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La técnica no lo es todo, aunque hay muchos empeñados en demostrarlo. El Bajo, es como el café: cada uno se lo toma como le da la gana. Así que hay muchas maneras de acercarse al Bajo y cualquiera de ellas es tan válida, tan interesante y tan merecedora de respeto como cualquiera. Todo el mundo empieza aprendiendo una técnica u otra, y lo que aprendas es lo que, una vez asimilado y mezclado con tu manera de ser, dará como resultado tu estilo de tocar: un conjunto de manías, trucos y defectos que nos pertenecen únicamente a cada uno de nosotros. Está sección, al igual que la de "Teoría", contiene pocos ejercicios prácticos. He preferido explicar las técnicas, poner algunos ejemplos y después que cada uno se construya sus propios ejercicios a partir de estos. Nadie mejor que uno sabe dónde tiene los fallos y dónde tiene que insistir, así que uno sabe el tipo de ejercicio que necesita, ya sea para mejorar la pulsación, el cruce de cuerdas, etc. Y para finalizar no olvides que esto lo puede aprender cualquiera que le dedique el tiempo suficiente, incluso tu vecina la de los rulos. Ahora, tener CLASE tocando, eso o se tiene o no se tiene (y si no se tiene y se quiere tener, pues coge uno y se entrena). La técnica no son más que herramientas para poder llegar donde uno quiere llegar; adonde uno no quiere llegar, no tiene por qué ir.

Como he dicho en la página que encabeza esta sección, aquí vas a encontrar pocos ejercicios prácticos, y se trata de que tú mismo te construyas los ejercicios a tu medida. Lo cual, de paso, te obliga a ejercer un aprendizaje activo en lugar de uno pasivo en plan "aquí me las den todas". Aún así, hay más ejercicios de los que parece a simple vista, porque cada uno es, a su vez, muchos ejercicios. Y es que las frases que pongo se acaban enseguida, pero eso no es más que el núcleo del ejercicio. El proceso completo es como sigue: 1.- Saca la frase tal cual y repítela a una velocidad moderada hasta que la domines.


2.- Repítela en todas las cuerdas y en todos los trastes a lo largo del mástil. Bueno, no tiene por qué ser en todos exactamente, pero sí al principio del mátil, hacia la mitad y por último en el tramo final justo antes de llegar al cuerpo del Bajo. Verás que en unos sitios te viene más cómodo que en otros. Bueno pues te tienen que salir las frases con la misma nitidez a lo largo de todo el mástil. 3.- Estudia la frase a velocidad muuuuuuy lenta al principio y fijándote en que el sonido sea uniforme. A medida que cojas confianza ves subiendo poco a poco de velocidad. 4.- Si utilizas los dedos de la mano derecha tienes que llegar a dominar la frase empieces con el dedo que empieces. Acostúmbrate, a empezar la frase con un dedo de la mano derecha cada vez. Y así es como funciona. Para finalizar sólo me queda decirte que, como tú mismo comprobarás, aprender técnica es un trabajo mecánico de lo más duro y aburrido. Pero te aseguro que cuando se tiene bien asimilada se saborea muy pero que muy a gusto. Así que, ¡al atakeeeeee!

Naturalmente, todos tocamos con los dedos, pero aunque parezca simple hay más de una forma de utilizarlos... sin contar las que quedan por inventar. Pulgar: Aunque te parezca mentira, muchos bajistas de los '60 utilizaban solamente el pulgar de la mano derecha (excepto cuando eran zurdos) para percutir las cuerdas. Maestros como James Jamerson o el mismo Chuck Rainey en sus principios utilizaban esta técnica, y de hecho hay montones de líneas de Bajo de los principales éxitos de soul que están grabados así, con el pulgar. Su efectividad está fuera de dudas: coge el Bajo y haz sonar cualquier cuerda pulsándola con el pulgar, hacia abajo. Después prueba con cualquier otro dedo. ¿Diferencia? Exacto, el sonido que sacas con el pulgar es el más rotundo que puedes sacar. Anota este dato. Pero también es la técnica con la que menos puedes correr (anota también este dato). Así que te aconsejo que la uses cuando necesites un sonido más grueso y no estés tocando deprisa, tal vez un final de canción, algún pasaje que lo pide por cualquier motivo, en fin, tú mismo. Pero aunque muchos, a fuerza de practicar han llegado a ser bastante veloces con el pulgar, lo cierto es que es una técnica poco operativa a la hora de construir líneas ágiles, así que nos van a hacer falta los...


2 D2: Si llevara una R delante sería el nombre del mini-engendro aquel de "La Guerra De Las Galaxias", pero no. Me refiero a los dedos índice y corazón de la mano derecha. Alternándolos podemos conseguir bastante velocidad (Jaco y otros fieras han llegado a coger 120 por hora). Si de todas formas eres voraz y estás dispuesto a franquear la barrera del sonido (¡pobres compañeros de grupo!), puedes probar además con los dos mencionados mas el anular. Es poco frecuente, pero todo es currárselo, quién sabe igual inventas una técnica nueva y le ponen tu nombre. El orden de dedos para percutir, eso ya tendrás que decicirlo tú, yo la verdad nunca me he parado a pensar en eso (aunque a veces me he sorprendido metiendo el anular en tiempos no demasiado rápidos). ¿Inconvenientes? Sólo uno, que yo vea. No sé tú, pero yo tengo los dedos índice y anular más o menos de la misma longitud, pero el corazó es un poco más largo. Estas diferencias de longitud es lo que en la práctica nos puede aguar un poco la fiesta, pero todo buscarle solución. Además, ¿no queráas inventar una técnica? Para los que no quieren inventar una técnica ni por ello renunciar a ser excelentes bajistas, aquí la tradicional. Consiste en alternar los dedos índice y corazón. Es MUY importante no repetir dedo. Si descubres que te ocurre no te asustes, pero practica por ejemplo empezando líneas de Bajo que sueles tocar con el dedo contrario al que tienes tendencia a hacerlo. El ejercicio que ves a continuación también te irá de maravilla si no lo tienes totalmente bajo control. Quince minutos cada día antes de tocar, y de paso te sirve de calentamiento (sobre calentamiento ya se habló en la página de "Teoría", concretamente en Consejos). A partir de ahora llamaremos 1 al dedo índice y 2 al dedo corazón. Por la cara.

Una vez lo tengas dominado cambia la digitación de la mano derecha. Es decir, empieza el ejercicio con 2 en lugar de con 1 y ves alternando, 2-1, 2-1, etc. Después repite el mismo esquema pero desde el D de la cuerda 3, traste #5 (las notas serían D y F). Y por último repítelo con las cuerdas 2 y 1 (notas G y Bb).


