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Mi mundo, el de Lexis


Era un día como cualquier otro en la quinta de mi abuela. Me encontraba allí porque mis padres estaban en un viaje de negocios. No acostumbraba pasar ahí la noche pero esta vez era diferente, ya que la abuela me había dejado una nota diciendo que tenía que hacer unas compras al mercado del pueblo; y al ir a de pie tardaría mucho tiempo, por lo que decidí ir a investigar los alrededores.


Me acorde, luego de haber tomado la decisión de “explorar”, que cuando era muy pequeña mi mamá me había contado que cerca de la casa, donde yo me encontraba, había un bosque en el cual pasaban cosas raras, y me pregunte que problema podría surgir si me iba a dicho lugar y no se me ocurrió ninguno, así que fui. Estaba camino al bosque, y me di cuenta que Toto, el perro de mi abuela, me seguía. Al llegar a mi destino me tope con el árbol mas grande que había visto en mi vida.


Me decidí y comencé a treparlo y cuando ya me faltaba muy poco para llegar a la punta de la copa, pise mal y me caí. Cuando yacía en el suelo Toto preguntó: - ¿Estas bien? - Si – respondí sin ver quien me lo preguntaba, cuando abrí los ojos observé que el único ser vivo era el perrito. Entonces pregunté: - Vos, ¿hablaste? – Luego me di cuenta que le estaba haciendo una pregunta a un animal, a Toto, y luego pensé: - ¿me estaré volviendo loca? ¿Como puede ser que yo le hable a un perro? – De pronto escucho que empieza a responderme: - Si por la primera, no por la segunda y ¿que tiene de malo la tercera? – Finalizo con una sonrisa


Después le hice la pregunta más tonta que le pude haber hecho: - Vos, ¿me leíste el pensamiento? Y Toto tan educado respondió asintiendo con la cabeza, eso si que ya no lo podía creer, primero me doy cuenta que puede hablar y para completar también puede leer el pensamiento de la gente.


De pronto y sin que yo lo esperase, escucho que mi abuela estaba viniendo hacia mi posición, y me sorprendió mucho que viniera cantando una de los Beatles, y pensé ¿desde cuando la abuela sabe y canta ingles? Pero esta vez Toto no respondió ya que estaba camino de regreso, junto con gigantes y gnomos que cantaban y bailaban a la par,


me sorprendió ver eso y creí que estaba soñando porque todo era una locura, pero… ¿pueden creerlo? No estaba soñando todo era real. Lo único que me quedo por hacer fue ir hacia la casa, cuando llegue los gigantes, los gnomos, Toto y la abuela tomando mate con galletitas de grasa como si fuera un día como cualquier otro, me dirigí a mi habitación y me vi dormir,


si había dos de mi, imposible pero verdad, decidí despertarme pero nada, después de varios intentos lo logre y cuando desperté, todavía estaban allí los gigantes y los gnomos, increíble pero verdad pero lo que paso después de ese día… es otra historia.



mi mundo, el de Lexis