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se tenía un conocimiento secreto: se sabía que la biografía personal no era más que una película. En el cine del mundo, ¡todos somos Heriberto Vargas porque todos somos unos proyeccionistas de nuestras propias películas y ficciones en el abandonado Cervantes de nuestra conciencia!; ese mismo Cervantes (en verdad, nuestro propio “Ser”) en donde –ya sin el espíritu despierto porque lo mejor de nuestro Heriberto Vargas se nos ha ido- al quedar vacía su cabina de proyecciones, es ocupada y usurpada por una vulgar máquina programada, que día y noche rueda y rueda su subjetivísima cinta personal, por encima de lo que es real…Aquí está la esencia de la tragedia de la vida y que se insinúa en esta muestra retrospectiva: no somos conscientes de la cinta –del software- que ahora se ha adueñado de la cabina…. Y como ya no está nuestro Heriberto Vargas para que elija el rollo adecuado e interrumpa a su tiempo la “función”, quedamos a merced de la fatídica cinta. Sexta lección del libro de Rodrigo: Pero también esta muestra de fotos (que a esta altura, hace mucho rato dejó de ser un “libro con fotos”) insinúa algo grandioso y pleno de ventura. Me enfoco de nuevo en otro detalle mínimo y salvador: en esa imagen de un niño parado justo en la intersección de vías férreas en Panquehua, en la Argentina del año 1992. Sin disimulo, Rodrigo hace asomar la carga simbólica de la imagen, pero esta vez con el signo opuesto, porque es una foto donde iconográficamente se atrapa a la realidad preñada de posibilidades. Esa sonrisa del niño pareciera que simplemente dice : “recuerda: todo es posible”. El niño –o bien el fotógrafo que tiene la capacidad de verlo instalado allí- se ubica justo en medio de un cruce de vías de tren,-otra de las obsesiones que compartía con Eilers- donde es posible avanzar o retroceder, donde si decide ir adelante o ir hacia atrás, siempre tiene siempre dos posibilidades: se puede girar a la derecha o la izquierda . El niño , tal como siempre estamos nosotros, permanece en pleno centro del “jardín de los senderos que se bifurcan”; vale decir, en el viaje de la vida nada está perdido porque todo no es mas que una decisión. Es posible ir hacia atrás y recuperar el pasado según el tipo de memoria que actives, según el modo como lo quieras ver, según el cómo lo resignifiques, según desde dónde lo mires y desde donde lo interpretes: porque justo en eso que quieres probar, justo en eso se va a convertir. Y avanzar hacia delante, conocer el futuro, no es nada más que también otra decisión: lo que viene será de acuerdo a la visión que de ti mismo cultives o mantengas. El tren del futuro nos va a dejar en la exacta estación que hoy diseñe nuestra mente. Todo se decide aquí: en el centro o corazón de las vías que se abren, porque yo, aquí y en todo instante, soy la locomotora, el pasajero, el maquinista y las vías férreas al mismo tiempo. El resto es solo poner el pie en el pescante y avanzar al encuentro de lo que quedó atrás; vale decir hacia la estación del futuro que es puro presente-pasado, es decir pura decisión de un aquí y un ahora. Vale decir, aunque esté a treinta años de distancia, desde aquí , en Tlajomulco, Jalisco, a 23 de Octubre del 2006, desde mi hogar interno, desde mi nueva y enriquecida imagen de mí mismo y del mundo que tengo, puedo revocar totalmente mi pasado: desde mi serenamente empoderada identidad, puedo viajar a la Valdivia del año 1980, bajarme en la estación de Antilhue o de San José de la Mariquina (donde desde 1973 estudiara para el sacerdocio) y desde allí hacer otro recorrido hasta el centro de la ciudad: puedo seguir la ruta que no me autoricé ver ni vivir, visitar todo lo que por temor o “imagen” no visité, sentir todo lo que no sentí, tomar aquella mano que no tomé, sentarme en aquel bar que nunca me senté, abrir aquella blusa y mi corazón que nunca abrí pero que deseé y …descubrir… algo asombroso: ¡que la Valdivia real está toda entera dentro de mi!, que es cuestión de capacidad de conciencia para descubrirla desde cualquier parte, que la fracción o la película de Valdivia que yo –torpe aprendiz de Heriberto Vargas- proyecté en el año 1980, era una mentirosa ficción que la peor zona de mi , la que no soy yo pero que me hacía creer que era mi esencia, en ese momento había tomado el timón de mi nave e instalado en la cabina de proyecciones, a causa de que el maquinista estaba dormido. Entonces, por algún mérito, me llegó la visión de

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Deja vu  

Rodrigo Torres Barriga - Photobook 21 Years of images - Retrospective 1985 - 2006 Published in november 2006 Rodrigo Torres Barriga - Foto...

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