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HaciaHacia un nuevo un nuevo intelectual intelectual

conteniDo

Con su proverbial agudeza, Gabriel Zaid analiza, página 4, quiénes son y quiénes no son intelectuales, y se remonta a las épocas en que el vocablo era simplemente adjetivo, hasta el momento en que se le dio

editorial

el uso de sustantivo; en entrevista de Mónica Mateos Vega, del periódico La Jornada, el escritor mexicano

Directorio

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Gobernador constitucional del estado de nuevo león licenciado Rodrigo Medina de la cruz Director General Doctor luis eugenio todd Subdirector licenciado Juan Roberto Zavala Director editorial Félix Ramos Gamiño educación Profesor ismael vidales Delgado ciencias Básicas y del ambiente Doctor Juan lauro aguirre Desarrollo urbano y Social ingeniero Gabriel todd ciencias Médicas Doctor David Gómez almaguer ciencias Políticas y / o de administración Pública contador Público José cárdenas cavazos ciencias de la comunicación Doctora Patricia liliana cerda Pérez la ciencia es cultura licenciado Jorge Pedraza educación Física y Deporte Doctor Óscar Salas Fraire las universidades y la ciencia Doctor Mario césar Salinas carmona Diseño licenciada lindsay Jiménez espinosa licenciado Javier estrada ceja arte Gráfico arquitecto Rafael adame Doria circulación Profesor oliverio anaya Rodríguez asistente editorial licenciada edith Flores ceballos

Cómo debe ser el intelectual del Twitter y el FaceBook

Hacia un nuevo intelectual: el de las redes sociales

Carlos Fuentes considera, página 8, la literatura como “un faro para un México desviado”; el periodista Héctor Aguilar Camín, entrevistado por

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Intelectuales Gabriel Zaid

Miguel Reyes Razo, página 10, considera llegado ya el momento de que México piense en grande para ser

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Fuentes ve a la literatura como un faro para un México desviado Entrevista de Mónica Mateos Vega

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México debe pensar en grande para ser un país desarrollado Entrevista de Miguel Reyes Razo

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El libro electrónico: una realidad diferente Doctor Pedro Ángel Palou

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Los intelectuales en México: los grupos generacionales Doctor Enrique Suárez Íñiguez

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Los intelectuales y la democracia contemporánea Doctor Xavier Rodríguez Ledesma

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El historiador ante los retos de la globalización Doctor Enrique Florescano

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De la poiesis al ciber-poeta Marco Fonz

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La gente de letras. El papel de los literatos en el mundo Maestro Alfonso Rangel Guerra

un país desarrollado. Necesitamos –dice- más generadores de riqueza.

En consideración del doctor Pedro Ángel Palou, página 14, lo realmente

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El papel del poeta en la era virtual Jeannette L. Clariond

importante en la aparición del libro electrónico es que se pone en juego la posibilidad de una nueva práctica de

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Alegato por los intelectuales Doctor Sergio Elías Gutiérrez

lectura; en su colaboración, página 17, el doctor Enrique Suárez Íñiguez habla sobre grupos generacionales,

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Los intelectuales en la actualidad Rosaura Barahona

como el Ateneo de la Juventud, los Siete Sabios, Contemporáneos, Hiperión y El Espectador; para el doctor

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El intelectual en el mundo de la tecnología Licenciada Alejandra Rangel

Xavier Rodríguez Ledesma, página 21, el uso indiscriminado del término democracia obliga a tomarlo ya

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Portada

El papel de los intelectuales en el proceso de cambio social Doctora Esthela Gutiérrez Garza

con reservas, pues se ha convertido en una palabra hueca.


hacia un nuevo intelectual consejo editorial Presidente del consejo de ciencia y tecnología de nuevo león ingeniero Juan antonio González aréchiga Director del Programa ciudad internacional del conocimiento ingeniero Jaime Parada Ávila caintRa ingeniero enrique espino Barros lozano iteSM M. c. Silvia Patricia Mora castro uanl Doctor Mario césar Salinas carmona Doctora Diana Reséndez Pérez Doctor alan castillo Rodríguez ingeniero Jorge Mercado Salas

conteniDo

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El nuevo intelectual, expuesto a leer 10 MB y a escuchar 400 MB diarios Maestro Rodrigo Soto

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El papel de los sociólogos en el mundo contemporáneo Doctor Víctor Zúñiga

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Los desafíos del mundo actual en la sociología política Doctor José María Infante

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Música y músicos en la sociedad actual Doctor Arnoldo Nerio

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Los intelectuales orgánicos Profesor Ismael Vidales

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Intelectuales, cultura y política en los años 70 Doctor Antonio López Mijares

El historiador Enrique Florescano, página 24, señala que los motivos que hoy mueven a enseñar la histo-

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El intelectual y el cine mexicano Entrevista de Gabriel Contreras

ria no difieren sustancialmente de los fines que animaron a nuestros antepasados; el poeta Marco Fonz

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Equilibrio y sentido ético, exigencia para el comunicólogo de nuestro tiempo Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez

hace hincapié, página 27, en el hecho de que, desde la antigüedad, el poeta ha sido considerado como un humano-puente entre lo divino

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Concepción Keith Raniere

y lo pagano; el maestro Alfonso

Innovación y desarrollo tecnológico, base de crecimiento y desarrollo de Sigma Alimentos

los literatos en el mundo, en tanto

Rangel Guerra, analiza en su colaboración, página 30, el papel de

“ciencia conociMiento tecnoloGia”, revista mensual, con un tiraje de 10,000 ejemplares editor responsable: Dr. luis eugenio todd Pérez. número de certificado de Reserva otorgado por el instituto nacional del Derecho de autor: 04-2008052311205700-102. número de certificado de licitud de título: no. 14158 número de certificado de licitud de contenido: no. 11731. Domicilio de la Publicación: andes no. 2722 col. Jardín obispado, Monterrey, nuevo león. imprenta: Milenio Diario de Monterrey, S.a. de c.v., con domicilio en ave. avena no. 17 col. Granja Sanitaria ixtapalapa, estado de México. Distribuidor: Milenio Diario de Monterrey, S.a. de c.v. con domicilio en ave. eugenio Garza Sada Sur no. 2245 Monterrey, nuevo león.”

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que la poeta Jeannette L. Clariond analiza, página 33, el papel de este

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Tiene nueva directora la Facultad de Salud Pública y Nutrición de la UANL

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Construirá el Estado cuatro nuevos planteles CECyTE en Nuevo León

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Invertirá el Estado $13.5 millones en el plantel CECyTE de Zuazua

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Otorgan premios anuales de periodismo y reconocimientos a la trayectoria profesional

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artista en la era virtual.

NOTA DE LA DIRECCIÓN: Esta edición de la revista CIENCIA. CONOCIMIENTO. TECNOLOGÍA, fue realizada gracias al apoyo de FOMIX.


Hacia un nuevo intelectual

eDitoRial

Mundo extraño el actual: se puede ser inteligente sin saber leer

cómo debe ser el intelectual del twitter y Facebook

c

arlos Fuentes acaba de editar un precioso libro que se llama “La Gran Novela Latinoamericana”, en el mismo, nuestro preclaro intelectual del siglo XX y principios del XXI, aclara que la cultura y la inteligencia no tienen nada que ver con erudición y describe en su documento como los pueblos nativos tienen una inteligencia propia, práctica y elemental, sencilla, pero que produce resultados. Él entonces nos da la razón a esta revista, en la que estamos preocupados porque los jóvenes no leen y se dedican fundamentalmente al Facebook para comunicarse, así como a la brevedad del Twitter y a la intoxicación con el internet para estar en contacto con la realidad y no como antes en nuestra época que nos dedicábamos a estudiar profundamente un tema, a leer con avidez un libro y después a generar una ideología propia y posteriormente producir el cambio que la circunstancia y el entorno cultural requerían. En esta edición hemos tratado de invitar a personalidades que han sido descritas como intelectuales, en nuestro país, y que han colaborado mucho a formar un criterio del mexicano, puesto en este mundo de la globalización y por supuesto ellos han sido factor de presión para que la política del poder no se descarrile totalmente, sino que siga ciertos cauces de metodología lógica y de respeto a los valores fundamentales de los derechos humanos, descritos con excelsitud en la revolución francesa. La incógnita sigue vigente y la lectura de nuestros invitados en la revista, nos va a permitir gradualmente ir comprendiendo que así como el mundo cambió y como Steve Jobs, Bill Gates y Mark Zuckerberg, son los personajes más importantes del mundo contemporáneo, siendo tecnólogos y no intelectuales, así nosotros también tenemos que crear y adaptarnos a una nueva intelectualidad, tanto en el mundo social como en el político, pues hay que recordar como ejemplo vívido, que la caída de tres dictadores árabes, no fue producto de ninguna concertación ideológica como lo fue la revolución rusa, francesa o la mexicana con nuestro émulo Flores Magon, sino que fue producto de las redes sociales, donde la gente comunicándose entre sí lograron sacudir conciencias para terminar con ciertas dictaduras longevas y corruptas. Estamos entonces proponiendo, dentro de la limitación de nuestras posibilidades, la germinación de un nuevo pensamiento intelectual que tome en cuenta no sólo nuestra experiencia anterior en el mundo de la cultura, sino la realidad de la generación del Twitter, como yo le llamo, o la generación del Facebook o el internet como el amo supremo del conocimiento actual. Por supuesto que en muchas cosas podemos no estar de acuerdo, porque los libros todavía conservan el terciopelo del placer literario, pero sí tenemos que aceptar que la generación adulta tiene que

adaptarse a la nueva generación y buscar juntos la realidad. Esperamos que esta revista nos de cierta esperanza a que el método científico y cartesiano impere aún en forma rápida o instantánea, ya que debemos recordar que el mundo sólo lo cambia la ciencia y lo espiritualiza el arte y que los cambios sociales o políticos son circunstanciales y que muchas veces esos últimos dependen de la modificación del medio ambiente que la ciencia produce o del renacimiento de los valores espirituales, como lo sucedió posterior a la Edad Media en Europa. Esperamos encontrar a este nuevo intelectual, pero ojalá no sea tan difícil como la tarea de Diógenes cuando quiso encontrar a un hombre feliz, que puede ser aquel que conjugue la inteligencia emocional con la racional y ahí en ese laberinto es donde está la utopía de la solución integral que se describe en el gran libro, en que los seres humanos debemos amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos. Lástima que el internet, el twitter y el facebook no fueron programados para hacer el amor.

Pienso, luego existo

DESCARTES 1596 a 1650

En mi época, éramos importantes los que pensábamos. Y, ahora, ¿seremos?


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Gabriel Zaid Gabriel Zaid, poeta y ensayista mexicano, nació en la ciudad de Monterrey, Nuevo León en 1934. En el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey obtuvo el título de ingeniero mecánico administrador, y aunque ejerció varios años como consultor independiente, su pasión por la poesía lo llevó a dedicarse de lleno a la literatura, y en 1958 publicó su primer poemario. Como miembro del grupo editorial Vuelta, ha sido uno de los promotores y comentaristas de obra de Octavio Paz, nuestro Premio Nobel de Literatura. Ha destacado, en el plano del ensayo, por abarcar tanto el ámbito cultural, como el político y social, lo mismo que en la organización de las calles, colonias y zonas postales de la Ciudad de México. De él se ha dicho que “su poesía se ha depurado con el paso del tiempo, para que cuarenta años más tarde aparezca por su rigor y limpidez como uno de los avatares más afortunados del clasicismo en la segunda mitad del siglo veinte mexicano”. Desde 1989 es miembro de la Real Academia de Letras Mexicanas, y su obra le ha valido ser objeto de diferentes premios de carácter nacional e internacional.

intelectuales Gabriel Zaid Intelectual es el escritor, artista o científico que opina en cosas de interés público con autoridad moral entre las élites.

1. No son intelectuales a) Los que no intervienen en la vida pública. b) Los que intervienen como especialistas. c) Los que adoptan la perspectiva de un interés particular. d) Los que opinan por cuenta de terceros. e) Los que opinan sujetos a una verdad oficial (política, administrativa, académica, religiosa). f) Los que son escuchados por su autoridad religiosa o por su capacidad de imponerse por vía armada, política. administrativa, económica. g) Los taxistas, peluqueros y otros que hacen lo mismo que los intelectuales, pero sin el respeto de las élites. h) Los miembros de las élites que quisieran ser vistos como intelectuales, pero no consiguen el micrófono o (cuando lo consiguen) no interesan al público. i) Los que se ganan la atención de un público tan amplio, que resulta ofensivo para las élites. 2. La palabra se usó primero como adjetivo: en francés, desde el siglo XIII; en inglés, desde el XIV; en espa-

ñol, desde el XV. Se volvió sustantivo a fines del XIX, para llamar a cierto tipo de personalidades. El paradigma apareció encarnado por Zola, cuando intervino en el caso Dreyfus. En particular, por su carta abierta al presidente de la república, publicada por el diario L'Aurore (13 I 1898) con un título que pasó a la historia: J'accuse. Terminaba con una letanía: Acuso al teniente coronel Du Paty de Clam de haber creado este error por inconsciente y de sostenerlo después con toda clase de maquinaciones; acuso al general Mercier de hacerse cómplice de esta iniquidad; acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus y de haberlas ignorado por razones políticas; acuso... ¿A título de qué se metía el famoso novelista contra las autoridades militares que habían declarado traidor al capitán (francés de origen judío) Alfred Dreyfus, por una supuesta venta de secretos militares a Alemania? El escritor no era judío, ni militar, ni abogado. No tenía competencia en el ramo, ni interés particular que defender. No impugnaba la sentencia por vía jurídica o militar. Fue


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perseguido legalmente por sus acusaciones, y tuvo que escapar del país, aunque finalmente ganó el caso: Dreyfus fue rehabilitado. CUARTO PODER Su intervención puso en evidencia que la verdad pública no está sujeta a la verdad oficial; que hay tribunales de la conciencia pública, donde la sociedad civil ejerce su autonomía frente a las autoridades militares, políticas, eclesiásticas, académicas. Mostró la aparición de un cuarto poder, el de la prensa, frente al legislativo, ejecutivo y judicial. Hizo ver que las cosas de interés público (en este caso el antisemitismo) no pueden reducirse a tal o cual interés, competencia, jurisdicción: que la guerra es demasiado importante para dejarla en manos militares, el derecho demasiado importante para dejarlo en manos de abogados. El intelectual está prefigurado en Jeremías y Sócrates, pero el reconocimiento y bautizo de su papel social se dan con el "Yo acuso" de Zola y el "Manifiesto de los intelectuales” en París, a fines del siglo XIX: cuando se desarrolla la conciencia liberal, el mercado del libro y la prensa masiva; cuando ser ciudadano y ser lector convergen en la imprenta; cuando la página toma el lugar del púlpito, y el ágora se convierte en el centro de la vida pública. COMO SUSTANTIVO 3. Los diccionarios suelen referir el sustantivo intelectual a ciertas capacidades, gustos o especialidades, omitiendo la referencia decisiva: el papel social. Intelectual no es la persona especialmente inteligente, especialmente inclinada a la vida intelectual o especialista en el trabajo intelectual. Aunque los intelectuales son algo así como la inteligencia pública de la sociedad civil, y aunque son vistos como personas muy inteligentes, no se distinguen por su inteligencia. Es fácil encontrar intelectuales menos inteligentes, menos preparados, menos cultos, que tal o cual persona que no figura como intelectual. La verdadera diferencia no es de capacidad, sino de función social. Función que no se caracteriza por el ramo, profesión, gremio, especialidad. El distingo entre trabajadores manuales e intelectuales (de por sí insuficiente: los manuales usan la inteligencia, los intelectuales las manos) no sirve para el caso. Un sector cada vez mayor de la sociedad no cultiva los campos ni produce manufacturas, sino palabras, números, imágenes, ideas, trámites. Pero muy pocos de los llamados trabajadores intelectuales (adjetivo) son intelectuales (sustantivo).

ESCRITORES 4. Todos los intelectuales escriben, aunque no todos son buenos escritores. Sus pronunciamientos recuerdan la oratoria parlamentaria, la teatralidad del discurso, del sermón, de la cátedra, de las mesas redondas y de las entrevistas por radio y televisión; pero su intervención característica no es oral, sino escrita. Algunos son grandes poetas o prosistas, de los géneros consabidos (la poesía, el teatro, la novela, el ensayo) o ignorados (la carta a la redacción, el panfleto, la polémica, el manifiesto). Otros son escritores por necesidad: provienen de las artes o las ciencias, y escriben para opinar. En el caso de las artes vecinas de la literatura (las artes plásticas, el cine), se pudiera decir que "escriben" a través de su arte; pero es raro que no intervengan, además, con declaraciones y escritos propiamente dichos. En el caso de las ciencias, no puede ser de otra manera: los científicos que actúan como intelectuales lo hacen a través de escritos no científicos, lo cual se presta a confusiones: hay quienes piensan que lo no científico no puede ser tan serio como lo científico; o que las intervenciones en la vida pública no son serias, a menos que provengan de los especialistas respectivos: Sajarov, que opine sobre física atómica y nada más. Pero los trabajos científicos pueden ser tan poco serios como cualquier otro, y la vida pública rebasa los munditos especializados. Decidir sobre el uso de la bomba atómica no es algo que se pueda estudiar con un ciclotrón: es algo que rebasa los métodos de la física. 5. No es una tautología decir (como dijo Borges) que los clásicos son los libros leídos como clásicos. Tampoco es una tautología decir que los intelectuales son los escritores seguidos como intelectuales. Un intelectual sin público no es un intelectual. Por eso, decir "nosotros los intelectuales” suena a "nosotros los clásicos": asume una posición ante el público que sólo el público puede conceder. Lo que hace al intelectual es la recepción de su discurso, más que su discurso. Cuando su visión de las realidades o los sueños de la tribu llaman la atención de la tribu, empieza a ser leído como intelectual. Los intelectuales construyen espejos de interés para la sociedad: para distanciarse de sí misma, desdoblarse, contemplarse, comprenderse, criticarse, fantasear. En el espejo de la página, crean experiencias especulativas, prácticas teóricas, ejercicios espirituales, donde la sociedad se reconoce como pensante, crítica, imaginativa, creadora, en movimiento. CONCIENCIA DE LA SOCIEDAD Por eso, son vistos como la conciencia de la sociedad. Pero hay que tener cuidado con las metáforas orgánicas. Ninguna persona física puede ser la conciencia de


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una persona moral. Lo que sucede es que una persona física construye espejos, mapas, brújulas, sextantes, anteojos verbales, para orientarse en la realidad, y sus artefactos circulan porque les sirven a los demás. En esos artefactos (no en su creador) reside lo que pudiera llamarse una conciencia común: distintos ojos ven a través de lo mismo. Esa conciencia compartida, ese haber visto, no necesariamente Io mismo, sino a través de lo mismo, permite hablar de una conciencia común, de una conciencia pública, de una conciencia nacional, que hasta parece la conciencia de una persona superior (la Comunidad, el Público, la Nación) que habla a través del intelectual. Al hipostasiar esa conciencia compartida en la persona del intelectual, la tribu puede proyectar en él sus fantasías orgánicas (y él someterse a las proyecciones de los otros, engolosinado de encarnar algo superior). O lo endiosa en un Nosotros narcisista: como el espejo de la suprema inteligencia, rigor, preparación, honestidad, de la buena conciencia tribal; o lo persigue como a su mala conciencia: la encarnación de la arrogancia, la demencia, la estupidez, la frivolidad, la mala fe, la venta por treinta dineros a intereses inconfesables.

ción pastoral del clero católico. Son vistos como oficiantes de un sacerdocio laico que tiene las llaves del reino civil: las claves de la conciencia nacional. Son, al mismo tiempo, la reforma (el lado crítico, protestante, de la conciencia nacional) y la tradición católica (la elite que se encarga de la conciencia de los demás).

CASTA SACERDOTAL 6. En las sociedades tradicionales, la conciencia de la sociedad está a cargo de la casta sacerdotal. Pero, desde la Reforma, la ruptura de la conciencia individual con las autoridades religiosas restó fuerza a la conciencia tradicional objetivada en el clero. En las sociedades protestantes, cada fiel es su propia autoridad moral, hace su propia lectura de la revelación, es su propio pastor, aunque escuche a los otros. En las sociedades católicas, la ruptura con las autoridades religiosas fue tardía y mediatizada: no desde la conciencia individual, sino desde el estado, a partir de la Revolución francesa. Paradójicamente, esta diferencia permite que en las sociedades protestantes, que llegaron primero a ser modernas, el jefe del estado pueda invocar a Dios (como en los Estados Unidos) y hasta encabezar la Iglesia (como en Inglaterra), sin especiales riesgos de integrismo. En cambio, en las sociedades católicas, precisamente porque fueron reformadas desde arriba, no desde la conciencia individual, ronda siempre el fantasma del integrismo, como temor o tentación: hay siempre una tensión entre las creencias populares y la ideología oficial. En particular, las elites que encabezan la sociedad civil v que aspiran a una conciencia moderna, no pueden verla objetivada ni en el clero tradicional ni en la burocracia ilustrada. Esto favorece el papel de los intelectuales como una especie de clerecía civil frente a la clerecía del Estado y frente al clero propiamente dicho. Por eso, los intelectuales pesan más en las sociedades católicas que en las protestantes: son como la conciencia libre del laico protestante, pero en la fun-

LA INTELLIGENTSIA 7. Los intelectuales son y no son la intelligentsia. La intelligentsia no es el conjunto de los intelectuales, como dicen algunos diccionarios: es todo el estamento letrado nacional. Hay una estrecha afinidad histórica, social, lingüística, entre los fenómenos que desembocan en estas designaciones, pero también hay diferencias. Los intelectuales son un conjunto de personalidades; la intelligentsia, un estamento social. Los intelectuales son profetas civiles y hasta cardenales civiles; la intelligentsia incluye también a los feligreses. Los intelectuales aparecen después de la revolución, la intelligentsia en los preámbulos. Los intelectuales son el ego que se cree superego: crítico, moralista, juez por encima de las luchas parciales (au-dessus de la mêlée). La intelligentsia es el ego que se cree id: la población educada que cree interpretar las mejores aspiraciones inconscientes del pueblo, y que acaba suplantándolo como su vanguardia consciente (donde hay id, hay ego). Los intelectuales son la crítica, la intelligentsia es la revolución. Los intelectuales critican el nuevo estado revolucionario, la intelligentsia lo construye. Los intelectuales son afines al mundo editorial y periodístico, a ejercer sin títulos, al trabajo free-lance. La intelligentsia es más afín al mundo académico y burocrático, a las graduaciones, a los nombramientos, a cobrar en función del calendario transcurrido. Los intelectuales sueñan con la santidad socrática, mientras acumulan capital en la farándula de la opinión pública. La intelligentsia sueña


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con la santidad platónica, mientras acumula capital en la grilla de los ascensos. Los intelectuales pasan de los libros al renombre, la intelligentsia pasa de los libros al poder. Tanto el concepto de intelectual como el de intelligentsia aparecen a fines del siglo XIX, en sociedades católicas de modernización tardía: Francia y Polonia. En dos mundos, sin embargo, distintos: uno latino, otro eslavo; uno en la capital del siglo XIX, otro en la periferia; uno después de la revolución, otro antes. París acuña el nuevo significado de la palabra intellectuel. Polonia acuña el nuevo significado de la palabra inteligencia. Del polaco, la designación pasó al ruso como intelligentsiya, que el inglés y el francés adoptaron como intelligentsia a principios del siglo XX. La adopción era útil porque intelligence en inglés, además de inteligencia, había adquirido el significado de espionaje o recabación de informes; y porque intelligence en francés, además de inteligencia, había adquirido el significado de entendimiento o complicidad. Además, dejar en ruso la palabra intelligentsia recordaba su origen subdesarrollado y revolucionario: la casta educada y descontenta que aspiraba al poder, para encabezar la modernización de un país atrasado. Ni Francia ni Inglaterra, a principios del siglo XX, estaban ya en ese caso.

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LOS UNIVERSITARIOS México sí lo estaba, aunque no adoptó la palabra. Por esos mismos años (1908), Justo Sierra habló de un "cerebro nacional" con derecho al poder. Pudo haber dicho: "inteligencia nacional", intelectualidad o intelligentsia, pero no lo dijo. Finalmente, la intelligentsia mexicana se bautizó a sí misma con otro nombre: "los universitarios", en una acepción que (como intelligentsia) no es muy traducible. ¿Cómo decir "los universitarios mexicanos" en inglés o en francés? En Francia, por ejemplo, universitaire se aplica a los que están en la universidad, no a los que han pasado por ahí. La comunidad de referencia se entiende en sentido estricto. En México, la Universidad es como la Revolución: un proceso interminable de superación, una familia dominante, abierta a todos los que aspiren a lo alto; una bandera legitimadora del ascenso al poder. El colectivo intelectualidad, que, según los diccionarios, se refiere al conjunto de los intelectuales o personas cultas de un país o región, se usa poco en México. Circula más desde 1948, pero como un madrileñismo, recogido por Lara en un giro inmortal: En Chicote, un agasajo postinero con la crema de la intelectualidad...

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Carlos Fuentes, en su casa, durante la entrevista con La Jornada. Foto: Carlos Cisneros

en la gran novela latinoamericana hace un recorrido por la evolución de ese género

Fuentes ve a la literatura como faro para ‘un México desviado’ Nota de la redacción: Texto tomado del periódico La Jornada, exclusivamente en lo relativo a la evolución de la novela latinoamericana. Jueves 19 de enero de 2012.

Mónica Mateos Vega

l

as grandes figuras de la novela latinoamericana y sus temas constantes (los conflictos sociales, el dictador y la barbarie, el mundo mágico de mito y lenguaje, la épica del desencanto) son los protagonistas del libro más reciente de Carlos Fuentes (Panamá, 1928), quien en entrevista con La Jornada habla de la literatura como punto de referencia de un país que, en su opinión, se encuentra a la deriva. México vive un mal momento porque los problemas del país están aquí, y los políticos allá, a una distancia brutal con respecto a las respuestas, afirma. A propósito de la publicación de su libro La gran novela latinoamericana (Alfaguara), propone a la literatura como faro de una nación cuyo rumbo ahora está bastante desviado del camino.

Imitación de la cultura Detalla que los buenos presidentes de México han tenido buena gente alrededor: los gabinetes de Lázaro Cárdenas, de Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés o Adolfo Ruiz Cortines eran muy buenos, porque había personas que sabían lo que no sabía el presidente. Si el presidente tiene que saber más que sus colaboradores, entonces estamos mal. No obstante, continúa, tampoco se trata de mantener juntos a los intelectuales con la clase política: hay acercamientos y alejamientos entre ellos, pero no es posible ni deseable que coincidan, porque el escritor siempre debe decir algo más, ir más lejos que el político, que está capturado en su momento, pues si no, no podría ser político; en tanto, el escritor puede ir más allá porque


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puede imaginar, y políticos con imaginación hay muy pocos. En la literatura, detalla el autor de La silla del águila, “hay un sentido de continuidad de la historia de México y de América Latina que no se da en la política ni en la economía, así como una riqueza bárbara. Eso le permite ser una referencia para el mundo político y social, para reconocerse y no desviarse demasiado del camino. “Pero la palabra literaria y la palabra política están muy divorciadas, pues políticamente hemos vivido mucho de la imitación, no de la continuidad de la cultura. Ganamos independencia, pero negamos a España; queremos ser gringos, o franceses; con Porfirio Díaz se trataba de convertir a México en un país francés. “Con la Revolución volvimos a ser nosotros, pero nuevamente estamos distanciados de nuestro ser y tenemos que recuperarlo: ahí esta la cultura mexicana, para indicar quiénes somos: buenos, malos, pero así somos, de allá venimos, de una imaginación y una realidad conjuntas. Lo bueno de nuestra cultura es que tanto la imaginación como la realidad siempre han estado hermanadas, no se pueden separar. Mientras que en la política constantemente hay un divorcio entre ambas. La gran novela latinoamericana, ensayo que propone un recorrido por la evolución de ese género literario en el continente, es, puntualiza Carlos Fuentes, un libro personal, porque no hablo de todo el mundo, dejo cosas que no me interesan fuera y no menciono a mis enemigos. Con el mismo buen humor con el que charla acerca de su obra, en las páginas del citado volumen se lee: “Se me acusará, con justicia, de darle un lugar preferente a mi propio país, México, y a sus escritores. Así es (...) La razón es que éstos, los incluidos, concuerdan más con la línea general especulativa de este libro. Y que si abundan los mexicanos es porque los conozco mejor, los he leído más y ¡qué chingados!, como México no hay dos. Medio siglo de dos clásicos Este 2012, Carlos Fuentes y sus lectores celebran los 50 años de dos novelas ya clásicas del autor: Aura y La muerte de Artemio Cruz. –¿Habrá algún festejo especial? –No, esos libros existen por sí mismos, no les puedo pedir nada, no los toco. Me importan los libros que estoy escribiendo y, claro, recordar esos dos libros que para mí son muy importantes y que tienen muchos lectores. En una reciente firma de libros, los lectores que llegaban tenían, en su mayoría, entre 16 y 30 años, y los libros que firmé más eran esos dos, precisamente. ¡Me da mucho gusto!, quiere decir que Aura y La muerte de Artemio Cruz tienen una actualidad ajena a mí, ya les pertenecen a los lectores. “Con La muerte de Artemio Cruz tenía una idea clara de recuperar el pasado inmediato de México. Si La región más transparente quería ser la novela de una ciudad, La muerte... quería ser la novela de una época, de una historia, de un país que era representado en su agonía por Artemio Cruz. La novedad técnica fue que introduje tres per-

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sonas y tres tiempos diferentes para dar la complejidad de la vida y muerte de Artemio Cruz; ése era el propósito. “En cambio Aura me vino a la cabeza estando con una muchacha en París. Salió, regresó y en ese momento pasó bajo una luz que la transformó en una anciana. Luego entró y volvió a ser la de 19 años, y dije, ‘¡ay!, qué pasaría si uno tuviera el poder, siendo anciano, de volverse joven. ¡Ahí está la novela!’ Me senté a escribirla en un café. La escribí en cinco días, me salió muy rápido.” El manuscrito de Aura, al igual que la mayoría de los originales de sus novelas, novelas breves, cuentos cortos, obras teatrales, guiones cinematográficos, escritos, discursos, entrevistas, traducciones, correspondencia, dibujos, documentos, fotografías, casetes de audio, video y cuadernos, se encuentran desde 1995 en la biblioteca de la Universidad de Princeton. Todo el material puede ser consultado por investigadores acreditados, con excepción de la correspondencia entre Carlos Fuentes y Guillermo Cabrera Infante, Hélène Cixous, Julio Cortázar, José Donoso, Roberto Fernández Retamar, Gabriel García Márquez, Norman Mailer, Octavio Paz, María Ramírez, Philip Roth y Jean Seberg, la cual podrá abrirse al público a partir del 1º de enero de 2021, o dos años después de la muerte del autor, lo que ocurra primero, por instrucciones de él mismo.

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México debe pensar en grande para ser un país desarrollado: Héctor aguilar camín Entrevista de Miguel Reyes Razo “¡Es hora -casi arenga Héctor Aguilar Camín- de que México sea el país ballena que puede ser, y no el minúsculo ajolote que se cree! ¡Ya es tiempo de tener un país próspero! “Gran cosa sería -avizora el periodista-cronista-historiador- que la demanda de prosperidad se instalara entre nosotros como la de democracia en los ‘80 y ‘90 del siglo anterior. “Si así ocurriera, los gobiernos se verían obligados a responder a esa demanda. “México debe verse a sí mismo como nación desarrollada. País próspero. Y equitativo. Y democrático”. -¿Cómo, doctor? ¿Cuándo? Conversa Héctor Aguilar Camín en la confortable atmósfera de su casa. Ocupa un moderno sillón. Habla de perfil. Con la vista vuelta hacia macetones, fuente y bambúes del inmediato jardín. “Con buenas decisiones, una generación de mexicanos haría la transformación. Decisiones correctas. Dejar atrás discusiones empecinadas. Para hacer bien las cosas. “Y abrir la economía a la competencia. Ampliar, profundizar nuestras relaciones con Estados Unidos. “Crear Sistema de Seguridad Social Universal. Cobrar impuestos serios, justos. Invertir bien en educación. Lo mismo que en seguridad. Se trata de resolver nuestros problemas. Aplicar justicia. Mejorar la rendición de cuentas. Combatir la corrupción...”

®Borzelli Photography


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“Cambiar el ‘chip’ mental nacional. Modificar óptica. En lugar de combatir pobreza, aspirar a crear riqueza. Propiciar el bienestar familiar. “Aquí necesitamos ‘Creadores de Riqueza’ -observa el director-fundador de ‘Nexos’-. Hoy vive la segunda generación de ‘Combatidores de Pobreza’. La primera desarrolló el ‘Coplamar’ del presidente López Portillo. Felipe Calderón encabeza la que instrumenta ‘Oportunidades’. “Contamos con pocos ‘Creadores de Riqueza’. Necesitamos 50 como Carlos Slim. Quizá mejor 100 como Carlos Slim. ¿Te imaginas a México con 200 hacedores de riqueza como Carlos Slim? ¡Sería un país fantástico!”. Casi una veintena de libros después y 33 años de vivir “Nexos”, abuelo de los gemelos de su hija Rosario, atento al desarrollo de Mateo y Cata, y a la conversación y compañía y proyectos de Ángeles Mastretta, Héctor Aguilar Camín dedica las horas de la mañana a dirigir ‘Nexos’. La tarde, a leer, escribir, pensar...

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“Y cuando finalmente se alcanza el poder, bien puede surgir la codicia. Deseos de acumular más riqueza. ¡Ah, la codicia! Otra pasión. Nunca se tiene lo suficiente. Nunca se llenan las arcas. Es preciso llenarlas más”. En tiempos de reportero Héctor Aguilar Camín “correteaba” la nota. Cubrió de “punta a punta” la gira del candidato Miguel de la Madrid. “Tecleaba” la crónica. Carlos Monsiváis eligió algunas para su libro “A Ustedes les Consta”. Ver y contar el país. En eso sigue. *Escritores e intelectuales que lo pretendieron, ni guías ni faros nacionales. -¿Qué tan real y eficaz fue el ascendiente de escritores e intelectuales en la vida de México, doctor? ¿Cumplieron papel de guía? ¿De faro? “De la vieja idea de que un intelectual traza el rumbo -identificó. Del intelectual que igual que un faro ilumina moralmente al país”. -¡Pues yo creo que en México nunca hubo eso! “Existieron -existen sí grandes escritores. José Vasconcelos, Octavio Paz, José Revueltas, Carlos Monsiváis y Carlos Fuentes. Eran -son- figuras de gran rango intelectual. “¡Pero nunca fueron faros de nada! Ni el país les hizo caso. Ni influyeron decisiones estratégicas de México. Y de los que decían ‘por dónde ir’, si lo decían en verdad, el país nunca fue por donde ellos decían. “Ellos se encuentran parados en la calidad de su obra. Mas no en la de su guía. “Pero el papel que jugaron esos intelectuales de manera visible y pública, hoy ha sido tomado de manera contundente por los medios de información. “Los intelectuales de los que hablamos pertenecían a un país poco democrático. Cosío Villegas -eminente, irritante- escribe un libro acerca de la manera de gobernar del presidente Luis Echeverría, fue un hito. “Uno debe admirar la valentía y la oportunidad de Cosío Villegas y también, que más de la mitad del interés por esa obra se debió a la notoria opacidad del medio público en que se da. “Hoy existe poco espacio como para que alguien venga, haga y diga algo de impacto tan novedoso como para transformar nuestra vida”.

