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kINETOSCOPIO SIN TETA NO HAY BERLÍN


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Director

Manuel Guillermo Rojas

Editor general

Sebastian Garcia

Corresponsales

Jorge Eslava

Fotografía

Michael Urrea

Dirección de arte

Michel Sanchés


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• Editorial

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• Cartas de los lectores

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• Notas breves

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• Los viajes del viento estará en Cannes

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• Los actores del conflicto

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• Sin teta no hay Berlín

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FILTROS MORALES EN INTERNET QUE PENALIZAN LO INCLASIFICABLE A varias personas les ha sorprendido que YouTube me censure un vídeo. No se entendería su sorpresa de no ser por su fe (no menos sorprendente) en la incuestionable licitud de los contenidos que me aventuro a subir a la red. En efecto, mis contenidos no son exactamente ilícitos, pero esto no significa que sean siempre inmaculados. Este matiz algo confuso y las consecuencias que acarrea en la práctica merecen una explicación que, más allá de mi caso personal, quizá vierta algo de luz sobre una parcela poco conocida de la naturaleza restrictiva de internet. Internet tiene muy asentada su fama de espacio libre carente de restricciones, con dos salvedades muy conocidas por todos: la censura impuesta por razones políticas en algunos estados (Arabia Saudí, Cuba, Irán, China, etc.), y la represión policial de actividades delictivas que utilizan la red como escaparate, método de captación o teatro de operaciones (vulneración de datos personales, redes de pederastia, tráfico de armas, etc.). No son estas salvedades las que nos ocupan aquí, sino la restricción de contenidos no delictivos alojados en proveedores ubicados en países democráticos, una restricción acaso poco evidente pero real que no se ejerce sobre la red, sino que emana de la propia red. En general se tiene la impresión de que una sola línea divide la totalidad de los contenidos entre “difundibles” y “no difundibles”, adjudicando a los primeros la condición de lícitos y a los segundos la de ilícitos. Pero esta impresión no responde ni ha respondido nunca con precisión a la verdad, ni en internet ni en ningún otro medio de comunicación. Conviene recordar que el término ilícito significa “no permitido legalmente” pero también “no permitido moralmente”. Así que otra línea, más discreta, parte el grupo de los contenidos “difundibles” en dos subgrupos: el de los contenidos lícitos y el de aquellos moralmente ilícitos (que no ilegales) que fácilmente irán a hacer compañía a los legalmente ilícitos, engrosando el bulto de lo “no difundible”. O dicho en román paladino con la moral hemos topado. No es, por supuesto, la primera ni la última vez que me censuran una pieza en la red. De hecho un buen número de vídeos suministrados por ciudadanos sin tacha que no incurren en delito alguno son censurados todos los días. Las razones son muy diversas pero en su mayoría responden a lo que podríamos denominar “incumplimiento de contrato”: la página que aloja vídeos en la red (ya sea YouTube u otra similar) impone unas condiciones de las que nos damos por enterados cuando subimos un vídeo y, naturalmente, se reserva también el derecho a desalojar ese vídeo si las condiciones son desatendidas. YouTube, por ejemplo, pone el acento en los siguientes obstáculos (que presenta como “de sentido común”): - Pornografía o contenido sexual explícito. - Maltrato de animales, consumo abusivo de drogas y elaboración de explosivos. - Violencia gráfica o gratuita. - Imágenes soeces de accidentes y cadáveres. - Violación de copyright. - Ataque o menosprecio a razas, religiones, orientaciones sexuales, etc. - Ataque contra el honor, dignidad, privacidad, etc. de las personas. - Spam.

Las directrices son muy parecidas a las de otros sitios de alojamiento de vídeos. Revver advierte contra los contenidos pornográficos, discriminatorios, violentos y, por supuesto, ilegales. Myspace rechaza los desnudos, la violencia y los temas ofensivos. Metacafe, más audaz en apariencia, permite al autor autocalificar los vídeos en función del contenido: para mayores de 13 años cuando se muestre violencia real o ficticia, y para mayores de 18 años para la violencia con heridas reales, escenas fuertes en general y expresiones malsonantes. Los sitios de internet son responsables ante la ley de los contenidos que alojan y sus listados de directrices actúan a modo de salvaguardia. En principio todo parece muy sencillo: si usted tiene un contenido legalmente ilícito no lo suba a la red. O mejor, destrúyalo. Si tiene un contenido soez, violento o pornográfico alójelo en un sitio especializado en ese tipo de material. Esa reserva del derecho de admisión de los sitios “para todos los públicos” no constituiría un problema si no fuera porque en realidad, como ya habrán sospechado, conceptos como “pornográfico”, “violento” o “soez” no son en absoluto monolíticos. Muy al contrario: acostumbran a definir casi más al observador que a la cosa en sí y se caracterizan no tanto por delimitar un género de contenidos como por envolverse en una gruesa capa de ambigüedad a veces muy opaca. ¿Qué es exactamente, por ejemplo, la pornografía? El Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales ofrece esta definición: «La violación merced al uso de las técnicas audiovisuales, del derecho a la privacidad del cuerpo humano en su naturaleza masculina y femenina, una violación que reduce la persona humana y el cuerpo humano a un objeto anónimo destinado a una mala utilización con la intención de obtener una gratificación concupiscente».


