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Mar de fondo: breve historia del rock moderno. El pasado 25 de Octubre se cumplieron 10 años de la primera edición de lo que hasta ahora fue el festival de rock más grande de nuestro país; el “Pilsen Rock”. Atrás quedó la única fiesta capaz de reunir multitudes impensadas de fieles hinchas del rock nacional, donde banderas, trapos y frases interminables se encontraban en un solo punto, en el corazón del país. Tal es así que desde la primera hasta la última edición se estima que pasaron más de 650.000 jóvenes aficionados. Lo que ocasionó que durante varios años (por lo menos 5 consecutivos), Durazno junto a su “Parque de la Hispanidad”, fuese denominada “capital del rock”, y no era para menos. Si había alguna duda de lo que era capaz de generar esta especie de megaconcierto, esta fue socavada luego de su cuarta edición (llevada a cabo en Octubre del 2006). La concurrencia del público desde diferentes rincones del país logró transformar una edición más, en el año más exitoso de dicho festival; que pasó a formar parte de un clásico de la música uruguaya, a tal punto, que era impensado que no se realizaran más ediciones. Durante dos jornadas de puro rock, reggae y ska, se vieron pasar más de 180.000 personas por el parque más rockero del país. Lo que no solo dejó una recaudación significativa de millones de dólares a la capital duraznense, sino que, quizás lo más importante para la sociedad de la música uruguaya, fue haber confirmado lo que se creía: el hincha del rock uruguayo estaba más vivo que nunca. ¿Puede algo movilizar y unir tanta gente en un país de tan solo 3 millones de habitantes? Hasta hace poco más de diez años era impensado y poco probable, no solo tener éxito, sino que hasta se descartaba la posibilidad de realizar un evento de similares características. Quizás debamos retroceder aún más en el tiempo para poder dar con las razones de por qué se originó esa especie de “nuevo auge”, que luego daría paso al mencionado Pilsen Rock.


El país necesitaba de una explosión musical que demostrara que lo generado por bandas como “Los Estómagos” y los “Traidores” en los años 80 no fue casualidad, y no hubo mejor respuesta que la generada por la muchachada de “No te va Gustar” y “La Vela Puerca” (hoy fieles representantes del rock uruguayo) tras sus primeros pasos en la década del 90´. En una nota al sitio web de noticias InfoSurHoy.com, Sebastián Auyanet (periodista y editor de diario “El Observador”) destacó que “durante muchos años, el rock fue sectario, y menos profesional en cuanto a sonido y producción”, dejando en claro que lo predominante en aquellos tiempos era exclusivamente “arte musical”, y no un negocio. Y qué mejor que citar las palabras de un personaje de nuestra cultura musical que supo vivir en carne propia el renaciente fenómeno: “Los auges del rock coinciden con las crisis del país (…) La diferencia fundamental de este último auge fue que entraron muchos más actores: hay bandas como “Trotsky” que pasaron de tocar de 100 a miles de personas. Y después en cuanto a masividad también está el estallido de “La Vela” o “NTVG” que por proporciones cambiaron la escena del rock uruguayo.” Entrevista cedida al portal web “PrimeraHora.com.uy” (SanJosé, Uruguay)

Siguiendo la línea de pensamiento del frontman de Trotsky Vengaran, es de suma importancia reconocer que más allá de las consecuencias económicas sufridas durante la crisis del 2002 (y años posteriores), nuestra música no se vio perjudicada en lo más mínimo, si de estilos y estructuras musicales estamos hablando. Sino todo lo contrario. Si bien las posibilidades de


