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SEMBRANDO MIEDOS VIOLENCIA URBANA Y CONTROL TERRITORIAL ___________________________________________________________________________________________________

PROPUESTA DE INVESTIGACION

1. Planteamiento del problema y pregunta de investigación: Los estudios de la violencia como manifestación constante en la historia del último siglo en Colombia dan cuenta de un proceso confuso, casi inexpugnable, en algunos casos, para cualquier idóneo que lo pretenda escudriñar o explicar. Si bien, desde los últimos cincuenta años la proliferación de investigaciones sobre la violencia y sus diferentes manifestaciones en Colombia han experimentado un proceso notable de profundización en el análisis, aún persisten aspectos, y cada vez surgen más, por tener en cuenta en relación con la violencia urbana. De modo casi anecdótico, pero con el propósito de enfocar la formulación de este problema y tratar de establecer una pregunta coherente que oriente mi investigación, expongo dos situaciones en mi vida profesional que en su momento me impactaron mucho pero a la vez generaron en mí una profunda confusión, además que despertaban el interés por el tema que iré desarrollando. En primera medida, participando de una cátedra con el maestro historiador Jaime Jaramillo Uribe, tuve una sensación muy particular cuando el maestro aseveraba que la violencia en Colombia obedecía o era producto de un asunto meramente racial; asegurando que el proceso de mestizaje en la Nueva Granada había sido producto de una estrategia concertada y calculada por los indígenas que habitaban estas tierras. Según el maestro Jaramillo, esta estrategia se dio por que los tributos que pesaban sobre los aborígenes eran los más altos de todos los virreinatos, dando origen a una avalancha de mestizaje tratando de limpiar los linajes. Esta mezcla inusitada y acelerada dio como resultado una raza violenta y calculadora, característica que se ha manifestado, según el maestro, casi de manera ininterrumpida.


Por otra parte,

siendo miembro de un equipo de trabajo en justicia especializada en

infancia y adolescencia en DNI Colombia, la coordinadora del equipo, la abogada Alba Simbaqueba, por su parte aseguraba que en Colombia se venía gestando, si no era que ya existía, una cultura de la violencia, es decir unos patrones que se heredarían de una generación a otra garantizando la permanencia de este fenómeno en la historia, producto de estructuras que propician la desigualdad y el uso de la ilegalidad como fundamento por la lucha del poder y la sobrevivencia a diferentes niveles.

Estas dos posturas, a pesar de ser muy cuestionables, la primera por que raya en lo biológico, en asuntos genéticos que supuestamente nos caracterizan, y la segunda por ser demasiado determinista, aunque es mucho más razonable, sumadas a mi experiencia personal y conocimiento de primera mano de contextos urbanos de extrema violencia, me permiten poner en cuestión los procesos de poblamiento de los sectores donde predominan las estructuras de ilegalidad que se proyectan hacia otros territorios estratégicamente predeterminados, esto porque de alguna manera los motivos y los modos en que un territorio es poblado están presentes en las dos posturas referidas. Sin lugar a dudas, asumiendo el territorio como un espacio determinado bajo la interacción humana, encontramos que en la mayoría de las ciudades colombianas, muchos sectores o territorios que comparten características similares en manifestaciones violentas, también poseen situaciones o características endémicas que dependen de su proceso particular de poblamiento y generación de asentamientos humanos. Son contundentes los argumentos desde donde se asevera que la violencia en el contexto urbano no ha sido analizada de manera especializada. Según el IEPRI, a pesar de que la mayoría de las muertes violentas se atribuyen al estado de conflicto interno que experimenta el país, en los últimos 30 años en Colombia un poco más del 50% de este tipo de siniestros se han registrado en las ciudades1, es decir que de 652.356 muertes 1Según el IEPRI unidades de más de 100 mil habitantes distribuidas en 4 categorías: Megalópolis, más de 4 millones de habitantes; Grandes, entre 1 y 4 millones; Intermedias, entre 300 mil y 1 millón, y Pequeña entre 100 mil y 300 mil habitantes. Los estudios sobre la violencia usualmente dan cuenta sobre los episodios perpetrados por actores violentos en los poblados, es decir, unidades de menos de 100 habitantes.