-¿Qué escribe hoy? “Una suerte de ‘Memoria de mis Padres’. Una novela que se cumple en un día; 24 horas en la vida de un escritor que viaja, que va, que ve, que halla recuerdos de vida. Obra que se encuentra en ‘fase melancólica’. ¡Entonces...! Pues ahí surge el gran secreto. Voy como a la mitad”. *Los políticos persiguen el poder con gran pasión tan sólo para perderlo. -¿Qué le ha dejado su trato con políticos profesionales? Rio Héctor Aguilar Camín. Como si de una diablura, una travesura se tratara. Rio y dijo: “Los políticos son mucho mejores en ‘corto’ que en largo. Y mucho mejores en privado que en público...” Calló. Había comido a toda prisa. Y participado en un programa de televisión con personajes de América Latina y Estados Unidos. A esa hora de la tarde -ya casi las 7- le urgía escribir su diaria columna periodística. Condescendió: “Esa -la de político- es una profesión desdichada. La gran pasión del político es el poder. Poder que por definición constitucional no se tiene por mucho tiempo. Todo poder tiene plazo. Pero es pasión incesante. “La vida -o al menos su mayor parte- la dedica el político a aspirar al poder. No lo tiene. Y lo acosa. ¡Qué fatigante!

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®Borzelli Photography


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“Hoy hay un medio de libertades ciertas...Y hay también una prensa independiente...La prensa es hoy un foro público... Ésta es la Era de los Intelectuales Públicos”. Ya estaba Héctor Aguilar Camín en un tema que le suscita -desde hace más de 25 años- severa reflexión. Los medios de información. Ya en su novela “Morir en el Golfo” el tema está presente. Así continuó diciendo Héctor Aguilar Camín: “Su reflexión -la de los intelectuales públicos- de alta calidad convive a diario con la rápida socialización de ideas, de opinión que se da en los medios. “Lo que esta noche se dice mañana conocerá una repetición general. Se socializa la información. Sin que importe mucho su emisor original. “Hoy estamos en situación de países donde la prensa hace el papel de “intelectual colectivo”. * La prensa pierde al probar que es independiente; no ayuda. “Y aquí me hallo frente a la imagen de la serpiente que muerde su cola”, dijo el entrevistado, quien resignado prosiguió: “Nuestro intelectual colectivo” no es muy colectivo. Como decía Cosío Villegas: De intelectual a intelectual crítico. “Los medios de información hoy desaprovechan la libertad. Pareciera que lo único -o lo que más- les importa es seguir demostrando su independencia. Y la forma de dar prueba de su independencia es poner la lupa en un país que no es. El país que no sirve. “En el fondo su descalificación es un reproche al gobierno que no lo arregla. “Por eso se escucha -hasta en el más modesto conductor de radiodel más novato, la rapidez con que sube al carrusel de la estridencia. ¡A la descalificación!: “Este es el gobierno que tenemos... Ya está bien! ¡Queremos otra cosa! ¡No nos merecemos esto que tenemos! “Y entonces la crítica -analiza muy entusiasmado- es grito. Y la reflexión acaba en cantinela. Acabamos contagiados de nuestra tarea sin intentar pensar colectivamente qué hacer como actores políticos al país que no sirve. Ayudar a resolver sus problemas. “Y ejercemos la libertad en la cadena de quejas e indignaciones”. Héctor Aguilar Camín debe ponerse ante su computadora. Antes pasará frente a su “sequoia” que ocupa lugar de privilegio en el

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jardín. Entrará en su estudio. Estará frente a libros, apuntes y un aparato de televisión frente al que hace algún tiempo recomendaba a la Selección nacional de futbol: “Concentrancia...Concentrancia...Y explicaba a hermano, cuñada, sobrinos y amigos novedosa estrategia para vencer a los once de Brasil. -¿Cómo está usted, doctor? -comenzó el reportero la entrevista. “Bien, muy bien. Ando muy optimista. Me gustaría vivir en un país más optimista. No por la ingenuidad del optimismo, sino por lo que activa el optimismo: La salud de la voluntad. “Siento, me quejo; queja que traigo con los medios de información, deprimido, acosado, desmoralizado. En grado muy superior al que debería. “México mide de más sus males. México es hoy un país hipersensible a sus defectos. Y los medios de información tienen mucho que ver con esto. “Los medios de información están hoy muy atentos al México que no sirve. “Excepción maravillosa la que presenciamos hace pocas semanas en el noticiario de Joaquín López Doriga. Un dilatado -como debe ser- reportaje en las diferentes partes que recorre un ferrocarril ya bautizado ‘La Bestia’. “Mujeres de Veracruz -habitantes del municipio ‘Las Patronas’mujeres muy pobres se las ingenian para dar, regalar, socorrer un poco de comida, algo de agua, a los aventureros que se juegan la vida trepados en el tren, ansiosos de llegar al norte de México. “Ahí se ve la filantropía de pobre a pobre. ‘Las Patronas’ son las que menos tienen. ¡Y dan! Al ver ese gesto de ‘Las Patronas’ me digo: ‘Entonces México no está tan mal’. “Pero por cada mirada inteligente, generosa, solidaria como el que nos arrancan ‘Las Patronas’, está el festín -¿celebración?- de muertos, decapitados, descuartizados y desastres naturales, de indigencia de políticos, de rumor...¡De jodidez! “Todo esto forma parte, es componente del ‘¡Facilismo profesional!’. La pura nota roja. El escándalo. El linchamiento. Todo eso vende. Y vende mucho”. “Son parte irresistible de nuestra mala índole. Esa que se alegra, se refocila en el mal y en el rumor sobre los defectos ajenos. “Así que con la liberadora tarea de ver males de México sin maquillaje, los medios de información incurren en la desdichada manía de la exageración”.


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Doctor Pedro Ángel Palou Pedro Ángel Palou (Puebla, Mexico, 1966) es un prolífico novelista y ensayista. Se ha desempeñado en la función pública como secretario de Cultura del Estado de Puebla, y en la educación superior a lo largo de 15 años como profesor de Literatura y rector de la Universidad de las Américas, en Puebla. Ha sido, asimismo profesor visitante en París (Sorbona René Descartes), con Michel Maffesoli. Es autor de 33 libros, incluidas su aclamada novela Como quien se desangra (Premio Xavier Villaurrutia 2003) y una trilogía histórica sobre Zapata, Morelos y Cuauhtémoc, tres importantes héroes de la Historia de México. Es presentador de la televisión pública (History Channel y Canal 22), chef, árbitro de fútbol y periodista. El profesor Palou tiene un Doctorado en Ciencias Sociales, y fue reconocido con el Premio Nacional Francisco Xavier Clavigero, en Historia, por su libro sobre sociología de la cultura en México entre 1900 y 1940, La casa del silencio, aproximación en tres tiempos a Contemporáneos. En 2009, fue finalista de Planeta Casa América, con su novela El dinero del diablo, publicada en 22 países del mundo hispanoparlante. El doctor Palou es actualmente profesor investigador del Dartmouth College, en los Estados Unidos. pedro.palou@dartmouth.edu

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el libro electrónico: una realidad diferente

Pedro Ángel Palou asta hoy, el ritmo de la evolución de las tecnologías no sobrepasaba la capacidad de asimilación de cada generación. En la era denominada digital, las cosas son diferentes, los relojes técnicos y humanos ya no están sincronizados. Según la ley empírica de Moore, la potencia de los microprocesadores computacionales se duplica cada 18 meses, mientras que su costo desciende a la mitad. Para ilustrar esta evolución podríamos decir que si la industria automotriz llevara un ritmo similar de avance, los automóviles que conducimos hoy costarían menos de 50 pesos, y con un litro de combustible recorrerían más de 350,000 kilómetros. Plantearse la cuestión de una competencia posible entre el libro impreso y el libro digital, en el sentido de una sustitución del primero por el segundo, nos llevaría a la posición equivocada de un desmedido entusiasmo por la edición digital o de una desesperación total por el fin del libro impreso. Como se ha constatado en los últimos cuatro siglos, ningún nuevo medio de comunicación ha remplazado totalmente a un medio ya existente. Conviene recordar que en los Estados Unidos, el país más avanzado en el mundo digital, la venta de revistas registra un fuerte crecimiento y las visitas a las bibliotecas se dan en gran número aún. El planteamiento central de mi reflexión es pensar el libro digital (entendido éste como la traducción a un código binario de todo tipo de mensaje en un soporte electrónico), como consecuencia de una verdadera revolución cultural iniciada con la era digital. Mi postura urge a mesurar rápidamente las consecuencias, los riesgos y las posibilidades de esta revolución, abandonando la cómoda posición de espectador, convencido de que son las prácticas las que condicionan a las técnicas y no a la inversa.

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EL UNIVERSO DIGITAL Y SUS DILEMAS El sueño que presenta la situación en que la información sea accesible a todos, sin importar en qué lugar se encuentran, ha llegado a ser una realidad, si bien solamente en los países ricos y para ciertos públicos. El número de internautas es aún pequeño, pero crece rápidamente. Actualmente, no existe ninguna institución rectora de las políticas mundiales que no dependa de la world wide web; de allí que el miedo a que se sufra un colapso, como se temía el primer día del año 2000, es una posibilidad real y que regresa en determinados periodos cíclicos. Gracias a la tecnología digital, podemos compartir una lengua universal, capaz de transmitir en un sólo soporte datos que hasta ahora eran incompatibles entre ellos. Esta cualidad de transmisión infinita y simultánea de información es o debería ser muy apreciada por los escritores, ya que la ambición principal de un autor es la de ser leído. El acto de escribir es, fundamentalmente, un deseo de comunicación hacia un público. La escritura va a la par con la publicación. Hablar, como ahora lo hago, es en alguna forma publicar directamente gracias a la voz. De hecho, en el siglo XVII, la publicación oral ante un personaje importante daba mayor relevancia al escritor que la publicación impresa de su obra. Escribir y publicar sobre papel es conservar la posibilidad de la comunicación traspasando los obstáculos del espacio y el tiempo. La tecnología digital permite ir más lejos: da al autor las mismas posibilidades de inmediatez de las que dispone un orador, además de que la audiencia puede ser inmediatamente ampliada hasta dimensiones planetarias. ¿Cómo este universo digital que se desarrolla ante nuestros ojos va a contribuir en la creación de un universo diferente de comunicación? ¿En qué medida estas maravillosas técnicas sabrán suscitar y desarrollar en el hombre el deseo de comunicar? En otras palabras, ¿cómo acompañar y pensar el desarrollo del libro electrónico para que éste continúe apoyando el gusto por la lectura, incluso si ésta ha tomado históricamente caminos imprevisibles?

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DEL LIBRO MONUMENTO AL LIBRO MOVIMIENTO Hablar del libro no es solamente evocar la relación que une un autor a un lector; es hablar de elecciones de los autores, trabajo del texto y de la relación de un público dado. Esto distingue al libro de la documentación y de la base de datos. En esta acepción del libro, se comprende que para que un autor llegue al público, necesita del concurso de profesionales de distintas materias; del editor, en primer lugar, pero también del impresor y del distribuidor, del librero y del bibliotecario. La naturaleza del objeto-libro, bajo su forma impresa, depende de una tecnología de impresión del papel, aunque esta tecnología no define al libro en sí mismo. Subrayar esto no es decir que sólo el contenido es lo que cuenta y que la única misión del continente es mostrar lo que contiene. En realidad, se debe aceptar que un nuevo continente puede lograr un nuevo contenido y también puede cambiar la práctica de la consulta. Lo realmente importante en la aparición del libro electrónico es que se pone en juego la posibilidad de una nueva práctica de lectura. Una tecnología de información sin contenido no tendría sentido; pero un contenido que no utilizara y agotara las formas de nuevos continentes, tampoco tendría una amplia aceptación entre el público de su tiempo. Para decirlo con el gran bibliófilo Mckenzie: las formas producen sentido y crean sus lectores. De la misma forma en que el libro de papel pertenece simbólicamente a su autor, y el editor descubre y asegura la visibilidad y la difusión de la obra, que es aceptada por un público destinado a ella, no es imposible imaginar que el libro digital se torne paulatinamente una pertenencia de la comunidad internauta. El lector podría ser invitado a un viaje descubridor aleatorio o programado. El editor deberá en este caso comprender el sistema simbólico y su especificidad frente a las otras formas de edición, para mejorar el servicio proporcionado, buscar nuevos autores, seleccionar los campos literarios para difundir, y, por último, encargarse de allanar el camino a los autores deseosos de plasmar su creación en este medio. Los textos en la pantalla de la computadora no son solamente textos en una pantalla, sino un nuevo tipo de textos. Las palabras son las mismas que las impresas en un libro, pero pueden ser comunicadas mucho más fácil y rápidamente. Sin olvidar algo más importante, o mejor dicho, esencial: en la edición digital, las palabras pueden ser modificadas por el lector; la textualidad no está ya circunscrita al libro.


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Frente a este cambio medular, la selección de lo que se introduce en el flujo de informaciones que circulan en la red es fundamental, ya que no podemos ignorar que la edición en línea adolece de un problema de credibilidad. La masa de informaciones disponibles puede ahogar la emisión de textos, si no existe una verdadera selección. Sabemos de la importancia de la cuarta de forros en la edición de papel; en la edición en línea existe el equivalente, o mejor dicho muchos equivalentes, ya que podemos tener acceso inmediato a todas las sanciones producidas sobre una obra. La edición en línea traduce el carácter continuo y quasi infinito de la emisión de mensajes digitales, a la inversa de la edición de papel, que representa un número finito de objetos. Podemos decir que los llamados motores de búsqueda pueden ayudarnos a "hojear" el contenido de la información; no obstante, nada dicen acerca de las cualidades reales de lo que circula en la red.

LECTORES, AUTORES Y ELECTORES. LA DESAPARICIÓN DEL EDITOR El punto de vista que hemos esgrimido no es necesariamente compartido por todos; de facto, nuestros argumentos pueden ser tachados de conservadores. La mayor parte de los cibernautas y no cibernautas celebran que ya existe en la red una nueva comunidad lectora mundial, libre de las imposiciones editoriales. Según esta tesis, el editor chocaría con la capacidad del ciudadano para decidir por él mismo sus propios caminos e ir al encuentro del funcionamiento libre del cibermercado editorial. En la red, no hay editor, no hay director de colección, bibliotecarios ni libreros, porque lo que tienen en común estos empleos o estos empleados es escoger, y, en una sociedad libre y democrática, el que decide es el elector; perdón, quise decir el lector. Aparentemente, la red sería un gran libro sin autor. Gracias a la tecnología digital, el lector puede en efecto ser al mismo tiempo autor, y con la información que se presenta en la pantalla de una computadora o en el e-book, en los cuales el autor es accesible, por medio de vínculos a todas las posibles biografías autorizadas y no autorizadas, críticas buenas y malas, vida personal etcétera, el lector dispone de un material infinito para tornarse a su vez en un autor similar de quien pudo adquirir el libro. La tentación de la autoría y el reconocimiento registra un crecimiento inaudito en las páginas personales que circulan en la red.

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Desprovista de una función editorial, la red cambia progresivamente la naturaleza de los libros y las publicaciones; no solamente en su apariencia física, no solamente en su accesibilidad; sobre todo en su significación profunda, ya que pone a los lectores en medio de un mar de informaciones, pero no provee los criterios para discernir lo que ella misma crea, y que en muchos sentidos es completamente nuevo. Mi posición, aunque pueda juzgarse conservadora, es reivindicar el trabajo del editor. En ningún sentido deseo otorgar fundamentos a la censura o al poder constrictivo de las instituciones públicas o privadas o a las frases de autopromoción de algunos editores, que afirman que toda edición en papel per se es sinónimo de calidad. El editor, para serlo, debe construir un pacto de confianza y credibilidad con el lector; debe desempeñar su papel crucial de emisor en la recepción de los escritos. Debemos reconocer su trabajo como responsable de la circulación de las obras fundamentales que forman nuestra cultura. Los autores, los editores, los bibliotecarios tienen en algo común y es que viven de la confianza del público; por ello tienen derecho a existir en la edición digital. Sostengo que su función es más que nunca importante, cuando ya se pregona que la edición en línea puede liberar al autor de las exigencias del editor, el distribuidor y el librero, y el lector puede escoger y crear su propia obra por la vía de hipertextos, añadiendo y cambiando en el instante el libro que recibió. HIPERTEXTO E HIPOLECTURA. LA ACUMULACIÓN NO ES PENSAMIENTO La posibilidad de establecer vínculos entre diferentes textos crea una especie de historia sin fin. La técnica del hipertexto no solamente permite el acceso a otros textos, sino que hace entrar realmente al lector en muchas fuentes y construye para él un universo nuevo. Ante estas enormes posibilidades de obtención de información, se debe señalar la necesidad urgente de una cultura que pueda aprovechar todas las posibilidades de la tecnología digital. Debemos saber qué buscamos y para qué lo buscamos; debemos saber no solamente leer, sino leer muy bien, para sacar partido de una pantalla y de un e-book. La aparición de esta tecnología exige una postura intelectual definida, fundada en el entusiasmo por las nuevas capacidades tecnológicas, pero también en un espíritu de organización y de un pensamiento estructurado. Parece que nunca dejará de desarrollarse la técnica, pero definitivamente la cultura que puede manejar esta tecnología de información no camina al mismo ritmo. Esta disparidad ha logrado que se perciba a la creación multimedia como la cultura del fast thinking de un poco de todo y rápido. No, no podemos aceptar que el imperio del abstract multimedia dicte nuestros criterios de información. La llamada cultura digital conduce probablemente a un cambio radical de nuestro modo de pensar. Análogamente, podemos evocar lo que la información televisada ha podido provocar, en particular con la acumulación de imágenes no necesariamente articuladas: si no aprendemos a leer las imágenes en la tele, la impresión puede


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suplantar a la reflexión. Estemos seguros de que la cyberculture provocará sus propios trastornos. Leer un texto mudo es leer un texto construido de modo lineal, con numerosos párrafos; a su vez, éstos son construidos con las mismas secuencias básicas que llamamos frases. Este proceso es diferente a leer un texto sonoro y animado. Navegar de manera intuitiva en la pantalla no puede producir el mismo tipo de inteligencia. Son dos maneras de relacionarse con el mundo, consigo mismo y con los otros. Ya desde el momento en que el copista deja su lugar al impresor, el modo de transmisión de la información había cambiado pero no su contenido [1]. La Biblia del copista y la de Gutenberg eran la misma Biblia en soportes diferentes, pero al menos finitos. Cierto es que los textos se percibieron siempre como algo móvil, a los cuales se les podía añadir siempre otros textos. La noción de texto fijo apareció primero con la imprenta, y después, en el siglo XVIII, con el triunfo de la propiedad literaria. En este sentido, es más pertinente descartar la idea del fin de la era de papel, y pensar en una gran recepción de bienvenida a un universo digital textual permanentemente en fluctuación. En el mundo del hipertexto no puede haber textos estables; aquí lo escrito es movimiento material perpetuo. Por definición, nunca podrá ser el emisor de un pensamiento fijo y estructurado. En el texto digital, se puede leer sin vincular y vincular sin leer, acumular conocimientos sin pensar. Al contrario de un libro de papel, que en alguna forma fija el pensamiento en un estado estable y definitivo en el momento de la publicación, el libro digital permite evoluciones continuas y permanentes. Desde este punto de vista, el libro digital no es realmente un libro, en el sentido de que permite un uso que no está limitado a la naturaleza misma del objeto. Podemos pasar del libro objeto al libro abierto, del libro monumento al libro flujo. La tendencia al manipular los libros digitales no es quitarles partes, sino añadirles; de hecho, la velocidad para adquirir información por medio de los vínculos adecuados produce una espléndida fascinación. Pero creer

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que el hecho de poseer un conjunto mayor de información en la pantalla o en cualquier soporte similar resume todo el conocimiento posible para el hombre sería completamente erróneo. Al creer eso, estaríamos privilegiando la lógica de acumulación sobre el discernimiento. Y la acumulación, a pesar de lo que digan los triunfantes economistas neoliberales no es el pensamiento. Es importante reafirmarlo dentro de esta infinidad textual que cotidianamente nos golpea, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que a medida que la sociedad cada vez más se conoce en detalle, proporcionalmente deja de reconocerse en su conjunto. Sin la preparación adecuada, Internet no puede ser más que una ilusión; la red no permite acceder al saber, no otorga conocimiento; permite conocer una inmensa biblioteca; provee una cantidad de información fenomenal. Pero, ¿qué maravillosa pócima logrará que esos datos se conviertan en conocimiento? Es una observación banal para los profesores presentes, que son diarios testigos de los trabajos de los alumnos, cada vez mejor presentados, con más referencias y mayor información, pero generalmente con una estructura débil que no puede contener esa información, y con escasa capacidad de una reflexión personal a partir de la información mostrada. La maravillosa posibilidad de la hiperlectura no debe convertirse en una hipolectura. Claro que existe un lugar para ejercitarnos en la hiperlectura, sobre todo como investigadores, pero si dejamos que el reino multimedia por sí solo gobierne la forma en que los jóvenes y el lector en general se apropie de las creaciones, corremos el riesgo de corromper toda sustancia, buscando con placer enfermizo y vano comunicar todo, sin dialogar nada. No olvidemos nunca los temores que sobre la escritura tenía el rey egipcio en Fedra, de Platón. La era digital da una fuerza renovada a este pasaje. El futuro no se impone, se construye. Debemos luchar contra toda forma de exclusión y engaño. El libro digital no será un progreso, si no podemos analizar todos los cambios culturales que puede producir en los lectores. Es nuestra responsabilidad preparar a los más jóvenes para que no sean absorbidos por la cultura, posiblemente maravillosa, pero igualmente peligrosa, del multimedia. Este llamado es más urgente en un país como el nuestro, que muestra alarmantes inequidades en la capacidad de aprehender conocimiento. El laisser faire nunca deberá ser el lema de Internet.

[1] En realidad sí había cambiado. Y no, la biblia no es la misma biblia siempre, las formas diferentes que contienen una obra necesariamente producen un lector diferente, sin embargo estas digresiones no tienen pertinencia en esta lectura.


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los intelectuales en México: los “grupos” generacionales Doctor Enrique Suárez-Iñiguez Profesor Titular C de tiempo completo Facultad de Ciencias Políticas y Sociales / UNAM Investigador Nacional III Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias esiiguez2002@ yahoo.com.mx

Enrique Suárez-Iñiguez

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n México, durante ciertas etapas, ha habido grupos de intelectuales que, de manera más o menos organizada, han participado en la vida social y cultural del país, y ocasionalmente en política. Sus ideas y su obra –que es lo principal y lo que los define- han contribuido al desarrollo de México. Los llamo “grupos generacionales” porque, habiendo recibido influencias culturales y sociales similares, se organizan y expresan en tiempos determinados. Aquí trataré del Ateneo de la Juventud, los Siete Sabios, Contemporáneos, Hiperión y El Espectador.

EL ATENEO DE LA JUVENTUD En 1907, el arquitecto Jesús T. Acevedo creó una Sociedad de Conferencias cuyo propósito era propagar, públicamente, el amor a las ideas nobles y bellas. Los intelectuales destacados de la época, sin ningún apoyo oficial, se reunían cada miércoles por la noche en el elegante casino de Santa María. Esas conferencias se amenizaban con conciertos de música clásica y con recitales de poesía, de suerte tal que fueron, en realidad, conferencias-conciertos. Su principal interés era la literatura y la filosofía. Fue


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Miembros del Ateneo de la Juventud en 1912. Foto tomada de: http://impreso.milenio.com/node/8526674

Foto tomada de: http://www.terra. com.mx/articulo. aspx?articuloid =876840

el antecedente inmediato del Ateneo de la Juventud. Éste se fundó en la Ciudad de México el 28 de octubre de 1909 “por la necesidad de crear discusiones libres y de investigar conceptos intelectuales nuevos que pudieren reemplazar el 'cientificismo’ y el 'dogmatismo' de la corriente positivista".1 Formaron el Ateneo de la Juventud, Alfonso Reyes, Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos —quizá los cuatro más importantes—, Julio Torri, Alfonso Cravioto, Enrique González Martínez, Rafael López, Roberto Argüelles Bringas, Eduardo Colín, Joaquín Méndez Rivas, Mediz Bolio, Rafael Cabrera, Jesús T. Acevedo, Martín Luis Guzmán, Diego Rivera, Roberto Montenegro, Ramos Martínez, Manuel M. Ponce, Julián Carrillo, Carlos González Peña, Isidro Fabela, Manuel de la Parra, Mariano Silva y Aceves y Federico Mariscal. Pedro Henríquez Ureña añade al pintor Ángel Zárraga y a Alberto J. Pani. La importancia del Ateneo queda manifiesta en lo que algunos de sus miembros señalaron. Henríquez Ureña resaltó el vivo espíritu filosófico de sus miembros; Martín Luis Guzmán destacó la seriedad con que realizaban su trabajo y la convicción que tenían de que ni la filosofía, ni las letras, ni el arte eran meros pasatiempos sino una profesión a la que había que entregarse por completo; Alfonso Reyes habló de la afición por Grecia y lo helénico por parte de los miembros del grupo. Samuel Ramos escribió: La influencia del Ateneo en los acontecimientos políticos y sociales de su tiempo –y de después- es incuestionable. Patrick Romanell ha dicho que la rehabilitación del pensamiento de la raza por parte de Vasconcelos fue la “expresión ideológica de la Revolución Mexicana… un descubrimiento de México por los mexicanos”; los ha llamado "precursores intelectuales de la Revolución”. Abelardo Villegas, por su parte, ha apuntado un aspecto de enorme importancia en el Ateneo: su nacionalismo cultural. Una reacción contra el europeísmo porfirista; la necesidad de articular la cultura nacional

con la cultura general2 sin caer, por supuesto, en el nacionalismo chovinista. Después de la caída de la dictadura de Porfirio Díaz, el Ateneo se incorporó al régimen de Madero. Vasconcelos fue nombrado su presidente y se pasó a llamar Ateneo de México. Se elevó su radio de acción, se dio una orientación humanista a la educación del pueblo, se creó la Universidad Popular Mexicana y se trajeron conferencistas del extranjero. Con la revolución, algunos miembros del Ateneo se afirmaron políticamente de manera abierta. Vasconcelos o Martín Luis Guzmán fueron ejemplos vivos. Otros salieron del país, como Henríquez Ureña o Alfonso Reyes. La revolución los hacía tomar partido. No podían ya permanecer en las reuniones de "pláticas deliciosas" y discusiones platónicas, que Caso nostálgicamente recordaba en 1913. Casi todos los demás principiaron a tener cargos públicos hasta desaparecer, como grupo, en 1914. La Universidad Popular, uno de sus principales logros, permaneció hasta 1922. LOS SIETE SABIOS En 1915 ingresaron a la Escuela de Jurisprudencia jóvenes que deseaban aprender para labrarse un destino en la convulsionada Ciudad de México. A esa generación pertenecieron los Siete Sabios: Vicente Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín, Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Jesús Moreno Baca, Teófilo Olea y Leyva y Alberto Vásquez del Mercado. Algunos de los miembros del Ateneo habían sido profesores de la universidad y de la preparatoria, donde tuvieron discípulos destacados. Sobresalieron en esa labor dos ateneístas: Pedro Henríquez Ureña y Antonio Caso. El primero fue maestro de dos sabios: Antonio Castro Leal y Alberto Vásquez del Mercado, quienes, junto con Toussaint, fueron llamados por su maestro "Los Castros" (por Castro Leal). El segundo tuvo por discípulos a Lombardo Toledano (el más cercano y preferido), Gómez Morín y Teófilo Olea y Leyva (tres sabios más). De suerte tal, que se puede afirmar que los Sabios se formaron en gran parte bajo la dirección e influencia de algunos miembros del Ateneo. Quizás ello contribuyó en sus concepciones y en el deseo de organizar reuniones que siguieran el ejemplo de las del Ateneo. "Los Castros" fundaron la Sociedad Hispánica de México, para efectuar estudios literarios y crearon, asimismo, la revista Nosotros. Como Henríquez Ureña salió del país, Antonio Caso quedó solo en la tarea de formar jóvenes. Más que nunca, el excelente profesor puso ánimo y pasión en sus clases. Los Sabios, que seguían los cursos con el maestro Caso se acercaron mucho a él: no sólo en la cátedra, sino que se convirtieron en discípulos, en el verdadero sentido de la palabra. En 1916, el 5 de septiembre, a instancias de Castro Leal y Vásquez del Mercado, se reunieron por primera vez los siete y fundaron la Sociedad de Conferencias y Conciertos para "propagar la cultura" entre los estudiantes de la universidad; pero, a diferencia del Ateneo, que fundamentalmente realizaba reuniones literarias y artísticas, los Siete Sabios se consagraron a conferencias de temas sociales y políticos.3 Los Sabios, bautizados así por sus compañeros de clase, empezaron a dictar cursos en la preparatoria, a escribir y publicar y, más tarde, a dictar cátedras en la propia universidad. Su fama la lograron siendo estudiantes muy jóvenes, pero el “grupo” no era exactamente un grupo. En una entrevista que tuve con Antonio Castro Leal en 1978, en su casa de Coyoacán, éste así lo dejó ver. No había una ideología común. Lo que los unía era algo muy general: defender y difundir la cultura en una época de turbulencia, pero no había una posición similar ante aspectos particulares. Incluso, don Antonio señaló que cada uno sabía de temas distintos. Su agrupamiento era por simpatía personal y con "lazos no muy fuertes". La cercanía entre ellos era desigual. Castro Leal estaba más cerca de Vásquez del Mercado que de Moreno Baca; Teófilo Olea y Leyva, más cercano a Alfonso Caso y Lombardo Toledano, que al resto. Esa cercanía relativa perduró durante los años estudiantiles y los primeros profesionales hasta que, poco a poco, sus


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diferentes intereses hicieron que el "grupo" dejase de considerarse como tal. Debo señalar que ellos nunca se refirieron a sí mismos como los Siete Sabios. El papel de los Sabios fue colaborar con el régimen revolucionario. Alcanzaron notoriedad e influencia. A muy temprana edad lograron puestos inalcanzables para jóvenes hoy en día. Muchos años después, los dos miembros más destacados de los Siete Sabios, habiendo sido íntimos amigos, se separaron y marcharon por senderos distintos y aun opuestos. Gómez Morín fundó, en 1939, el Partido Acción Nacional, y Lombardo Toledano, en 1948, el Partido Popular. Uno de derecha, otro de izquierda; uno católico, otro marxista. Estos dos hombres escribieron una parte de la vida de México. Los Siete Sabios, a través de sus cargos públicos, contribuyeron de manera decisiva al progreso del país. CONTEMPORÁNEOS En junio de 1928, apareció el primer número de la revista Contemporáneos. El nombre se hizo extensivo, con el tiempo, al grupo que formaba la revista: Samuel Ramos, Jorge Cuesta, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, José Gorostiza, Gilberto Owen, Bernardo Ortiz de Montellano, Carlos Pellicer. Octavio Paz añade a Enrique González Rojo. Muy cercano a ellos, pero sin formar parte del grupo, se encontraba Luis Cardoza y Aragón; y próximo también, pero no contemporáneo, Rodolfo Usigli. Algunos de esos miembros cursaban el bachillerato en 1a Escuela Nacional Preparatoria en 1915, cuando los Siete Sabios ingresaban a la Escuela de Jurisprudencia. El objetivo del grupo era ser contemporáneo de todos los escritores de su época; saltar las barreras de un nacionaOctavio Paz lismo que ellos consideraban enajenante; ser universales. En esa labor su revista tuvo un lugar notable. Representó toda una corriente de opinión con respecto a la cultura. Samuel Ramos apuntó que Contemporáneos fue “una generación intelectual que comenzó a actuar públicamente entre 1925 y 1930 [al sentirse] inconforme con el romanticismo filosófico de Caso y Vasconcelos. Después de una revisión crítica de sus doctrinas, encontraba infundado el antiintelectualismo, pero tampoco quería volver al racionalismo clásico.4 Octavio Paz dijo que el grupo era tímido en materia política, y esto es cierto, ya que las cuestiones políticas no estaban en primer orden en las preocupaciones de los Contemporáneos. Se reunían más por amistad e intereses personales, que por otra cosa. Eran, todos, hombres de cultura excepcional y eso los acercaba. A decir de

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Xavier Villaurrutia, era un grupo sin grupo. Paz, en un curso que dio en el Colegio Nacional, fue aún más lejos al afirmar que durante la Guerra Civil española los Contemporáneos, si bien eran partidarios de la República, "estaban en contra del compromiso de los escritores y aborrecían el realismo socialista proclamado en esos años como doctrina estética de los comunistas".5 La actividad fundamental de Contemporáneos era la literatura; en especial, la poesía. Las distintas ocupaciones de sus miembros motivaron que la revista dejara de salir. Sin embargo, su amistad perduró siempre. EL HIPERIÓN El grupo filosófico Hiperión surgió por los años 1946-48, para elevar a un rango de universalidad la realidad mexicana. Trataban de hablar de México desde el punto de vista de la filosofía existencialista; pugnaban por un nacionalismo filosófico ligado a lo universal. Si Ortega y Gasset fue el filósofo que más influyó en Contemporáneos, José Gaos lo fue en Hiperión. Gaos sostenía que la filosofía mexicana e hispanoamericana debía realizarse como una actividad teóricopráctica, no como una mera contemplación estática de las circunstancias. Integraban el grupo Leopoldo Zea, Emilio Uranga, Luis Villoro, Jorge Portilla, Salvador Reyes Nevares, Fausto Vega y Ricardo Guerra. Zea señala a Joaquín Sánchez MacGregor, y apunta que Pablo González Casanova, sin formar parte del grupo, estaba cercano. Los miembros de El Hiperión hablaban de la “ontología del hombre mexicano". Intentaban mostrar al hombre mexicano el conjunto de sus posibilidades, que son las mismas que tienen todos los hombres. El mexicano debía elegir de acuerdo con sus circunstancias (en ese tiempo las "teorías" de la inferioridad del mexicano estaban de moda, lo que preocupaba en gran medida al Hiperión). El nacionalismo filosófico del grupo se oponía al europeísmo que había caracterizado a la cultura porfirista, pero se oponía también a rechazar lo de fuera. Su propósito era insertar la cultura mexicana en la cultura universal.6 Luis Villoro señaló sus objetivos y sus limitaciones con claridad: intentaban expresar: un racionalismo cultural que pretendía a la vez encontrar los rasgos auténticos de nuestra cultura y emprender su crítica. Todo en el campo abstracto de las ideas. El enfoque fue fenomenológico u ontológico. Faltaba conciencia de la determinación histórica de la cultura y del "modo de ser" del mexicano. En mi opinión -continúa Villoro-, sin darnos cuenta, hacíamos una transposición de categorías históricas y culturales a categorías pretendidamente "ontológicas"; con ello tra-


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ducíamos el mexicano real y consciente a una entidad abstracta.7 Abelardo Villegas afirmó que tanto El Hiperión como el Ateneo y Contemporáneos intentaban llegar al pueblo y que fracasaron. Zea, en cambio, refiriéndose al Hiperión, sostuvo que sí intentaba beneficiar al pueblo pero que se dirigían a los sectores influyentes pues eran ellos quienes estaban en mejor posición para lograr ciertos cambios.8 El grupo duró unos cuatro años y no queda claro por qué desapareció. Zea afirma que se debió a que en el interior de El Hiperión había algunos que querían participar en política y otros que querían seguir como equipo de estudio. Como tal, El Hiperión no participó en política.

