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En un lindo lugar del campo, había un árbol de manzanas cerca de él corría un pequeño

río

que

con

sus

aguas

alimentaba al árbol de las manzanas.


También estaban en este lugar el señor sol, que muy alegre bril laba todos los días. A él le acompañaba la señora nube, que de cuando en cuando soltaba su lluviecita.

Cerca de allí llegó a vivir una niña que se llamaba Mariela, a ella le gustaban mucho las manzanas.


Un día, muy temprano Mariela dijo: Iré al árbol que está cerca al río y recogeré todas las manzanas que encuentre para comer con mi familia. Mariela se alistó, cogió su canasta y fue hasta el campo, subió al árbol de manzanas y cogió todas las manzanas, muy contenta volvió a su casa.

El

árbol

de

manzanas quedó

muy

triste

y

llorando decía:


Ahora que haré, muy feo me veré. Su amigo el señor sol, al escucharlo le dijo: no estés triste, yo con mi calor te alimentaré. El pequeño río moviendo sus aguas le dijo: yo mojaré tus raíces, la nube le dijo yo con mí lluvia mojaré tus hojas, tu tallo y tus ramas.


El sol, otra vez hablo: AsĂ­ todos juntos lograremos que vuelvas a florecer y a dar tus ricas manzanas. El arbolito dio un gran suspiro y dijo: Gracias amigos por ayudarme a ser feliz de nuevo.

Es asĂ­ como se pasaban los dĂ­as y las noches en este hermoso campo de la amistad.



EL HERMOSO CAMPO DE LA AMISRAD