crecimiento habían mermado, guitarras, acordes y frases, fueron las encargadas de reflejar lo que estaba pasando. De las canchas a las tablas “Son incondicionales: cantan todas las canciones como en los estadios de fútbol, llevan banderas y camisetas… Los más fanáticos pasan horas saltando en el sector más próximo al escenario"; fueron las palabras de Auyanet para referirse a los seguidores de las bandas de aquel entonces. Ya no se trataba de un asunto de aportes culturales, sino que también pasó a ser un fenómeno de masas en donde predominaba (más que rebeldía) un sentimiento por “lo nuestro”. Como era previsible, el rock logró generar y aportar identidad a gran parte de los jóvenes pertenecientes a la renaciente hinchada rocanrolera. Ya desde la segunda mitad del siglo XX, se pensaba en el rock como “uno de los fenómenos culturales de masas más importantes de la segunda mitad del siglo, creado por y para los jóvenes”. Históricamente este tipo de fenómenos está estrechamente asociado a la continua formación de nuevos sujetos sociales; sujetos que en primera instancia, “se traducen en estilos más o menos visibles e integran elementos heterogéneos provenientes de la moda, el lenguaje, el comportamiento no verbal, el graffiti, los medios de comunicación y el espacio.” Ahora, cabe preguntarse lo siguiente: El hincha del rock (protagonista social de nuestro país a partir del año 2003), ¿fue exclusivamente un producto de un fenómeno cultural de masas? ¿O simplemente formaba parte de un grupo selecto ya conformado, capas de incentivar a sus pares ante la oportunidad de consumir ciertos espectáculos artísticos? Cuestiones de hechos o de palabras (diría el filósofo uruguayo ya fallecido Carlos Vaz Ferreira). Lo cierto es que, más allá de haber sido (o no) una consecuencia particular del espectáculo musical de mayor relevancia de los últimos tiempos, se podría decir que desde la inserción del rock nacional en 1960 (con “Los Shakers” como banda destacada) pasando por la prosperidad musical de la década del 80, hasta la actualidad, ha existido una gran diversidad de objetos mediadores que fungen como vitales en la comunidad rockera uruguaya a la hora de conformar identidades juveniles específicas. Y si había algo que no le generaba ningún tipo de dificultad a nuestro “nuevo hincha del rock nacional” era, justamente, la construcción de identidades culturales. Más allá del proceso de individualización que conlleva un fenómeno social de estas características, este nuevo actor social supo imponer su propio estilo. Un estilo que iba más allá de la jerga, la estética, y las producciones culturales; característico de un ser incondicional que, sin perder la cabeza, por momentos nos hizo olvidar de qué se trataba el folklore uruguayo. Si, quizás suene un tanto exagerado, pero como se hacía referencia en la anterior cita de Auyanet,


este individuo dotaba de características propias de un hincha de fútbol. Los trapos eran llevados como estandartes a los lugares más remotos donde estuviera su banda preferida (así como lo hace cualquier fanático por su equipo de fútbol), portando siempre casi como una lección de vida, esa frase, estrofa o estribillo forjador de un sentimiento inexplicable demostrado en cada cita artística. Pero… Por más pesimista que parezca, tarde o temprano todo acaba. Es que todo auge musical, sin importar del género que se trate, tiende inevitablemente a debilitarse de manera progresiva, aunque con mayor parsimonia en comparación a su nacimiento. ¿Estamos hablando de un cambio generacional?, ¿o quizás un deterioro del estilo musical? Resulta sumamente difícil saber con exactitud las causas exactas del declive musical.

“En su tiempo el rock fue muy popular pero los rockeros no estuvieron a la altura y no quisieron agarrar la posta de aceptar que eran populares e ir para adelante. Y eso es común con los auges de generaciones anteriores.” Guillermo Peluffo (Trotsky Vengarán), PrimeraHora.com.uy.

Como mencionaba anteriormente el vocalista, las condiciones de la crisis en varios ámbitos y sus consecuencias luego de su instauración en 2002, resultaron propicias a la hora de reflejar lo que sucedía en el país en aquel entonces. Pero esto no fue razón suficiente para evitar la temprana disminución del estilo “rock uruguayo” que se estaba teniendo hasta el momento. Obviamente el fenómeno fue acompañado por otra disminución, en este caso de un factor crucial en lo que tuvo que ver con la estabilidad del auge rockero. Hablamos de la pérdida de jerarquía de los festivales de rock (entre los cuales está el ya mencionado Pilsen Rock), donde no sólo se pudo apreciar la merma en cuanto a la frecuencia con la que se organizaban estas festividades, sino que también, era de fácil apreciación que la cantidad y la calidad de los grupos musicales ya no era la misma. El caso del festival duraznense tuvo un desenlace de características bastante particulares. Inmediatamente luego de haber finalizada la quinta edición (en el año 2007), comenzaron a saltar a la vista los primeros inconvenientes. El hecho de que después de tres ediciones donde no se cobraba entrada alguna para el espectáculo musical, se comience a cobrar una módica suma de


