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Domingo, 11 de diciembre de 2011

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La Nueva España

Barrer para casa Rosa Sala Rose Germanista y escritora

«Considerar que la riqueza procede del trabajo es una herencia anticuada del protestantismo» «Tenemos una imagen idealizada de la eficiencia y la fiabilidad de los alemanes, y eso hace que nos sintamos cohibidos ante ellos» ● «En la actitud alemana hacia los países mediterráneos laten viejos prejuicios relacionados con la identidad nacional» ✒ Andrés Montes Rosa Sala Rose (Barcelona, 1969) es el resultado del encuentro de dos mundos dispares y enfrentados a los que sólo parece unir el empeño de supervivencia económica. Hija de madre alemana y padre catalán, ese doble vínculo la convierte en analista privilegiada de esa falta de afinidad que llega a poner en entredicho la posibilidad de una Europa armónica. Pero además esta doctora en Filología Románica dedica la mayor parte de su tiempo como investigadora independiente a profundizar en la identidad alemana. Uno de sus libros con mejor acogida es «El misterioso caso alemán. Un intento de comprender Alemania a través de sus letras» (Alba editorial 2007), en el que trata de desentrañar esa incógnita nunca del todo resuelta sobre cómo la nación más culta de Europa se transformó en la más bárbara. Aquí habla de todo ello con el afán de acercamiento, más allá del análisis económico ahora dominante, a un país que nos resulta muy ajeno, y del que manejamos una visión tan previsible como errónea. Rosa Sala Rose aligera en esta entrevista el peso «del mito que nos hemos formado en España de los alemanes» y que hace que «nos sintamos cohibidos ante ellos». –Entender a Alemania es «casi un reto intelectual», sostiene el catedrático de Política Económica Antón Costas. ¿Por dónde empezamos? –Por la historia, inevitablemente. El protestantismo ha tenido una importancia determinante en la formación de la mentalidad alemana, pero también la circunstancia de que Alemania se constituyera muy tardíamente como un Estado propio

❜❜ La visión colectiva alemana se construyó sobre premisas no políticas, sino culturales. Lo humorístico se consideraba algo ajeno, más propio de los franceses

(1871). Estos dos aspectos son ajenos por completo a la realidad histórica española, por lo que comprender Alemania se convierte, efectivamente, en un reto, especialmente desde nuestro país. –Usted recurre a la literatura para intentar que comprendamos lo alemán. ¿En esa historia de la cultura hay pistas válidas para conocer la Alemania de hoy? –En la cultura siempre hay pistas válidas para conocer la mentalidad de un

pueblo, aunque no siempre salten a la vista. Antes de la invención del cine y de la televisión, esas pistas había que buscarlas, sobre todo, en la literatura, que junto al teatro constituía el reflejo de la manera que tenía una nación de entender el mundo. En cuanto a la Alemania de hoy..., creo que hay algunos libros, como «Los Buddenbrook», de Thomas Mann, que permiten comprender mejor de dónde viene la actitud conservadora y de contención de gastos que está adoptando Alemania en lo económico. –¿Es una herencia del idealismo esa cierta propensión a juzgar la realidad no por lo que es, sino por lo que debería ser? –Sin duda. En esta actitud reside, aún hoy, lo mejor y lo peor que ha dado Alemania. –En esta coyuntura, es creciente la impresión de que Alemania vuelve a actuar desde una visión de superioridad respecto del resto. –Me preguntaba usted por la herencia del idealismo alemán, que creo sigue presente en la mentalidad alemana, aunque de una manera más difusa que en el pasado. Pienso que guardar continuamente una visión ideal de las cosas tiene sus ventajas e inconvenientes: impulsa el perfeccionismo y la competencia, pero también cierta arrogancia y la convicción de estar siempre en posesión de la verdad. –¿Hay un nuevo mito alemán como una vez lo fueran la pureza racial y la idealización de las esencias germánicas? ¿En qué consiste? –En Alemania, desde luego, ya no. El trauma del nazismo puso fin a esas fantasías, y no tengo la impresión de que amenacen con volver. Lo que sí existe es el

De los símbolos del nazismo a Lili Marleen, pasando por Goethe

El misterioso caso alemán Rosa Sala Rose Alba Editorial, 2007

Rosa Sala alterna la traducción de los clásicos alemanes con las conferencias, artículos y ensayos de la materia que mejor domina: todo lo relacionado con las cultura y la historia de Alemania. Como traductora ha elaborado la biografía de Goethe, «Poesía y verdad», que Alba editó en 1999, así como «Conversaciones con Goethe», de Johann Peter Eckermann (Acantilado, 2005). Como ensayista, su libro de más repercusión es el

«Diccionario de mitos y símbolos del nazismo» (Acantilado 2003). Por «El misterioso caso alemán. Un intento de comprender Alemania a través de sus letras» (Alba) obtuvo en 2007 el I Premio «Qwerty» al mejor libro de no ficción. Al año siguiente publica «Lili Marleen, canción de amor y muerte» (Biorritmos, 2008). Este año se ha editado su ensayo histórico «La penúltima frontera. Fugitivos del nazismo en España» (Península). Rosa Sala Rose. / DANIELA DENTEL


Domingo, 11 de diciembre de 2011

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La Nueva España

mito que nos hemos formado en España de los alemanes. Tenemos una imagen idealizada de su eficiencia y fiabilidad, y eso provoca que a menudo nos sintamos cohibidos al tratar con ellos, sobre todo, en el ámbito profesional. –Algunos tópicos sobre la identidad nacional parecen tener su fundamento. Usted explica muy bien cómo el humor se convirtió en algo ajeno a la cultura alemana, identificada más con la seriedad e incluso con el tedio. –En efecto, es una historia compleja y algo difícil de resumir aquí. Alemania tardó mucho en ser una nación dotada de un Estado propio, así que tuvo que construir su identidad colectiva sobre premisas no políticas, sino culturales. En ese contexto, lo humorístico e ingenioso acabó considerándose algo ajeno. Al principio se veía como algo propio de aristócratas y de franceses, especialmente odiados por los burgueses alemanes del siglo XVIII. Después acabó relacionándose con lo judío. Por otro lado, la actitud idealista ante la vida nunca se ha llevado bien con el humor. A nadie le gusta que se rían de sus ideales.

