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La identidad de Rosario remite al río Paraná. Fue la inmigración y el comercio a través de esa gran vía fluvial lo que marcó el origen y el desarrollo rosarino. Muy diferentes eran las costas del pequeño caserío donde Manuel Belgrano izó por primera vez la bandera argentina en 1812. En el transcurso de dos siglos, aquellas barrancas agrestes que descendían abruptamente a una zona inundable experimentaron transformaciones que modificaron radicalmente su fisonomía. Hoy puede observarse un paseo ribereño que, en su sector céntrico, abarca la zona de la Estación Fluvial, el Parque a la Bandera y los galpones de Ciudad Joven, hasta llegar a las escalinatas del Parque de España. Pero esta ciudad, abierta al río entre espacios verdes, es fruto de políticas públicas desarrolladas desde hace apenas un par de décadas.

La historia de la ribera céntrica se remonta mucho más allá. Sobre estas costas se fueron superponiendo los grandes cambios que signaron el porvenir de Rosario. Aquí tocaron tierra muchos de los que, en sucesivas oleadas inmigratorias, descendieron de los barcos para dar vida e identidad a la cultura local. Aquí se concentró el intercambio comercial que, potenciado por el ferrocarril, transformó a Rosario en una de las ciudades más pujantes del país. Aquí hoy se extiende un paseo que invita a entender y disfrutar el presente conociendo el pasado. Un recorrido que recuerda a Rosario desde su origen, desde esa particular comunión con el río que la hizo crecer como una ciudad creativa y abierta al mundo.


POSTA 1 Piedra fundamental


Tras la batalla de Caseros de 1852, y la separación de Buenos Aires, Rosario se convirtió en el principal puerto de la Confederación Argentina. La construcción de muelles privados no alcanzó entonces a cubrir una demanda que crecía a pasos agigantados a esta altura del Paraná. Hacia 1870 comenzaron a cobrar cada vez más fuerza los reclamos y las presiones para que la Nación concrete un desarrollo portuario moderno y adecuado. Tras más de 30 años de esperanzas y frustraciones, el 26 de octubre de 1902 el presidente Julio Argentino Roca colocó la piedra fundamental del puerto, acto que fue celebrado con tres interminables días de fiesta en toda la ciudad. La obra iniciada fue gigantesca. Contó con las más modernas técnicas constructivas traídas de Europa por la firma francesa concesionaria, Hersent et fils, y abarcó 4 kilómetros de muelles entre 27 de Febrero y Sarmiento.

La colocación de la piedra fundamental fue celebrada con tres días de fiesta.


Al sur de la Estación Fluvial, a pasos de la calle Cmte. de Navarra, entre los adoquines del piso puede encontrarse una placa que recuerda la ubicación de la piedra fundamental, hoy preservada en el Museo Histórico Provincial Julio Marc. A sus lados se conservan dos viejas construcciones portuarias (una habría funcionado como cocina-comedor y otra como dependencia administrativa). Pocos pasos hacia Avenida Belgrano, entre algunos árboles, se levanta el antiguo edificio de la Administración del Puerto (actual Canal 5). Hacia el sur es posible observar las barrancas que descienden de manera abrupta desde el Parque Urquiza. Hoy caen sobre Av. Belgrano, pero es posible imaginar que antiguamente llegaban a un área inundable, con algunos muelles precarios, a la vista de numerosos buques anclados que aprovechaban el buen calado y la protección del recodo del río.

La obra abarcó 4 kilómetros de muelles y 20 kilómetros de vías férreas.


POSTA 2 Estaciรณn Fluvial


El Paraná y sus barrancas siempre han sido impactantes. Es uno de los ríos más caudalosos del mundo y sus aguas bajan aquí ocupando cerca de un kilómetro de ancho. Los europeos que lo remontaron desde el siglo XVI se sorprendieron por esas proporciones, por la “escala americana” de este majestuoso “pariente del mar”, tal el significado de “Paraná” en lengua tupí-guaraní. Actualmente la Estación Fluvial es el principal puerto de pasajeros del Litoral y la vía de acceso al vasto mundo del Paraná. Todo el año se ofrecen distintas excursiones fluviales. Además en primavera y verano parten embarcaciones que cruzan a El Banquito de San Andrés para disfrutar de paradores y playas de arena al otro lado del río. El edificio principal fue inaugurado en 1950, en la misma época en que se construía el Monumento Nacional a la Bandera. Fue ampliado en 1999 y hoy, además de bares, restaurantes y espacios para eventos, alberga al museo El Paraná y las Islas fundado por el pintor Raúl Domínguez.