No te creas, alguno todavía las confunde con fichas del parchís. En los '60 era raro encontrar un bajista que no la usara; en los '70 el que la usaba era un palurdo o un punk. ¿Cuestión de gustos? Pesos pesados como Chris Squire (Yes), John Entwistle (The Who), Paul McCartney (Beatles) o Carles Benavent la han usado siempre. Oteil Burbridge la utiliza de vez en cuando, sobre todo en las giras con los Allman Brothers. ¿Mejor o peor? Como siempre, tú mismo. Pulsación: La púa normalmente se utiliza alternando la pulsación de la misma sobre la cuerda en golpes hacia arriba y hacia abajo. Es importante conseguir uniformidad en los golpes de forma que todos suenen con la misma intensidad, tanto hacia arriba como hacia abajo, a una velocidad o a otra. Antes de meterte en carreras es preferible que lo amarres bien en lento vigilando bien que el sonido de los golpes sea completamente uniforme. Para ello te propongo el siguiente ejercicio. Las marcas que utilizaremos para indicar los golpes de púa son las siguientes:

Como siempre, empieza a la velocidad indicada y, por mucho que te aburras, no aumentes la velocidad hasta que te suene completamente uniforme. Palm muting: El palm muting lo podríamos traducir como "mutar con la palma", y ahora lo explicamos. Mutar es una mala traducción de "ensordecer" o "apagar" el sonido que sale de las cuerdas. Esta técnica es muy utilizada por guitarristas, sobre todo combinada con el efecto de un pedal de distorsión, overdrive o fuzz-tone (mismos perros, diferentes collares). Consiste en aplicar la palma de la mano derecha directamente sobre el puente del instrumento, apenas inclinada hacia el lado de las pastillas, y al mismo tiempo pulsar las cuerdas, en este caso con la púa. La presión de la palma de la mano sobre el puente hay que controlarla para que no llegue a anular el sonido, sino simplemente a ensordecerlo, y ahí ya es tu oído el que debe guiarte. Notarás que cambia el sonido. Acostúmbrate primero a él y después pruébalo en el contexto de un grupo, en un ensayo. Después decide si puede entrar bien en algo que estáis tocando y dónde meterlo para que realce la canción.


Tipos de púa: Las púas, al igual que las cuerdas, tienen un calibre que va desde muy grueso hasta muy delgado. Las púas muy delgadas hacen más fácil la percusión sobre las cuerdas, pero sacan un sonido débil; las muy gruesas hacen la percusión más dura pero al mismo tiempo sacan más sonido. Por último, hay púas especiales para Bajo, de un tamaño mayor que las utilizadas por guitarristas, lo cual no significa que no puedas utilizar estas últimas, (¡faltaría más!). Yo en particular prefiero las de guitarra, son más cómodas. Vamos a liarla (pero sólo un poco): Para coger velocidad con la púa, además de paciencia y práctica regular, te vendrá de perlas la técnica de Hammer-On y Pull-Off. Así que aquí tienes un ejercicio para que vayas practicando:

Sí, parece el nombre de un dúo cómico, pero no lo es. Esta sencilla técnica es la que aumentará definitivamente tu velocidad a más del doble de la actual (a menos que ya la estés utilizando). También sirve para darles otra acentuación y otro "color" a las frases. En medios tiempos puede quedar la mar de vacilón. Hammer-On: Consiste en lo siguiente: pon el dedo índice de la mano izquierda en, por ejemplo, el D del traste #5 tercera cuerda. Después, pulsa la cuerda con la mano derecha. Y por último, golpea la nota siguiente (que será un E en el traste #7, tercera cuerda) pero SIN volver a pulsar la cuerda con la mano derecha. Y ya has ejecutado un hammer-on. La idea es esa: una pulsación, dos sonidos. Muy importante: no confundir las ligaduras "de expresión", como las que vienen en este apartado, con las ligaduras corrientes, que siempre van de nota a nota de la misma entonación (ver sección de "Teoría", apartado "II"). Te propongo el siguiente ejercicio para que vayas cogiendo destreza:

Pull-Off: Lo mismo que el Hammer-On, pero al revés. Pon el dedo anular en, por ejemplo, el E del traste #7, tercera cuerda. Después, pulsa la cuerda con la mano dercha. Y por


último, suelta el dedo anular al mismo tiempo que haces sonar la cuerda, pero SIN volverla a pulsar con la mano derecha, de forma que se quede sujetándola el dedo índice en el traste #5, tercera cuerda, y sonando la nota D. Es exactamente la acción inversa del hammer-on. Así que, una vez explicado, pues ejercicio al canto:

All Together Now: Una vez tengas por la mano ambas técnicas, y sepas que para ello hay que tener paciencia y constancia a manos llenas porque, aunque no dudo de tu enorme capacidad, no suele ser cosa de un día ni de dos, una vez las domines, digo, pues lo suyo es combinarlas. Y como ejemplo de combinación podría valer el siguiente ejercicio:

Claro, no me refería solamente a utilizar en la misma frase hammer-ons y pull-offs, sino a mezclarlos, de lo que resulta un hammer-on/pull-off (como en el ejemplo) o un pulloff/hammer-on que es igual pero al revés. En el ejemplo, con una sola pulsación de la mano derecha sobre la cuerda G (la primera), deben sonar las tres notas que abarca la ligadura, o sea C, D y de nuevo C. Más difícil (todavía): Vamos a liarla todavía más, somos así de cafres. Los ejercicios que siguen son algo peludos y su dominio puede llevar tiempo, pero una cosa es segura: después de esta lección no sólo tu velocidad, sino todo tu estilo se verá ampliamente robustecido. Además cogerás fuerza en la muñeca de la mano izquierda, fuerza que siempre viene bien.

Como siempre, empieza a una velocidad exasperantemente lenta hasta que lo domines y consigas un sonido uniforme para todas las notas, para después ir poco a poco acelerando, y bla, bla, bla...


Y ahora, al revés: La técnica que acabamos de explicar, además de para coger velocidad, sirve para matizar la expresión de las frases que tocamos. Así, una frase en la que un grupo de notas aparece abarcado por una ligadura (como la del ejemplo que sigue), esto significa que ha de tocarse lo que se dice "legato", o sea ligado, o sea la menos separación posible entre notas. Es lo que se denomina una ligadura de expresión. Lo contrario de esto es el "picato", o sea picado, que expresamos con un punto encima o debajo de la nota (ver ejemplo que sigue), y supone tocar las notas lo más brevemente posible dentro de la duración que nos marca la figura de nota correspondiente. Literalmente, picándolas, ya sea con púa o con los dedos.

Así que ya sabes: si cortas el sonido entre una nota y otra estás picando las notas; si no lo cortas sino que tratas de que el sonido sea lo más homogéneo posible aunque cambie de notas, estás haciendo un ligado.

