabaron incluyéndome en el equipo de contra el reloj (100 kilómetros de contra reloj por equipos con cuatro ciclistas en cada formación) aunque en un principio no estaba previsto!” “Ya en la Olimpiada, en Munich, en la prueba de 100 kilómetros contra el reloj por equipos, salgo sólo con un bidón de líquido. Té, glucosa y esas cosas. A los 10 kilómetros empecé a beber para alimentar al cuerpo progresivamente. En mi primer trago, a mi me entra un dolor que yo identifico como flato. Luego supe que no era flato, sino dolor de hígado. Ya no volví a beber más en

“Alguien vio a Morata, el masajista, agitando el bidón de agua antes de dármelo” toda aquella prueba contra el cronómetro. Con el paso del tiempo me he preguntado: ¿Por qué me dio aquel dolor de hígado? Sufrí un montón. El dolor no me abandonó durante toda la prueba. Al día siguiente notaba como agujetas en la zona.” “Cuando Mendiburu me dice que voy a salir en la prueba en línea, le digo que tengo mucha ilusión, pero que si tenía que andar con los dolores de la contra reloj por equipos prefería que pusiera a otro en mi lugar. En eso quedamos. Entre la contra reloj y la prueba en línea había un espacio de cinco días, que luego fueron más por el atentado de los palestinos. Durante esos días se disputó una prueba preolímpica en Nurenberg en línea. La corrí e hice segundo. Entonces cambié de opinión y decidí correr la olímpica también. Para asegurarme una buena salida tomé la coramina. La coramina la cogí del botiquín que llevaba la selección. Un terrón de azúcar y unas quince gotas de coramina, sin darle mayor importancia. Si había prohibición, ¿por qué no se nos dijo? En Munich no llevába-

mos médico, pero sí un director, un masajista, un presidente de federación… gente que debía preocuparse de esas cosas…” Y llegó el gran día… “José Luis Viejo era el hombre destinado a estar al final. Pero se quedó atrás. Viejo no corrió la preolímpica de Nurenberg para evitar una caída. Se complicó la cosa. Samaranch (entonces presidente del Comité Olímpico Español) nos avisó el día antes de la carrera que se iba a disputar la prueba, pero al final no se hizo. (Recordamos que las fechas fueron modificadas sobre la marcha por los atentados del grupo “Septiembre Negro”) Total. Habíamos comido fuerte para esa carrera y volvimos a comer fuerte el día siguiente. En suma, Viejo salió hinchado el día de la prueba olímpica, con peso acumulado. El caso es que era yo el que tenía que definir la cosa. En la última vuelta al circuito había un avituallamiento de agua. Alguien vio a Morata, el masajista de la selección española, agitando el bidón de agua antes de dármelo. Y el agua no necesita que se agite…”


La escapada de Coppolillo “Yo no noté ningún sabor especial. Además no se nota. En las concentraciones gastábamos bromas a los compañeros. Les poníamos algo en la botella de agua, cuando iban a acostarse, y así no podían dormir. Por la mañana, te dabas cuenta que en el fondo había unos posos… Pero el gusto no se nota. En fin. A mi se me dijo que el positivo fue por coramina, pero yo nunca vi ningún documento que así lo certificase. Yo recibo el bidón pero en un principio no bebo. Me echo el agua por la cabeza. No me atrevo a beber porque pensaba que me podían volver los dolores de hígado. Faltando cinco kilómetros ya bebí pensando en que ya no podía dolerme. Llegué a meta con medio bidón todavía lleno. Lo que bebí cabe en una copa de coñac. La prensa dijo que era una medalla sin ningún valor. Pero aquel bidón sólo me sirvió para dar positivo. Para nada más”. La medalla de oro fue al pecho de Hennie Kuiper. En el sprint por el segundo puesto, el australiano Sefton batió a Huélamo. “Me dio mucha rabia hacer tercero y no segun-

do. Creo que la plata estaba en mis piernas”. “En el podio se olvida todo. Te olvidas de la carrera, ves subir la bandera de tu país, escuchas el himno y te emocionas… Allí estaban dándome abrazos los compañeros, los auxiliares, Mendiburu, Puig, Juan Gich y algún que otro periodista. Recuerdo que vino un hombre, al que entonces no conocía, y me dijo muy solemne: “Un español te felicita”. Era Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del COE. Desde aquel día nunca más volví a verle…”. “El positivo me lo comunican a la mañana siguiente. Iba a dar un paseo con los compañeros y veo que Mendiburu, muy serio, me llama. Me comunica que había dado positivo con coramina. Yo era un chaval joven, con toda la ilusión del mundo y no sabía ni por dónde andaba. Ahora pienso que debí pedir que me enseñaran la notificación. No me enseñaron nada y no me dieron explicaciones. Y yo sigo pensando que hubo algo más, que la coramina debió ser una tapadera. No sé si