violentas fueron cometidas en ciudades 364.716(DANE 1980-2010). Por otra parte, los índices de poblamiento en las ciudades latinoamericanas tienen un incremento disparado. Tres cuartas partes de los colombianos habita en las ciudades con una tendencia a seguir creciendo, donde Bogotá es la ciudad con mayor crecimiento poblacional en Latinoamérica, entre

1999 y el 2010 creció en un 49%(Perea 2013). Sólo hasta la

arremetida de Pablo Escobar en Medellín en los 90s se centró el foco de estudio en la violencia urbana, y de nuevo en 1999 con el fuerte despliegue del paramilitarismo en las ciudades. Sin embargo, en los ocho años del gobierno de Uribe la ciudad desaparece en el panorama del conflicto armado, de todas maneras, la toma de las ciudades encarna el triunfo de la lucha insurgente (Perea-2013). En este sentido, y tras reflexionar sobre dos experiencias de mi vida profesional, considero pertinente el ejercicio de comparar dos sectores urbanos con una presencia extrema de violencia y estructuras delincuenciales pero con procesos de poblamiento muy particulares que de alguna manera matizan, a mi modo de ver, algunas de las manifestaciones de estructuras ilegales y manifestación violentas. Altos de Cazucá2

en el municipio de Soacha y el sector de Siloé en Cali, son dos

referentes indiscutibles en cuanto a violencia urbana. Soacha por su parte es la décima ciudad colombiana en población (393.006 Hab ONU), presentándose en el sector de Cazucá un proceso de asentamiento producto de la violencia y el desplazamiento en el territorio nacional absolutamente subnormal, donde los actores armados y delincuenciales controlan el territorio casi en su totalidad. Siloé, un sector poblado por colonos del norte de caldas, en la actualidad posee además de pandillas y organizaciones violentas juveniles, oficinas de sicarios y narcotráfico, donde existen territorios vedados para las autoridades. Con relación a estos dos contextos y mis intereses de estudio planteo la siguiente pregunta: ¿Cuáles son las relaciones existentes entre el proceso de poblamiento en los sectores de Cazucá en Soacha y Siloé en Cali, con los rasgos actuales de violencia y conformación de estructuras delincuenciales en cada uno de los sectores?

2 Posiblemente uno de los sectores urbanos de mayor recepción de población desplazada en el país. De los 69. 325 habitantes que tiene este sector de Soacha, 19.477 son desplazados (DANE).


2. Objetivos: General: -Identificar las relaciones entre el proceso de poblamiento en los sectores de Cazucá en Soacha y Siloé en Cali con los rasgos actuales de violencia y conformación de estructuras delincuenciales en cada uno de los sectores. Específicos: -Evidenciar el impacto de la violencia sobre la población juvenil en estos dos sectores. -Diferenciar las conexiones que presenta la violencia en estos dos sectores con la dinámica de conflicto armado, y las particularidades violentas en cada uno de los casos. 3. Metodología: A pesar de la extensa bibliografía que existe sobre temas de violencia y conflicto en Colombia, como ya se ha dicho antes, las investigaciones sobre las expresiones urbanas de estos fenómenos no han sido muy prolíficas. En este sentido y como propuesta de inmersión en cada uno de los sectores de estudio, la Descripción densa, que expone Geertz, concepto de toma de Ryle, posibilita escudriñar mediante un acto interpretativo cada una de las significaciones que de la cultura y la tradición en función de la violencia se puedan establecer. Lo importante esta en particularizar lo pertinente para poder interpretar cada uno de los sectores de estudio en conjunto con sus protagonistas, contextos y modos de relacionarse con la ciudad. Como lo expone Geertz, el fundamento de la antropología consiste o tiene como finalidad ampliar el universo del discurso humano, un universo en permanente reformulación y acomodo a las cuestiones humanas y sociales. La labor etnográfica determina entonces, un horizonte irrenunciable en la encrucijada de entender los modos de pensar y de interpretar de las comunidades. En