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Y remata: «Es evidente que uno de los efectos de la pornografía es el pecado». Es una definición tan coherente, legítima y útil como otras. Sin embargo acordarán conmigo que se trata de una definición lastrada por apriorismos morales de índole religiosa que podemos, también legítimamente, no compartir. Y esto nos conduce a otra pregunta: ¿puede haber alguna definición de pornografía no asentada sobre apriorismos ideológicos de algún tipo, religiosos o de otro tipo? Seguramente no y por eso, a pesar de todas las normativas que se vienen aplicando y aplicarán al respecto, los propios juristas no han conseguido aún ponerse de acuerdo en una definición satisfactoria que no sea un coladero de paradojas. De ahí que en 1964, en el transcurso de un célebre juicio que debía dirimir si una película era pornográfica o no, el juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos Potter Stewart sentenciara para la posteridad: «Quizá no se pueda definir la pornografía con toda claridad, pero la reconozco cuando la veo». En cuanto a lo “violento” y lo “soez”, y pasando de puntillas sobre las definiciones respectivas, tan abiertas como la de pornografía, una pregunta interesante sería: ¿hasta qué punto es violento mostrar lo violento, o soez mostrar lo soez? Soslayando estas dificultades YouTube emula el método del juez Stewart al distinguir lo que es pornográfico, violento y soez de lo que no lo es, y recurriendo al “sentido común”. La mayoría de adultos no psicopáticos podemos compartir, en un contexto cultural común, una turbación equiparable (o el reclamo de esa turbación) al presenciar imágenes que “transgredan un cierto límite”, aunque seamos perfectamente incapaces de señalar dónde está ese límite. Los sitios de internet prefieren guardar la ropa antes de tirarse a la piscina haciendo tabula rasa, conscientes de que los picos de susceptibilidad pueden ser muy acusados ya que la naturaleza global de internet

Además algunos (YouTube en concreto) no ejercen una censura a priori, sino que ceden la primera palabra al espectador casual: es éste quien “marca” la pieza causante de su azoramiento. Sólo entonces acude el equipo de YouTube, atraído por esa marca como por una bengala disparada en la noche, blandiendo sus directrices para caer sobre el vídeo en cuestión con todo el peso del “sentido común”. El resultado es que el nivel de restricción en los sitios de internet de alojamiento de vídeos no-pornográficos es muy similar al de una televisión generalista en horario infantil (a saber, entre las 6:00 h. y las 22:00 h. en España). Esto nos deja en una situación muy delicada a todos los que, como yo, buscamos en internet una plataforma para la difusión de contenidos comprendidos en esa franja gris entre lo “Mainstream” y lo “Adult”, en terminología anglosajona. La compartimentación, el etiquetaje y la estandarización, archienemigos de la libertad de creación y de expresión, no han cedido mucho terreno desde la irrupción de esa supuesta panacea que es internet. Hay unas líneas marcadas (desde la subjetividad, la conveniencia y el prejuicio, sí, seguramente, pero marcadas) que no deben ser ultrapasadas a riesgo de quedar en, literalmente, tierra de nadie. O sea, fuera. Quizá a estas alturas se estén preguntado qué hice para conseguir que YouTube (y otros) me censuraran. Bien, permítanme decirles que lograrlo no resulta difícil. Lo mío han sido simples travesurillas. Varias veces el culpable ha sido ese gran incomprendido que es el desnudo. En este caso, y a pesar de haber limado al máximo la dosis de piel a la vista (recortando fotogramas) soy plenamente consciente de haber transgredido las normas y acato sin más la penalización. Hay que saber perder. Pero si hice trampa a propósito (cosa que seguiré haciendo) fue porque me niego testarudamente a aceptar que el desnudo deba ser algo censurable en una sociedad civilizada (es algo que podríamos aprender de una vez por todas de otras supuestamente más silvestres). Así que podríamos dejarlo en una cruzada personal cuyo coste pago gustoso. En otra ocasión, la más reciente, la causa fue un pequeño trailer. YouTube lo fulminó sin darle ni siquiera opción a caer en ese saco de acceso restringido para mayores de 18 años que a veces (con criterios un tanto misteriosos, acaso arbitrarios) destinan a algunas piezas y que constituye, en el fondo, una cierta contradicción con sus directrices. Dado que el nivel de fragmentación de las imágenes era tan elevado no puedo más que achacar la responsabilidad a la impresión general que debió provocar en algún pusilánime, ya saben: «no sé qué diablos es esto pero parece muy inmoral, así que voy a tocar a rebato». En fin. Desde siempre la creación artística ha desarrollado una prolífica actividad en esa zona penumbrosa que bordea y contamina las convenciones, cuestionando los límites de lo socialmente aceptado o impuesto. Esta incursión en territorios ambiguos provoca reacciones a menudo “negativas” (que no por ello contraproducentes o indeseadas): escándalo, reprobación, censura. Investigar los límites de lo aceptable, buscando y poniendo de relieve las contradicciones, es una tarea apasionante, necesaria y, cómo no, muy divertida. Éste es uno de los fines del arte, del pensamiento, del humor y de la ciencia: poner el dedo en la llaga para incitar a la reflexión. No podría quejarme, al contrario, me congratulo de esa censura blanda que me permite ser travieso donde otro, en circunstancias menos afortunadas, hubiera acabado siendo pasto de las llamas.

Manuel Guillermo Rojas Director


k QUE SE VEA Se supone que nuestros grandes empresarios colombianos apoyan la cultura y al arte, sin embargo la producción fílmica colombiana es francamente deficiente, aunque hay señales de vida, el panorama es sombrío para quienes queremos hacer cine pero no tenemos lo recursos suficientes para semejante empresa… Libardo Gómez. Bogotá.

AGRADECEMOS SU EDICIÒN Agradecemos de gran manera la labor que la revista KINETOSCOPIO viene realizando a favor del cine, no solo con halagos y alardes en medio denuestra escases, sino con la mejor información mundial de eventos y noticias relacionadas con este maravilloso mundo del cine. Marìa Sánchez. Bogotá

LO MEJOR Agradecemos a la revista KINETOSCOPIO su artículo acerca del balance de los seis años de la Ley de Cine en Colombia ¿realidad o ficción?... ya era hora que alguien recogiera la experiencia ganada en estos años y todo lo que queda por aprender. Antonio Saad. Cali.