estaré equivocado o no. De todas formas a estas alturas no sirve para nada… Los de la federación sabían perfectamente que yo había ingerido coramina. Me la dio el masajista Morata. Yo fui por la mañana al botiquín, a que me dieran el masaje y a coger el avituallamiento. Le dije a Morata “prepárame un azucarillo para la salida”. Y él mismo me echó las gotas de coramina en el terrón de azúcar”. “A España regresé un poco por la puerta trasera. En el coche con Ramón Mendiburu y un día antes de la ceremonia de clausura. Decidimos traernos la medalla ya que iban a pedir el contraanálisis. Luego me obligaron a devolver la medalla de bronce. De aquello guardo un mal recuerdo de Luis Puig, porque fue algo grosero y asqueroso. Cualquier cosa que diga es poco”. “Yo, cuando vi todo aquello, pensé en no devolverla. Pero un día me llamó Cañardo, que era presidente de mi federación (la catalana) y me ordenó devolverla. Le contesté que no y se puso como una fiera. Me dijo que quién me creía que era y


La escapada de Coppolillo que no me dejaría competir si no la devolvía. Luego me llamó Luis Puig, más educado, y me dijo: “Jaime, se ha hecho todo lo que se ha podido, pero ha sido inútil; así que tienes que devolver la medalla”. Dudé unos instantes. Incluso llegué a decirles que habían entrado en mi casa unos gitanos y se habían llevado la medalla. Noté que se quedó muy cortado y tuve una reacción de esas que no sabes por qué la tienes, y le dije: “Mire, no me la han robado, cuando quiera puede pasar a recogerla, la tengo en casa de un amigo”. Me dijo que iban a hacer un duplicado y tal… ¿Para qué quería yo un duplicado falso?”. “Me decidí a hablar con mi director deportivo en el equipo Kas Antón Barrutia. Le expliqué lo que pasaba y me dijo: ‘Pues mandásela con cinco duros para que se tomen una cerveza’. Ese fue todo el apoyo que tuve en Kas. Entonces meditas y se te viene a la cabeza una frase que publicó el diario Ya en portada y que a mi se me quedó grabada: ‘La medalla de Huélamo, un metal sin ningún valor”’ Fue lo que más daño me hizo de todo. En páginas interiores decía que gané a base de coramina. La medalla dejó entonces de tener valor para mí. Ya sólo valía mi sentimiento interno. Yo sabía cómo la había conseguido y todo lo demás me resbalaba”.

“Mándasela (la medalla) con cinco duros y que se tomen una cerveza” “A Puig le dije que la medalla estaba en casa de un amigo, porque yo ya me temía algo y quería evitarle un disgusto a mi madre. Que pasaran por casa a recogerla y que yo no estuviera… Le advertí a Puig que no pasara Cañardo, que no le quería ni ver. ‘No te preocupes que yo mismo tomo el avión en Valencia y me paso a por ella’ me dijo Puig. Le di la dirección de mi amigo y automáticamente debió llamar a Cañardo, porque fue él quien se personó en casa de mi amigo a por la medalla. Así que hasta el último momento me estuvieron engañando…” Hasta aquí la reseña de la entrevista a Jaime Huélamo. Ya retornando al presente, desde hace sólo unos meses, los “hackers” de Fancy Bears van sacando a la luz una serie de datos que nos aportan información sobre la “salud” de famosos y famosas y deportistas. Por supuesto, esta aparición no es casual, y cabe enmarcarla en una “guerra soterrada” que durante este verano pasado, y con motivo de las Olimpíadas, ha alcanzado uno de sus “picos”.

Como era fácil de sospechar, ni todos los deportistas de esa lista son ciclistas, ni todos los deportistas de esa lista son rusos.