La Estación Fluvial es la vía de acceso al vasto mundo del Paraná.


Atravesando el hall principal, donde se observan algunos murales de Domínguez, la zona de embarcadero es un espacio confortable que invita a relajarse observando el paisaje y aprovechando las mesas y el servicio de bar junto al río. A un lado, bajo un viejo gomero, puede observarse la escultura El Islero del artista plástico Domingo Polichiso. Unos pasos hacia el norte se encuentra el embarcadero del Barco Ciudad de Rosario, un cómodo barco de tres pisos construido íntegramente en la ciudad. Botado en 1971, hoy es un clásico de los paseos por el río. La historia de este sector de la costa lleva también a recordar un servicio de hidroaviones para el transporte de pasajeros que unía Buenos Aires y Asunción del Paraguay con escala en Rosario. En su momento fue un gran adelanto para las vías de comunicación nacionales, pero los aterrizajes sobre el río resultaron peligrosos. Dos graves accidentes, en 1948 y en 1957, llevarían a la suspensión del servicio.

El edificio principal fue inaugurado en 1950 y ampliado en 1999.


POSTA 3 Parque Nacional a la Bandera


Buena parte de esta amplia porción de tierra era una zona inundable, conocida como El Bajo, que fue ganada al río con la construcción del puerto entre 1902 y 1905. En esos años toda la ribera céntrica se convirtió en una suerte de gran obrador movilizado por unos 2.000 obreros. Hacia 1914 había 4 kilómetros de muelles, 20 kilómetros de vías férreas dentro del área portuaria, grandes depósitos, un moderno elevador de cereales y una usina eléctrica. Aún pueden observarse las viejas bitas -ya pulidas por el tiempo- que se usaban para el amarre de los buques, o porciones de vías que invitan a imaginar el ir y venir de vagones cargados de bolsas de cereales. Algunas historias también dan cuenta de un gran playón circular giratorio, al final de una vía principal, donde las locomotoras eran giradas 180° para reemprender su camino.

Buena parte de esta tierra fue ganada al río con la construcción del puerto.


El paisaje se transformó a partir de la década de 1980. Con el traslado de la actividad ferroportuaria hacia el sur, las rejas que rodeaban el puerto fueron derrumbadas y los playones de carga y maniobras de los trenes se abrieron al uso público. La parquización de esta zona fue completada en el siglo XXI. Ceibos, eucaliptus, jacarandáes, palos borrachos, cedros, lapachos y cipreses, entre otras especies, hoy dan vida a un espacio público que ha sido apropiado por los rosarinos para disfrutar del río y el aire libre. En el trazado de los senderos puede hallarse un punto panorámico señalado en el piso por venecitas que forman “la estrella de Guido”, una estrella de ocho puntas -característica del arquitecto Ángel Guido- que da identidad al remate superior del Monumento a la Bandera. Además se destaca el Cenotafio a los Caídos en Malvinas, inaugurado en junio de 2005 para reflexionar y recordar a los soldados que dieron su vida en las islas Malvinas. Este “cenotafio” (tumba vacía) tiene un interior de mármol donde están grabados los nombres de los 649 fallecidos en la guerra de 1982.

El paisaje cambió en los ‘80 con el traslado de la actividad ferro-portuaria.


POSTA 4 El primer muelle


Aunque ya no quedan vestigios, aproximadamente a la altura del Galpón 17 -entre Laprida y Buenos Aires- fue donde se emplazó el primer muelle de la ciudad, el puerto de Hopkins, que en 1857 comenzó a recibir embarcaciones de distintas banderas del mundo. Este primer muelle desarrollado por el norteamericano Eduardo Hopkins sería destruido por una crecida apenas tres años después. La reconstrucción quedó en manos de Aaron Castellanos, quien -desde el que sería conocido como “muelle de Castellanos”- se sumó a la actividad portuaria a la par de otras iniciativas públicas y privadas que se fueron agregando entre la actual Estación Fluvial y la calle Sarmiento. Se trataba de precarias construcciones de madera donde centenares de estibadores hombreaban bolsas de 70 y hasta 100 kilos sobre superficies usualmente cubiertas de barro o planchones que se movían provocando caídas y accidentes muchas veces fatales. El ascendente tráfico comercial de la ciudad desbordaría rápidamente la capacidad de esa primera infraestructura. La demanda ascendió rápidamente: de 400 buques que recalaron en 1857 se pasó a cerca de 3.000 apenas 40 años después.