CARTAS LECTORES


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NOTAS BREVES Cine en España Ficción Producciones termina el rodaje de la Tv-movie Pataghorobí en Vigo. El pasado sábado, 18 de junio, terminó en Vigo el rodaje de la tv-movie Pataghorobí, una producción de Ficción Producciones S.L. y Televisión de Galicia, en coproducción con TV3 y la empresa catalana Doble Banda Producciones. Pataghorobí es la primera Tv-movie de las cuatro que conforman el proyecto Un Mundo de Historias de Televisión de Galicia. Este proyecto consiste en la realización de tv-movies a partir de textos de autores contemporáneos gallegos. En el caso de Pataghorobí, el argumento parte del relato homónimo escrito por Xosé Cid Cabido adaptada por el guionista Francisco X. Fernández Naval, y recogida por el director del proyecto, Antón Dobao. Pataghorobí se rueda en HD, con los equipos de EPC. Produce Julio Casal, dirige el proyecto Antón Dobao y realiza la película Ricardo Llovo. La película ha sido rodada completamente en lengua gallega. El rodaje de Pataghorobí, se ha desarrollado íntegramente en Vigo a lo largo de tres semanas (del 30 de mayo al 18 de junio), íntegramente en Alta Definición con ópticas cinematográficas. El próximo 4 de julio comienza en Lugo el rodaje de la Tv-movie “La biblioteca de la Iguana” El próximo lunes 4 de julio se rodará la segunda película de este proyecto, titulada La Biblioteca de la Iguana, basada en el relato del mismo nombre de Xosé Miranda. Dirige la película Antón Dobao, y realiza Ricardo Llovo. La ciudad de Lugo acogerá el 100% del rodaje de esta película para televisión, ya que el cuento en el que se basa la historia homónima está ambientado en ella, y de nuevo será rodada en su totalidad en lengua gallega. Protagonizan el film Evaristo Calvo, en el papel de Andrés y Mónica Camaño (Rosalía), Monti Castiñeiras (Julio) Nuria Prims (Lúa). El listado de jefes de equipo está integrado por solventes profesionales del sector audiovisual gallego como Ricardo Llovo (premio de la Academia Gallega 2004 al mejor realizador) o Marta Villar (Heroína), entre otros.

Sinopsis argumental. Gabriel es un profesor universitario, especializado en literatura. Un día descubre una grave anomalía en la novela que ha adquirido para entretenerse en un largo vuelo: en la página 43, lo que comenzó como una novela seria y armoniosa se convierte en una disparatada aventura de detectives. Sin embargo, mantiene los nombres de los personajes y sus contextos. Es como si el libro se hubiera desdoblado de una forma muy extraña. No puede ser una errata. Tras muchas cavilaciones colige que se halla ante un experimento del autor, una acción literaria vanguardista de esas en las que en ocasiones es difícil averiguar el sentido, y la archiva pensando que podría ser interesante comentarlo con sus colegas de la universidad. La novela se titula “La biblioteca de la Iguana”. Al llegar a casa, nuestro protagonista, que es viudo, descubre que los libros de texto de su hijo contienen informaciones disparatadas que están desconcertando al niño. Al adquirir otro ejemplar de la misma edición descubre que también contiene defectos, pero diferentes. Desconcertado, decide ir a hablar con Aurora, la profesora de su hijo, quien le confirma sus sospechas y aporta nuevas informaciones. Comienzan una investigación conjunta por librerías y bibliotecas en la que encuentran datos erróneos y versiones absurdas de los clásicos de la literatura, falsas biografías y textos de historia de la literatura. Lo más sorprendente es que, en la misma edición de un mismo texto, se encuentran con varias versiones de los mismos. Cuando se dan cuenta de lo que está pasando el problema se ha extendido incluso hasta los periódicos. En la misma edición, del mismo día y del mismo periódico, hay variaciones de contenido significativas. La realidad está siendo alterada a través de la letra impresa, es evidente: Si se modifican los textos, la historia, la prensa, ya no será posible discernir entre lo real y lo inventado por ese cerebro perverso y omnipotente que está destrozando el mundo como lo conocen Gabriel y Aurora. De pronto, Aurora ya no es Aurora, sino Rosario. Gabriel tiene una hija en lugar de un hijo, y ella está casada en vez de soltera, ahora él tiene fobia a volar… La historia que se nos está contando también está siendo alterada. Pese a todo, la investigación continúa. Gabriel y Aurora/Rosario llegan hasta ese gran cerebro, el ordenador de IHUANA Press, de Londres. Antes de enfrentarse a él, y por consiguiente a todos los humanos a su servicio, Gabriel decide dejar testimonio escrito de lo sucedido, y lo envía por correo a su amiga. Tal vez lo reciba, tal vez no llegue nunca, tal vez el texto que ella lea sea otro…