El ciclista enmascarado por Juan Ramón Cendrero

E

l ciclista enmascarado no es un corredor que participa en las carreras con un antifaz como si se tratase de “El Zorro” versión maillot y culotte. Tampoco es un personaje que comete fechorías montado en una bicicleta mientras se cubre el rostro con una capa. En realidad se trata del título de un libro de reciente publicación en Francia, que supuestamente iba a sacudir el mundillo del pedal con revelaciones que iban a poner al desnudo prácticas poco virtuosas. Sin embargo, la cosa no ha sido para tanto. El libro “Je suis le cycliste masqué” (yo soy el ciclista enmascarado) se inscribe en la continuidad de otras obras aparecidas con ante-

rioridad en una saga que comenzó en Gran Bretaña con “The Secret Footballer” y “The Secret WAG” (esposa de futbolista) y que siguió en Francia con “Je suis le rugbyman masqué”. Se trata en todos los casos del mismo juego: un deportista que no quiere desvelar su identidad y que expone al gran público las interioridades que se esconden detrás del brillo que el espectador ve cuando presencia las competiciones. “He escrito este libro para el gran público, para que comprenda de verdad quiénes somos” dice el corredor en el prólogo. Más tarde añade “Era necesario que uno de nosotros descifrase públicamente los códigos, las cosas que se puede y no se puede hacer. Lo

que hago en este libro es un “hacking” de mi profesión. Ojalá sirva para poner en guardia, agitar, incluso revolucionar e incitar a echar a algunos incompetentes y a algunos perversos” . El autor del relato se describe a sí mismo como un ciclista profesional con doce años en la categoría y todavía en activo. Aunque el escritor mantiene el anonimato, a lo largo del texto ofrece algunas pistas, como el hecho de que no sea de nacionalidad francesa, que haya vestido los colores de un equipo galo, que haya corrido más de veinte grandes vueltas, que haya ganado una etapa del Tour o que haya representado a su país en Mundiales y Juegos Olímpicos. Hay quien ha hecho cábalas para descubrir al ciclista oculto y se han incluso barajado algunos nombres que coinciden con los indicios, pero nadie ha acertado. Más adelante explicaremos por qué. Mientras que en los casos del futbolista y el jugador de rugby enmascarados la narración se recrea fundamentalmente en historias de sexo, engaños, dinero y drogas, el ciclista se centra esencialmente en historias de dopaje, así como en las difíciles relaciones personales en el mundo profesional, ya sea entre mánagers, dirigentes o asociaciones.


Farolillo Rojo En esencia, el libro es la historia de un desengaño. Es la novela de un chaval que entra con la mente limpia en una atmósfera donde el común de los que operan en ella son despiadados, lo que acaba por transformar al chico que empezaba en otra pieza más del sistema “A los 20 hubiera tratado de dopado, de gamberro y de bandido al ciclista en el que me he convertido con 30 años” resume. Los managers son descritos como pequeños maquiavelos, sin cualificación profesional y dispuestos a todo para conservar sus prerrogativas. Su lista de perfidias es amplia: contratan a corredores serviles y manipulables en detrimento de otros con más talento; fichan a jóvenes para enviarlos a carreras de poco rango; impiden el desarrollo de los jóvenes para poder conservarlos en el equipo y continuar explotándolos… Explica nuestro hombre que, contrariamente a lo que pudiera parecer, si en un equipo varios corredores se revelan al mismo tiempo comienzan las preocupaciones del manager, porque no puede pagar a todos sus ciclistas como a estrellas. Entonces empieza a maniobrar en secreto para que alguno de sus campeones en potencia no pueda ganar carreras. Las maldades van desde bloquear a un corredor con un calendario marginal que le impida brillar en grandes

“Los criteriums, un teatrillo donde el participante se debe aprender el papel y recitarlo” citas hasta perjudicarlo en carrera con tácticas que le condenen a un papel secundario. Los contratos es otra cuestión a la que le dedica importancia. Dice que hay que saber venderse, y que ganar una gran carrera (una clásica, etapa del Tour…) permite un contrato de dos o tres años. Añade que hay muchos corredores que una vez el contrato firmado se tiran a la bartola y empiezan a pensar que tienen dos años para justificar su nuevo estatus. Entonces aprovechan el dinero que han ganado para gastárselo y dejan de estar centrados al 100% en la bici. Avisa el hombre del antifaz que es una actitud peligrosa, porque “poner de nuevo la máquina en marcha a niveles físico, sicológico y de motivación tiene sus complicaciones.” ¿Cuántos casos conocemos de corredores que no han podido poner de nuevo en marcha la máquina? Unos cuantos El mercado de fichajes es otro tema que aborda. Explica que las cosas han cambiado con la aparición de los representantes. “Antes los vendedores de bovinos se en-

