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EDICIÓN # 8


UN POCO DE:

Benítez nació en Buenos Aires, Argentina, el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, EE.UU., con sede en la Columbia University; de la International Society of Writers (EE.UU.), de World Poets Society (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (India). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poétes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Su obra ha recibido numerosos reconocimientos en su país y en el exterior, entre ellos, el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996);el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996) y el Primer Premio Internacional para Obra Poética Publicada «Macedonio Palomino» (México, 2008). Sus 11 libros de poesía, más sus novelas y ensayos literarios, han sido publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, México, Venezuela y Uruguay. La obra completa de Luis Benítez arranca con Poemas de la tierra y la memoria (1980) seguida de ocho títulos más: Mitologías / Balada de la Mujer Perdida (1983); Behering y otros poemas (1985);Guerras, Epitafios y Conversaciones (1989); Fractal (1992); El pasado y las Vísperas (1995); La Yegua de la Noche (2001); El Venenero y otros poemas (2005); La Tarde del Elefante y otros poemas (2006). La obra poética de Luis Benítez destaca por su oralidad que, por otra parte, toda poesía debe tener porque, la poesía nació oral y devino escrita, y aborda diferentes temas que varían a lo largo de tres décadas, donde la realidad social, política y personal de Luis Benítez cambia, evoluciona. Como él. Como su poesía


LA VIDA Y LOS ESPECTROS

Esos papeles por donde pasó tu huella como la baba de los caracoles, no recuerdan tu nombre: son artefactos de la imaginación, voces perdidas en el griterío del tiempo. Sus absurdas balanzas y poleas suben y pesan paisajes que se desvanecen, objetos que habrá, alguna vez, junto a tu tumba. Los espectros que fui espían detrás de las palabras el movimiento de la vida, más caudalosa que el tiempo, porque yo fui espectro y espectros son las cosas y los hombres. La vida, esa secreta enemiga, pulsa sus picos y sus palas, demuele las voces y las lenguas quedan vacías frente a su cara. Frente a su cara, que ni ve, ni oye, ni habla al hombre.

CONVERSACIONES

La historia de las constelaciones grabada en el brillo de una hoja: quisiera leer la hoja y recordar aquella forma de donde nos desprendimos los seres y las cosas. Y antes de que nos devore la Gran Noche oír su nombre, por empañar la orgullosa oscuridad con el ardiente sonido de la luz, al quebrantarse.


LA RUTINA DE DIOS

Todo es un círculo: cruzamos por su anchura el día de la muerte. Y el círculo es las veces que volvemos para decir las mismas palabras, casi al mismo. A través de las épocas, todos tus fantasmas fueron lectores de poemas: la leve diferencia en el arreglo de unas flores y el atuendo, marcan los siglos, la distancia. Y el cambio de la ropa y el idioma de antaño se agitan un segundo y en un solo segundo sentimos la carrera del círculo ciñéndonos la frente. Cuando te hablo, te he hablado, dejemos el dilema; donde los mundos se tocan hablaremos de otras cosas y esperaremos ese día sólo para no presentir, sólo para no saber las respuestas de las monótonas preguntas, las mismas viejas preguntas que nos atan a paisajes que no cambian. Cuánta desdicha, saber que volveremos a hablar detrás del polvo, detrás de la pobre oscuridad de un segundo: un momento es muy poco y sin principio ni fin es demasiado.


IMAGEN


POESÍA “El humor es siempre un disparo contra la autoridad” decía el tratado de una tal Pescetti, que por azares del destino y no tanto por escrutinio, cayó en manos de un “intelectual” amigo del jefe de policía del fascista en el poder, que desde ese día devolvió el favor a la escritora y mandó fusilar con balas reales a todos los escritores. Por si las dudas, mandó quemar todo aquel libro de humor o que aparentara humor. No fuera a ser aquello de las balas perdidas.

Para Oscarys Ocanto La poeta tejía palabras llenas de luz. Desde el otro lado, la otra la miraba con envidia, como queriendo devorarle aquellos versos hasta verla sumida en la oscuridad. Comenzó a tejer también. Sus palabras eran la sombra de aquella. Mientras una colocaba la luna y las estrellas en u n cielo azul profundo y hacía volar peces plateados que se confundían con las luciérnagas, la otra solo miraba sombras que revoloteaban y se posaban en el cuerpo inerte de la primera. Vino el primer silencio. La poeta calló y su sombra también. La poeta quiso abrir sus palabras y lanzarlas a pleno vuelo pero ya no pudo… la envidia la había cubierto con su sombra. Abajo, la sombra, siendo sombra de la sombra se iba disipando, diluyendo hasta desvanecerse completamente. No podía ser sombra de la sombra, no existía y así como llegó se fue… Sin embargo, en medio de aquel lugar lleno de cuadros y de gente, de odios plasmados en la pared y de llantos silenciosos aquella mujercita brillaba intensamente, como un enorme diamante, como una enorme luciérnaga, como un enorme sol. Y nadie más pudo, desde entonces, poder mirarla directamente… Jesús Baldovinos

20 y 10: El Fuego y la Palabra: EZLN.

Profundo mar de semillas ondulantes


muertas a la sombra de una mano que las draga.

Soñar de cielo herido por un hombre que observa en la orilla de montaña como un perro extraviado entre la yerba.

Jugamos al ocio en el filo de las aguas, con el aplomo del sol en nuestra espalda.

Somos el dragón quemante Reino de conciencia póstuma Tumba de marañas líquidas Cofre de ira que se arraiga entre los pies.

Madre de los caracoles, cavamos ciclos en el mar para buscar el trozo enardecido de la historia amarga.

Las rocas truenan, estallan

la

Las hojas hablan por mi voz y caen al precipicio de la lengua huella antigua palabra verdadera caracol oculto que resuena.

Madre de los caracoles, el mar se esparce entre tu cuerpo y el corazón tiene raíces de pasado: polvo de espiral que resucita.

Las gotas chasquean a diario,

marea.


se derrite el cielo por un ojo. Caen signos sacudidos y el plomo duerme en el recuerdo a la deriva de hundirse bajo el polvo.

Tojolabal, te veo en los nidos de mi mente, preguntas qué es el agua si cuando escurre por mi boca suena a charco de palabras y el recuerdo oxidado se humedece con tu risa. Digo azul, se desprende una cascada, crecen tallos en mi voz.

Madre de los caracoles, bebemos gemas azuladas de tu pecho y la palabra mana desde ti. En tus oídos duerme el mar de nuestros sueños.

Tojolabal de tres lenguas para enroscar mi vientre, por tus ojos de horizonte escurren lágrimas sedientas llenan tus pómulos de arcilla.

Tojolabal, resurges en lagunas de memoria y la montaña llora tu ausencia.

Judith Santopietro


Revista EL HUMO JULIO, 2010 EDICIĂ“N # 8 www.revistaelhumo.com

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Revista el humo # 8  

Luis Benítez, Leticia Lòpez García, Juan Baldovinos, Judith Santopietro. www.revistaelhumo.com

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