cincuenta pesos, no le resultó para nada significativo al aficionado del rock. Sin embargo, para la mencionada edición llevada a cabo en 2007 ya se comenzaban a registrar incidentes en lo que tiene que ver con el ingreso al predio del “Parque de la Hispanidad”, motivados de alguna manera por el incremento de dicho precio de entrada al cotejo. Según fuentes de Jefatura de la policía de Durazno, se registraron varios incidentes incentivados por el nuevo sistema de seguridad para entrar al predio y el valor de la entrada. Lamentablemente, vivimos tiempos en los que uno ya está acostumbrado a que en espectáculos de características similares se originen desmanes por parte de unos pocos que nunca “encajan”. En este caso, se trató de un grupo de individuos los cuales no contaban con la entrada y optaron por tratar de ingresar por la fuerza, arrojando botellas y piedras ante la intervención del personal de seguridad del predio y la policía departamental. A partir de estos percances sufridos en la quinta edición, los fortuitos hechos desafortunados no dejaron de generar problemas de todo tipo en las demás ediciones posteriores. Esto ocasionó que para el año siguiente las autoridades encargadas de la organización del evento optaran por no realizar la sexta edición, ya que se comenzaba a manejar la posibilidad de aprobación de un proyecto de ley enviado en agosto al Parlamento por el Poder Ejecutivo, el cual prohibía la "venta y suministro de bebidas alcohólicas dentro del ámbito de los eventos deportivos y/o espectáculos culturales y musicales masivos". Claro está, esto no formaba parte de un mero capricho por parte del Poder Ejecutivo, sino que existían motivos más que suficientes para la aprobación de dicho proyecto. Basta con repasar los números arrojados en la edición llevada a cabo en 2007 para dar cuenta de que en realidad era necesaria una legislación con respecto a la venta de alcohol en festivales de semejantes características. Teniendo en cuenta solamente la venta de cerveza (auspiciante del festival), se estima que alrededor de 7800 casilleros fueron consumidos durante el fin de semana rockero, lo que equivaldría aproximadamente a 90 mil litros. Como era de esperar, las dudas sobre la realización o no de la próxima edición eran cada vez más grandes, lo que a la postre llevó a que se tomara la anunciada y correcta decisión de posponer para el año siguiente. “Crónicas de una muerte anunciada…” Sin dudas el 2009 fue año donde claramente se vio reflejado de manera anticipada, el complicado panorama por el cual el rock nacional debía transitar. Las experiencias indican que los primeros síntomas por los cuales pasa un fenómeno cultural determinado al entrar en “crisis” tienen que ver con la disminución de popularidad. Más allá de parecer una concepción lógica, los


ciclos de popularidad de nuestro rock nacional a partir del año 2003 hasta 2009 no dejaban de permanecer en niveles altos. Al principio, se creía que la disminución de espectadores que llegaron al centro del país para disfrutar de la sexta edición del Pilsen Rock, era consecuencia directa del cambio de la fecha pactada para la realización del evento. En vez de realizarse en los primeros días de octubre como en las ediciones pasadas, se acordó que se lleve a cabo en el mes de marzo, lo que probablemente hizo difícil la concurrencia de aquellos jóvenes que comenzaban sus estudios en esos días. Si bien las exigencias estatales consiguieron el objetivo de prohibir la venta de alcohol, en lo que tiene que ver al predio y sus alrededores, lamentablemente los hechos desoladores no dejaron de manchar la fiesta. Al igual que en 2007, los problemas generados en el ingreso al espectáculo no se hicieron esperar, por lo cual se registraron varios heridos, y destrozos en la vía pública. Pero sin duda, el hecho que más impactó en la sociedad (hasta tener repercusión nacional) fue verdaderamente trágico. Por primera vez, luego de 5 ediciones ininterrumpidas, el rock se llamó a silencio tras la muerte de un joven que regresaba del evento. El panorama era desalentador, hasta tal punto que antes de que se diera comienzo a la mencionada edición ya se sabía de antemano que (por diferentes razones) el evento dejaría la cuidad de Durazno y pasaría a ser de características itinerantes, recorriendo todos los departamentos del país. “Cerrá y vamo” Finalmente, nuestro rock nacional confirmó su debacle. A pesar de que los niveles de popularidad continuaban en una caída estrepitosa, esto no desmotivó a los organizadores de la séptima edición del ya famoso festival. Según palabras de los propios organizadores, “la intención era darle un giro distinto a la artística, a los diferentes conceptos que quiere manejar Pilsen”, y vaya si lograron. No era necesario realizar un análisis demasiado profundo para dar cuenta que, hasta desde el punto de vista estético, el festival ya no era el mismo. Además del disgusto provocado por el cambio de sede a Montevideo, formato, nombre, logo y grilla de artistas fueron alterados, lo que quizás resultó lo menos agradable para la afición (junto con la disposición de precios poco accesibles). “El Pilsen Rock es reconocido en Latinoamérica, incluso en Europa (…) El hecho de la renovación es para no estancarse, no nos queremos quedar con lo que sabemos que es efectivo, sino que tratamos de buscar algo un poco más allá de lo que hemos hecho siempre” Claudio Picerno, director de Productora Pop Art