mirar o escuchar, no sólo desde las instituciones y la academia las voces de quienes tienen que decir a pesar de que a veces prefieran no decir nada. Por otra parte, el análisis histórico de los procesos de movilidad y asentamiento en cada uno de los lugares de estudio, amplía el panorama de interpretaciones en relación con los significados del territorio y las maneras en que las estructuras violentas se consolidad y movilizan a través de él. La cartografía humana aparece entonces como un insumo de territorializacion y análisis de las dinámicas, las concepciones y relaciones que se establecen entre las comunidades que puedan determinan patrones de violencia e ilegalidad. La concepción del territorio no sólo desde adentro, sino también hacia afuera, como espacios poblacionales inmersos en urbes igualmente violentas e inmisericordes. Sin lugar a dudas, el análisis de la literatura existente aporta los insumos estructurales de conocimiento para avanzar por ejemplo en el análisis de unidades subregionales, como una posibilidad de hacer análisis comparado, asunto que en términos de estudios de la violencia urbana ha sido muy poco desarrollado. En esta línea, a pesar de que la ciudad no es habitualmente el escenario del conflicto armado, lo urbano encierra una paradoja, la guerra llega con precariedad a la ciudad pero aporta la mitad de los homicidios (Perea2013).

4. Antecedentes y referentes teóricos: Con la publicación en 1962 de La Violencia en Colombia-Fals Borda, Umaña Luna, Torres Restrepo y Guzmán campos. La Universidad Nacional de Colombia abrió la puerta y los horizontes a un vertiginoso

proceso de estudios de los fenómenos violentos que

matizaban la realidad colombiana. Diferentes enfoques y patrones de análisis entraron en consenso y dicotomía para tratar de explicar la naturalización del conflicto y la violencia en nuestro territorio. En su mítico libro Violencia, Conflicto y Política en Colombia (1978), el sociólogo norteamericano Paul Orquist, establece un análisis crítico de las líneas sobre las cuales se ha centrado el análisis de la violencia y sus diferentes manifestaciones en Colombia. Estas líneas establecen en sí mismas las causas de la violencia que analiza el autor en relación con lo aportado en la academia hasta momento. Las causas políticas, expuestas por Darío mesa, German guzmán y James Payne; las causas socioeconómicas, expuestas por Camilo torres, Orlando Fals borda, Diego montaña cuellar,


Antonio García y Francisco posada, además de Hobsbawn; las causas institucionales, lideradas por Mauricio solaún y fals borda; y las causas psicológicas, culturales y raciales, fundamentalmente por el siquiatra José gutierrez. Tras una crítica concreta el académico, quien resalta y descarta factores en cada una de las líneas, establece que de manera general cualquier explicación de la violencia es insatisfactoria si no se hace referencia al contexto de la estructura social, donde los interrogantes enfaticen en los aspectos estructurales

que fundamentan los antagonismos y factores que los convierten en

violentos. Todo lo anterior para determinar que solo hasta el libro violencia política en Colombia (Gonzalez, Bolívar y Vásquez, 2006) se reflexiona y evidencia el silencio en que permanece sumida la violencia urbana. Pero sin embargo, es con el libro Colombia. Ciudad y violencia (Camacho y Guzmán, 1990) que la violencia urbana se vuelve en objeto de reflexión tomando como referencia la situación en la ciudad de Cali. Sin lugar a dudas es reciente el inicio de los estudios de violencia urbana en nuestro país, con esto, se puede determinar que las líneas de análisis no han establecido un mojón teórico. Líneas como las propuestas como Johan Galtung, en donde el triángulo de la violencia comprende no solo la violencia directa, sino además las violencias estructurales y las culturales, establece

un trinomio que determina las interconexiones entre los

diferentes factores que desencadenan en contextos con estructuras ocultas pero totalmente violentas. Con estos insumos es posible, a mi modo de ver, reconocer el aporte de lo singular y particular en el entendimiento e interpretación de los hechos violentos. 5. Bibliografía:

