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EL FLACO El flaco, más que un senador, fue una bandera para los jóvenes radicales de las décadas de 1950 a 1970. El Dr. Angel Gerardo Pisarello, el flaco, nació en un hogar pobre de un pueblo correntino. La madre llevaba el apellido Virasoro, que era como decir el de la antigua prosapia provinciana. Pero de los bienes, el único que le quedó, fue, como en tantos de los desheredados de estas grandes familias, el patronímico. Nació pues su hijo en un torrente de contradicciones, a las que se sumaba adrede el radicalismo de la parentela enfrentada a los viejos oligarcas. Su primer encontronazo con el autoritarismo le nació en la propia escuela, receptáculo del ideario, los dogmas y parámetros de disciplina del sistema. Fue reprendido públicamente por un maestro por llevar las uñas sucias, y el niño contestó públicamente la agresión. Se quedó sin esa escuela. Es que trabajaba con un tío tipógrafo en las ediciones pueblerinas de un periódico radical. Pasó por el Chaco y llegó a Tucumán donde su casa llevaba un cartel en la puerta con el nombre de una lechucita: Caburé. En Corrientes es el rey de los pajaritos. Con él se puede tener buena suerte con las mujeres o si se lo ha criado se tendrá mucha suerte en la vida. Preparaba unos locros en ollas grandes de hierro para todos los estudiantes que tuviesen hambre. Pero para ello había que mostrarle la libreta universitaria. En medio de los locros conversaba, educaba y propagandizaba. En el flaco se fue-creando una mística de la intransigencia, del radicalismo popular, de la cansa contra el régimen. El Dr. Angel Gerardo Pisarello convocaba a la rebeldía y a la rebelión. Sé unió a la batalla contra la injusticia, por la democracia, los derechos humanos, desde sus años juveniles en el Chaco. Su vida era un programa. El periódico radical Llegaremos que funda en 1951 y dirige en Tucumán, y que por nueve números lanza su proyecto a la calle, nada argumenta contra las transformaciones sociales de Perón. Más aún, por allí afirma que las banderas fueron cedidas por el propio radicalismo. Banderas entregadas a lo cual él siente una vergüenza íntima. Pero para su criterio faltan los derechos. Alem e Yrigoyen son sus héroes, sus mártires, sus guías y de ellos bebe una pasión cívica. En su periódico anota apresuradamente principios, actos que debían constituir su ideario cívico. "Será necesario no transigir con nada de lo que fue justamente condenado, ni abdicar de nada de lo que fue legítimamente sancionado " (H. Yrigoyen) Es la consigna que encabeza al órgano que dirige el joven abogado radicado en Tucumán. Será elegido senador provincial en 1948 y 1952. En la otra línea de la UCR, Celestino Gelsi asume como diputa do provincial. Pisarello publica los escritos de Yrigoyen preso en Martín García (1931) y su autodefensa ante la corte Suprema Nacional. "Nunca ni en ningún caso ó circunstancia se arrestó a nadie, ni se suspendió un diario, ni se estableció estado de sitio, ni se tomó la menor medida coercitiva no obstante el maremagnum de rebeldías, diatribas y procacidades conjuradas contra el gobierno ". "Nunca fui intérprete de juicioso problemas ajenos a mi propio pensar y sentir, ni tuve jamás camaraderías ni concomitancias con nadie ni en el Gobierno ni en ningun caso de la vida”. “No se invirtió dinero alguno uno en viajes a ninguna parte, y los que realicé fueron hechos con mis propios recursos". "No nombré a ningún miembro de mi familia en puesto alguno". Para Pisarello se trataba de la creación de una moral política a la que llamaba


entonces una moral cívica. La intransigencia, como una definición frente al acuerdismo. "Hay que ser radical en todo y hasta el fin, levantando el espíritu por sobre el medio y el ambiente " (Yrigoyen). Después de marzo de 1976, Pisarello se convierte en el único defensor de presos políticos de la Provincia de Tucumán, sometida al operativo de exterminio llamado de "Independencia ". Visita y atiende a los presos tucumanos encerrados en Trelew. Entonces comprende verdaderamente ci alcance destructivo de los derechos humanos que ensayaba el Proceso de Reorganización Nacional, eufemismo con el que se encubría un golpe militar y un plan económico. Como el maestro Francisco Isauro Arancibia, pudo optar por irse de la Provincia o del país. Había recibido demasiadas amenazas anónima, y públicas de muerte. Pero, al igual que el maestro, decidió permanecer en su puesto. Aquel en el gremio docente; Pisarello atendiendo a los ciudadanos sin derechos, sin libertad, sin seguridades. Su casa - comité - defensoría de derechos humanos, era su sitio. Cabe una hipótesis: si hubiese tenido dinero, ¿tal vez habría cargado a su familia y alejado a un lugar más seguro, sin tantos peligros y amenazas a su vida? Pero para tener dinero debía no ser un hombre público y de causas populares, abandonar procesos por cuestiones políticas ad honorem. Reconvertirse de defensor de presos políticos a un abogado del status quo. No quiso hacerlo, en ese caso no pudo hacer dinero, y su vida concluyó en la línea que el se había trazado. Como sus héroes, Alem o Yrigoyen, no abdicó. Ni tampoco murió apaciblemente de anciano. Lo secuestraron una noche del invierno de 1976, y apareció asesinado, con las manos atadas por alambres, á la vera de un camino de Santiago del Estero. El flaco se quedó sin hábeas corpus. No había uno para él en la nueva práctica de exterminio ensayada en América Latina. El hábeas corpus está en las manos de la muchachada que no se da por vencida, ni reconvertida, ni nada. En manos de jóvenes para quienes, la justicia social no puede integrar la lista de los 30.000 desaparecidos y la soberanía de un pueblo, tampcco un lugar ocupar una tumba sin numero y sin nombre.


El Tio Angel