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y con ello (con el recuerdo de la procesión anual), no rebajar el ideal del vivir a como si se tratase de ”gente común y corriente”. De lo que se trata en definitiva, al estilo de lo que hace R. Torres con esta presente retrospectiva de su tierra y de sus ancestros, es de armarnos de una selectísima colección de imágenes para consciente y cíclicamente darle poder sólo a determinadas imágenes daimónicas, que son las que importan al Ser, particularmente aquellas que recuerdan la filiación directa con los ancestros superiores, aquellas que dan cuenta de nuestros arquetipos, de que legítimamente somos los actuales portadores de la dignidad del linaje y del mensaje primordial. Pero para ello se requiere algo previo fundamental: ubicar y saber cuáles son y dónde están dichas imágenes. Porque en el diario vivir actuaremos según y en función de la creencia de fondo que tengamos con respecto a lo que “nos creamos ser”, conforme al tipo de imágenes que observemos en el estandarte de la identidad que levantamos todos los días. En consecuencia, en la práctica se trataría de no entregarle el poder de coleccionar o de elegir esa única y salvadora imagen del destino (léase, las perlas biográficas) a los bajos y ciegos apetitos o intereses del alma no redimida, sino “contratar a un fotógrafo con reconocido oficio superior”: la conciencia del Ser, que es el que “sabe” y el que “ve” de verdad. Por eso es que también el oficio fotográfico de Rodrigo Torres es para nosotros y para Valdivia todo un símbolo. Dicho “fotógrafo de los intereses del ser” (como podría ser el Doisneau para la Francia de postguerra) –quien en esa famosa foto en blanco y negro del “beso en el Hotel de Ville”, en una sola imagen supo captar un alto rasgo del ser o del daimon- cumple también la función del narrador genial, del cineasta brillante para elegir el mejor ángulo, la mejor perspectiva y la más óptima articulación artística para que mejor brille dicha “perla biográfica”, con suficiente fuerza expresiva, belleza y simbolismo, capaz por sí misma de hacerse cargo de guiar y nutrir toda una vida: la vida de los protagonistas de la foto y la vida de sus observadores. Unas muy logradas fotos de Torres aquí nos recuerdan los prístinos orígenes de un tipo de habitar al sur del mundo, de la calidad que podría tener ese habitar de cultivarse cierta mirada; entonces ellas impedirán ya para siempre que ciertos recodos de los ríos de Valdivia, que ciertos secretos ángulos en las esquinas de la ciudad, se sigan considerando una esquina , un letrero, un barco, un niño “común y corriente”. Porque su ojo las eleva y fija en la identidad secreta y eterna de Valdivia. Y al fijarlas con tanto talento, las redime, ya que al captar su “espíritu secreto”, con ese acto obturador, de un golpe deja fuera de la memoria la ancha y colorida escoria de la anécdota que no sirve. Cuarta lección del libro de Rodrigo Conocí a Rodrigo Torres también hace 21 años en una calle de Temuco, la Avenida Alemania, por entonces , también todo un arquetipo de una ciudad que ya se fue y que hoy deambula como olvidado fantasma en el alma de los nostálgicos de antaño, porque entonces no tuvo la suerte que existiera un Torres que registrara su esencia. Caminábamos juntos filosofando por esas inolvidables frías mañanas de niebla que se calentaban con el desayuno en casa del que fuera maestro de Rodrigo, otro cazador de esencias eternas en las cosas –o quizá más allá de ellas- llamado Enrique Eilers. (¿Habrá algo más parecido al paraíso que el olor a madera patagónica que en esa casa se mezclaba con el del café colombiano y el aroma de viejos libros escritos en gótico antiguo y un par de queridos amigos, interrogándose en cómo expandir el alma a imitación de la utopía de ”Fitzcarraldo”, en esa cinta maestra de W. Herzog?). Sin duda que tanto el fotógrafo en ciernes y yo, desde las aulas de esa otra casona de la Universidad Católica (la única casa estilo castillo bávaro que queda en pie en la mutilada Av. Alemania) veíamos la realidad de muy distinta manera a como la vemos hoy. Porque al momento de vivir las experiencias , en verdad nadie sabe nunca a ciencia cierta qué es lo que de verdad está viviendo. Mientras se vive algo, sólo se dispone de una teoría aproximada de lo se pasó. Y esta teoría –no la realidad- es la que se imprime en la memoria. Por ejemplo, entonces yo no sabía que aquellas caminatas

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Profile for Rodrigo Torres

Deja vu  

Rodrigo Torres Barriga - Photobook 21 Years of images - Retrospective 1985 - 2006 Published in november 2006 Rodrigo Torres Barriga - Foto...

Deja vu  

Rodrigo Torres Barriga - Photobook 21 Years of images - Retrospective 1985 - 2006 Published in november 2006 Rodrigo Torres Barriga - Foto...

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