k Cine en España Estigmas, de José Moral, censurada. “Un lúcido colectivo o lo que sea de “poseedores de la verdad absoluta” han tachado Estigmas de nazi y de hacer apología al holocausto”, confesaba el cineasta valenciano José Moral en una de nuestras conversaciones, tanto es así que la cinta en VHS que se editó en España ha sido retirada de todas las tiendas y distribuidoras. De momento en Bilbao, Madrid y Valencia la cinta ya no se puede encontrar. “Insisto en la misma premisa de siempre: todo lo contrario sucede en USA y resto de Europa donde la cinta es una obra de culto y nunca ha tenido este tipo de problemas, más aún en Alemania y alrededores donde el fenómeno del holocausto y el nazismo está todavía muy a flor de piel y existe una alta sensibilidad por este tema”, confiesa, “y es que si se es objetivo y transigente uno se da cuenta que la obra es 100% apolítica”. La cinta en VHS que editó Selfless en USA se distribuyó por India, Pakistan, Tailandia, Perú, etc... países donde impactó mucho. No le falta razón a José Moral cuando nos recuerda que películas de guerra y violencia como Pearl Harbour son más fascistas o producciones como Perdidos en el espacio tienen un trasfondo homófobo si se les busca el detalle, y es que una servidora ha visto Estigmas en más de una ocasión y no se le puede aplicar la etiqueta de hacer apología de holocausto cuando se trata de una obra de ciencia-ficción que sólo usa como ambiente la Alemania de la II Guerra Mundial con una visión de género fantástico donde aparecen en un supuesto holocausto una secta, una máquina mitad orgánica mitad metálica, y una necesidad de inyectarse Futhark (una droga). Pura ciencia-ficción donde lo importante no es precisamente el momento en que todo sucede (por relacionarlo con el holocausto) sino las intrigas que vamos descubriendo a lo largo del metraje. Para más información sobre Estigmas, se puede visitar un reportaje completo en “Anika Cine Magazine O la web oficial de Estigmas en www.estigmasthemovie.com (en inglés).

Cine en España El cortometraje “La canción de Marta”, se proyectó en Las Vegas Entre el 24 y 30 de junio, en la ciudad de Las Vegas (Nevada) dentro del contexto de “Las Vegas for the New York International Film and Video Festival” se proyectó el cortometraje “La canción de Marta” del director español Abbé Nozal. “La canción de Marta”, cuya producción fue una de las más caras de las realizadas en España el pasado año, rodada en formato cine 35 mm en la ciudad de Palencia, está protagonizada por Nacho López y Lucía Quintana e intervienen también los actores Juan Antonio Quintana y Cesáreo Estébanez, incluyendo la presentación de la niña Isabel Durán. La música orignal de su banda sonora ha sido creada e interpretada por QUEYI. Martín Sapia firma la dirección de fotografía. José Carlos Maté la dirección de producción. Búster Franco es responsable de montaje sobre guión del propio director Abbé Nozal. Unai Arnoso y René Chesta se encargaron de los efectos digitales en 3D, desarrollados por las empresas ELÁSTICA, de Valladolid y TELSON, de Madrid. La productora VITAE PICTURES PRODUCTIONS, con sede en Madrid pero fuertemente enraizada en Castilla y León, apostó desde el principio por avalar este cortometraje aún contando con la negativa de ayuda oficial. En palabras del escritor Manuel Bertrand, “La canción de Marta” es una película formalmente correcta, técnicamente luminosa, musicalmente dulce... pero intelectualmente, y por lo que al arte contemporáneo se refiere, subversiva”. La película plantea la posibilidad de que una canción, nacida de la verdad, pueda destruir todo lo que a su alrededor sea falso. Una tesis que es tenida por combativa en una sociedad como la estadounidense, que encuentra además en la puesta en escena un tipismo infrecuente en sus pantallas. “La canción de Marta” celebró su estreno mundial en New York en el pasado mes de noviembre. En marzo y abril de este año se ha proyectado en Miami (Florida) y en Los Angeles (California). Ha sido seleccionada en diferentes festivales nacionales e internacionales. Recientemente en el Festival Inernacional de Uruguay. En España ha estado hasta la fecha en los festivales de Aguilar de Campoo, Palencia, Medina del Campo, Zaragoza, Guijuelo. Próximamente la productora tiene previsto poner a la venta el DVD de “La canción de Marta”, que incluirá un notable contenido de EXTRAS, además del making off, entrevistas y álbum de fotos del rodaje. El DVD, con la versión original en español incorpora la posibilidad de subtitulado al idioma inglés, francés, italiano, alemán, japonés y chino. Para adquirir el DVD es necesario dirigrise a la web de la productora en internet


k Cine en España Las películas “Escuelas” y “Ainhoa y el mar”, de Karlos Alastruey, seleccionadas para The Cause and Effect Film Festival en Edmonton, Canadá. Ambas obras cuentan con la colaboración de la Universidad Pública de Navarra El documental “Escuelas” sobre la escuela secundaria, y el cortometraje de ficción “Ainhoa y el mar” sobre la muerte de un ser querido, competirán por el premio Ampersand en el festival de cine de Edmonton “Cause and Effect”, que se celebra en dicha ciudad canadiense del 1 al 3 de julio. “Ainhoa y el mar” se proyecta el sábado 2 de julio compartiendo sesión con el documental canadiense “The Perfect Divorce”, de Alexei Bertig. “Escuelas” se presenta el 3 de julio junto con el cortometraje de ficción “Bellerose Place”, de A. Robert Heydari, de temática adolescente. Además de Karlos Alastruey como director y guionista de ambas películas, la música de “Ainhoa y el mar” es obra de Arsham Evoghli y está protagonizada por Eva Rosino y Javier I. Baigorri. Por otra parte, la banda sonora de “Escuelas” se debe a Javier El Busto. Este documental está protagonizado entre otros por Leire Amatria (Navarra) y Yolanda Ramírez (Extremadura).