Todos las hemos escuchado montones de veces, incluso es posible que las hayamos tocado sin querer. Naturalmente, lo que interesa es dominarlas para que suenen cuando nosotros queramos y no cuando a ellas les apetezca. Notas ensordecidas: En realidad este término es una traducción más fiel que no eso de notas mutadas (del inglés mute = sordina). Lo bueno que tiene es que, cuando en un texto escrito en inglés veas que hablan de "muted notes", ya sabrás de qué están hablando. Es muy sencillo. Coloca el dedo sobre una cuerda y un traste cualquiera pero sin presionar, es decir, sin llevar con el dedo la cuerda hasta la tabla del mástil (diapasón). Ahora pulsa la cuerda con la mano derecha. La nota en cuestión no suena, es un sonido sordo no definido que por sí solo vale bien poco. Y sin embargo esta cosa tan insignificante es la salsa de cualquier estilo: funcionan en jazz, reggae, soul, funky, Acid-Jazz, ritmos latinos (salsa, rumba, etc), incluso han demostrado su eficiencia en un estilo como el country. Eso sí, intercalando sabiamente notas mutadas con notas percutidas a la manera tradicional.


Como puedes ver en el ejemplo que pongo a continuación, escribiremos las notas mutadas como si fuera la nota real pero en forma de "x". Cuando veas, por ejemplo, un D en forma de x, pon el dedo sobre la cuerda, pero no aprietes. Vamos a ver la diferencia entre tocar las notas a palo seco y tocarlas con el aderezo de las notas mutadas. A continuación tienes una línea de Bajo tal cual y después la misma línea pero intercalando notas mutadas. Pruébalo con el Bajo y nota la diferencia entre ambas.

Al principio es posible que te despisten las notas en cuestión mientras estás intentando sacar una línea de Bajo. En ese caso haz lo siguiente: toca las notas mutadas como si fueran notas reales y cuando ya tengas aprendido el esquema rítmico, entonces las haces mutadas. Aquí tienes un ejercicio para ir cogiéndole el tranquillo:

En la variedad está el gusto (o eso dicen): Una vez conozcas perfectamente el efecto que producen las muted notes y hayas cogido cierta práctica tocándolas, mézclalas con notas sin mutar. Lo interesante es combinar en una misma línea ambos sonidos en grupos de notas y siempre dentro del ritmo que lleve la canción. De esta forma destacan más, porque si las utilizas todo el rato, el que escucha se acostumbrará enseguida a oírlas y no le llamarán la atención. Y aquí, un consejo del doctor BassPock: el funcionamiento del cerebro de los terrícolas se basa en eso que ellos llaman "economía mental", lo cual significa que para sorprenderle hay que introducir cambios con cierta frecuencia. Es lo que se llama romper la rutina, o lo que es lo mismo, hacer la cosa un poquito interesante. Algo como esto:

En su día analizaremos (en la sección de "Teoría", apartado "Análisis"), la utilización de esta técnica en diferentes estilos. En cualquier caso, y como siempre, la decisión final de qué narices hacer con las muted notes es tuya. Puedes: a) Olvidarte de ellas porque no te interesan. b) Meterlas con mucha frecuencia e incorporarlas como una característica de tu sonido. c) Meterlas con poca frecuencia para destacar algún trozo de canción que te interese. d) Ninguna de las anteriores. Así que elige tu dosis de notas mutadas y a la marcha.


Los acordes en el Bajo son casi como los efectos de sonido: bien empleados demuestran inteligencia; mal empleados, torpeza. El peligro que corres es el de sobrecargar la canción. Pero teniendo en cuenta esto y evitándolo puedes aportar un color diferente a muchas partes, algo que poca gente se espera que pueda salir de un Bajo. Como bien sabrás si has leído la página de "Teoría", un acorde no es más que tocar 2 ó más notas al mismo tiempo, cosa que en notas muy graves tiende a distorsionar. Así que cuanto más agudo, mejor. Lo que también es posible, y además hace muy buen efecto es tocar una nota grave (la tónica) del acorde y al mismo tiempo otra nota del acorde pero en una tesitura más aguda, es decir, una octava por encima o más. Las cuerdas al aire (E y A sobre todo) dan mucho juego y es aconsejable utilizarlas siempre que se pueda. A continuación vamos a ver los acordes que mejor resultado dan dejando aparte los complicados, ya que para ello necesitaríamos tocar cuatro notas (o más) a la vez, cosa bastante impracticable. Así que nos ceñiremos a acordes de 2 y 3 notas. Los escribiremos en el tono de A. Para transportarlos a otro tono no tenéis más que mover la posición de la mano izquierda hasta el tono que queráis (P.e.: F = traste #1; B = traste #7, etc). Terceras y Décimas: Son lo mismo, sólo que en las décimas la segunda nota es la de la tercera ampliada una octava, cosa que puede verse en ejemplo que sigue. Debajo de los acordes podéis ver los números que corresponden a la digitación de la mano izquierda. Como digitación de la mano derecha utilizaremos, siempre que se trate de acordes de 2 notas como en este caso, el pulgar y cualquier otro dedo que os venga cómodo, preferiblemente índice o corazón. Para los acordes de 3 notas utilizaremos pulgar, índice y corazón, cosa que podéis variar si no os acopla. Ahora cuélgate el Bajo y presta atención al sonido de estos acordes.

Como hemos dicho, la posición será siempre la misma y la iremos moviendo a lo largo del mástil según el acorde que necesitemos. Para coger un poco de soltura os he preparado esta progresión, muy simple pero por lo menos ya suena a música. La digitación es la misma que en el ejemplo anterior.


Quintas: No son tan efectivas como las terceras ni tienen el color de estas, pero en cambio son mucho más rotundas. Como tales las emplea Tommy Shannon (Johnny Winter, Stevie Ray Vaughan, y ahora con su grupo Storyville), como acordes potentes que no es que llenen, es que no dejan hueco posible. Hay que tener en cuenta que está acostumbrado a tocar en formato de trío, a lo mejor en una big band no quedaría tan bien. Debido precisamente a esto no es recomendable tocarlas por debajo de la que formaría el Eb del traste #1 con el Bb del traste #3. Aquí tienes las posiciones que vamos a utilizar.

La quinta justa puede utilizarse tanto con un acorde mayor como con uno menor, ya que, como no tocamos la tercera del acorde, no lo definimos. Además es la que mejor suena cuando se utiliza bien. Un tema que es un buen ejemplo de uso del acorde de quinta es "School Days", del disco del mismo título de Stanley Clarke. Sí, queda muy guitarrero, sobre todo si lo tocas con púa.