contraban en la gran feria internacional para concluir las ventas” Los ganaderos eran evidentemente los mánagers y la feria, el Tour. Ahora los jefes de los equipos deben contar con los agentes, que han de disponer de una licencia de la UCI y que asesoran en cuestiones contractuales y fiscales a los ciclistas, lo que hace que éstos sean menos manipulables. Pese a todo, los mánagers forman, a juicio del autor, una forma de mafia “Aunque entre ellos se maldigan, los managers no pueden pasar los unos sin los otros”En materia de fichajes dice que “todos se entienden de maravilla cuando conviene devaluar o denigrar a un corredor” También se ocupa de los criteriums, que son descritos en el libro como un teatrillo en el que cada participante se debe aprender el papel y recitarlo en la carretera. Señala el autor del libro que si el organizador no tiene tiempo de hacer la reunión en la que distribuye los roles, entrega a un corredor un papel donde todo está escrito: quién debe ganar, quién ha de atacar en las primeras vueltas, quién se va


Farolillo Rojo a llevar el premio de la combatividad… El enmascarado da un detalle curioso: para impresionar al público profano los corredores utilizan pequeños desarrollos para dar la impresión de pedalear muy rápido. En cuanto a las relaciones personales de los corredores dentro de los equipos, explica nuestro hombre oculto que han ido distendiendo con el paso del tiempo por varios factores: la amplitud de las plantillas y su multinacionalidad; la necesidad de sumar puntos para la clasificación mundial, lo que permite revalorizarse; y la aparición de los cocineros de equipo con sus camiones-cocina. Cuenta el enmascarado que antes cenaban todos los compañeros juntos en el comedor del hotel y que la camaradería era mayor. Ahora el desfile por el furgón-cocina es un goteo continuo de ciclistas que van de dos en dos o de tres en tres, cuando han acabado el masaje o cuando les viene en gana bajar. Los médicos y el dopaje ocupan también un espacio importante en

la obra. Señala que ha conocido la era Armstrong y la actual de Sky y que las cosas han cambiado, aunque señala que siguen produciéndose situaciones poco edificantes con el uso de sustancias al límite de la legalidad, como la cafeína, el tramadol, el miolastán o el menos conocido snus, tabaco de mascar sueco con un gusto mentolado, que produce aumento de la presión arterial y de la vigilancia. También cita la utilización de corticoides con AUT (autorización de uso terapéutico) fraudulenta. Apunta, por otra parte, que se ha extendido la toma de medicamentos para adelgazar, dormir o combatir el estrés, todo ello para hacer frente a la la presión que se ejerce sobre los ciclistas. El entrenamiento en altura y las cámaras hipobáricas son, según el autor, “la coartada de Alí Baba y los 40 ladrones.” El autor pasa del dato preocupante a la anécdota. Cuenta que llegó a tomar 70 pastillas al día y que a un corredor francés de los punteros estuvo a punto de caerle un buen marrón durante el Tour 2015 porque se detectaron en su orina restos de hormonas… femeninas. El Movimiento por un

“Aprovecha para ajustar alungas cuentas con personajes que tiene un particular inquina”

Ciclismo Creíble también se lleva lo suyo. Lo define el anónimo escritor como esa asociación: “que todos los equipos abandonan como las ratas abandonan un barco” En cuanto a doctores, además de los ya conocidos Ferrari o Fuentes, nos habla de otros dos menos conocidos, dos elementos de cuidado: el “Doctor Jeringa”, un belga y “Tic Tac”, un galeno que llevó la preparación de corredores como Riccardo Riccò y Juanjo Cobo. El hombre detrás de la máscara aprovecha el libro para ajustar algunas cuentas con personajes a los que visiblemente tiene una particular inquina. A Frederic Grappe, ese científico que aparece para sentenciar si los resultados de los corredores (como es el caso de Froome) son o no “humanos” le califica de “seudo experto” y a Thomas Voeckler de corredor poco creíble por su inesperado 4º puesto del Tour 2011. También se lleva un buen varapalo un médico de la Federación Francesa al que designa con el apodo de “Pète-Couilles” (tocapelotas), y al que acusa de encubrir prácticas más que dudosas Los managers, omnipresentes en la obra, no se salvan de la quema. Expone el ciclista enmascarado que la renovación del ciclismo es una quimera con los mismos nombres que llevaron al ciclismo al descrédi-