Sus miembros fueron Víctor Flores Olea, Carlos Fuentes, Francisco López Cámara, Luis Villoro, Jaime García Terrés y Enrique González Pedrero. El editorial del primer número era revelador. A los temas nacionales que abordaría el grupo, tales como la urgente necesidad de organizar a la izquierda, el sindicalismo y la política gubernamental, se añadieron otros de materia internacional: el subdesarrollo en América Latina; la Guerra Fría y la defensa de Cuba (punto esencial para el grupo El Espectador). Su gran limitación se dio en el terreno práctico. "La falta de contacto real y orgánico con organizaciones obreras y partidos de izquierda. Nuestra crítica era un llamado de conciencia; no podía ser más; no encontramos ningún paso a la práctica política".9 Esa fue, quizá, la razón por la que algunos miembros de El Espectador pasaron a formar parte del Movimiento de Liberación Nacional (como individuos, no como grupo): la pretensión de influir en la práctica política. Algunos otros fueron escépticos, como el propio Villoro. El grupo existió en la medida en que existió la revista. Al desaparecer ésta, desapareció aquél. La revista dejó de aparecer por dos razones: problemas económicos: no tenían patrocinadores ni anunciantes, y por la conciencia de sólo haber llegado al ámbito intelectual y a las clases medias; esto es, por no haber alcanzado a las clases trabajadoras y, por ende, no haber podido influir en la acción. UNA BREVE CONCLUSIÓN Como hemos visto, estos grupos estuvieron formados por algunas de las principales figuras intelectuales de su tiempo y, algunas de ellas, de la historia del país. Individualmente, sus miembros siguieron distintos caminos y tuvieron inquietudes diversas; como grupos, se unieron en torno a preocupaciones concretas, pero no hay duda de la influencia que tuvieron en el desarrollo de México.

nota al pie de página

EL ESPECTADOR El grupo nació con el primer número de su órgano de difusión, que se llamaba, precisamente, El Espectador, el 1° de mayo de 1959. Sus miembros pretendían luchar por el ejercicio efectivo de la democracia en México; ver de frente la realidad del país para transformarla; entender a sus contemporáneos; preocuparse por los nuevos estilos de vida. Planteaban la necesidad de la organización de la izquierda para estudiar los grandes problemas nacionales y solucionarlos; buscaban ser un factor de poder apoyado en los obreros y los sindicatos independientes.

1 James D. Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana, México. Siglo XXI, 1976, p. 57. 2 Véase Patrick Romanell, La formación de la mentalidad mexicana1910-1950, México, El Colegio de México, 1954, p.77 y Abelardo Villegas, Cultura y política en América Latina, México, ed. Extemporáneos, 1978, pp. 95-97. 3 Cfr. Enrique Krauze, Caudillos culturales en la Revolución Mexicana, México, Siglo XXI, 1976, pp. 71 y ss. 4 Samuel Ramos, op. cit, p. 219. 5 Octavio Paz, “Con los Contemporáneos, ‘Relación Intelectual no Desprovista de Pasión y Encarnizamiento”: Paz”, Uno más Uno, 15 de noviembre de 1977, p. 17. 6 Abelardo Villegas, op. cit., pp. 95-96 7 Entrevista que concedió Luis Villoro a mi ayudante de entonces, Gloria del Carmen Young, con preguntas preparadas por mí, en julio de 1978. 8 Entrevista de Leopoldo Zea con Gloria del Carmen Young, con preguntas preparadas por mí, en junio de 1978. 9 Entrevista con Luis Villoro.


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los intelectuales y la democracia contemporánea Xavier Rodríguez Ledesma

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escasos años de haber iniciado a andar el camino en la construcción de un sistema político democrático en nuestro país, la palabra democracia -junto a otros conceptos a los que se vincula (como ciudadanía, tolerancia, pluralidad, etcétera)- parece convertirse en moneda devaluada. Un factor explicativo de este fenómeno radica en que políticos, analistas, intelectuales, opinadores y demás integrantes del denominado círculo rojo, se esfuerzan denodadamente por hacer abstracción de sus particulares convicciones teóricas, filosóficas, políticas, partidarias, etcétera, así como de las prácticas de real politik que acostumbran ejercer en su cotidianidad, a fin de auto asignarse al campo de los defensores y luchadores por ella. Todos se autoproclaman demócratas fieles y convencidos. El unánime acto público de fe en tan alto valor de la política, se realiza sin importar que entre todos esos individuos exista una amplia gama de posiciones teóricas, concepciones filosóficas y accionares empíricos concretos, no solamente diferentes sino, incluso, contrapuestos y excluyentes.

La democracia –así, en general- es lo de hoy, luego, entonces, sería un gravísimo error abrir la posibilidad de que la opinión pública construya una imagen de ellos alejada de los ánimos, filiaciones y nuevos vientos que corren por el mundo de lo ideológicamente correcto. PALABRA DE MODA, PERO HUECA Tal uso indiscriminado del concepto “democracia” obliga a tomarlo ya con reservas, pues se ha convertido en palabra hueca que la moda y la corrección política obligan a enarbolar para poder surcar los mares de la moderna sociedad globalizada, generando una consecuencia atroz: la legitimación e institucionalización de una doble moral, como forma válida, natural y legítima de existencia. Ver a individuos que se venden a sí mismos como demócratas convencidos, que elevan loas proclamando sus profundas convicciones políticas positivas, mientras en su práctica diaria se manejan de forma completamente distinta a lo que de acuerdo a aquellos actos públicos de fe se esperaría de ellos, constituye un fenómeno social al que nuestra sociedad poco a poco se habitúa.

Doctor Xavier Rodríguez Ledesma Docente – Investigador Universidad Pedagógica Nacional conequis@hotmail. com

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La evidencia de esta singular contradicción constituye parte de la explicación del oscuro matiz con el que el ciudadano de a pie, desde su sentido común, ha identificado todo lo que tenga que ver con lo político. Tal panorama sugiere muchas preguntas, entre ellas: a) ¿cuál es el rol que la crítica y sus representantes, los intelectuales, como encarnadores de la obligación de su ejercicio, han de jugar hoy?; b) ¿cómo han actuado éstos a lo largo de las últimas décadas, cuando el discurso sobre lo “democrático” y la reformulación de las funciones del Estado se ha hecho hegemónico?; c) ¿es posible continuar sosteniendo la obligación del compromiso del intelectual con la autonomía y la libertad como condición ineludible para el ejercicio de la crítica? El espíritu crítico de multitud de intelectuales parece hallarse bastante cómodo bajo las nuevas condiciones, donde la consolidación del valor de la democracia, así, en general, hueca, vacía, a modo, como etiqueta de moda se ha hecho hegemónico. Finalmente, sus apreciaciones, análisis y expectativas parecen coincidir, y lo hacen, con las del poder. Si en los setentas y noventas se les criticó por renunciar y abandonar sus convicciones, con tal de acercarse a recibir las migajas con las que el poder los cooptó, hoy en día el fenómeno es distinto, pues ellos no han debido abjurar absolutamente de nada. Ambas repúblicas, la de la intelligentsia y la de lo político, parecen finalmente coincidir en sus convicciones y definiciones; en lo “democrático” se posibilita la unión. NUEVAS INTERROGANTES El tiempo, además de carcajearse de las certidumbres, otorga el espacio para generar nuevas interrogantes. Todos envejecemos. Las nuevas épocas provocan nuevos actores, los viejos intérpretes se modernizan, los discursos parecen no ser la excepción de la norma. El desencuentro generacional, los cambios políticos, las transformaciones culturales, las modas filosóficas han puesto en picota a la propia definición e identidad de los intelectuales. Ellos parecen habitar un laberinto en donde su soledad queda más manifiesta que nunca. Su aguda crítica toma como objetivo sólo ciertos contenidos, se vuelve sesgada por definición, calla frente a temas incómodos. Hoy pareciera más alejado que nunca de la realidad el viejo axioma de que el primer y principal sujeto de crítica debiera ser el mismo sujeto que la ejerce; sus posiciones, convicciones y accionar concreto, revisar los hechos no sólo las palabras. El dedo inquisidor del intelectual contemporáneo sólo se levanta contra aquéllos que, desde sus propios parámetros, no han actualizado su discurso. Él, al sí haberlo realizado, se exime automáticamente de verse a sí mismo en el espejo. La autocomplacencia abarca tanto al sujeto como a sus nuevos compañeros de viaje. La declaración intelectual sustituye lo empírico. Los silencios se comparten. Las complicidades se diluyen bajo el aura deslumbrante de la frase: “soy totalmente demócrata”. EXTINCIÓN DE LOS INTELECTUALES Quizá sea éste un camino para pensar la idea de la extin-

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ción de los intelectuales. El rol que históricamente en México ellos mismos se atribuyeron, de ser la voz de una sociedad que históricamente había carecido de los medios políticos para hacerse oír, se ha agotado. No sólo porque a cuentagotas han aparecido tímidos espacios y dubitativas formas a través de los cuales la sociedad puede expresarse frente a lo político, sino porque la intelligentsia ve mellado o completamente desaparecido su filo crítico, cuando éste se confunde y sintetiza con las posiciones que desde el poder se pretenden hegemónicas. ¿Por qué fiarse del juicio de individuos que ahora son aliados, socios, empleados o cómplices de quienes criticaron cuando eran jóvenes? ¿Cuántos de estos autodesignados pontificadores profesionales podrían arrojar las primeras piedras de independencia, autonomía y libertad contra aquellos que han deshonrado a la crítica debido a sus vínculos con el poder? ¿Cómo es posible creer en su espíritu crítico cuando el silencio, lo no dicho, lo negado, agobia y oscurece sus larguísimas y sesgadas disquisiciones? Avancemos, pues, un paso y acordemos que la separación entre actividad intelectual, entre el ejercicio de la crítica y el poder es una construcción arbitraria que se consolida de acuerdo al gusto y la necesidad de quien la esgrime. Es en el ámbito de la intelectualidad donde se hacen los mayores y más peligrosos malabarismos ideológicos para intentar en vano delinear con precisión en dónde se encuentra el límite de participación y vinculación con la gente del poder que impide caer en ese hoyo negro de la deslegitimación intelectual. Esa línea, lo subrayo, es inexistente en términos reales; es una mera convención, un invento al arbitrio de quien necesite manejarla para su autoexculpación y/o para efectos de sentenciar al otro. Cada quien la dibuja a conveniencia. Ser asesor, comisionado, proveedor / contratista; amigo, invitado social, consejero, burócrata en distintos niveles; deudor de favores, receptor de publicidad, asalariado, diplomático, becario, militante, corrector de discursos, etcétera, son algunas de las múltiples facetas que, de acuerdo a quien sea el sujeto, marcan los límites de la independencia, autonomía, libertad, compromiso, etcétera que -se afirma con voz engolada- garantiza que un intelectual siga ejerciendo plenamente lo único a lo que está obligado: la crítica de todo, empezando en primerísimo lugar por sí mismo. Si a esto se suma la urgencia por asumirse como fiel defensor de los valores de la democracia con la cual todos se visten, el blindaje frente a la descalificación parece consolidarse.


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PÉRDIDA DE AUTONOMÍA CRÍTICA El desgarramiento de vestiduras por la pérdida de la autonomía crítica del intelectual busca siempre evidenciar a los otros, máxime si esos otros postulan hoy en día posiciones políticas vinculadas o referidas a una lectura diferente de la hegemónica sobre lo que es la democracia y cuál sería su utilidad en la sociedad contemporánea. Diógenes no se atreve a alumbrarse frente al espejo; prefiere quedarse con la imagen que se ha construido de sí mismo, a tomar el riesgo de compararse con la experiencia empírica de su accionar contemporáneo. El compromiso del intelectual que se envuelve en la bandera de la pureza crítica, para arrojarse por el despeñadero de la autonomía, siempre encuentra que su propio accionar, por más comprometido con el poder que aparente ser, de acuerdo a la visión del resto de los ciudadanos, nunca ha implicado ningún tipo de límite a su libertad, mientras que la actitud de los otros siempre linda en lo ignominioso. De un lado, de la parte de lo que hoy se define como políticamente correcto, están los intelectuales críticos demócratas; del otro, se ubican los simples ideólogos. De este lado no hay ideología, hay convicciones democráticas, modernas, así como valores y expectativas sociales naturales, ahistóricas y universales; del otro, simples efluvios acedos de ideologías fracasadas. Lo que en unos era (y es) deshonra, en otros es reconocimiento a sus excelsos talentos. Lo que antes era ser personero de gobiernos antidemocráticos y usurpadores, ahora es ser representante no de un gobierno específico, ni mucho menos de un partido político, sino de la añosa señora llamada Nación y su entenada bautizada con el nombre de Cultura Nacional. La historia del comportamiento político de tales instituciones que hoy constituyen esa zona de confort para el ejercicio intelectual se difumina bajo la sentencia definitoria: “todos somos demócratas”.

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“TODOS SOMOS DEMÓCRATAS” Es tiempo de pensar a los intelectuales, sus vínculos con el poder y su rol dentro de la construcción de una sociedad democrática como un falso problema, a fin de ser capaces de concebir nuevas formas de asumir y entender la relación intelectuales- poder-sociedad. De cara a los incipientes e insuficientes avances democráticos que la sociedad ha empezado a experimentar, existe una responsabilidad que ésta deberá asumir paulatinamente. Me refiero justamente a, en primer lugar, informarse para, en segundo, normar un criterio propio con el cual pueda construir una opinión crítica particular, la suya, la cual podrá enriquecer, modificar, reafirmar, etcétera, al compararla, al ponerla en relación con otras entre las cuales estarán las expresadas por los intelectuales, quienes, de cumplirse esto, dejarían de jugar de una vez y para siempre el rol de ser los responsables de darle voz a la sociedad o actuar como sus guías dentro del escabroso camino hacia el futuro. Serían, simplemente, ciudadanos iguales al resto, cuya perspectiva singular de los problemas sociales será tan sólo una más de las múltiples voces constituyentes del coro democrático, sin importar que ellos se arroguen el monopolio del uso legítimo de la crítica. Si esto es cierto, bienvenida la extinción de los intelectuales como constructores del único discurso crítico y voceros de una comunidad muda.


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el historiador ante los retos de la globalización Enrique Florescano

S Enrique Florescano www. enriqueflorescano. com

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i damos un salto de los tiempos remotos a los días actuales, advertimos que los motivos que hoy nos mueven a enseñar la historia no difieren sustancialmente de los fines que animaron a nuestros antepasados. Enseñamos a las nuevas generaciones la historia propia y la de otros pueblos, para hacerles conscientes de que son parte de la gran corriente de la historia, de un proceso que se inició hace miles de años y por el que han transitado pueblos y civilizaciones distintos a los nuestros. Enseñamos el pasado porque reconocemos que el “pasado fue el modelo para el presente y el futuro”. El conocimiento del pasado, advierte Eric Hobsbawm, es la clave del “código genético por el cual cada generación reproduce sus sucesores y ordena sus relaciones.

De ahí la significación de lo viejo, que representa la sabiduría no sólo en términos de una larga experiencia acumulada, sino la memoria de cómo eran las cosas, cómo fueron hechas y, por lo tanto, de cómo deberían hacerse”.1 Como escribió Edward Carr: “hacer que el hombre pueda comprender la sociedad del pasado e incrementar su dominio de la sociedad del presente, tal es la doble función de la historia”.2 CONOCIMIENTO LIBERADOR Ya lo decía Epicuro: el “conocimiento libera”, es el instrumento indispensable “para eliminar los miedos y los deseos irracionales”. Isaiah Berlin reiteró, con otras palabras, estas ideas: “el conocimiento –decía– al descubrir fuerzas poco reconocidas y, por tanto, incontroladas que afectan a mi comportamiento, me emancipa de las fuerzas despóticas, y más aún cuando han estado ocultas y han sido, por tanto, mal interpretadas”. 3 Podemos, entonces, decir que la primera lección del conocimiento histórico es hacernos conscientes de nuestra historicidad.4 Los individuos, así como los grupos y las generaciones, requieren situarse en su tiempo, en el inescapable presente, que irremediablemente forjará su propia perspectiva del pasado y sus expectativas de futuro. El ineludible juego entre presente, pasado y futuro es el ámbito donde los seres humanos adquieren conciencia de la temporalidad y de las distintas formas en que ésta se manifiesta. Así pues, debemos recordar que, como lo escribieron y realizaron los historiadores a lo largo de su prolongado periplo, “lo más importante del quehacer de un historiador, ya sea en el aula, en las monografías académicas o incluso en las intervenciones del primer plano por televisión: [es] enseñar”.5 La primera noción de que el ser humano está vinculado con sus antecesores en


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una suerte de cadena temporal, se adquiere en el seno de la familia. Ahí cobra conciencia de que es el eslabón temporal de un grupo social cuyos orígenes se sitúan en un pasado remoto. Esta percepción individual de la temporalidad se convierte en percepción social, cuando el joven o el adulto entran a formar parte de generaciones, grupos, clases sociales y naciones. LAZOS SOCIALES El conocimiento histórico enseña que, desde tiempos remotos, los seres humanos se organizaron en grupos, tribus, pueblos y naciones dotados de un sentimiento de solidaridad. Es el conocimiento que desvela la naturaleza de los seres humanos y nos acerca a los artefactos que contribuyeron a soldar los lazos sociales: la lengua, la etnia, la indumentaria, las relaciones económicas, los patrones alimentarios, el territorio, los vínculos familiares o la organización política. Y a la vez que profundiza el análisis de estos procesos, es un conocimiento liberador, contrario a la “fetichización de la historia”.6 De este modo, agrega Antoine Prost, “la historia es una propedéutica de lo social, de su diversidad, de sus estructuras y de su evolución. Enseña a los estudiantes que el cambio es normal, que no se debe temer y les muestra cómo pueden contribuir los ciudadanos a tal fin. Desde una perspectiva progresista y reformista, a medio camino entre la revolución y el inmovilismo, lo que se trata es de hacer de la historia “un instrumento de educación política.”7 Por ello, concluye Prost, “no hay proyecto colectivo posible sin educación histórica de los autores y sin análisis histórico de los problemas”. “Lo que se espera de ese aprendizaje agrega John Lewis Gaddis es un presente y un futuro en los que el pasado permanezca con toda su gracia […] Con esto me refiero a una sociedad preparada para respetar el pasado, haciéndolo responsable, una sociedad menos propicia al desarraigo que al reajuste, una

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sociedad que evalúa el sentido moral por encima de la insensibilidad moral”.8 Por las razones anteriores, se puede afirmar que el conocimiento histórico es indispensable para preparar a los jóvenes a vivir en sociedad: proporciona un conocimiento global del desarrollo de los seres humanos y del mundo que los rodea. Si las nuevas generaciones están obligadas a conocer el presente, es conveniente que lo hagan a partir del pasado que ha construido ese presente. Desde fines del siglo XIX el historiador francés Charles Seignobos decía: “La enseñanza histórica es una parte de la cultura general, puesto que permite incluir al alumno en la sociedad en la que vivirá, haciéndolo asimismo capaz de participar en la vida social”.9 La historia, al recoger y ordenar el conocimiento del pasado, se convierte en el almacén de la memoria colectiva. Es el saber que da cuenta de las raíces profundas que sostienen a las sociedades, las naciones, las culturas, los basamentos del ser humano. La formación de una conciencia ciudadana está en relación directa con la capacidad del individuo para interiorizar los derechos y deberes que sostienen al conjunto social. Comprender el mundo contemporáneo y actuar sobre él como persona libre y responsable exigen el conocimiento de la diversidad social y de su desarrollo histórico. INSTRUMENTO DE EDUCACIÓN POLÍTICA “La historia, al explicar cómo se ha formado la nación, proporciona a los ciudadanos los medios para elaborar su propia opinión sobre la evolución política o social […]. Ésta es la contribución específica de la enseñanza de la historia: por eso la historia –dice Prost- es más adecuada que ninguna otra disciplina para formar ciudadanos”. Es un “instrumento de educación política”.10 Podría entonces decirse que la lectura de la historia, como lo postula Mario Vargas Llosa para la buena literatura, es “una actividad irreemplazable para la formación del ciudadano

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adquirir este estatuto, casi como reacción pavloviana, los historiadores comenzaron a escribir para ellos mismos y su mercado cautivo, en un lenguaje abstruso que ellos llamaron científico, de manera que desde la segunda mitad del siglo XX los historiadores profesionales se separaron del gran público que habían formado los historiadores clásicos y los ilustrados. En los días actuales el distanciamiento entre los historiadores y la sociedad ha cundido y es un mal universal, un virus que ha penetrado todas las actividades académicas que se realizan en nuestro país, según lo confirma el informe reciente de la Academia Mexicana de la Ciencia, titulado El debate de la Ciencia en México (2010).

ReFeRenciaS 1.- Eric Hobsbawm, On History. Weindenfeld and Nicolson, 1997: 28. 2.- Edward Carr, ¿Qué es la historia? Barcelona, Editorial Seix Barral, 1970: 73.

en una sociedad moderna y democrática de individuos libres, y que, por lo mismo, debería inculcarse en las familias desde la infancia y formar parte de todos los programas de educación como una disciplina básica”.11 Si aceptamos estas consideraciones, tenemos que concluir que el historiador de hoy tiene las mismas tareas y responsabilidades que le heredaron sus antecesores, pero enfrenta otros desafíos. En primer lugar, hay un cambio en la relación entre la historia y el lector, porque la comunicación por medio del libro ha perdido el cuasi monopolio del que disfrutaba desde la invención de la imprenta. Hoy día, otras formas de comunicación, como la televisión y los medios masivos son más rápidos, baratos y eficientes para transmitir el conocimiento. Además, por efecto de la globalización acelerada que vivimos, hoy predomina una concepción de la realidad y de la vida en sociedad que tiende a borrar las diferencias antropológicas y culturales que caracterizan a los pueblos e individuos que conviven en un mismo país o región. Esta tendencia a la homogeneidad ha contribuido a convertir a los libros de historia en constructores inadvertidos de la uniformidad de metas que imponen hoy los poderes fácticos y los medios masivos a la condición humana. Por otra parte, ocurre que en la enseñanza básica, media y superior de nuestros días, en los programas académicos, en las instituciones dedicadas a la investigación y a la formación de las nuevas generaciones y en los medios de información, el pasado ocupa un espacio cada vez más reducido, esquemático y banalizado. El presente, por el contrario, llena la mayor parte de los espacios educativos, científicos, técnicos, informativos y propagandísticos que forman la conciencia ciudadana y la opinión pública. Vivimos un presentismo globalizado con el resultado de que la historia ha perdido su papel como ciencia de la diferencia y como instrumento de comprensión de la diversidad y pluralidad propias de las comunidades humanas. Junto a estos desafíos no puedo dejar de mencionar una grave distorsión en el ejercicio de la profesión de historiador, que se ha agudizado desde que esta disciplina adquirió rango académico, se institucionalizó en el curriculum universitario y creó su propio mercado: los profesores y estu-diantes de historia. Al

3.- Isaiah Berlin, Sobre la libertad. Edición de Henry Hardy. Madrid, Alianza Editorial, 2009: 227 y 298-299. 4.- “La vida humana se desarrolla en el tiempo, es en el tiempo donde ocurren los acontecimientos y (…) es en el transcurso del tiempo que los hombres escriben la historia”. Charles Samaran (comp.), L’Histoire et ses Méthodes. París, Bibliothèque de la Pléiade, 1961: 37. 5.- John Lewis Gaddis, El paisaje de la historia. Cómo los historiadores representan el pasado. España, Anagrama, 2004 6.- Jacques Le Goff, Pensar en la historia. Ediciones Paidós, 1991, 141. En esta misma página Le Goff cita las palabras del historiador polaco Witold Kula: “el historiador tiene que luchar paradójicamente contra la fetichización de la historia (…) La deificación de las fuerzas históricas, que lleva a un sentimiento de impotencia e indiferencia, se convierte en un verdadero peligro social; el historiador tiene que reaccionar, mostrando que nunca está íntegramente inscripto por anticipación en la realidad, y que el hombre puede modificar las condiciones que se le han impuesto”. 7. Antoine Prost, Doce lecciones sobre la historia. Madrid, Cátedra-Universitat de València, (Frónesis), 2001: 38 y 302. 8.- Gaddis: 192-193. 9.- Citado por Antoine Prost, 24. 10.- Ibid., 38 y 292. 11.- Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras. Madrid, Punto de lectura, 2007.


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De la poiesis al ciber-poeta Marco Fonz

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Marco Fonz Poeta. Tiene publicados veinte poemarios. En 2002 obtuvo el premio de poesía Rodulfo Figueroa. Imparte talleres, conferencias y seminarios sobre poesía fonzmarco@yahoo. com

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odría dividir a los poetas en dos grupos: uno, el poeta que quiere comunicar ideas o desarrollar anécdotas en sus poemas, y otro, el poeta que dice algo pero no es su prioridad comunicar nada. Desde la antigüedad, el poeta ha sido considerado como un humano-puente entre lo divino y lo pagano; por ello, a lo largo de la historia de la poesía, el poeta ha tenido oficios que van desde chamán hasta presidente. La principal materia con la que trabaja el poeta es la palabra, y en otros términos, el Verbo: se ha especializado en desarrollar y transmitir mitos. Los poemas épicos se divulgaban en la antigüedad mediante el canto o el recitado de profesionales, llamados aedos en caso de ser creadores, y rapsodas cuando repetían con ligeras variaciones lo compuesto por otros. Lo anterior nos lo señala Nicolás Casariego, en su libro Héroes y antihéroes en la literatura. El papel del poeta casi siempre ha sido cantar, ya sea a los dioses o a los héroes, o declamar los mitos. Por eso podemos decir que la poesía épica es el inicio de la literatura. A veces, estas recitaciones de poemas eran acompañadas de liras, y fue entonces cuando surgieron los poemas líricos: la poiesis como un organismo vivo, como una célula que se divide y crea nuevos géneros en la literatura. El poeta que nos quiere comunicar ideas, sensaciones, emociones, o desarrollar anécdotas, cumple su papel de manera cercana a los ciclos naturales, históricos o sociales. Los poemas -como todo- han sufrido metamorfosis afortunadas, y en otros momentos han cantado o registrado en sus versos, sucesos o episodios en la vida de hombres o mujeres. EJEMPLOS CLÁSICOS Aunque ningún libro de poemas ha cambiado la historia o ha provocado cambios sustanciales o profundos en la humanidad, sí ha acompañado cercanamente estos cambios o los caminos del hombre. Tenemos muchos ejemplos en la historia de la literatura: libros clásicos, como La Odisea, La Iliada, La Eneida, Las metamorfosis de Ovidio, junto con la Divina comedia, dan testimonio de ello. Estos poetas cantaron no sólo al amor, sino que desarrollaron un universo propio, alimentado de todo lo que sucedía fuera de la poesía. Los poetas cantan de forma evocativa e invocativa a los dioses y héroes; a los hombres comunes y sus trabajos, e inventan y retoman la mitología de tal manera, que es un arte vivo y latente, en el cual todos los hombres se ven reflejados en los temas arquetipos que los poemas cantan.


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En el caso particular de Dante, el mensaje es claro con respecto a su época: Dios es el centro del universo, y el infierno es un lugar en donde el castigo para los pecadores está más cercano de lo que ellos mismos creen. El purgatorio y el cielo también están cercanos, de acuerdo al grado de arrepentimiento o penitencia de cada uno de los hombres. Estos ejemplos clásicos nos dan una idea general de cómo un poeta, con su poemario, puede reafirmar o comunicar no sólo ideas, sino cosmogonías retroalimentadas por la tradición oral, que después son recuperadas y escritas en forma de versos. NACIMIENTO DE LA PROSA A la par del desarrollo de la poesía, nace la prosa, ya sea en forma de filosofía, historia u otros géneros narrativos. En estos casos, el papel del poeta es sustentar las tradiciones humanas y hacer analogías y alegorías, de tal forma que los poemas sean el testimonio fiel de las diferentes épocas. La Edad Media en Europa tuvo sus cantores y dividió la poesía en más géneros. Pero los temas arquetipos no cambiaron; tal vez se subdividieron, y fueron tratados de diferentes formas. El amor, el odio, la lucha del bien contra el mal, la vida y la muerte, el viaje del héroe o Dios, son temas que se encuentran en toda obra artística. A pesar de los cambios tecnológicos y en las comunicaciones, los temas arquetipo existen dentro de cada uno de los poetas. El papel del poeta es manifestarlos con nuevas formas y estilos. La ética en cada poeta debería estar fielmente vinculada a la búsqueda y encuentro de estéticas. Pero esto a veces no sucede en los poetas. PRESENCIA BÉLICA El poeta ha estado presente en todas las guerras del mundo; revoluciones, guerras civiles y pequeñas revueltas, ya sea como soldado, médico, enfermero, víctima, intelectual, político, revolucionario, guerrillero, vagabundo, crítico o simple ciudadano. Se podría considerar que el poeta es testigo y conciencia de la humanidad.

Juglares, cantores de la edad media.

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Los ejemplos llenarían miles de páginas, y mencionar los títulos de los poemarios también sería un trabajo arduo y profundo. Los heraldos negros, Residencia en la tierra, Piedra de sol o Los hijos de la ira darían buen ejemplo de lo que afirmamos en este texto; son libros que forman ya un testimonio cercano a cualquier lector; poemarios poderosos que guardan, liberan y cantan al espíritu humano. En cualquiera de estos casos, los poetas han trabajado del lado de la justicia y la razón. Aun con la imaginación y las herramientas lúdicas y oníricas, han participado en los cambios sociales y políticos de sus respectivos países. Manejan lo abstracto y lo concreto en sus combinaciones múltiples, para darle forma a una idea, y que esta idea se convierta en un poema que, si tiene buena suerte, será un poema que llegue al corazón humano; no a los sentimientos o emociones cursis, sino a la capacidad de que el corazón humano aprenda de las palabras de los poetas y crezca existencialmente. LOS LOCOS DE LA TRIBU En otros momentos de la historia de los poetas, éstos han sido considerados los locos de la tribu. Han cantado su desesperación, su dolor, su incapacidad para relacionarse con la sociedad. La locura era la enfermedad del poeta. Y en diferentes tiempos se les encerraba y apartaba, pero lo curioso es que no se dejaba de oírlos. No se dejaba de leerlos ni de publicarlos. Tenemos también que el poema escrito por el poeta enfermo de locura se leía a veces más, ya sea por un interés verdadero o por un morbo nacido de la curiosidad. Lo cierto es que aún ahora leemos con avidez los poemas de los poetas que han sufrido la enfermedad de la locura. La mayoría de estos poemas siempre ven lo invisible de lo material. Y lo cantan de tan perfecta forma, que nos hacen cómplices de sus visiones o fiebres. Y compartimos su mal, como si bien fuera. La comunicación en este tipo de poetas no se ve interrumpida de ninguna forma; por el contrario, enriquece la experiencia humana. Los grandes cambios sociales o políticos o las grandes revoluciones, incluida la revolución industrial, siempre ha contado con sus cantores o sus poetas. El futurismo, junto con otras vanguardias, incluso el movimiento estridentista en México, le cantó feroz y velozmente al desarrollo tecnológico, ya sea puesto en un automóvil o en un avión o hasta en armas de guerra. Estuvieron ahí cuando a principios del siglo XX todo era velocidad y desarrollo industrial. En ningún momento el poeta se ha alejado de la masa de trabajadores o de los imperios. Siempre ha estado como una sombra de luz, iluminando el camino con sus poemas: señales vivas de conciencia. En ese siglo XX se vio el rápido crecimiento tecnológico e industrial más que en cualquier otro siglo. Asimismo, en la poesía se vio el nacimiento, desarrollo y muerte de muchas escuelas estéticas y de muchas vanguardias y formas de ver, entender y escribir poesía. POESÍA CONVERSACIONAL Una de estas corrientes fue la llamada poesía conversacional. Creo que es la que hasta hoy ha tenido el mayor número de adeptos y de poetas que la practican con aciertos y caídas. La poesía conversacional, como su nombre lo indica, es el yo poético que conversa libre y llanamente con el lector, el otro yo. Las anécdotas que desarrollan este tipo de poetas son extremadamente cercanas al hombre común, al hombre de todos los días y de todas las mega-ciudades o campos o pueblos. La universalidad puesta en versos que todo ser humano pueda compartir y entender sin ningún problema y sin necesidad de alguna formación en particular. Esta comunicación no sólo se da en libros impresos. La tecnología ha llevado al poeta a innovarse y a no morir en el intento: los nuevos soportes técnicos han arropado a los poemas y a los libros de poesía tan bien, que pareciera que en algunos momentos el libro impreso desaparecerá de la faz de la tierra o quedará como pieza de museo.