Cine en España Novedad Editorial EIUNSA. Título: Rohmer y la alegría de vivir: Cuento de otoño Autor: Teresa Nozal ISBN: 84-8469-145-4 PVP: 12,50 € nº de Páginas: 208 Formato: 21,5 x 14 cm Colección: Letras de Cine Público: Cinéfilos, estudiantes de Comunicación Audiovisual Librería Sección: Cine Las buenas películas ayudan al espectador a vivir. En Cuento de otoño, a través del modo en que se narra la vida, se dan pistas sobre dónde está la felicidad en el mundo actual y el camino para encontrarla. Esta es una cualidad típica de muchas de las películas de Éric Rohmer, donde, al igual que en la vida, la felicidad pasa por los pequeños detalles de lo cotidiano. Teresa Nozal es profesora de Guión y Teoría de la Comunicación Audiovisual en la Universidad de La Coruña. Se interesó principalmente por el cine de Éric Rohmer con su tesis doctoral, sobre los Cuentos de las cuatro estaciones. Está especializada en el estudio del relato fílmico y el análisis temático en las obras audiovisuales de ficción.

Cine en España Deboura Cultural, productora con sede en O Porriño (Pontevedra), presentó la película de dibujos animados, Dubidoso el mago, en el MIP TV de Cannes, uno de los mercados más importantes del sector audiovisual. Asimismo volvió a presentarla en el mercado que se celebró los días 8 y 10 de Junio dentro del marco del Festival de Cine de Animación de Annecy, MIFA. En formato 2D y full animation, sigue una técnica en el dibujo que recuerda a las líneas claras, sencillas y bien definidas de Castelao. Dubidoso el mago se distribuirá por Latinoamérica y el sureste asiático, estando por confirmar también los mercados europeos. Su estreno se realizará en 180 salas de España la primavera del año próximo. El largometraje narra las aventuras de Bieito Dubidoso, un niño que posee habilidades especiales. Dichas habilidades harán que tenga que enfrentarse a numerosas aventuras: “Un día de otoño, unos piratas normandos asaltan un barco, atracado en el muelle de su casa, propiedad de Pedro Cabaledo: rico hombre, comerciante en jilgueros y vinos, y padre de Bieito Dubidoso. Dubidoso, que por aquel entonces solamente tiene nueve años, consigue, mediante el uso de una magia sorprendente, que los feroces guerreros huyan despavoridos. A raíz de este suceso, su fama como mago traspasa los muros de la casa familiar. Conoce a Destreza, su inseparable compañera para toda la vida. También acapara la admiración de los agradecidos vecinos, mientras el obispo Juan, señor y dueño de la ciudad, no le perdona que lo deje como un cobarde a los ojos de sus vasallos.”


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Los viajes del viento estará en Cannes Fuente: Pantalla Colombia

Habían pasado 11 años desde la última vez que un filme nacional hizo parte de la selección oficial del Festival de Cine más importante del mundo. Sólo tres películas en toda la historia del cine colombiano han recibido este honor: Cóndores no entierran todos los días en 1984, Rodrigo D: No Futuro en 1990 y La Vendedora de Rosas en 1998. El Festival de Cannes es la mayor ventana de exhibición del cine internacional, y las películas que allí participan aseguran una distribución importante a nivel mundial. Más de 3.000 películas aplican cada año para una selección que solamente ofrece 50 cupos, generalmente reservados para los grandes nombres del cine mundial. Buena parte de la oferta de cine internacional que llega a Colombia viene del Festival de Cannes. Filmes como Che, Gomorra, La Escafandra y la Mariposa, Persépolis, Sin Lugar para los débiles,


k Los Viajes del Viento, la cinta del cineasta colombiano Ciro Guerra que se estrenará en el país el próximo 30 de Abril, hace parte de la selección oficial del Festival de Cannes, según notificó oficialmente el director artístico del Festival, Thierry Fremaux, durante rueda de prensa ofrecida en París en las últimas horas.

Vicky Cristina Barcelona, La Clase, El Sustituto, Vals con Bashir, Ceguera, El Séptimo Cielo, Zodíaco, El Baño del Papa, La Visita de la Banda, 4 meses, tres semanas y dos días, El Sabor de la Noche y El Silencio de Lorna, por mencionar solamente títulos de los últimos dos años, llegaron a nuestras salas directamente de la selección oficial. El nombre del cineasta colombiano Ciro Guerra viene a sumarse ahora al de otros directores que han hecho parte de Una Cierta Mirada en los últimos años: Ingmar Bergman, Jean-Luc Godard, Al Pacino, Robert Duvall, Lars von Trier, Eric Rohmer, Wim Wenders, Michael Moore, Peter Greenaway, Paul Thomas Anderson, Abbas Kiarostami, Abel Ferrara, Kim Ki-Duk, Barbet Schroeder, David Mamet, Francoise Ozon, Todd Solondz, Paul Auster, Arturo Ripstein, Youssef Chahine, Ousmane Sembene, Richard Linklater y Hal Hartley, entre muchos otros.


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LOS ACTORES DEL CONFLICTO Gloria Esquivel

Aunque nadie duda de la profesionalidad de nuestros actores de teatro y televisión, muchos creen que una de las grandes falencias que tienen es que no saben actuar para cine. El actor Sebastián Ospina lanza esta semana un taller dirigido a gente que quiera medírsele a la pantalla grande sin sobreactuarse. ¿Qué opinan sus colegas de su teoría?