Seguro que la primera vez que lo escuchaste te quedaste pasmado. Al menos eso es lo que nos ha ocurrido a gran parte de nosotros al conocer esa técnica de Bajo chasqueante. Y no digamos ya si tienes la dicha de ver en acción a auténticos fieras del asunto, como Paul Jackson (no, no es pariente de Michael "Bad") o Stanley Clarke. Lo cierto es que el slap no es sólo una técnica, sino que puede cambiar tu vida hasta el punto de convertirte en una especie galáctica. Que lo sepas. Aquí tienes la intro que tú no pediste: Ese sonido tan funkero y vacilón lleva sobre la faz de la tierra casi tanto como tú y eso que no conozco tu edad. El invento se debe a un tal Larry Graham, quien allá por mediados de lo '60 tocaba en una (ejem) agrupación musical en la que un buen día el batería decidió unilateralmente que le hacían falta unas vacaciones. Con lo cual el peso rítmico cayó de pronto y con todo su idem sobre los hombros del bueno de Larry, que como era una chico listo, pues se inventó la triquiñuela


del chasquido para darle vidilla a las canciones. Todo esto ocurría en San Francisco, en plena explosión hippie, y en uno de esos antros a los que tu mamá te rogaba encarecidamente que no fueras jamás de la vida porque estaba lleno de melenudos fumando porros. Total, que un buen día, o sea noche, cayó por allí un tal Sly Stone. Con ese nombrecito y la pinta que me llevaba sólo podía ser dos cosas: 1) Un chulo (proxeneta, según el diccionario); 2) Un disc-jockey soul-hip. Resultó ser esto último y se quedó flipao con el grupito, cosa que no me extraña porque debía ser para no perdérselo. El caso es que fichó a Graham para un engendro que estaba montando, algo con lo que soñaría Prince años más tarde y que vino en llamarse (tachán, tachán) "Sly & The Family Stone", uno de los grupos más extravagantes que han visto la luz. Pues eso es todo en cuanto a orígenes. Ahora vamos al grano, pero antes que nada, un consejo: cuanto más aguda y con más brillo sea la ecualización que emplees, mejor notarás el efecto del slap. Mano derecha: Aunque para algunas cosas hace falta tener un poco de "mano izquierda", si quieres tocar slap necesitas justamente lo contrario, es decir, mano derecha. Con la izquierda vas a seguir poniendo las notas como hasta ahora incluidas las mutadas, pero el chasquido lo da la mano derecha. Los dedos que vamos a utilizar son: la parte exterior del pulgar, con la que golpearemos la cuerda sobre el mástil (en el último tramo de este, aproximadamente sobre el traste #20) y el índice, con el que literalmente haremos restallar la cuerda contra los trastes. ¿Cómo? Pues levantándola con la yema del dedo, separándola del mástil y después soltándola bruscamente. Este movimiento ha de llegar a ser muy rápido cuando lo tengas dominado, pero al principio, como nunca me has oído decir, hazlo despacio. La técnica en sí no tiene más, ahora vamos con un ejercicio para empezar. Enchúfate, es una orden. Vamos a abrir boca con un ejemplo que nos transporta a la era de la música disco. John Travolta tenía unos kilos de menos y los Bee Gees aún no habían cambiado la voz. Raro es el arreglo de esa época que, tratándose de música de baile, no introduce unas octavas en el bajo. Bueno, pues este ejemplo podría ser una línea de Bajo de aquellos días. Marcaremos como p la percusión del pulgar de la mano derecha sobre la tabla del mástil y como i el restallar de la cuerda contra el mástil producido por el dedo índice también de la mano derecha. La mano izquierda utilizará a lo largo del ejercicio los dedos 1 (para la nota, coincidiendo con p) y 4 (para la octava, coincidiendo con i).


A veces nuestro bien amado Bajo eléctrico resulta tan eléctrico que da la impresión de ser "demasiado" para la canción. En ese momento, y antes de que tus compañeros de banda empiecen a mirarse y a imaginarte colgando de los cordones de tus zapatos, puede serte útil esta técnica que te ayudará a ensordecer el sonido de tu Bajo. Entendámonos: es difícil que llegue a sonar como un auténtico contrabajo (aunque no imposible), pero desde luego te hará las veces con algunos estilos concretos y en grupos de gente no excesivamente purista. Y también te será muy útil en otros momentos que ya irás viendo, donde un sonido más discreto y apagado te hará quedar como un señor. Vamos allá. Es una técnica puramente de mano derecha que consiste en mutar las cuerdas con la palma (en inglés, palm muting) a la altura del puente, algo que ya se menciona en el apartado dedicado a la técnica de "Púa". La presión necesaria ya la irás controlando, siempre guiado por tu oído. Sólo que aquí, al tiempo que ensordeces las cuerdas con la mano abierta, tendrás que pulsar las cuerdas con la parte externa del pulgar de dicha mano. Sí, con la misma zona que utilizamos para percutir las cuerdas sobre el mástil cuando hacemos slap, pero deslizándola hacia abajo para producir sonido. El resultado es un sonido apagado, sordo, con muy poco sustain y más grave que el normal. Es un sonido que recuerda a un contrabajo, pero ojo: si de verdad quieres que suene como tal tendrás que tener en cuenta otras cosas. ¿Qué cosas? En resumen se trata de cambiar el chip y tratar de pensar como un contrabajista. Para empezar con un dedo (el pulgar) no puedes ir tan deprisa como con una púa o alternando dos dedos, cosa que te ocurriría al coger un contrabajo de verdad a menos que fueras el mismísimo Scott La Faro. Así que, de entrada menos notas. Y menos notas implica siempre MEJORES notas, es decir, las esenciales. Esto suele ser común a la mayoría de contrabajistas: no corren tanto como Jaco, pero sus notas son cruciales para el tejido armónico del tema que estén tocando. También te darás cuenta de que esta técnica no sirve para todos los estilos (¿existe alguna que lo haga?), así que tu oído te guiará... siempre y cuando le dejes. Aquí tienes un par de ejemplos para ir abriendo boca. El primero es un walking-bass en A, como ritmo serviría uno de swing sencillo. Vigila que todas las notas suenen igual y muy picadas.


El segundo es un shuffle en D. Se trata de la introducción de un tema que cantaba Nina Simone, "My Baby Don't Care". Aquí lo mismo de antes, pero respetando el tempo, porque si lo tocas más deprisa pierde "feeling" (el compás es 12/8).

Combinación con notas mutadas: Pues sí, mira por dónde las notas mutadas nos vienen de perlas para darle un poquito de gracia a esta técnica, para que no suene como un elefante tratando de caminar por la gravilla sin hacer ruido (¿he dicho yo eso?). Y como muestra, un botón:

Acabas de entrar en la zona VIP. Aquí no sirven excusas de ningún tipo, esta sección es para los que se exigen lo máximo. Si el nivel te parece demasiado alto o simplemente no quieres exigirte tanto quiero que sepas que me parece perfecto. No por ello vas a ser mejor o peor bajista. Sin embargo, para detenerte siempre estás a tiempo y aquí queremos dar la posibilidad de ir a más a aquellos que nunca tienen bastante. Un buen bajista se compone de 6 partes, a saber: ritmo, oído, imaginación, armonía, un buen equipo y un excelente carácter. Si las tienes todas, ¡premio!, pero aún puedes profundizar en todas ellas; si no, puedes ponerte a coleccionarlas desde ya mismo o continuar toda la vida quejándote de que sólo los enchufados consiguen tocar en grupos que merecen la pena.