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Desde hace algunos años al presente siglo, el poeta ha acudido al cine o al video-poema para modernizar en las pantallas o programas de computadora los viejos juegos de caligramas, o ideogramas puestos al servicio del ciber espacio. No hace mucho tiempo, un amigo poeta, que daba su clase de español, les pedía a sus alumnos escribir pequeños poemas en sus celulares, como mensajes de texto. Era tanta la insistencia de sus alumnos de estar viendo todo el tiempo su teléfono celular, que se le ocurrió ocupar de alguna forma este aparato o este entretenimiento, a fin de acercar a los alumnos a la poesía por medio de su teléfono. Al final se leían los mejores poemas y se premiaba al alumno ganador con un libro. ELITISTA Y MARGINAL La poesía, aún pensada como algo que pertenece a las masas, siempre ha sido elitista y marginal, a menos que, como en nuestro país, la poesía sea o forme parte del Estado o de las instituciones culturales. Como en todo grupo humano, hay o existen poetas a los que no les interesa comunicar nada; contar algo en sus poemas, pero no decir nada aparentemente fácil de entender. La poesía se vuelve entonces hermética o concreta. Y la abstracción puede ser casi un enigma para ser resuelto por el lector. Este otro tipo de poesía tiene también su importancia en el pensamiento humano. Aunque el grupo de lectores sea menor, los asiduos a esta estética tienden a renovarla constantemente en diferentes corrientes literarias o propuestas estéticas. Actualmente, existen miles de páginas en Internet sobre poesía o poetas. Ezra Pound definía a la poesía como decir mucho en pocas palabras. Y a veces este decir se vuelve un trabajo solitario y mal reconocido por la sociedad. Uno de los problemas que surge al existir tanta facilidad para subir poemas a la red o escribir cierta cantidad de caracteres y a eso llamarlo poema, es que se puede caer en el facilismo, en el diletantismo o en el efectismo. La idea, desde mi punto de vista, es que el poeta no debe quedar al margen de la tecnología, siempre y cuando la propuesta estética tenga calidad y aporte algo nuevo al espacio poético. No es verdad que, sólo por existir en el ciber espacio como poeta, se pueda ya considerar a alguien escritor de poemas. La preparación, sea de la forma tradicional o sea una construcción virtual, tiene que ser la misma preocupación que cualquier otro oficio o trabajo o carrera exija. Tendríamos que descartar esa creencia de que todos nacemos con las mismas capacidades artísticas. Eso no es verdad. El poeta nace con esa capacidad en particular y, al estudiar sobre su oficio, se enriquece y fortalece su pericia como escritor de poemas. EL POETA, TESTIGO Y CONCIENCIA DE LOS CAMBIOS El papel del poeta a lo largo de su existencia sería como el papel del poeta en la antigüedad: ser testigo y conciencia de los cambios sociales, históricos, humanos y tecnológi-

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cos que suceden a su alrededor. Cantarle al mundo sus logros o sus derrotas. Recordarle a cada paso a la humanidad si va por buen camino o si está equivocando la ruta. Los cambios, aunque fuertes y tangibles en apariencia, no lo son en la esencia. Por mucha tecnología puesta a la orden del poeta, el poeta seguirá cantando y desarrollando los mismos temas de toda la vida. Hace mucho tiempo, el libro hizo que el hombre tuviera un gran salto cualitativo y existencial; ahora, las nuevas plataformas tecnológicas hacen exactamente lo mismo: le dan al hombre la oportunidad de dar otro gran salto, para mejorar su calidad humana y existencial. La poesía acompaña fielmente estos cambios y comparte junto con cada avance su tradición y su experiencia a la par de la humanidad. El papel del poeta en este mundo lleno de cambios en la comunicación será el mismo de hace cinco siglos o más: ser la conciencia del hombre y cantarle hasta que logremos que la vida y la belleza se instalen para siempre en la existencia humana.

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el papel de los literatos en el mundo: la gente de letras Alfonso Rangel Guerra

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uando se me invitó a colaborar en este número de la Revista Conocimiento, se me planteó la necesidad de elaborar un texto sobre el papel de los literatos en el mundo, en el entendido de que esta visión formaría parte de un planteamiento más extenso; es decir, contemplar la pertinencia de cuestionarnos el problema a exponer, considerando que sería parte de una visión de mayor alcance, con otros colaboradores, lo correspondiente a los científicos, historiadores, etcétera, todo englobado en una revisión extensa sobre el papel de los intelectuales en el mundo.

Maestro Alfonso Rangel Guerra Director del Centro de Estudios Humanísticos Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías” / UANL

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Acepté la encomienda, pero de inicio deseo aclarar que al ocuparme del papel correspondiente a los literatos, la denominación de éstos será como hombres de letras. Esta otra denominación obedece fundamentalmente a una razón: la diferencia entre literatos y hombres de letras radica en una significación más amplia en el segundo sustantivo. Hablar de hombres de letras conlleva el ocuparnos de los creadores de literatura, como obviamente se indica en la palabra “literatos”, pero, además, en la designación “gente de letras” se hace referencia a quienes, además de ser escritores de literatura, son “pensadores”.

En otras palabras, la gente de letras, por el origen de su denominación, es aquella que fue en su momento, y es ahora, exponente de teorías o reflexiones en torno a la significación de la cultura humana en sus múltiples manifestaciones. Quizá un poco de historia aclare todo lo dicho anteriormente. ORIGEN DE LA EXPRESIÓN El nombre “gente de letras” se originó en Francia en el siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa, el estudio sobre este fenómeno cultural se encuentra en un libro escrito en el pasado siglo veinte, titulado, en su traducción española,

La glorificación del escritor. Ensayo sobre el advenimiento de un poder espiritual laico en la Francia moderna. 17501830. Su autor es Paul Benichou, y lo publicó en México el Fondo de Cultura Económica, en 1987, 2ª. ed. 2006. Paul Benichou afirma que, hacia el año de 1760, surgió la idea del hombre de letras, identificado éste como al escritor que orienta y educa a la sociedad de su tiempo. En este sentido, el hombre de letras se asocia con una doctrina general de emancipación y de progreso. Es importante considerar que, en aquel tiempo, la idea de “literatura” no se limitaba a la creación poética y a las obras de ficción: cuento, novela, teatro, sino que además comprendía las obras


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de filosofía, política, historia y economía, y aun la vulgarización de la ciencia; es decir, todo tipo de conocimiento teórico. Tal conjunto de manifestaciones culturales explica que el hombre de letras pudiera identificarse como un individuo poseedor de un saber universal, capaz de orientar a sus contemporáneos en la comprensión de la vida y la condición humana. En efecto, el hombre de letras no se limitaba a escribir obras de literatura, que por otra parte eran expresiones que poseían por sí mismas un significado referido a la cultura humana. Así, las obras de ficción ofrecían un retrato psicológico de los personajes, y éstos se movían en situaciones complejas, que revelaban el tejido social del que formaban parte, y mostraban aspectos de la vida humana enfrentada a problemas morales, políticos o sociales. FUNCIÓN ORIENTADORA Y VALORATIVA Sin embargo, la gente de letras mostraba las condiciones en las que se realizaba la vida como pensamiento histórico, económico o social, así como lo propio de las estructuras componentes de la vida política o social. Así, se entiende que la gente de letras ejercía una función orientadora y valorativa de los fenómenos sociales y culturales, educando, por así decirlo, a sus contemporáneos, proporcionándoles juicios de valor estimativos sobre la existencia humana y sus diversas manifestaciones. Sin embargo, a riesgo de afirmar lo obvio, es preciso aclarar que no todos los escritores o literatos son “gente de letras”, pues no todos tienen esta disposición o capacidad de penetrar en los diversos ámbitos del pensamiento y conocimiento humanos. Esto también implica, en cierto modo, disposición para acercarse al pensamiento de otros escritores y gente de letras, de manera que esto se traduzca en la valoración e interpretación de lo escrito por otros literatos o gente de letras, integrándose unos y otros a una manifestación colectiva del contexto de la cultura de su tiempo. Esta comunidad de pensamiento no significa, de ninguna manera, anular lo propio o apropiarse de lo de los demás, y tampoco supone que exista la necesidad de adherirse al juicio o pensamiento de un tercero; de modo que hay que integrarse al concierto de la cultura con la personal visión del mundo, lo que puede implicar que haya diversidad o pluralidad de pensamiento en el contexto cultural. Para cumplir esta difícil tarea de orientar o educar a sus contemporáneos, los hombres de letras deben contar, y esto es imprescindible, con una apreciación o estimación social de su actuación y participación en el juicio y pensamiento sobre su tiempo. Se trata, en otras palabras, del reconocimiento que la sociedad otorga a la gente de letras en su papel de pensadores o analistas de los problemas de su época. Ettienne Pivert de Senancour (1770-1846) fue un eminente hombre de letras en Francia. Fue autor del libro Obermann, que mereció del gran crítico francés SaintBeuve, la distinción de considerarlo uno de los verdaderos libros del siglo XIX. En este libro, el autor se ocupa de la gente de letras. Primero se refiere a la consideración públi-

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ca, ya mencionada, y afirma que ésta se deriva de la acción misma que cumple el auténtico “hombre de letras”, y esta consideración pública se fundamenta necesariamente en su valor moral. Es decir, el hombre de letras que habla de moral, es porque él mismo es un hombre de bien. En otras palabras, escribir para los demás es cumplir una acción que inevitablemente manifiesta su valor por ser una acción auténtica: la función de ocuparse de las cosas del espíritu para educar al género humano. Así lo dice Senancour en la obra mencionada anteriormente: “El que sin someter personalmente sus gustos, sus deseos, todas sus ideas al orden y equidad moral, se atreve a hablar de moral al hombre, al hombre que como él tiene el egoísmo natural del individuo y la debilidad de un mortal, ese es un charlatán todavía más odioso.”

PRESENCIA UNIVERSAL Los hombres de letras existen en todas las lenguas, por el propio desarrollo de la cultura y de la literatura. Si se considera su advenimiento a partir del siglo XVIII, no es exclusivo de la cultura francesa y están presentes en los cinco continentes y en las diversas lenguas. ¿Cómo se cumple en una sociedad el papel de la gente de letras? Podría responderse que ese papel se cumple dictaminando o emitiendo juicios sobre algún aspecto o conflicto en particular. Sin embargo, debe precisarse que estos juicios no necesariamente son solicitados por la sociedad, por conducto de quien sea su portavoz, o porque la instancia que lo solicita necesita disponer del juicio de la gente de letras. Los medios de comunicación: prensa, radio o televisión pueden consultarlos o entrevistarlos sobre un problema que aqueja a la sociedad en ese momento. Pero también puede ocurrir que la gente de letras emita sus juicios sobre ese problema, en un ensayo publicado en alguna revista o periódico, o escribiendo un libro que luego es editado y distribuido.


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En ambos casos, puede ser que la gente de letras se reconozca a sí misma como poseedora de autoridad para emitir el juicio difundido en el ensayo o en el libro. Pero nada impide reconocer que el autor del libro o el ensayo pueda actuar como un interesado más en el estudio del problema en cuestión y su participación en comentar o enjuiciar la situación existente sea considerada por su mismo autor como una aportación más al estudio o análisis de que se trate. Esta pluralidad de posibilidades quizá proviene de la misma diversidad con que puede identificarse la condición propia de la gente de letras, procedente de la misma diversidad con que puede identificarse. Cualquiera sea la naturaleza correspondiente a la gente de letras, como parte de esa diversidad en que se manifiesta, quizá importe concluir que son finalmente dos las posibilidades en que ocurre su participación. La primera es que la gente de letras esté directamente interesada en defender o atacar una causa, un argumento o una posición, referentes a problemas sociales o culturales. La segunda es que estudie o analice un problema, no por interés personal sino por deseo de incorporar juicios o análisis a la solución del caso en cuestión.

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En el caso de la primera suele ocurrir, aunque no exclusivamente, que se refiera a problemas vigentes o actuales, no resueltos al momento de emitirse el juicio. En cuanto a la segunda, lo más frecuenta es que se refiera a asuntos o temas que pueden ser actuales o antiguos, o también atemporales, tan distantes como puede serlo una cultura antigua. En el momento actual que vive el país, y concretamente esta región noreste, el cúmulo de problemas vigentes es tal, que debe estimarse que la participación de los literatos y de la gente de letras en su análisis y valoración es muy significativa, porque es importante que la sociedad se manifieste ante la situación imperante. El silencio puede traducirse en aceptación tácita, o significar despego o indiferencia. Una sociedad participativa es una sociedad saludable. La emisión de juicios aporta conocimiento o mejor comprensión de los problemas que la aquejan. La obligación moral de analizar los problemas que padecemos como colectividad es, sin duda, de todos los ciudadanos, pero los pensadores y escritores están en capacidad de aportar su análisis para una mejor interpretación y comprensión de los problemas vigentes.


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Jeannette L. Clariond

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el papel del poeta en la era virtual

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A qué cambios debe someterse el poeta en esta era virtual? Del latín virtus, fuerza, virtud, esta transformación en los modos de aproximarse a su específica creación, tendría que producir en él un efecto que no se da, debido a que los contenidos de la virtualidad no atañen a lo real. No creo en la “realidad” virtual y ni siquiera sé si creo en la realidad sin adjetivos. Para la física, lo virtual tiene solo una existencia aparente, capaz de ofrecer una breve certeza de nuestra frágil verdad temporal. Lo anterior obliga al poeta a re-significar su propia estética. Desde Homero, sabemos que somos cuerpos y que, poéticamente, somos cuerpos muertos que han vivido guerras, que han luchado por sus vidas en el campo de batalla; somos cuerpos significados para ir en pos de la belleza. Pero la belleza, la hondura de la belleza, es solo un accidente en la realidad virtual: ha sido despojada de su trono, negada, menospreciada e intercambiada por una nueva imagen alterada, que ya no es belleza sino adulteración de lo bello. Artaud pensaba que hemos falsificado la humanidad y que no hemos encontrado un modo de vivir, porque no tenemos un dolor propio. Pienso que sí lo tenemos, pero que lo hemos disimulado, exiliado en el país de la irrealidad. El dolor no se encuentra en medio del ruido, ni en la superficie de una pantalla, cuyo reflejo es luz que no ciega, ni lanza a la oscuridad; es una luz neón que distrae de lo propio, que arrebata los sentimientos, hundiendo la esencia de lo humano en fango y desamor. LO VIRTUAL, EFÍMERO Y CAMBIANTE ¿Cómo se relacionan estas heridas a lo humano con la era virtual? Carne es lo que da cuerpo: carne atravesada de alma, eros, gracia, necesidad. El universo estético no cabe en la pantalla del ordenador, Stephen Hawking no lo toleraría; hay demasiada luz como para atarla a unos cuantos cables. Lo virtual es en esencia efímero, y cambiante como la vida. Propone una confusión con lo real, que le quita la estaticidad de la cual necesita la obra de arte para poder ser contemplada, y que es la condición más básica y antigua de su relación, dialéctica, con la realidad. Lo real es real a partir de la existencia de una copia. Y una copia es tal solo cuando existe un original. La realidad virtual es virtual en cuanto existe una realidad real. Entre ambas, al hacerse cada vez más fina la línea que separa las dos realidades, el arte quedaría fuera, debido a que en esencia es un modelo de realidad, que a diferencia de esta última, congela el tiempo de fruición. El tiempo nuestro lo gastamos en la prisa. Correr tiene sentido si se va hacia alguna parte pero, ¿qué sentido correr hacia un mundo sin fines últimos? El arte es contemplación. Ya no se trata de contemplar, sino de participar; en realidad, el operador del ordenador se quiere ver a sí mismo en la obra, como si fuese partícipe de una aventura infantil. Ya había visto con claridad Walter Benjamin que la pasión del público moderno es acercar las obras hacia sí mismo. En el fondo de todo esto veo una furia reduccionista y nihilista. El acceso masivo e indiscriminado al “derecho de expresión” se traduce en una infinita estela de deshechos en el tiempo. Disipar tiempo

Jeannette L. Clariond Poeta 1004@ jeannettelozano. com www. jeannettelozano. com

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es disipar vida. La leche de las galaxias, la hondura de los océanos y su representación en un lienzo o en una fotografía, necesitan de tiempo para ser contemplados. En el arte efímero, sea una puesta en escena, danza o cual� quier otro espectáculo en vivo, la falta de tiempo para con� templar se suple con el involucramiento de todos los sen� tidos. La experiencia es auténtica, radical, genuina. Todo esto, ¿puede caber en un ipad? Somos diálogo, no multitud. Así como en el diálogo es necesaria la presencia del otro, así en la apreciación artística es necesario evitar este muro (pantalla visual y temporal) entre nosotros y el objeto contemplado, a veces deseado, por lo que este deseo requiere del ingrediente tiempo. El cielo es demasiado vasto, la mirada demasiado ancha como para constreñir su función de mediadora en una pantalla de 12 x10, estructurada bajo normas inca� paces de satisfacer el anhelo de entrega y sitiada por el tiempo y su prisa. No quiero que lo aparente me distraiga de lo que realmente es. La Voz, la del fonocentrismo de Derrida, ha desaparecido y con ella la autenticidad. Yo busco la nostalgia, lo originario, no la voz exiliada en la escritura, en la gramática, busco los ecos de la realidad que se instauran por el origen. LAS IDEAS, CONSTANCIA DE AUTENTICIDAD El pensamiento de quien escribe no puede permanecer en una mera abstracción, un peligro de la realidad virtual; las ideas han de llegar al papel como constancia de autenti� cidad. El poema no nace como evento, nace como poema. Toda imagen nace del vacío. En una carta a Simic, Charles Wright le dice: “La La verdadera imagen emerge de la oscuri� dad; algunas veces permanece allí y sólo puede rastrearse su contorno luminoso; otras veces surge a la intemperie y sólo del contorno luminoso se puede rastrear un pentimento contra el mundo mirado. La verdadera imagen no pertenece ni al Imaginismo ni al Surrealismo. Pertenece al Vacío. Lo cual significa que su poder no es de este mundo y, por último, que es apofántico, un borde luminoso sobre la lengua.” Por ello, toda imagen merece detenimiento. La sensualidad es uno de los elementos determinantes en la expresión. Donde no hay roce, donde no hay voz ni mirada, la poesía deja de ser poesía para transformarse en otra expresión carente de lo Originario. No solo Pitágo� ras habló de lo celeste de los números; tampoco es Platón el único que intuye la armonía, fuente que tensa poste� riormente Octavio Paz en El arco y la lira. Creo en los métodos virtuales para informar, nunca para formar la sensibilidad del escritor. Sigue siendo necesario el roce de la mano sobre el papel, el ritmo, la joya fálica de la pluma, la diseminación de la tinta. Mancha; la escritura ha de dejar siempre su mancha. CONTACTO CON LO DESCONOCIDO La poesía es un contacto directo e individual con lo desconocido. En el poeta, a la diseminación de la escritu� ra, responde el recogimiento en sí mismo. Tomarse como problema y explorarse hasta la raíz es función del creador en la actualidad. Algunos creadores se han abierto a las nuevas tecnologías. La pregunta fundamental a postular

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es, si las nuevas tecnologías podrán cambiar los modos de pensar la realidad. Cualquier ser humano, sin importar género o edad, que tenga un acceso tan vasto a la información se hundirá en un mar de información inútil. Un ruido que no permite escuchar la música de las cosas. Decíamos al principio que había que regresar a la raíz y por raíz entendemos origen, y el origen de una lengua. Esto se da con la lectura de buenos textos, no con los detritus verbales que corren y se agolpan en la red. La capacidad de crear neologismos depende en gran medida del dominio del lenguaje. ¿Qué escritor en la actualidad puede crearlo si carece del conocimiento de la lengua que forjó la suya? Para decirlo de otro modo, un árbol es camino por ser hijo de la tierra: el papel que compone el libro es el árbol del lenguaje. La fronda es el saber que nos cobija, la raíz es lo que da luz a la voz. ¿Qué es lo que diferencia un libro virtual de un libro en papel? En el papel extraes la fibra de la palabra, en la pantalla a través de una fibra óptica obnubilas la posibilidad de la palabra como puente. El uso exacerbado de los blogs habla de la soledad humana. De la necesidad de escucha. De la necesidad de que el lenguaje pueda ser expresado. Esto es en apariencia, pues en realidad el bloguero tiene una necesidad mucho mayor de ser escuchado que de escuchar. La prisa, la inmediatez, el ansia de decir lo llevan a imprimir un sello solo temporal en donde lo permanente, aquello que buscaba Hölderlin, quedaría desterrado para siempre. Puede uno acostumbrarse a entrar al Weather Channel, puede uno medio�acostumbrarse a imprimir un pasaje de avión siempre bajo el temor de que el mismo asiento se haya asignado a cuatro personas; puede uno, un poco o casi nada acostumbrarse a visitar Wikipedia para descifrar un dato que las más de las veces aparece con erratas. Y hablo solo de datos. Quienes son aficionados a estas herramientas como un modo de saber, no alcanzan a darse cuenta que esas herramientas informan, pero nunca forman, que hay un pseudo�saber que se desploma sin percatarse de que es muy frágil el fondo de quien lee tres poemas y cree con ello conocer a un autor. “El cuerpo aprende despacio / a conocer la tierra”, quizá Eugenio de Andrade habla de cómo nos vamos reconociendo con nuestra propia muerte, pero la ma� teria solar es la que crece poéticamente como única semilla, pues late en el alma del poeta esa necesidad de reconocerse tierra: hablo de fundamento, de lo que se acerca o tiene contacto directo con la raíz, negro en lo blanco. La memoria hacién� dose árbol, ardiendo en el verano para luego morir en otros prados, en lo que llega a ser razón de un silencio. El oficio de la lengua se relaciona con el amor como acto de generosidad que se aprende con el diálogo, la mirada, cuerpo contra cuerpo, llama que brilla azul en la pradera, paisaje que crece y decrece desde el tren. Paisaje. Se ha perdido el contacto con el paisaje. Los ojos están puestos en el ordenador, en el móvil, en la pequeña pantalla del metro que avanza veloz a un sitio que desconocemos. Bajaremos de prisa las escaleras, tomaremos otra línea del metro y repetiremos algo que, de ser ritual se convierte en habitual, que de ser algo con sentido, se ha transformado en sentido perdido. Papel. El papel del intelectual en la actualidad, es preservar un rito en la escritura que mantenga un sentido para si y para los otros.


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alegato por los intelectuales

Sergio Elías Gutiérrez S.

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urgando en documentos y papeles viejos, más por necesidad de depuración que por curiosidad, me encontré una publicación del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, dedicada a analizar la relación, si es que existe, entre los intelectuales y la política. La publicación, en forma de revista, llamada Línea, pensamiento de la Revolución, de mayo-junio de 1976, era dirigida por Ricardo Valero. El dirigente nacional del PRI era Porfirio Muñoz Ledo. Ambos personajes participaron, posteriormente, en el Partido de la Revolución Democrática, en su fundación, después de la ruptura con el PRI, en 1988, cuando formaron la llamada “corriente democrática” para demandar la democratización de la sucesión presidencial de ese año. Es de suponerse que los personajes citados, y otros más, que formaban parte del grupo de profesionales destacados con los que el presidente Luis Echeverría pretendía renovar a la clase política del país -con miembros destacados de la academia y de actividades intelectuales-, eran, la mayoría de ellos, de la nueva generación, que contaba con posgrados en el extranjero. La publicación obedecía, quizá, a la necesidad de dar respuesta a quienes, desde la academia o desde la militancia en grupos o partidos ajenos al partido oficial, criticaban la incorporación masiva de profesionales no formados en el sistema meritocrático que se usaba para llegar al poder político, dado que algunos de los llamados al ejercicio del poder, o al menos de la administración, pocos años antes militaban en las filas de las oposiciones no reconocidas o se habían expresado en contra del régimen del PRI, que para entonces acusaba ya los primeros signos

de agotamiento. No es de extrañar tampoco que muchos de esos miembros de la nueva clase política, impulsada por el gobierno de Echeverría, sean los mismos que, meses después de la publicación de la revista mencionada, hayan participado en el nuevo gobierno de José López Portillo, quien continuó y acentuó el impulso renovador iniciado por Luis Echeverría. PUNTO DE PARTIDA Estos nuevos actores políticos, llamados luego, despectivamente, tecnócratas, jugaron un papel fundamental en las reformas, administrativa, política y financiera, iniciadas en el sexenio 1976-1982. Abre esa publicación un trabajo de María Francisca Ize: “Punto de partida: el intelectual y la sociedad”. A esa colaboración acudo para tratar de enmarcar una definición del vocablo “intelectual”. De entrada, la autora señala que la definición del intelectual varía según el país, considerando las circunstancias históricas prevalecientes; también, en el mismo lugar y época, según el origen social y la orientación política de la persona que utiliza el término. Los intelectuales, dice, tienen en común una preocupación y un interés especial por los grandes problemas y enigmas del hombre, de la sociedad, del universo… pero en su intento por presentar soluciones a algunos de ellos, sus observaciones no dejan de ser parciales. Podemos, entonces, definir al intelectual por su trabajo, que consiste en precisar ideas, crear conceptos, desarrollar teorías, que permitan conocer y expresar mejor el mundo que lo rodea; pero, como éste es siempre

Doctor Sergio Elías Gutiérrez S. Abogado y Doctor en Derecho. Profesor de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey sergioeg@infosel. net.mx


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cambiante, y son tales las complejidades inscritas en el seno de la especie humana, resulta imposible producir un sistema intelectual capaz de encerrar la realidad total. EL “AFFAIRE DREYFUS”

La autora ubica el origen del vocablo en Francia, precisamente en la época del llamado “Affaire Dreyfus”, un sonado caso de la justicia francesa, que enjuiciaba a un oficial, Alfred Dreyfus, por supuestamente espiar a favor de un país enemigo. Un grupo de “intelectuales” de esa época salió públicamente a defender al militar inculpado. Esto provocó cuestionamientos, uno de los cuales, de Maurice Barrés, señalaba, en términos peyorativos, que el principal defecto de los intelectuales era “desconocer la realidad: se trata de individuos convencidos de que la sociedad debe fundamentarse en la lógica, e ignoran que de hecho se construye sobre necesidades anteriores y, tal vez, ajenas a la razón individual”. Hasta aquí la reseña del trabajo citado. Dicho esto a principios del siglo pasado, ahora suena lejano y hasta irracional. La evolución y la misma dinámica de las sociedades terminaron por asimilar la existencia misma y aceptar como normal la existencia y el quehacer de los intelectuales. ORIGEN Y USOS DEL VOCABLO Aunque no es el propósito de esta colaboración hacer una historia del término y del trabajo de los intelectuales, conviene tratar de dilucidar en breves líneas el origen del mismo vocablo y los usos más comunes del mismo. En una pequeña obra, editada por Press Universitaire de France, Michel Leymarie, Les Intellectuels et la politique en France, (PUF Paris 2001), señala que las funciones y la profesión de los intelectuales existían antes del Affaire Dreyfus, pero

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es a partir de ese asunto cuando se impone “como sustantivo, para designar una categoría social que emerge”. Intelectual se relaciona con inteligencia, pero también con conocimiento. Este autor aclara que el término no aparecía en los diccionarios del siglo XIX; que no fue sino hasta principios del siglo pasado cuando se volvió de uso corriente. Señala que el vocablo, en el Pequeño Larousse Ilustrado del año 2000, era definido como “una persona cuya actividad hace sobre todo un llamado a la manipulación abstracta y al discurso -por oposición al trabajo manual- o que se consagra, profesionalmente o por gusto, a actividades de orden intelectual, cultural o especulativo. Una coincidencia en casi todas las definiciones analizadas es que el trabajo intelectual apela fundamentalmente a una preparación distinta a la que da, por ejemplo, a la mera formación profesional. Además de ésta, se requiere de un espíritu crítico en la observación y planteo de solución de los problemas de la sociedad. Un intelectual no lo es sólo por su formación técnica, sino por el papel que adopta en el análisis del quehacer público para, primero, entender y, luego, ayudar a modificar el entorno social y adoptarlo a las nuevas realidades. SARTRE, LOS INTELECTUALES Y LOS PROFESIONALES DEL SABER TÉCNICO Dejo atrás los puntos referidos arriba para entrar al comentario o reseña de un libro de Jean Paul Sartre, producto de unas conferencias dictadas en Japón en los meses de septiembre y octubre de 1965. El libro Plaidoyer pour les intellectuels (alegato o en defensa de los intelectuales), editado por Gallimard en 1972, vio la luz pocos años después de que, en 1968, Sartre cobrara notoriedad por su participación en el movimiento de mayo del 68 que conmocionó a París por las protestas de los estudiantes, primero y, luego, de gran parte de la sociedad francesa. Sartre dividió sus conferencias en tres: la primera, “¿Qué es un intelectual?”; la segunda, “Función del intelectual”, y, la tercera, “¿Es el escritor un intelectual?” En ese orden haré la traducción libre del texto, y enseguida los comentarios que estime pertinentes, dejando el mayor espacio a las palabras del autor, como corresponde a las reseñas bibliográficas. Es obvio decir que la mayor parte del texto, aun sin las comillas para indicarlo, es tomada de la traducción del texto referido. TRASMISORES DE CULTURA En el primer capítulo, Sartre señala que, tanto en Japón como en Francia, los intelectuales están “hechos para conservar y trasmitir la cultura; son, pues, por esencia, conservadores, pero ellos han equivocado su oficio y su papel, y se han convertido en críticos y negativos, que atacan sin cesar al poder y no ven sino el mal en la historia de su país, y siempre se equivocan y hacen que el pueblo se equivoque en todas las circunstancias importantes”. En este mismo capítulo, Sartre señala que, con frecuencia, se tiene al intelectual por un “mal necesario, y se le tendrá para conservar, trasmitir y enriquecer la cultura”. El intelectual, dice el filósofo francés, es alguien que se


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mete en lo que no le importa o no le concierne, y pretende poner en tela de duda el conjunto de verdades recibidas y las conductas que se inspiran en una concepción global del hombre en la sociedad. En la cuestión central, “¿Qué es un intelectual?”, de entrada señala que la formación de la burguesía como clase social trajo aparejada la aparición de una clase de hombres sabios, que son aquellos que adquieren un saber técnico superior al del resto de los hombres, pero que su papel no es crearle una ideología a la burguesía. Los filósofos, los amantes de la sabiduría, se ocupan, a través de sus trabajos, de crear una concepción racional del universo que apoya y justifica las reivindicaciones de la burguesía. Carlos Marx, por su parte, dice que la burguesía es la

clase universal que se sirvió de los intelectuales y de la razón analítica para descalificar a la nobleza. Éstos, los intelectuales, son reclutados por lo general en los niveles altos de la sociedad y pertenecen a la clase dominante de la misma. Para Sartre, los intelectuales son los nietos de los filósofos, que emergieron en defensa de Alfred Dreyfus. La conversión de un profesional del saber técnico pasa por un proceso difícil, que Sartre plantea con la siguiente disyuntiva: O el profesional del saber técnico acepta la ideología dominante y se conforma con ella y con toda mala fe pone lo universal al servicio de lo particular; practica la autocensura; deviene apolítico, agnóstico, y puede suceder que las presiones del poder lo lleven a renunciar a una actitud de crítica válida. La otra posibilidad, señala, es que si el profesional del saber técnico constata su particularismo, que él ha inte-

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riorizado en autocensura al principio de autoridad; si puede rehusar su malestar y su mutilación, está obligado a cuestionar la ideología que lo ha formado, y rechazar ser un agente subordinado de la hegemonía… Añade: de hacer eso el profesional del saber práctico, deviene un monstruo; es decir, un intelectual que se ocupa de eso que le concierne: en lo exterior, los principios que guían su vida, y, en lo interior, su lugar en la sociedad. De esta manera, los otros dicen que el intelectual se ocupa de cosas que no le importan o que se mete en lo que no le importa, para decirlo de la manera más coloquial. De no ser así, ese profesional del saber técnico, por muy experto que sea en su materia, no es un intelectual. Añade el escritor francés que: “En suma, todo profesional del saber técnico es un intelectual en potencia, que se define por una contradicción que no es otra que el combate permanente de sí mismo, y de su técnica universalista y de su ideología dominante”. Concluye: “El intelectual es, pues, el hombre que toma conciencia de la oposición entre él y la sociedad; entre la búsqueda de la verdad práctica y la ideología dominante, con su sistema de valores tradicionales”. FUNCIÓN DEL INTELECTUAL La segunda conferencia es: “Función del Intelectual”. En este apartado, Sartre se extiende en ejemplos para mostrar las tareas que debe atender un hombre para poder ser considerado “intelectual”. Por lo general, ubica la tarea del intelectual en asumir una posición a favor de las clases más desfavorecidas. Debe usar su capital-saber que le proporcionó la clase dominante, para elevar la cultura popular; es decir, poner las bases de una cultura universal. Concluye al final de su investigación: “sabemos que un intelectual es un agente del saber práctico, y que su contradicción mayor (universalismo de profesión, particularismo de clase) lo lleva a retomar el movimiento hacia la universalización de las clases desfavorecidas, y dejar de apoyar a las clases dominantes que lo reducen a un medio para un fin particular que no es el suyo”. El intelectual es, pues, un guardián de la democracia, que cuestiona el carácter abstracto de los derechos de la democracia burguesa, no porque los quiera suprimir, sino porque quiere complementarlos con derechos concretos de la democracia socialista, conservando en toda democracia la verdadera función de la libertad. ¿EL ESCRITOR ES UN INTELECTUAL? En el último capitulo del libro, Sartre se cuestiona si el escritor es un intelectual, y señala: “si definimos al intelectual por la contradicción que vive entre el saber práctico (verdad, universalidad) y la ideología (particularismo), esta definición se aplica a los sabios, a los maestros, a los médicos, etcétera. Pero, ¿en este recuento están los escritores?” Por un lado, nos dice, en ellos se encuentra una buena parte de las características del intelectual, pero por la otra no aparece, a priori, que su actividad social de “creador” tenga por objeto la universalización del saber práctico. El escritor contemporáneo tiene por material de trabajo el lenguaje

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común, que sirve de vehículo a todas las proposiciones de los miembros de una sociedad. El lenguaje también sirve para expresarse a los que tienen algo que decir. Por algo nos dice que Roland Barthes ha distinguido entre escribientes y escritores. El escribiente usa el lenguaje para trasmitir información, mientras que el escritor es el guardián del lenguaje común, pero él va más lejos: es un artesano que produce un cierto objeto verbal a través de un trabajo sobre la materialidad de las palabras, tomando como medios los significados, y los no significados como fin. Un escritor, nos dice, más que ningún otro, no puede escapar a la inserción en el mundo y sus escritos son el tipo mismo del universo singular. Cualquiera que éste sea, tiene dos caras complementarias: la singularidad histórica de su ser y la universalidad de sus pretensiones; o, a la inversa, la universalidad de su ser y la particularidad de sus pretensiones o caras o rostros. Un libro es necesariamente una parte del mundo, a través del cual la totalidad de él se manifiesta sin jamás quitarse el velo… El fin del escritor moderno tiene muchas consecuencias para sus obras. En primer lugar, es cierto que el escritor no tiene fundamentalmente nada que decir. Entendemos por esto que su finalidad no es transmitir un saber; se limita a comunicar. Esto significa que su obra tiene por objeto dar forma a la condición humana, en su nivel más radical. (El ser en el mundo). El compromiso del escritor se encamina a comunicar lo incomunicable (estar en el mundo, haberlo vivido) explotando la parte de la desinformación contenida en la lengua común, y mantener la tensión entre el todo y la parte, la totalidad y la totalización, el mundo y el estar en el mundo como sentido de su obra. INTELECTUALES POR ESENCIA A diferencia de los intelectuales del saber práctico, y de los que resuelven su contradicción entre la particularidad y la universalidad, los escritores deben permanecer sobre el plan de lo vivido, sugiriendo la universalización como la afirmación de la vida en el horizonte. En este sentido, concluye, “los escritores no son intelectuales por accidente, sino por esencia”. No deja de sorprenderme que en la revista Línea, antes citada, aparezca una cita de Carlos Fuentes de 1976. Dice: “Yo no definiría el término de ‘intelectual’. Lo eliminaría del vocabulario moderno por gastado, confuso e inservible. La inteligencia no es privilegio de nadie genéricamente y la poseen campesinos, obreros, estudiantes, profesionistas, artistas y hombres públicos”. Añade Fuentes: a mí no me interesan los escritores comprometidos. Me interesan los escritores que comprometen a sus lectores. Y este compromiso nunca se obtiene dogmáticamente. Un libro importante siempre dice más de lo que su autor se propuso. Concluyo: desde que leí el trabajo de Jean Paul Sartre, entendí y acepté la diferencia entre ser “un profesional del saber técnico y un intelectual”. La distinción no está en el saber o en la suma de sus conocimientos adquiridos por los que hacen del conocimiento y su divulgación su forma

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de vida, sino en el rol que asuman ante la realidad que los circunda y la cuestionen. Visto así, la mayor parte de los que se supone son intelectuales, no son más que profesionales del saber, dado que se acomodan en el estado de cosas, sin cuestionarlas y sin pretender su cambio. En este sentido no son intelectuales. Es justo reconocer que, sobre todo a partir del movimiento de 1968, que cimbró al sistema político mexicano, se dio en el país una revisión a fondo de las cuestiones políticas y sociales, para proponer alternativas al sistema político autoritario que teníamos. A partir de entonces, pero sobre todo en las últimas décadas, la evolución del régimen político ha exigido que muchos profesionales del saber se hayan decidido a enjuiciar la realidad. En particular, la democratización de la vida nacional, las reformas políticas de las décadas han contado con el aporte de muchos académicos y profesores que dejaron la comodidad de las aulas universitarias para empujar dichas reformas. Éstas no hubieran sido posibles sin la participación e incorporación de muchos académicos y profesionales del saber técnico a los medios de comunicación, en particular a la prensa escrita. ACADÉMICOS E INTELECTUALES Su aporte fue y sigue siendo crucial en la democratización del país. Honro por este escrito a muchos académicos e intelectuales mexicanos que, a diario, en las aulas universitarias, distribuyen su saber técnico con juicios críticos en beneficio de la formación de millones de jóvenes estudiantes mexicanos. El que esto escribe alguna vez pensó que podía ser intelectual, y al final las circunstancias lo llevaron a ser tan sólo un profesional del saber técnico; claro que con algunos destellos de crítica y propuesta para mejorar la sociedad y la vida mexicana.