¿Recuerda usted el nombre de al menos uno de los soldados que encontró la guaca de las Farc en la película más taquillera del cine colombiano Soñar no cuesta nada? ¿Sabe qué actores encarnaron a los dos amigos que se disputaban el amor de Flora Martínez en Rosario Tijeras? ¿Podría decir el nombre del actor que protagonizó la película del 2007 Esto huele mal? Si sus respuestas son negativas podría deberse a muchas razones. Una es que la industria cinematográfica colombiana, impulsada por la Ley del Cine en 2003, muchas veces criticada por la cantidad y no la calidad de producciones que aparecen en cartelera, pareciera que no ha producido actuaciones que se fijan en la memoria de los espectadores. Para Sebastián Ospina, actor y guionista caleño, nuestro país carece de una tradición cinematográfica. Por ello, quizá, los actores y directores, acostumbrados a trabajar en telenovelas y en teatro no logran acoplarse del todo al formato del cine. El pasadoo 26 de marzo, Ospina inauguraró el taller “El actor y la cámara”, que pretende familiarizar a los actores colombianos con el lenguaje cinematográfico para lograr actuaciones

más realistas en la pantalla gigante. No se debe ser un experto en artes escénicas para comprender que el teatro, la televisión y el cine tienen elementos narrativos propios y que cada uno llega de manera diferente al público. En el cine los actores deben valerse de pequeños gestos y sutilezas (que serán grabados por la cámara y) para comunicar la interioridad de su personaje; en el teatro el actor debe valerse de su cuerpo para lograr gesticulaciones grandilocuentes que deben proyectarse hasta la última fila del auditorio; . Es ahí donde Ospina es crítico, pues cree que en Colombia, aunque existen grandes actores de televisión y de teatro, estos todavía no se han adecuado al formato del cine: “La intimidad en televisión se expresa a través de parlamentos, no a través de un movimiento interior. ¿Recuerda usted el nombre de al menos uno de los soldados que encontró la guaca de las Farc en la película más taquillera del cine colombiano Soñar no cuesta nada? ¿Sabe qué actores encarnaron a los dos amigos que se disputaban el amor de Flora Martínez en Rosario Tijeras? ¿Podría decir el nombre del actor que protagonizó la película del 2007 Esto huele mal?


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Si sus respuestas son negativas podría deberse a muchas razones. Una de ellas es que la industria cinematográfica colombiana, impulsada por la Ley del Cine en 2003, muchas veces criticada por la cantidad y no la calidad de producciones que aparecen en cartelera, pareciera que no ha producido actuaciones que se fijan en la memoria de los espectadores. Para Sebastián Ospina, actor y guionista caleño, nuestro país carece de una tradición cinematográfica, lo que hace que las actuaciones en las películas sean débiles. Por ello, quizá, los actores y directores, acostumbrados a trabajar en telenovelas y en teatro no logran acoplarse del todo al formato del cine. ¿Recuerda usted el nombre de al menos uno de los soldados que encontró la guaca de las Farc en la película más taquillera del cine colombiano Soñar no cuesta nada? ¿Sabe qué actores encarnaron a los dos amigos que se disputaban el amor de Flora Martínez en Rosario Tijeras? ¿Podría decir el nombre del actor que protagonizó la película del 2007 Esto huele mal? Si sus respuestas son negativas podría deberse a muchas razones. Una de ellas es que la industria cinematográfica colombiana, impulsada por la Ley del Cine en 2003, muchas veces criticada por la cantidad y no la calidad de producciones que aparecen en cartelera,. Para Sebastián Ospina, nuestro país carece de una tradición cinematográfica,lo que hace que las actuaciones en las películas sean débiles. Por ello, quizá, los actores y directores, acostumbrados a trabajar en telenovelas y en teatro no logran acoplarse del todo al formato del cine.


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El pasadoo 26 de marzo, Ospina inauguraró el taller “El actor y la cámara”, que pretende familiarizar a los actores colombianos con el lenguaje cinematográfico para lograr actuaciones más realistas en la pantalla gigante. No se debe ser un experto en artes escénicas para comprender que el teatro, la televisión y el cine tienen elementos narrativos propios y que cada uno llega de manera diferente al público. En el cine los actores deben valerse de pequeños gestos y sutilezas (que serán grabados por la cámara y ampliados en una pantalla gigante) para comunicar la interioridad de su personaje; en el teatro el actor debe valerse de su cuerpo para lograr gesticulaciones grandilocuentes que deben proyectarse hasta la última fila del auditorio; y en la televisión el actor debe apoyarse en un guión narrativo y explicativo en donde todo el tiempo se le cuenta al televidente aquello que el personaje siente y piensa. Es ahí donde Ospina es crítico, pues cree que en Colombia, aunque existen grandes actores de televisión y de teatro, estos todavía no se han adecuado al formato del cine: “La intimidad en televisión se expresa a través de parlamentos, no a través de un movimiento interior. El actor de cine es más interesante cuando escucha que cuando habla. En televisión, si el personaje deja de hablar, la cámara no se interesa por él. Por otro lado, el actor de teatro con sus grandes gestos se vuelve poco natural cuando se le acerca una cámara de cine, o se reduce en su actuación y se vuelve muy indicativo”. La directora ¿Recuerda usted el nombre de al menos uno de los soldados que encontró la guaca de las Farc en la película más taquillera del cine colombiano Soñar no cuesta nada? ¿Sabe qué actores encarnaron a los dos amigos que se disputaban el amor de Flora Martínez en Rosario Tijeras? ¿Podría decir el nombre del actor que protagonizó la película del 2007 Esto huele mal? Si sus respuestas son negativas podría deberse a muchas razones. Una de ellas es que la industria cinematográfica colombiana, impulsada por la Ley del Cine en 2003, muchas veces criticada por la cantidad y no la calidad de producciones que aparecen en cartelera, pareciera que no ha producido actuaciones que se fijan en la memoria de los espectadores. Para Sebastián Ospina, actor y guionista caleño, nuestro país carece de una tradición cinematográfica, lo que hace que las actuaciones en las películas sean débiles. Por ello, quizá, los actores y directores, acostumbrados a trabajar en telenovelas y en teatro no logran acoplarse del todo al formato del cine. El pasadoo 26 de marzo, Ospina inauguraró el taller “El actor y la cámara”, que pretende familiarizar a los actores colombianos con el lenguaje cinematográfico para lograr actuaciones más realistas en la pantalla gigante. No se debe ser un experto en artes escénicas para comprender que el teatro, la televisión y el cine tienen elementos narrativos propios y que cada uno llega de manera diferente al público. En el cine los actores deben valerse de pequeños gestos y sutilezas (que serán grabados por la cámara y ampliados en una pantalla gigante) para comunicar la interioridad de su personaje; en el teatro el actor debe valerse de su cuerpo para lograr gesticulaciones grandilocuentes que deben proyectarse hasta la última fila del auditorio; y en la televisión el actor debe apoyarse en un guión narrativo y explicativo en donde todo el tiempo se le cuenta al televidente aquello que el personaje siente y piensa. Es ahí donde Ospina es crítico, pues cree que en Colombia, aunque existen grandes actores de televisión y de teatro, estos todavía no se han adecuado al formato del cine: “La intimidad en televisión se expresa a través de parlamentos, no a través de un movimiento interior. El actor de cine es más interesante cuando escucha que cuando habla. En televisión, si el personaje deja de hablar, la cámara no se interesa por él. Por otro lado, el actor de teatro con sus grandes gestos se vuelve poco natural cuando se le acerca una casa.