Lo que viene a continuación son ejercicios, a veces inusuales, para practicar algunas áreas concretas del conocimiento musical, como por ejemplo medir, reconocer melodías y tocarlas inmediatamente, etc. A veces pueden parecer cosas raras, y desde luego no tienen mucho que ver con la vida normal, pero tú eliges. Si quieres ser un bajista normal y corriente, esta no es tu sección. Buenos somos todos, pero el nivel de excelencia está reservado a unos pocos, de los cuales la mitad entra gracias a unas tremendas facultades naturales y la otra mitad gracias a un concienzudo trabajo. Elije opción. ¡No veas!: Lo primero es que aprendas a tocar sin mirar el mástil. Bueno, si es muy preciso (léase un cambio del traste #1 al traste #19) se te permite echarle un vistazo fugaz. Pero de normal, quítate esa fea costumbre. El Bajo ya sabes que está ahí, y sin embargo hay muchas cosas que están ocurriendo mientras tocas, ya sea con tus compañeros en un ensayo, en medio de un concierto o en una jam-session. Me refiero a señales que pueden darse con gestos o tal vez las caras que pone el cantante de tu grupo mientras canta sean de concurso televisivo. El caso es que hay que ESTAR ahí y no solamente de cuerpo presente, lo cual equivale a estar muerto. No digamos ya si algún día tienes la oportunidad de tocar con B.B. King (¡llámame!). Díme la verdad: ¿te vas a pasar el rato mirándo hacia abajo o prefieres disfrutar del momento? Bien, para quitarte la manía aquí tienes el antídoto. Imprímete el siguiente DIAGRAMA. En efecto se trata del mástil del Bajo con las notas escritas. Si no te gusta, constrúyete uno a tu medida. Vale, a partir de ahora esto es todo lo que vas a mirar. Póntelo delante en casa mientras practiques y ves poco a poco memorizándolo. El siguiente paso es que lo tengas en la cabeza y no necesites ni el papel.

Otra cosa: que los pequeños fallos que tengas al principio (notas no deseadas por no estar mirando el mástil) no te desmoralicen. A cualquiera puede sucederle. ¿Bailas?: En especial, para todos aquellos que practiquen estilos rítmicos a más no poder, léase funky, Acid-Jazz, soul, reggae, disco, rap, hip-hop, salsa, rumba, mambo, etc... Fíjate y verás cómo los buenos bajistas (y los buenos baterías) llevan el ritmo con TODO su cuerpo, aunque sólo utilicen las manos para producir sonido. Lo contrario es alguien que


está tocando ritmos super-bailables y se mantiene estático como si aquello no fuera con él. Eso significa que lo que dice con los dedos lo niega con el resto del cuerpo. Parece una tontería, pero desde fuera se nota en seguida que algo no cuadra. Así que ¡muévete! Bailar es un sanísimo deporte que si incorporas a tu quehacer semanal te deparará incontables sorpresas. Sin que te vengas a dar cuenta, tu sentido del ritmo mejorará sensiblemente. No hace falta que seas Fred Astaire, ni siquiera que sepas bailar. Puedes pegar saltos o mover la cabeza como un periscopio, da igual. Desinhíbete y lleva el ritmo con todo el cuerpo. Además, tu presencia escénica se verá fortalecida. El ritmo se contagia, puedes probar y verás cómo los que te estén viendo empezarán también a moverse. Y te divertirás el doble. No estamos solos (ni sordos): Seguro que alguna vez te has visto en la disyuntiva de practicar en casa o ponerte a ver la televisión. Bueno, pues mira por donde aquí vas a poder hacer las dos cosas a la vez. Puede que ya toques sin mirar el mástil, pero en cuanto pasa una mosca volando, ¡zas! te despistas y metes la nota que no tocaba. En ese caso necesitas más concentración. Y más concentración no significa que te obsesiones en no cometer errores, sino que tengas tan asimilado lo que tienes que tocar que te salga casi automático, de manera que puedas estar al mismo tiempo pendiente de otras cosas, como el resto de tus compañeros en el escenario o en el ensayo, esa tía tan-tan de la primera fila que no te quita los ojos de encima, o lo que sea. Y para ello nada mejor que tocar mirando la TV. Coge cualquier canción que se supone que ya te sabes y has tocado varias veces y trata de tocarla una y otra vez mirando cualquier cosa en la tele, pero primero quítale el sonido a esta y asegúrate de que tú te escuchas. Al principio veste ejercicio te desmoralizará, pero aguanta. No vendas el Bajo. Es muy difícil lo que estamos tratando de hacer. Pero cuando lo consigas habrás conseguido estar tocando sin estar exclusivamente pendiente del instrumento. Entonces es posible que descubras un montón de cosas, como la camisa tan horrible que se ha puesto el batería, el juego de piernas tipo púgil que se marca el guitarrista o la amiga de Pili que se ha tintado el pelo de azul. Ese bicho que hace clac-clac: Su nombre real el metrónomo y es un instrumento de tortura que no se inventó en la Edad Media sino a mediados del S.XIX. Sirve para decirte cuándo te vas de tiempo y es implacable, no le puedes engañar ni sobornar. Así que si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él. Tener al metrónomo de tu parte es una de las mejores herramientas que puedes desear como bajista. Los bajistas con un excelente sentido del tiempo son cotizadísimos. Es algo que no se le exige a un solista. Miles Davis o Jimi Hendrix te podían volar la cabeza con un solo, solo que si escuchas detenidamente puede que encuentres pequeños desajustes de tiempo. Pero estos caballeros contaban con unas estupendas bases rítmicas que les permitían funcionar a tope. La cuestión es así de simple: si el solista se va pero la base cuadra perfectamente no importa demasiado, porque el oído del que escucha sigue identificando la estructura de la canción. Pero si la


