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y aquellos desayunos, eran más que caminatas y desayunos por una calle cualquiera. Hoy percibo que no eran ni caminatas, ni tostadas con mermelada de murtilla , ni café con leche, ni calles…Eran mucho más que eso: eran aproximaciones, guiños o incitaciones al misterio de la realidad, porque tanto Rodrigo como Enrique, yo y los árboles de la Avenida Alemania, allí tendíamos finos puentes hacia el lugar más secreto de nosotros, tendíamos –como arañas ontológicas- filamentos sutiles hacia un momento del futuro. Todavía no sé qué red estamos tejiendo, Enrique desde el Más Allá, Rodrigo, aquellos amigos como Eugenio Salas, Alejandro Arroyo y yo desde el más acá…Nadie sabe nunca la historia completa de nadie. Debo decir que después de esos inicios de los ochenta, nunca más ví ni supe de Rodrigo sino hasta hoy, aquí en mi casa de adobe y piedra en un pueblo rural de México en que por la Internet conozco lo que fue de su vida de fotógrafo, vieja casa en donde de cuando en cuando le debo quitar más de una telaraña. Los fotos actuales de Rodrigo , esta red final en que desembocaron aquellos encuentros, se gestó sin darme cuenta en esas conversaciones y en esos desayunos en la bellísima casa de madera de Eilers. Me pregunto ¿qué tipo de telarañas forjadoras de futuro estarán tejiendo los filamentos de nuestras conversaciones en los desayunos de la amistad? ¿Hay todavía desayunos que amasen y alimenten el pan de la vida trascendente como lo insinúan estas fotos? ¿O solo hay descafeinados sorbos solitarios, mientras abrimos el mail del Google y nos conectamos a la otra red, la que teje la araña de la matrix sorbiéndonos el seso, para apenas bajar el archivo de la soledad presente? Quinta lección del libro de fotos de Rodrigo Cuando viví casi un año en Valdivia en el 1980, no sabía lo que hacía ni lo que vivía: aquel pasar por la ciudad, producto de mi ceguera y de la inundación emocional que me embargaba (mi conciencia de entonces , a los 25 años, estaba literalmente “bajo embargo”), era un pasar inconsciente, sin reparar en su detalles, en su magia, en sus sorpresas deslumbrantes: estaba demasiado lleno de mí mismo , demasiado preso de mis sufrimientos para observar el tejido precioso de la realidad que se me aparecía por General Lagos y doblaba en la esquina de Ernesto Riquelme, escondiéndose justo allí las respuestas que buscaba, pues éstas estaban en cualquier lado, en cualquier minúsculo detalle: la salvación me habría podido venir si yo sólo hubiese estado atento a comprender de por qué se descascara una antigua insignia de gárgola en esa derruida cervecería Anwandter. Pero no lo sabía : entonces creía que el Espíritu me iba hablar desde Roma o Jerusalem (¿?) Ahhh…si entonces hubiese tenido a la mano esta guía de Rodrigo…Ah…si entonces ya hubiese comprendido que en la parte preexiste el Todo y en el detalle se concentra el universo. Con todo, ello me preparó para esta segunda mirada, a 26 años de lejanía y a 12.000 kilómetros de distancia, donde aprecio mucho mejor el panorama. ¿Se han puesto a pensar qué descubriremos cuando a los 80 años (si se nos concede el privilegio), demos una “quinta mirada” a lo vivido?. No sé qué nuevos mundos se nos podrían aparecer, pero lo que sí sé es que, tratándose del misterio que vivimos en Valdivia, se nos aparecerán los sobrios arquetipos que ya nos adelanta aquí Rodrigo Torres. No vemos la realidad porque la tenemos demasiado cerca. Las imágenes que entonces percibían mis ojos de los embarcaderos del río Cruces o del Mercado del mar del Calle-Calle, estaban teñidas del marrón de la sangre emocional que se me agolpaba en mi angustiado cerebro. Eso que se aparecía tan limitado y deformado por mi filtro interno, eso que creía ver, en vez de revelarme la realidad, me la ocultaba, tal como nos sucede hoy con las imágenes que nos disparan los enloquecedores estímulos diarios del acontecer. En verdad hay algo trágico en nuestra condición humana. Por eso me concentro en la figura de Heriberto Vargas, ese proyectista del arruinado Cine Cervantes, cuyas fotos en nada casuales en la retrospectiva de Rodrigo, se nos proponen como todo un símbolo.¡La vida es una película proyectada desde nuestro cabina cerebral en la pantalla del espacio-tiempo que nos toca vivir!. Treinta años atrás, todavía yo me podía topar con viejitos que sesteaban en los breves ratos de sol de la plaza valdiviana que llamaban al acto de ir al cine, “ir al Biógrafo”, porque en el Chile de antaño

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Profile for Rodrigo Torres

Deja vu  

Rodrigo Torres Barriga - Photobook 21 Years of images - Retrospective 1985 - 2006 Published in november 2006 Rodrigo Torres Barriga - Foto...

Deja vu  

Rodrigo Torres Barriga - Photobook 21 Years of images - Retrospective 1985 - 2006 Published in november 2006 Rodrigo Torres Barriga - Foto...

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