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LA CIENCIA DE LA PIEL

no me tocaba. Ya se comenzaba a hablar mal de mí, porque todos mis compañeros se casaron a los 22 o a los 24 años. Ésa era la costumbre entonces, y yo llegué aquí de 29 años, de repente cumplí los 30, y no pescaba nada. Había pescados, pero no se dejaban pescar, hasta que un día llegué a la conclusión de que yo no me iba a casar por compromiso o por estar acompañado. Yo me iba a casar si encontraba a la persona idónea, y en eso, en una ocasión, fui con un amigo a una despedida de soltero, de un auditor de Hacienda, de la Ciudad de México. Él se casó con una chica de Villa de Santiago, y nos invitó a su despedida. La novia de este amigo mío le había dicho que fuera a encontrarla en la Iglesia de La Purísima. Yo le dije: “Mira, mejor déjala, y vamos a la despedida”; pero luego me dio no sé qué cosa, y le dije: “no, mira; no sea que después vayas a tener problemas con tu novia por mi culpa; mejor sí vamos, y de ahí ya nos vamos a la despedida”. A la hora de la hora no fuimos a la despedida, pero, en la iglesia –era un ocho de diciembre- estaba la novia de mi amigo, y una prima hermana de ella, la que ahora es mi esposa. Vi una muchacha con minifalda, muy guapa. Yo pensé: “¡Qué bonita muchacha!”. La saludé, y ahí quedó la cosa. Pero luego, al día siguiente, me hablaron por teléfono acerca de una fiesta que se iba a celebrar. Al principio, yo creí que se trataba de una paciente, y dije: “habla el doctor Welsh”, y me contestaron: pues habla equis, y me dio el nombre de quien ahora es mi esposa. Y me dijo: “hablo nada más para invitarte a una fiesta que vamos a tener en mi casa”. Después me enteré de que era por su cumpleaños. Ella cumple años el 10 de diciembre y yo el 17 del mismo mes. Más tarde cuando le dije: “¿Por qué me invitaste? Yo pensé que había mucho interés”. Pero ella me dijo: “no, si invité como a 13”. Pero me gustó bastante Eso fue el 10 de diciembre cuando fui a su reunión, y el 8 cuando la conocí. El día 18 de diciembre nos hicimos novios, y para el día 29 le propuse matrimonio, y en ese momento planeamos casarnos en tres o cuatro meses. Le di su anillo de compromiso, y después me vi muy apurado, porque acababa de hacer el pago de un terreno, de la propiedad donde ahora tenemos nuestra casa, y me había quedado sin dinero. Habíamos planeado casarnos en mayo, pero como no llevaban mucha agua los arroyos, le dije finalmente: “Mira, nos casamos en agosto, para dar tres meses más de oportunidad a tener un poco más de recursos”, y así fue. Nos casamos el día 30 de agosto de 1972. Uno de los padrinos, el doctor (Carlos) Canseco decía que yo era el único de sus ahijados que no había querido ir de luna de miel a Europa, pero la realidad es que yo quería algo más tranquilo, y nos tocó ir de luna de miel a Mérida y Cozumel; de Cozumel nos fuimos a Acapulco, y luego a la Ciudad de México. Mi esposa es 13 años menor que yo. Cuando nos casamos, yo tenía 32 años, y ella iba a cumplir 20; este año cumplimos 40 años de casados. C: ¿Cómo se llama ella? OW: Ella se llama Esperanza Hernández Elizondo de Welsh.

CONOCIMIENTO

C: ¿Cuántos hijos tienen? OW: Tenemos cinco hijos. La mayor, Esperanza Catalina, es dermatóloga también. Estudió la primaria y secundaria en el Colegio Americano; la preparatoria en el Tecnológico; la carrera de medicina en la universidad, y el posgrado –estuvo seis años en los Estados Unidos- lo hizo en la Universidad de Miami. Pasó sus pruebas para quedarse en Estados Unidos: de dermatología, de dermapatología, de cirugía de Mohs y dermatología cosmética, y todo mundo pensaba que se iba a quedar allá, pero afortunadamente se regresó y aquí está trabajando. Las otras dos de mis hijas -están casadas también- son licenciadas en administración de empresas; estudiaron en el Tecnológico. Tengo dos hijos, los últimos. Uno de ellos está por terminar la carrera de ingeniería química, y el otro, que nació cuando yo tenía 56 años, es el que nos ha mantenido jóvenes a mi mujer y a mí. En este mes de abril cumple 16 años, y está por terminar la secundaria. SUBDIRECTOR DE POSGRADO C: Después de algunos años de ejercicio profesional, usted buscó ser subdirector de posgrado en la Facultad de Medicina. ¿Cuál fue su principal motivación? OW: Yo tenía un concepto de tipo filosófico en cuanto a qué era lo que yo pensaba hacer por la facultad que me dio todo, porque en ese tiempo, en la Facultad de Medicina cobraban 45 pesos mensuales, que serían como mil o mil 500 de ahora, y si uno tenía buenas calificaciones, entonces no tenía que pagar ni eso. Entonces, la educación era prácticamente regalada, lo cual nos ayudó mucho. Y yo me preguntaba: “¿De qué manera puedo repagar esto?” Yo traía ya mis conceptos, después de haber estado en una de las mejores universidades de los Estados Unidos en el área médica, en la Universidad de Michigan, y tenía algunas ideas sobre investigación, sobre posgrado, y pensé: “si componemos nada más lo relativo a dermatología, y lo demás no se compone, esto va a ser como un barco

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