base se va, TODA la canción se va. Si es tu caso, no durarás mucho en ese grupo. De lo que se deduce que... ... Es mejor que no sea tu caso. O sea, que ya puedes empezar a hacerte amigo de ese bicho que hace clac-clac, alias metrónomo. Verás por ahí músicos que son casi como relojes, que no se van de tiempo ni un pelo. Bien, esto es una cualidad que algunos tienen, pero los que no la tienen la pueden adquirir a base de entrenamiento. El ser un excelente llevador de tiempos es más cuestión de entrenarse que de "haber nacido para tocar". Te estoy dejando sin excusas, lo se. Para entrenarte con el metrónomo puedes seguir varios caminos. Uno puede ser seleccionar una velocidad lenta, por ejemplo 60 golpes/minuto, coger una frase muy sencilla y tocarla a esta velocidad durante 15 minutos. La misma frase. Esto te ayuda, además a mantener una misma línea de bajo durante un tiempo determinado sin ponerte a cambiar constantemente en búsqueda de esa combinación de notas que hará que en un futuro se hable de ti en términos de "original" o "genial". Mantener la canción contra viento y marea, aparte de ser tu trabajo, también puede ser genial. Después prueba a mantenerte 30 minutos, incluso más. ¿Es un aburrimiento? No, es un entrenamiento. Ya verás, ya, lo que lo agradeces. Mantén esta rutina durante un mes y notarás cómo tu capacidad de medir perfectamente mejora al cien por cien. Es posible que tengas en casa una batería programable o una caja de ritmos y que, aburrido del monótono e implacable clac-clac del metrónomo decidas practicar con un ritmo "de verdad". Error. Naturalmente, tocar con un ritmo de percusión es mucho más agradecido, pero el hecho de oír solamente la pulsación del metrónomo te obliga a ser más preciso. Además, como no hay otro instrumento todo depende de ti, con lo cual tienes que esforzarte más para que aquello suene a música. De todas formas, ensayar con una batería programable también es un buen ejercicio que ya explicaremos en la sección de "Análisis". Un poco más difícil: pon el metrónomo a 40. Si tienes uno digital trata de programarle una pulsación por debajo de 40 y después trata de tocar encima de ese ritmo. La mala noticia es que es MUY difícil tocar a un ritmo tan lento sin perderse; la buena es que cuando lo consigas serás un auténtico campeón del ritmo. Y ya tendrás una de las seis partes del bajista completo. Después, ves a por las otras cinco. Bach sí que sabía: No, J.S. Bach no era bajista pero, como todos lo grandes compositores, sabía la importancia que tiene una buena línea de bajo. Esto es fácil de comprobar en cualquiera de sus composiciones, ya sea para clavecín o para coral, para órgano o para orquesta de cámara. Aquí nos centraremos en sus obras para clavecín que es donde mejor se escuchan los bajos. Escuchar estos bajos, cuando no sacarlos y practicarlos, educa mucho el oído de cara a ciertos estilos de música. Si lo tuyo es el funky o la bossa-nova, olvídate. Pero si lo tuyo es un estilo de ritmo binario, desde trash-metal hasta tecno puro pasando por el rock y el pop de toda la vida, esto te puede servir. Más aún: educa tu oído


en el arte de saber cuándo mantener la línea del bajo dejando paso a un solista y cuando toca meter un pequeño relleno. Y todavía hay más: melodías que "contestan" a la melodía principal, síncopas que dan dinamismo a la base, y ostinatos repetitivos y machacones con una efectividad fuera de duda. Esto es sólo una muestra de lo que el bueno de J.S. Bach puede hacer por ti. Ábrete de orejas: Eres bajista, sí, pero también eres músico. Hay un montón más de instrumentos con papeles diferentes, timbres diferentes y técnicas diferentes que pueden darte ideas. Entendámonos: te pueden dar ideas que luego tú acoplarás a tu rol de bajista. No se trata de ponerte a hacer de saxofonista con el Bajo, lo cual resultaría curioso por un lado y patético por otro. Pero de los instrumentos melódicos puedes tomar un montón de pequeñas melodías que incorporar a tus líneas, y de los instrumentos de percusión puedes aprovecharlo todo porque son puro ritmo. Esto además despeja mucho la cabeza, a veces uno se satura de bajos y necesita un buen refresco para volver a cogerlos con más ganas. Pero más importante que esto es escuchar estilos de música diferentes. Cada vez son más los grupos que fusionan estilos, lo que desde luego los hace más interesantes. Prácticamente todos los estilos tienen algo que nos puede resultar interesante y que podamos incorporar a lo que hacemos sin que lo que hacemos pierda por eso su identidad. Así que, sin miedo. El que no quiere ni oír hablar de otras músicas es porque tiene miedo de que le gusten. Y eso significa que no está muy seguro de lo que hace. Tómate unas vacaciones: Espero que nunca te digan esto los otros componentes de tu grupo. Aquí nos referimos a hacer una pausa para asimilar mejor lo que hemos aprendido. Si te tiras un montón de horas practicando todos los días y te pasas el día y la noche pensando en líneas de Bajo, más tarde o más temprano te saturarás. Y a partir de ahí, nada bueno: repetición, fuga de ideas, sensación de que no avanzas, etc. Es el momento de hacer una pausa. Tómate un día entero, mejor dos, sin tocar y sin pensar en bajos. Entretente con lo que sea, despéjate. Y de paso descansarán los músculos de los brazos y de las manos. Al tercer día cuando cojas el Bajo verás cómo todo fluye mucho mejor y vuelves a ser el que eras. Eso sí: que la pausa no sea muy larga (no más de dos días), porque empezarás a perder práctica. Toco El Bajo... Y A Veces La Batería: No, no te voy a recomendar que aprendas otro instrumento (aunque si quieres...). Se trata de equilibrio sonoro. Lo más difícil de tocar es probablemente la elección de notas. Ahí es donde se ve todo: si tienes buen gusto se ve; si eres un patán, también. De ahí que sea bueno dosificarse, lo cual significa las notas justas, ni más ni menos. Esto afecta también al equilibrio sonoro de la banda en la que tocas. A lo mejor una introducción de guitarra y batería queda mejor sin notas de Bajo. Bueno, pues no te empeñes en meterlas. Los silencios son importantísimos, hacen más por ti de lo que te imaginas. Hacen que luego la gente aprecie más las notas que tocas. Si no paras nunca, no creas contraste y se aprecian menos las frases. Saber tocar es saber también cuándo no hacerlo. Ten en cuenta que los Bajos de las canciones de tu grupo te pertenecen (a menos que te los den hechos), son responsabilidad tuya y eso es mucha responsabilidad. Así que,


cuando en un final de frase decides apagar totalmente las cuerdas con la mano derecha para que se escuche el redoble de batería también estás siendo responsable de ese silencio, porque estás tomando la decisión de no tocar. Por extraño que parezca, esta cualidad (que define al músico) escasea. Midiendo, pero bien: A cualquier hora del día puedes practicar sin necesidad de estar en tu casa con el Bajo colgando. Puede ser mientras estás aburrido por la noche en un pub esperando a la mujer de tu vida, en la parada del autobús... Eso sí, necesitarás escuchar música de una manera o de otra. Ya sea al aire o con cascos, ves siguiendo la canción que suene con la mano o con el pie, pero sólo el esquema de la caja, por ejemplo. Y asegúrate de que das el golpe exactamente en al mismo tiempo que la caja que está sonando. Los bajistas tenemos fama de tocar un pelín antes del golpe de tiempo donde queremos encajar la nota. No tiene demasiada importancia, sobre todo porque se trata normalmente de un milisegundo que no interfiere para nada el buen funcionamiento de la canción, pero si se puede evitar, mejor. ¿Cómo hacerlo coincidir exactamente? Pues se me ocurre que por ejemplo tocando encima del golpe y no escuchando este. Si escuchas la caja es que has tocado o bien un poco antes, o bien un poco después. Poco a poco verás como mides mucho mejor cuando toques en el local de ensayo con tu grupo.