❜❜ Las mentalidades y la política de las naciones están perdiendo influencia en el desarrollo de la historia Merkel no es una metodista renacida, como el ex presidente ç, sino una luterana tradicional: no es dogmática ni visionaria y confía en los argumentos racionales

–Una versión actualizada del misterioso caso alemán podría ser cómo Alemania consigue de nuevo tener a Europa a su merced. –Creo que sería un libro muy distinto y que no me correspondería escribir a mí. Desde 1945 hay demasiadas cosas que han cambiado en Alemania y en Europa. Nuevos agentes globales están interfiriendo en la marcha de las cosas. Me da la impresión de que las mentalidades y la política de las naciones están perdiendo influencia en el desarrollo de la historia. –¿Alemania vive replegada sobre sí misma? ¿«Ha dejado de encarnar a los más europeos de los europeos», como afirma el sociólogo Ulrich Beck? –Cultural y políticamente el concepto de Europa no es concebible sin la unión de los países mediterráneos. Sin embargo, la integración del eje Norte-Sur le causa a Alemania más dificultades que las del eje Este-Oeste. Precisamente Ulrich Beck formuló recientemente una pregunta que da que pensar: ¿Por qué los alemanes occidentales aceptaron como lo más natural del mundo la reunificación con la RDA, a pesar de los costes inmen-

sos que eso iba a provocar, y sin embargo se muestran ahora tan reticentes a la integración político-económica de los países deudores del sur? Es innegable que en esa actitud laten viejos prejuicios relacionados con la identidad nacional, con lo que se considera propio y lo que se estima diferente. Algunos de estos prejuicios ya se pusieron de manifiesto en la llamada «crisis de los pepinos». –¿Tienden los alemanes a perder de vista lo que dependen de sus vecinos? ¿Olvidan con facilidad que han sido, por ejemplo, los mayores beneficiarios del euro? –En el eje Norte-Sur parece perpetuarse la fábula de la cigarra y la hormiga. Alemania se identifica con la hormiga laboriosa que castiga la holgazanería de la cigarra negándose a darle parte de sus reservas. Ese arraigado sentimiento, acrecentado por la actitud populista de algunos políticos, determina en gran parte la política económica alemana. Sin embargo, es una herencia anticuada del protestantismo considerar que la riqueza procede, sobre todo, del trabajo, cuando en el mundo de hoy ya no es el trabajo lo que genera riqueza, sino la astucia especulativa. –Disciplinar a Europa parece un cometido alemán, asumido por la que ya se conoce como «la canciller nein». ¿No hay demasiadas resonancias históricas en esta circunstancia que vivimos? ¿Quizás ocurra que nunca aprendemos lo suficiente de la historia? –Hace tiempo que he dejado de confiar en que podamos aprender de la historia, en el sentido de que la historia pueda enseñarnos a tomar las decisiones políticas más acertadas. Pienso que la historia sirve para comprendernos mejor desde el pasado, que no es poca cosa, pero no para proyectar nuestro futuro, que siempre es una página nueva por escribir. Otra cosa son las mentalidades colectivas, que, naturalmente, tienen un origen histórico. Como decía anteriormente, hay ciertos prejuicios latentes en la actitud político-económica de la Alemania de Merkel que tienen mucho que ver con una mentalidad específica alemana. Lo malo de las mentalidades colectivas es que constituyen una prisión invisible: vivimos encerrados en ellas y limitan nuestro campo de acción, pero al no ver sus paredes no sabemos liberarnos. –Angela Merkel acaba de publicar un libro de reflexiones personales titulado «Así espero hacerlo con la ayuda de Dios», en el que afirma: «La fe me enseñó que ir a contracorriente a veces es lo adecuado». ¿Con lo que Europa tiene encima, esta disposición de ánimo de la canciller no es como para que nos echemos a temblar? –El título del libro de Merkel, «So wahr mir Gott helfe», es la frase estereotipada que aún hoy emplean los funcionarios alemanes cuando juran su cargo. No debemos tomarla como una declaración de principios religiosos, como sugiere su traducción castellana. Eso no quita que la educación religiosa protestante que Merkel recibió de su padre, pastor luterano, la haya marcado profundamente. Hay que tener en cuenta que en la Alemania del Este, donde pasó su infancia, la práctica de la religión era rechazada por el Estado, por lo que para muchos se convirtió en una forma de disidencia. Entiendo que es a lo que se refiere Merkel cuando dice que la fe le enseñó a «ir contracorriente». ¿Debe eso asustarnos? Cuando Bush decidió invadir Irak creyó estar actuando por mandato divino. Afortunadamente, Merkel no es una metodista renacida, como el ex presidente americano, sino una luterana tradicional: no es dogmática ni visionaria, y confía en los argumentos racionales. Esperemos que éstos acaben imponiéndose en sus decisiones


Entrevista publicada en el diario Nueva España