Farolillo Rojo to. Cita en primer lugar a Vinokourov. Dice que se dopó, le pescaron, fue suspendido, compró carreras, se puso al frente del Astana, un equipo cuyos corredores han dado positivo uno detrás de otro, y que “aún sigue ahí”. También menciona a otros responsables de equipo que “llevan una eternidad” como Unzué, Lefevere, Sergeant, Madiot, Ochowicz, de los que dice que nunca se les pidieron explicaciones acerca de su responsabilidad en la época dorada del dopaje. Tampoco le merecen al autor una mejor opinión los supuestos salvadores del ciclismo, tipo Dave Brailsford. Pero no todo son opiniones negativas en “Yo soy el ciclista enmascarado”. Hay personas que reciben una buena nota. Dice que tiene fe en corredores o excorredores como Evans, Sagan, Pinot, Barguil, Talansky, Dan Martin, Kittel, Degenkolb o Van Avermaet. En cuanto al sexo, el autor dice que, salvo algunas excepciones como Mario Cipollini, el ciclista carece de atractivo para las mujeres. “Con nuestras marcas de bronceado de agricultor, todas nuestras venas aparentes y ni una redondez, porque tenemos un índice de masa corporal de desnutrido, no somos realmente deseables” En eso el libro se separa de los escritos por el futbolista o el jugador de rugby secreto que confiesan que las orgías son mo-

“Irse a la cama con una alambre bicolor no es divertido” neda corriente. Nada de esto parece ocurrir en el ciclismo “Irse a la cama con un alambre bicolor no es divertido” concluye. En el libro no se limita el autor a un simple recorrido por los entresijos del ciclismo, objetivo principal de la obra, sino que hace un relato histórico de su deporte en los últimos años; hace una crítica a la falta de unión entre los ciclistas; y analiza el papel de la prensa. En cuanto a la organización general del ciclismo, el anónimo señala que el problema es la falta de solidaridad entre todas las partes implicadas que lo componen. Estima que si todos se pusieran de acuerdo se podrían obtener beneficios. Dice que se denigra al fútbol, pero que ellos al menos se reparten el botín de los derechos de televisión. La pregunta que subyace a través de las páginas es ¿Quién se ocultará detrás de la máscara del ciclista? Como decíamos anteriormente, hay quien ha intentado sacar el nombre con las pistas que se dan a lo largo del texto. Se ha citado a Matteo Tosatto y algún que otro

nombre más, pero lo más probable es que los indicios sean falsos y que solamente sirvan para distraer al lector. Puede que el ciclista enmascarado…no sea un ciclista. El conocimiento enciclopédico sobre el deporte del pedal que se refleja en el libro, y que va desde temas históricos a intrigas federativas, hacen poco verosímil que sea un corredor en activo el que posea semejante erudición. Para la revista “Sport et Vie” el anónimo no es otro que Antoine Vayer, un licenciado en educación física, entrenador en el infausto Festina y reconvertido después en experto en dopaje. Un hombre que polemiza todos los años durante el Tour de Francia. A Vayer le traiciona su estilo y los personajes a los que muestra ojeriza en el libro, como es el caso de Grappe, otro experto con el que mantiene una fuerte rivalidad. Casualmente, en la presentación del libro, a falta del supuesto autor, era el propio Vayer el que llevaba la voz cantante. ¿Hace falta más? Ese día se le cayó la máscara al enmascarado.


Equipo Imanol González: Redactor jefe. Enfants Terribles y Tubular vs Cámara Josu González @josugg: Diseño, maquetación, fotografía en Tubular vs Cámara y textos en Siguiendo la pista Manuel González: Ilustraciones Alberto Barcia @rifflip: Túnel del viento Raúl Ansó Arrobarren @ranbarren: La escapada de Copolillo Juan Ramón Cendrero: Enfants Terribles y Farolillo rojo Cisco Indias @soyunfdf: Correcciones

Agradecimientos Imanol Llucia de Subiendo Puertos por prestarnos sus textos en portada Richard Huber por el bordado de Munich ‘72 en portada Juanjo Olaizola por sus textos en Barra libre Jon Grijalba @fixnchill, Manex, Kifli e Iñaki de Finko por su colaboración para los textos en Siguiendo la pista. Miguel Soro por sus pinturas en Enfants Terribles Eric Houdas autor de la foto de Mario Cipollini en Tubular vs Cámara Jan Peter Kasper auto de la foto de los tres sprinters en Tubular vs Cámara


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- Noviembre 2016 -

Volumen 6  

Barra Libre: Bidegorris para todos. Siguiendo la pista: Ciclismo fixed. Túnel del viento: A rueda. Enfants terribles: Roger de Vlaeminck. T...

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