Te lo creas o no, hasta los mejores tienen sus defectos, sus manías, su talón de Aquiles. Lo cual es bueno saber para no preocuparse excesivamente por los propios. Al fin y al cabo, son parte de ti, ¿por qué tendrías que rechazarlos? La frase favorita de Jaco Pastorius Desde luego, Jaco era original y peculiar como él solo, pero también era un maníaco del Bajo, un poseso que tocaba de forma obsesiva. El mejor ejemplo de todo esto es el material en directo que dejó, tanto con Weather Report (el impagable "8:30") como en formato de trío junto al guitarrista Hiram Bullock ("Live In New York City", vols. 1, 2, 3 y 4). Esos motivos seriados en forma de "loop" a la velocidad del diablo, esos ritmos decapitados acentuando la caída en el primer tiempo, o esa habilidad suya para no empezar siempre el compás con la tónica del acorde sino con la quinta o la tercera, por no mencionar el complicado uso de acordes en el Bajo sin trastes o los armónicos. Todo esto pertenece a la faceta técnica del intérprete, pero lo que realmente hace de Jaco un músico con mayúsculas no es esto. Esto, con cierta maña y tiempo dedicado, se puede aprender. Ahora, la capacidad para construir frases musicales con tal poder expresivo,


sencillamente, o se tiene o no se tiene. ¿Ejemplos de frases? "A Remark You Made" es el mejor, también está en el directo "8:30". Y hablando de frases, cuando improvisa y se deja llevar por el ímpetu muchas veces acaba con la siguiente:

En "8:30" (1980) la encontramos varias veces, concretamente en los temas "Black Market" y "Slang (Bass Solo)". Pero es que en "Live In New York City" (1985), o sea, cinco años después, la volvemos a encontrar, concretamente en el tema "Mercy, Mercy, Mercy". La inusual técnica de púa de Chris Squire: Como él mismo explicaba en no-recuerdo-qué número de la revista Bass Player: "Nunca me gustó la música pop hasta que escuché a los Beatles, que cambiaron mi vida. Cuando tenía 15 años, un amigo del colegio que tocaba la guitarra decidió que formáramos un grupo de rock & roll. Me dijo que, como yo era alto y tenía las manos grandes, tenía que tocar el Bajo, y es lo que hice. Nos gustaban los Beatles y los Hollies. Dos años después vi a los Who y John Entwistle se convirtió en una influencia mayor. Yo siempre había tocado con púa porque odiaba el tono oscuro y pesado que tenín la mayoría de los bajistas. John tocaba con púa, así que eso y su sonido masivo y cortante fueron de gran inspiración". Bueno, pues ya sabes por qué toca con púa. Pero no la utiliza como todos los mortales, ha desarrollado una particularidad que para unos sería un defecto (sobre todo si Yes no hubiera vendido todos esos millones de discos en todo el mundo) pero que se ha constituido como su principal marca de fábrica. Consiste en percutir la cuerda primero con la púa e inmediatamente con el borde exterior del pulgar. Un buen ejemplo de lo dicho se observa en "Real Love" del disco de Yes "Talk" (1994). El test anti-corrosión de Jason Newsted (Metallica): Hay gente MUY exigente con el material, gente que no se conforma con que un Bajo suene bien y sea cómodo de tocar. Hay gente que le pide a su instrumento que sea anti-corrosión. ¿Cómo? ¿Hay alguien que tenga el poco seso de ponerse a tocar en medio de una lluvia de ácido sulfúrico? No exactamente, pero algo tan simple como el sudor puede dañar tu instrumento favorito. Escucha, escucha: "He tenido un montón de problemas con el sudor metiéndose dentro de mis bajos. Hicimos un concierto al aire libre la pasada gira y hacia el final del mismo solamente había un Bajo en funcionamiento de los seis que llevo. Malas noticias. Y cuando un Bajo que sale


por un P.A. [equipo de sonido de escenario, N. del T.] de 250.000 watios empieza de pronto a sacar acoples y feedback, el público no es feliz! Le dije al que iba a hacerme los bajos para esa gira que tenían que ser a prueba de agua. Así que eran a prueba de agua, pero no a prueba de agua salada (como el sudor)". El que cuenta sus tribulaciones es Jason Newsted, el bajista de Metallica, inventores o como mínimo precursores, de todo lo que hoy se guarece bajo etiquetas como TrashMetal, Speed-Metal, Death-Metal, etc. El test que utiliza Jason para ver si un Bajo va a aguantar toda la gira es el siguiente: "Lleno la bañera con agua super caliente, le echo un poco de sal y meto dentro el Bajo. Después lo saco y lo pongo frente a una estufa durante unos minutos. Y repito el mismo proceso tres veces con cada Bajo. Después toco con él un rato en mi estudio y finalmente lo dejo en un stand durante unos cuantos días. Normalmente el Bajo se corroe y ya no vuelve a sonar más. Ningún Bajo pasó la prueba excepto el Sadowsky. Todavía tenemos que cambiar los tornillos del puente de los Sadowsky cada semana, porque da igual con qué estén cubiertos, la capa exterior se acaba yendo. Pero he tenido mucha suerte con ellos". Pues nada, si tienes tanta pasta como él te puedes permitir sudar tanto en directo y después encargar 9 Sadowskys para hacer el test. El caso es que el poder corrosivo del sudor humano está fuera de toda duda, pero este tío debe sudar nitroglicerina.

Si alguna vez has pensado que ese bajista debía tener tres manos para hacer lo que hacía, o que aquel sonido era imposible que saliese de un Bajo corriente y moliente, tal vez el tema de los armónicos y su funcionamiento te aclaren un par de cosas. Qué Son: La explicación técnica es la siguiente: normalmente, cuando tocamos una nota (p.e.: un A en la cuarta cuerda, traste #5), no estamos tocando sólo esa nota, sino varias frecuencias sonoras al mismo tiempo (armónicos), que van de más grave a más agudo. "Sacar armónicos" no es más que descomponer esa nota, de la misma forma que añadir armónicos (que es ni más ni menos lo que hace un pedal de distorsión o fuzz-tone), significa apilarle frecuencias más agudas en la parte más alta de su espectro sonoro. Puedes hacer la prueba en ambos sentidos: enchúfa tu Bajo a un pedal de distorsión y comprueba cómo se agudiza el sonido de las notas además del clásico efecto vibrante (distorsión de agudos) tan apreciado por los guitarristas. Después puedes probar a descomponer una nota en armónicos mediante la ténica que sigue, objetivo real de esta sección.