k La directora bogotana Camila Loboguerrero está de acuerdo con los postulados de Ospina, pues cree que el actor de televisión o de teatro debe entender la manera en la que se hace el cine, para poder trabajar un personaje que no se cree escena a escena sino plano a plano. Para insistir en aspectos como estos, Ospina busca centrarse en ejercicios de memoria sensorial; para muchos la base del trabajo del actor de cine y el núcleo del método de Stanislavsky y del Actor’s Studio de Nueva York, el lugar que cuenta con el orgullo de tener entre sus alumnos graduados a Marlon Brando, Robert de Niro, Al Pacino y Jack Nicholson, entre otros. Pero para Jorge Alí Triana, quien ha dirigido producciones cinematográficas, teatrales y televisivas, esos ejercicios deben acompañarse de una formación seria en artes escénicas: “En el teatro el actor se enfrenta a la exploración y al estudio de la construcción de un personaje. Pienso que el hecho de que un actor tenga una fuerte formación teatral no quiere decir que no pueda adecuarse a los lenguajes del cine y de la televisión. En mi experiencia personal, siento que los actores de teatro pueden adecuarse a cualquier lenguaje y no viceversa. El buen actor teatral es un buen actor de cine y de televisión. Yo creo que el mundo se divide entre actores buenos y malos, provengan de donde provengan, sin embargo, podríamos hacer una estadística con los grandes actores universales y ver que ellos siempre han pasado por las tablas”. Actualmente en Colombia solo tres instituciones académicas ofrecen el título profesional de Maestro en Artes Escénicas o en Arte Dramático. Para Diego Barragán, profesor de voz de la carrera de Arte Dramático de la Universidad Central, la importancia de la profesionalización del actor reside en que al tener un título de pregrado el artista puede continuar sus estudios de posgrado en otros países y así complementar su formación. Sin embargo, pareciera que no se han hecho muchos avances en la profesionalización del actor desde la década de los noventa, cuando la Escuela Nacional de Arte Dramático (enad) abandonó la tarea de formar profesionales en teatro. Para Róbinson Díaz, actor de cine, televisión y teatro, el problema de la profesionalización se liga con la falta de exclusividad de actores para cine en Colombia: “Desde que la Corte Suprema dijo que los actores hacíamos un oficio, que somos como artesanos, sin tarjeta profesional, trabajadores independientes, no hay ninguna jerarquía, ni estándares, ni escalafones para calificar el trabajo del actor. Acá el reconocimiento depende de la fama, y esta está ligada a los vaivenes de los éxitos en la televisión. Entonces a los actores nos toca trabajar en televisión, que no es ningún pecado, sino una realidad. Hay mucha gente talentosa que trabaja en la televisión para poder vivir”. Díaz anota que aunque en Colombia no hay una formación para prepararse técnicamente a las exigencias del cine, el actor aprende en el camino a adecuarse a este. Para él no hay una actuación exclusiva para cine o para televisión, esto depende del buen trabajo del actor: “El problema de fondo con el cine colombiano es que a los guiones les falta contundencia, no tienen historias coherentes y no entienden cómo se construye un personaje. Por otro lado, los directores de cine y televisión trabajan en función de esquemas de producción en lugar de trabajar al servicio de las buenas historias”. Esta opinión la comparte Jorge Alí Triana, quien cree que el problema de la mala actuación en el cine colombiano no recae solo en los actores, que no se ajustan al formato, sino también en los directores: “Los directores están formados en narraciones visuales. Muchos de ellos vienen de hacer comerciales, por ejemplo, y piensan más en el lente que en la dramaturgia. Eso hace que las actuaciones sean precarias”. Camila Loboguerrero piensa de manera similar.