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los intelectuales en la actualidad e Rosaura Barahona

l concepto de intelectual ha variado a lo largo de la historia en función de la geografía y de los cambios que se presentan en cada sociedad. Como muchos otros conceptos, no es fácil definirlo; su definición depende de la época, de las corrientes filosóficas del momento y de la ideología de quien lo define. De modo que, si alguien busca una sola definición que satisfaga a todos, será prácticamente imposible encontrarla. Veamos algunas definiciones cotidianas. El Pequeño Larousse Ilustrado dice: “Persona que se dedica a actividades en las que predomina el empleo de la inteligencia”. Si aceptamos esa definición como verdadera, cualquier persona que no use primordialmente las manos para trabajar puede ser considerada un intelectual; pero el concepto, tal y como se maneja en las sociedades actuales, es más elitista (en el buen y en el mal sentido del término). De hecho, hay autores que señalan que todos somos intelectuales, pero no todos somos reconocidos como tales. El Diccionario Abreviado Oxford dice: “Los intelectuales son un grupo de personas con un alto grado de educación y, por lo mismo, influyen en la cultura y en la política”. De acuerdo al Diccionario de la Real Académica de la Lengua (22a edición): “Persona dedicada preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras”. El Diccionario de sociología habla de intelligentsia: “Grupo social interesado por la ciencia, el arte y la vida cultural; a veces se emplea casi en el sentido de una casta con algún matiz peyorativo por su actitud liberal ante los problemas sociales y sus esfuerzos únicamente teóricos por lograr su solución”. Intelligentsia es un concepto que fue muy utilizado durante los siglos XIX y XX en Rusia. De acuerdo al uso que se le daba, componían la intelligentsia profesores sin cátedra, escritores y artistas sin recursos, nobles segundones, eclesiásticos sin beneficios y descendientes de clérigos de la Iglesia rusa. De hecho, quienes prefieren usar intelligentsia en vez de intelectuales, consideran que es más apropiado, porque habla de grupos de personas responsables de una tarea importante: crear, llevar y distribuir la cultura a un grupo social determinado.

CATEGORÍA OCUPACIONAL El primer capítulo del libro Intellectuals and society, de Thomas Sowell, se llama Intellect and Intellectuals; ahí, Sowell dice que la palabra intelectual es una categoría ocupacional, no una etiqueta cualitativa ni un grado honorario; por eso se aplica “a las personas cuya ocupación empieza y termina con las ideas”. Por lo general, estos grupos poseen una visión más amplia y profunda que la del ciudadano normal, y aunque rara vez llevan a la práctica lo que señalan, sus reflexiones iluminan a otros en muchos sentidos. Y, a menudo, esos otros aterrizan ese nuevo pensamiento teórico y establecen instituciones o generan acciones elaboradas con la intención de mejorar las cosas. Puesta así, la posición de los intelectuales parece muy cómoda, pero ésta varía de acuerdo a su desempeño político dentro de su grupo social y a su relación con el poder; algunos se vinculan a los gobiernos represores y con-

Rosaura Barahona Capacitadora para la Organización del Bachillerato Internacional y editorialista del Grupo Reforma rosaurabster@ gmail.com


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tribuyen a dañar al pueblo, mientras otros asumen una posición para defenderlo. Por eso se dice que no hay intelectuales políticamente “neutros”.

PENSADORES Y HACEDORES En la cultura norteamericana, cuando se habla de alguien con talento, a menudo se pregunta: “Is he a thinker or a doer?” Y no se pregunta a nivel filosófico, sino meramente práctico: “¿Es un pensador o un hacedor?” El pensador genera muchas ideas, pero no le gusta o no puede llevarlas a la práctica. El hacedor contribuye a modificar la realidad que lo rodea al transformar en cosas tangibles sus ideas o las de otros. Los intelectuales son vistos por algunas corrientes como creadores de productos ideológico-culturales (a diferencia, por ejemplo, de quienes producen bienes y servicios). Sin embargo, esto ha significado cosas diferentes en países socialistas y en países capitalistas. En los primeros, en teoría, pesaba lo cualitativo dentro de la obra de estos grupos; en el capitalismo, termina por ser cuantitativo.

LOS DIVOS En las sociedades capitalistas, a menudo, los intelectuales más sobresalientes se convierten en divos, y cobran fortunas por dictar una conferencia o visitar un congreso. El capitalismo convierte todo en un espectáculo; es decir, en dinero, y no es raro toparse con escritores que exigen ser tratados como la más famosa estrella de rock: sólo viajan en primera clase, llegan al hotel más lujoso,

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toman agua francesa embotellada, tienen guardaespaldas y dan ruedas de prensa por las que también cobran y de las que terminan, a menudo, hartos. Por supuesto, hay intelectuales valiosísimos, que se resisten a caer en esas trampas y continúan su labor como pueden. Publican obras que a menudo nos iluminan, pero se resisten a perder el tiempo en el juego de las vanidades editoriales o mediáticas. Tristemente, esa posición ética los hace parecer menos valiosos, porque el lema de los medios es: “Si no te ves, no existes”. Sowell habla también de los pseudo intelectuales, a quienes ve como personas reconocidas por manejar ideas en su profesión u oficio, aunque son poseedoras de menos conocimientos que quienes encabezan a los intelectuales. En nuestro país, calificar algo de “pseudo” es peyorativo. Un pseudo médico es alguien que se hace pasar por médico sin serlo o que, siéndolo, es malo y la gente lo sabe. Me parece que la intención de Sowell en este caso concreto es más señalar una categoría, que un calificativo. Por eso, al hablar de los pseudo intelectuales, Sowell usa un término ilustrativo: “la penumbra”, aplicado a ellos y a otros que, sin ser grandes pensadores, están de algún modo vinculados a éstos y a sus tareas. Dice el autor: “Alrededor del grupo más o menos sólido de productores de ideas, hay una penumbra formada por aquéllos cuyo papel consiste en el uso y la diseminación de las ideas de los pensadores. En la penumbra están incluidos los profesores, periodistas, activistas sociales, asistentes de políticos, jueces y otras personas que basan sus ideas y sus acciones en las ideas de los intelectuales”. De hecho, al hablar de los periodistas, distingue entre quienes escriben en las páginas de opinión, y los reporteros. Los primeros parten de las ideas de otros, pero pueden generar sus propias ideas, aunque no siempre lo logren; en cambio, los reporteros deben limitarse a dar información concreta y veraz, porque es requisito de su oficio y porque la calidad de ésta es muy importante para el público entre el que se encuentran los intelectuales. Nuestra sociedad no considera intelectuales ni a los magos financieros ni a los neurocirujanos ni a los ingenieros excepcionales que no sólo piensan las cosas y reflexionan sobre ellas, sino las hacen. El financiero asesora y diseña formas de inversión exitosas, dentro de un sistema capitalista; el neurocirujano (o cualquier doctor reconocido por su especialización), opera o cura, y el ingeniero calcula y construye, por ejemplo, un puente que desafía la lógica ingenieril y que, al ser terminado, provoca una admiración constante. Todos ellos usan la cabeza tanto o más que los llamados intelectuales, pero a nadie se le ocurre incluirlos en la categoría de éstos, para acompañar a los poetas, ensayistas, filósofos, pensadores, científicos sociales, cineastas, artistas y escritores cuyo reconocimiento o prestigio se basa en sus discursos orales, escritos o visuales. Sus palabras los identifican, pero éstas no los comprometen a corregir las fallas que señalan ni a resolver los problemas que plantean.


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INTELECTUALES DEL FUTURO Por eso se considera que los futuros intelectuales egresarán de las facultades de Filosofía, Ciencias, Derecho, Ciencias Sociales, Artes, Lingüística y Literatura, pero no de Administración, Contabilidad, Agronomía, Ingeniería, Medicina ni Educación Física. Por supuesto, en todas ellas puede haber pensadores muy importantes, pero más por un mérito personal que por sus programas académicos . Todo lo anterior es una idea generalizada, pero cuestionable: se supone que, en el primer grupo, el ejercicio de tener ideas nuevas y pensar sobre ellas es continuo, y va a la par de la metacognición; es decir, de la reflexión sobre el proceso de pensamiento y de la creación; saben, también, que no es lo mismo aprender la lengua, que aprender sobre la lengua ni aprender a través de la lengua. En el segundo grupo de facultades importa más obtener resultados prácticos y funcionales, que analizar por qué decidieron trabajar en esa dirección y no en otra. En ese caso, la lengua es vista como un instrumento de comunicación muy valioso, sí, pero nada más. Nunca lo ven como el meollo de la filosofía ni como un objeto de creación. ¿FUE STEVE JOBS UN INTELECTUAL? Si quisiéramos provocar una discusión respecto a lo anterior, basta con preguntar si Steve Jobs fue un intelectual o no. Steve fue un thinker y un doer, genial como una cosa y como la otra. ¿Le preocupó más repensar la realidad o prefirió concentrarse en analizar cómo cambiarla? ¿Sus grupos de trabajo estaban más encaminados a profundizar en la condición humana y en la esencia de lo cibernético o en ver cómo generaban soluciones que facilitaran la vida de los demás a través de una revolución tecnológica? Al pensar en él, ¿nos vemos obligados a ponerlo en una categoría distinta a la de Einstein o podemos ponerlo a su lado sin que demerite el hecho de que su herencia sea, sobre todo, la de un hacedor? Por eso, definir el concepto de intelectual no es tarea sencilla ni en el sentido diacrónico (cómo ha cambiado cronológicamente), ni en el sentido sincrónico (en un tiempo específico). La definición cambia según se dé en el socialismo o en el capitalismo, o se matiza cuando se le define según la perspectiva sea filosófica, epistemológica, metafísica, sociológica, psicológica, cultural o social. Sin embargo, como ya dijimos, no se trata sólo de buscar una definición aceptada por todos, sino de ver los elementos vinculados a los llamados intelectuales en diversas etapas de la historia, incluida la actual. LOS INTELECTUALES EN EL TIEMPO Si comparamos a los intelectuales griegos con los romanos, los medievales, los renacentistas o los que surgen después de la imprenta, veremos que cada uno de esos grupos percibía el mundo de una manera distinta y tenían formas diferentes de creer, de ser, de ver, de actuar y de aprender. Imposible sería aquí señalar incluso los cambios más importantes en el papel de los intelectuales en esas épocas; baste decir que siempre encontrarnos elementos comunes en todos ellos.

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Por siglos, los intelectuales fueron vistos como una especie de casta privilegiada, porque reunían la sabiduría de su pueblo y la de otros en ese momento y, también, porque eran responsables de las tareas espirituales a las que el pueblo no tenía acceso. Las reflexiones sobre lo espiritual eran (y son) vistas como algo superior a las reflexiones sobre lo terreno. Si usted recuerda lo que Werner Jäger dice en La paideia, lo anterior tiene mucho sentido: los griegos seleccionaban a los varones (nunca mujeres) a quienes educarían como ciudadanos (no todos lo eran) y les enseñaban tareas superiores de erudición, pero jamás habilidades manuales, porque les parecían denigrantes. No todos los elegidos tenían la oportunidad de entrar al círculo de los pensadores, pero alguno podría lograrlo. EL LIBRO El libro, hoy accesible casi para cualquier persona en su forma impresa, electrónica u oral, nos parece común y corriente, pero no siempre fue así. Gutenberg creó la imprenta apenas en 1439, y eso no significa que, a partir de ahí, los libros empezaran a estar por todos lados. Muy poca gente sabía leer, de modo que convertir el libro en un objeto popular tomó mucho tiempo. Cuando el libro se volvió común, la idea del intelectual cambió, como cambió cuando se vinculó a procesos democráticos, fortaleció dictaduras o apoyó ideologías totalitarias. El papel del intelectual vinculado al poder es uno de los grandes temas que se debe continuar discutiendo en la actualidad, porque, idealmente, los intelectuales deberían contribuir a nutrir nuevos proyectos históricos, pero en pocos casos es así. Por las razones que sea, un número elevado de estudiosos, sin saber si son o no intelectuales, tratan de explorar la realidad desde diversas perspectivas, para intentar comprenderla mejor, aunque cada vez sea más difícil lograrlo. Definamos como definamos a los intelectuales, nos toparemos con ellos, si no de manera directa, en sus textos o en los cambios que provocaron sus reflexiones, y ahí comprenderemos que unos y otros responden a una visión personal del mundo, no carente de dudas ni cuestionamientos, pero coherente y sólida. Por eso, siempre son tan agradecibles como criticables.

ReFeRenciaS Diccionario de la Real Académica de la Lengua (22a edición). Diccionario de sociología (México: Fondo de Cultura Económica, 8ª reimpresión, 1980). Diccionario abreviado Oxford. El Pequeño Larousse Ilustrado (Barcelona: Spes Editorial, 2003). Thomas Sowell, Intelectualls and Society (New York: Basic Books, 2009).


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el intelectual en el mundo de la tecnología Alejandra Rangel

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l surgimiento de la filosofía en la cultura griega vino a significar la aparición de la mirada crítica del hombre respecto a sí mismo, la sociedad y el mundo, porque si bien las explicaciones mitológicas habían brindado un fundamento al origen de los pueblos, el pensamiento racional ofreció un replanteamiento de las preguntas sobre la existencia humana, un despertar que hacía presente al logos mediante la conciencia racional. La filosofía se convirtió en un arma crítica para los atenienses, y Sócrates, siendo uno de sus primeros representantes, asumió una posición cuestionadora frente al Estado y la religión. Creó su propio método, la mayéutica, que a través de una fina ironía interrogaba a los hombres y jóvenes para que descubrieran sus preguntas y verdades, cuestionando las creencias y costumbres de su tiempo. Hablaba en los mercados y plazas públicas; se le acusó de corromper a la juventud y de no reconocer a sus dioses, mereciendo por ello la muerte. Sócrates dudaba de un sistema social y religioso bajo el cual las culpas se perdonaban dependiendo de la calidad de las ofrendas llevadas a los dioses; de un sistema que privilegiaba a los poderosos, y de la cultura dominante de su época.

Licenciada Alejandra Rangel Profesora Investigadora Facultad de Filosofía y Letras / UANL aleranhin@gmail. com

VICIOS Y VIRTUDES DE LA SOCIEDAD Este filósofo griego desempeñaba la función de espejo, al mostrar los vicios y virtudes de la sociedad, y trabajaba por cumplir su misión educadora al defender los principios éticos y políticos contrarios a los grupos de poder. A pesar de que no contamos con su obra escrita, el testimonio de Sócrates nos fue entregado gracias a su discípulo Platón. Como es claro, las ideas socráticas bien podrían considerarse contemporáneas, porque cualquier intelectual del siglo XXI, en el verdadero sentido del término, cum-

pliría con los mismos objetivos, que consisten en representar la conciencia crítica de la época, construir un nuevo proyecto histórico o desarrollar un análisis que descubra las relaciones y controles de los poderosos, en una lucha por los ideales libertarios de la humanidad. EL INTELECTUAL, CRÍTICO DEL SISTEMA A lo largo de la historia, hemos contado con pensadores e intérpretes de las manipulaciones, ideologías, creencias que afectan los caminos del actuar y del saber. Un intelectual denuncia, ya sea filósofo, ensayista, científico o artista, y es un crítico del sistema imperante y de los abusos de poder. En ocasiones, también son activistas, como es el caso de Voltaire, quien influyó con sus ideas en el movimiento de la Revolución Francesa, y, posteriormente, como crítico de la historia oficial, de la iglesia y sus creencias, propugnando por una mayor libertad de conciencia. En el siglo, XX Michel Foucault ofrece otras posibilidades, tanto como activista a favor de los derechos humanos, como a través de su obra escrita y de sus enseñanzas. Propuso el análisis de los discursos, fueran éstos científicos, sociales, religiosos o políticos, para mostrar lo que subyace en ellos y revelar los entramados del poder. Una de sus hipótesis es que en toda sociedad la producción del discurso está controlada, seleccionada y redistribuida por un proceso de exclusión y prohibición que tiene por función “conjurar sus poderes y peligros” y dominar los acontecimientos. Como filósofo, pone a consideración una apertura crítica y las herramientas teóricas que permitan el descubrimiento de los sistemas de dominio, y develen los artificios de las relaciones de poder, las ideologías de las instituciones y cómo se entretejen en los discursos hablados o escritos.


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NUEVOS CAMINOS PARA EL INTELECTUAL En el siglo XXI existen nuevos caminos para el intelectual, al momento de enfrentar la dinámica de la información y la comunicación en la era tecnológica, porque si bien se abren las ventanas para dar a conocer con rapidez puntos de vista y estudios críticos, también se enfrentan a las dificultades de las redes establecidas, sus reglas de juego y el constante dinamismo que ello supone. La complejidad reside en que al mismo tiempo que se critican las consecuencias de las imágenes, la pérdida de la comprensión profunda de la lectura, las fallas en la escritura y la redacción en línea, tiene que participar en blogs, facebook, twitter, y en tantas otras propuestas para insertarse en el proceso de análisis de las complejidades discursivas y de las nuevas realidades. El reto consiste en comprender a un tiempo la información, actualizarse y desentrañar lo verdadero de lo falso; mostrar la manipulación e intereses de quienes sustentan las redes sociales; los efectos de las estrategias comunicacionales en la educación y en los procesos cerebrales de los individuos, en especial jóvenes y niños, donde todavía no se conocen los cambios profundos a futuro; observar los golpes mediáticos en los procesos electorales y campañas políticas, la comunicación de los candidatos a puestos de elección y sus mensajes. Todo ello debe atender el pensamiento crítico, con el fin de poner en evidencia los intereses ocultos tras los discursos. NUEVAS RELACIONES SOCIALES En los últimos cincuenta años, el intelectual ha tenido que transformarse y reconocer la aparición de otras relaciones sociales, de distintas figuras generacionales y masas críticas de especial relevancia, que han mostrado la debilidad de los controles en los sistemas dominantes y la pérdida de hegemonía de las instituciones, como sucedió con las rebeliones árabes, tanto de Túnez, como de Egipto y Libia, en las cuales los jóvenes jugaron un rol determinante, apoyados por una sociedad promotora del cambio. Y aunque no se sabe si las transformaciones políticas irán a favorecerlos, por lo pronto se impusieron frente a los sistemas imperantes y midieron sus fuerzas. En otro escenario, el pensador crítico actual delata a una sociedad insatisfecha, dispuesta a consumir más y más, pues nunca será suficiente; denuncia las injusticias de los intereses financieros que favorecen a los ricos y descuidan a los desposeídos; analiza los movimientos de los “indignados”, que han reaccionado contra las políticas públicas dirigidas a favorecer los antiguos esquemas del neoliberalismo, la injusticia económica y el desempleo, así como a los medios masivos de comunicación formadores de conciencias y culturas. INTÉRPRETE DE UNA REALIDAD SOCIAL El intelectual, no sólo como teórico, sino como intérprete de una realidad social, deberá despertar a una sociedad adormecida y sin preguntas; incitar de nuevo el cuestionamiento acerca de lo que nos rodea, las guerras y persecuciones sin sentido, el racismo y toda clase de na-

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cionalismos; la violación de los derechos humanos. Los intelectuales tienen la responsabilidad de influir en las movilizaciones que intentan prevenir las guerras y tantas otras catástrofes como las de las plantas nucleares, véase Fukushima, después del terremoto. Para ello podrá hacer uso de las redes sociales y los sitios de internet. La capacidad de los hombres para autodestruirse y acabar con el planeta se presenta como una de las grandes responsabilidades de la especie humana. Recordemos a Martin Heidegger, quien señala que somos seres arrojados en el mundo; existimos unidos con el mundo: ser y tiempo es nuestra condición existencial, y, al destruir el planeta, destruimos nuestra morada. El filósofo denuncia que se ha perdido la capacidad de pensar, y ésta es la gran contradicción de la época contemporánea. Hemos olvidado las preguntas fundamentales en torno a la verdad del ser, y nos hemos dedicado a construir conocimientos y a implantar la técnica, tomando el logos como razón y no como palabra, lo cual ha llevado a relacionarnos con un mundo tecnocrático, olvidando que debemos habitar poéticamente en la tierra. Nosotros todavía no pensamos, y pensar es lo que requiere nuestro tiempo complejo y violento. NECESIDAD DE LA CONCIENCIA CRÍTICA Emprender el verdadero camino de la filosofía sería regresar a meditar aquello que merece ser pensado; la conciencia crítica debe estar alerta ante este llamado; se trataría de convocar no sólo al intelectual aislado o al crítico especializado en analizar la “realidad social”, sino de emprender cambios profundos, estimulando la participación de una masa crítica donde la exigencia de los pueblos deba imponerse. La informática y los nuevos sistemas de comunicación permitirán una mayor difusión para crear esta conciencia crítica, con el agravante de que limitan la profundidad de los mensajes y los intercambios, cada vez más superficiales y reducidos. Las tareas del intelectual se encuentran desbordadas y al mismo tiempo protegidas por el activismo de los líderes sociales. He aquí la gran paradoja de nuestro siglo.

ReFeRenciaS Platón. Diálogos. Ed. Porrúa. México 2007. Foucault, Michel. El Orden del Discurso. Tusquets, Barcelona 1973. Heidegger, Martin. ¿Qué significa pensar? Trotta. Madrid 2005. Heidegger, Martin. Carta sobre el Humanismo. Alianza Editorial. Madrid 2000. Said, Edward W. El Mundo, El Texto y El Crítico. Debate. Mondadori. España 2005.


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el papel de los intelectuales en el proceso de cambio social Cada grupo social naciente en el terreno original de una función esencial del mundo de la producción económica crea para sí, simultánea y orgánicamente, uno o varios rangos de intelectuales que le dan una homogeneidad y una conciencia de su propia función, no solamente en el plan económico, sino también en los planos social y político. Antonio Gramsci1

Esthela Gutiérrez Garza

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ramsci explica que las sociedades se conforman por estructuras económicas y sociales donde se realizan el conjunto de actividades de la reproducción. En dichas estructuras se despliega el crecimiento sectorial, regional y nacional. Las mismas no son homogéneas en ningún sentido, no solamente por su naturaleza distintiva; -es decir, las distintas actividades sectoriales como la industria, las actividades agropecuarias, el comercio, los servicios en su amplia dimensión, donde destacan la salud, educación, telecomunicaciones, actividades culturales, entre otras-, sino también, porque en ellas, -empresas o negocios-, se presenta una marcada estratificación social donde destacan por su peso económico las grandes em-

Doctora Esthela Gutiérrez Garza Secretaria de Desarrollo Sustentable Universidad Autónoma de Nuevo León esthelagutierrez@ gmail.com

presas respecto de las medianas, pequeñas y microempresas. Si a esta situación le agregamos la diferenciación local y regional, así como las actividades privadas y las del sector público, podremos comprender la profunda heterogeneidad que existe en la estructura económica y social. Esta realidad origina funciones y necesidades de valorización del capital, marcadamente diferentes en cada uno de dichos escenarios de actividad social. Por otra parte, en dichas estructuras aparecen otros sujetos sociales, que no son los dueños del capital, sino de su fuerza de trabajo. Es decir, los asalariados, que si bien guardan un vínculo importante con la empresa, negocio o


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institución, sus intereses no son la valorización del capital, sino las condiciones de trabajo, el salario y las prestaciones sociales. Por último, conforme avanza la desigualdad social, nuevos actores han aparecido y conformado el sector de la informalidad y la marginación social. Este conjunto de actividades, en suma, son las que de manera entrelazada configuran el tejido social, el soporte vital de la sociedad. Lo anterior constituye una aproximación a la determinación económica de las clases sociales y las necesidades de progreso que se asientan en la estructura productiva en general. Ahí se ubican las bases del desarrollo de la ciencia, la cultura y el arte en todas sus manifestaciones, desde la producción tecnológica y los modelos de desarrollo, hasta la creación artística. RELEVANCIA DE LOS INTELECTUALES Para Gramsci, en el contexto de la gran diversidad de actividades y funciones económicas y sociales que se realizan en la sociedad, el sector de los intelectuales desempeña un papel de la mayor relevancia, porque son los pensadores de la realidad en su amplia dimensión, y su percepción de lo social está íntimamente relacionada con la situación, inserción o adhesión que el sujeto social tiene o asume frente a la realidad económica y social de la cual forma parte. Es decir, los distintos sectores económicos y sociales crean a sus intelectuales orgánicos, los pensadores que logran construir la visión, las estrategias políticas y, en muchos casos, traducir los intereses en propuestas de políticas de orden público. De esta suerte, la sociedad crea múltiples alternativas que se confrontan en el espacio público y, por lo general, una de ellas se establece como la visión hegemónica durante el tiempo que logre alcanzar el consenso y sea reconocida como tal por la mayoría de los sectores sociales. Sin embargo, señala Gramsci, las hegemonías no son eternas; tienen su etapa emergente, de culminación, y la descendente, para abrir el paso al surgimiento de una nueva hegemonía. Esto sucede cuando el modelo de desarrollo entra en crisis; cuando las contradicciones del poder hegemónico social y económico son tan fuertes, que se afecta la cohesión y la convivencia social, y se abre el paso a un nuevo escenario de cambio social. En esta etapa, los intelectuales se movilizan por su vocación; son emisores de nuevos proyectos, se movilizan en la detección de los problemas, elaboración de diagnósticos y la construcción de propuestas. Se ubican dentro del gran escenario de los intereses económicos y sociales, en una posición que abraza ya sea la continuidad o la opción de la alternancia. DECADENCIA DEL LIBERALISMO ECONÓMICO En México, nuestro país, estamos viviendo un periodo como el anteriormente descrito. El liberalismo económico, que se constituyó como visión hegemónica desde 1982, ha entrado en crisis, y hoy en día se encuentra en su etapa de incuestionable decadencia. La situación afecta a la mayoría de los empresarios, asalariados, tra-

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bajadores del sector informal y población en general. Esta apreciación ha sido ampliamente documentada por intelectuales provenientes de distintos campos de conocimiento, en su gran mayoría formados en las universidades públicas y privadas de nuestro país. Las universidades no sólo constituyen el espacio más propicio para la formación de los intelectuales, sino sobre todo para la creación y difusión del conocimiento y, por su función social, participan en los procesos de cambio. Particularmente, la Universidad Autónoma de Nuevo León se ha inscrito de manera decidida en el proceso de elaboración del proyecto de nación que México necesita. En enero de 2010, el rector, doctor Jesús Áncer Rodríguez, creó el Centro de Reflexión para la Elaboración de Alternativas (CREA), en el seno de la Secretaría de Desarrollo Sustentable, un espacio abierto al análisis, la discusión y las propuestas para enfrentar los grandes problemas que integran la agenda nacional.

http://crea.sds.uanl.mx/

PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL PROYECTO DE NACIÓN La primera actividad del CREA fue la organización del Foro Nacional: Participación ciudadana en el proyecto de nación, en el marco de la celebración del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución. El Foro se realizó con la presencia de destacados intelectuales y especialistas, quienes abordaron los grandes temas de la agenda nacional. Al término de estas conferencias, y como resultado del compromiso emprendido entre el Senado de la República, la Universidad Autónoma de Nuevo León y Siglo XXI Editores, se publicó el libro Cambiar México con participación social. En este libro, que tuve el honor de coordinar, los autores condensan múltiples visiones emanadas de diferentes ámbitos del conocimiento. Han surgido de la reflexión, del estudio, de la maduración en las ideas y la observación sistemática realizados por especialistas con autonomía, sin más ataduras que aquéllas impuestas por el compromiso con su oficio y con el país. De ahí derivan una buena porción de su validez, de su vigencia y de la aptitud para contribuir a la transformación del México que tanto necesitamos y tanto anhelamos. Debatir el proyecto de nación se constituye en una acción de prioridad nacional, ante la emergencia de un profundo reclamo social por transitar hacia la transformación de nuestra nación, con propuestas renovadoras, objetivas y propositivas, que orienten la visión del país que queremos y los sentimientos de certidumbre y convicción que activan la movilización colectiva. COMPLEJA CRISIS En Cambiar México con participación social, se sostiene que el México de hoy transita por una de las crisis más complejas de la historia. Aunadas a los viejos problemas estructurales de pobreza y desigualdad social, corrupción e impunidad, erosión de las instituciones, cuestionamiento del estado de derecho y de


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la democracia, aparecen con gran fuerza, nuevas circunstancias caracterizadas por la violencia, la delincuencia organizada y la violación de los derechos humanos, que obstruyen las potencialidades de la nación. En este libro se han identificado las políticas donde los mexicanos podemos fundamentar nuestra participación social. Pero éstas no aparecen de manera aislada; por el contrario, se inscriben en la definición de un proyecto de nación que convoca a la convergencia, a la acción responsable y al compromiso social de todos los mexicanos. En efecto, el proyecto de nación que habremos de construir constituye una amplia convocatoria, identificada con el desarrollo sustentable, la democracia participativa y la justicia social. Se sostiene que el actual modelo económico ha dejado de ser funcional y que es inminente su proceso de transformación para retomar el crecimiento económico, revertir el proceso de desindustrialización del aparato productivo, reconstruir y otorgar nuevos soportes institucionales al sistema agropecuario, crear nuevas reglas para el sistema bancario y financiero en torno al papel estratégico del capital nacional, las políticas de fomento económico, la regulación del capital especulativo. Asimismo, se pronuncia por el restablecimiento de la libre competencia entre los prestadores de servicios y medios de comunicación. Todo ello, en la perspectiva de la productividad, la competitividad y el fortalecimiento del mercado interno sectorial, regional y nacional. DISFUNCIONALIDAD DEL SISTEMA POLÍTICO Otro de los grandes problemas que se identifica es la disfuncionalidad del sistema político. La democracia sólo tiene sentido si sus resultados son efectivos y es-

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tán vinculados a la creación de oportunidades para que la población pueda desarrollar sus capacidades y más sentidas aspiraciones. De la democracia, los mexicanos también exigimos esperanza. De los políticos, se requiere responsabilidad auténtica para profundizar y fortalecer el estado de derecho, el cumplimiento de la ley y la impartición de la justicia social; todo ello en la perspectiva de crear un sistema de garantías universales en torno al empleo, salario justo, medio ambiente sustentable, educación, cultura, salud, vivienda digna, respeto a la dignidad humana y seguridad en un ámbito de paz. ¿Por dónde empezar? ¿Existe algún ciudadano que no vea con claridad la necesidad de Cambiar México? México es mejor de lo que vemos y es muy superior a lo logrado. Sin embargo, para poder avanzar y detener el deterioro progresivo de nuestro país, es necesario renovar la política, facilitar los cauces de involucramiento y participación social, pues es la participación ciudadana el elemento sustancial, para impulsar un proyecto de nación que tenga viabilidad nacional y oportunidad en el contexto de la globalización. Nunca olvidemos que el presente y futuro de México depende de la profunda renovación educativa. PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN EL SENADO El libro Cambiar México con participación social fue presentado en el Senado de la República, en el antiguo recinto situado en la casona de Xicoténcatl, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, hermosa edificación que brinda testimonio de actividad republicana; memoria simbólica y creativa de nuestra historia, y evidencia fehaciente de la íntima relación que existe entre la concepción arquitectónica que perdura; la historia, que nos mueve y nos conmueve; el arte, que nos ilumina, y la política, que


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enaltece la virtud, el diálogo y la búsqueda de acuerdos. El rector de la UANL, doctor Jesús Áncer Rodríguez, en� cabezó la presentación de la obra, que contiene una serie de propuestas para construir un proyecto de nación con igualdad de oportunidades para todos los mexicanos. Sos� tuvo que las universidades han sido forjadoras de conciencia crítica de nuestra sociedad y, “a través de los jóvenes que formamos, dejamos constancia del futuro al que aspiramos” y destacó “que las universidades deben ser un foro en el que se expresen las ideas de cambio de la nación”. Fue acompañado por el presidente del Senado, José González Morfín, quien inauguró el evento y sostuvo que: “Este libro debería ser punto de referencia obligada para las estrategias de los partidos políticos en la contienda electoral que estamos iniciando”. El senador Eugenio Govea Arcos, presidente de la Comisión de Participación Ciudadana en el Senado, quién tuvo una valiosa contribución en la presentación del libro, dijo: “Esfuerzos como éste me animan, me entusiasman, me hacen creer no sólo que existe un México posible, sino que también hay mexicanos comprometidos con su pa� tria”. En dicha presentación, por parte de la academia, par� ticipamos la doctora Clara Jusidman, el doctor Leonardo Curzio y quien suscribe este artículo. El libro consta de 370 páginas y fue escrito por Jesús Áncer, Edgardo Buscaglia, Jorge Carpizo, Rafael Cordera, Rolando Cordera, Lorenzo Córdoba, Adrián Fernández, Andrés Flores, Miguel Ángel Granados Chapa, Jaime Labas� tida, Gloria Mancha, Miguel Ángel Gutiérrez, José Narro, Víctor Orozco, Enrique Provencio, José Sarukhán, Enrique Semo, José Woldenberg y quien suscribe. ALTERNATIVAS PARA EL CAMBIO La contribución de los intelectuales en la construcción del proyecto de nación es insoslayable. A partir de estas propuestas se puede ir construyendo una concepción y visión del país, que coadyuven a la conformación de las alternativas para el cambio. Sin embargo, existen otras mediaciones sociales a través de las cuales se perfilan las ideas�fuerza del proyecto de nación y que van más allá de la academia y el mundo intelectual. La relación entre los actores sociales y los intelectuales es dinámica y se retroalimenta mutuamente. Hoy en día esta relación se facilita a través de las redes sociales y los medios de comunicación. Por ello, la UANL ha creado un espacio de comunicación en las redes sociales, que aspira a promover un diálogo respetuoso, constructivo y comprometido, para detonar en un ámbito de libertad, la participación de los jóvenes y demás sectores de la po� blación, para Cambiar México con participación social. Su sitio es: crea.sds.uanl.mx Solamente se edificarán sociedades sustentables, donde los ciudadanos fortalezcan su vida colectiva con un sistema democrático funcional, un estado de derechos, instituciones respetadas y respetables, participación ciu� dadana, en una sociedad productiva y competitiva con vocación igualitaria. El actual período electoral es cir�

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1 Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura, Tomo II, Juan Pablo Editores, México, 1975, p.11.

cunstancia oportuna para un reencuentro con nosotros mismos en la búsqueda de nuestro bienestar colectivo. Democracia representativa y democracia participativa en� carnan el binomio equilibrado de la renovación política que proporcionará el rumbo del México del siglo XXI; es el espacio de la búsqueda de consensos de los distintos sectores que dan vida a la estructura económica, política y social del país.