Cómo Se Escriben: Los verás en partituras con un círculo encima de la nota escrita en tesitura real (o sea, en clave de G en segunda línea), como a continuación:

Cómo Conseguirlos: El siguiente diagrama nos muestra dos cosas: una, que hice bien en no dedicarme al dibujo; la otra, la posición del dedo sobre la cuerda para sacar el armónico que nos interese. Ahí puedes ver un trozo del mástil del Bajo como lo verías si estuvieras tocando. Se trata, por tanto, de colocar el dedo justo encima del traste #12 (luego veremos por qué precisamente el #12), pero sin bajar la cuerda hasta el mismo. Entonces percutimos con la mano derecha igual que si tocáramos y ese sonido es un armónico.

Los armónicos suenan con mayor intensidad y definición cuanto más agudo es nuestro sonido. O sea, con la pastilla más cercana al puente, con pastillas tipo single-coil, con ecualización potenciando agudos (frecuencia de 5kH), con el tweeter de tu bafle a tope, etc. Dónde Están: Como no tienes un pelo de tonto, ya te habrás dado cuenta de que, sobre el traste #12, en cualquiera de las cuerdas suena un armónico. Ahora compara la nota que escuchas cuando tocas el armónico con la que suena al tocar la cuerda al aire. ¿Sorprendido? Efectivamente, el armónico es la misma nota que la cuerda al aire pero una octava más aguda. Es, por tanto, el armónico de octava. Fíjate cómo el armónico de octava cae exactamente en mitad de la longitud de la cuerda. Así pues, ya tenemos la octava de todas las cuerdas, E A D G (B grave si tenemos un Bajo de 5 cuerdas, y B grave y C agudo si tenemos uno de 6). Pero hay más armónicos a lo largo del mástil, y no siempre se encuentran a la altura de un traste. El siguiente gráfico muestra los más importantes en intensidad sonora:


Verás que, de un armónico al de la cuerda inferior en el mismo traste hay un intervalo de cuarta justa. De esta manera puedes encotrar el resto de armónicos en caso de que uses un Bajo de 5 ó 6 cuerdas. Así, por ejemplo, en el traste #7, si tuvieras sexta cuerda, encima del D encontrarías un G, y por debajo del B un F# super-grave (que no te aconsejo mucho). Y así con todos. Esto lo digo porque tengo prevista una ampliación de esta sección para bajistas de 5, 6 y 7 cuerdas, pero hoy me encuentro un poco perro (no veas la calor que empieza a caer en Valencia, Spain...). Que sepas también que hay más armónicos. Son los llamados armónicos artificiales. Los que hemos visto son los llamados naturales, y se producen sobre cuerdas al aire. Vuelve, anda, vuelve a echarle un vistazo al gráfico y date cuenta de lo siguiente: los armónicos de mayor intensidad y definición son los del traste #12, la octava, la mitad de la cuerda. Los que le siguen son los del traste #5, la mitad de la mitad de la cuerda, y así con todos. Esto es física pura, esto Aristóteles ya lo sabía (aunque aplicado a una flauta de su época). O sea, que encontraremos una armónico (al menos teóricamente) siempre a la mitad de la distancia formada por un armónico y el principio de la cuerda (el principio es la cejuela, donde apoya para vibrar, no la clavija). De esta forma podemos producir armónicos artificiales de la siguiente y rebuscada manera: tocamos una nota, p.e.: un D en la tercera cuerda, traste #5. Y mientras suena, apoyamos el dedo de la mano derecha sobre la mitad de la cuerda (apenas rozándola) y ahí tenemos el armónico de octava. Y lo mismo para los restantes, claro que cada vez más difíciles de conseguir y con menos intensidad y definición. Notarás también que a medida que te alejas del traste #12, los armónicos, además de perder intensidad, se van agudizando (a la vez que son más difíciles de conseguir). Qué Demonios Hacer Con Ellos: Pues, como siempre, lo que quieras. Una posibilidad es hacer sonar una armónico de la cuarta cuerda y mientras lo dejamos sonando tocar un acorde o una pequeña frase con las cuerdas más agudas. También se pueden utilizar como notas sueltas para dar un color especial en algún trozo de una canción. Si los tocas añadiendo un pedal de distorsión se agudizan los armónicos y permanecen sonando durante más tiempo.


Por si te sirve de inspiración, ahí van un par de ejemplos que podéis escuchar: el primero no me convence mucho, se trata de Victor Wooten tocando "Amazing Grace" en el disco de Béla Fleck & The Flecktones "Live Art". Eso sí la técnica de ejecución de Victor es muy buena; el segundo sí que me convence. Se trata de Jaco Pastorius tocando "Portrait Of Tracy" en su primer disco en solitario. Más: Da la impresión de que hay pocas notas con armónicos bien definidos, al menos en un Bajo de 4 cuerdas (uno de 6 es el paraíso de los armónicos). Lo cierto es que hay más de las que parecen. A lo tonto a lo tonto disponemos de todas estas escalas: G# frigio, E mayor, E pentatónica menor, E pentatónica mayor, B menor natural, B pentatónica menor, D mayor, todas ellas completas. La escala de D pentatónica mayor aparece casi completa (faltaría un C). Y en otros tonos son muchas las pequeñas frases de tres o cuatro notas que podemos construir. Y seguro que hay muchas otras escalas tipo oriental y demás que me he dejado. Y también podemos hacer acordes con armónicos, por ejemplo haciendo cejilla con el dedo índice de la mano izquierda sobre el traste #5 en las cuerdas tercera y cuarta obtendríamos un acorde de G que podría ser tanto mayor como menor ya que no tocamos la tercera. En cuanto a arpegios, un A6 y un A7, por ejemplo, son fáciles de obtener. A todo lo anterior hay que sumar el sonido tan peculiar que producen los armónicos. Ya sólo me queda recomendarte que los dosifiques. Los armónicos son, probablemente lo que más y mejor tiene que dosificar un bajista. Ten en cuenta que suenan en una tesitura bastante aguda, con lo cual si los tocas, estás dejando un importante hueco en el peso sonoro total del grupo, concretamente en los graves. En otras palabras: en ese momento el grupo se queda sin Bajo. Esto no es grave si se sabe hacer. Por ejemplo en una introducción o en un final, en trozos en los que no es vital que definas la armonía, etc. Pero a mitad de una estrofa, por ejemplo, o en momentos en los que sí que es importante el Bajo como tal, dejarás un vacío innecesario. Como siempre, es tu sentido común el que debe guiarte. Y aquí, el consejo de Jose: nunca sacrifiques el papel real del Bajo por hacer alguna filigrana de lucimiento personal, forastero.


Metodo de Bajo Electrico