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Habla desde su experiencia como docente de la carrera de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, en donde la preparación para un director de cine se centra en la técnica y se deja de lado el trabajo con el actor y con las dramaturgias: “Es un faltante en las escuelas que enseñan cine o televisión, pues no hay acuerdos con escuelas de arte dramático y los estudiantes no saben qué hacer cuando tienen a un actor en frente”. González opina que muchas veces los realizadores subestiman al público pensando que los espectadores buscan en cine lo mismo que en televisión, lo que lleva a que se produzcan gran cantidad de comedias sosas o de novelas largas. “Falta adquirir un lenguaje propio para que se pueda comenzar a hablar de cine colombiano y no de películas colombianas”. Aparece una vez más entonces la pregunta por cuáles son esos actores que han quedado grabados en la memoria reciente de nuestro cine. ¿Catalina Sandino, dirigida por Joshua Marston, en María llena eres de gracia? ¿Marlon Moreno, ganador como mejor actor en el Festival de Cine de Guadalajara 2008, por su actuación en Perro come perro, de Carlos Moreno? ¿Cuál otro? Damián Alcázar, de Satanás, es mexicano; Unax Ugalde, en Rosario Tijeras, es español, quién más... Buenos actores, sin duda hay en Colombia. ¿Cuál es entonces el fallo? … cuando alguien se pare ante una cámara de cine entienda que, como dice Loboguerrero, el cine se construye por planos y no con gesticulaciones grandilocuentes.


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SIN TETA NO HAY BERLÍN Camila Moraes

La película peruana La teta asustada entró a la historia del cine mundial al conquistar el Oso de Oro este año en el Festival de Berlín. El evento está entre los tres principales del mundo y asume cada vez más su cara política, con especial interés por el cine latinoamericano. El desafío del cine contemporáneo no se refleja solamente en salas y taquillas en busca de espectadores, sino también en los festivales, que —sin importar su tamaño— se ven obligados a especializarse para conquistar su público. Cannes, el más grande del continente europeo, asumió en los últimos años su lado glamoroso, de flashes fotográficos y alfombra roja para actores y directores aclamados mundialmente, aunque reafirme constantemente su interés en el llamado cine de autor. Berlín, a su vez el segundo más importante de Europa y tercero en el mundo, viene caminando hacia una clara postura política, seleccionando películas de cinematografías más conectadas a lo social y premiando realizadores muchas veces desconocidos, pero como decía Glauber Rocha, “con una cámara en mano y una idea en la cabeza”. En la reciente 59ª edición del Festival de Berlín, esa tendencia


k a la historia: en la primera participación de Perú en la competencia oficial del evento, una película peruana se llevó el Oso de Oro y, a la vez, el premio a mejor película otorgado por la Federación Internacional de los Críticos de Cine (Fipresci). El mérito lo tiene La teta asustada, la segunda película de la realizadora limeña Claudia Llosa, de 32 años, que contaba con un único largometraje en su currículo, Madeinusa (2006), exhibido en Colombia en 2007. Inesperado, pero no una coincidencia, el “susto” precede otras dos importantes victorias latinoamericanas en el certamen alemán: la de Tropa de élite, del brasileño José Padilha, en 2008, y la de Estación Central, de Walter Salles, otro brasileño, en 1998. Berlín —dicen los críticos y especialistas— se volvió un espacio, además de político, latinoamericano. Pero más allá de una cinta de es un retrato poético e intimista del conflicto interno en Perú. Realizada en coproducción con España, la película cuenta la historia de Fausta, una joven de la sierra peruana que lidia con las consecuencias de un miedo que carga por herencia —de ahí viene el título, que se refiere a un síndrome transmitido por la leche materna, según la creencia popular andina—. La madre de Fausta fue víctima de una de las tantas violaciones que ocurrían en Perú durante dos décadas de ataques terroristas de Sendero Luminoso (1980-2000), especialmente en los pueblos. Según Claudia Llosa, radicada en Barcelona hace seis años,

La teta condensa su visión de cómo su país debe enfrentó esa dura realidad : “Quería referirme a la permanencia perpetua de la herida. Hablar de las heridas emocionales que son provocadas por una guerra civil, una guerra entre hermanos, y como eso se transmite de generación en generación”. Además de realizadora, Llosa es también responsable del guión, escrito en un año y medio a partir de una idea inspirada por un libro de testimonios publicado por una universidad en Estados Unidos.

Para ella, el mayor estímulo para la historia vino de “un pueblo sabio como el andino, que supo utilizar todos sus recursos —bailes, cantos, mitos— para poder hablar de lo que sucedió y reciclarse de forma inconsciente”. Pero afirma que “es el momento de la conciencia, de dejar claro que cantar hacia dentro no basta. Es hora de comenzar a cantar hacia fuera”. La cultura andina fue también retratada a partir de una mirada femenina por Llosa en su primer largometraje, Madeinusa con la


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Protagonizada por la misma actriz de La teta, la joven cantante de origen andino Magaly Solier, la película aborda una fiesta popular peruana en la cual es suprimido por tres días, y todos los actos están libres de culpa. Sobre la presencia de lo andino y de lo femenino en su trabajo, la directora adopta un estilo. “Esas películas tienen que ver con un momento de mi vida, con cosas que están dentro de mí. A ratos uno siente la necesidad de hablar de ciertos temas, así que no busco un estilo”.

El nuevo cine peruano Para Claudia, que es sobrina del escritor Mario Vargas Llosa y del cineasta Luis Llosa, es temprano para hablar de un “nuevo cine peruano” —del cual ella ya es considerada la principal representante—, aunque afirme que el clima en el país es de renovación: “Perú está viviendo un momento bonito, con muchas esperanzas económica y culturalmente”. Pero reconoce que todavía hay mucho que hacer: “Nuestra ley de cine tendría que ser revisada. Hay un único

premio por el que todos compiten”. No sólo en Perú, como en América Latina, a la realizadora le gustaría ver más películas que se dediquen a retratar cómo los pueblos de la región lidian con sus propias raíces. “Necesitamos más voces que enseñen otras facetas de nuestros países. Tenemos que romper con esa mirada estereotipada que ve en estas películas lo exótico o cree que queremos enseñar la miseria para vender”. En ello, Llosa coincide con la nueva cara de Berlín.


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