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Y a ver 1 MB por segundo de ceros y unos

el nuevo intelectual, expuesto a leer 10 MB y escuchar 400 MB diarios

Maestro Rodrigo Soto Economía de las Ideas rsotomoreno@ yahoo.com

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Rodrigo Soto

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l despertar de nuestro letargo, supimos de inmediato que el camino no iba a ser fácil, y fue así como nos embarcamos en una jornada larga y complicada para llegar a este punto en que podemos escribir y usted leer estas letras. Es innegable que muchos se quedaron en el camino, y muchos más tal vez nos quedemos también, pero si de algo debemos estar orgullosos es de que todo se ha hecho en pro de la evolución del hombre, siempre motivado por su afán inquisitivo de conocimiento.

Nuestra carga genética jugó y juega un papel crucial en la evolución de cada uno de nosotros en general, pero sobre todo en particular; además, a cada paso que dimos y seguimos dando, con nuestro encuentro con la naturaleza, adquirimos nuevo conocimiento que se va sumando al que ya poseíamos en nuestro ADN. Comprendimos entonces que era necesario dejar nuestra herencia genética potenciada con el aprendizaje adquirido, gracias a la experiencia dada, en nuestro andar evolutivo, y así garantizar la


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supervivencia de nuestros genes egoístas reflejados en nuestra descendencia. Podemos decir que, gracias a la capacidad de aprendizaje, nuestra estrategia extrasomática (como lo dijo Carl Sagan) de dejar huella o registro escrito para las generaciones futuras, resulta ser pieza clave en el desarrollo de la civilización humana como especie, pues la competitividad entre nuestros antepasados homínidos hizo que hoy seamos el homo sapiens que somos.

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existencia, el conocimiento no sólo extragenético, sino también extrasomático; información almacenada fuera de nuestros cuerpos, de la cual, la escritura es el más notable ejemplo”. Para ponerlo de cierta forma, así como la constante del universo, para que exista como lo conocemos es el calor, y el día que se enfríe entonces todo cambiará o tal vez deje de ser, la constante que tenemos los seres humanos para seguir evolucionando es el conocimiento, particularmente el de las áreas científicas y tecnológicas, así que el día que el conocimiento se limite o extinga, entonces también limitaremos o extinguiremos a la raza humana. LOS INTELECTUALES Solamente puedo estar hablando, entonces, de la simbiótica necesidad de que el conocimiento fluya entre los seres humanos, sobre todo por parte de faros luminosos, como suelen ser los intelectuales, quienes se encargan de estimular las conexiones neuronales de muchos de nosotros que nos “jactamos” de poseer algo de inteligencia y razonar. Por ende, en el momento en que esos supuestos faros luminosos dejen de alumbrar el camino de la razón e inteligencia humana, nos veremos sumidos en períodos de oscurantismo, faltos de la capacidad inquisitiva necesaria para aprender. Recordando algo de historia, los seres humanos nos hemos visto inmersos en períodos, ya sea largos o cortos, de oscurantismo, donde se nos obligó, en ese momento, a limitar nuestro encuentro con la naturaleza y el cosmos para cuestionarnos lo que vemos, probamos, escuchamos, olemos y tocamos, a través de nuestros sentidos, para formar una percepción más clara de la vida,

INFORMACIÓN GENÉTICA En palabras del propio Sagan: “La mayoría de los organismos en la Tierra dependen de su información genética, que está ‘pre-cableada’ en sus sistemas nerviosos, en mayor grado que de su información extragenética, que es adquirida durante sus vidas. Para los seres humanos, y de hecho para todos los mamíferos, es al contrario. Aun cuando nuestro comportamiento es aún significativamente controlado por nuestra herencia genética, tenemos, a través de nuestros cerebros, una mucho más rica oportunidad de crear nuevos senderos culturales y de comportamiento a corto plazo. Hemos hecho una especie de acuerdo con la naturaleza: nuestros hijos serán difíciles de criar, pero su capacidad para nuevos conocimientos aumentará en mucho la capacidad de supervivencia de la especie humana. Además, los seres humanos hemos inventado, en las más recientes pocas décimas por ciento de nuestra

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gracias a las conclusiones que obtenemos después de procesar toda esa información en nuestro cerebro. BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA Dentro de este contexto, resulta vital hablar de un ejemplo de lo anterior, con lo dicho por Carl Sagan sobre la Biblioteca de Alejandría. Donde los Ptolomeos se dedicaron a recopilar todo el conocimiento de esa época, aproximadamente en el 323 a. C. Fue el primer centro de investigación en el mundo, donde se estudiaba todo, sobre todo el cosmos, para comprender el orden del universo y la conexión entre todos los seres vivos, según la describe brevemente Sagan. Pero fue destruido, desgraciadamente, por cuatro posibles eventos que fueron: el fuego causado por la invasión de Julio César, en el año 48 a.C.; el ataque del emperador Aureliano, en 270 a 275 d.C.; el decreto del papa Teófilo de Alejandría contra la sociedad pagana, en 391 d.C., y la conquista musulmana, en 642 d.C., según la información de Wikipedia. Dentro de la Biblioteca de Alejandría, como lo dice Carl Sagan en su serie Cosmos, los Ptolomeos se dieron a la tarea de copiar el conocimiento en papiros, llevando a cabo una operación de solicitar a los dueños de la información el original de su trabajo para replicarlo, pero no con fines de piratería, sino con el objetivo de respetar los derechos de autor y poner a disposición de los eruditos el conocimiento científico y tecnológico. Hablando así, de acuerdo a Sagan, había un millón de papiros con información, pero al ser destruida la biblioteca, como lo describimos en líneas anteriores, se perdió todo ese saber y tuvimos que esperar unos dos mil años para redescubrir conocimiento que en su momento ya poseíamos.

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NUEVAS AUTOPISTAS DE LA INFORMACIÓN En la actualidad, a mi parecer, hemos presenciado cómo la capacidad lumínica de los intelectuales tradicionales ha disminuido y vemos cómo los focos, que en su momento fueron brillantes y deslumbrantes guías del pensamiento crítico de la sociedad, ahora son simples luces opacas que tienen dificultad para producir su propia sombra; todo en razón de que no se han sabido incorporar a las nuevas autopistas de información en donde los usuarios modulan, coordinan y operan los datos de información para que del caos se forme orden y el conocimiento viaje y se transfiera de forma más veloz y a un mayor número de personas. Debido a lo anterior, han surgido nuevos intelectuales que se han subido a la revolución de los ceros y unos, en el universo de internet y de sitios como Wikipedia, YouTube, Twitter, Facebook, y por supuesto Google, así como de muchos otros, donde el conocimiento fluye y es libre para ponerlo a disposición del público que tiene una computadora y acceso a la red de redes. Solamente para darnos una idea de la fluctuación de conocimiento que transita en este universo, contamos con el estimado de Wikipedia: según la International Data Corporation, se han creado, replicado o capturado 160 exabytes de información digital solamente en 2006. Otros estimados, de igual forma publicados y obtenidos de Wikipedia, nos dicen que de acuerdo al Digital Britain Report, en 2009 se transfirieron 494 exabytes de datos alrededor del mundo. Por su parte, de acuerdo a Cisco, se pronostica que en 2013 el tráfico de redes será de unos 667 exabytes. Con el fin de darnos una idea, de lo que es un exabyte, equivale a 10 elevado a la 18, es decir un 1 seguido de 18 ceros. NUEVOS INTELECTUALES Los nuevos intelectuales son aquéllos que tienen la capacidad de absorber, analizar, procesar y sintetizar el gran hidrante de información con que se topan a diario, e incluso cada segundo. Por ejemplo, The Economist señalaba en 2006 que, según diversos estudios, las personas leemos 10 MB de información diaria, escuchamos 400 MB de datos al día y vemos 1 MB por segundo. Pero no solamente eso. Los nuevos intelectuales no solamente se quedan en el papel, sino que llevan sus ideas a la práctica, además de ser jóvenes, incluso menores de 30 años, pero ya con la capacidad de ser transformadores de su medio y del medio de otros, gracias a como lo dice mi hermano Jorge Soto, que recientemente estuvo invitado como emprendedor menor de 30 años en Davos: la nueva camada de jóvenes que va a cambiar al mundo con sus ideas, son aquéllos que: “piensan globalmente, comprenden la diversidad, están conectados, quieren intentar, fracasar rápido, aprender y repetir”. ECONOMÍA DE LAS IDEAS Esos jóvenes han comprendido que en la actualidad vivimos dentro de una economía de las ideas, donde la moneda es el conocimiento y el mercado se sustenta en nuestra tasa de procesamiento neuronal; es decir, 100 mil millones de neuronas con 100 millones de millones


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de conexiones, de acuerdo a Carl Zimmer, pero ese procesamiento en sintonía con los ceros y unos que deambulan en los navegadores de internet y que con una buena minería de datos para rechazar la información basura, muchos se pueden convertir en nuevos intelectuales desde su trinchera computacional, siempre que fundamenten con datos duros sus ideas y que las puedan llevar al mercado social, económico, político, cultural, entre otros. Ejemplos claros de esto se están viendo en el mundo; la participación de los jóvenes en el cambio de sus comunidades es más clara; son más participativos y son más los que piensan que su trabajo, sus ideas, su análisis, su capacidad de síntesis pueden transformar su entorno, y tienen la idea clara de que deben mantener una capacidad inquisitiva de absorción de información, comprendiendo que de ese caos surge el orden. EL MANIFESTANTE Tal vez por eso, en la revista TIME, la persona del año fue “el manifestante”, quien no solamente ha derrocado dictaduras árabes, sino que también se ha quejado de la desigualdad en Nueva York o de las elecciones compradas en Rusia. A partir de estos eventos, podemos pensar que dentro del tablero de ajedrez económico, ya no existen indi-

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viduos inalcanzables, que se sientan reyes o reinas, pues deben recordar que un peón es también capaz de hacer un “jaque mate”. Con este escrito, no pretendo decir que cualquier persona atrás de un teclado y con conexión a internet es un intelectual; pero puede, en potencia, intentar serlo, los y exhorto a que lo intenten, pero siempre buscando datos duros y que tengan comprobación del método científico, además de la importante aplicabilidad de sus ideas en el mercado social, político, económico, cultural, entre otros según sea el caso. Seguramente surgirán falsos nuevos intelectuales y parecerá que tenemos enfrente de nosotros la misma tarea de Sísifo, que en la mitología griega fue obligado en el infierno a empujar una piedra enorme cuesta arriba, para que al llegar a la cima esa misma piedra rodara hacia abajo y tuviera que empezar con esa tarea de nuevo. Sin embargo, estoy seguro de que, después de la lucha entrópica de caos y orden en los datos, en la información, en el conocimiento, de algunos de ellos escucharemos buenas reseñas y su trabajo hablará por ellos. Al final, esperemos que la frase de Víctor Hugo se vuelva realidad: “Llegará un día en que no habrá campos de batalla, sino la apertura de mercados para el comercio y la apertura de las mentes a las ideas”.

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el papel de los sociólogos en el mundo contemporáneo Víctor Zúñiga

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Doctor Víctor Zúñiga Director de la División de Investigación y Extensión Universidad de Monterrey victor.aurelio. zuniga@udem. edu.mx

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ierre Tripier, sociólogo agudísimo y sabio, a quien admiro y respeto, pero sobre todo aprecio como entrañable amigo, nos ha enseñado, desde hace varios años, a un grupo de sociólogos franceses y latinoamericanos, que no es lo mismo comprender el problema, que actuar para solucionar el problema. Es más, no basta comprender para poder actuar. En consecuencia, nos ha señalado que, por décadas, hemos formado parcialmente (quizás muy parcialmente), a los estudiantes de sociología, haciéndoles creer que basta con comprender las cosas sociales para poder cambiarlas, mejorarlas, solucionarlas. Pero eso, como sabemos, lamentablemente es falso. Pierre Tripier es mundialmente reconocido como un sociólogo del trabajo y del empleo; sin embargo, en los últimos años se ha convertido en un sociólogo de la guerra y, por ende, de las estrategias y tácticas de guerra y, desde ahí, en un sociólogo de la toma de decisiones correctas e incorrectas, tanto en el mundo de las empresas como en el mundo de la política. FORMACIÓN EN TRES DIMENSIONES Es así, estudiando pacientemente a Sun Tzu, Tucídides, Maquiavelo y Clausewitz, como llegó a la conclusión de que a los sociólogos de hoy debemos formarlos en tres dimensiones esenciales a toda profesión: saber, saber actuar y actuar. En uno de sus más recientes libros, Tripier recuerda a

los lectores que Andrew Abbott, profesor de sociología de las profesiones en la Universidad de California, en Berkeley, apuntaba un pronóstico interesante: las profesiones intelectuales que no han sobrevivido en el tiempo; es decir, que han desaparecido, son las que no pudieron demostrar que eran útiles. Para ser útil, una profesión intelectual debe ser capaz de establecer diagnósticos, ciertamente, pero también pronósticos y, lo que es más difícil de todo -afirmaba Abbot- ser capaces de solucionar problemas. Para ello, deberían haber desarrollado métodos para resolver problemas. Éstas son, en su conjunto, las premisas que, desde mi punto de vista, deben ser puestas sobre la mesa para hablar del papel de los sociólogos en el mundo contemporáneo. O, lo que es lo mismo, estos puntos de partida nos indican que la profesión de sociólogo está en juego. SOLUCIÓN A PROBLEMAS SOCIALES A los sociólogos de antaño nos formaron para saber. Y escribo esa frase con un poco de tinta irónica. Faltaría demostrar que sabíamos. Pero como nada más sabíamos y no sabíamos actuar y menos traducir esa sabiduría en acciones, pusimos en riesgo la existencia misma de nuestro gremio. Los números son muy elocuentes. La matrícula en las licenciaturas de sociología en muchas universidades del mundo occidental, incluidas, desde luego, las de América


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Latina, era sorprendentemente alta durante los años setenta y ochenta. A finales de los ochenta y a lo largo de los noventa, la matrícula se desplomó estrepitosamente. Los jóvenes no elegían esos estudios, muy posiblemente porque, entre otras cosas, veían cómo los egresados de esta licenciatura decían saber cosas, pero no las traducían en soluciones a los problemas sociales que decíamos comprender. No quiero decir con esto que otras profesiones intelectuales sí han demostrado saber actuar y actuar respondiendo a las expectativas de las sociedades en donde se ejercen. Pero eso no lo abordo, porque no es un asunto que me competa. Lo que aquí me interesa es resaltar la necesidad de una profunda autocrítica que debemos hacer los sociólogos y, a partir de ella, transformar nuestra profesión. ¿Por qué Pierre Tripier considera que los sociólogos debemos estudiar las teorías de la guerra? Porque Sun Tzu, Tucídides, Maquiavelo o Clausewitz crearon una disciplina enteramente orientada a saber actuar y luego a actuar. Ellos actuaron –exitosamente o con fracaso, qué más da- y luego reflexionaron sobre su actuación. Es así como Clausewitz descubre que saber actuar supone una gramática de la acción, así como el habla y la escritura suponen una gramática del habla y la escritura. SABER, SABER ACTUAR Y ACTUAR El papel de los sociólogos contemporáneos no es, pero debe ser y no nos queda otra opción, uno en el que los tomadores de decisiones y los que despliegan las decisiones en el mundo político, empresarial, educativo, religioso, deportivo, laboral, recreativo, policiaco, informativo, sindical, geoestratégico, diplomático o vecinal, nos reconozcan porque sabemos, sabemos actuar y actuamos. Estamos dando algunos primeros pasos, bien hechos, en algunas universidades de México. Doy un ejemplo que puede ilustrar estos cambios. El doctor Rubén Hernández León, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de California, en Los Ángeles, ofreció un curso a distancia a jóvenes estudiantes de sociología de la Universidad de Monterrey. Fue un curso sobre teorías sociológicas contemporáneas. Pues bien, en lugar de aplicarles al final un examen clásico, con preguntas sobre los autores y las teorías revisadas, les pidió a los estudiantes que transformaran esas visiones teóricas en un proyecto que pudiesen presentarles y venderles a partidos políticos, empresas, gobiernos municipales, instancias del gobierno estatal o federal, organizaciones de la sociedad civil, gremios profesionales, asociaciones deportivas, clubes sociales. En otras palabras, la prueba de que conocían y comprendían esas teorías es que podían relacionarlas con problemas sociales contemporáneos y hacer de ellas herramientas útiles para dar respuesta y encontrar soluciones. Y si no, pues reprobaban la materia. La sociología y los sociólogos que hemos recibido una formación robusta constituimos un bien para las sociedades contemporáneas en la medida en la que nos metamorfoseamos en profesionales que imaginemos estrate-

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gias de soluciones y luego las sepamos desplegar en acciones efectivas. Para lograr esta metamorfosis debemos ser primeramente profesionales que cono-cemos desde abajo y desde dentro las sociedades con las que interactuamos. No las conocemos –como diría Maquiavelo- con los ojos y con los oídos, sino con el tacto; las tocamos, las sentimos, las comprendemos. En esta materia, los sociólogos, como los antropólogos, tenemos ventajas respecto de otras profesiones intelectuales. Hemos desarrollado métodos para conocer bien las sociedades. Métodos que otras actividades profesionales más claramente dirigidas a la acción, como la mercadotecnia, han sabido utilizar con inteligencia y eficacia. HERRAMIENTAS DEL PENSAMIENTO DIRIGIDO A LA ACCIÓN Si tenemos los métodos para conocer y los sabemos usar con maestría, lo que sigue es hacer transitar nuestra profesión hacia el mundo de las estrategias. Pasar del saber al saber actuar significa que sabemos medir el terreno, evaluar los riesgos, aprovechar oportunidades, identificar las debilidades y fortalezas en unos y otros; en suma, que usamos las herramientas del pensamiento dirigido a la acción. Luego, lo más difícil: la acción. Frecuentemente los sociólogos no nos encontramos en posiciones de mando para desplegar acciones que cambien el rumbo de las cosas sociales. Generalmente no participamos en la toma de decisiones. En el mejor de los casos, llegamos a ser consejeros de poderosos, escribanos de políticos, asesores de programas gubernamentales y hasta ahí llegamos. Pasar a la acción significa que los sociólogos debemos aprender a emprender y a saber tomar las decisiones que aseguren el éxito de las acciones que emprendemos. Si nuestro papel sigue siendo el de criticadores profesionales de todo lo que deciden los demás, nuestra profesión va a perecer. No va a ser la culpa de la sociología como disciplina, sino de nosotros, que la practicamos sin ser capaces de demostrar su contribución al mundo contemporáneo. No estamos solos los sociólogos en la búsqueda de este cambio. Muchos otros profesionales que aprecian la contribución de la sociología a las demás ciencias sociales están esperando que lo hagamos con inteligencia. Al tiempo que otras disciplinas, como las ciencias de la salud, la administración de empresas o la criminología, por dar algunos ejemplos, esperan que nosotros los sociólogos enriquezcamos sus campos de acción.


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los desafíos del mundo actual en la sociología política José María Infante

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uizá el primer sociólogo de la política fue Aristóteles, mucho antes de que existiera la palabra sociología. Aristóteles, además, fue un consejero de los poderosos, también en parte algo de lo que suele esperarse de los intelectuales. Aristóteles elaboró sus ideas políticas a partir de la experiencia ateniense de su época, y las contrastó con las de los estados o ciudades vecinas, tratando de contestar a los dilemas de la organización política y el ejercicio del poder. Veinticinco siglos después, los sociólogos de la política siguen preguntándose quién debe gobernar y cuál es el mejor sistema de gobierno. La diferencia entre un sociólogo como científico y un sociólogo como intelectual, es que mientras el científico indaga sobre las condiciones reales de los gobernantes y los sistemas, los intelectuales dicen cómo debe ser un gobernante y cuál debe ser el sistema de gobierno. Esta tentación entre el explicar el ser y determinar el deber ser, sigue presente, sin que quienes adoptan una posición, en especial la segunda, demuestren tener una clara conciencia de ello.

Doctor José María Infante Universidad Autónoma de Nuevo León / Instituto de Investigaciones Sociales joseminfante@ gmail.com

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Aristóteles

RETO DE LA SOCIOLOGÍA POLÍTICA Y ese sigue siendo el principal desafío de la sociología política: cómo explicar el ser, sin adoptar posiciones predeterminadas a favor de una solución y, sobre todo, sin tratar de imponerlas a los demás, moviéndose en una delgada línea entre dos espacios de imposibilidad; el de un sistema valorativamente neutro, que es epistemológicamente imposible, y el de una performatividad para la cual no se cuenta con ninguna legitimidad ni tampoco con autorización. Y no se trata de no evaluar las condiciones institucionales, sino de comparar los sistemas políticos, para señalar virtudes y defectos y las ventajas comparativas, tarea que siempre contendrá juicios de valor. ¿Qué hacer frente a una opción siempre muy tentadora y otra de difícil cumplimiento? El fundador de la moderna teoría política, Nicolò Machiavelli, lo tenía claro: tan tentador es ser consejero del príncipe como para éste recibir las lisonjas de sus consejeros. Debemos reconocer que vivimos en un sistema político, vulgarmente conocido como democracia, que muestra severos síntomas de desarticulación y de incapacidad para satisfacer las demandas de los gobernados o, como también se dice, del pueblo. La idea de un sistema de gobierno del pueblo y para el pueblo no tiene ningún valor real, salvo


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Los medios de comunicación nos presentan todos los días la opinión de analistas (a veces mal llamados editorialistas) con mayor o menor competencia para ello: un buen analista de cualquier sistema (no sólo el político, sino, por ejemplo, el de la estructura de un átomo y muchas otras cosas), debe poseer un sólido bagaje de conocimientos, que le permita realizar la tarea de modo efectivo y eficaz. Pero en el campo de lo político, los medios de comunicación nos presentan analistas que no superan la capacidad de cualquier ciudadano común, dicho sea con todo respeto para los ciudadanos comunes de cualquier sociedad. Todo ciudadano, todo agente social, es un sociólogo aficionado, pero la diferencia entre el aficionado y el profesional en cualquier rama del saber o de la actividad humana, debe ser evidenciable o evaluable, aunque pueda ocurrir como con ciertos deportes, donde a veces es difícil decidir cuál de los jugadores es el mejor, y entonces esa tarea aparezca como indefinida y casi imposible. La sociología política se presenta así, ante la consideración de la misma sociedad que la cobija, como producto indiferenciado de sus productores, pero hay diferencias entre uno y otro tipo de discurso, para las cuales los receptores no disponen a veces de las categorías analíticas de evaluación. el de complacernos con un imaginario que nos oculta por una parte la verdadera realidad y, por otra, nos exime de asumir las responsabilidades que nos corresponderían. La difusa idea de pueblo no ha permitido la elaboración de propuestas eficaces a la hora de diseñar las instituciones sociales; si bien éstas se desenvuelven ajenas a la voluntad individual de sus integrantes, los seres humanos somos agentes de las sociedades en las que vivimos. ALTERNATIVAS DE ACCIÓN Ante esto, me parece que el primer desafío que debemos enfrentar en la ciencia social es el de evaluar adecuadamente los logros de nuestros sistemas de gobierno y sus condiciones reales de existencia, a fin de proponer las alternativas de acción que corrijan los defectos notorios o, ¿por qué no?, proponer un sistema de gobierno diferente que, al menos en lo imaginario, constituya una mejor alternativa. Las constituciones de todos los países son propuestas imaginarias, en cierto sentido utópicas, sobre las formas en que deberíamos establecer las relaciones sociales de intercambio, y su concreción depende de la forma en que cada uno de los ciudadanos asume su responsabilidad al respecto. El problema es cómo proponerlos y ante quién. En este punto, la sociología, y cualquier sociología, no sólo la política, tiene como cliente a la sociedad donde se desenvuelve el sociólogo. Pero llegar a ese cliente depende en gran medida de los medios de comunicación, que suelen estar controlados por grupos con intereses particulares en el campo. En los últimos tiempos, la internet permite diversas vías de comunicación para hacer llegar a públicos cada vez más grandes y heterónomos, las reflexiones y propuestas, pero tiene a su vez el peligro de que a veces sus destinatarios no poseen los elementos para distinguir entre un discurso científico y una propuesta demagógica, que era uno de los peligros por los cuales Platón repudiaba la democracia (sin que por ello su propuesta para evitarlo o corregirlo fuese la más correcta).

CAPACIDAD DE DISCERNIMIENTO La sociedad en su conjunto y en particular los gobernantes o quienes pueden incidir en el curso de los acontecimientos de la vida política, están siempre deseosos de encontrar el conocimiento que les permita obtener sus objetivos. Por eso, el consejero del príncipe, diría Machiavelli, debe tener capacidad para discernir aquello que sea más conveniente, según la situación; tarea que puede ser peligrosa en ocasiones, porque generalmente los intereses de los gobernantes difieren de los de la población, y éste es otro desafío importante para un sociólogo de la política, porque la sociedad cliente no paga y el gobernante cliente es a veces muy generoso.


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Pero quizá el principal desafío para los sociólogos y en especial para los de la política, difícil de explicar pero más difícil todavía de sortear exitosamente, es el de objetivar la objetivación, para decirlo con palabras de Bourdieu. Al producir conocimiento de ciencia social, el producto debe presentarse como prescindente de las condiciones subjetivas del productor (como cualquier otro tipo de producción, quizá). Cuando, en sociología política, categorizamos los objetos, no siempre explicitamos las condiciones de la construcción epistemológica de los conceptos categorizadores (a veces porque ni los mismos sociólogos tenemos conciencia de ello). La tarea reflexiva se vuelve aquí imperiosa, pero la reflexividad también puede sucumbir a las condiciones narcisistas; en algunos casos, nos colocamos en el campo del supuesto saber y eliminamos todas las controversias por un acto de autoridad, aunque el conocimiento científico ha demostrado una y otra vez la inutilidad de esa operación. Si vemos muchos de los libros que se publican en sociología política, podemos ver cómo esta condición de objetivación no se cumple: los pensadores recurren a racionalizaciones (en el sentido psicoanalítico) que no son racionales, lógicamente hablando. Esto puede tratar de corregirse, en primer lugar, cuando el investigador puede tomar distancia de lo observado y revisar cuidadosamente sus puntos de partida o prejuicios

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epistemológicos, aunque no es esa la condición habitual del trabajo intelectual. El sociólogo de la política debe intentar exponer sus ideas con pretensión de universalidad, aunque en numerosas ocasiones no pueda trascender su experiencia cotidiana. Si puede superar ese desafío, su aporte a la construcción de un mundo más vivible será de gran valor. La distancia a veces puede traducirse en un sesgo que debe ser evitado: la de señalar los problemas particulares de la sociología política a partir de la visión de la comunidad científica y no de las demandas o necesidades de la gente. Se debe partir de esas demandas para, una vez problematizadas y criticadas, devolver a los demandantes, en este caso los ciudadanos, la posibilidad de comprender mejor las líneas de acción que deberían adoptarse. FALTA DE INTERÉS O PARTICIPACIÓN Un desafío que encontramos en la condición de la política del México actual es dejar de achacar la falta de interés o de participación en la política a un defecto de la población, en lugar de tratar de entender por qué la ciudadanía no toma un papel más activo en la búsqueda de soluciones a los problemas políticos. No debe olvidarse que en el espíritu de la democracia está el principio de procurar la i-gualdad real de los ciudadanos, y que la diferente forma de participación en la política es una de las desigualdades que hay que combatir.


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Música y músicos en la sociedad actual Arnoldo Nerio

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Doctor Arnoldo Nerio Director de Difusión Cultural Universidad de Monterrey arnerio@gmail.com

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Cuál es el rol que juega el músico en la sociedad actual? Las posibles respuestas a esta pregunta estarán condicionadas por la idea que cada quien tenga de lo que significa ser un profesional de la música, pues, aunque parezca sorprendente, existen diversas y muy variadas concepciones con respecto a este oficio. No se pretende en estas líneas sugerir “la respuesta correcta” a esta interrogante, sino más bien señalar algunos de los aspectos más relevantes que rodean al fenómeno musical, y que, por consecuencia, afectan a sus protagonistas y al entendimiento que de ellos tenemos. Antes que nada, vale preguntarnos: “¿de quién hablamos cuando nos referimos a un músico? ¿De un ejecutante o de un creador-compositor? Y si se trata de un ejecutante, ¿de un cantante o de un instrumentista? En la cultura occidental hubo grandes épocas (la Edad Media y el Renacimiento) durante las cuales el concepto de “músico” era aplicado casi exclusivamente a aquellos individuos que eran capaces de componer. Los ejecutantes eran considerados no como creadores, sino como meros intérpretes; pero, por otra parte, los compositores eran al mismo tiempo ejecutantes, condición ésta necesaria para el cumplimiento de su tarea. Y el instrumento favorito de muchos fue, durante largo tiempo, la voz humana, considerada como la más perfecta herramienta musical. La jerarquía que ya desde entonces se estableció en la tríada compositor-cantante-instrumentista sigue siendo válida hoy en día, sancionada por los medios de comunicación y la industria de las grabaciones. El intérprete-cantante es aclamado por las masas, y se convierte en una especie de héroe, mientras que el compositor, aunque es reconocido en toda su importancia, pasa necesariamente a un segundo plano. Ni qué decir de los instrumentistas, que si no se forjan una carrera como solistas, se ven reducidos al nivel de meros operarios musicales. En el mundo de la música clásica merecen una mención especial los directores de orquesta, entidades misteriosas a las que se atribuyen poderes casi mágicos, y cuyo renombre alcanza por poco al de los cantantes.


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SURGIMIENTO Y POPULARIZACIÓN DE LAS BANDAS En el territorio de la música no-clásica (que en el contexto de este escrito abarca tanto la música comercial como géneros más ambiciosos, como el jazz), el siglo XX es testigo del surgimiento y popularización de colectivos musicales llamados usualmente bandas (de rock, por ejemplo) en las cuales los roles de creador y ejecutante se funden para dar carácter y personalidad a la agrupación por encima del individuo (aunque nunca ha sido posible una colectivización total, el público exige “héroes” como el guitarrista virtuoso o el cantante solista). Los músicos suelen ser clasificados también en atención al género musical que practiquen. No son exactamente lo mismo un violinista de orquesta sinfónica y uno que toca sones huastecos, aunque en cada uno de esos casos es posible encontrar altos niveles en la calidad de la ejecución. Si contemplamos las diferentes formas de expresión musical como expresiones culturales válidas para determinados contextos sociales, podemos intuir que esta categorización no implica necesariamente una jerarquía: existen géneros musicales tan diversos, que la única relación que podemos encontrar entre ellos es el hecho de que son manifestaciones sonoras. Quiero decir que en ocasiones no es posible establecer una comparación cualitativa entre diferentes géneros de música, debido a profundas diferencias en cuanto a contexto cultural y estético, intenciones, técnica y manejo del material. Como ejemplo pensemos en la música clásica tradicional de la India y el mariachi: no hay forma de otorgarle mayor o menor validez a alguna de ellas, si tomamos en cuenta la función que desempeñan en sus respectivos contextos culturales. Es necesario señalar que sí hay aspectos que permiten establecer diferencias muy importantes en cuanto al nivel de exigencia para creadores y ejecutantes en cada caso, y esto podría inclinarnos a pensar en que existen diferentes niveles de calidad tanto en las creaciones musicales, como en la forma en que son interpretadas. RESPETO Y TOLERANCIA Pero, si queremos ser justos en la apreciación de las muy distintas músicas a las que hoy en día tenemos acceso (gracias al desarrollo de los medios de comunicación) pienso que debemos partir, en principio, de una actitud de respeto y tolerancia, ya que esto, y no los juicios negativos formulados muchas veces sin fundamento, es lo que nos puede llevar a un verdadero conocimiento de la música. Hasta aquí, hemos visto que un músico puede ser creador o intérprete, o una combinación de ambas cosas, y que se le puede categorizar de acuerdo al tipo de música que practique. Pero, ¿qué importancia tiene el músico en nuestro contexto cultural global? Consideremos primero qué importancia tiene la música. Partamos de lo más alejado a su naturaleza misma: su sentido material. Para muchos, la música es una industria que puede producir grandes cantidades de dinero. Vista de esta forma, la música no tiene que ser fácil o difícil, profunda, inspiradora, evocativa, tranquilizante (o inquietante), descriptiva, ritual, abs-tracta, benéfica, ni cualquiera de los atributos espirituales o emocionales que desde siglos se le han conferido en dife-

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rentes culturas. Como negocio, la música se convierte en un producto que debe gustarle a las masas, sin importar si acarrea o no beneficios de índole no material. En este marco conceptual, el músico es una herramienta para generar dinero, y él mismo puede convertirse en beneficiario de esta maquinaria industrial. ¿Ejemplos? Encienda

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por favor la radio en nuestra ciudad, a cualquier hora: le aseguro que sin ninguna dificultad, el 90 por ciento de lo que sintonice al azar pertenecerá a esta visión. Ahora bien, no se puede negar que existen niveles de calidad en estos productos culturales; por desgracia, parece que a mayor calidad, menos consumidores, y por tanto menores ganancias. VISIÓN MATERIALISTA La visión materialista de la música provoca que ésta pierda los atributos esenciales que parten de su propia naturaleza. Pensemos en esto: desprovista de cualquier clase de texto, o de cualquier referencia onomatopéyica, la música consiste básicamente en una serie de estructuras o patrones (regulares o irregulares) construidos de sonidos de diferentes alturas, timbre y volumen, ordenados en el tiempo de acuerdo a un sistema de principios o reglas. No habiendo texto, ni onomatopeya, no hay referentes a nada que esté fuera de la música misma. Para ejemplificar con algo simple, pensemos en un grupo de tambores diversos en la ejecución de cualquier pieza de música (de tradición africana, brasileña, o compuesta específicamente para un grupo de percusiones). En este caso puede ser que incluso no tengamos una melodía, que se piensa muchas veces como componente imprescindible de la música (¡no lo es, por cierto!). ¿Qué nos queda? Sonidos ordenados que forman estructuras que expresan algo que sentimos como emocional, y al mismo tiempo tiene sentido, algo inteligente que consideramos como muy humano, pero no tiene palabras. Y en ello estriba la magia de la música, lo que la distingue de otras formas de expresión. Quizás sea por eso mismo que en diferentes culturas, a través del tiempo, la música haya desempeñado un rol preponderante en ceremonias y rituales, tanto en el terreno de lo religioso como en los círculos de gobierno. La música es poderosa desde muchas perspectivas: impone, convoca, y muchas veces se convierte en símbolo de identidad para una institución o un pueblo entero (un equipo de fútbol, una universidad, un país). Esa fuerza inmaterial de la música está relacionada también con las condiciones de su existencia. Cuando escuchamos la melodía de una canción, los sonidos que se suceden unos a otros dejan de existir en el momento en que acaban de ser producidos. Solamente se va quedando su recuerdo en nuestra memoria, y es nuestro cerebro el que liga estas sensaciones y recuerdos y los asocia como una entidad significativa. LA MÚSICA COMO ARTE La música también puede convertirse en arte, como lo prueba el acervo de piezas “clásicas” que han sido creadas en diferentes culturas. Muchas veces se trata de obras que tienen texto, al ser incluida la voz humana. En este sentido, la música ha sido en numerosas ocasiones uno de los elementos que conforman una pieza de arte más compleja; pensemos en canciones muy elaboradas (poesía + música), música incidental escrita para ambientar obras de teatro, un ballet (danza + música), una ópera (drama


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+ música) o una cantata. Finalmente, cabe considerar los efectos que tiene la música sobre el ser humano. Investigaciones realizadas en las últimas décadas demuestran que existe alguna correlación entre el desarrollo del cerebro y la práctica de la música. El psicólogo Howard Gardner distingue la inteligencia musical en su teoría de las inteligencias múltiples, reconociéndole así un lugar igual al de otras capacidades del humano. Incluso, existe toda una rama de estudio llamada musicoterapia, que pretende aplicar música como remedio para algunas condiciones consideradas como patológicas. El hecho es que tocar un instrumento o cantar y aprender a leer música provocan en la persona el involucramiento de numerosas funciones del cuerpo y la mente de manera simultánea, y, en consecuencia, al parecer, un desarrollo mejor y más acelerado de esas y otras funciones. MÚSICO Y SOCIEDAD Luego de este acercamiento a la naturaleza y funciones de la música en la sociedad, es quizá más fácil definir qué papel juega un músico en nuestra sociedad actual. Por una parte, el músico puede ser un preservador del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, tanto si se dedica a la práctica de la llamada música clásica o música de concierto (incluyamos aquí también a quienes cultivan los géneros clásicos o artísticos en culturas ajenas a la nuestra) como si se desarrolla en el ámbito de la música tradicional de la cultura a la que pertenece. Esta función es de importancia capital, no cabe duda. Desde otra perspectiva, el músico puede ser un maestro que ofrece la opción de desarrollar funciones de

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inteligencia que no involucran conceptos verbales o matemáticos, y que implican formas de comunicación no verbal. Esto, a su vez, puede ayudar al desarrollo de importantes valores sociales, como el respeto, la tolerancia y la aceptación de los demás. Y también el músico puede ser un factor de entretenimiento, al proveer música ligera y sin mayores pretensiones. Finalmente, el músico puede formar parte de una compleja industria de grabaciones, espectáculos y medios de comunicación, con lo que contribuye, en cierta forma, al desarrollo económico. Considero esencial que los profesionales de la música, cualquiera que sea el género que cultiven, no olviden la importancia y el sentido espiritual inherente al medio de expresión que practican; creo que solamente de esa forma es posible evitar la invasión de música de mala calidad a la que de pronto estamos sujetos, y que por desgracia es elevada a un nivel que no le corresponde, gracias a los artilugios de la mercadotecnia de los medios de comunicación comerciales. Finalmente, cuál es el rol de los músicos. Hablemos de músical clásica o de concierto, y porqué. Músico- preservador de patrimonio Músico - maestro, no solamente a otros músicos, también a aficionados Músico- representa con su etéreo y fugaz arte un tipo de espiritualidad, que nos inclina a reflexionar sobre el valor del tiempo presente, a concentrarnos en el aquí y ahora para la construcción de una obra que es por su misma naturaleza efímera, que despierta emociones que son capaces de llenarnos de energía.