En 1857 el puerto de Hopkins comenzó a recibir embarcaciones de todo el mundo.


La realización del gran puerto, al iniciarse el siglo XX, sepultaría aquellos antiguos muelles pero no las causas que hicieron de los trabajadores portuarios de Rosario un factor clave en la lucha obrera argentina. Hoy se destacan los viejos galpones del puerto, que funcionaron como grandes depósitos de mercaderías. Fueron restaurados conservando su estética original y actualmente dan lugar a las actividades y espacios culturales de la Ciudad Joven.

Se hombreaban bolsas de 70 y hasta 100 kilos sobre precarios muelles de madera.


POSTA 5 Galpones portuarios


Estos galpones fueron un símbolo de la pujante actividad portuaria de principios del siglo XX. Pero su función fue perdiendo sentido con la decadencia del modelo agro-exportador y el traslado del movimiento portuario hacia el sur. Tras años de abandono, los galpones fueron completamente restaurados: se respetaron las estructuras metálicas, los muros de ladrillos y los enormes portones corredizos. La reconversión de estas viejas construcciones portuarias significó una apuesta al futuro, abriendo espacios a diversas expresiones culturales y volviendo a conectar la ciudad y sus habitantes con el río.

Tras años de abandono, los galpones fueron completamente restaurados.


En el sector costero conocido como Ciudad Joven los galpones todavía mantienen la numeración con la que funcionaron originalmente (y así los nombran los rosarinos): el Galpón 11, el 13, el 15 y el 17. Aquí, propuestas como las del Galpón de la Música y de La Escuela Municipal de Artes Urbanas, entre otros proyectos, hoy impulsan el aprendizaje desde la creatividad, el arte y el diseño. También se destaca el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC), que desde 1995 se ha convertido en un referente de la cultura y la escena artística no convencional de la ciudad. Hacia el norte, a pasos de dos estructuras que daban base a antiguas grúas portuarias, el Centro de la Juventud suma talleres, propuestas y servicios de la Secretaría de Desarrollo Social municipal.

Hoy impulsan el aprendizaje desde la creatividad, el arte y el diseño.


POSTA 6 Bajada Sargento Cabral


Para los viajeros e inmigrantes que desembarcaban en El Bajo hacia el siglo XVIII y XIX, la primera impresión de Rosario eran las altas barrancas que sin orden mezclaban ranchos, viviendas, comercios y cañaverales. El principal acceso a la ciudad era la llamada Bajada Grande, actual Bajada Sargento Cabral. Esta calle hoy empedrada era una pendiente natural de tierra por donde subían y bajaban hombres, carros y mercaderías. Muy transitada, se tornaba especialmente peligrosa los días de lluvia. Cruzando esta bajada había una ancha senda conocida como la Calle del Bajo, que solía quedar anegada durante las crecientes. Separaba la ciudad de la zona de muelles y se encontraba varios metros por debajo de la traza actual de la avenida Belgrano. Incluso las casas que bordeaban la Calle del Bajo fueron cubiertas por los cimientos de la nueva avenida. Una de esas viviendas fue hallada casualmente en 1983, durante excavaciones por trabajos de reparación. Declarada edificio histórico, hoy da lugar a La Casa del Artista Plástico. A un costado de la Bajada Grande se instaló la aduana del puerto, punto clave en el desarrollo de la ciudad. Las primeras construcciones, más sencillas, dieron paso en 1876 a un edificio imponente con reminiscencias de fortaleza.

La ex Bajada Grande era el principal acceso a la ciudad desde el río.


En las primeras décadas del siglo XX ese edificio se reemplazó por el actual, que fue finalizado en 1938 con un proceso de mudanza paulatina. De notable estilo francés, fue proyectado por los ingenieros Juan Ochoa y Charles Evans Medhurst Thomas. Actualmente este edificio alberga a dependencias de la Municipalidad de Rosario. En el centro de la bajada se encuentra la Fuente de las Utopías, obra de Carlos Righetti & Cia., un emblemático taller de escultura y estuco de la ciudad. Esta fuente estaba en el Parque de la Independencia; fue restaurada y trasladada a esta ubicación en 2004. A pocos pasos puede observarse la escultura Diana Cazadora; aunque se desconoce su autor, se sabe que es italiana y que está en la ciudad desde 1900. Frente a la aduana, cruzando Sargento Cabral, otra edificación con historia es la de los Almacenes Pinasco, que se comunicaban con el río mediante túneles para el transporte de mercaderías, incluso tenían vías para la circulación de carros. El folklore rosarino suele adjudicar esos túneles a actividades de la mafia y al contrabando. Del lado del río se destacan dos construcciones centenarias, donde cumplen funciones la Prefectura Naval Argentina y, unos pasos más al sur, el Ente Administrador Puerto Rosario (ENAPRO).