Geertz, Clifford (2003). La interpretación de las culturas. Gedisa: Barcelona Azaola, Elena (2002). “la violencia de hoy, las violencias de siempre”. En: Desacatos. Revista de antropología social. Centro de investigaciones y estudios superiores en antropología social (CIESAS): Ciudad de México. Ávila, Ariel y Núñez, Magda (2009). “Bogotá cercada, neoparamilitarismo y bandas”. En: 2009. ¿El declive de la seguridad democrática? Corporación Nuevo Arco Iris: Bogotá.


Bedoya, Diego y Jaramillo, Julio (1991). De

la barra a la banda. El propio bolsillo:

Medellín. Blair, Elsa (2004). Muertes violentas. La teatralización de exceso. Instituto de Estudios Regionales (INER). Universidad de Antioquia: Medellín. Camacho, Álvaro y Guzmán, Álvaro (1990). Colombia. Ciudad y violencia. Foro por Colombia: Bogotá. Centro internacional para la prevención de la criminalidad (2010). Prevención del crimen y seguridad comunitaria. En línea. Comisión de Estudio de la Violencia (1987). Colombia: Violencia y Democracia. Colciencias-Universidad Nacional de Colombia: Bogotá. Cubides, Fernando; Olaya, Ana y Ortiz, Carlos Miguel (1998). La violencia y el municipio colombiano.1980-1997. Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia: Bogotá. Duncan, Gustavo (2005). Del campo a la ciudad: la infiltración urbana de los señores de la guerra. Universidad de los Andes. Documento CEDE: Bogotá. Duncan, Gustavo (2006). Los señores de la guerra. De paramilitares, mafiosos y autodefensas en Colombia. Planeta: Bogotá. Echandía, Camilo (1999). El conflicto armado y las manifestaciones de violencia en las regiones de Colombia. Presidencia de la Republica. Observatorio de Violencia: Bogotá. Gutierrez, Francisco; Wills, Maria Ema y Sánchez Gonzalo (editores) (2006). Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en Colombia. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI)-Universidad Nacional de Colombia- Norma: Bogotá. Jaramillo, Ana María; Ceballos, Ramiro y Villa, Marta Inés (1998). En la encrucijada. Conflicto y cultura política en el Medellín de los noventa. Alcaldía de Medellín- programa para la reinserción- región: Medellín. Policía Nacional (1990-2010). Revista criminalidad. Bogotá. Pecaut, Daniel (1987). Orden y violencia 930-1953. Cerec-Siglo XXI: Bogotá, II tomos.


Perea, Carlos Mario (2007). Con el diablo adentro. Pandillas, tiempo paralelo y poder. Siglo XXI: México. Restrepo, Jorge y Aponte, David (editores) (2009). Guerra y violencias en Colombia. Herramientas e interpretaciones. Centro de

recursos para el análisis del conflicto

(CERAC)-GTZ-Universidad Javeriana -ODECOFI- Colciencias: Bogotá. Salazar, Alonso (1990). No nacimos pa semilla. Región-Cinep: Bogotá. Para la información de primera mano, se establecerán entrevistas, talleres grupales y cartografía social con las comunidades, líderes comunitarios, organizaciones sociales, presencia estatal y actores armados(en la medida de las posibilidades) en cada uno de los sectores propuestos.


Sembrando Miedos: Violencia Urbana y Control Territorial