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nostalgia gramsciana

los intelectuales orgánicos Ismael Vidales Delgado

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o es fácil abordar el tema de los intelectuales. Existe el riesgo de no aportar ideas sólidas; se pueden cometer serios desacatos a la ciencia; igual se puede desacreditar a grandes personajes o quemar incienso a otros con los que hemos desarrollado cierta empatía. Debiéramos comenzar por definir qué o quién es un intelectual. Para algunos, un intelectual es una persona con barba recortada en forma de candado, con anteojos como los de Fernando Savater o los de

John Lenon, y vestimenta aparentemente despreocupada; aunque, si se observa bien, resulta que la camisa, el saco y la corbata son de marca altamente costosa. Otros creen que el intelectual es una persona que habla en términos difíciles de entender, y cita como si fueran sus amigos a Heidegger, Kierkegaard, Habermas, o habla de semiótica y del pensamiento complejo, como si en verdad supiera de qué está hablando. Los más asumen que un intelectual es un comentarista de prensa o televisión, que siempre encuentra transgresiones a la moral ahí donde los políticos sólo ven "una buena negociación, o un punto de acuerdo".

Profesor Ismael Vidales Delgado Director Académico del CECyTENL ividales@att.net.mx

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Antonio Gramsci, el creador del concepto “intelectuales orgánicos.


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DEFINICIÓN El intelectual, dice el diccionario, es la persona que se dedica al estudio y la reflexión crítica de la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando un estatus de autoridad ante la opinión pública. El término “intelectual” fue acuñado en Francia como un calificativo peyorativo, por Maurice Barrès y Ferdinand Brunetière, para designar a los personajes de la ciencia, el arte y la cultura, como Émile Zola, Octave Mirabeau o Anatole France, porque apoyaban la liberación del capitán judío Alfred Dreyfus acusado injustamente de traición. Posteriormente, el término se ha utilizado con connotaciones positivas, para designar a las personas que gozan de prestigio, gracias a su inteligencia superior. Pudiéramos no estar de acuerdo totalmente con ninguna definición, pero lo que si queda claro es que los “intelectuales” juegan un papel muy importante en la sociedad, ya que son, al mismo tiempo, desarrolladores, innovadores, censores, contralores y, de alguna manera, “la conciencia ciudadana” frente a quienes detentan la hegemonía y que eventual o permanentemente se empeñan en orientar la vida social de acuerdo con sus particulares intereses. EL CREADOR DEL CONCEPTO Antonio Gramsci, el creador del concepto “intelectuales orgánicos”, nos dice que hay momentos en los que las clases dominantes pierden el control hegemónico; estas crisis son resultado de sus actos inapropiados a través del Estado, o del aumento del activismo o militancia política de las masas anteriormente pasivas. En cualquier caso, se presenta una crisis de autoridad que Gramsci denomina

Caída del muro de Berlín.

“crisis de hegemonía”, la cual se acentúa por la presencia de los “intelectuales orgánicos”. Gramsci habla de dos tipos de intelectuales: los profesionales tradicionales y los orgánicos. La mayor parte de los intelectuales son “orgánicos a la clase dominante”; tienen origen en esa clase y ayudan en la dirección de las ideas y aspiraciones de estos grupos hegemónicos, a los cuales pertenecen o de los cuales reciben patrocinio y financiamiento. Las clases dominantes -dice Gramsci- penetran en las clases subordinadas, para obtener otros intelectuales que den la homogeneidad y legitimidad al grupo dominante, para crear una ideología que trascienda a las clases. Esos intelectuales, captados de la clase trabajadora, cesan de ser orgánicamente ligados a su clase de origen y se transforman en agentes de la burguesía. EDUCACIÓN BURGUESA Gramsci dice que el papel de la educación burguesa es el de desarrollar precisamente intelectuales “orgánicos” de su misma clase e infiltrarlos en las clases populares, para obtener un contingente adicional de intelectuales que den homogeneidad y autoconciencia al grupo dominante. Afirmaba que las escuelas públicas eran importantes en tanto lograran deslindarse de las clases hegemónicas y fueran capaces de generar el desarrollo de una contra-hegemonía. Gramsci proponía que los intelectuales, en todas las sociedades, ya sean orgánicos o no a la clase dominante, debieran ser analizados no a partir de una condición per se, sino más bien a través de la función social que desempeñan según su situación de clase. En este sentido, afirmaba Gramsci: “todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales”. Los “intelectuales orgánicos”, decía Gramsci, son los empleados del grupo dominante, para mantener la hegemonía social y el gobierno político, asegurando de esta manera la legitimidad del aparato de coerción estatal. Ciertamente, estas ideas de Antonio Gramsci, una vez liquidados el comunismo y el socialismo, son el sustento de una nostalgia que, sin embargo, dio importantes frutos visibles en el enorme prestigio de la intelectualidad de las izquierdas en los países occidentales, especialmente en las versiones heterodoxas del marxismo, como la escuela de Frankfurt, la Escuela de Annales o la de Past and Present, y, como sabemos, llegó a su punto culminante durante la revolución social de 1968, para concluir con la caída del muro de Berlín, el jueves 9 de noviembre de 1989. Muchas de las democracias emergentes y de las grandes reformas educativas son, de alguna manera, testimonio de los sueños e ilusiones de las teorías que tuvieron expresión en la teología de la liberación, la antipsiquiatría y las propuestas educativas de Piaget, Freire, Spock, Neill, el Summerhill, El libro rojo de la escuela, entre otros.


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Boceto de una revista y de una época

intelectuales, cultura y política en los años 70 Antonio López Mijares INTRODUCCIÓN l objetivo de este artículo es mostrar la presencia de una revista, Plural, en los escenarios públicos de México en la primera mitad de la década de los años setenta,1 y el papel e influencia que ejerció a través del registro y la difusión de cuestiones políticas, sociales, económicas, culturales que preocupaban por entonces a los mexicanos. Puede ser interesante, incluso aleccionador para los lectores de hoy, acercarse a una revista de cultura que apareció en un entorno concreto, para responder a determinadas necesidades formativas e informativas en los campos del arte, la política y la cultura. En este sentido, los hacedores de la revista modularon una voz propia sobre los asuntos públicos, a partir de la confluencia entre creación y reflexión, perfilando un horizonte de acción –y también unas condicionantes para esta acción– para la inteligencia, cuando ésta se propone entender el contexto en el que actúa: subrayo las coincidencias con las coordenadas de la vida mexicana presente, en cuanto al papel deseable y posible de los intelectuales en el planteamiento claro de asuntos que son de todos.

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Plural asumió, por voz de su director, Octavio Paz, un programa de puertas y ventanas abiertas al tiempo real del mundo, con el afán de “airear” esa habitación cerrada y de atmósfera ya enrarecida que –según apreciación de Paz y otros mexicanos– era nuestro país en los años de apogeo del sistema político mexicano y de las ilusiones suscitadas por el progreso económico con estabilidad social. SOCIEDAD DE CIUDADANOS Plural, revista innovadora en temas de arte y literatura, fue también una revista política, que defendió con persuasión y firmeza las convicciones de su director y del círculo intelectual que contribuyó a definirla; dichas convicciones, sin duda no del todo homogéneas, encontraban un denominador común en la idea de que México –y el conjunto de los países latinoamericanos–, debía romper el lastre histórico de sus herencias autoritarias, para convertirse en una sociedad de ciudadanos, lo que suponía y demandaba la consolidación de una vida pública digna de ese nombre.

Fotografía de: ROGELIO CUÉLLAR

Doctor Antonio López Mijares Profesorinvestigador Departamento de Estudios Sociopolíticos y Jurídicos Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente alopezm@iteso.mx


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Más allá de lo que sus creadores entendieron sobre lo que era o aspiraba a ser Plural, y de lo que otras personalidades y grupos menos afines pudieron pensar de sus propuestas y contenidos, puede afirmarse que la publicación mensual contribuyó a la formulación y puesta al día de una agenda temática novedosa, que incluía cuestiones referentes al medio ambiente, a los límites del crecimiento y a la crisis del modelo industrializador en oriente y occidente. En esta perspectiva, la revista de Paz proporcionó elementos analíticos renovadores, útiles para situar las perplejidades que suscitaban entre minorías atentas las consecuencias reales del progreso mexicano, así como para enriquecer nuestra perspectiva sobre lo que podía ser un legítimo proyecto de desarrollo.

OCTAVIO PAZ Y PLURAL Octavio Paz vuelve a su país en 1971, luego de renunciar como embajador en Nueva Delhi, a raíz de la masacre de Tlatelolco, con varios propósitos; entre ellos, promover la circulación de ideas y elevar el nivel del debate sobre los diversos proyectos del país; alentar la participación política, con una perspectiva claramente democratizadora; revisar con ánimo crítico actitudes e instituciones consideradas inamovibles; se propone también alentar el diálogo de los artistas e intelectuales nacionales, con sus pares de otras latitudes; sobre todo, aspira a poner en evidencia el autoritarismo de sucesivos gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), incapaces, a su juicio, de asumir los cambios profundos ocurridos en los últimos decenios y que afectaban sobre todo a las generaciones beneficiarias de la educación masiva y del acceso creciente a fuentes alternativas de información. En una entrevista concedida al diario Excélsior a mediados de 1972,2 Paz afirma que sus ideas, especialmente el sentido de su reflexión política sobre México y sobre los dilemas de la civilización contemporánea, podían ser encontradas en Posdata, donde hacía un análisis doble: social y político por una parte, histórico y psicológico por otra (este último criticado por sus recurrencias al peso del mito y de los símbolos para interpretar la pretendida fascinación de los mexicanos hacia el poder). Además, tanto en su intervención en la mesa redonda “México: presente y futuro”, en Harvard, acompañado por John Womack y Frederick C. Turner, estudiosos de México (publicada en Plural 6, marzo de 1972), como en la carta a

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Adolfo Gilly (Plural 5, febrero de 1972), da cuerpo a sus ideas sobre el político mexicano, al que consideraba una variante de las burocracias políticas autoritarias del siglo XX, pero también producto de los particularismos de nuestra historia profunda, visibles en las actitudes colectivas de sumisión/fascinación hacia el poder y sus usufructuarios: el tlatoani, el caudillo, el licenciado. LA CIRCUNSTANCIA MEXICANA La respuesta del régimen a la rebelión estudiantil del año 68 suscitó reacciones disímbolas entre los intelectuales mexicanos: el apoyo reticente o explícito de escritores notables, como Agustín Yáñez, por entonces secretario de Educación Pública; Martin Luis Guzmán, José Luis Martínez, Mauricio Magdaleno, entre otros; la aquiescencia discreta no por ello menos notoria de gran parte de los intelectuales vinculados a las tareas públicas; y también la abierta inconformidad de una minoría encabezada por, entre otros, Fernando Benítez, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Gastón García Cantú, quienes denunciaron desde las páginas de “La Cultura en México”, suplemento cultural de la revista Siempre, la reacción gubernamental hacia la disidencia y, sobre todo, debatieron las razones del México institucional y de sus voceros, comprometidos a fondo en la defensa a ultranza de la estabilidad; es decir, de la hegemonía del Estado y su partido sobre la vida pública. El México de los años 50 y 60 fue el del modesto pero innegable “milagro mexicano”, expresión poco original, que sintetizaba con eficacia semántica la suma de transformaciones de la vida mexicana que habían desembocado en un intenso (y desarticulado) proceso de urbanización, con efectos significativos: secularización acelerada de sensibilidades y costumbres, ampliación significativa de las clases medias, acceso de porciones importantes de la población a formas de vida modeladas, en no escasa medida, por las imágenes persuasivas del “american way of life”.


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La desigualdad económica y social, acentuada por las consecuencias no previstas de la modernización, será, en este contexto, el pecado original de un sistema bien considerado en términos de funcionalidad política por un no desdeñable número de intelectuales del interior y del exterior (entre los cuales Samuel P. Huntington y Giovanni Sartori). El hecho de que las brechas socioeconómicas persistieran, parece haber sido uno entre los factores determinantes en la paulatina propagación de un creciente ánimo adverso hacia dicho sistema entre grupos intelectuales, universitarios, sindicales y sociales. UTOPÍAS Y PROYECTOS. UNA VITALIDAD DIFUSA En este clima de inconformidad abierta o soterrada, proliferan las expresiones de una clase emergente de intelectuales desafectos del sistema político (aunque pocas veces marginados de los empleos públicos): publicaciones periódicas como El espectador y Política, orientadas explícitamente al examen de la situación nacional desde una perspectiva de izquierda, donde colaboran Carlos Fuentes, Víctor Flores Olea, Jaime García Terrés, Enrique González Pedrero, miembros de la denominada “generación de medio siglo”,3 y la Revista Mexicana de Literatura, espacio de la alta cultura y del espíritu renovador; o agrupaciones políticas como el Movimiento de Liberación Nacional, que, si bien efímeras, dan cuenta de un maridaje entre las ideas y el activismo político que será el estilo y el destino de buena parte de los intelectuales en los años sesenta y setenta. Predomina una vitalidad difusa, aunque auténtica; un entusiasmo explícito hacia las potencialidades entrevistas del cambio social, por vía democrática o revolucionaria. Se propaga con rapidez una necesidad, compartida por muchos, de ventilar con ideas y prácticas renovadas los espacios enrarecidos del poder político y de sus expresiones institucionales. UN INTELECTUAL POLÍTICO Octavio Paz vive, como testigo e intérprete, los acontecimientos más significativos del siglo XX mexicano, que acompañan durante décadas el largo y accidentado proceso de institucionalización y modernización de la vida política y económica nacional, así como la creación, consolidación y deterioro del sistema político que surge en 1929. A fines de los cuarenta, escribe El laberinto de la soledad, condensación de su complejo vínculo con la propia tierra, donde preconiza que los mexicanos, por primera vez, “somos contemporáneos de todos los hombres”, dado que la irrupción de nuevas realidades nos llevan del aislamiento histórico y cultural a la intemperie; es decir, a la contingencia y a la libertad, superando con ello nuestros determinismos religiosos, doctrinarios, políticos. Después de El laberinto..., desarrolla con cada vez mayor amplitud y concreción sus juicios (y sus prejuicios), sobre la burocracia gobernante, sobre las consecuencias de la modernización autoritaria, y, obsesión fija, sobre el papel público de los intelectuales; a éstos –sus genuinos interlocutores como hombre de ideas– les reprocha a lo largo de cinco decenios tanto su incapacidad para pensar e imaginar alternativas posibles al marasmo de la vida política mexicana, como su fascinación por el poder y los poderosos: “...Gobernar no es la misión específica del intelectual (...) En un momento o en otro, como Don Quijote y Sancho con la Iglesia, el intelectual tropieza con el poder. Entonces el intelectual descubre que su verdadera misión política es la crítica del poder y de los poderosos”.4 Pero sólo a raíz de los acontecimientos del 68 mexicano, el poeta y ensayista se convierte en un activo escritor político. Entre los años setenta y ochenta, escribe Posdata (1970); y reúne en dos títulos, El ogro filantrópico (1979) y los tres volúmenes de México en la obra de Octavio Paz (1987), su pensamiento sobre las sociedades contemporáneas, contempladas desde los ámbitos del arte, la cultura y la política. A través de esas obras, ajusta cuentas con el sistema político mexicano y con el socialismo real, por una parte, y con la que concibe, desde su concepción de la libertad de pensamiento, como la “dimisión de los intelectuales” res-

pecto de sus responsabilidades en el esclarecimiento de los asuntos colectivos.Sin embargo, las posiciones de Paz no permanecen inalteradas: si en Posdata enfatizaba el carácter esencialmente autoritario y antidemocrático del PRI, posteriormente y de manera gradual irá modificando su postura: de la desconfianza hacia las capacidades del sistema para reformarse y aceptar el pluralismo político, transita a posiciones menos hostiles, como en el caso de la aprobación explícita de las reformas económicas emprendidas por Salinas de Gortari y –reproche significativo que le hacen varios intelectuales– de su supuesta indiferencia hacia el equívoco resultado electoral de 1988 y la marginación de la izquierda en el sexenio del citado presidente.5 ¿POR QUÉ Y PARA QUÉ PLURAL?6 Durante los 58 números en que fue dirigida por Octavio Paz (octubre de 1971 a julio de 1976) la revista afirmó un estilo y un temperamento, una visión coherente sobre la cultura, la política, el arte que, se la acepte o no, es preciso considerar a la hora de hacer el recuento pormenorizado de aquellos años, y de lo que representaron para nuestra historia política e intelectual. Quizás la identidad de Plural respecto de sus prestigiosos referentes hispanoamericanos y europeos haya descansado en la función crítica que aspiró a desempeñar, simultáneamente con sus responsabilidades, en la difusión artística y literaria, mediante la reivindicación de la idea liberal y del modelo democrático representativo para México y Latinoamérica. Este rasgo supuso en los hechos una equidistancia respecto de las revistas apolíticas, defensoras de la autonomía del arte y de la cultura, y de aquellas que asumían una explícita vocación al servicio de causas políticas. Plural fue, en este sentido, una revista inequívocamente culturalista y literaria, que también asumió responsabilidades civiles. POLÍTICA MEXICANA EN SUS PÁGINAS Plural fue una revista mexicana en el sentido no sólo de su


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procedencia e identidad editorial, sino sobre todo por la importancia cuantitativa y cualitativa de los temas nacionales en su páginas: desde luego, las artes, visuales sobre todo; la creación y la crítica literarias; y también la aproximación multidisciplinar a los problemas de nuestra sociedad en su conjunto, desde perspectivas que incorporaban categorías de análisis que ahora nos parecen habituales; entre ellas, el “desarrollo integral” o “sustentable” y nociones como la de “sociedad de consumo”. Por lo que se refiere a quienes escribieron en la revista sobre cuestiones de política y cultura mexicanas, el colaborador más asiduo fue Gabriel Zaid, con 35 colaboraciones, 28 de las cuales aparecieron en su columna fija Cinta de Moebio desde agosto de 1973; el resto fueron ensayos y artículos. Octavio Paz asumió la autoría de 18 colaboraciones, 13 de las cuales aparecieron en la sección Letras, letrillas, letrones, dedicada a registrar –y con frecuencia a satirizar– hechos y personajes de la vida nacional e internacional; hay otras 20 colaboraciones anónimas sobre cuestiones políticas mexicanas en dicha sección, de las que puede sospecharse con sólidos fundamentos que fueron escritas por el propio Paz. El tercer autor más asiduo fue Daniel Cosío Villegas, con doce artículos y ensayos, la mayoría sobre el sistema político mexicano; siete de estos aparecieron en su columna Compuerta. Otros escritores con presencia esporádica a lo largo de los 58 números fueron Luis Villoro, Carlos Fuentes, Gastón García Cantú, Fernando Pérez Correa, Rafael Segovia. MOMENTOS SIGNIFICATIVOS (Y UNA POLÉMICA SONADA) Presento algunos “momentos políticos” registrados en Plural, considerando el interés que mantienen por su tratamiento de problemas y situaciones, y asimismo como indicios de lo que entonces preocupaba a un sector de nuestros intelectuales y lectores en cuestiones sociales y políticas. Entre estos momentos significativos, destaco la aproximación a los dilemas del desarrollo mexicano, en el marco conceptual y político que abrió el Club de Roma con sus reflexiones acerca de la viabilidad de las sociedades industrializadas, desde una perspectiva ambiental. Plural incluyó en sus páginas el tema, a través de ensayos, artículos y reseñas de autores como Luis Villoro, quien, además de escribir un ensayo de prospectiva, “Variables para el futuro”, presentó el libro Los límites del crecimiento, obra pionera sobre la depredación de la naturaleza en nombre del progreso. También las colaboraciones de Víctor L. Urquidi ofrecieron un panorama global sobre los desequilibrios causados por la dilapidación de recursos naturales. Estimo que la crítica más certera a las proyecciones ideologizadas del progreso y de la modernización en su vertiente mexicana, provino de Gabriel Zaíd, quien en las 28 Cintas de Moebio publicadas, se las arregló para demo-ler por la vía del humor y la paradoja las ilusiones, las coartadas intelectuales y los costos tangibles de nuestro progreso y de sus protagonistas: las élites universitarias, políticas, empresariales. Dichas colaboraciones dieron pie a dos títulos im-

prescindibles de nuestra tradición intelectual moderna, El progreso improductivo y La economía presidencial. Otra presencia significativa del debate político en la revista lo constituyeron los ensayos y artículos de Daniel Cosío Villegas, quien formula y adelanta tramos enteros de la que sería su célebre trilogía sobre el sistema político mexicano, integrada por El sistema político mexicano, El estilo personal de gobernar y La sucesión presidencial. En el mismo sentido, hay que mencionar algunas de las colaboraciones de Octavio Paz: la ya citada “Carta a Adolfo Gilly” y las intervenciones en la mesa redonda de Harvard, “México: presente y futuro”, hacia 1971. Son asimismo importantes las consideraciones vertidas en el ensayo “La letra y el cetro”, donde desarrolla sus ideas sobre la compleja relación entre política y literatura, y establece el que, desde su perspectiva, debe ser el papel de crítica e imaginación frente al poder. También destaca el que dedica a Cosío Villegas en el número 55 de la revista (abril de 1976), al mes del fallecimiento del empresario cultural e historiador: “Daniel Cosío Villegas: las ilusiones y las convicciones”. Otros ensayos aparecidos en Plural sobresalen por su calidad intrínseca y por el acierto con que sus autores reflexionaron sobre temas de importancia pública: ”Carreras de vida en la UNAM”, de Larissa Lomnitz; los escritos por Mario Ojeda (“I. La política internacional”), Rafael Segovia (II. La política nacional”), Carlos Bazdresch (“III. La política económica”), bajo el título común de “Ojeada a la situación de México”; “Los límites de la sucesión presidencial”, de Fernando Pérez Correa. Asimismo, ensayos interesantes: “El estado mexicano del futuro”, de Manuel Camacho; “La particularidad autónoma de México”, de Jorge Hernández Campos; “¿Iniciativa privada o sector público? Las alternativas políticas de nuestro desarrollo”, de Víctor Flores Olea. Incluyo, por último, una polémica bastante sonada y de amplia repercusión en su momento sobre la naturaleza del régimen echeverrista, que involucró a Carlos Fuentes y a Gabriel Zaíd; el primero había escrito una suerte de manifiesto, “Opciones críticas en el verano de nuestro descontento”, donde razonaba la necesidad de apoyar al gobierno de Luis Echeverría, ante las acechanzas supuestas o reales del fascismo; la respuesta del polígrafo regiomontano en su “Carta a Carlos Fuentes”, señalaba que lo que verdaderamente importaba en ese momento era, por encima de la defensa del régimen, promover la restitución integral de sus derechos cívicos a los ciudadanos mexicanos: Si las circunstancias de la Realpolitik han hecho indispensable cierta ventilación pública; si la tenebra, para consolidar su juego, necesita soltarle poder a la luz pública, lo que a nosotros nos corresponde no es seguir ese juego para consolidar el adentro, sino para consolidar el afuera. Tratar de arrebatar la oportunidad de que haya un verdadero “cuarto poder”: de que haya una verdadera vida pública (Plural 12, septiembre de 1972) ¿Acaso no es ésta una condensación cabal de lo que pueden hacer –de lo que se espera que hagan– los denominados “intelectuales” en las circunstancias mexicanas presentes, mes de febrero de 2012, para reivindicar “una verdadera vida pública”?

notas al pie de página 1 La revista fue editada por Excélsior, Compañía Editorial, S.C.L, empresa cooperativa responsable del diario Excélsior, el más prestigioso y políticamente diversificado de la época. Lo dirigía Julio Scherer García. 2 Octavio Paz. Sueño en libertad. Escritos políticos, página 12. Selección y prólogo de Yvon Grenier. México: Seix-Barral, Biblioteca Breve, 2001. 3 Enrique Krauze, “Cuatro estaciones de la cultura mexicana”, en Caras de la Historia, Cuadernos de Joaquín Mortiz, México, 1983, pp.124-168. 4 México en la obra de Octavio Paz. Volumen 1. El peregrino en su patria. Historia y política de México, pp. 363-364. México: Fondo de Cultura Económica, 1987 5 Xavier Rodríguez Ledesma, El pensamiento político de Octavio Paz. Las trampas de la ideología, página 286. México: UNAM/ Plaza y Valdés, 1996 6 Los datos presentados en este apartado provienen de “La vida política de México y la revista Plural de Octavio Paz (1971-1976)”, tesis de maestría presentada por el autor del artículo en septiembre de 2004, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente


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entrevista con Damián alcázar

el intelectual y el cine mexicano Gabriel Contreras

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l escenario actual de la guerra en México, el intelectual frente a la pantalla fílmica, la actitud del actor ante las fuentes de lo real, y la investigación que hace posible un montaje teatral, son algunos de los puntos que el actor mexicano Damián Alcázar aborda en breve entrevista para la revista Ciencia / Conocimiento/ Tecnología, de la Coordinación de Ciencia y Tecnología de Nuevo León. Para Alcázar, un actor familiar a nuestros ojos, gracias a sus participaciones en películas comandadas por Carlos Bolado y José Estrada, hay varias actitudes que definen la responsabilidad intelectual frente al trabajo fílmico. Una de esas actitudes se perfila por la búsqueda del glamour, la cuestión del espectáculo, y el llamado amor al arte, entrecomillado. Pero hay otra posibilidad -según nos dice el popular actor-, de enfrentar esta cuestión. Ésta le compete a la gente que valora la realidad, la cultura mexicana, y los núcleos de nuestra realidad social, política y económica. Cuando Alcázar se compromete con un proyecto escénico, nos explica ante una taza de café que apenas prueba, él prefiere poner los ojos no solamente en la fuente ficticia que es el guion, sino también en la realidad, a fin de no caer en una visión meramente subjetiva. Al referirse inevitablemente a la producción de la película El infierno, que el mismo protagoniza, Alcázar elogia el rigor aplicado por el director y el guionista, y señala como claves de la solidez de este producto fílmico aspectos tales como su documentación puntual, su rigor y su apego a aspectos vitales para la realidad social del México contemporáneo. Damián Alcázar aborda también, en esta breve entrevista, la cuestión de la investigación teatral que le condujo a participar en el papel del escritor que da vida a la pieza Misery, basada en la novela homónima del escritor norteamericano Stephen King.

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en medio de la revolución informática que vivimos

equilibrio y sentido ético, exigencia para el comunicólogo de nuestro tiempo Ganan intelectuales de la comunicación espacios en las redes y las ciencias sociales Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez Coordinadora del Centro de Investigaciones FCC / UANL cerda35@hotmail. com

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Patricia Liliana Cerda Pérez

e

l comunicólogo de hoy observa, analiza, clasifica e informa, mediante el uso, con arte y propiedad, del lenguaje, los recursos gramaticales e incluso aquellos simbólicos y culturales de su contexto y tiempo. En medio de las revoluciones tecnológicas y sociopolíticas del siglo XXI, este profesional, con su pluma, su computadora y su sentido crítico e intelectualidad, es capaz de organizar los espacios de la interacción social, para generar o transmitir nuevas formas de pensamiento, acciones o discursos. Periodistas, científicos sociales, académicos, organizadores de empresas o grandes publicistas están conscientes de que, desde las llamadas ciencias de la comunicación –algunas veces toleradas o medianamente aceptadas como ciencia por otras disciplinas-, los profesionales de este

ramo deben ser capaces de administrar la información que se ha de difundir entre las grandes audiencias y, en un mundo saturado por mercancía informativa, deben hacerlo con equilibrio y sentido ético. En medio de una sociedad donde tecnológicamente se avanza por encima del desarrollo filosófico o ético, todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo son comunicadores en redes sociales o foros digitalizados; empero, no todos ellos tienen la responsabilidad ética y las encomiendas que la propia sociedad da como responsabilidad a los comunicadores profesionales. VASTA FORMACION ACADÉMICO-TEÓRICA El periodista profesional –intelectual mal pagado en nues-


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tro medio pese a ser un personaje en el cual todos los días se deposita la confianza pública-, reflexiona y estudia la comunicación diariamente, al estar pendiente de acontecimientos y notas de interés en las publicaciones nacionales, internacionales o locales. A ello debe sumarse una vasta formación académico-teórica, para informar o formar a la llamada opinión pública en columnas, notas o reportajes. Nuevo León ha tenido y tiene intelectuales que, desde la comunicación enfocada al periodismo, han hecho escuela y ayudado a transformar la realidad de su tiempo, en campos que van desde la educación hasta la política. Ahí están los casos de Nemesio García Naranjo, José Alvarado, Francisco Cerda Muñoz y hoy por hoy, en las columnas políticas, Jorge Villegas y, recientemente, la joven promesa representada en Diego Osorno, por poner algunos de los múltiples y fructíferos ejemplos con los cuales contamos. El trabajo del intelectual, desde el campo de la comunicación, no se restringe, sin embargo, sólo al periodismo. Sus premisas teóricas, reflexivas y analíticas, se ejercen en áreas como la docencia, la investigación y hasta como observador de los propios medios. Empieza a superarse la idea de que el comunicólogo es un operativo a quien se le llama sólo para redactar un texto o dirigir un documental –parte de esta noble profesión-, sino que también se erige en un investigador del discurso y de los procesos de comunicación. OPINIÓN PÚBLICA CRÍTICA Y PLURAL Con una visión dialéctica, puede pensarse que los comunicólogos del siglo XXI no sólo trabajan en los medios y los interpretan de diversas maneras, sino que también buscan transformarlos para beneficiar a la sociedad. Para ello, utilizan una perspectiva desde la cual la información logre democratizarse y ciudadanizarse, con una opinión pública crítica y plural, cuyos derechos no sean represen-

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tados sólo por los dueños de los medios de comunicación social. Al mismo tiempo, los intelectuales de la comunicación han ganado, paulatinamente, espacios en el exclusivo club de las ciencias sociales -en medio de no pocas penurias-, donde participan en estudios de sociología, ciencias políticas o psicología, en aras de mantenerse en la búsqueda permanente de la participación social. Como investigador social, el intelectual de la Comunicación, busca, al igual que los sociólogos, politólogos, economistas o administradores, crecer y madurar en el desarrollo de sus marcos conceptuales entre sus áreas afines. Esto se produce en momentos en que los estudios y análisis multidisciplinarios son exigencia obligatoria para profundizar en la comprensión de los problemas del hombre y la mujer contemporáneos. En las facultades de comunicación de México, los alumnos suelen expresar a sus maestros –con sobrada razón-, su incertidumbre ante los bajos salarios y la poca identidad gremial que padecen estos profesionistas en el mercado laboral, saturado de egresados que, en una buena parte, se colocan en puestos auxiliares; trabajos técnicos o administrativos y, cuando mucho, las empresas suelen considerarlos sólo como una persona con habilidades técnicas para el manejo de medios masivos. Es cierto que, tras la globalización, los cambios en el mercado laboral han impactado a todos los intelectuales, no sólo a los comunicólogos. Es cierto que la buena información es ahora el bien más preciado en las sociedades de los países desarrollados. También lo es que, si aspiramos a un fortalecimientos de las ciencias de la comunicación, para que con ello se multipliquen los beneficios a la comunidad, dos cosas deberán modificarse: el desconocimiento y en algunos casos hasta prejuicios sobre lo que es y hace un comunicólogo, y los exiguos presupuestos dedicados a la investigación en el ámbito de la comunicación.

