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LA CIENCIA DE LA PIEL

CONOCIMIENTO

examen de Consejo en 1973, el cual se ofrece actualmente cada año. El arte de la CCP se convirtió en el pináculo de la práctica de la dermatopatología, y varios de los principales libros de texto que comenzaron con Montgomery, Lever y Pinkus-Mehregan dieron mayor credibilidad y reconocimiento a esta especialidad. Esta capacidad para correlacionar varios patrones microscópicos con un alto grado de especificidad, se demostró acertadamente en el texto de Dermatopatología de A. Bernard Ackerman, Histologic Diagnosis of Inflammatory Skin Disorders (Diagnóstico Histológico de los Trastornos Inflamatorios de la Piel), publicado por primera vez en 1978. ADVENIMIENTO DE LA ‘INMUNO’ DERMATOPATOLOGÍA Los avances en el campo de la inmunología condujeron al siguiente paso grande en la evolución de la dermatopatología. Se pensó que las enfermedades inflamatorias de la piel eran causadas por alteraciones en el sistema inmunológico, el cual genera autoanticuerpos contra las diferentes estructuras de la piel, especialmente la epidermis y la unión de la epidermis con la dermis en la zona de la membrana basal, considerando que éstos eran responsables de las manifestaciones clínicas. Algunos ejemplos son las enfermedades autoinmunes formadoras de ampollas, como el penfigoide y sus variantes, así como el pénfigo y la dermatitis herpetiforme. El patrón histopatológico de estas enfermedades puede no ser completamente específico en ocasiones, y la adición de la inmunopatología al estudio de estas enfermedades condujo a un gran incremento en la especificidad diagnóstica. Cuando se emplearon por vez primera en la práctica clínica en la década de los setenta, estos anticuerpos eran activos solamente en tejido de piel fresca, congelado con nitrógeno líquido o conservado en un medio de transporte especialmente diseñado. Los anticuerpos con la mayor utilidad clínica fueron aquellos producidos para globulinas inmunes, G M, A y el tercer componente del complemento, C3. Estos anticuerpos fueron conjugados con fluoresceína y luego incubados con piezas de piel cortadas finamente, colocados en portaobjetos de vidrio. Éstos se observaban con un microscopio especial “fluorescente” equipado con luz ultravioleta A. En las décadas siguientes se publicaron muchos trabajos científicos, que detallaban el patrón inmunopatológico visto en diversas enfermedades de la piel, que iban desde las enfermedades ampollosas autoinmunes, señalados anteriormente, hasta el lupus eritematoso, el liquen plano y varios tipos de vasculitis (Figura 2).

F2-A. Fotografía clínica, que muestra una multitud de ampollas tensas en las extremidades inferiores de una mujer de edad avanzada.

F2-B. Histopatología de rutina, que muestra una inflamación intensa, con una mezcla de células inflamatorias incluso eosinófilos y cambios extremos “con apariencia de esponja” o espongiótica en la epidermis.

F2-C. La biopsia tomada un poco más allá del borde de una de las ampollas, congelada y luego procesada para microscopía de inmunofluorescencia, muostra un depósito fuerte, continuo, lineal de inmunoglobulina G (IgG) a lo largo de la membrana basal de la epidermis. Estos resultados, tomados en conjunto, son de diagnóstico para el Penfigoide, una enfermedad ampollar autoinmune.

EVOLUCIÓN DE LA INMUNOPATOLOGÍA Con los desarrollos continuos en el campo de la inmunopatología, fue posible usar tejido que se había fijado en parafina, como un sustrato para las inmunotinciones. Esta evolución se convirtió en un procedimiento clínicamente útil, a mediados de la década de los ochenta, y sigue evolucionando a un ritmo rápido, conforme hacen camino a la práctica cotidiana las inmunotinciones clínicamente relevantes. Básicamente, se han desarrollado anticuerpos procedentes de varias fuentes, incluyendo anticuerpos monoclonales de ratón anti-humano, para estructuras o células presentes en la piel. Estos anticuerpos se conjugan con un agente para darles color (la inmunoperoxidasa) cuando son captados por una estructura dada o una célula de una biopsia; posteriormente, se pueden ver con un microscopio de luz, en contraste con el microscopio de fluorescencia que se requería para interpretar la conjugación de los

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