(presentación de “Pilsen Rock Circus”, conferencia de prensa).

Es muy común escuchar o dar cuenta de que en algunas situaciones las condiciones de éxito no están aseguradas, por simples razones que no se pueden predecir. Pero en este caso particular, más allá del espíritu innovador de los roganizadores, muchos afirmaban que las posibilidades de éxito del denominado “Pilsen Rock Circus” eran escazas, no por el nuevo “giro artístico” que tomaba el festival sino por cuestiones que venían desarrollándose tiempo atrás, y que luego se tornaron inevitables. Y por si todo esto fuera poco, la nueva imagen del evento tenía como principal característica (además del agregado circense) la participación de un variado y numeroso conjunto de bandas del exterior. El hecho de que la mitad de los artistas (6) participantes del espectáculo sean internacionales, distorsionó en gran medida la idea de aquel festival de rock nacional que había comenzado a rodar en el año 2003. Hoy pasaron 10 años de esa primera ola que luego se convertiría en una gran “ola vagabunda” en muy poco tiempo, y parece ser utópica la idea de una nueva onda sísmica de similares características. Mientras, el surfista hincha del rock, que por mucho tiempo supo dominar esas olas, descanza mas allá de mantenerse despierto. Sabiendo, confiado, que en algún momento por diferentes circunstancias el rock, nuestro rock, dejará de ser un mero vehículo de expresión de momentos particulares y pasará a ser algo de todos los días; de todos los tiempos. Cuando uno de los organizadores responsables del último Pilsen Rock se refirió a este destacando que “la música en Uruguay se ha desarrollado, en cierta forma, de la mano de este festival”, pocos tuvieron en cuenta el elemento que alimentó un fenómeno cultural que no se originaba desde la década del 80: el hincha del rock uruguayo, el cual actualmente conserva su esencia y espera con ansias volver a las tablas en una nueva ola.


Fuentes consultadas: Sitio Web de noticias “InfoSur.com”- síntesis de influencia y avance del rock uruguayo Link: http://infosurhoy.com/es/articles/saii/features/entertainment/2010/01/27/feature-03 Adrián de Garay- “El Rock como deformador de identidades juveniles” (1996) (Link:http://www.ucentral.edu.co/movil/images/stories/iesco/revista_nomadas/4/nomadas_4 _1_el_rock.pdf) Martin Tejera “Rock Uruguayo: 1960- 2005” Link: http://tngconsultores.com/Happy_Days/Bios/Uruguay/Rock%20Nacional/ROCK %20NACIONAL.pdf Portal PrimeraHora.com.uy (San José- Uruguay)- Entrevista a Guillermo Peluffo Link: http://www.primerahora.com.uy/9178-guillermo-peluffo-los-auges-del-rock-coincidencon-las-crisis-del-pais.html Montevideo Portal- resumen de acontecimiento Pilsen Rock 2009 Link: http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_79645_1.html

Datos personales del participante: -

Nombre completo: Rodrigo Sebastián de Souza Leal Piriz

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Fecha de nacimiento: 6 de setiembre de 1992

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CI: 4 712 903 -1

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Teléfono de contacto: 099450494


Nota periodística mar de fondo