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concepción por Keith Raniere

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e gusta escribir acerca de las pequeñas cosas de la vida que me meten en problemas. Una de esas pequeñas cosas es a la que yo llamo “la distancia ‘Hola’”. Esta distancia particular es una construcción de la física, la fisiología y la psicología. Es un sistema complejo—tan enredado que a veces desafía todo cálculo. Sin embargo, ocurre en la naturaleza, dentro de los confines de la vida humana; ya sea que lo podamos calcular o no, existe y nos afecta. La mayoría de nosotros nos encontramos con esta cantidad física a muy temprana edad. Con experiencia y habilidad de “cálculo” limitadas estimamos de forma torpe y rudimentaria—sin precisión científica—y con frecuencia fallamos. He aquí un ejemplo del proceso de interactuar con esta constante especial del universo: imagine que va caminando por los pasillos de su escuela. Lo más probable es que sea Ud. muy joven, quizás estudiante de primaria. Nota a un conocido—no un amigo, sino alguien que le resulta superficialmente familiar. Conforme se cierra la distancia entre Uds., alcanzan la distancia “Hola”.

En algún punto, la distancia entre Ud. y la persona que se aproxima en el universo físico, señala una segunda fase psicológica que despierta las siguientes interrogantes: ¿Cuando debería de decir “Hola”?

¿Debe Ud. decir “Hola” primero? Está Ud. acercándose aún más a esta persona, que parece verle, pero no sabe Ud. a ciencia cierta si le está prestando atención. Si dice Ud., “Hola” (nota: decir “Hola” puede hacerse simplemente inclinando la cabeza en señal de reconocimiento) demasiado pronto, puede que la otra persona no se dé cuenta, causando la desafortunada circunstancia de tener que repetir lo que dijo—esto puede resultar muy confuso para quienes le rodean—o arriesgarse a pasar de largo sin reconocer apropiadamente a la otra persona, incurriendo en la descortesía. Nota: decir, “Hola” repetidas veces a una persona que no le responde tiene profundas implicaciones en cuanto a autoestima, además de parecer superficialmente bastante tonto y embarazoso. Tanto qué considerar, y tan poco tiempo, ya que la distancia se ha acortado aún mas y la otra persona no ha dicho ni media palabra. Presumiblemente la otra persona está llevando a cabo el mismo cálculo ó, no le ha visto ó, lo impensable: Ud. no le importa. No hay como darle un cálido y amistoso “Hola” a una persona que responde con una pétrea falta de participación. Sospecho que algunas de las afrentas más tempranas a nuestra incipiente autoestima provienen de complicaciones y fracasos relacionados con la “distancia ‘Hola’”. Creo que todos hemos experimentado esto, y si Ud. no, por favor escriba un panfleto—y asegúrese de enviarme una copia—explicando su técnica. Por supuesto, mis fracasos en cuanto a “distancia ‘Hola’” se amplifican en varias circunstancias más sociales. Por ejemplo, yo con frecuencia me veo obligado a tomar el puesto de portero. Bueno, no es de hecho realmente mi intención volverme portero—especialmente sin goce de sueldo—pero mi tenencia de este puesto surge como un simple acto de cortesía. Me encuentro en algún sitio abierto al público—obviamente uno que requiere los servicios gratuitos de un portero como yo—y le abro la puerta a una mujer, niño, anciano, discapacitado, o alguien cargando algo que le impide abrirse la puerta. A veces, simplemente llego a la puerta un poco antes que la persona detrás de mi.


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Ahora, por favor observe, una aplicación más sutil de la “distancia ‘Hola’”: una vez que le abro la puerta a alguno de mis muchos solicitantes calificados (basta con que quieran atravesar la puerta para calificar) suelen haber varias personas dentro de la “distancia ‘Hola’”. Si dejo la puerta cerrarse, me imagino que les estaré cerrando la puerta en la cara a dichas personas. Así que, sigo abriendo la puerta un poquito más para que puedan pasar. Con frecuencia sonríen, y se muestran agradecidos, al pasar (incluso puede parecer grosero no aceptar cuando alguien más nos abre la puerta), así que me quedo abriendo la puerta y repitiendo el proceso anterior. A veces puedo seguirle abriendo la puerta a toda una parvada de peatones inconexos. Con frecuencia, mis amigos tienen que esperar a que concluya mis obligaciones de portero.

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y tecnología proviene ya sea de una abstracción o un accidente. Un estudio de los niveles de evolución de la mente nos permite entender en paralelo el desarrollo de la tecnología. Cuando está recién nacido un ser humano, es capaz de copiar el acto de sacar la lengua. Se cree que esta es una respuesta natural facilitada por las neuronas espejo del cerebro. En este punto del desarrollo cerebral, algunas conductas son como decir “el chango hace lo que el chango ve”; el bebé ve, el bebé hace automáticamente. Una neurona espejo es una neurona que se dispara tanto cuando el ser que la posee actúa, como cuando es testigo del acto de un ser similar. Los humanos formamos parte del grupo de especies que se ha observado poseen este tipo de neurona. Así que, cuando un bebé humano saca la lengua, esta neurona se dispara. Adicionalmente, cuando el bebé observa a otro ser humano sacar la lengua, esta neurona también se dispara (inspirando al bebé a también sacarla). Se podría decir que las neuronas espejo son la puerta de entrada a un tipo de empatía fisiológica. Pero los bebés no experimentan a las demás personas como seres aparte, ni experimentan la existencia de las mismas cuando no se encuentran dentro de su campo de percepción. Los bebés, a esta edad, no demuestran tener noción de la permanencia de los objetos, ni de que las demás personas tienen mentes y sentimientos independientes.

La mente de los chimpancés Leí un artículo interesante el otro día sobre los chimpancés que ayudan. Si un chimpancé está familiarizado con el uso de una herramienta para obtener jugo de un envase, le ofrecerá a otro chimpancé, que esté intentando la misma proeza, la herramienta apropiada para la tarea. En otras palabras, con frecuencia ayudan a otro chimpancé a obtener su objetivo sin desear recompensa directa. Un efecto posterior gracioso es observado a su vez: el chimpancé receptor demuestra un cierto grado de agradecimiento, ya que a veces ofrece al chimpancé que le ayudó el envase vacío, al parecer como un “gracias”, al terminar de tomarse el jugo. Uno de los investigadores notó que sentía vergüenza porque el receptor de la ayuda jamás ofreció el preciado jugo en pago—sólo el contenedor vacío. A fin de cuentas justificó la conducta de los chimpancés como normal dentro de la cultura de los mismos. Explicó adicionalmente que el chimpancé receptor del contenedor vacío jamás se molestaba, continuando su relación con el otro chimpancé de manera normal. Es interesante ver cómo funciona la mente con respecto a los demás, y con respecto a las abstracciones. Todo invento

A muchos les sorprende saber que los niños no experimentan que otros seres humanos tienen mentes independientes hasta aproximadamente los cuatro años de edad. A partir de ese punto, los niños desarrollan también la habilidad de experimentar que los demás seres humanos tienen sentimientos independientes. Comprender de esta forma la mente humana brinda una explicación alternativa de por qué los chimpancés parecen sólo medio agradecidos: los chimpancés simplemente no experimentan que los demás chimpancés tienen mentes y sentimientos independientes. Esto hace que el chimpancé sea incapaz de experimentar la descortesía de otro chimpancé, o su deseo de jugo. Los niños, antes de los cuatro, brindan ayuda a los demás, sin embargo no entienden la mente o las emociones independientes. Los chimpancés están actuando parecido. Si yo fuera más como chimpancé, podría ofrecer la herramienta de una puerta abierta a otros, pero no tendría concepto alguno de, ni emociones respecto a, la “distancia ‘Hola’”. Imaginarme los sentimientos independientes de otro crea la “distancia ‘Hola’”, creando así una emoción en conflicto con mi deseo de continuar mi jornada.


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Si yo fuera más como chimpancé, viviría una vida mucho menos complicada en cuanto a ética. Mi compasión y moralidad estarían limitadas a mi auto-conciencia, y desprovistas de mi habilidad para proyectar sentimientos independientes en mis semejantes. He aquí una teoría de niveles básicos de abstracción mental y emocional para humanos: Al principio, el bebé ve todas las cosas como extensiones de su percepción. La gente y los objetos no tienen existencia independiente. Después, una vez desarrollada la permanencia de los objetos, la gente y las cosas pueden existir en abstracción, sin embargo las demás personas no tienen mentes independientes. En algún punto alrededor de los cuatro años de edad, los humanos llegan a entender que las demás personas tienen mentes aparte, con conocimientos y pensamientos aparte. Al ir aplicando esta nueva habilidad, los niños también aprenden que las demás personas tienen sentimientos independientes. Esta es una distinción importante: antes de este punto, los niños demuestran empatía dependiente. De forma similar al funcionamiento de las neuronas espejo, las emociones de los niños pequeños están más directamente atadas a las de las personas que están en su presencia. Los niños muy pequeños no pueden comprender que una persona teorética tenga una emoción independiente. La empatía independiente es una abstracción adicional, aprendida por niños mayores, que permite imaginar que los demás no sólo tienen mentes independientes, si no también sentimientos independientes. Si aplicamos la empatía dependiente a nuestros monos al parecer egoístas, el mono que está bebiendo—y terminándose—el jugo, no podría imaginarse que el otro mono se quedase con ganas de más. Esto significaría que no habría motivación alguna para ofrecérselo, basta sólo el contenedor vacío. La distinción de la empatía dependiente ayuda a explicar por qué observamos perros enfrentando graves peligros para rescatar a sus amos; pero los perros jamás parecen contemplar lo que hará sentir bien a sus amos en el futuro—una abstracción—sólo en el presente. Los perros parecen consolar, o rescatar, a personas en el presente, pero jamás crean circunstancias nutricias para una abstracción futura. Si los perros actuaran en base a empatía independiente, crearían una cultura duradera, tecnología y civilización.

¿Hay alguien ahí? Concebir es formar; en cierto sentido, es la versión más etérea de dar forma. Nosotros los humanos verdaderamente damos forma al futuro activamente, y abstractamente, desde el presente. No sólo le damos forma para nosotros, tenemos la habilidad de darle forma para toda la humanidad. Como podemos tener empatía independiente, podemos sentir cómo las diferentes posibilidades teoréticas afectarán a los humanos del futuro. Esta misma cualidad nos permite tener compasión, honor, humanidad y principios. Es la piedra angular de toda moralidad y ética no-maquiavélicas. Poder tener en la balanza los sentimientos de otro ser humano, al tomar decisiones, es una herramienta esencial para la ética compasiva. Es realmente muy simple: me acaba de ayudar, otro ser humano, a conseguir un maravilloso y frío contenedor de jugo en un ardiente día de verano—¡vaya que tengo sed! Conforme los primeros tragos empiezan a traer una sensación de gran bienestar a mi cuerpo, volteo a ver a la persona que me ayudó. Todavía tengo mucha sed pero me imagino, como probablemente sólo los humanos podemos—con empatía independiente—su potencial sed sin saciar. Puedo incluso llegar a imaginarme el sufrimiento adicional que pudiera alguien sentir cuando su árida condición es confrontada con el potencial alivio sin ofrecer. ¡Oh! En ese momento, el dolor generado por mi empatía al ver a mi dadivoso y potencialmente sediento amigo sobrepasa por mucho cualquier incomodidad causada por no consumir todo el jugo yo mismo. Se lo ofrezco como un acto de compasión facilitado por mi empatía indepen


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diente. Aunque el dolor de mi cuerpo no fue aliviado por completo, un dolor mucho más profundo encontró la paz: mi dolor experimentado de otro fue aliviado. Algunos de nuestros más nobles representantes pueden sentir esta empatía tan profundamente que soportan inmensas torturas—incluso la muerte—para sostener a otro ser humano; uno más de nosotros. El intelecto humano es la base esencial para la creación de toda tecnología y civilización. Sin él, somos como animales, capaces de crear no más que vidas basadas en la supervivencia. Pero el intelecto es una herramienta incompleta en este empeño; hay una herramienta superior que da como resultado una civilización superior. Esa herramienta es el intelecto lógico humano llevado un paso más allá al agregar conscientemente la empatía independiente. Si nos tomamos el tiempo de concebir este tipo de mundo bello que sólo nosotros podemos ayudar a crear, es lo más sabio usar nuestros mejores recursos: nuestro intelecto evolucionado a su estado más maduro. La tecnología, desarrollada y desplegada con meras consideraciones lógicas, es una visión vacía, ya que anticipa un futuro que no considera a los humanos que habitarán en él. Esa es una omisión bastante grande. Nuestro intelecto, desprovisto de empatía independiente, crea una sociedad tecnológica vacante de habitantes— literalmente un contenedor vacío. Tal vez deberíamos usar algunas de nuestras sensibilidades únicas y darle a la humanidad un poco de jugo. Traducción del inglés por Farouk Rojas

Acerca de Executive Success Programs, Inc. Executive Success Programs, Inc.MR (ESP) ofrece programas de entrenamiento enfocados en crear consistencia en todas las áreas y ayudar a desarrollar las habilidades prácticas, emocionales e intelectuales que la gente necesita para alcanzar su máximo potencial. Todos los programas de ESP utilizan una tecnología punta con patente en trámite llamada Cuestionamiento Racional MR, una ciencia basada en la creencia que entre más consistentes sean las creencias y patrones de conducta de un individuo, más exitoso será en todo lo que haga. El Cuestionamiento RacionalMR permite a las personas volver a examinar e incorporar percepciones que pueden ser la base de limitaciones autoimpuestas. Mayores informes: info@nxivm.com

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otro caso de éxito FoMiX

innovación y desarrollo tecnológico, base del crecimiento y desarrollo de Sigma alimentos

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igma Alimentos, empresa subsidiaria de Alfa, dedicada a la producción, comercialización y distribución de carnes frías, quesos, yogures, alimentos preparados y bebidas, fue creada, como sociedad anónima de capital variable, el 18 de noviembre de 1971, en la Ciudad de México, D. F. A la fecha, además de cubrir el mercado mexicano, la empresa comercializa sus productos en los Estados Unidos de América, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, Perú, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Asimismo, tiene operaciones de producción en los Estados Unidos de América, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana y Perú. La información la proporcionaron a CONOCIMIENTO dos funcionarios de la firma: Alejandro Suárez Fuentes, director de Planeación y Desarrollo, y Víctor Moreno Campaña, gerente del Centro de Tecnología. El texto completo de la entrevista se reproduce a continuación: C.-¿Cuándo y cómo nació la empresa Sigma Alimentos? S.- Sigma Alimentos, S.A. de C.V. es una sociedad anónima de capital variable, subsidiaria de Alfa, constituida el 18 de diciembre de 1971, en la ciudad de México D. F., con una duración de 99 años.

C.-¿Quiénes fueron sus creadores? ¿Siguen algunos de ellos en la compañía? S.-El negocio de carnes frías que conduce la Compañía fue establecido en 1939 por la familia Brener, de la cual Alfa adquirió sus principales marcas: “FUD”, “San Rafael”, “Iberomex”, “Chimex” y “Viva”. Alfa adquirió la Compañía en 1980, y a la fecha detenta el 100% del total de las acciones de ésta. C.-¿Su creación fue simplemente la de una empresa o la inspiró alguna filosofía de servicio comunitario? S.-Su creación fue para incursionar en el mercado de alimentos. C.-¿Cuáles son sus principales rubros de producción? S.- La Compañía produce, comercializa y distribuye carnes frías, quesos, yoghurts, alimentos preparados y bebidas.


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C.-¿Su campo de acción es solamente en la república mexicana o se ha extendido al ámbito internacional? S.- Se ha extendido al ámbito internacional. C.-Si es así, ¿en qué países tiene en la actualidad actividad industrial y/o comercial? S.-Además del mercado mexicano, la Compañía comercializa sus productos en los Estados Unidos de América, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, Perú, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Además, tiene operaciones de producción en los Estados Unidos de América, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana y Perú. C.-¿Existen planes de expansión, cercanos en el tiempo? S.-Continuamente estamos analizando oportunidades de M&A (Fusiones y Adquisiciones). C.-¿Es posible dar a conocer cifras económicas respecto a su producción, su intercambio comercial y sus proyectos de inversión? S.- (Contamos con) 34 plantas, 135 centros de distribución, ~30% ventas en el extranjero C.-En el caso de México, ¿cómo ha recibido sus productos la población? S.-Sigma Alimentos es líder en los mercados mexicanos de carnes frías y quesos, en yoghurt ocupa una posición relevante. C.-En la actualidad, ¿cuántas familias dependen de Sigma Alimentos, ya sea de manera directa o indirecta? S.- Al 31 de diciembre (de) 2010 (teníamos) 29,434 empleados. C.-¿Cuenta Sigma Alimentos con áreas de investigación y desarrollo? S.-Sí. C.-Si la respuesta es afirmativa, ¿con cuántos y con qué tipo de profesionales desarrollan estas actividades? S.-Aproximadamente 60 personas se encuentran en el Centro de Tecnología de Sigma. Dicho Centro está integrado por áreas de conocimiento como tecnología, nutrición, ingeniería, investigación y desarrollo de productos lácteos y cárnicos, entre otros, y brinda servicio y soporte a las operaciones de base tecnológica de la empresa. La formación profesional es de Ingeniería, Maestría y Doctorado. Es importante mencionar que Sigma ha destinado recursos para la formación de recursos humanos y la contratación de personal con postgrado a nivel de maestría/doctorado en áreas afines con la investigación, el desarrollo e innovación de alimentos cárnicos, lácteos, pizzas y bebidas. C.-¿Con qué instituciones de educación superior realizan o han realizado este tipo de actividades en forma conjunta? S.-Para potenciar sus capacidades tecnológicas el C entro de Tecnología de Sigma Alimentos ha destinado recursos enfocados al establecimiento de vínculos con los Centros de Investigación Científica e Instituciones de Educación Superior, públicos y privados. Algunas de las instituciones con la que se han realizado vinculaciones son: la Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial (CIDESI), Universidad de Coahuila, Centro de Tecnología Avanzada (CIATEQ), Univer-

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sidad de Chapingo, Centro de Investigación en Materiales Avanzados (CIMAV), Centro de Biotecnología Aplicada (CIBA-IPN), entre otras. C.-¿Cuándo empezaron sus relaciones con el CONACYT a través de los Fondos Mixtos? S.-En el 2008, Sigma Alimentos recibió fondos para el Reforzamiento de la infraestructura para las actividades de investigación y desarrollo del Centro de Tecnología. Se incrementó el equipamiento para la medición de variables importantes en el desarrollo de las nuevas plataformas de productos y procesos, así como el desarrollo de nuevas plataformas de productos y empaques innovadores. C.-¿Qué proyectos han llevado a cabo con esta colaboración? S.-Sigma ha tenido una colaboración exitosa con el programa de Fondos Mixtos. Se han realizado proyectos estratégicos de la empresa a través de estos fondos. Uno de los más importantes es la construcción del Centro de Tecnología de Sigma Alimentos en el Parque de Investigación e Innovación Tecnológica (PIIT) de Nuevo León. Este proyecto busca lograr la consolidación de una red evolutiva que vincule la cadena de conocimiento-innovación-tecnología-ciencia-educación con las cadenas productivas nacionales; la ejecución de una cartera de proyectos tecnológicos que sustenten el crecimiento futuro de la empresa; el fortalecimiento de la infraestructura piloto y de capital humano, y el inicio de una estrategia de integración y concentración de recursos e infraestructura tecnológica, localizada en diversas plantas piloto a nivel nacional en el Parque de Investigación e Innovación Tecnológica (PIIT). C.-¿Qué experiencias positivas ha obtenido la empresa de esta relación colaborativa? S.-Para Sigma Alimentos, la innovación y el desarrollo tecnológico son la ruta esencial de especialización para el crecimiento y desarrollo de la empresa. El Fondo Mixto ha permitido crear un entorno e infraestructura que fomenta el intercambio de conocimiento e información para Sigma Alimentos, además de promover la colaboración mediante las redes que vinculen la cadena de conocimiento con las cadenas productivas del Estado. Mediante los proyectos participantes en el Fondo Mixto, Sigma ha logrado y sigue buscando agrupar diversas capacidades y recursos que logren sinergias económicas y tecnológicas que nos permitan desarrollar conocimiento y detectar nuevas oportunidades de negocio a través de la investigación y el desarrollo de tecnología. C.-¿Qué proyectos futuros han de presentar en este mismo rubro de actividad? Actualmente existen dos proyectos en proceso, con apoyo de este fondo: uno consiste en la construcción de la Segunda Fase del Centro de Tecnología en su fase Plantas Piloto, en el terreno asignado a Sigma Alimentos en el Parque de Investigación e Innovación Tecnológica (PIIT) del Estado de Nuevo León, y el otro es la segunda fase de un proyecto para el desarrollo de empaques. C.-¿Desean expresar algún comentario final? S.-Sigma Alimentos ha considerado importante funcionar como empresa tractora, vinculándose con medianas y pequeñas empresas para realizar innovación y desarrollo tecnológico con las mismas. Desde 2010, Sigma ha buscado incrementar este tipo de vinculación, y forma parte del Comité de Competitividad Monterrey (CCM) en el que se busca involucrar a proveedores PYMES en el camino de la innovación y desarrollo de tecnología.


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Se trata de la maestra Hilda irene novelo Huerta

tiene nueva directora la Facultad de Salud Pública y nutrición de la uanl

a

l asumir el pasado 12 de enero su cargo como nueva directora de la Facultad de Salud Pública y Nutrición de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en ceremonia celebrada en la misma institución, la maestra en Salud Pública, Hilda Irene Novelo Huerta, resumió su plan de trabajo en los siguientes puntos: • Mantener una vinculación permanente con la sociedad a través de un consejo consultivo externo. • Contar con profesores de mayor producción de alto impacto y de trascendencia científica y social. • Reacreditar la Licenciatura en Salud Pública y mantener en el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad del CONACYT, la Especialización en Nutriología Clínica. • Lograr la acreditación internacional. • Continuar con la formación integral de los estudiantes. • Contar con personal más satisfecho con su vida laboral.

La intervención de Novelo Huerta tuvo lugar ante la presencia del rector de la UANL, doctor Jesús Áncer Rodríguez; de directores de escuelas y facultades universitarias; de exdirectores, maestros, personal administrativo y alumnos de la propia Facultad de Salud Pública y Nutrición; de miembros de la Junta de Gobierno y de invitados especiales. Previamente, el presidente de la Junta de Gobierno, ingeniero y maestro en Ciencias Juan Francisco Garza Tamez, había hecho uso de la palabra para proceder enseguida a tomar la protesta de ley a la nueva directora de esa facultad universitaria. LABOR RECONOCIDA Y PONDERADA Antes de ello, la directora saliente, maestra en ciencias Yolanda Elva de la Garza Casas, había recibido reconocimientos por su labor realizada en el período 1906-1912.


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Los reconocimientos le fueron entregados por la Junta de Gobierno, que señaló que la labor realizada debe ser reconocida y ponderada; por los estudiantes de la facultad, representados en las personas de Adrián Álvarez García y Grace Giuliana Ibarra Corral; por los trabajadores de la delegación sindical, a través de Myrna Elizabeth Santos Garza; por el personal académico, por conducto del maestro en ciencias Clemente Gaytán Vigil; por el Colegio Mexicano de Nutriólogos, capítulo Nuevo León, por medio de la maestra en ciencias Edna Judith Nava González, y por la maestra en ciencias Verónica del Carmen Enciso Muñoz, de la Licenciatura en Nutrición de la Universidad Autónoma de Zacatecas. De la Garza Casas recordó que hace seis años la Junta de Gobierno de la máxima casa de estudios de Nuevo León le confirió el cargo de directora de la facultad, con el pleno consentimiento de las autoridades universitarias. Señaló que tuvo la fortuna de contar con un gran equipo de trabajo, gracias al cual se obtuvieron, entre otros, los siguientes logros: • Crecimiento sostenido. • Maduración de la facultad. • Ampliación y diversificación de la oferta educativa. • Mejoramiento de la planta académica. • Formación integral de los estudiantes. • Avances importantes en investigación. • Incremento de los servicios a la población. • Extenso programa de educación continua. • Apoyo al deporte. • Crecimiento y mantenimiento de la infraestructura. • Significativos avances en materia internacional y social. RENDICIÓN DE CUENTAS Otros logros los había expuesto ya ante la Junta Directiva de la Facultad, al hacer una rendición de cuentas del ejercicio 2006-2012, que le tocó presidir. Entre otros puntos, destacó los siguientes: • Acreditación de la Licenciatura en Nutrición. • Incorporación de la Especialización en Nutriología Clínica al Programa Nacional de Posgrados de Calidad. • Actualización de la oferta de posgrado. • Incremento del 58 por ciento en la planta de profesores de tiempo completo. • Incremento del cien por ciento en la matrícula para la licenciatura. • Construcción y remodelación de aulas y laboratorios. • Creación y equipamiento de espacios para investigación básica y aplicada. • Capacitación disciplinaria y pedagógica del personal. • Estancias de estudiantes y profesores en instituciones de educación superior en el extranjero. • Mejoramiento de los indicadores de calidad y capacidad académica. MENSAJE Y TOMA DE PROTESTA A continuación, el maestro Juan Francisco Garza Tamez, en su carácter de presidente de la Junta de Gobierno, hizo

uso de la palabra, y recordó detalles importantes ocurridos desde la creación de la que llamó “joven facultad pero de brillante desarrollo”. Ésta nació, dijo, como escuela, e impartía una Maestría en Salud Pública, lo que no es usual. Fue esto 7 de octubre de 1974, en dos aulas prestadas por la Facultad de Odontología, durante la gestión como rector del doctor Luis E. Todd. Aparte del doctor Todd, quienes hicieron posible el surgimiento de la institución fueron los doctores Rodrigo Garza Pérez, Óscar Sepúlveda Gómez, Raymundo Benavides, Jorge Treviño de la Garza, Wilfrido Bustos, Casimiro González y Carlos Canseco Goonzález, así como la enfermera Hermila Oropeza. Destacó otras fechas, como la del 28 de julio de 1976, en que se creó la licenciatura, con un total de 43 alumnos (en la actualidad, el alumnado de la institución se acerca a los mil 400); el 25 de febrero de 1977, el entonces gobernador, doctor Pedro G. Zorrilla, y el rector, doctor Luis E. Todd, dispusieron el acondicionamiento de aulas prefabricadas para la escuela; en diciembre de 1996 se le dio el rango de Facultad de Salud Pública y Nutrición. Terminada su intervención, Garza Tamez procedió a tomar la protesta de ley a la nueva directora de la facultad universitaria, en tanto que el rector de la UANL. Doctor Jesús Áncer coloco a la nueva directora la venera, distintivo de su nueva responsabilidad. FACULTAD CONSOLIDADA Para finalizar la ceremonia, y tras la participación de la directora entrante, el rector señaló que, a la fecha, la Facultad de Salud Pública y Nutrición está ya perfectamente consolidada, y cuenta con una matrícula de casi mil 400 alumnos, y 108 profesores. Sin embargo, lo importante, según destacó, no es sólo el número, sino las acciones de la institución, que se ha sumado a la visión 2020 de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y ha de aportar la parte que le corresponde con el fin de poder colocar al Alma Máter entre las cien universidades más importantes del mundo. Dijo el rector que, por tercer año consecutivo, la UANL ha recibido reconocimiento nacional como nivel uno en el cien por ciento de su matrícula, y en lo que se refiere a la Facultad de Salud Pública y Nutrición, existe la confianza de que muy pronto sea reconocida como de las mejores de su especialidad en todo el país.


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construirá el estado cuatro nuevos planteles cecYte en nuevo león Hace el anuncio el secretario de Educación, en ceremonia en la que entrega 240 nuevos equipos para las 30 escuelas del área en la entidad

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omo parte de sus planes para ampliar la instrucción media superior en el Estado, el secretario de Educación, ingeniero José Antonio González Treviño, anunció la próxima construcción de cuatro nuevos planteles del Colegio de Educación Científica y Tecnológica del Estado de Nuevo León. La construcción del primero de ellos ya se inició en el municipio de General Zuazua. El anuncio lo hizo el funcionario durante una ceremonia celebrada en el auditorio “Profesora Eva Molina Toscano”, de la dependencia estatal, donde se hizo entrega de 240 equipos diversos para los 30 planteles CECYTE que funcionan en la entidad. Entre tal equipamiento figuran equipos de cómputo, multifuncionales, proyectores, pupitres, pintarrones y mesas. En la ceremonia, celebrada el pasado 25 de enero, acompañaron al secretario de Educación, el director general del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado y de la Coordinación de Ciencia y Tecnología, doctor Luis E. Todd; el subsecretario de Educación Media Superior y Superior, maestro Arnoldo Téllez López, y el director académico del CECYTE, maestro Ismael Vidales Delgado, lo mismo que los directores de los planteles CECYTE de la entidad. Los 30 directores de los planteles recibieron, en esa ceremonia, sendas computadoras para la más eficiente realización de sus funciones. El objetivo de este programa, manifestó González Treviño, es incentivar a los directivos de los CECYTE en el Estado, con herramientas de alta tecnología, para que desempeñen sus labores de manera más eficaz y más actualizada.

En una intervención sumamente breve, el director general del CECYTE agradeció la entrega de los equipos, y enfatizó que el actual secretario de Educación de Nuevo León es el único funcionario de su rango que se ha preocupado por apoyar a estos planteles de educación preparatoria tecnológica y científica. A su vez, Ismael Vidales manifestó que el CECYTE Nuevo León trabaja por las mismas causas que enarbola el secretario de Educación en el ramo de su competencia, plenamente comprometido con la gente que más lo necesita. Tenga usted la seguridad, finalizó, de que “lo que usted siembre en el CECYTENL caerá en tierra fértil, y de ello Nuevo León recogerá sus frutos”.


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invertirá el estado $13.5 millones en el plantel cecYte de Zuazua

Da el gobernador inicio a las obras del inmueble, que deberá estar terminado para el inicio del próximo ciclo escolar

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n gira de trabajo por el municipio de General Zuazua, el gobernador, licenciado Rodrigo Medina de la Cruz, puso en marcha los trabajos para la construcción del edificio propio para el plantel del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Nuevo León. La obra, que deberá estar terminada para el inicio del próximo ciclo escolar, representará una inversión de 13 millones 526 mil pesos, en una superficie de mil 225 metros cuadrados, en dos edificios, con 19 espacios educativos, entre los que se cuentan siete aulas didácticas, laboratorio de cómputo, laboratorio de ciencias, módulo sanitario y tres bodegas. En lo que se refiere a la obra exterior, habrá una puerta de acceso vehicular, barda de acceso, cerca perimetral, plaza cívica, andadores, cisterna de concreto armado, así como redes eléctrica, hidráulica, sanitaria y de gas. Al filo de las 12:00 horas del pasado 27 de enero, hizo su arribo el gobernador al terreno en que se construirá el plantel, en el fraccionamiento Real de San Pedro, donde ya lo esperaba el director general de la Coordinación de Ciencia y

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Tecnología del Estado, doctor Luis Eugenio Todd, acompañado de otros funcionarios de la dependencia. Se encontraban también en el lugar numerosos vecinos del fraccionamiento, así como decenas de estudiantes del CECyTE, que resultarán beneficiados con la obra, ya que en la actualidad, el plantel funciona, de manera provisional, en el edificio de una escuela secundaria. El titular del ejecutivo estatal arribó acompañado por el secretario de Educación, ingeniero José Antonio González Treviño; por el presidente municipal de Zuazua, Pedro Ángel Martínez Martínez y por funcionarios del Comité de Construcción de Escuelas del Estado. Medina saludó de mano al doctor Todd, así como a gran número de alumnos del CECYTE, tras lo cual procedió a dar el banderazo para el inicio de los trabajos. En el lugar, el director del CECYTE de Zuazua, Eduardo Castillo, agradeció la obra. Por su parte, el gobernador manifestó que “hacía seis años que no se construía un CECYTE, seis años de que el gobierno del Estado no construía, dentro de su infraestructura educativa, de sus subsistemas educativos, un CECYTE, que es una preparatoria técnica”.


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otorgan premios anuales de periodismo y reconocimientos a la trayectoria profesional • Licenciado Ángel Quintanilla Ibarra, de Monitor Político. • Licenciado Omar Elí Robles, del periódico Crucero. • Licenciado Xardiel Padilla de la Sierra, del periódico La Rocka. • Licenciado Mario Alberto Palacios Mezquiti, del Canal 28. • Licenciada Olivia Edith Martínez Valenzuela, de TV Azteca. • Licenciadio Roldán Trujillo Yáñez, de Televisa Monterrey. • Licenciada Aracely Garza Hernández, del periódico Regio. • Licenciado Carlos Alberto Rangel Rodríguez, de Milenio. • Licenciada Lucero Rodríguez Tamez, de TV Azteca.

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on la convicción de que la transformación de México se llama educación, la Universidad Autónoma de llevará adelante sus planes de progreso, investigación y desarrollo, y apoyará decididamente todos los esfuerzos de superación de quienes integran diversos organismos de carácter profesional. Lo aseguró así el rector de la UANL, doctor Jesús Áncer, al hacer uso de la palabra durante la ceremonia en que el organismo Periodistas de Nuevo León, A. C. “José Alvarado Santos”, hizo entrega, el pasado 30 de enero, en la sala polivalente de la Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías”, de los premios anuales de periodismo “Francisco Cerda Muñoz”, así como de reconocimientos a la trayectoria profesional de diversos comunicadores.

Los premios de periodismo fueron los siguientes: • Periodista del año, licenciado Ricardo Alanís Carreón, de Milenio. • Periodista científico, licenciado Juan Roberto Zavala Treviño, subdirector de la revista de divulgación científica CONOCIMIENTO. • Medios electrónicos (televisión), licenciada María Teresa Durán Arvizu y Édgar Aguirre Rodríguez, de Televisa Monterrey. • Madios electrónicos (radio), Antonio Ramírez Córdoba (homenaje). • Prensa Escrita, licenciada Nohelia Guadalupe Núñez Lázaro, del semanario Info 7, de TV Azteca. • Editorialista, licenciado Miguel Ángel Vargas Arreozola. • Maestro Periodista, doctor José Luis Esquivel, de la UANL. • Periodista Digital, licenciado Héctor Hugo Jiménez Castillo, director editorial de Hora Cero. • Fotoperiodista, Víctor Eduardo Badillo Guerrero, corresponsal para el no-reste de México, de CNN en Español. • Periodista Socialmente Responsable, presbítero Juan José Martínez Segovia, por el programa Hablando Derecho, de Televisa Monterrey. Por lo que respecta a los reconocimientos a la trayectoria profesional, fueron otorgados a los siguientes profesionales de la comunicación: • Licenciada Raquel Hernández Ortiz, del periódico HOY.

La entrega de los premios y reconocimientos estuvo a cargo del rector de la UANL, doctor Jesús Áncer Rodríguez; del todavía entonces secretario general de Gobierno, licenciado Javier Treviño Cantú; del contador público Miguel C. Barragán, presidente del Comité de Premiación; del doctor Luis E. Todd, también del Comité de Premiación; del maestro Jesús Óscar González, presidente de Periodistas de Nuevo León, A. C., y del escultor Cuauhtémoc Zamudio.


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Revista Ciencia CONOCIMIENTO Tecnología número 124

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