Aquí se instaló la aduana del puerto, punto clave del desarrollo local.


POSTA 7 Parque de España


El Complejo Cultural Parque de España constituye la marca física y simbólica del inicio de la recuperación del río para los rosarinos. Fue inaugurado en 1992 como una de las principales obras realizadas por España para conmemorar los 500 años de su presencia en América. Ocupa el lugar donde las construcciones portuarias chocaban contra la altura de la barranca y fue realizado a partir de un anteproyecto del arquitecto catalán Oriol Bohigas. Sus altas escalinatas -que suben al Parque de España- se integran a un complejo que abarca cinco antiguos túneles ferroviarios acondicionados como galerías de exposición, el Colegio e Instituto Superior Parque de España, una sala de conferencias, una videoteca, un anfiteatro y un teatro de 500 localidades. La diferencia de altura en este sector de la costa remite a una particularidad que rememora los primeros tiempos de la actividad portuaria. Durante el siglo XVIII y XIX, los barcos que remontaban el Paraná encontraban en Rosario un práctico invento fruto de la creatividad local: el “sistema de canaletas”. Se instalaba donde la barranca era alta y la profundidad permitía el amarre de embarcaciones; consistía en una estructura de madera alisada que iba de la tierra al buque de manera que las bolsas de carga podían deslizarse por gravedad. Aunque eso agilizaba el trabajo, vale recordar que en aquellos tiempos ir a hombrear bolsas al puerto era tarea dura, particularmente en verano, cuando no sólo el peso sino también el polvillo del cereal o la melaza del azúcar atentaban contra el ir y venir constante de cada larga jornada.

Esta obra marca el inicio de la recuperación del río para los rosarinos.


Probablemente la zona alta del Parque de España fue testigo de aquel ir y venir de obreros deslizando bolsas por canaletas. En la actualidad aquí se despliega un paseo ribereño con una de las mejores vistas al río y las islas. La particular geografía de este sector costero también derivó en una particularidad: el Parque de España es atravesado por el túnel Arturo Illia, un antiguo túnel ferroviario construido entre 1886 y 1890 para unir la Estación Rosario Central con el puerto. En la década de 1980 fue restaurado y abierto al tránsito, cerrando sus galerías transversales para cederlas al complejo cultural. En la esquina más cercana a la boca del túnel se destaca La Misión de los Marineros (British and Foreing Sailor’s), donde aún se conserva una emblemática capilla de chapa. Este predio era un espacio para el culto pero también un lugar donde los recién llegados podían alojarse, comer o asesorarse sobre la ciudad. Aquí también funcionó, desde 1871, el Club de Residentes Extranjeros (Stranger`s Club). Junto al río se destaca un amplio playón para andar en patines, skate y bicicleta, donde la constante afluencia de jóvenes da movimiento y sentido a otra de las propuestas surgidas de la reconversión de la costa céntrica para el uso público.

Ocupa el lugar donde el puerto chocaba contra la altura de la barranca.


El Circuito del Puerto fue realizado por la Municipalidad de Rosario a través del trabajo coordinado de la Secretaría de Turismo, la Secretaría de Planeamiento y la Secretaría de Ambiente y Espacio Público. Para la recopilación de información y el desarrollo del trazado se contó con el asesoramiento de las historiadoras rosarinas Alicia Mejías y Agustina Prieto, y con entrevistas a distintos referentes vinculados tanto a la historia como al presente de la ribera céntrica. En la recopilación de imágenes históricas participaron el Archivo de Fotografía de la Escuela Superior de Museología y el Archivo de Fotografía Museo de la Ciudad.


Circuito del Puerto  

Un recorrido histórico que rescata el pasado portuario de la ribera céntrica.

Circuito del Puerto  

Un recorrido histórico que rescata el pasado portuario de la ribera céntrica.

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